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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 67: miércoles 19 de octubre 2005 – ¡GAETANA!

*

Mansión. 

En la cocina Antonio se sienta a la mesa con cara de cementerio. Abigail le va a servir un agua de Jamaica pero Antonio la rechaza- Ma, no quiero gracias.

-¿Dónde anda tu hermano? Los vi llegar juntos.

-¡Está con Valeria! –responde lacónico.

-¡Ay ese muchacho! –protesta Abigail- estoy harta de decirle que no sea inoportuno –y trata de alimentarlo- ¡A ver! ¿quieres un postrecito mi hijo?

-¡Ya te dije que no quiero nada mamá! –reacciona Antonio maleducado.

-¡Bueno! ¿qué te pasa a ti? ¡oye! Traes un genio insoportable.

Antonio en vez de responder le pregunta- ¿Ángela volvió a salir con Salvador?

-¡No! –le contesta Abigail sospechando por donde viene la cosa- ella está en su cuarto y Salvador está hablando seguramente don doña Isabel –le dice cruzando los brazos.

Antonio se levanta brusco de la mesa y se marcha- ¡Voy a estudiar! –le anuncia.

Abigail mira sorprendida a Vicky y se sienta a la mesa- ¡Ay! De veras que me saqué la lotería –se queja- ¡el premio gordo con estos muchachos! –y se sirve agua de Jamaica- ¡uno molestando a la señorita Valeria y el otro con un genio de los mil demonios!
-¡Ya bájele Abigail! –le reprocha justamente Vicky- ¡todos los muchachos son iguales! –y de pronto deja de cocinar y se acerca- ¡Oiga! –le susurra- ¿y es cierto que Salvador está hablando con la señora Isabel?

-Si, pero cuidadito con abrir la boca Vicky –y se levanta de la mesa- ¡ella me advirtió que se trataba de algo privado!

-Oiga... ¿qué se traerá esa vieja con Salvador? –se inquieta Vicky- ¿no irá a ponerle una trampa verdad? –Abigal la mira sorprendida- ¡porque pa’ sorpresas esta vieja se pinta sola! –concluye Vicky con malos presentimientos- ¡A mi no me gusta! Yo desconfío de ella... ¡fíjese!

En su habitación Antonio trata de leer sus famosos libritos cuando escucha los gritos de su mamá.

-¡No señor! ¡No! Una cosa es ser amable con ella y otra es que abuses de su confianza.

-¡Mamá! Estaba feliz conmigo.

Antonio escucha atentamente y se preocupa.

-¡Qué feliz ni que nada Simón! Lo que pasa es que la señorita Valeria es muy decente y no se atreve a decirte nada. ¡pero no debes estorbarle en sus ensayos y mucho menos entrar a su cuarto! ¡eres un atrevido!
-¿Pero cual atrevido mamá? –se rebela Simón- ¡ni que yo fuera un sátiro!

-¡No seas grosero y no me respondas! –se escuchan las últimas palabras de Abigail y luego Simón entra al cuarto como una tromba.

-¿Estaban peleando no? –Antonio.

-¡No! –se burla Simón- ¡estábamos recitándonos poseías!

Antonio vuelve a su libro.

-¡No! Si parece que tú y mi mamá se hubieran puesto de acuerdo –se sigue quejando Simón- ¡no debes entrar al cuarto de la señorita Valeria! –los imita- ¡como si los cuartos sirvieran nada más para revolcarse!

Antonio lo ignora y se concentra en “Reencarnación: Los Misterios al regreso de la Muerte”.

-Bueno ¿y tú qué? –le reclama Simón- ¿qué sigues interesado en esos libruchos?

-¡Si mis libros te molestan no te metas conmigo!
-¡Antonio! ¿de verdad te estas interesando en espíritus?

Antonio lo mira con mala cara.

 *

Autobus.  El bus pasa por diferentes pueblos muy cerrada la noche.  Un señor, con aspecto rural, que abraza a una linda niña, mira con profunda compasión en la mirada a Cantalicia y a Moncho que duermen profundamente abrazados. Catalicia tiene pesadillas. 

 *

En su pesadilla recuerda haber ido a buscar a Salvador el día de su ‘muerte’- ¿Por qué están tan demorado? –le grita y al verlo tirado en el suelo sin moverse- ¡Salvador! –corre desesperada y se tira sobre él llorando- ¿qué le pasa mijo? ¡despierte Salvador!

Y luego la pesadilla sigue el día que iban a enterrar a Salvador y éste patea su ataúd y rompe las maderas mientras Cantalicia grita abrazando a Moncho.  El padre Jacobo se arrodilla- ¡Santo Dios! ¡Santo Fuerte! ¡Santo todo poderoso! - Y la cara de Salvador completamente desquiciado y perdido al salir de su tumba y mirarlo.

-¡Salvador! –se despierta Cantalicia volviendo a la realidad asustada.  Acaricia la cabeza de Moncho y al ver al buen señor que la mira con pena le pregunta- ¿ya llegamos señor? ¿ya llegamos a Rio Claro?

-¡Aun no! –le dice lentamente- ¡falta mucho señora!

 *

Mansión. 

En medio de la noche Antonio está sentado en el jardín cuando se le acerca Ángela- ¿te sucede algo mi amor?

Antonio responde dolido- ¡Es que la gente ya está hablando! - le cuenta- ¡se imaginan que entre tú y Salvador puede existir algo porque se la pasan de arriba para abajo juntos!
-¡Mi amor! –le explica Ángela- ¡él es mi chofer! Es lógico que esté todo el tiempo conmigo... ¿quién está hablando mal de nosotros?

-¡Qué importa quien esté hablando! Si lo afirman es por el extraño comportamiento que tienes con él.  ¡Además! Ya no parece tu empleado –se queja- ¡parece tu amigo!
-¡Salvador más que mi empleado es mi amigo! –le corta Ángela- ¡y tú más que nadie lo sabes mi amor! –le reclama- ¡él es el hombre que me está ayudando a defender mis derechos!
-¡Ángela! –exclama Antonio.

-¡Mi amor! a mí no me importa lo que piensen los demás... ¡si creen que por eso se van a aprovechar y yo voy a despedir a Salvador están muy equivocados!

-¿No te importan que piensen lo peor de ti? –le reprocha.

-¿Acaso tú dudas de mí? –se enoja Ángela- ¿tú crees que entre Salvador y yo hay algo más Antonio?

Antonio la mira sin responder, entre la espada y la pared.

-¡Porque eso sí me dolería mucho! –le advierte Ángela.

Antonio se toma la cabeza entre las manos desesperad- ¡Mi amor! es que de verdad ya no sé ni qué pensar... ¡entiéndeme que me preocupa mucho esta situación!
-¡Pues si de verdad me quieres no te dejes contagiar por la desconfianza de los demás Antonio! –le exige Ángela- ¡porque eso nunca te lo voy a perdonar!

Antonio la mira desesperado, Ángela mira a los lejos, distancias como nunca.

 *

Una calle. Salvador camino a paso rápido cuando se acerca el auto de Gaetana conducido por Camilo, se detiene y Salvador sube- ¿Por qué demoraste tanto? –le reclama- ¡pensé que no vendrías!

Camilo ríe tontamente- Me cogió la noche Salvador, disculpe... ¿pero sabe por qué? –y le sonríe con sonrisa de El Pingüino en Batman- ¡porque acabo de comprar dos boletos para ir al gran bailazo!
Salvador simplemente lo acribilla con su negra mirada- ¿y eso qué es? –dice suspirando.

-¡Ah! es un espectáculo buenísimo que ofrece la mejor taberna de Río Claro y ningún soltero que se respeto se lo puede perder! –Salvador asiente con la cabeza- ¡Usted y yo la vamos a pasar a todo dar! –dice feliz Camilo.

-¡Tendrás que ir solo Camilo! –suspira Salvador- ¡yo estoy muy cansado y quiero regresar a casa!

-¿Ah si? –se desespera Camilo- ¿y no quiere que demos una vuelta? –sin disimular su nerviosismo- ¡el centro de la ciudad está muy animado!

Salvador lo mira con sospecha.

-¡Podemos ir al cine si quiere! –propone como última solución el pobre Camilo.

Salvador lo mira a los ojos- ¿Qué pasa? –le reclama- ¿por qué no habla claro?

Camilo traga saliva y renuncia a su teatro- ¡Si!  Yo le voy a decir la verdad ¡porque a mi no me gusta taparle las cosas!... doña Gaetana me pidió el favor de entretenerlo para que usted no llegara tan temprano a la casa.

-¿Y qué problemas tiene Gaetana? –suspira Salvador.

Camilo mueve la cabeza- ¡Yo no sabría que decirle! Pero llegaron varias personas vestidas de negro y le hablaron muy confidencialmente y ella decidió atenderlos en privado.

Salvador se molesta- ¡Así que Gaetana tiene una visita muy especial!

-¡Si señor! Y a mi parece que van a demorarse porque me dijo que iba a abrir el bar más tarde!
-¡Pues yo lo siento mucho por mi amiga Gaetana! –decide Salvador- pero me vas a llevar directamente a la casa- ¡Arranca!

Y Camilo obedece y arranca el auto.

 *

Bar.  Cuando llega Salvador es un escándalo total, hay gente dentro de un cuarto que grita aquí y allá. -¡Todavía no! –alguien grita.

-¿Qué está pasando aquí? –entra Salvador.
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Matilda muy elegante con cara aburrida sentada en una mesa le responde - ¡No tengo ni idea mi amor! la loca de Gaetana que no quiere atender al público y se encerró allá adentro no sé con cuantos.
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-¡No hable así Matilda! –Camilo- ¿qué va a pensar Salvador?

Salvador escucha atentamente.
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-¡Qué piense lo que quiera pero me parece muy raro que se encierre tan misteriosamente! Y no deje acerca a nadie –y se acerca Salvador para el chisme- ¡a menos que... esté invocando espíritus!

Salvador se enoja y se dispone a entrar en el cuarto donde se encuentran Gaetana y esta gente.
-¡Salvador! –interviene Lupe- ¡Salvador! Yo se lo ruego no entre todavía –lo detiene.

-¡No se meta en esto Lupe! ¡apártese por favor!
-Pero es que mire... ¡usted sabe lo que está pasando! ¿eh? Así que por favor entiéndamela a mi jefecita Salvador... y lo que pasó fue que llegaron estas personas muy fanáticas y bueno... prácticamente la obligaron... ¡prácticamente no! –cambia- ¡la obligaron a hacer esta sesión! ¿no?
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En ese momento dos hombres y una mujer vestidos de negro salen con la cabeza baja y se marchan sin saludar.  Detrás de ellos aparece Gaetana que al ver a Salvador pone cara de inocente y le sonríe nerviosamente- ¡Salvador! Ya vamos a abrir el bar... ¿sabe?
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Pero Salvador la mira muy molesto- ¡El bar lo van a abrir Lupe y Camilo! –ordena- ¡usted y yo vamos a hablar seriamente Gaetana!
-¡Ah no, no, no! –se niega Gaetana- ¡eso no va a ser posible porque yo tengo que ensayar una canción! –y pasa al lado de Salvador que la toma de los adornos de su vestido negro y la arrastra a una habitación aparte- ¡Salvador! –va gritando Gaetana.
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Salvador cierra la puerta detrás de ellos.

Estación de autobuses.

Unos hombres con mala cara rondan a la búsqueda de ignorantes a quienes estafar. 

Dentro del bus Cantalicia se despierta-¡Moncho! –lo despierta- ¡levántese que ya llegamos a Río Claro! Ya nos tenemos que bajar.

Y los dos tomados de la mano bajan. Cantalicia toma las cajas y va caminando con Moncho hasta el estacionamiento donde se quedan los dos esperando al tío Felipe. La gente empieza a irse y ellos quedan solos. El chofer del bus también se marcha.

 *

Bar. 

-¡No tenia por qué hacerlo! –le reclama Salvador muy enojado- ¡Sabe perfectamente que se lo tengo prohibido! –y se pasea de un lugar a otro muy nervios- ¡lo sabe! ¿por qué tenía que practicar esa dichosa sesión?

Gaetana, sentada a la mesa, pone cara de niña regañada- ¡Bueno hombre! –reconoce- ¡lo sé! Lo siento –se disculpa- lo que pasa es que esa pobre gente estaba tan desesperada por establecer contacto y yo les dije que no... ¡pero luego insistieron y me rogaron! Y... bueno –reconoce- también me ofrecieron mi buena lana... ¡me tentó!
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Salvador está fuera de si- ¡Se abstiene Gaetana! –le repite- ¡se abstiene! –y luego le reclama- ¡que para eso estoy pagando la renta de esta casa... ¡estoy sosteniendo el negocio del bar pagando todos los gastos! –le grita.

Gaetana se ofende que le reclame esto.

-¡A cambio de qué! –Salvador sigue gritando desaforado- ¡de que deje de realizar las sesiones!
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Gaetana lo mira ofendido y le dice con rebeldía- ¡Sinceramente Salvador! ¿usted cree que alguien puede renunciar a lo que es, así tan fácilmente? –le pregunta.

Pero Salvador no tiene respuesta.

-¡Le estoy haciendo una pregunta Salvador! –sigue Gaetana y la obliga a mirarla- ¡si yo no hubiera sido espiritista! ¿usted se habría acercado a mi para pedirme ayuda? –y Gaetana se levanta de la mesa y se le acerca altiva mientras Salvador no puede decir palabra- ¡No! ¿verdad? –sigue Gaetana- ¡usted me conoció a mi ejerciendo esta profesión y gracias a este oficio yo he podido ayudarlo! –y le dice estas verdades con el índice levantado- ¿por qué reniega ahora? –le reclama mientras lo enfrenta con la mirada.

 *

Estación de bus.  La situación de Cantalicia y Moncho se vuelve cada más preocupante.  Cantalicia muy nerviosa se pasea de un lugar a otro del estacionamiento arrastrando sus bártulos- ¡Apúrese mijo! –le reclama a Moncho mientras se acerca a un señor de pelo cano- ¿usted es don Felipe? –le pregunta con esperanzas Cantalicia- ¿el tío del padrecito Jacobo Madero?

Pero el señor niega con la cabeza y se aleja de ella. Cantalicia desesperada se muerde el rebozo.

 *

Bar.

-¡Yo desde pequeña Salvador! –le cuenta Gaetana- ¡siempre me interesaron estas cosas porque nací con ellas y las llevo en la sangre! –le dice apasionada- ¿usted cree sinceramente, que yo puedo dedicarme exclusivamente a cantar y a administrar un bar?

-¿Por qué no? –se sorprende Salvador- ¡usted lo hace maravillosamente bien! Además se nota que lo disfruta.

Gaetana lo mira triste- ¡puede que lo disfrute Salvador! –le dice con una sonrisa triste- ¡pero yo no puedo olvidar de la noche a la mañana quien soy realmente! –trata de hacerle comprender y se le acerca.

Salvador no tiene palabras.

-¡Cuál es mi verdadera profesión! –y le dice soberbia y dueña de si- ¡Y yo no nací para ser una simple cabaretera hombre!

Salvador trata de responder pero Gaetana lo corta- ¡Mire Salvador! –le exige- ¡pero míreme bien! Yo no soy una simple jovencita, ¡no señor! Yo tengo mis gustos, mis mañas... ¡mis preferencias! Y siempre he llevado mi vida como a mí se me parece ¡sin tener que darle explicaciones ni rendirle cuentas a nadie! –le sacude el índice levantado.

Salvador simplemente la mira.

-¡Siempre he salido a tomarme mis tequilas!, ¡a escuchar mis boleros!... ¡a compartir una noche con algún amante!... –y ante el silencio absoluto de Salvador sigue- ¡sin que nadie quisiera controlarme! –y hace una pausa- ¿y de repente que pasa? –alza la voz- ¡aparece un hombre de la nada al cual yo nunca en mi vida había visto y dice ser Pedro José Donoso! Y yo le creo y decido ayudarle... ¿y entonces que pasa? –se empieza a enojar- ¡que mi vida cambia! –grita fuera de si- ¡se convierte en otra cosa! –le tiembla la voz- ¡Pues no señor! –le grita exasperada- ¡me cansé! ¿sabe? –repite gritando- ¡me cansé! Y no voy a permitir que nadie venga a cambiarme... ¡yo soy la que siempre he sido! –descontrolada y orgullosa- ¡Gaetana Charry! La extravagante, la loca, la tramposa, la bohemia... ¡la ...! –se le va la voz- ¡la que sea! –se desespera- ¡Pero Gaetana Charry!
Salvador sigue escuchando en silencio.

-¡Y escúcheme bien! –sigue Gaetana con lágrimas en los ojos- ¡si yo tengo que renunciar a todas las comodidades que yo he logrado al lado suyo! –le anuncia- ¡me canso de renunciar! –le advierte- ¡vuelvo a hacer trampas! Comienzo a pedir prestado a todo el mundo pero no voy a permitir que nadie trate de cambiarme.

Salvador la estudia con esos negros ojos.

-¡Yo sé que le debo mucho dinero Salvador! –de pronto reconoce Gaetana y Salvador se siente incómodo- ¡y estoy dispuesta a devolverle hasta el último centavo aunque tenga que asaltar un banco y vaya a terminar en la cárcel! Pero escúcheme... ¡buena, mala o regular! –le tiembla la voz- ¡yo soy y voy a seguir siendo una espiritista! Y no voy a permitir que nadie me anule... –y luego de una pausa agrega terminante- ¡ni siquiera el espíritu de Pedro José Donoso!

Y habiendo estallado de esta manera sale altiva orgullosa y deja a Salvador de una pieza.

 *

Estación de bus.

Los dos malhechores se acercan peligrosamente a sus presas incautas... Cantalicia y el pequeño Moncho que siguen caminando sin sentido de un lugar a otro del estacionamiento con sus bártulos metidos en dos cajas de cartón y una valija vieja.

-¡Mire nada más! –se asusta Cantalicia- ¡ya cuanto rato que llevamos  aquí y nada que nos vienen a recoger! –dice sin aire del terror- ¡oiga! Yo no veo a nadie que tenga cara como que de tío del padrecito Jacobo.

Moncho cansado de arrastras las cajas, las posa sobre el piso.

-¡Ay diosito santo! –sigue con su cantaleta Cantalicia mientras los dos malhechores sonríen divertidos y malvados- ¿Qué vamos a hacer? –se queja Cantalicia sin verlo.

Pero el niño es más listo que la madre- ¡Pues lo que le dijo el padrecito Jacobo! –le dice- ¡acuérdese mamita!
-¡Ay, eso mi hijo, tan listo! –se alegra Cantalicia y abre la maleta y saca el sobre- ¡ese papel! Alguien que me diga como hago para irme a casa de este señor –y sin aire se acerca a un guardia que pasa en ese momento- ¡Señor! Perdone que le moleste- dice humilde- pero es que necesito que me diga... cómo me arrimo pa’ este lugar.... ¡écheme una manita! –le ruega.

El buen hombre lee la carta y luego le señala qué dirección tomar.  No muy lejos los dos malhechores festejan.

 *

Mansión.

Isabel lee muy concentrada en su habitación cuando aparece Valeria sin llamar
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- ¡Isabel! No bajaste a comer –le reclama- ¿te sientes mal?
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-No, no tengo hambre –le responde Isabel.
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-¡Te estás alimentado últimamente muy mal! –se inquieta Valeria- ¡Estás muy nerviosa! –le afirma- si sigues  a este paso pronto va a enfermarte.

Isabel le sonríe triste-¡No te preocupes! Que estoy acostumbrada a estas crisis... –le afirma- ¡o a peores! –dice misteriosamente triste.
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-¡La vida que llevas desde que te casaste con Andrés! –Valeria la mira con pena- ¡no se la deseo a nadie!
Isabel cierra los ojos cansada y mira a lo lejos.

-¡Ese hombre te está destruyendo Isabel! –sigue Valeria mientras Isabel no responde- ¡no me gusta meterme en tus cosas pero no puedes continuar así! –y luego de una pausa- ¡te noto mas distanciada de Andrés que antes que se casaran!

Isabel se inquieta.

-¡Se la pasan peleando como perros y gatos! –y Valeria la mira con sospecha- ¿o es que te está obligando a mantener esta situación?

-¡No! –le responde Isabel en un suspiro- ¡No la verdad es que yo tengo la culpa de todo Valeria! –le confiesa moviendo negativamente la cabeza- yo no puedo atacar a Andrés porque a diferencia de lo que tú y todos piensan... ¡Andrés me ama profundamente! –sigue con profundo dolor, sonriendo amargamente- ¡y no soporta mi rechazo!

-¿Y entonces que es lo que te motiva a rechazarlo? –se sorprende Valeria.

Isabel se levanta de la cama para no mirarla y le dice- ¡No es una fuerza especial Valeria! –y camina hacia la ventana- ¡es algo que... me provoca alejarme de él! –y luego le confiesa- ¡mi mente está en otra parte! ¡en otra cosa! ¡en otra persona!
-¿En otra persona? –repite Valeria- ¿en quien?

Pero Isabel se arregla el pelo nerviosa- ¡es que no es precisamente una persona! –trata de justificar- ¡es algo que ni siquiera yo misma me puedo explicar!

Valeria la mira con pena.

-¡Mira Valeria! –le sonríe con ese rictus de amargura Isabel- ¡he cometido muchos errores! –le dice con el alma en la mano- ¡muchos, mucho errores! –repite- ¡y yo creo que la vida ahorita me está haciendo pagarlos!... ¡porque de un momento a otro todo se vino en contra de mí!

 *

En la parte de servicio Simón se apropió del cuaderno de poesías de su papá y se las lee a Vicky.

 *

¡Solo cuando se abren tus ojos

El día comienza a nacer

Y se alejan las noches

Dando luz a mi vida

Solo tus manos saben acariciarme

Pues con sólo rozarme

Se curan mis heridas!

 *

Y luego los dos se matan de risa-¿qué te parece? –festeja Simón.

-¡Me gusta! Síguele –le ruega Vicky.

-¡A mi también me gusta! Pero ya no quiero seguir leyendo porque son las cosas que mi papá le escribió a mi mamá.

-¡Oye se ve que la quería un chorro! –admira Vicky.

-¡Tal vez si! –admite Simón- ¿sabes que es ahora cuando empiezo a entenderlo Vicky? –pone cara soñadora- ¡me gustaría poder escribir como él para decirle todo lo que siento a alguien que me gusta! –y luego se pone serio- ¡Escúchame esto Vicky! –e improvisa

!Cuantos besos te robo

con un solo suspiro!

 
-¡Ay caray! –se ríe Vicky- ¡ya me volviste a dar!

-¿Qué estoy haciendo? –de pronto se avergüenza Simón- si a mí me chocan las poesías... ¡pero no puedo negar que es una ridiculez hermosa! –de pronto mira el cuaderno- ¿sabes una cosa Vicky? Yo hace tiempo le escondí esto a mi mamá y el señor Donoso lo encontró y me prometió que se lo iba  a guardar para dárselo un día.

-¿Y se lo entregó?

-¡Qué yo sepa no! No sé como volvió a parar en manos de mi mamá.

-¡No se lo vayas a volver a esconder! –le amenaza Vicky.-¡porque vas a meter la pata!

-¡No Vicky! ¿cómo crees? –exclama Simón- ¡yo se lo devuelvo! Pero tú tampoco le vayas a decir que estuvimos leyendo esto porque es capaz de colgarme de las orejas... ¡júramelo Vicky!

Vicky se lo promete con la mano levantada- ¡Calladita me veo más bonita!

En la habitación de Isabel, Valeria espera pacientemente que su prima se duerma.  Luego la arropa dulcemente con la cobija.  La mira con cariño y le acaricia el pelo.  Isabel duerme con un sueño profundo e inocente.  Valeria apaga la luz y sale sigilosamente de la habitación para no hacer ruido.  Al salir se encuentra con Andrés en el pasillo que le dice amargado- ¡Qué bien! La primita consentida se mete en el cuarto de mi mujer cuando quiere –y luego agrega frustrado- ¡pero yo que soy su esposo no puedo hacerlo!

Valeria trata de detenerlo- ¡Andrés! Por favor déjala descansar.. –le ruega- ¡está durmiendo!
Pero Andrés la empuja a un costado bruscamente y se mete a la pieza de  Isabel. Una vez adentro, se queda de una pieza al verla dormida.  Y se acerca.
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Y observa su belleza con adoración y no se atreve a despertarla. 
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Acerca la mano lentamente a su pelo y a su mejilla para acariciarla.
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Pero no se anima. 
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Y luego retrocede.
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Con un gesto de dolor en el rostro y con los hombros caídos sale lenta y silenciosamente de la habitación.

 *

Estación de buses.

Mientras tanto nuestra pobre Cantalicia sigue corriendo de un lugar a otro del enorme estacionamiento- ¡Camine rapidito mi hijo! –dice ella arrastrando la vieja maleta y una caja y el pobre niño arrastrando otra caja de cartón- ¡no se me queda atrás! –y llega hasta donde la esperan pacientemente los bandidos- ¡Oiga! ¿usted me puede decir dónde puedo agarrar los taxi? –le pregunta a uno de ellos- ¡ese señor me mandó para acá! Pero yo no los encuentro!

-¡Si necesita transporte! –uno de los malvados dice con una sonrisa depredadora- nosotros somos taxistas –le miente- ¡podemos llevarla al fin del mundo si quiere! –se burla con algo de verdad.

Cantalicia pone cara de agradecimiento y felicidad- ¿De verdad? –se ilusiona-¡que bueno!

-¿Le ayuda con esas maletas? –se ofrece uno de los ladrones.

Pero Moncho, que es más inteligente los mira con desconfianza- ¡No suelte nada mamacita! –le dice a Cantalicia- ¡no me gustan estos viejos!

-¡Mucho cuidadito de hablar mal de nosotros! –le amenaza uno de ellos- ¡deme su maleta señora! –le exige.

Pero Cantalicia mira a Moncho y ahora tiene miedo- ¡No! No me lleve nada, yo puedo llevarla.

-¡No sea tan desconfiada señora! –se le acerca- ¡suelte su maleta!

Muerta de miedo Cantalicia aferra su maleta mientras los dos bandidos sonríen seguros de obtener su pobre botín.

 *

Las Cruces.

El padre Jacobo tal vez presintiendo lo que pasa en Río Claro tiene el teléfono a la oreja- ¡Ay tío Felipe! –ruega- contesta por favor... ¡a esta hora ya debes haber recogido a Cantalicia y están en tu casa en santa paz! –desea, pero nadie contesta al otro lado- ¡solo me pasan a mi estas cosas! –se desespera- ¡ya llamé más de cinco veces y nadie me contesta! –y luego se pone nervioso- ¡Ay Dios mío! ¡viejo maniático! –despotrica- sin tan solo tuviera un contestador... ¡Ay Dios mío que no les haya pasado nada malo por favor! –y se asusta- ¡ni Dios lo mande! Yo no voy a poder dormir... ¡Dios mío! Sin saber el paradero de esta mujer... ¡Dios mío que lleguen sanos y salvo a Río Claro! –y se santigua.

 *

Río Claro.

Los malhechores se disponen a despojar de sus pobres bártulos a Cantalicia-¡Es usted sorda o que señora! Déjenos ayudarla con las maletas y con las cajas –la amenazan.

-¡No! –se niega Cantalicia- ¡le digo que yo puedo sola! ¿y sabe que? Mejor prefiero que no me ayuden... ¡no quiero nada con ustedes!
-¡Me la pasa por las buenas o me la pasa por las malas! –se exaspera uno de ellos y se dispone a tomarlas.

-¡Déjeme mis cosas! ¿eh? –pelea Cantalicia- ¡y suélteme mejor sino voy a empezar a gritar!

A los lejos aparece uno de los guardias del bus y se da cuenta de la situación.

-¡Está bien! –los bandidos también vieron al guardia- no hace falta que grite ni que haga nada... ¡si ella no quiere que nosotros la ayudemos! Búsquese gente que la ayude –y le señala un lugar más oscuro todavía- ¡allá al fondo están los taxistas! –y los dos se alejan discretamente.

-¡Vamos mijito! –le dice Cantalicia a Moncho- agárrese esta maleta –y le pasa una de las cajas de cartón.

Moncho cree que va a seguir a los dos bandidos y se asusta- ¡No mamá! Con esos viejos no –le ruega- ¡me da mucho miedo!
-¡No! –le tranquiliza Cantalicia- ¡con esos viejos no! No tenga miedo mijo, yo lo cuido.

 (bueno... esto es mucho decir para la tonta Cantalicia )

 -¡No tenga miedo! –sigue mientras ella se muere de miedo- ¡pero no podemos quedarnos aquí nomás! Tenemos que agarrar un taxi –y toma la vieja maleta y la otra caja de cartón- ¡Vamos mijo! ¡vámonos por acá! –y vuelta a ir al otro lado del estacionamiento... ¡esta vez corriendo! -¡Ay virgen santa! ¿y ahora donde estarán los mentados taxis que yo los necesito! –y se desespera mientras corre- ¡córrele mijo! No se me queda atrás –mientras el pobre niño corre detrás de ella con la enorme caja de cartón- ¡yo no veo ningún cristiano por aquí! –mientras el lugar se pone cada vez más solitario, oscuro y sombrío.

De pronto ve que un hombre vestido todo de negro se le acerca y la mira extrañamente.

-¡Ay Diosito santo! –se pega el susto Cantalicia- ¡creo que mejor nos vamos de aquí mijo! –y vuelta a correr para el otro lado.

Pero hacia el otro lado se acercan los bandidos.  Cantalicia queda en el medio- ¡Ay Dios mío! –y se pone a llorar- ¡virgencita de Guadalupe! –gime- ¿ahora si que donde nos vinimos  a meter?

Mientras el hombre del impermeable y boina negras observa la situación y se les acerca y al ver que los dos bandidos amenazan a Cantalicia lentamente saca una pistola de su bolsillo y los apunta sin decir palabra.

Cantalica empieza a gritar histérica- ¡Ay virgencita! Protégenos... –y al ver la pistola pega tremendo grito- ¡Ahhhhhhhh! - Cantalicia abraza al niño, y le tapa los ojos, mientras ella misma se cubre la cara con el rebozo porque piensa que la van a matar en ese mismo instante.

Los dos bandidos al ver el arma deciden eclipsarse y desaparecer del mapa. 

 *

Mansión.

Muy entrada la noche, Rebeca desvelada está en la sala.  Entra Walter- ¿qué hace usted levantada a estas hojas señora Rebeca?

-¡Eso mismo me pregunto yo Walter! –le responde Rebeca agriamente y con desconfianza.

-¿No puede dormir en paz verdad? Se rebana los sesos tratando de encontrar un remedio para calmar sus... –y busca la palabra- ansiedades.... ¡y lo que hace es confundirse más!

-¡No se lo voy a negar! Me ahogo en mi cuarto... ¡detesto la soledad! –se queja Rebeca amargamente- ¡me vuelve loca! Solo me hace pensar siempre en lo mismo- y suspira romántica.

-¿En el tesoro que perdimos? –se burla Walter- ¡que posiblemente esté en manos del maldito desgraciado de Cerinza!

-¡Ya por favor deje de suponer! -Le grita furiosa Rebeca.

-¡Cada vez me convenzo más! –susurra Walter- ¡Qué él fue el que nos robó el tesoro! –y Walter se le arrodilla al lado para murmurarle- ¡él es el único que pudo haber abierto esa caja fuerte! –y dice con rabia- ¡conoce demasiados secretos de Pedro José y por eso está en esta casa! Y su ambición no tiene límites... ¡ahora está intentando seducir a la señorita Ángela! –le dice para el dolor de Rebeca.

-¡Ya! ¡por favor ya! –se levanta enojada- no quiero oír ni una sola palabra más... ¡ya!

-¡Me tiene que escuchar para que reaccione! –se levanta Walter y le susurra con rabia y al ver que Rebeca se niega la persigue- ¡usted me va a escuchar para que reaccione ante ese degenerado!... ¡deje de sufrir como una condenada!

-¡A veces siento que lo odio con toda mi alma! –reconoce Rebeca.

-¡No diga bobadas! –se burla Walter- ¡lo venera como a un Dios! Y lo que no puedo entender es como usted... ¡se puede amargar la vida por ese aparecido que nos está perjudicando a todos en esta casa!

-¡No! –lo defiende Rebeca- ¡él no es lo que usted dice! ¡él no lo es!

-¿Y qué es? –la reta Walter- ¡A ver! ¿qué es? ¿qué sabe usted de ese hombre? –hace una pausa- ¡absolutamente nada! ¿verdad? ¡ni siquiera sabe si es libre o no! –y de pronto dice sarcástico- ¡porque no me extrañaría que fuera casado!

-¡Ya Walter! –sufre Rebeca- ¡deje las suposiciones ya!

-¿Quién puede garantizarnos que no anda metido en más cochinadas? –sigue Walter- ¡el día que descubramos quien es realmente Salvador Cerinza! –y pronuncia estas palabras con negra predicción- ¡ese día nos vamos a llevar muchas sorpresas! –le anuncia con los ojos abiertos como platos.

 (y si mi querido Walter... ¡no pudiste decirlo mejor! )

*

Estación de bus.  Los malhechores ya desaparecidos el hombre del impermeable negro guarda la pistola y se acerca.  Pero Cantalicia sigue con los ojos cerrados, abrazada a Moncho y rezando porque piensa que va a morir- ¡Virgen santísima de Guadalupe! –llora- ¡que se vayan estos hombres! –hace rato se fueron- ¡que no nos hagan daño! (bueno si abriera los ojos).

-¡Ya deje esa rezadera! –le grita el hombre de negro de malhumor- ¡ocúpese del niño que yo me voy a ocupar de sus cosas! –le ordena y se agacha a recoger la maleta.

Pero Cantalicia reacciona y empieza a atacarlo para defender sus maletas- ¡No! ¡no! ¡no se lleve nuestras cosas! –y se le abalanza y luego le grita- ¡no me toque! –cuando el hombre trata de calmarla con la mano- ¡no me toque!
Moncho desesperado ataca al hombre por la espalda.

-¡Suelte a mi hijo! –grita desaforada Cantalicia, cuando la situación es al revés... es el niño que tiene por el cuello al hombre- ¡suelte a mi hijo! –y grita con todos sus pulmones- ¡Ayuda! ¡ayuda por favor!

En ese momento llega el mismo guardia de antes pero esta vez acompañado por dos policías.  Los dos policías apuntan al hombre y gritan- ¡Suéltela! ¡Suéltela ya!

Mientras Cantalicia sigue gritando como loca, el hombre los mira sorprendido y levanta lentamente los brazos.

 *

Bar.  Una orquesta MUY BUENA.  Gaetana canta con el corazón en la mano.
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¿Como pudo ser?
¿Qué tu me dieras todo?
Después me dejaras
Me arrancaste la vida
¿Qué voy a hacer?
Sin tu amor no soy nada

¡Me hace falta tu amor!
!Me hace falta tu cuerpo!
!Te juro que lo intento!

no puedo
olvidarme de ti!
¡tus caricias y besos!

¡Me enloquezco de solo pensar
qué no te veré jamás!
¡Y qué tu amor tiene otro dueño!

 

(qué música tan bonita y que buena la guitarra )

 

¿Cómo podré
calmar todo mi cuerpo?
¡tu amor como veneno
me deja sin aliento!
Arde muy dentro
Y arrancarlo no puedo
¡Si un día fue vida
hoy me mata por dentro!
!Te juro que lo intento!
no puedo
olvidarme de ti!
¡tus caricias y besos!
¡Me enloquezco de solo pensar
qué no te veré jamás!
¡Y qué tu amor tiene otro dueño!

 
Y Camilo llora escuchando esta música.


¡Y qué tu amor tiene otro dueño!

 

Termina Gaetana muy triste y todos los clientes la aplauden.

 También Salvador la escucha desde su habitación y mira triste por la ventana. Tiene puesto un pijama beige (lo siento amigas... NO BCF!!!)

Lupe entra tranquilamente sin golpear- ¿No puede dormir? ¿no es cierto? –y lo mira triste- ¡tuvo una pelea muy fuerte con mi jefecita! –suspira- ¿por qué no baja mi Salvador y hacen las paces? –le pide- ¡ella está muy triste desde que habló con usted!

-¡Gaetana está mal desde el día que me conoció! –le responde triste Salvador.

-¡Lo quiere como a un hijo y se preocupa muchísimo por usted! –le afirma Lupe.
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Salvador suspira y la mira- ¡Mañana será otro día Lupe! Tal vez los ánimos estarán más calmados.

-Piense una cosa mi Salvador... ¡mi jefecita lo dejó todo por ayudarlo! No me la vaya a abandonar –y le pone una mano sobre el hombro- ¡mire que usted es...! –y lo mira a los ojos- ¡el único familiar que ella tiene! –y luego se marcha.

Salvador se queda solo y suspira con una profunda tristeza- ¡familiar! ¿qué clase de familia tengo como Pedro José? –dice con amargura- ¿y cómo Salvador? –luego dice con ironía.

 *

Estación de bus.

Y justamente esa familia está muy cerca. Cantalicia sigue llorando y gritando- ¡Ese hombre quería matarnos o robarnos! –y luego sigue histérica- ¡o sabrá Dios que barbaridades señor policía!

-¡No levanta falso! –se enoja el hombre de negro- ¡no diga majaderías! –y enojado- ¡no seas estúpida!

(bueno, eso ya es mucho pedir )

Pero los policías reaccionan violentamente y lo fuerzan a acostarse en el capot de un coche- ¡Silencio señor! –le ordena- ¡y usted señora! Dígame que fue lo que pasó.

-¡Es lo que le digo! –sigue Cantalicia llorando a grito pelado- ¡que ese hombre con otros dos! Y quería robarnos.

-¡Así que es usted compinche de los bandidos que andan asaltando a los pasajeros! –le acusa el policía al hombre.

-¡Yo no soy amigo de ningún delincuente! –se yergue el hombre- ¡respéteme!

-¡Silencio! –y lo vuelven a aplastar contra el coche violentamente.  El policía le palpa el impermeable y encuentra la pistola- ¡Pero anda armado para hacer sus fechorías!

-¡Yo tengo permiso para portar arma! –dice el hombre con la cara aplastada sobre el capot del auto- ¡si quiere se lo muestro con el resto de mis documentos!
-¡Muéstremelos! –le dice el policía y le permite erguirse- ¡Con cuidado! –le advierte- ¡no intente nada!
El hombre saca su billetera y le pasa sus documentos.

-¡No cabe duda que los delincuentes están muy bien documentados! –se burla el policía.

-¡Yo le repito a usted que no soy amigo de ningún delincuente! Y yo no he intentado robar a nadie –dice furioso- ¡lo único que quise hacer es proteger a esta señora de unos delincuentes!

El policía no le cree- ¿usted quiere vernos la cara de estúpidos señor? ¿qué hace usted a esta hora por aquí?

-¡Precisamente vine a recogerla!

-¡Eso es mentira señor policía! –dice Cantalicia todavía llorando y abrazada a Moncho como si fuera un escudo.

-¡Como que mentiras! –la enfrenta el hombre la boina- ¡gran torpe! ¿es que no ve que yo soy Felipe Madero? El tío del cura Jacobo.

Y Cantalicia abre los ojos como platos y se santigua- ¡Virgencita de Guadalupe! ¿usted es el tío Felipe?

Y el tío Felipe la mira como para acribillarla con la mirada.

 *

Más tarde el tío Felipe conduce un auto.  Atrás abrazados van Cantalicia y Moncho.

-¡Ahí está pintado mi sobrino Jacobo! –despotrica- ¡mira en los líos en que me meto por ayudarla! –y luego dice vengativo- ¡no se lo voy a perdonar!

Cantalicia tiembla como una hoja.

-¡Me comprometí a hacerle un favor y por poco termino en la cárcel! –y luego la mira a través del espejo retrovisor- ¡presiento que su visita no va a ser muy placentera señora! Porque no termina de llegar y ya tengo problemas.

Cantalicia llora- ¡Perdóneme don Felipe! Pero ¿cómo le iba a hacer yo para saber que era usted el tío del padre Jacobo?

-¡Claro! –suspira el tío Felipe- ¡se nota que usted no sabe donde está parada! –dice cascarrabias.  El tío Felipe se ve buena persona, cascarrabias de buen corazón, y muy educado- ¡pero hay que ver! ¿cómo se puede ser así? –le llama la atención- ¡en vez de esperar tranquila en una de esas salas! ¡Se aleja por los estacionamientos!

-¡Es que esos mugrosos me dijeron que allí estaban los taxis! –explica Cantalicia.

-¿Y por qué les obedeció? –le recrimina el tío Felipe -¿no se dio cuenta acaso que eran unos ladrones?

Cantalicia lo mira con los ojos grandes abiertos y mueve la cabeza negativamente.

-¡Seguramente la confundieron con alguien! –de pronto dice el tío Felipe al mirarla a través del espejo retrovisor- ¿quién va  a robarle nada a una persona como usted?

-No, no mucho la verdad- reconoce Cantalicia y luego le pregunta sorprendida- ¿usted como le hizo para saber quien era yo?

-¡Porque tan pronto la vi me imaginé que tenía que tratarse de la dichosa Cantalica Muñetó! Un nombre tan particular sólo lo puede tener una persona como usted.

-¿Si se dio cuenta ahí mismito? ¿por qué no me lo dijo?

-¡Porque el burrito de mi sobrino me aseguró que usted venia sola! Y no acompañada de un mocoso- y mira a Moncho- ¡por eso me acerqué para cerciorarme!

-¡Yo no podía dejar solo a mi chamaquito! –se sorprende Cantalicia y abraza a Moncho- ¡allá en el pueblo donde vivo! Tenia que traerlo conmigo.

-¡Mi sobrino sabe perfectamente que yo detesto a los muchachos! –le gruñe el tío Felipe y Moncho lo mira espantada- ¡y si me hubiera figurado que usted traía uno jamás me hubiera prestado a recibirla!

-¿Usted está hablando en serio don Felipe? –le pregunta aterrorizada Cantalicia.

-¡Agradezca lo tarde que es! Porque de lo contrario en este mismo momento la regresaba y la montaba en el bus para que vuelva a parar en el peladero de donde viene –y luego se dice a si mismo- ¡Jacobo! ¡Jacobo me va a escuchar! –le amenaza cascarrabias- ¡me va a escuchar en cuanto me comunique con él le voy a cantar una misa!

 *

Momentos más tarde llegan al apartamento del tío Felipe, en un lindo barrio de clase media de la ciudad.  Cantalicia baja como un gatito asustado y mira para todos lados.  El tío Felipe busca los bártulos en la valijera del auto y le pasa las cajas- ¡preparándose para moverse! –les gruñe- porque vivo en el altillo y aquí no hay ascensor... ¡así que reúnan fuerzas y a hacer ejercicio! ¡vamos! ¡muévanse! –y sube a paso vivo las escaleras mientras Cantalicia arrastra una caja y la maleta y el niño la otra caja.

De pronto se detiene- ¡Bueno Cantalicia! No se quede alli echando globos y muévanse.

-¡Es que el niño está con la lengua de corbata! –protesta Cantalicia.

El tío Felipe lo mira y de pronto toma la caja en una mano y con la otra levanta al niño como un fardo y sigue a ritmo vivo.

 *

Cuando entran al apartmento, vemo un estudio lleno de obras de cuadros a medio terminar y empezados, la mayoría de desnudos (es muy buen artita, parece).

-¡Es una pobre campesina que no le va a meter en problemas y que seguramente podrá ayudarlo! –imita el tío Felipe al padre Jacobo para si mismo- ¡ayudarme! –se burla.

Moncho que al entrar al estudio se había quedado tan asombrado como si hubiera entrado a la cueva de Alí Babá, de pronto se queda mirando con ojos abiertos como platos un desnudo.  Cantalicia se queda boquiabierta al ver tanta exposición de cuerpo desnudo.

-¡Si mi sobrino sabe perfectamente que yo estoy acostumbrado a resolver todas mis cosas solo! –sigue el tío soliloqueando-¡Orale! –de pronto ve a Cantalicia en la puerta-  Terminen de entrar y no se queden como muebles... ¡y cierre la puerta por favor! –le grita a Cantalicia- ¿ayudarme a qué? –sigue su soliloquio- ¿a meterme entre las rejas? ¡si no llevo todos los documentos conmigo a estas horas estaría metido en una celda! ¡acusado de asaltante! –y luego le muestra la pistola- ¡tengo permiso porque no me gusta andar desarmado! Soy ave nocturna –y deja la pistola sobre la mesa.

Mientras tanto Moncho sigue mirando fascinado el cuadro. Y Cantalicia, con el aire de haber entrado al Alto Infierno de Dante, en el segundo círculo el de los lujuriosos, y pensando que tiene enfrente al mismísimo Minos, demonio jefe, va corriendo a salvar a Moncho de estos desnudos - ¡Moncho! Mijo, ¡déje eso! ¡no ande viendo esas cochinadas! –y le tapa los ojos con el rebozo mientras con la otra mano sigue aferrando su caja de cartón como si contuviera tesoros.

-¡Ya deje esa caja esa! –le grita el tío- ¡suelte la caja! ¿o cree que alguien se lo va a robar?

Cantalicia suelta la caja y al niño al mismo tiempo.  Moncho no pierde tiempo para volver a observar embelesado el cuadro que está pintando el tío Felipe.

De pronto Cantalicia se acuerda del sobre y lo saca de la valija- ¡Mire una encomienda que le mandó el padre Jacobo para usted! –y se lo pasa.

-¡Se la puede comer el gordo sinverguenza! –gruñe el tío y tira el sobre.

-¡Viene con una foto para usted! –dice Cantalicia con esperanza- ¡y el recorte de periódico para que me pueda ayudar!

-¡Mañana hablamos de eso! –suspira el tío- ¡yo estoy muy cansado! Lo único que quiero es meterme en mi cama a dormir. ¡Mañana tengo que madrugar a dar una clase!
-Como usted diga- baja la cabeza Cantalicia.

-¡Mire! Al fondo del pasillo está mi habitación... ¡alli no se meta le advierto!... a la izquierda es su habitación... ¡vaya para allá! Arrégleselas como pueda, mañana hablamos –y de pronto ve a Moncho- ¡y tú mocoso! ¡ya es suficiente! Sino no va a poder dormir.. ¡vaya! –y luego les  grita- ¡no me gusta repetir las ordenes dos veces! –los despacha- ¡vaya!
Y Moncho se aleja del cuadro a su pesar, y de vez en cuando le vuelve a lanzar miradas admirativas.

-¡Se está olvidando la maleta Cantalicia! –le grita y se la lleva.  Luego regresa- ¡Cantalicia Muñetón! –se ríe con cordialidad y divertido- ¿pero quien puede llamarse así? “Cantalicia Muñetón” –y riendo mira el sobre del padre Jacobo y decide dejarlo para el día siguiente.

Antes de salir de la sala, tiene la buena cordura de recoger la pistola y guardarla.

 *

Bar.

Gaetana está extremadamente triste.
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Cuando llega Salvador para hablar con ella
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- ¿Sigue disgustada conmigo Gaetana?
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-¡Todo lo que tenía que decirle se lo dije anoche Salvador!
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-Yo creo que me dijo más de la cuenta pero está bien –le contesta Salvador- es mejor que explote y se llene de resentimientos –y la mira con esos ojos negros que conocemos tan bien.
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-¡Tenía razón en lo que dijo Gaetana! –admite y se sienta a la mesa- no tengo ningún derecho de irrumpir en su vida o coartar su libertad... ¡eso es injusto!
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-¿Tendremos... que separarnos verdad? –Gaetana se espera lo peor.
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Salvador la mira con una sonrisa- ¿usted cree que puedo separarme de la única persona... que conoce mi secreto?
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Gaetana lo mira con nuevas esperanzas.

-¿De la única persona que venció sus temores y no me abandonó? –sigue Salvador- ¡creo que no encontraré a una persona tan especial como usted a la vuelta de la esquina!
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A Gaetana se le ilumina la cara- ¡Yo fui muy sincera Salvador! Y la verdad es que yo no... ¡yo no voy a dejar mi vida por nada ni por nadie! –le dice compungida.

-¡Shhh! –la calla Salvador y le toma la mano- ¡así como yo trato de entenderla trate de entender usted también! –le ruega- ¡yo no soy el hombre joven que usted ve enfrente de usted Gaetana! Yo soy un viejo de más de setenta años acostumbrado a hacer su voluntad y a dar órdenes, a que la gente lo obedezca... ¡olvidé mi condición de antes y traté de someterla! –y luego admite- y eso es injusto –y mientras Gaetana sonríe- ¡yo reconozco que estaba equivocado! –sigue Salvador- usted puede hacer con su vida lo que le dé la gana.

Gaetana le sonríe.

-¡Haga lo que quiera pero no me abandone! –le implora Salvador.

Gaetana llora como una niña y lo abraza muy fuerte.

Salvador se separa y la mira- ¡La necesito porque usted es mi única aliada! ¡mi amiga! Y por sobre todas las cosas –y la toma de los hombros muy fuete- ¡porque es la única persona capaz de proteger a un muerto!

BCF=bare chest factor

 *

FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

www.mabouchita.com

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