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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*
CAP# 78: viernes 4 noviembre de 2005 - ¡LUNA DE AMOR!
*
Apartamento Felipe
Moncho corre por la casa golpeando cacerolas y Cantalicia recoge las botellas vacías de la noche anterior.
(bueno, esto es sobreactuado, porque Moncho es el niño más callado y mas quieto de todas las telenovelas, o sea no le va)
Felipe emerge de su habitación en bata y con un gran dolor de cabeza y le grita que deje de hacer ruido.
-¡No haga ruido mijo! -le dice Cantalicia con desparpajo- ¡Sabe que el pobre don Felipe está malito de la cabeza por la borrachera que se puso anoche!
-¿Cuál borrachera? -grita Felipe- ¿quién se emborracha?
Cantalicia le muestra todas las botellas tiradas en el suelo.
-¡Si usted vino aquí a estar criticando! -explota Felipe- ¡se puede largar por la misma puerta por la que vino! No faltaba más -dice fuera de si.
Cantalicia enojada le dice que no es justo que la regañe- ¡yo lo único que digo es que anoche tomó demás y que por eso ahora no duerme más!
-¡Me molesta que me vigilen! -explota Felipe- ¡porque no estoy acostumbrado a dar cuentas de los actos de mi vida! ¡cierre la boca que ya no la aguanto un segundo más!
-¡Pues sabe qué! -se planta Cantalicia con las botellas en el brazo- ¡Fíjese que yo también me estoy cansando! -le grita- ¡Estoy harta y aburrida de estar todo el día nada más en esta casa nada más con mi muchachito! -y luego cambia de tono y empieza la lloradera- ¡lléveme nomás a la casota esa para ver si lo encuentro a Salvador!
Felipe fastidiado y enojado le explica que tiene cosas que hacer y que no puede dedicar su vida a encontrar a Salvador Cerinza- ¡pero si tan impaciente está! -dice fuera de sí y toma un papel amarillo- ¡Tome y vaya usted misma a buscarla sola a ver si se atreve! -y luego advierte a Moncho- ¡no se le ocurra hacer ruido! -y se mete a su habitación.
Cantalicia toma el papel como si fuera de oro y luego dice con pena- ¡Ay caray! ¿ir allá sola yo solita?
Moncho la mira con ojos asustados.
*
Bar.
Matilda se pasea feliz mientras Gaetana desayuna- ¡Hay que tomar decisiones mi amor! yo me caso -le anuncia- ¿tú que dices? Si Dios quiere este sería mi tercer matrimonio -Gaetana distraída no le hace caso- ¡Gaetana! -se enoja.
-¡Si estás convencida me parece perfecto! -reacciona Gaetana.
-¡Yo no puedo seguir viviendo sola! -ríe Matilda- ¡así que vamos a formalizar el compromiso con una fiesta en el bar!
Esta noticia le pone los pelos de punta a Gaetana- ¿En qué bar?
-¡En tu bar! ¿cuál va a hacer? Y espero que ni tú ni Salvador se opongan, además ustedes van a ser los invitados de honor en esa fiesta.
Gaetana trata de convencerla de que no será posible- ¡Es que no te das cuenta que no está bien tomar decisiones haciendo planes por encima de la opinión de los demás! Hay que preguntarle a Salvador... ¡yo no tengo problemas! -finge- ¡pero yo no creo que Salvador opine lo mismo!
Pero Matilda muy optimista le dice que ella misma se encargará de pedirle permiso, que esa misma noche le planteará el asunto.
Gaetana se pasea nerviosa- ¡Yo pienso que es mejor que yo hable con él!
-¡Gaetana! No te compliques la vida y déjalo por mi cuenta... ¡además tengo muchas ganas de ver a ese machote tan guapo y tan escurridizo! -suspira Matilda- ¡porque a veces pienso que se está escondiendo... ¿por qué cuanto tiempo estuvo de viaje?
-Varias semanas -responde Gaetana vagamente.
-¡Varias semanas en las cuales casi te mueres por su ausencia! -le recuerda Matilda- ¡porque te hizo una falta horrible! ¿verdad? Hasta estoy creyendo que estás enamorada de ese hombrezote.
Gaetana pone los ojos al cielo.
*
Mansión.
Salvador se pone el uniforme en la lavandería cuando entra Rebeca con una sonrisa seductora- ¡Salvador!
-¿Cómo está doña Rebeca? -le responde frío Salvador mientras guarda su ropa.
-¡Feliz de conversar con usted! -sonríe Rebeca- ¡no se imagina lo que he sufrido pensando que iba a morir lejos de mi! Fue como una pesadilla -con voz quejumbrosa.
-¡Le agradezco mucho su preocupación! -le dice seco Salvador con una sonrisa sarcástica- de veras, gracias.
-¡He estado tan angustiada como si fuera su esposa Salvador! -gime Rebeca.
Salvador pone cara de espanto.
-¡Claro! Perdóneme -sigue Rebeca- ¡en el supuesto caso que la tuviera!
-¡Yo no tengo esposa señora!
-¿Está seguro Salvador? -lo interroga Rebeca- ¿no me ha estado mintiendo todo este tiempo?
-¿Usted que me está insinuando? -se pone alerta Salvador.
-¡Es que cuando una mujer está interesada en un hombre! -y lo mira con ojos de puerca viuda- y descubre ciertos secretos... -baja la voz- Salvador... por favor dígame la verdad... ¿no está usted comprometido? ¿no tiene mujer?
Salvador la mira intrigado- ¿Por qué me hace este tipo de preguntas señora? ¿por qué no me habla claro?
-¡Si me abre su corazón se lo puedo decir Salvador! -y lo mira entrecerrando los ojos con duda- ¡no sé! Pero sospecho que usted no es tan libre como trata de hacernos creer.
Salvador la mira extrañado.
*
Afuera en el jardín Antonio está observando a la distancia cuando se acerca Simón y le pregunta si pueden hablar.
-¡Claro que sí! -contesta Antonio.
-Si, pero me gustaría que habláramos a solas.
(bueno, no hay nadie a centenas de metros a la redonda!! )
Y ambos se meten a la casa.
*
Habitación Antonio y Simón
Simón le pregunta por la universidad.  Antonio se sienta en la cama poniendo las botas resucias sobre las limpias sábanas y le dice que está recuperando el tiempo perdido.
-En otros aspectos... ¿también tratas de recuperar lo perdido? -Simón.
-¿A qué te refieres? -se intriga Antonio.
-¡A Ángela por supuesto!
-Las cosas han cambiado mucho y nos hemos distanciados... ¡creo que es mejor así!
-¿Dejaste de quererla? -Simón se sienta en la cama con las botas en el suelo.
-¡No! Pero la relación se ha enfriado demasiado.
-Sigues sintiendo celos de Salvador-afirma Simón.
-¡Yo no tengo por qué sentir celos de él!
-¡Pero tuvo mucho que ver con el pleito que tuviste con ella! -le recuerda Simón mientras se quita las botas- ¿sabes una cosa? Desde hace un momento, cuando entraste en crisis, llegué a desconfiar de Salvador... ¡creí que él había tenido algo que ver en lo que te pasó!
-¿Por qué lo pensaste? -se inquieta Antonio.
-¡Porque fui a visitar a la señora esa! A Gaetana Charry.
Antonio suspira molesto.
-¡No me mires así! Tenía que averiguar lo que había pasado, fui a reclamarle y ella negó que hubieras estado ahí.
-¿No le creíste? -Antonio.
-Le habría creído pero descubrí que alguien que yo conocía estaba en ese lugar.
-¿Quién?
-¡El amante de mi...! -se corta Simón- ¡de Consuelo! Y naturalmente todo esto se me hizo muy extraño y me empecé a imaginar una gran cantidad de cosas.
-¿Qué cosas? -se inquieta Antonio.
-¡Como que Salvador estaba involucrado con Gaetana y con ese tipo! Y que alguna maldad te hicieron entre los tres.
-¡Pues ya ves que te equivocaste! Ni yo estaba ahí ni fui a visitar a Gaetana Charry.
-¿No? Y entonces ¿dónde te metiste esa noche? ¿qué te pasó como para que regresaras en semejante estado?
-¡No fui a ninguna parte!
-¡Antonio!
-¡Que te dije que no fui a ninguna parte! -y trata de marcharse pero Simón lo detiene- bueno... estaba dando unas vueltas... no tenía rumbo... ¡a lo mejor fue eso lo que me trastornó!
-¡Pero te caíste de la moto! ¿cómo sucedió?
-¡Simón! No lo sé... ¡no lo sé! Ni siquiera yo recuerdo como yo llegué a esta casa.
-¡No Antonio! No trates de mentir para defender a Gaetana o ocultarme algo de Salvador.
-¡No estoy ocultando nada Simón! Ni Salvador ni Gaetana tienen nada que ver en este asunto.
-¿No? ¿y entonces por qué evitas a Salvador? -le acusa Simón- ¿crees que no me doy cuenta? No te acercas a él, le huyes y le miras resentido como si lo odiaras por la amistad que tiene con Ángela.
-¡Salvador está en todo su derecho de ayudarla y compartir con ella! -le corta Antonio- ¡es más! Considero que esa es su obligación... ¡lo estimo y lo respeto profundamente al igual que respetaba al señor Donoso! ¿te queda claro?
Simón lo mira espantado y Antonio sale del cuarto.
*
Afuera Salvador revisa concienzudamente el motor del auto, tiene la cabeza metida bajo el capó del auto cuando aparece la calva cabeza de Walter.
-¡Cumpliendo con su obligación Cerinza! -le dice con voz de urraca.
-¡Sólo me aseguro que todo funcione bien! -le responde Salvador sin mirarlo- ¡alguien podría dañar los frenos o intentar algo más!
Walter desvía la mirada- ¿Desconfía Cerinza?
-¡Cuido la vida de la señorita Ángela y la mía también claro está! -y lo mira acusador.
-¡Yo creo que el accidente que sufrió le ha dejado un cierto delirio de persecución! -dice Walter con voz irónica.
Salvador cierra el capó y se limpia las manos con un trapo- ¡Después que alguien intentó matarme! ¿podría estar tranquilo?
-¡Tiene razón! -dice Walter hipócrita- yo también estaría intranquilo... ¿sabe por qué? -baja la voz- ¡aquí hay gente que no lo quiere!
Salvador le da un golpe con el trapo- ¡empezando por usted! -lo acusa.
-¡Yo lo detesto! -a Walter le sale esto del alma y luego trata de disimular- ¡no lo niego! Es verdad... ¿y cómo no debe estarlo una persona que recurre al chantaje cada vez que tiene oportunidad? ¡pero no soy un vulgar criminal! -le aclara y se le acerca susurrando- ¡en cambio hay personas que resultan aparentemente inofensivas pero son sumamente peligrosas!
Salvador entrecierra los ojos y lo estudia.
- ¡Le recomiendo que no cierre los ojos con la señora Isabel! -le susurra y luego trata de huir pero Salvador lo detiene del brazo y se le acerca- ¡explíquese Walter! -le exige.
-¡No! -gime Walter- ¡yo no quiero lanzar acusaciones en contra de nadie! -y hace una pausa- pero la noche que le dispararon la señora Isabel desapareció y llegó muy tarde y no dio explicaciones a nadie... ¡cosa que me extraña mucho!
Salvador lo mira con ojos muy negros y lo suelta.  Walter se lleva la mano a la boca (como un niño que acaba de mentir ) y al ver a Ángela se cuadra.
Ángela llega- ¿Le dijo algo para molestarlo?
-¡No señorita! No, no dijo nada que no supiera, venga por favor -y le abre la puerta del auto. Ángela sube, Salvador cierra la puerta y al pasar al lado de Walter le da un golpe con el mismo trapo. Walter tiembla de rabia y los ve partir... se arregla el moñito.
*
Carretera.
Salvador conduce raudamente y muy concentrado.  Ángela lo mira por el espejo retrovisor.
Salvador está muy lejos.... recuerda a Isabel, amenazándolo, respirando entrecortadamente como si fuera a ahogarse.
"¿Quiere saber? ¡Qué yo no soy tan débil ni usted tampoco es tan fuerte como parece! -le dice altiva llena de orgullo. Salvador la estudia sin decir palabra- -¡Se lo voy a demostrar Salvador! -le promete Isabel temblando- ¡porque aunque usted ha ido ganando terreno en esta casa yo puedo acabar con usted tan sólo... ! -y le muestra el dedo índice de la mano izquierda- ¡tan sólo con un dedo!"
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"-¿Me está amenazando señora? -le responde Salvador fríamente."
"-¡No! -le responde Isabel- ¡tómelo como quiera! ¡como se le pegue la gana pero prepárese porque va a conocer quien es!... -y empieza a llorar- ¡Isabel Arroyo! -y respirando entrecortadamente- ¡si usted no se va por su propia voluntad entonces yo voy a encontrar la manera de librarme de usted! -y traga aire desesperada- ¡le juro que voy a encontrar la manera de librarme de usted! -y se le nubla la mirada de rabia y dolor- ¡así tenga que llegar a cualquier extremo! -le grita."
Salvador regresa a la realidad.
*
Mansión.
Llega la noche y la casa tiene todas las luces prendidas, cuando la misma música vuelve a encantar todos los rincones de la casa.


Noche de Ronda de Agustín Lara - arreglo para piano parecido a este
Noche de Ronda arreglo para piano de René Ramos


En el comedor están todos reunidos a la mesa, Andrés e Isabel en las cabeceras, Rebeca y Valeria al lado derecho de Isabel, y el lugar de Ángela vacío como siempre, Abigail y Vicky sirven.

De pronto, todos de quedan de una pieza e inmóviles al escuchar las notas que bajan.  Isabel casi se atraganta.  Abigail pone cara de espanto.  Vicky se queda pálida del miedo.
*
En el piso superior Ángela sale corriendo de su habitación y encuentra a Walter pegado a la pared, inmóvil como una estatua, y con la cara de color amarillo haciendo juego con la pared, lo ojos perdidos y abiertos... ¡petrificado de miedo!
Ángela mira la puerta del estudio y no se mueve, respira con miedo.
*
Habitación Antonio y Simón
Antonio escucha las notas, deja su libro y sonríe. Simón entra corriendo- ¡Antonio! ¡Antonio! ¿escucha? -grita.
-¡Claro que escucho! -le responde sin moverse.
-¿Y que no te impresiona?
-¡En lo más mínimo! Ya estoy acostumbrado a escuchar la música de don Pedro José.
Simón lo mira con espanto y sale corriendo.  Antonio sonríe feliz.
*
Valeria llega corriendo al piso superior y al ver a Ángela dispuesta a abrir la puerta.
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 le grita- ¡Ángela! No lo interrumpas... ¡déjalo terminar!
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Y mientras las notas culminantes suenan desde el estudio, todos llegan al mismo lugar, Andrés, Rebeca, Abigail, Simón y Vicky.
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La música termina cuando Isabel llega, la última, lenta y tranquilamente.
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Ángela duda un momento y luego abre la puerta e irrumpe. La siguen Andrés y Abigail.
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En el estudio aparecen Ángela y Valeria
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 que encuentran el estudio vacío.
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(error de la novela, puesto que Andrés y Abigail pasaron a otra dimensión y se perdieron en el marco de la puerta)

Valeria se acerca fascinada al piano y se apoya.
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Ángela, que es la primera vez que escucha la música, tiembla y está a punto de llorar.
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Isabel y Rebeca quedaron en el pasillo.  Rebeca se muere de miedo.  Isabel, de pronto, decidida baja las escaleras y sale al jardín.
Afuera en el jardín, Isabel encuentra al celador que le saluda- ¡Buenas noches señora!
-¡Buenas noches! -responde Isabel- ¿de pura casualidad usted no vio salir a nadie de la casa?
-¡No señora! -le afirma el guapérrimo celador Pablo Emilio- todo marcha en orden.
Isabel asiente con la cabeza sin decir palabra y se dirige distraídamente hacia el bosque.
-¡Señora! ¿dónde va? -se preocupa Pablo Emilio.
Isabel se detiene y lo enfrenta-¡Déjeme sola! -le ordena- y por favor... -le ruega- ¡no quiero que nadie me siga! -y diciendo esto se interna en el bosque mientras el celador la mira intrigado y preocupado.
Isabel camina en medio de los árboles sin rumbo fijo,
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 como buscando algo que no sabe que es... se detiene... y mira de reojo...
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¡y lo ve! Salvador la está mirando... ¡ahí!
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Parado en medio de la noche. 
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Y ambos se miran.


Te busqué en otra ciudad,
Caminé por otras calles,


*
Mansión.
Mientras tanto en la mansión las cosas van de mal en peor. Ángela le echa llave al estudio y Andrés le grita-¡Ángela! Tienes que permitir que me dejes desmantelar ese estudio -y la detiene del brazo-¡hay que registrarlo!
-¡Entiende una vez! -le grita Ángela- ¡no voy a dar mi autorización! Si tanto te molesta la música del piano... -y lo mira de pies a cabeza- ¡si tanto miedo te da! ¿por qué no te largas de esta casa? -y lo deja plantada.
Andrés rechina los dientes de rabia y de pronto ve a Walter que sigue inmóvil pegado a la pared y en la misma posición que hace rato- ¡Walter! -lo llama- ¡Walter! -le grita y le da una bofetada- ¡deja de temblar imbécil!
Walter vuelve a la realidad y suspira como si hubiera estado atajando la respiración todo ese tiempo y luego se pone tieso, y con ojos espantados y llenos de miedo corre para abajo.  Andrés fastidiado golpea la puerta de Isabel- ¡Isabel! -al no obtener respuesta irrumpe y la encuentra vacía- ¡Isabel! -la llama y la busca- ¿dónde te metiste?
*
En el bosque.
Isabel mira a Salvador como si fuera un fantasma y se le acerca- ¿Qué demonios hace en este lugar? -le pregunta y mira alrededor- ¿no debería estar muy lejos de aquí?
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-¡Lo mismo le pregunto yo! -contraataca Salvador mirándola con rencor.
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-¡Salvador! Le exijo que me diga la verdad... ¿qué es lo que está haciendo en este lugar?
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Salvador se balancea de un pie al otro- ¡probablemente me quedó gustando el peligro! -dice burlón y quiero comprobar si el mismo desgraciado de la otra noche intenta dispararme otra vez- y la mira acusador.
Isabel suspira y le dice con rabia- ¡Debieron matarlo Salvador!
-¡Pero no lo lograron! -se burla Salvador- ¿qué no trajo el arma? -la desafía.
-¡Porque no suelo andar armada! -le responde Isabel fuera de sí- pero si en este momento trajera un arma y quisiera dispararle -le sonríe con rabia- ¡le juro que no fallaría.
-¡Yo le creo! -le responde Salvador con amargura- ¿por qué me odia tanto? -le pregunta.
-¡Le odio! -se exaspera Isabel- ¡le odio porque su presencia me hace mucho daño! -e Isabel empieza a temblar como una hoja- ¡y porque no sabe lo que yo daría porque se desapareciera de mi vida para siempre! -y luego le reclama- ¿qué más quiere de mí? -más bien le ruega con voz temblorosa.
-¡Yo quisiera comprobar hasta donde llegan sus alcances! -le dice Salvador mirándola con rabia- ¡me gustaría descubrir si es capaz de matarme nuevamente!
Isabel lo mira desconcertada y mira a otro lado, pero luego le responde- ¡Lo mataría mil veces más porque lo detesto! -le responde temblorosa.
Salvador la mira y asiente con la cabeza y se quedan en silencio.
Y entonces Isabel baja lentamente la mirada al suelo y le confiesa- ¡y porque desgraciadamente! -y sonríe con dolor y cierra los ojos muy fuerte- ¡también lo amo!


Te busqué en otra ciudad,
Caminé por otras calles,


Al escucharla, Salvador a su pesar, se sorprende, traga saliva y cierra la mandíbula con fuerza pero como atraído por un imán se le acerca lentamente...


Sin saber que una vez,
Sin dudar me traicionaste,
Otros brazos y otros besos,
Con los que tú me engañaste


Y Salvador con los ojos llenos de lágrimas le dice- ¡Está maldita Isabel Arroyo! -y mira al suelo- ¡maldita! -y luego la mira a los ojos- ¡usted es un demonio que me tienta a pesar de todo.


Y hoy regreso a tu vida,
Para alguna vez vengarme
Voy a tomar de nuevo mi lugar
A ser de nuevo tu dueño
Y a mostrarte que mi amor 
lo tomaste como un juego


Isabel suspira  y levanta los ojos lentamente hacia él y Salvador le agarra la cabeza entre las manos y la besa con una pasión violenta y refrenada,
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Y hoy te vuelvo a enamorar
Para enseñarte lo que es bueno
Y hoy te vuelvo a enamorar
Y que me devuelvas mis besos,
Y hoy te vuelvo a enamorar


Y se comen a besos, mientras la luna llena los alumbra.
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Aunque creerlo me cueste,
Si fuiste mía una vez,
Lo serás para siempre,
¡Y hoy te vuelvo a enamorar para siempre!


*
Mansión.
Andrés busca desesperado a Isabel. Encuentra a Valeria en la sala mirando por la ventana
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-¡Valeria! ¿has visto a Isabel?
-¡No! No sé donde pueda estar.
Andrés suspira nervioso y sale afuera y mira el inmenso jardín con desesperación y grita en el medio de la noche plateada- ¡Isabel! -y luego mira hacia el bosque
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-¡Isabel! -se queda quieto y luego lentamente se dirige al bosque.
*
En el bosque.
Isabel y Salvador se arrodillan al mismo tiempo que siguen besándose y abrazándose como desesperados. 


Y hoy te vuelvo a enamorar
Y que me devuelvas mis besos,
Y hoy te vuelvo a enamorar


Salvador la tira al suelo y se le sube encima. 
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Y besándola le acaricia todo el cuerpo.  Isabel le levanta la camiseta y vemos el esparadrapo de la herida de bala. 
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Salvador le aprieta el muslo y le lame el cuello y la oreja.
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Isabel se deja ir.
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Aunque creerlo me cueste,
Si fuiste mía una vez,
Lo serás para siempre,
¡Y hoy te vuelvo a enamorar para siempre!


Bar.
Matilde que está vestida de amarillo con motas negras y boina con flor espera impaciente- ¡Como se demora Salvador! Camilo hace rato que lo fue a buscar y nada que regresa.
-¡A lo mejor tuvo un contratiempo en la empresa o que se yo! -Gaetana.
-¿Dónde queda esa empresa?
-¡No sé! ¡no le pregunté! -le corta Gaetana-¡no me interesa!
-¡Este Salvador tiene más misterios que una novela de crímenes! -y la mira- ¿y tú no piensas decirme nunca a qué se dedica y donde trabaja?
-¡Matilda! ¿por qué te ocupas de Salvador? -fastidiada- ¿por qué no te ocupas de tu novio?
-¡Es que por él estoy así! Como le dije que hoy no cantaba me invitó a salir y no le quiero faltar.
-¡Entonces vete porque Salvador va a demorar!
-¡De aquí no me muevo! Porque tengo que llevarle razón a mi novio esta misma noche... ¡queremos saber si podemos hacer o no mi fiesta de compromiso en tu bar! ¿qué estará haciendo ese dichoso Salvador? -se queja.
*
Bosque.
El dichoso Salvador se revuelca feliz en el suelo con Isabel, y ambos ruedan y se besan. 
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Isabel termina de quitarle la camiseta y Salvador (BCF!) y lo besa.
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Vuelven a rodar y Salvador la mira.
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*
Mansión.
En la sala-¡Ay mamacita! -tiembla Vicky y las criadas le toman las manos- ¡benditas sean las animas del purgatorio! ¡si el espíritu de don Pedro ha venido que se apiade de nosotros!
-¡Ay Vicky! Ya cállate -le dice Abigail- ¿qué no ves que tienes a estas pobres criaturas al borde un ataque de nervios?
-¡Era él Abigail! Don Pedro... ¡anda rondando por ahí!
Las criadas se santiguan.
-¡Puede ser cualquier cosa! No tienen por qué ser espíritus, deja que averigüen que pasa con ese bendito piano.
-¡Qué busquen en todos los rincones, que levanten el piso del estudio! Nada van a encontrar.... ¡porque a los espíritus no se los encuentra -y Vicky baja la voz- ¡ellos nos buscan! El espíritu de don Pedrito nos anda buscando.
Rebeca sentada en el sofá las escucha y tiembla de miedo.
-Si no te callas te va a escuchar Walter diciendo esas cosas y te va a querer meter a ti en el manicomio.
Y se marchan.  Al quedar sola Rebeca tiembla de miedo y salta cuando como un fantasma aparece Walter sin hacer ruido- ¡doña Rebeca!
-¡Ay Walter! No sea bruto ¡por qué me asusta de esa manera!
-¡Perdóneme! No fue mi intención asustarla ¿dónde está su sobrina Isabel?
-¡No la he visto! -de malhumor- ¡no sé nada de ella!
-¡Don Andrés está desesperado buscándola! Tan tarde ¡y salió de la casa! -dice Walter con sospechas.
*
En el bosque.
Isabel y Salvador siguen dando vueltas en el suelo
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y besándose con pasión.
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Y vuelves otra vez
como si comenzaras a vivir
¿quien te embrujó?
¿quien te adivinó?
¿por qué te alejó de mí?


Y allí en el medio de ese mundo rústico y bajo la luna llena Salvador la hace suya
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e Isabel se entrega totalmente.
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Al final Salvador la mira
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y luego le besa con amor
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e Isabel le acaricia el pelo.
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Salvador la abraza muy fuerte y la besa con cariño y suavidad en el brazo.


Y vuelves otra vez
como si comenzaras a vivir
¿quien te embrujó?
¿quien te adivinó?
¿por qué te alejó de mí?


En otro lugar del bosque Andrés la busca desesperadamente- ¡Isabel! -grita- ¡Isabel! -no se cansa de gritar y alumbra con su linterna- ¡Isabel!
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-y luego dice con voz ronca- ¿dónde estás? -y los ojos se le llenan de locura- ¿dónde estás?
*
Mansión.
Rebeca sigue sentada en el mismo sofá temblando y Walter se le acerca- ¿Qué hace usted ahorita sola? ¿tiene miedo?
-¡Por favor Walter! Yo no me asusto tan fácilmente... aunque esta noche no me gustaría dormir sola en mi habitación con los comentarios tan morbosos que hacen esas empleadas que todavía creen en el fantasma del difunto don Pedro José Donoso.
-Tenemos que reconocer que todos estamos... ¡aterrados! -dice Walter.
-¡Yo le voy a pedir a Isabelita que me deje dormir en su habitación! ¡A propósito! ¿dónde está metida esa muchacha?
-¡La última vez que la vimos fue ahí! -y apunta arriba- cerca del estudio... ¡cuando estaba sonando el piano!
-¿Es posible que ella esté más asustada que nosotros Walter? -pregunta Rebeca con sospechas.
*
Bosque.
Isabel no está asustada, más bien está extasiada.
La misma luna llena que alumbra a los amantes alumbra a Andrés que sigue con su búsqueda gritando con locura- ¡Isabel! ¿dónde estás?
Como si lo escuchara Salvador se pone alerta, mientras Isabel cierra los ojos y se relaja. 
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Salvador mira a Isabel
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 y luego se acuesta a su lado y mira a la noche estrellada.  Ambos al unísono bajan la rodilla izquierda
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y suspiran.
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*
En otro lugar Andrés repite- ¿dónde estás?
*
Carretera.
Camilo espera impaciente a Salvador cuando se aparecen unas piernas que corren.  De pronto Salvador entra al auto sin aire.
-¿Qué le pasó Salvador? -le pregunta Camilo- ¡pensaba marcharme!
Salvador mira a lo lejos.
-¡Llevo mucho rato esperándolo! -sigue Camilo- ¿se siente bien Salvador?
-¡No hagas tantas preguntas y larguémonos de aquí! -le responde nervioso Salvador- ¿qué no escuchó Camilo? ¡arranque!
Y Camilo intrigado arranca apresurado y se marchan.
*
Bar.
Gaetana canta.


La primera vez que te vi
Ya me empezaste a gustar
Y después me enamore
Cuando me invitaste a bailar,
Como pudiera explicar
Lo que mi cuerpo sintió
Mi pecho parecía estallar
Al compás de esta canción
¡eho! ¡eho! La cumbia de mi pueblo
¡eho! ¡eho! Me enamoró de ti
¡eho! ¡eho! La cumbia de mi pueblo
¡eho! ¡eho! Ella me trajo a ti


Matilda espera impaciente, cuando se abre la puerta y entra Camilo que corre a saludar a Lupe.  Detrás entra Salvador.
-¡Ay! Hasta que al fin llegó este cristiano- Matilda.
Salvador se queda parado con aire perdido escuchando a Gaetana.


Esa noche yo te amé
te entregué todo mi ser
y al otro día me enteré
que tenias otra mujer
Te llevaste todo
Me dejaste sin nada
Te entregué todo mi amor
Tu me diste esta tonada
¡eho! ¡eho! La cumbia de mi pueblo
¡eho! ¡eho! Me enamoró de ti
¡eho! ¡eho! La cumbia de mi pueblo
¡eho! ¡eho! Ella me trajo a ti


*
Mansión.
En el piso superior Rebeca se soba las manos nerviosas y espera.  Valeria sale y la ve- ¡Tía! ¿qué haces aquí?
-¡Ay! Esperando que Andrés salga del cuarto de Isabelita... ¡llegaron hace rato pero no hacen más que discutir!
-¿Y ahora que fue lo que sucedió?
-¡No sé! No tengo la menor idea. Sé que venían del bosque y me imagino que deben tener los nervios de punta como todo el mundo.
-Bueno, especialmente tú, te noto muy intranquila.
-¡Si! por eso precisamente quería pedirle a Isabelita que me dejara dormir con ella esta noche.
-¡No! No, no los molestes ¡mejor quédate a dormir conmigo!
-¿De veras? -sonríe aliviada Rebeca- ¿no te molesta?.
-¡Para nada! Ven, vamos a dormir - y la lleva.
*
Habitación de Isabel.
Isabel sale del baño con una bata roja.
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-¿Qué hacías en el bosque? -le reclama Andrés que está esperando- ¿por qué te encontré así despeinada y con la ropa desarreglada? ¡yo quiero la verdad!
-¿Y que es lo que quieres escuchar? -le responde agria Isabel- ¡qué se me pegó la gana irme! ¡largarme! ¿eso es lo que quieres oír? ¡eso fue!
-¡Al bosque! -se burla Andrés- ¡con todo lo que pasó la otra noche! ¿no entiendes que es peligroso Isabel?
-¡Con tal de dejar de escuchar ese maldito piano! -miente Isabel- ¡te juro que soy capaz de irme hasta el mismísimo infierno.
-¡Ay! No me digas que te asustó ese ruido por Dios -se burla Andrés y se sienta.
-¿Y a ti no? -se burla Isabel- mejor confiesa que tú también tienes miedo!
-¡No! -niega Andrés- ¡no tengo miedo! Estoy desconcertado nada más, por eso debes exigirle a Ángela que nos permita revisar el estudio.
-¡No! -se niega Isabel- ¡la verdad es que no creo que te deje entrar! ¿para que? ¿para que lo vuelvas a destruir otra vez?
-¡Su obligación es permitirnos la entrada! En ese lugar tiene que haber una puerta secreta por la que entra y sale el que toca el piano.
-¡Suponiendo que tienes razón! Dime nada más quien puede tocar el piano exactamente igual que Pedro... ¡dime quien!
-¡No sé! -reconoce Andrés- ¡por favor Andrés! Si tú no tuvieras miedo... ¿para qué te preocupas? ¡no debería importarte! Entonces controla tus nervios porque todos los empleados se van a burlar de ti... ¡incluso la misma Ángela! -y levanta las cejas- ¡que supongo que debe estar feliz con esos conciertos nocturnos!
Andrés golpea nerviosamente el piso con el pie- ¿Y tú qué piensas de esto?
-Prefiero no pensarlo, lo que quiero es dormir.
-¡Isabel! Te conozco... ¡tienes miedo! -asume Andrés- ¡ven a mi cuarto! -le ofrece.
Isabel se ríe con burla-¡Aunque se me apareciera Pedro en este cuarto! Prefiero quedarme aquí que dormir contigo.
Andrés la mira con rencor- ¡te encontraste con alguien en el bosque!
-¡Si! -ríe Isabel irónicamente- ¡posiblemente fue con Pedro! -y lo mira- ¡posiblemente estuve con él!
Andrés contraataca-¡Qué no te extrañe si un día de estos aparezco con una desconocida!
Isabel lo mira indiferente.
-¡Porque si tú te conformas con la memoria de un muerto! -y la mira con deseos y le pone la mano sobre el muslo- ¡yo necesito un cuerpo vivo!
Isabel se pone tiesa a su contacto y lo detiene con la mirada.  Andrés se da cuenta y sale del cuarto furioso.  Al quedar sola Isabel suspira aliviada.  En el pasillo Andrés encuentra a Vicky arrodillada prendiendo velas.
-¡Qué haces! -le grita.
-¡Prendiéndole velitas al alma de don Pedrito para ver si descansa en paz de una vez por todas!
-¡Ah! -se burla Andrés y de un gesto aplasta las velas con el pie- ¿Quieres incendiar la casa o qué?
Vicky se levanta.
-¡Aquí nadie le prende velitas a nadie! -grita Andrés- y mucho menos al supuesto fantasma tocando el piano... ¡los fantasmas no existen india ignorante! ¡fuera de aquí! ¡fuera!
Vicky se marcha enojada.
Andrés mira a todos lados y de pronto se asusta y va para su cuarto.
*
Bar.
Sentados a una mesa, Matilde le explica su caso a Salvador y le dice que es muy seria- ¡guapetón de mi alma! Por eso quiero pedirte tu autorización para celebrar mi compromiso en este bar que amo con mi alma.
-¿Qué puedo decirle? Gaetana es la encargada de este negocio.
-¡No! No, no -Gaetana quiere salirse del paso- ¡usted es el que paga las cuentas! Yo no puedo estar decidiendo a mi antojo así.
-¡No puedes negarte amiga mía! -insiste Matilda- mira que ese día vendrá muchísima gente y eso le conviene al negocio.
Salvador suspira sin ponerle mucha atención- ¡En ese caso! Si le conviene al negocio tiene mi autorización.
Gaetana lo mira desesperada pero Matilda salta de su silla y corre a abrazarlo y besarlo- ¡Ay Salvador! Usted es un encanto de hombre -y al darle un beso se da cuenta que Salvador huele a perfume- ¡qué rico huele esta noche! -le dice picara.
-¡Sólo le voy a pedir un favor! -Salvador-avíseme con anticipación cuando va a ser el compromiso porque no me gustaría estar presente.
-¡Ay no me salgas con eso pedazo de macho! ¿no ves que tú y Gaetana van a ser mis invitados de honor? Mi novio y yo queremos que sean nuestros padrinos de la boda.
-¡Bueno! Entonces confórmese con tener a Gaetana como su madrina.
Gaetana lo quiere matar.
-¡Yo estoy muy cansado! Me voy a descansar - les anuncia y se levanta- ¡que pasen buenas noches! -y al pasar al lado de Gaetana se burla- ¡madrina de honor!
Al quedar solas Matilde feliz- ¡viste incrédula! Pude convencerlo fácil y no puso el más mínimo problema.
Gaetana lo mira fastidiada.
-¡Salvador es un encanto de hombre! -y luego le dice picara- ¡además un picaflor!
-¿Qué quieres decir?
-¡Inocente criaturita! ¿es que tú no has olido el aroma que trae? -ríe- ¡seguro que estuvo con alguna amiguita porque olía a perfume de mujer! Y perfume del fino ¿eh? No cualquier pachulí.
-¡No, un  momentito! No estés diciendo tantas tonterías mujer... ¡no estés inventando cuentos! Salvador es un hombre muy, muy serio.
-¿Y acaso los hombres serios no tienen corazoncito? Voy a coronar mi tercer matrimonio y tengo experiencia de sobre... ¡el olfato nunca me falla! -le asegura- ¡conozco muy bien a estos pillos!
Gaetana la mira sorprendida.
*
En el baño Salvador se baña
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y se restriega todo el cuerpo con jabón una y otra vez,
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con cara de sufrimiento y rabia, trata de sacarse a Isabel del cuerpo, pero no puede. 
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Suspira- ¡Ay! ¿por qué caí de nuevo? -y se queda un largo tiempo bajo el agua- ¡por qué no soy capaz de rechazarla cuando la tengo cerca! -y suspira y cierra los ojos recordando.
*
Isabel en su cama trata de dormir y también recuerda y se mueve inquieta y vuelve a recordar a Salvador, a la noche de amor bajo la luna, a sus besos.


Sin saber que una vez,
Sin dudar me traicionaste,
Otros brazos y otros besos,
Con los que tú me engañaste


Y suspira y dice- ¡Ay Pedro! -y apenas dice esto se sienta en la cama espantada y se tapa la boca.
*
Apartamento Felipe
Moncho feliz está pintando cuando entra Cantalicia y arma un escándalo- ¡ay Moncho qué está haciendo! -y le quita el pincel- ¡deje las cosas antes que don Felipe nos eche por la ventana!
-¡Déjelo! -le grita Felipe- ¡qué no ve que tiene mi permiso para probar sus dotes artísticas! Él también quiere aprender a pintar.
Cantalicia devuelve el pincel a Moncho y estrujando su falda se enfrenta a Felipe- ¡Yo no quiero que aprenda esas cosas don Felipe! ¿qué tal si le da por pintar puras viejas encueradas?
-¡Ojalá lo haga! -ríe Felipe- ¡y muy bien! -y le grita exasperado- ¡y qué también aprenda a leer y a escribir que ese niño ya está muy grande para permanecer en la ignorancia!
-¡Mire que para hacer el trabajo que nosotros hacemos no hace falta tanto estudio!
-¡Pero claro que sí! Y su deber es darle educación, es enseñarle que aprenda a leer y a escribir ¡hasta llegué a pensar que el pobrecito era mudo!
Moncho los mira asustado.
-¡Qué va a ser mudo! -se enoja Cantalicia-¡en lugar de regañarme tanto! ¿por qué no nos damos una vuelta para la casa grande y averiguamos algo del Salvador?
-¡Y dale otra vez con el bendito Salvador! Tenga paciencia, ya se lo dije ¡tengo que terminar dos cuadros esta semana para una exposición!
-¿Eso quiere decir que va a seguir pintando esas viejas?
-¡Eso quiere decir que a mí no me pagan por estar buscando maridos desaparecidos! Entiéndalo y déjeme ocuparme de mis obligaciones -y se apresta a salir- ¡y en cuanto a usted y al jovencito! -y se acerca a Moncho y le da instrucciones- ¡oiga! Usted puede pintar ahí lo que usted quiera, pero solamente con los colores que le di ¿está bien?
Moncho asiente.
-¡Y también vamos a aprender a leer y a escribir! -le promete- aunque yo no tenga mucha paciencia para eso - y le palmea el hombro y se marcha.
Al quedar sola Cantalicia saca el papel amarillo del pecho- ¿sabe qué mi hijo? A lo mejor si que yo debería aprender a leer.
Moncho dibuja una torre con una bandera y un sol amarillo y no la mira.
-¡Así no tendría que andar batallando para encontrar al Salvador! -suspira Cantalicia- ¿no que sí? Pues no sé ni donde estoy parada ¡si supiera leer no seria tan difícil! -y llora.
*
Mansión.
Salvador llega al trabajo y se cruza con Antonio que lo saluda- ¡Buenos días señor!
Salvador suspira y contesta- ¡Buenos días Antonio! Cuéntame ¿cómo marcha la universidad?
-¡En términos generales bien! Tratando de recuperar el tiempo perdido, pero no se preocupe, me voy a graduar como usted siempre lo quiso.
-¿Cómo yo lo quise?
-¡Como don Pedro José lo quería! No podría defraudar la confianza que depositó en mí y seré todo un profesional aunque eso no sea suficiente para obtener el amor de Ángela.
-Mira muchacho -suspira cansado- ¡usted y yo tenemos que hablar!
-¡No señor! ¿para que hablar de cosas que no tienen explicación? Lo que teníamos que decirnos ya lo dijimos.
-¿Está seguro?
-¡Si señor! Analizar más de la cuenta sería exponerme a la locura y no quiero volver a perder la razón.
Salvador le palmea el hombro con aprecio.
-En algunas ocasiones es difícil mantener un equilibrio emocional y mentar, por eso quiero demostrarle que soy capaz de resistir y que puedo entender lo inexplicable.
Salvador suspira- ¡Ay muchacho! Si usted supiera -y le palmea el rostro.
-¡No es necesario! Sé que lo aprecio profundamente y que me sigue gustando mucho su música -sonríe- ¡quizás podría disfrutarla más si lograra entender que la muerte no pudo arrebatarnos a don Pedro José!
Y luego se marcha.  Salvador se queda pensativo y preocupado.

*

FIN DEL CAPITULO

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