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El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO CAP# 67: miércoles 19 de octubre 2005 – ¡GAETANA! *Mansión. En la cocina Antonio se sienta a la mesa con cara de cementerio. Abigail le va a servir un agua de Jamaica pero Antonio la rechaza- Ma, no quiero gracias. -¿Dónde anda tu hermano? Los vi llegar juntos. -¡Está con Valeria! –responde lacónico. -¡Ay ese muchacho! –protesta Abigail- estoy harta de decirle que no sea inoportuno –y trata de alimentarlo- ¡A ver! ¿quieres un postrecito mi hijo? -¡Ya te dije que no quiero nada mamá! –reacciona Antonio maleducado. -¡Bueno! ¿qué te pasa a ti? ¡oye! Traes un genio insoportable. Antonio en vez de responder le pregunta- ¿Ángela volvió a salir con Salvador? -¡No! –le contesta Abigail sospechando por donde viene la cosa- ella está en su cuarto y Salvador está hablando seguramente don doña Isabel –le dice cruzando los brazos. Antonio se levanta brusco de la mesa y se marcha- ¡Voy a estudiar! –le anuncia. Abigail mira
sorprendida a Vicky y se sienta a la mesa- ¡Ay! De veras que me
saqué la lotería –se queja- ¡el premio gordo
con estos muchachos! –y se sirve agua de Jamaica- ¡uno
molestando a la señorita Valeria y el otro con un genio de los
mil demonios! -Si, pero cuidadito con abrir la boca Vicky –y se levanta de la mesa- ¡ella me advirtió que se trataba de algo privado! -Oiga... ¿qué se traerá esa vieja con Salvador? –se inquieta Vicky- ¿no irá a ponerle una trampa verdad? –Abigal la mira sorprendida- ¡porque pa’ sorpresas esta vieja se pinta sola! –concluye Vicky con malos presentimientos- ¡A mi no me gusta! Yo desconfío de ella... ¡fíjese! * En su habitación Antonio trata de leer sus famosos libritos cuando escucha los gritos de su mamá. -¡No señor! ¡No! Una cosa es ser amable con ella y otra es que abuses de su confianza. -¡Mamá! Estaba feliz conmigo. Antonio escucha atentamente y se preocupa. -¡Qué
feliz ni que nada Simón! Lo que pasa es que la señorita
Valeria es muy decente y no se atreve a decirte nada. ¡pero no
debes estorbarle en sus ensayos y mucho menos entrar a su cuarto!
¡eres un atrevido! -¡No seas grosero y no me respondas! –se escuchan las últimas palabras de Abigail y luego Simón entra al cuarto como una tromba. -¿Estaban peleando no? –Antonio. -¡No! –se burla Simón- ¡estábamos recitándonos poseías! Antonio vuelve a su libro. -¡No! Si parece que tú y mi mamá se hubieran puesto de acuerdo –se sigue quejando Simón- ¡no debes entrar al cuarto de la señorita Valeria! –los imita- ¡como si los cuartos sirvieran nada más para revolcarse! Antonio lo ignora y se concentra en “Reencarnación: Los Misterios al regreso de la Muerte”. -Bueno ¿y tú qué? –le reclama Simón- ¿qué sigues interesado en esos libruchos? -¡Si mis libros te molestan no te metas conmigo! Antonio lo mira con mala cara. * Autobus. El bus pasa por diferentes pueblos muy cerrada la noche. Un señor, con aspecto rural, que abraza a una linda niña, mira con profunda compasión en la mirada a Cantalicia y a Moncho que duermen profundamente abrazados. Catalicia tiene pesadillas. * En su pesadilla recuerda haber ido a buscar a Salvador el día de su ‘muerte’- ¿Por qué están tan demorado? –le grita y al verlo tirado en el suelo sin moverse- ¡Salvador! –corre desesperada y se tira sobre él llorando- ¿qué le pasa mijo? ¡despierte Salvador! Y luego la pesadilla sigue el día que iban a enterrar a Salvador y éste patea su ataúd y rompe las maderas mientras Cantalicia grita abrazando a Moncho. El padre Jacobo se arrodilla- ¡Santo Dios! ¡Santo Fuerte! ¡Santo todo poderoso! - Y la cara de Salvador completamente desquiciado y perdido al salir de su tumba y mirarlo. -¡Salvador! –se despierta Cantalicia volviendo a la realidad asustada. Acaricia la cabeza de Moncho y al ver al buen señor que la mira con pena le pregunta- ¿ya llegamos señor? ¿ya llegamos a Rio Claro? -¡Aun no! –le dice lentamente- ¡falta mucho señora! * Mansión. En medio de la noche Antonio está sentado en el jardín cuando se le acerca Ángela- ¿te sucede algo mi amor? Antonio
responde dolido- ¡Es que la gente ya está hablando! - le
cuenta- ¡se imaginan que entre tú y Salvador puede existir
algo porque se la pasan de arriba para abajo juntos! -¡Qué
importa quien esté hablando! Si lo afirman es por el
extraño comportamiento que tienes con él.
¡Además! Ya no parece tu empleado –se queja-
¡parece tu amigo! -¡Mi amor! a mí no me importa lo que piensen los demás... ¡si creen que por eso se van a aprovechar y yo voy a despedir a Salvador están muy equivocados! -¿No te importan que piensen lo peor de ti? –le reprocha. -¿Acaso tú dudas de mí? –se enoja Ángela- ¿tú crees que entre Salvador y yo hay algo más Antonio? Antonio la mira sin responder, entre la espada y la pared. -¡Porque eso sí me dolería mucho! –le advierte Ángela. Antonio se
toma la cabeza entre las manos desesperad- ¡Mi amor! es que de
verdad ya no sé ni qué pensar... ¡entiéndeme
que me preocupa mucho esta situación! Antonio la mira desesperado, Ángela mira a los lejos, distancias como nunca. * Una calle. Salvador camino a paso rápido cuando se acerca el auto de Gaetana conducido por Camilo, se detiene y Salvador sube- ¿Por qué demoraste tanto? –le reclama- ¡pensé que no vendrías! Camilo
ríe tontamente- Me cogió la noche Salvador, disculpe...
¿pero sabe por qué? –y le sonríe con sonrisa
de El Pingüino en Batman- ¡porque acabo de comprar dos
boletos para ir al gran bailazo! -¡Ah! es un espectáculo buenísimo que ofrece la mejor taberna de Río Claro y ningún soltero que se respeto se lo puede perder! –Salvador asiente con la cabeza- ¡Usted y yo la vamos a pasar a todo dar! –dice feliz Camilo. -¡Tendrás que ir solo Camilo! –suspira Salvador- ¡yo estoy muy cansado y quiero regresar a casa! -¿Ah si? –se desespera Camilo- ¿y no quiere que demos una vuelta? –sin disimular su nerviosismo- ¡el centro de la ciudad está muy animado! Salvador lo mira con sospecha. -¡Podemos ir al cine si quiere! –propone como última solución el pobre Camilo. Salvador lo mira a los ojos- ¿Qué pasa? –le reclama- ¿por qué no habla claro? Camilo traga saliva y renuncia a su teatro- ¡Si! Yo le voy a decir la verdad ¡porque a mi no me gusta taparle las cosas!... doña Gaetana me pidió el favor de entretenerlo para que usted no llegara tan temprano a la casa. -¿Y qué problemas tiene Gaetana? –suspira Salvador. Camilo mueve la cabeza- ¡Yo no sabría que decirle! Pero llegaron varias personas vestidas de negro y le hablaron muy confidencialmente y ella decidió atenderlos en privado. Salvador se molesta- ¡Así que Gaetana tiene una visita muy especial! -¡Si señor! Y a mi parece que van a demorarse porque me dijo que iba a abrir el bar más tarde! Y Camilo obedece y arranca el auto. * Bar. Cuando llega Salvador es un escándalo total, hay gente dentro de un cuarto que grita aquí y allá. -¡Todavía no! –alguien grita. -¿Qué está pasando aquí? –entra Salvador. Salvador escucha atentamente. Salvador se enoja y se dispone a entrar en el cuarto donde se encuentran Gaetana y esta gente. -¡No se meta en esto Lupe! ¡apártese por favor! Salvador cierra la puerta detrás de ellos. * Estación de autobuses. Unos hombres con mala cara rondan a la búsqueda de ignorantes a quienes estafar. Dentro del bus Cantalicia se despierta-¡Moncho! –lo despierta- ¡levántese que ya llegamos a Río Claro! Ya nos tenemos que bajar. Y los dos tomados de la mano bajan. Cantalicia toma las cajas y va caminando con Moncho hasta el estacionamiento donde se quedan los dos esperando al tío Felipe. La gente empieza a irse y ellos quedan solos. El chofer del bus también se marcha. * Bar. -¡No tenia por qué hacerlo! –le reclama Salvador muy enojado- ¡Sabe perfectamente que se lo tengo prohibido! –y se pasea de un lugar a otro muy nervios- ¡lo sabe! ¿por qué tenía que practicar esa dichosa sesión? Gaetana,
sentada a la mesa, pone cara de niña regañada-
¡Bueno hombre! –reconoce- ¡lo sé! Lo siento
–se disculpa- lo que pasa es que esa pobre gente estaba tan
desesperada por establecer contacto y yo les dije que no... ¡pero
luego insistieron y me rogaron! Y... bueno –reconoce-
también me ofrecieron mi buena lana... ¡me tentó! Salvador está fuera de si- ¡Se abstiene Gaetana! –le repite- ¡se abstiene! –y luego le reclama- ¡que para eso estoy pagando la renta de esta casa... ¡estoy sosteniendo el negocio del bar pagando todos los gastos! –le grita. Gaetana se ofende que le reclame esto. -¡A cambio de qué! –Salvador sigue gritando desaforado- ¡de que deje de realizar las sesiones! Pero Salvador no tiene respuesta. -¡Le estoy haciendo una pregunta Salvador! –sigue Gaetana y la obliga a mirarla- ¡si yo no hubiera sido espiritista! ¿usted se habría acercado a mi para pedirme ayuda? –y Gaetana se levanta de la mesa y se le acerca altiva mientras Salvador no puede decir palabra- ¡No! ¿verdad? –sigue Gaetana- ¡usted me conoció a mi ejerciendo esta profesión y gracias a este oficio yo he podido ayudarlo! –y le dice estas verdades con el índice levantado- ¿por qué reniega ahora? –le reclama mientras lo enfrenta con la mirada. * Estación de bus. La situación de Cantalicia y Moncho se vuelve cada más preocupante. Cantalicia muy nerviosa se pasea de un lugar a otro del estacionamiento arrastrando sus bártulos- ¡Apúrese mijo! –le reclama a Moncho mientras se acerca a un señor de pelo cano- ¿usted es don Felipe? –le pregunta con esperanzas Cantalicia- ¿el tío del padrecito Jacobo Madero? Pero el señor niega con la cabeza y se aleja de ella. Cantalicia desesperada se muerde el rebozo. * Bar. -¡Yo desde pequeña Salvador! –le cuenta Gaetana- ¡siempre me interesaron estas cosas porque nací con ellas y las llevo en la sangre! –le dice apasionada- ¿usted cree sinceramente, que yo puedo dedicarme exclusivamente a cantar y a administrar un bar? -¿Por qué no? –se sorprende Salvador- ¡usted lo hace maravillosamente bien! Además se nota que lo disfruta. Gaetana lo mira triste- ¡puede que lo disfrute Salvador! –le dice con una sonrisa triste- ¡pero yo no puedo olvidar de la noche a la mañana quien soy realmente! –trata de hacerle comprender y se le acerca. Salvador no tiene palabras. -¡Cuál es mi verdadera profesión! –y le dice soberbia y dueña de si- ¡Y yo no nací para ser una simple cabaretera hombre! Salvador trata de responder pero Gaetana lo corta- ¡Mire Salvador! –le exige- ¡pero míreme bien! Yo no soy una simple jovencita, ¡no señor! Yo tengo mis gustos, mis mañas... ¡mis preferencias! Y siempre he llevado mi vida como a mí se me parece ¡sin tener que darle explicaciones ni rendirle cuentas a nadie! –le sacude el índice levantado. Salvador simplemente la mira. -¡Siempre
he salido a tomarme mis tequilas!, ¡a escuchar mis boleros!...
¡a compartir una noche con algún amante!... –y ante
el silencio absoluto de Salvador sigue- ¡sin que nadie quisiera
controlarme! –y hace una pausa- ¿y de repente que pasa?
–alza la voz- ¡aparece un hombre de la nada al cual yo
nunca en mi vida había visto y dice ser Pedro José
Donoso! Y yo le creo y decido ayudarle... ¿y entonces que pasa?
–se empieza a enojar- ¡que mi vida cambia! –grita
fuera de si- ¡se convierte en otra cosa! –le tiembla la
voz- ¡Pues no señor! –le grita exasperada- ¡me
cansé! ¿sabe? –repite gritando- ¡me
cansé! Y no voy a permitir que nadie venga a cambiarme...
¡yo soy la que siempre he sido! –descontrolada y orgullosa-
¡Gaetana Charry! La extravagante, la loca, la tramposa, la
bohemia... ¡la ...! –se le va la voz- ¡la que sea!
–se desespera- ¡Pero Gaetana Charry! -¡Y escúcheme bien! –sigue Gaetana con lágrimas en los ojos- ¡si yo tengo que renunciar a todas las comodidades que yo he logrado al lado suyo! –le anuncia- ¡me canso de renunciar! –le advierte- ¡vuelvo a hacer trampas! Comienzo a pedir prestado a todo el mundo pero no voy a permitir que nadie trate de cambiarme. Salvador la estudia con esos negros ojos. -¡Yo sé que le debo mucho dinero Salvador! –de pronto reconoce Gaetana y Salvador se siente incómodo- ¡y estoy dispuesta a devolverle hasta el último centavo aunque tenga que asaltar un banco y vaya a terminar en la cárcel! Pero escúcheme... ¡buena, mala o regular! –le tiembla la voz- ¡yo soy y voy a seguir siendo una espiritista! Y no voy a permitir que nadie me anule... –y luego de una pausa agrega terminante- ¡ni siquiera el espíritu de Pedro José Donoso! Y habiendo estallado de esta manera sale altiva orgullosa y deja a Salvador de una pieza. * Estación de bus. Los dos malhechores se acercan peligrosamente a sus presas incautas... Cantalicia y el pequeño Moncho que siguen caminando sin sentido de un lugar a otro del estacionamiento con sus bártulos metidos en dos cajas de cartón y una valija vieja. -¡Mire nada más! –se asusta Cantalicia- ¡ya cuanto rato que llevamos aquí y nada que nos vienen a recoger! –dice sin aire del terror- ¡oiga! Yo no veo a nadie que tenga cara como que de tío del padrecito Jacobo. Moncho cansado de arrastras las cajas, las posa sobre el piso. -¡Ay diosito santo! –sigue con su cantaleta Cantalicia mientras los dos malhechores sonríen divertidos y malvados- ¿Qué vamos a hacer? –se queja Cantalicia sin verlo. Pero el
niño es más listo que la madre- ¡Pues lo que le
dijo el padrecito Jacobo! –le dice- ¡acuérdese
mamita! El buen hombre lee la carta y luego le señala qué dirección tomar. No muy lejos los dos malhechores festejan. * Mansión. Isabel lee muy concentrada en su habitación cuando aparece Valeria sin llamar Isabel le
sonríe triste-¡No te preocupes! Que estoy acostumbrada a
estas crisis... –le afirma- ¡o a peores! –dice
misteriosamente triste. -¡Ese hombre te está destruyendo Isabel! –sigue Valeria mientras Isabel no responde- ¡no me gusta meterme en tus cosas pero no puedes continuar así! –y luego de una pausa- ¡te noto mas distanciada de Andrés que antes que se casaran! Isabel se inquieta. -¡Se la pasan peleando como perros y gatos! –y Valeria la mira con sospecha- ¿o es que te está obligando a mantener esta situación? -¡No! –le responde Isabel en un suspiro- ¡No la verdad es que yo tengo la culpa de todo Valeria! –le confiesa moviendo negativamente la cabeza- yo no puedo atacar a Andrés porque a diferencia de lo que tú y todos piensan... ¡Andrés me ama profundamente! –sigue con profundo dolor, sonriendo amargamente- ¡y no soporta mi rechazo! -¿Y entonces que es lo que te motiva a rechazarlo? –se sorprende Valeria. Isabel se
levanta de la cama para no mirarla y le dice- ¡No es una fuerza
especial Valeria! –y camina hacia la ventana- ¡es algo
que... me provoca alejarme de él! –y luego le confiesa-
¡mi mente está en otra parte! ¡en otra cosa!
¡en otra persona! Pero Isabel se arregla el pelo nerviosa- ¡es que no es precisamente una persona! –trata de justificar- ¡es algo que ni siquiera yo misma me puedo explicar! Valeria la mira con pena. -¡Mira Valeria! –le sonríe con ese rictus de amargura Isabel- ¡he cometido muchos errores! –le dice con el alma en la mano- ¡muchos, mucho errores! –repite- ¡y yo creo que la vida ahorita me está haciendo pagarlos!... ¡porque de un momento a otro todo se vino en contra de mí! * En la parte de servicio Simón se apropió del cuaderno de poesías de su papá y se las lee a Vicky. * ¡Solo cuando se abren tus ojos El día comienza a nacer Y se alejan las noches Dando luz a mi vida Solo tus manos saben acariciarme Pues con sólo rozarme Se curan mis heridas! * Y luego los dos se matan de risa-¿qué te parece? –festeja Simón. -¡Me gusta! Síguele –le ruega Vicky. -¡A mi también me gusta! Pero ya no quiero seguir leyendo porque son las cosas que mi papá le escribió a mi mamá. -¡Oye se ve que la quería un chorro! –admira Vicky. -¡Tal vez si! –admite Simón- ¿sabes que es ahora cuando empiezo a entenderlo Vicky? –pone cara soñadora- ¡me gustaría poder escribir como él para decirle todo lo que siento a alguien que me gusta! –y luego se pone serio- ¡Escúchame esto Vicky! –e improvisa !Cuantos besos te robo con un solo suspiro! -¿Qué estoy haciendo? –de pronto se avergüenza Simón- si a mí me chocan las poesías... ¡pero no puedo negar que es una ridiculez hermosa! –de pronto mira el cuaderno- ¿sabes una cosa Vicky? Yo hace tiempo le escondí esto a mi mamá y el señor Donoso lo encontró y me prometió que se lo iba a guardar para dárselo un día. -¿Y se lo entregó? -¡Qué yo sepa no! No sé como volvió a parar en manos de mi mamá. -¡No se lo vayas a volver a esconder! –le amenaza Vicky.-¡porque vas a meter la pata! -¡No Vicky! ¿cómo crees? –exclama Simón- ¡yo se lo devuelvo! Pero tú tampoco le vayas a decir que estuvimos leyendo esto porque es capaz de colgarme de las orejas... ¡júramelo Vicky! Vicky se lo promete con la mano levantada- ¡Calladita me veo más bonita! En la habitación de Isabel, Valeria espera pacientemente que su prima se duerma. Luego la arropa dulcemente con la cobija. La mira con cariño y le acaricia el pelo. Isabel duerme con un sueño profundo e inocente. Valeria apaga la luz y sale sigilosamente de la habitación para no hacer ruido. Al salir se encuentra con Andrés en el pasillo que le dice amargado- ¡Qué bien! La primita consentida se mete en el cuarto de mi mujer cuando quiere –y luego agrega frustrado- ¡pero yo que soy su esposo no puedo hacerlo! Valeria trata
de detenerlo- ¡Andrés! Por favor déjala descansar..
–le ruega- ¡está durmiendo! * Estación de buses. Mientras tanto nuestra pobre Cantalicia sigue corriendo de un lugar a otro del enorme estacionamiento- ¡Camine rapidito mi hijo! –dice ella arrastrando la vieja maleta y una caja y el pobre niño arrastrando otra caja de cartón- ¡no se me queda atrás! –y llega hasta donde la esperan pacientemente los bandidos- ¡Oiga! ¿usted me puede decir dónde puedo agarrar los taxi? –le pregunta a uno de ellos- ¡ese señor me mandó para acá! Pero yo no los encuentro! -¡Si necesita transporte! –uno de los malvados dice con una sonrisa depredadora- nosotros somos taxistas –le miente- ¡podemos llevarla al fin del mundo si quiere! –se burla con algo de verdad. Cantalicia pone cara de agradecimiento y felicidad- ¿De verdad? –se ilusiona-¡que bueno! -¿Le ayuda con esas maletas? –se ofrece uno de los ladrones. Pero Moncho, que es más inteligente los mira con desconfianza- ¡No suelte nada mamacita! –le dice a Cantalicia- ¡no me gustan estos viejos! -¡Mucho cuidadito de hablar mal de nosotros! –le amenaza uno de ellos- ¡deme su maleta señora! –le exige. Pero Cantalicia mira a Moncho y ahora tiene miedo- ¡No! No me lleve nada, yo puedo llevarla. -¡No sea tan desconfiada señora! –se le acerca- ¡suelte su maleta! Muerta de miedo Cantalicia aferra su maleta mientras los dos bandidos sonríen seguros de obtener su pobre botín. * Las Cruces. El padre Jacobo tal vez presintiendo lo que pasa en Río Claro tiene el teléfono a la oreja- ¡Ay tío Felipe! –ruega- contesta por favor... ¡a esta hora ya debes haber recogido a Cantalicia y están en tu casa en santa paz! –desea, pero nadie contesta al otro lado- ¡solo me pasan a mi estas cosas! –se desespera- ¡ya llamé más de cinco veces y nadie me contesta! –y luego se pone nervioso- ¡Ay Dios mío! ¡viejo maniático! –despotrica- sin tan solo tuviera un contestador... ¡Ay Dios mío que no les haya pasado nada malo por favor! –y se asusta- ¡ni Dios lo mande! Yo no voy a poder dormir... ¡Dios mío! Sin saber el paradero de esta mujer... ¡Dios mío que lleguen sanos y salvo a Río Claro! –y se santigua. * Río Claro. Los malhechores se disponen a despojar de sus pobres bártulos a Cantalicia-¡Es usted sorda o que señora! Déjenos ayudarla con las maletas y con las cajas –la amenazan. -¡No!
–se niega Cantalicia- ¡le digo que yo puedo sola! ¿y
sabe que? Mejor prefiero que no me ayuden... ¡no quiero nada con
ustedes! -¡Déjeme mis cosas! ¿eh? –pelea Cantalicia- ¡y suélteme mejor sino voy a empezar a gritar! A los lejos aparece uno de los guardias del bus y se da cuenta de la situación. -¡Está bien! –los bandidos también vieron al guardia- no hace falta que grite ni que haga nada... ¡si ella no quiere que nosotros la ayudemos! Búsquese gente que la ayude –y le señala un lugar más oscuro todavía- ¡allá al fondo están los taxistas! –y los dos se alejan discretamente. -¡Vamos mijito! –le dice Cantalicia a Moncho- agárrese esta maleta –y le pasa una de las cajas de cartón. Moncho cree
que va a seguir a los dos bandidos y se asusta- ¡No mamá!
Con esos viejos no –le ruega- ¡me da mucho miedo! (bueno... esto es mucho decir para la tonta Cantalicia -¡No tenga miedo! –sigue mientras ella se muere de miedo- ¡pero no podemos quedarnos aquí nomás! Tenemos que agarrar un taxi –y toma la vieja maleta y la otra caja de cartón- ¡Vamos mijo! ¡vámonos por acá! –y vuelta a ir al otro lado del estacionamiento... ¡esta vez corriendo! -¡Ay virgen santa! ¿y ahora donde estarán los mentados taxis que yo los necesito! –y se desespera mientras corre- ¡córrele mijo! No se me queda atrás –mientras el pobre niño corre detrás de ella con la enorme caja de cartón- ¡yo no veo ningún cristiano por aquí! –mientras el lugar se pone cada vez más solitario, oscuro y sombrío. De pronto ve que un hombre vestido todo de negro se le acerca y la mira extrañamente. -¡Ay Diosito santo! –se pega el susto Cantalicia- ¡creo que mejor nos vamos de aquí mijo! –y vuelta a correr para el otro lado. Pero hacia el otro lado se acercan los bandidos. Cantalicia queda en el medio- ¡Ay Dios mío! –y se pone a llorar- ¡virgencita de Guadalupe! –gime- ¿ahora si que donde nos vinimos a meter? Mientras el hombre del impermeable y boina negras observa la situación y se les acerca y al ver que los dos bandidos amenazan a Cantalicia lentamente saca una pistola de su bolsillo y los apunta sin decir palabra. Cantalica empieza a gritar histérica- ¡Ay virgencita! Protégenos... –y al ver la pistola pega tremendo grito- ¡Ahhhhhhhh! - Cantalicia abraza al niño, y le tapa los ojos, mientras ella misma se cubre la cara con el rebozo porque piensa que la van a matar en ese mismo instante. Los dos bandidos al ver el arma deciden eclipsarse y desaparecer del mapa. * Mansión. Muy entrada la noche, Rebeca desvelada está en la sala. Entra Walter- ¿qué hace usted levantada a estas hojas señora Rebeca? -¡Eso mismo me pregunto yo Walter! –le responde Rebeca agriamente y con desconfianza. -¿No puede dormir en paz verdad? Se rebana los sesos tratando de encontrar un remedio para calmar sus... –y busca la palabra- ansiedades.... ¡y lo que hace es confundirse más! -¡No se lo voy a negar! Me ahogo en mi cuarto... ¡detesto la soledad! –se queja Rebeca amargamente- ¡me vuelve loca! Solo me hace pensar siempre en lo mismo- y suspira romántica. -¿En el tesoro que perdimos? –se burla Walter- ¡que posiblemente esté en manos del maldito desgraciado de Cerinza! -¡Ya por favor deje de suponer! -Le grita furiosa Rebeca. -¡Cada vez me convenzo más! –susurra Walter- ¡Qué él fue el que nos robó el tesoro! –y Walter se le arrodilla al lado para murmurarle- ¡él es el único que pudo haber abierto esa caja fuerte! –y dice con rabia- ¡conoce demasiados secretos de Pedro José y por eso está en esta casa! Y su ambición no tiene límites... ¡ahora está intentando seducir a la señorita Ángela! –le dice para el dolor de Rebeca. -¡Ya! ¡por favor ya! –se levanta enojada- no quiero oír ni una sola palabra más... ¡ya! -¡Me tiene que escuchar para que reaccione! –se levanta Walter y le susurra con rabia y al ver que Rebeca se niega la persigue- ¡usted me va a escuchar para que reaccione ante ese degenerado!... ¡deje de sufrir como una condenada! -¡A veces siento que lo odio con toda mi alma! –reconoce Rebeca. -¡No diga bobadas! –se burla Walter- ¡lo venera como a un Dios! Y lo que no puedo entender es como usted... ¡se puede amargar la vida por ese aparecido que nos está perjudicando a todos en esta casa! -¡No! –lo defiende Rebeca- ¡él no es lo que usted dice! ¡él no lo es! -¿Y qué es? –la reta Walter- ¡A ver! ¿qué es? ¿qué sabe usted de ese hombre? –hace una pausa- ¡absolutamente nada! ¿verdad? ¡ni siquiera sabe si es libre o no! –y de pronto dice sarcástico- ¡porque no me extrañaría que fuera casado! -¡Ya Walter! –sufre Rebeca- ¡deje las suposiciones ya! -¿Quién puede garantizarnos que no anda metido en más cochinadas? –sigue Walter- ¡el día que descubramos quien es realmente Salvador Cerinza! –y pronuncia estas palabras con negra predicción- ¡ese día nos vamos a llevar muchas sorpresas! –le anuncia con los ojos abiertos como platos. (y si mi querido Walter... ¡no pudiste decirlo mejor! Estación de bus. Los malhechores ya desaparecidos el hombre del impermeable negro guarda la pistola y se acerca. Pero Cantalicia sigue con los ojos cerrados, abrazada a Moncho y rezando porque piensa que va a morir- ¡Virgen santísima de Guadalupe! –llora- ¡que se vayan estos hombres! –hace rato se fueron- ¡que no nos hagan daño! (bueno si abriera los ojos). -¡Ya deje esa rezadera! –le grita el hombre de negro de malhumor- ¡ocúpese del niño que yo me voy a ocupar de sus cosas! –le ordena y se agacha a recoger la maleta. Pero
Cantalicia reacciona y empieza a atacarlo para defender sus maletas-
¡No! ¡no! ¡no se lleve nuestras cosas! –y se le
abalanza y luego le grita- ¡no me toque! –cuando el hombre
trata de calmarla con la mano- ¡no me toque! -¡Suelte a mi hijo! –grita desaforada Cantalicia, cuando la situación es al revés... es el niño que tiene por el cuello al hombre- ¡suelte a mi hijo! –y grita con todos sus pulmones- ¡Ayuda! ¡ayuda por favor! En ese momento llega el mismo guardia de antes pero esta vez acompañado por dos policías. Los dos policías apuntan al hombre y gritan- ¡Suéltela! ¡Suéltela ya! Mientras Cantalicia sigue gritando como loca, el hombre los mira sorprendido y levanta lentamente los brazos. * Bar. Una orquesta MUY BUENA. Gaetana canta con el corazón en la mano. ♫ ¿Como pudo ser? ¡Me hace falta tu amor! no puedo ¡Me enloquezco de solo pensar ♫
(qué música tan bonita y que buena la guitarra
♫ ¿Cómo podré ♫ ♫
Termina Gaetana muy triste y todos los clientes la aplauden. También Salvador la escucha desde su habitación y mira triste por la ventana. Tiene puesto un pijama beige (lo siento amigas... NO BCF!!!) Lupe entra tranquilamente sin golpear- ¿No puede dormir? ¿no es cierto? –y lo mira triste- ¡tuvo una pelea muy fuerte con mi jefecita! –suspira- ¿por qué no baja mi Salvador y hacen las paces? –le pide- ¡ella está muy triste desde que habló con usted! -¡Gaetana está mal desde el día que me conoció! –le responde triste Salvador. -¡Lo quiere como a un hijo y se preocupa muchísimo por usted! –le afirma Lupe. -Piense una cosa mi Salvador... ¡mi jefecita lo dejó todo por ayudarlo! No me la vaya a abandonar –y le pone una mano sobre el hombro- ¡mire que usted es...! –y lo mira a los ojos- ¡el único familiar que ella tiene! –y luego se marcha. Salvador se queda solo y suspira con una profunda tristeza- ¡familiar! ¿qué clase de familia tengo como Pedro José? –dice con amargura- ¿y cómo Salvador? –luego dice con ironía. * Estación de bus. Y justamente esa familia está muy cerca. Cantalicia sigue llorando y gritando- ¡Ese hombre quería matarnos o robarnos! –y luego sigue histérica- ¡o sabrá Dios que barbaridades señor policía! -¡No
levanta falso! –se enoja el hombre de negro- ¡no diga
majaderías! –y enojado- ¡no seas estúpida! Pero los policías reaccionan violentamente y lo fuerzan a acostarse en el capot de un coche- ¡Silencio señor! –le ordena- ¡y usted señora! Dígame que fue lo que pasó. -¡Es lo que le digo! –sigue Cantalicia llorando a grito pelado- ¡que ese hombre con otros dos! Y quería robarnos. -¡Así que es usted compinche de los bandidos que andan asaltando a los pasajeros! –le acusa el policía al hombre. -¡Yo no soy amigo de ningún delincuente! –se yergue el hombre- ¡respéteme! -¡Silencio! –y lo vuelven a aplastar contra el coche violentamente. El policía le palpa el impermeable y encuentra la pistola- ¡Pero anda armado para hacer sus fechorías! -¡Yo
tengo permiso para portar arma! –dice el hombre con la cara
aplastada sobre el capot del auto- ¡si quiere se lo muestro con
el resto de mis documentos! -¡No cabe duda que los delincuentes están muy bien documentados! –se burla el policía. -¡Yo le repito a usted que no soy amigo de ningún delincuente! Y yo no he intentado robar a nadie –dice furioso- ¡lo único que quise hacer es proteger a esta señora de unos delincuentes! El policía no le cree- ¿usted quiere vernos la cara de estúpidos señor? ¿qué hace usted a esta hora por aquí? -¡Precisamente vine a recogerla! -¡Eso es mentira señor policía! –dice Cantalicia todavía llorando y abrazada a Moncho como si fuera un escudo. -¡Como que mentiras! –la enfrenta el hombre la boina- ¡gran torpe! ¿es que no ve que yo soy Felipe Madero? El tío del cura Jacobo. Y Cantalicia abre los ojos como platos y se santigua- ¡Virgencita de Guadalupe! ¿usted es el tío Felipe? Y el tío Felipe la mira como para acribillarla con la mirada. * Más tarde el tío Felipe conduce un auto. Atrás abrazados van Cantalicia y Moncho. -¡Ahí está pintado mi sobrino Jacobo! –despotrica- ¡mira en los líos en que me meto por ayudarla! –y luego dice vengativo- ¡no se lo voy a perdonar! Cantalicia tiembla como una hoja. -¡Me comprometí a hacerle un favor y por poco termino en la cárcel! –y luego la mira a través del espejo retrovisor- ¡presiento que su visita no va a ser muy placentera señora! Porque no termina de llegar y ya tengo problemas. Cantalicia llora- ¡Perdóneme don Felipe! Pero ¿cómo le iba a hacer yo para saber que era usted el tío del padre Jacobo? -¡Claro! –suspira el tío Felipe- ¡se nota que usted no sabe donde está parada! –dice cascarrabias. El tío Felipe se ve buena persona, cascarrabias de buen corazón, y muy educado- ¡pero hay que ver! ¿cómo se puede ser así? –le llama la atención- ¡en vez de esperar tranquila en una de esas salas! ¡Se aleja por los estacionamientos! -¡Es que esos mugrosos me dijeron que allí estaban los taxis! –explica Cantalicia. -¿Y por qué les obedeció? –le recrimina el tío Felipe -¿no se dio cuenta acaso que eran unos ladrones? Cantalicia lo mira con los ojos grandes abiertos y mueve la cabeza negativamente. -¡Seguramente la confundieron con alguien! –de pronto dice el tío Felipe al mirarla a través del espejo retrovisor- ¿quién va a robarle nada a una persona como usted? -No, no mucho la verdad- reconoce Cantalicia y luego le pregunta sorprendida- ¿usted como le hizo para saber quien era yo? -¡Porque tan pronto la vi me imaginé que tenía que tratarse de la dichosa Cantalica Muñetó! Un nombre tan particular sólo lo puede tener una persona como usted. -¿Si se dio cuenta ahí mismito? ¿por qué no me lo dijo? -¡Porque el burrito de mi sobrino me aseguró que usted venia sola! Y no acompañada de un mocoso- y mira a Moncho- ¡por eso me acerqué para cerciorarme! -¡Yo no podía dejar solo a mi chamaquito! –se sorprende Cantalicia y abraza a Moncho- ¡allá en el pueblo donde vivo! Tenia que traerlo conmigo. -¡Mi sobrino sabe perfectamente que yo detesto a los muchachos! –le gruñe el tío Felipe y Moncho lo mira espantada- ¡y si me hubiera figurado que usted traía uno jamás me hubiera prestado a recibirla! -¿Usted está hablando en serio don Felipe? –le pregunta aterrorizada Cantalicia. -¡Agradezca lo tarde que es! Porque de lo contrario en este mismo momento la regresaba y la montaba en el bus para que vuelva a parar en el peladero de donde viene –y luego se dice a si mismo- ¡Jacobo! ¡Jacobo me va a escuchar! –le amenaza cascarrabias- ¡me va a escuchar en cuanto me comunique con él le voy a cantar una misa! * Momentos más tarde llegan al apartamento del tío Felipe, en un lindo barrio de clase media de la ciudad. Cantalicia baja como un gatito asustado y mira para todos lados. El tío Felipe busca los bártulos en la valijera del auto y le pasa las cajas- ¡preparándose para moverse! –les gruñe- porque vivo en el altillo y aquí no hay ascensor... ¡así que reúnan fuerzas y a hacer ejercicio! ¡vamos! ¡muévanse! –y sube a paso vivo las escaleras mientras Cantalicia arrastra una caja y la maleta y el niño la otra caja. De pronto se detiene- ¡Bueno Cantalicia! No se quede alli echando globos y muévanse. -¡Es que el niño está con la lengua de corbata! –protesta Cantalicia. El tío Felipe lo mira y de pronto toma la caja en una mano y con la otra levanta al niño como un fardo y sigue a ritmo vivo. * Cuando entran al apartmento, vemo un estudio lleno de obras de cuadros a medio terminar y empezados, la mayoría de desnudos (es muy buen artita, parece). -¡Es una pobre campesina que no le va a meter en problemas y que seguramente podrá ayudarlo! –imita el tío Felipe al padre Jacobo para si mismo- ¡ayudarme! –se burla. Moncho que al entrar al estudio se había quedado tan asombrado como si hubiera entrado a la cueva de Alí Babá, de pronto se queda mirando con ojos abiertos como platos un desnudo. Cantalicia se queda boquiabierta al ver tanta exposición de cuerpo desnudo. -¡Si mi sobrino sabe perfectamente que yo estoy acostumbrado a resolver todas mis cosas solo! –sigue el tío soliloqueando-¡Orale! –de pronto ve a Cantalicia en la puerta- Terminen de entrar y no se queden como muebles... ¡y cierre la puerta por favor! –le grita a Cantalicia- ¿ayudarme a qué? –sigue su soliloquio- ¿a meterme entre las rejas? ¡si no llevo todos los documentos conmigo a estas horas estaría metido en una celda! ¡acusado de asaltante! –y luego le muestra la pistola- ¡tengo permiso porque no me gusta andar desarmado! Soy ave nocturna –y deja la pistola sobre la mesa. Mientras tanto Moncho sigue mirando fascinado el cuadro. Y Cantalicia, con el aire de haber entrado al Alto Infierno de Dante, en el segundo círculo el de los lujuriosos, y pensando que tiene enfrente al mismísimo Minos, demonio jefe, va corriendo a salvar a Moncho de estos desnudos - ¡Moncho! Mijo, ¡déje eso! ¡no ande viendo esas cochinadas! –y le tapa los ojos con el rebozo mientras con la otra mano sigue aferrando su caja de cartón como si contuviera tesoros. -¡Ya deje esa caja esa! –le grita el tío- ¡suelte la caja! ¿o cree que alguien se lo va a robar? Cantalicia suelta la caja y al niño al mismo tiempo. Moncho no pierde tiempo para volver a observar embelesado el cuadro que está pintando el tío Felipe. De pronto Cantalicia se acuerda del sobre y lo saca de la valija- ¡Mire una encomienda que le mandó el padre Jacobo para usted! –y se lo pasa. -¡Se la puede comer el gordo sinverguenza! –gruñe el tío y tira el sobre. -¡Viene con una foto para usted! –dice Cantalicia con esperanza- ¡y el recorte de periódico para que me pueda ayudar! -¡Mañana
hablamos de eso! –suspira el tío- ¡yo estoy muy
cansado! Lo único que quiero es meterme en mi cama a dormir.
¡Mañana tengo que madrugar a dar una clase! -¡Mire!
Al fondo del pasillo está mi habitación... ¡alli no
se meta le advierto!... a la izquierda es su habitación...
¡vaya para allá! Arrégleselas como pueda,
mañana hablamos –y de pronto ve a Moncho- ¡y
tú mocoso! ¡ya es suficiente! Sino no va a poder dormir..
¡vaya! –y luego les grita- ¡no me gusta repetir
las ordenes dos veces! –los despacha- ¡vaya! -¡Se está olvidando la maleta Cantalicia! –le grita y se la lleva. Luego regresa- ¡Cantalicia Muñetón! –se ríe con cordialidad y divertido- ¿pero quien puede llamarse así? “Cantalicia Muñetón” –y riendo mira el sobre del padre Jacobo y decide dejarlo para el día siguiente. Antes de salir de la sala, tiene la buena cordura de recoger la pistola y guardarla. * Bar. Gaetana está extremadamente triste. -¿De la
única persona que venció sus temores y no me
abandonó? –sigue Salvador- ¡creo que no
encontraré a una persona tan especial como usted a la vuelta de
la esquina! -¡Shhh! –la calla Salvador y le toma la mano- ¡así como yo trato de entenderla trate de entender usted también! –le ruega- ¡yo no soy el hombre joven que usted ve enfrente de usted Gaetana! Yo soy un viejo de más de setenta años acostumbrado a hacer su voluntad y a dar órdenes, a que la gente lo obedezca... ¡olvidé mi condición de antes y traté de someterla! –y luego admite- y eso es injusto –y mientras Gaetana sonríe- ¡yo reconozco que estaba equivocado! –sigue Salvador- usted puede hacer con su vida lo que le dé la gana. Gaetana le sonríe. -¡Haga lo que quiera pero no me abandone! –le implora Salvador. Gaetana llora como una niña y lo abraza muy fuerte. Salvador se separa y la mira- ¡La necesito porque usted es mi única aliada! ¡mi amiga! Y por sobre todas las cosas –y la toma de los hombros muy fuete- ¡porque es la única persona capaz de proteger a un muerto! BCF=bare chest factor * (Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi resposabilidad) @2005 Narración by Mabouchita! Z;D Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme |
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