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El Cuerpo del Deseo

Versión Modificada por: MABOUCHITA

*

Desesperación

No puedo dormir.
En las noches cuando cierro
los ojos siento las cucarachas
por todo mi cuerpo, siento que entran
por mi boca
mis oídos
mi nariz
y le quiero gritar al cielo, quiero
soltar mi alma de éste cuerpo
y escapar éste cuarto, ésta
existencia.

Esa noche nos despertó
la niña. Sus gritos hacían
que las paredes temblaran
con el dolor que sentía.

¿Qué te pasa, mija?, le rogaba
Ella me contestaba con gritos.
¿Qué trais? ¡Dime, por favor!
Pero no pudo. El dolor la tenía
muy fuerte. Y le busqué por
todo su cuerpo por algo, algo
que me podría decir algo. Pero
nomas sus gritos hallaba.
Fastidiada y resignada la puse
entre mis brazos y con mi boca
a su oído le dije, por favor no
llores, ya no llores. Y en ese momento
cuando mis labios tocaron su piel,
sentí algo sobre mi boca, como
cosquillas con una pluma dura.
Salté mi cabeza para atrás y miré
hacia su oído, y vi la cola negra
de una cucaracha metida allí, sus patas
golpeando el aire en desesperación.
Empecé también a gritar, y con manos
muy grandes, traté de quitarla de mi
hija, pero no pude. Y la desesperación
crecía en mí. La niña seguía gritando
y yo gritaba con ella mientras que trataba
de sacarle el animal.

Horas duramos, ella entre mis brazos
hasta que al fin, saqué la cucaracha
pedazo por pedazo con unas pinzas
que me prestó la señora de al lado.
La niña siguió llorando toda la noche
Y yo, en mi cama acariciando su pelo,
supe que nunca podría dormir otra vez.
Nunca podré cerrar los ojos agusto.

Manuel J. Vélez

*

CAP# 144: jueves 9 de febrero de 2006 – LA PELEA CON GAETANA

 

Ángela le arregla el traje a Antonio y le dice que está muy guapo pero que se ve muy cansado.

-Estoy pensando en mamá, si no fuera por el compromiso que tengo con Salvador, pienso que preferiría estar con ella.

-Si mi amor, pero no fue sola, fue con Simón, y sabes que mañana a primera hora ya estarán aquí.

-Me hubiera gustado ver donde está enterrado mi papá.

-Mi amor, te prometo que iremos a verlo, pero por ahora échale ganas –y resignada ante este marido que le tocó se acaricia la panza.

-¡Nos vemos a la noche! Salvador debe estar esperándome –se marcha arrastrando los pasos.

Ángela suspira.

*

En el pasillo Rebeca da uno de sus espectáculos habituales- ¡Qué pretenden! Acabar con mi paciencia y hacerme sentir que no tengo ningún derecho en esta casa… ¡pues están equivocadas! –grita desaforada- ¡a mí me respetan!

-No le estamos faltando el respeto doña Rebeca –Norita.

-¡Claro que si! Miren si no tienen oportunidad para ultrajarme –y de un gesto le lanza una ropa arrugada- ¡miren lo que han hecho con esta ropa! ¡A ver si la arreglan bien! –dice con desprecio- ¡porque si fueran esos oportunistas no tendrían ningún problema! ¡a ellos se les trabajan (sic) hasta de rodillas!
Antonio que pasa se detiene enojado- ¿A qué oportunistas se refiere doña Rebeca?

-¡Con usted no tengo nada de que hablar! –le contesta Rebeca- ¡arregla eso (sic) y lo plancha bien por favor! –le grita a Norita- ¡y si no sabe me lo dice para mandarla a la Lavandería.

Norita sale corriendo.

-¡No es necesario que se disguste con las empleadas! –Antonio- ¡si las trata bien ellas la servirán gustosamente! Igual que a los oportunistas que usted menciona.

 

(y bueno…  este no tiene nada mejor que hacer sino pelearse con Rebeca, qué triste papel le dieron a Antonio)

 

-¡Usted no me intimida! Ustedes solamente son unos abusivos que se han ido apoderando poco a poco de lo que no les pertenece.

-¡Cuide sus palabras doña Rebeca!

Pero esto es invitarla al juego -¡No son más que unos codiciosos que dejaron morir miserablemente a su padre, alejado, tirado como un perro! ¡lejos de su familia! –lo mira como si fuera un gusano- ¡y solamente están interesados en apoderarse de la fortuna del viejo Donoso!
Antonio recibe el comentario como una bofetada- ¡Señora!

-¡Señora ni nada! –se burla Rebeca- ¡no me diga que siente dolor! Confiese que están muy contentos de haberse podido liberar de ese vagabundo inútil.

-¡Ni una palabra más! –grita Antonio fuera de sí- ¡no voy a permitir que le falte el respeto a mi papá!
-¡Pues eso es lo que era su padre! ¡un vagabundo inútil sin juicio ni beneficio!

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Salvador aparece y los escucha atentamente sin intervenir.

-¡Usted es amargada y venenosa! –grita Antonio - ¡si no fuera mujer le respondería como se merece!

(y esto Antonio? ahora violento? Va a ir a la fuerza? amenaza?)

 

-¡Respóndame como quiera! –ríe Rebeca- ¡yo no tengo miedo Antonio!

Pero Salvador interviene con frialdad- ¡Yo le voy a responder!

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Rebeca salta como si le hubiera mordido una cobra- ¡Usted no puede hablar ni una sola sílaba!

-¡Pues le voy a aclarar de una vez y por todas quien es la oportunista y la que no tiene derechos en esta casa! –y le señala las escaleras- ¡venga conmigo!
-¡No! –se niega rotundamente.

Pero Salvador la toma del cuello con brusquedad y la arrastra a pesar de sus gritos.

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-¡Suélteme maldito, suélteme!

Antonio asustado los ve partir sin mover un dedo. (como siempre )

*

Salvador arrastra a Rebeca del cuello hasta la sala, donde Vicky y Juanita los miran alucinadas.

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-¡Suélteme! –grita Rebeca a todo pulmón- ¡le digo que me suelte, no me toque más!

Salvador la suelta- ¡Si padece de amnesia le voy a refrescar la memoria! ¿recuerda cómo llegó a esta casa?

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Rebeca lo mira furiosa- ¡Desde luego! ¡Isabel me pidió que viniera a acompañarla!

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-¡Eso no es cierto! –la contradice Salvador- ¡usted se apareció de un momento a otro y don Pedro le permitió quedarse porque no sabía que usted era mala gente!

-¡Ay! Él sabía que yo era una dama de clase.

-¿De clase? –se burla- ¿Cuál clase? ¡usted era una vieja amargada que vivía en un pueblo aislada de la civilización, ignorada por su familia! Y se acercó a Isabel porque quería aprovecharse de la fortuna que ella recién había adquirido.

 

Vicky y Juanita los escuchan con los ojos como platos.

-¡Eso es una falsedad! –le grita Rebeca furiosa, con unos de víbora.

-¿Es una falsedad señora? –Salvador mira hacia Vicky y Juanita- ¡aquí todos en esta casa la conocen, incluyendo a los empleados! –y la vuelve a mirar- ¡usted es una ambiciosa calculadora y sobre todo hipócrita! –y luego la acusa con rabia- ¡usted no quiere a Isabel, sólo le interesan los beneficios que de ella obtiene!

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Rebeca tiembla de pies a cabeza de la rabia y la furia- ¡Por qué no se calla infeliz, no tiene por qué insultarme delante de estas…! –y mira a las empleadas buscando la palabra- ¡gatas!

 

(bueno, no sé si entendí bien, pero gatas???  Hasta me da risa)

Salvador levanta una ceja sorprendido (o a punto de reír creo yo!! ). 

Vicky enojada sigue su trabajo golpeando los sillones con un trapo. (los actores se vuelven a concentrar )

-¡Usted sí puede insultar a Antonio como acaba de hacerlo!
-¡Lo hice porque es muy cierto! –se le acerca- ¡no son más que unos oportunistas!
-¡Oportunista es usted señora! –y le levanta la voz- ¡sin razón ni derecho levanta la voz para reclamar lo que no debe!
-¡Está bien! –susurra Rebeca - ¡y esos abusivos no son más que unos rufianes! –y trata de marcharse pero Salvador la detiene del brazo- ¡Suélteme! –llora Rebeca.

Salvador la sacude (demasiado real!!!  Ayyy!!)- ¡Ellos se ganaron el puesto que tienen en esa casa! Sin embargo usted jamás se va a ganar nada… ¡nada, hasta que aprenda a respetar! –y la suelta bruscamente.

Rebeca llorando sale gritando al jardín- ¡Maldito!
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Salvador muy nervioso mira a las empleadas, se arregla la camisa y se rasca la barba preocupado.

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*

Afuera Isabel estaciona la camioneta y mira para la casa cuando ve salir a su tía toda descompuesta y llorando.

-¡Isabel, Isabel! –llora a gritos Rebeca mientras junta las manos en ruego- ¡ya no aguanto más! –le suplica- ¡Isabelita por favor ayúdame!

-¿Qué te pasa? –se asusta Isabel.

-¡Ya no aguanto más Isabel! –llora- ¡no aguanto más humillaciones de Salvador, quiero irme!
-¡Pero estate tranquila tía! ¡cálmate!

-¡Quiero irme lejos! –sigue llorando- Yo no aguanto, no puedo soportar que me tengo que tropezar con él Isabel –y de pronto la mira como su fuera su ultima tabla de salvación- ¡por favor dame una cantidad de dinero para poder apartarme de esta casa! –sigue gimiendo- ¡te juro que me voy hoy mismo! ¡no aguanto más!

-¡No te voy a dar nada de dinero! –se enoja Isabel- ¡no te vas a ir de esta casa! ¿me entendiste? –y trata de entrar.

(Ayyy Isabel...  déjate convencer... dale dinero... que se vaya! )

Pero Rebeca se lo impide-¡Por favor dame la suma que le ofreciste a Valeria! ¡dámela a mí! –le ruega.

Isabel fastidiada mira a lo lejos- ¡Tía, déjame en paz! ¿quieres?

-¡Isabel, te juro que si me dejas voy a enloquecer con todo lo que me humilla y grita Salvador! ¡es muy atrevido, me está recriminado y me echa en cara los favores que recibo como si él fuera Pedro José Donoso!  -y enojada pero con miedo mira  para la casa.
Isabel también mira y ve salir a Salvador y a Antonio que están escuchando los gritos de Rebeca.

-¡El mismo viejo Donoso, si viviera, no se habría atrevido nunca a ofenderme como ése! –lo apunta Rebeca- ¡te juro que me siento incapaz de soportarlo Isabel, te lo juro, no aguanto más!

-¡Está bien tía! –le corta Isabel- ¡yo también me siento incapaz de aguantar esta situación! Pero la tengo que resolver de una vez… -se promete más para sí misma que para los demás- ¡pero la voy a resolver de una vez!

Y de pronto ante la cara asombrada de Rebeca, Isabel vuelve sobre sus pasos, sube al auto y se marcha.

-¡Isabel no te vayas por favor! –grita Rebeca- ¡no me dejes aquí Isabel, espérate!
Pero Isabel se marcha decidida, ante la mirada impávida de Salvador y Antonio. Rebeca se queda sola, temblando y llorando y dirige la mirada hacia Salvador que la mira desde el porche y que comenta algo con Antonio.

*

Isabel conduce nervioso y a punto de un ataque de nervios, a alta velocidad.

*

Mansión.

Rebeca se refugia en su cuarto llorando cuando llega Walter a consolarla-¡No, no se deje vencer doña Rebeca, vamos! ¡échese animo y levante la cabeza, así!

-¡Ay Walter! Por favor –llora Rebeca desconsolada- ¿Cómo me voy a levantar si me tiene completamente desvastada! –y se abraza a uno de sus horribles almohadones rojos- Esto ya se terminó ya… ¡no tiene sentido que yo siga viviendo en esta casa Walter! –apenas puede pronunciar las palabras.

-Recuerde que usted no tiene dónde ir –le dice Walter con pena- ¡y va a ser muy difícil que encuentre una casa tan confortable como ésta!

-¡En este momento renunciaría al mejor de los palacios! –dice con rabia.

-¡Vamos, vamos doña Rebeca! –y Walter se acerca a ella, se sienta a su lado y le toma los pies y se los masajea.

Rebeca se calma sorprendida pero se deja.

(Lo habrán planeado o el actor improvisó?  )

-¡Présteme sus piececitos! –le dice con aprecio- ¡ahora escúcheme! ¡yo sé que ese maldito es un perfecto diablo! –y la  mira con ojos de puerco marrano- ¡pero usted no me puede dejar solito a mí en esta casa! No, no, no… ¡no tengo en quien confiar doña Rebeca! –y le sigue masajeando los pies.

-¡Walter! Yo me voy a largar –promete Rebeca llena de odio- ¡pero antes le voy a decir a Isabel y a los demás todo lo relacionado con el cuarto del sótano!

-¡Doña Rebeca por favor! –mientras sigue el masaje.

-¡Y también le voy a contar lo de las joyas! Usted me tiene que ayudar Walter… ¡Ayúdeme!

-¡No a mí no me va a poner usted entre la espada y la pared! –y se levanta asustado- ¡no, ese hombre puede tomar represalias contra mí!

Rebeca agudiza su voz- ¡Pero que más da! Ya no tenemos nada que perder… ¿no se da cuenta Walter? ¡nada! ¡Ayúdeme Walter, por favor Ayúdeme!

Walter la mira asustado, y luego asiente lentamente.

*

Isabel llega a la casa de Gaetana y entra furiosa y fuera de sí entra al bar sin pedir permiso, pero se detiene ante la puerta de entrada y golpea furiosa.

-Toc, toc –una y otra vez hasta que Gaetana abre la puerta y la enfrenta sorprendida.

-¡Usted y yo tenemos que hablar Gaetana! –murmura ronca Isabel.

Gaetana la mira altiva, dos escalones arriba.

*

Mansión.

Ángela desayuna con tranquilidad- Definitivamente no sé lo que pasa en esta casa Vicky, siempre tiene que pasar algo malo.

-Yo sé que no es bueno burlarse de la desgracia ajena –Vicky- ¡pero esta vez me alegro y mucho! Por todo lo que le está pasando a la señora Rebeca.

-¡Pues Salvador debió tratarla muy mal! Porque desde mi cuarto alcancé a escuchar los gritos, y tuve que aguantarme para no intervenir.

-¡Pues que bueno que no lo hizo porque el problema era con Antonio!

-¿Cómo? –se sorprende- ¿doña Rebeca también se peleó con él?

-¡Pues le cuento que le ofendió bien feo! –Vicky feliz con el chisme- ¡y fue cuando Salvador la puso en su lugar! Ella salió como gallina clueca a contárselo todo a doña Isabel que venía llegando en ese momento.

-¡Y obviamente se agravó el problema!

-¡No! –dice Vicky con aire sorprendido- ¡la señora Isabel simplemente decidió no entrar y se fue! Quien sabe para dónde… ¡pero se fue!

Ángela la mira sorprendida.

*

Casa de Gaetana.

Isabel es dinamita a punto de explotar, nerviosa, vestida de rosa con una cartera rosa, muy bella.

-¡A usted y a mí nos cuesta mucho entendernos así que yo no sé de qué podemos hablar! –Gaetana la enfrenta.

-¡Dígame todo lo que sabe de Pedro! –le ruega.

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Gaetana abre los ojos bien grandes y con las manos en la cintura le responde- ¿Qué puedo decirle yo que usted no sepa señora!

-¡Es verdad que yo he investigado! Pero yo estoy segura que usted sabe muchísimo más –le tiembla la voz.

-¡Señora por favor! –condescendiente- ¡usted está muy nerviosa! Mejor se calma y no siga averiguando más, yo no puedo contestar sus preguntas.

-¡Por supuesto que sí puede! –con un hilo de voz- ¡porque usted ha estado involucrada desde un principio con Pedro y ahora con Salvador!

-¡Yo francamente no quiero hablar de eso señora! –cruza los brazos y le da la espalda.

-¡A mí Pedro me lo confesó todo! –Isabel le cuenta con terror en la mirada- ¡a mí me lo dijo todo Gaetana! –tiembla toda- ¡a mí me aseguró que tenía miedo a la muerte! –llora- ¡me dijo que había recurrido a usted para que le ofreciera esta paz mental que tanto necesitaba! –y tiene un llanto histérico- ¡solamente le estoy suplicando que me diga qué tanto platicaban en el estudio! ¡qué tanto hacían encerrados allí!

Gaetana la ve tan nerviosa que tartamudea de los nervios y trata de no dar importancia- ¡él quería tranquilizarse y aceptar la muerte!

-¡No! –se enoja Isabel y le suplica- ¡por favor confiéselo Gaetana!  -traga aire- ¡ustedes fueron muchísimo, muchísimo más allá –y le dice llena de terror- ¡alguna práctica tuvieron que realizar para prolongar la existencia de Pedro!

-¡Pero señora por el amor de Dios! –ríe Gaetana- ¡míreme! ¡yo soy una mujer simple que practica el espiritismo pero no un Dios capaz de alargarle la vida a alguien que está en las puertas de la muerte!

-¡Qué no me lo niegue Gaetana! –le grita histérica y fuera de sí- ¡le voy a suplicar que no me niegue! –y vuelve a tragar aire- ¡que no me niegue que hacían eso! ¡que no me niegue que Pedro regresó en el cuerpo de otro hombre! –llora desconsolada y desesperada- ¡no me lo niegue por favor!

Gaetana la miar boquiabierta y sin decir palabra.

-¡Es en el cuerpo de Salvador! –termina Isabel.

Gaetana trata huir.

Pero Isabel la detiene con sus preguntas- ¿Quién era? ¿Quién era Salvador Cerinza?

Gaetana sigue callada.

-¡Un ignorante campesino que vivía con su mujer y su hijo nada más! –y la mira acusadoramente y habla entrecortadamente- ¡un pobre diablo que de buenas a primeras se despierta y se ve convertido en Pedro José Donoso! –y abre los brazos con desesperación- ¡por Dios!

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Gaetana mira al suelo y luego habla- ¡Si usted sabe eso, señora, sabe mucho más que yo! –le miente.

-¡Usted lo sabía Gaetana! –le acusa gritando y la apunta con el índice - ¡por eso regresó Salvador a refugiarse cuando salió de las Cruces! –fuera de sí.

-¡Señora, por favor, usted está equivocada! Eso no es cierto.

-¡Bajo su complicidad Gaetana! –las palabras entrecortadas por el llanto- ¡Pedro José, mi Pedro José regresó a esta vida a engañarnos a todos! –con rabia- ¡y por supuesto usted lo manipulaba! ¿cree que no lo sé?

Gaetana grita- ¡Por el amor de Dios yo no tengo ese poder señora!
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-¡Claro que lo tiene! –solloza histérica- ¡por supuesto que lo tiene Gaetana! –y de pronto empieza a romper todo lo que encuentra a su paso- ¡usted dígame qué es esta casa! –y empieza a tirar las botellas- ¡que es este maldito bar!  ¿qué es esto desgraciada? ¡este lugar simplemente es una fachada para esconder lo que en realidad aparenta (sic)! ¡para esconder lo que en realidad practica en esta casa maldita bruja! –y de pronto la mira y le dice desconsolada- ¿qué no se da cuenta que me ha destrozado la vida?

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-¡Usted está completamente loca! –le grita Gaetana.

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-¡Si estoy loca es por su culpa!
-¡No señora! –le grita más fuerte- ¡no señora! ¡por su culpa! –y le acusa con el dedo índice levantado- ¡recuerde señora Isabel que usted es responsable de cosas sumamente graves!

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Isabel no responde.

-¡Y si hay algo que la persigue y no la deja vivir en paz es su conciencia!

-¡La voy a destruir Gaetana! –le responde Isabel llena de odio- ¡se lo juro que la voy a destruir! –traga aire profundamente- ¡aunque sea lo ultimo que yo haga en esta vida! ¡cueste lo que me cueste! No he conocido a ser más despreciable y peligroso que usted.

Gaetana se ríe burlonamente-¡Yo peligrosa! ¡y mire quien lo dice! –se pasea de un lugar a otro- ¡Isabel Arroyo! –y la acusa- ¡la asesina!
Isabel tiembla de pies a cabeza y le da la espalda.

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-¡Usted es el verdadero peligro para quien se le acerque señora! – Gaetana se acerca- ¡y la prueba está en que usted asesinó a sus dos esposos anteriores!

Isabel cierra los ojos.

-¿O me va a negar que usted envenenó a Pedro José Donoso? – le acusa Gaetana.

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Isabel mueve la cabeza negativamente en silencio.

-¡Y luego asesinó a Andrés Corona en un accidente que jamás ocurrió! –sigue implacable- ¡porque usted es una asesina! –le grita- ¡una vulgar asesina! ¡una codiciosa!

De pronto Isabel reacciona violentamente-¡Ya cállese! –y le pone las manos en el cuello y trata de estrangularla- ¡ya cállese! ¡ya cállese! –la zarandea violentamente.

Y ambas luchan a gritos. 

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Ante los gritos aparecen Matilda y Lupe que corren a separarlas.

-¡Isabel trate de calmarse! –le grita Matilda.

Isabel tiembla como una hoja llena de odio y rabia.

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- ¡Le prohíbo que vuelva a mencionar mi nombre siquiera! ¡ni usted ni nadie de los que habitan en esta casa! Porque si ustedes creen que seran ustedes las que me van a destruir… ¡no! ¡están muy equivocados! –y trata de calmar su llanto- ¡no hay manera de acabar con Isabel Arroyo! –solloza- ¡no lo es! –y se marcha llorando.

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-¡Jefecita! –la abrazan Lupe y Matilda.

 

Gaetana apenas empieza a toser.

( se tardó un poco Gaetanita para toser!)

 

*

Isabel sube a su auto y maneja de manera histérica, hasta que se da cuenta y sale de la ruta y detiene el auto.  Golpea el volante- ¡Maldita, maldita, maldita! - Respira agitadamente- ¡no, no me van a enloquecer! ¡no! ¡a mí no! ¡conmigo no lo van a lograr! –se promete- ¡no lo van a lograr! –y calma su respiración y vuelve a arrancar el auto.

Ahora conduce de manera segura.

*

Casa de Gaetana.

Gaetana se sienta en una silla y sigue dándole aire a sus pulmones, tosiendo como si estuviera a punto de morirse.

-¡Yo la veo muy ahogada! –se asusta Matilda.

-¡Vamos a llevarla a su cuarto! –Lupe.

-¡No! Agüita… -susurra con voz ronca Gaetana.

-¡Yo jamás pensé que doña Isabel podía enloquecer de esa manera! –se desespera Matilda- ¡si parecía una garrapata prendida a tu cuerpo mujer!

Lupe viene corriendo y alcanza un vaso de agua- ¡Tómeselo despacito! –y de pronto se enoja-¡Maldita! ¡mire el cuello como se lo puso Dios mío! ¡vieja condenada!

-Lupe… ¡quería acabar conmigo! –solloza Gaetana- ¡quería matarme la muy asesina!

-¿Pero por qué? –se escandaliza Matilda- ¿qué le hiciste para reaccionara de esa manera tan horrible?

Gaetana la mira enojada.

-¡Toda una señora como es ella!

-¡Qué señora! –le grita Gaetana- ¡esa no es una señora, es una bestia!

-¡Jefecita, escúcheme, esto no puede quedarse así! –Lupe- ¡tiene que denunciarla a la policía!
Matilda asiente-¡Si, Lupe! Yo voy a hacer algo… pero otra cosa… yo le contaré todo lo que sucedió a…

-¡Matilda! –le corta Gaetana y se levanta como una fiera- ¡tú no vas a hacer absolutamente nada! ¡me oyes! –le grita y luego se acuerda de toser otra vez- ¡llévatela por favor! –le ordena a Lupe.

 

(No me parece justo que maltrate a Matilda! )

 

Apenas Lupe y Matilda se alejan, Gaetana toma el teléfono y disca- ¡Esto no puede seguir así Salvador! ¡no puede! –y repite mientras escucha el tono de llamada- ¡no puede!

*

Llega la noche y llega un taxi a la mansión Donoso.

Del taxi bajan Simón y Abigail.

Los recibe Vicky- ¡Qué bueno que llegaron!

 

Vicky los abraza y los ayuda con las maletas.   Abigail entra a la casa como si fuera un fantasma triste.  La reciben Antonio y Ángela que la abrazan.

-¿Cómo les fue?

-¡Más o menos hijo!
-Estamos tan agotados, el pueblo quedó (sic) muy lejos y fue muy difícil llegar hasta allá.

(y ahora el pueblo se acercó... )

-Mientras se acomodan voy a ordenar que les preparen algo- Ángela los deja.

Suben escaleras arriba.

*

Arriba Rebeca golpea a la puerta de la habitación de Isabel- ¡Isabel, por favor abre hija!

Walter llega corriendo y la interrumpe- ¡Abigail y Simón acaban de llegar!

-¡No me importa Walter! –enojada Rebeca- ¡a mí lo único que me importa es Isabel! Llegó como trastornada y se encerró –y sigue insistiendo a la puerta- ¡Isabel, Isabel por favor!

-¡Si se niega a abrir es que algo grave le sucedió! –decide Walter.

-¡Isabel! –sigue golpeando Rebeca- ¡Isabel por favor ábreme! ¡necesito hablar contigo! ¡es algo urgente!
*

Dentro de habitación Isabel está tirada en la cama, mirando a lo lejos… como completamente ida, mientras se escucha el lamento de su tía- ¡Isabel, necesito hablar contigo! ¡te lo juro que es urgente Isabel!

Pero Isabel está muy lejos con el pensamiento y recuerda a Salvador.

“-Yo voy a cumplir mi palabra… ¿o me tienes tanto miedo que eres incapaz de aceptarme por ti misma, sola, sin ayuda de terceros? ¿me tienes tanto miedo Isabel?”

Isabel vuelve a la realidad e ignora los golpes desesperados de Rebeca.

*

Bar de Gaetana.

La fiesta reina y la gente baila.  Lupe sirve diligente una mesa y la otra.

*

Dentro de la casa.

-¡No, yo no estoy exagerando Salvador! –Gaetana- ¡esa mujer está como loca! ¡sabe absolutamente todo! En esas condiciones puede hacer algo mucho peor.

Salvador mira por la ventana… a lo lejos- ¡Cuando la vi salir de la casa, me imaginé que vendría para acá! –responde luego de un silencio- ¡cada día que pasa, me sorprende más con lo que hace! –dice con un tono de admiración.

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-¡Pero la verdad es que no toda la culpa es de ella! –y lo mira acusando- ¡ella simplemente está reaccionando a sus provocaciones! Creo que esta vez se pasó ¿no? –y se acaricia el cuello- ¡si Lupe y Matilda no llegan a tiempo yo estaría tiesa!

 
(bueno…  que no eres tan débil)

 

Salvador la mira con pena- ¡Lo siento mucho Gaetana, no fue mi intención meterla en problemas!

-¡Salvador! ¿Hasta cuando piensa seguir con este juego hombre? ¡por lo que más quiera pare ya! ¡olvídese de todo esto! – le ruega- ¡han ocurrido demasiadas desgracias!

Salvador se mueve nerviosos.

-Y si usted no lo evita… ¡el desastre va a ser peor!
Salvador la mira y de pronto tiene un espasmo violento y extraño.

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Gaetana lo mira asustada

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y le pone una mano en el hombro. 

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Salvador la mira.  Ambos se miran con horror.

*

Mansión.

Valeria está con Abigail.

-Mi esposo trabajaba en una mina muy alejada… ¡un hombre que solamente sabia escribir poemas! ¿te imaginas? ¡yo no sé como pudo desempeñar ese trabajo tan duro por tanto tiempo!
-Bueno, eso quiere decir que estaba dispuesto a hacer todo por ti y por tus hijos… ¡que quería enmendar los errores del pasado!

( Que a mí no me toque una Valeria para consolarme!!)

 

-Bueno, yo creo que se estaba imponiendo un castigo… ¡pobre Rodrigo! –sufre Abigail- ¡debe haber sufrido mucho alejado de la familia que lo recriminaba!

-¿Dónde lo sepultaron?

-En un cementerio (menos mal ), en las afueras del pueblo donde vivía.

-Ya no te atormentes más, piensa que esas cosas tienen que pasar.

-¡Ya lo sé niña! ¡ya lo sé! Si no crea… trato de no pensar para no amargarme más.

 

(ayayaya…. Esto es puro relleno aburridísimo )

 

-¡Este viaje debió deprimirte mucho!

 

(no!!! Si fue de fiesta! No a un entierro  )

 

-¡Mucho! –suspira Abigail- ¡pero también me sirvió para reflexionar y para agradecerle a Dios, porque a pesar de todo nos ha dado muchas cosas! –resignada y mirando a la distancia.

Valeria le toma la mano.

*

Muy entrada la noche, Isabel cae dormida, toda vestida… duerme profundamente cuando tiene pesadillas y recuerda a Gaetana gritándole.

“-¡Miren quien lo dice! ¡Isabel Arroyo! ¡la asesina!... ¡Usted es el verdadero peligro para quien se le acerque señora!¡y la prueba está en que usted asesinó a sus dos esposos anteriores!... ¿O me va a negar que usted envenenó a Pedro José Donoso? ¡Y luego asesinó a Andrés Corona en un accidente que jamás ocurrió! ¡porque usted es una asesina! ¡una vulgar asesina!”

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Isabel sin despertarse tiembla y se despierta gritando- ¡No, no puede ser!

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Al abrir los ojos encuentra a Salvado a los pies de su cama, sentado en el sillón y leyendo tranquilo- Isabel, cálmate Isabel –le habla tranquilo.

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Isabel respira nerviosa.

-¡Cálmate, no va a pasarte nada! –trata de tranquilizarla- ¡no va a pasarte nada, yo estoy junto a ti! –y le repite- ¡cálmate!

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-¡No! –se niega Isabel, pero luego obedece… se acucurra lentamente en la cama mirando a Salvador… y se duerme.

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Salvador sigue leyendo su libro.

*

Al día siguiente.

Rebeca toda vestida de negro corre al jardín- ¡Walter! ¿no ha visto a Isabel?

-Salió muy temprano, como hace media hora.

-¡No puede ser, no me dijo nada! –se enoja Rebeca.

-¡Ya sabe que ella nunca dice dónde va! ¡No me diga que no pudo hablar con ella!
-¡No! Anoche me cansé de llamar a su puerta… ¡no me quiso abrir! ¿Y qué cree? Ahora madrugó y se fue –se fastidia- ¡Ay Walter! Yo insisto que algo muy grave está pasando porque se está comportando muy extrañamente.

Walter mira a la casa preocupado.

 

(otro relleno )

*

En la ciudad.

Isabel tiene una entrevista con el parapsicólogo.

-¡La verdad doña Isabel! –la mira preocupado- ¡admita que su comportamiento es muy extraño!

-¡Si! –admite Isabel- ¡lo reconozco! Ya lo estoy reconociendo –se excusa- ¡sé perfectamente de que siempre he sido una persona muy impulsiva!... ¡pero jamás me había portado de una manera tan agresiva como lo hice con esa señora!

 

(bueno… ahora sufre de amnesia mi querida Isabel…)

 

-¡La fue a buscar para darse golpes con ella!
-¡No era mi intención llegar a las manos! Cuando me di cuenta ya la estaba atacando… -y de pronto se dice a sí misma- ¡a lo mejor sí hubiera podido llegar a matarla si no intervienen a tiempo! –y mira a lo lejos perdida.

 

( Una confesión tirada de los pelos!!!  )

 

-Pero es que fue una imprudencia ir a buscarla… ¡eso va a traerle problemas con su esposo! –le advierte- porque esa mujer seguramente le contará todo lo que usted le hizo.

-¡Ya lo debe haber hecho!

-¿Le dijo algo?

-¡No! Pero ya debe de saberlo…se lo noto en la mirada doctor… ¡en la manera de tratarme! Ayer se burló de mí… y yo sé que goza de verme tan angustiada como estoy.

El doctor entrecierra los ojos- ¿Doña Isabel… usted nunca ha pensado que necesita un tratamiento siquiátrico?  -sin pelos en la lengua.

Isabel lo mira escéptica- ¡Yo! ¿Por qué me dice esas cosas?

-Vino a plantearme un asunto… un caso muy misterioso.

Isabel lo mira sorprendida y espantada.

-Tal vez inconcientemente –sigue el doctor- ¿no estará usted buscando un análisis para sí misma y no para su esposo? –y la estudia con ojos bien negros llenos de sospecha.

Isabel levanta la mirada al techo y le pregunta con exasperación- ¿Insinúa que estoy loca?

-¡No por favor! No se disguste conmigo… pero si voy a serle sincero… ¡su esposo parece más sano que usted!

Isabel lo mira decepcionada.

-¡Mire! Yo estoy acostumbrado a escuchar historias extrañas… pero lo que usted me cuenta no tiene sentido… ¡no tengo forma de estudiarlo!

-¿Usted cree que yo le he mentido todo este tiempo doctor?

-Sinceramente… mire… ¿no será este un simple pretexto para encontrar el auxilio que está buscando?

Isabel ríe a carcajadas- ¡Perdón! Es que no lo puedo creer… ¡no puedo creer que me esté sucediendo esto! ¿cree que todo lo que le dije es una mentira? ¿se limitó exclusivamente a examinarme como si fuera mi siquiatra? ¡mi siquiatra! –se escandaliza.

El doctor la mira fríamente- La verdad… ¡sí! –y se recuesta en su sillón.

Isabel recibe la verdad como una bofetada y se levanta de la silla- ¡Qué estupidez! ¡no lo puedo creer! –y se pasea de un lado a otro del consultorio- ¡me cree una verdadera loca que necesita de su ayuda! ¿eso es lo que usted cree? –le grita.

-¡Mire! En menor o mayor grado todos necesitamos una ayuda profesional alguna vez.

Isabel se calma, suspira.

- Y usted tiene que admitir que maneja una tremenda inseguridad.

-¡No, no, no! Disculpe –se molesta Isabel y lo detiene nerviosa- ¡Nunca! ¡nunca he dejado de ser una mujer muy segura! –pero cuando dice esto tiembla de pies a cabeza, más insegura que nunca.

-¡Pero qué seguridad puede tener una mujer que se ha casado tres veces en un corto tiempo! –sigue el doctor- ¡señora, sus problemas emocionales son muy fuertes! –y se levanta- ¡déjeme ayudarla que yo sé que lo que usted necesita!
Isabel reacciona y lo rehúsa mirándolo de pies a cabeza con desprecio- ¿Sabe lo que necesito? ¡que se vaya al mismísimo diablo! –y toma su cartera y lo mira- ¡porque usted no es ni científico ni nada, mucho menos la persona que a mí me puede ayudar! –y luego dice con una tristeza infinita- ¡esa persona no exista! ¡ni existirá doctor! –y antes de marcharse lo vuelve a mirar de pies a cabeza con desprecio.

El doctor dolido se vuelve a sentar despacio y mira al techo.

*

Isabel completamente sola en este mundo regresa a la casa.  Detiene el Land Rover y mira hacia la casa con aprehensión… con miedo… toma su cartera y baja.

 

(error de vestuario…  en el consultorio tenia una cartera dorada y ahora tiene una pastel)

 

Baja del auto… duda y respira nerviosa antes de entrar.  Mira a un lado y a otro, y toma impulso pero se detiene y decide entrar por la entrada de servicio.

*

En el pasillo de servicio se encuentra con Rebeca y Walter.

-¿Por qué entras por este lado? –la acusa Rebeca- ¡seguramente que es para no encontrarte conmigo!

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-¡No! ¡no empieces a imaginar cosas tía! –se enoja- ¡estoy buscando a Valeria porque necesito hablar con ella! Eso es todo.

-¡Conmigo es con quien debes hablar! –le grita Rebeca- ¡te estoy buscando desde anoche Isabel! Pero parece que no quieres darme la cara.

-¡Si tú insistes en pedirme dinero para irte de esta casa! –le corta Isabel- ¡no te lo voy a dar! ¡ya te lo dije! –enojada.

-¿Se puede saber por qué quieres retenerme?

-¡No, yo no te quiero retener tía! –la mira enojada- ¡sabes perfectamente que te puedes ir de esta casa cuando quieras!

-Bueno… sí… claro que me iré… ¡pero antes quiero enseñarte algunas cosas que te van a aclarar tus dudas!

Isabel suspira cansada- ¿Ahora de qué se trata?

-¡Se trata de ese hombre!  De tu esposo.

-¿Y tú qué puedes mostrarme acerca de mi esposo? –con burla Isabel.

-Bueno… algo que Walter y yo descubrimos hace un tiempo… ¿quieres hacer el favor de acompañarnos Isabel?

Walter asustado se pone tieso, con miedo mira a Rebeca.

Isabel mira a su tía con desconfianza… y luego a Walter.

*

-¡Qué demonios están planeando! –dice Isabel ante la puerta del ático que da al jardín- ¡no me digan que pretenden que yo entre a ese sótano!

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-¡Es indispensable señora Isabel! –Walter ruega.

-¡Mejor díganme que hay aquí adentro! ¡díganmelo de una vez!
-Isabel… ¡tienes que verlo con tus propios ojos! Hija por favor… te aseguro que te va a interesar muchísimo.

Walter y Rebeca, con linternas en las manos le abren la puerta a Isabel que los mira con desconfianza… pero accede a entrar… toma la linterna de la mano de Walter… Walter le arranca la linterna a Rebeca y los tres desaparecen detrás de la puerta.

Vicky que los espía corre con el chisme.

*

-¿Pero tú estas segura de que los has visto Vicky?

-Si Abigail, vi a Walter y a doña Rebeca como llevaban a doña Isabel para meterla allí en ese lugar.

-¡Ay qué cosa tan rara! Si nadie nunca va por ahí… ¿qué estarán buscando?

-¡Quien sabe! –Vicky cruza los brazos.

*
FIN DEL CAPITULO

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