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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

Juramento en el momento de ser admitido como miembro de la profesión médica

EN EL MOMENTO DE SER ADMITIDO COMO MIEMBRO DE LA PROFESION MEDICA:
PROMETO SOLEMNEMENTE consagrar mi vida al servicio de la humanidad;
OTORGAR a mis maestros el respeto y la gratitud que merecen;
EJERCER mi profesión a conciencia y dignamente;
VELAR ante todo por la salud de mi paciente;
GUARDAR Y RESPETAR los secretos confiados a mí, incluso después del fallecimiento del paciente;
MANTENER, por todos los medios a mi alcance, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica;
CONSIDERAR como hermanos y hermanas a mis colegas;
NO PERMITIRE que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpongan entre mis deberes y mi paciente;
VELAR con el máximo respeto por la vida humana;
NO EMPLEAR mis conocimientos médicos para violar los derechos humanos y las libertades ciudadanas, incluso bajo amenaza;
HAGO ESTAS PROMESAS solemne y libremente, bajo mi palabra de honor.

Juramento Hipocrático original

Hipócrates de Cos
*

CAP# 144: viernes 10 de febrero de 2006 –  Un médico decente

 

Isabel entra al sótano siguiendo de mala gana a Walter.

-¡Pase, pase señora Isabel, no tenga miedo!

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Al entrar al cuarto secreto se queda alelada-No tenia idea de que este cuarto existía.

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-¡Walter lo descubrió y me lo enseñó! Pensé que es el cuarto secreto donde Donoso guardaba todos sus objetos de arte… ¡y hay una caja fuerte!

 

 

(Error de la novela, puesto que los objetos de arte deben valer dinero y ni Walter ni Rebeca nunca los vendieron)

 

-¡Al principio esta caja estaba herméticamente cerrada! –Walter- ¡y estoy convencido que contenía las joyas de la señora Catalina! Pero una noche… apareció así… ¡como la ve! Abierta y vacía.

-¿Ah si? –con sospecha en la voz y se acerca a la caja fuerte abierta, luego los mira escrutadoramente- ¿y quien habrá podido abrirla?

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-¡Es un misterio que nunca hemos podido descifrar! –exclama Rebeca.

-¡No es un misterio, por Dios señora! –explota Walter- ¡don Pedro José Donoso era el único que conocía la clave! –se pone nervioso- sea… usted dirá que los muertos no se preocupan por joyas… ¡ni regresan del más allá para retomar lo que dejaron! –tiene miedo- ¡yo ya no sé nada! ¡no sé nada! –repite asustado.

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-¡Dígame una cosa Walter! –exclama Isabel de pronto muy interesada- ¿Por qué se atreve a llegar a esa conclusión? ¿Por qué lo dice?

Walter mira alrededor muy asustado, aterrado- ¡Impresión o realidad, yo la ultima vez que entré aquí… ¡ -tiembla- ¡me tropecé con él! –le cuenta con horror- ¡con el señor Pedro José Donoso!
Isabel traga saliva, pero Rebeca lo mira como si estuviera loco, con cara de fastidio.

Isabel le ruega- ¡Usted… usted lo vio! ¿lo vio usted con sus propios ojos Walter?

Walter retrocede al ver la cara de Rebeca- ¡No sé lo que vi realmente! –y se toma la cabeza- ¡los nervios me traicionaron! Perdí la cabeza, y todo me daba vueltas… ¡pero escuché su voz, y su voz la escuché y había momentos en que veía su rostro!
-¡Por favor Walter qué tonterías! –grita Rebeca- ¡usted estaba alucinando!
-¡No! Era el señor don Pedro José Donoso.

-¡Claro que no era! –le grita Rebeca- ¡eran los puros nervios!

-¡Había momentos en que lo confundía con Cerinza! –tiembla Walter y mira a Isabel- ¡realmente no sé lo que me pasó! Yo… sentí un frío terrible y un vértigo inmenso y… ¡y yo no habría vuelto a esta habitación si no hubiera venido acompañado por ustedes!  -le confiesa.

-¡Por favor, está muy alterado Walter!- se enoja Rebeca- ¡aquí la única persona que estuvo fue Salvador! –y llena de rabia lo acusa- ¡sí, ese descarado fue el que se robó todas las joyas de la caja fuerte!

 

Isabel se enoja- ¡Tú no te atrevas a asegurar semejante cosa! –le amenaza- ¡no lo hagas!

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-¡Isabel por favor, sabemos que es un farsante y un ladrón! –con desprecio- ¡ese es el hombre con el que tú te casaste!
Pero Isabel está enojada- ¡Ahora explíquenme, explíquenme por qué no me habían contado de esto! ¿Por qué se tardaron tanto tiempo? ¿Por qué lo callaron?

-¡Yo quise hacerlo! –reacciona Walter- ¡la señora Rebeca me lo impidió!

-¡Claro! Porque temí que pensaran que éramos nosotros los que robamos las joyas –se excusa rápidamente Rebeca.

-¡Ya no importa! –suspira Isabel y luego estudia el lugar con ojos inteligentes- lo que me interesa saber es si este cuarto está conectado a algún lugar de la casa.

-¡Algo más señora! –reacciona Walter- ¡esa parte de allá va al estudio! ¡esa es la puerta! ¿lo ve? ¡ahora por más esfuerzo que hemos realizado no hemos logrado abrirla!

Se escucha un ruido y Walter salta.

-¡Fui yo Walter! –lo calma Isabel.

-Disculpe… ¡me asustó!

Y los tres estudian la puerta secreta.

-¡Precisamente! –exclama Rebeca- ¿te das cuenta que por esa puerta entra y sale la persona que toca el piano? ¡por favor! ¡no existe ningún espíritu!
-¡Con puertas o sin puerta tía! –la corta Isabel- ¡ese espíritu sí existe! –y mira a Walter- ¡y de eso pueden estar seguros los dos!

Walter asiente y respira con miedo mientras Rebeca los mira con aire burlón.

*

Cítricos Donoso.

Simón no trabaja, deambula muy triste y recuerda a su padre.

 

“-No me trates tan duro Simón… ¡te juro que me parte el alma haberlos defraudado! Un desgraciado, un irresponsable y todo lo que tú quieras! Pero no dejo de ser tu papá –le llora.

-¡Tú ni creas que vas a venir a conmoverme con tus palabras! –le grita Simón- ¡yo no soy tan débil como mi mamá o el tonto de Antonio.

-Simón –aparece Antonio- vete a trabajar y déjanos solos.

-¡Eso, dale motivos para que nos siga fastidiando la vida! –grita- ¡le vamos a tener aquí eternamente buscando lo que no se le ha perdido.

-¡Es nuestro papá y no tienes ningún derecho de juzgarlo, si no lo respetas por lo menos cierra la boca –Antonio.

-¿Crees que a mí no me duele? ¿crees que no me duele verlo acabado? ¡me duele y me ofende! Porque debería darnos el ejemplo en vez de avergonzarnos como lo está haciendo – y enfrenta a su padre- ¡y si todavía nos quieres un poco, no vuelvas a buscarnos! ¡déjanos vivir en paz! ”

 

-¡Simón! –lo llama Salvador y lo vuelve al presente.

-Salvador por favor – se aleja Simón.

-¡Simón! –corre detrás- ¡muchacho, yo sólo quiero que sepas que lo siento mucho! Siento mucho lo que sucedió con tu papá… ¡sólo te quería decir eso!

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-¡Nunca nos llevamos bien! Y yo sentía que lo odiaba cada vez que maltrataba a mi mamá…. ¡pero el papá es el papá! Y siento mucho la forma en que murió… ¡solo, lejos de nosotros! ¡hubiera querido tener la oportunidad de disculparme por lo mal que le traté!

-Bueno, entonces, que con la intención tal vez sea suficiente para que él te perdone.

-¡La última vez que lo vi, lo traté muy mal y le dije muchas cosas muy feas! Hasta ahora es que entiendo lo injusto que fui con él.

Salvador recoge un bolígrafo que se le había caído- ¡Muchacho! La vida no es fácil –filosofa- ¡a veces somos injustos con las personas que más queremos y desafortunadamente nos damos cuentas cuando ya no están con nosotros! ¡así es la vida!

-¡No quiero cometer el mismo error! –de pronto dice Simón - ¡sería un ingrato si desprecio y me rebelo contra el hombre que tomó el puesto de mi papá para protegernos a mi hermano y a mí!
Salvador-Pedro se da por aludido y luego de un silencio- ¡Si te refieres al señor Donoso, no te preocupes! Yo sé que lo quisiste mucho… ¡a pesar de las rabietas que le hiciste pasar!

-¿No se las sigo haciendo todavía? –se acerca Simón- ¿no me estoy comportando injustamente con él?

Salvador traga saliva nervioso- ¡Simón, tu hermano me está esperando! Te voy a dejar solo con tus reflexiones… ¡estúdialas para cuando llegue el momento de tomar una decisión! –y se marcha dejando a Simón pensativo.

*

Mansión.

Isabel en el pasillo golpea nerviosamente la puerta de Ángela- ¡Ángela! –llama con desesperación.

Ángela abre la puerta- ¿Qué se te ofrece Isabel?

-¡Ángela! Creo que… necesito entrar al estudio… ¿puedes prestarme las llaves por favor?

-¿Para qué?

-¡Si quieres saberlo acompáñame! Pero tráeme las llaves –le ruega apurada.

-Bueno –acepta Ángela y entra a buscar las llaves.

*

Rebeca y Walter esperan y hablan entre ellos.

-¡Yo no creo que esto sea lo correcto! La verdad… la verdad es que estoy muy nervioso.

-¡Tenemos que terminar con los secretos Walter! Si seguimos callando no haremos más que proteger a ese canalla.

Walter la mira asustado.

Ángela llega con Isabel pero se detiene al verlos- ¡Primero tienen que explicarme para qué quieren entrar ahí! –se enoja.

-¡Juro que lo vas a saber cuando estemos ahí adentro! –Isabel- por favor abre.

Ángela duda pero luego la abre y entra en primer lugar-¡Ahora dime qué es lo que estás buscando! Tal vez yo pueda ayudarlos.

Walter no se anima a entrar… pero con miedo se decide.  Vicky y Abigail que pasaban por el pasillo los ven y vienen a curiosear.

-¡Lo que pasa es que mi tía y Walter me acaban de mostrar un cuarto secreto que comunica con este estudio! –le explica Isabel a Ángela.

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-¿De qué estás hablando? –se sorprende- ¿Qué cuarto secreto?

-¡Seguramente se trata de una habitación en la que tu papá guardaba objetos de valor!
-¿Y tú ya estuviste allí?

-¡Acabo de estar ahí te digo! –pierde la paciencia mientras busca desesperada- ¡y tiene acceso a través de una puerta que está en el sótano… ¡la otra entrada es una puerta que debe estar escondida en este lugar!
-¡Pero de qué estas hablando Isabel! –exclama Ángela- ¡eso no puede ser cierto!
Abigail y Vicky entran.

-¿Qué está pasando Ángela? –se inquieta Abigail.

-¡Qué Isabel dice que este estudio tiene una puerta que se comunica con un cuarto secreto que acaba de descubrir y que tiene entrada por el sótano!

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-¡Qué cosas está diciendo! –Abigail se arregla el saquito de su eterno conjunto de dos piezas- ¡yo llevo muchísimos años trabajando en esta casa y jamás había escuchado algo semejante!
-¡Porque usted no tiene por qué saberlo! –explota Walter agrio- ¡además nadie le dijo que viniera, así que retirase!

Isabel que ya está moviendo libros de aquí para allá grita-¡No, nadie se retira! El que quiera puede permanecer en este lugar porque vamos a acabar con los misterios de una vez… ¡así que ayúdenme! ¡ayúdenme porque tenemos que encontrar esa puerta! –se pone nerviosa- ¡y no me importa si tengo que derrumbar las paredes… la quiero encontrar!

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Al verla en ese estado Abigail la detiene- ¡Señora! Tal vez… no sea necesario que destruya nada para encontrar lo que busca.

-¿Usted sabe algo? –se sorprende Isabel y la mira desconcertada.

Abigail duda- ¡Hace algún tiempo encontré un mecanismo oculto aquí en la biblioteca! Parecía un timbre y a lo mejor eso es lo que da acceso a la puerta que usted menciona.

-¿En donde está? – urge.

Abigail se dirige a la biblioteca y segura mueve unos libros y le muestra el botón- ¡Mire! Ahí está.

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Isabel mira el botón y luego a todos…

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y luego…

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con una mano temblorosa pero decidida lo aprieta…

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la puerta se abre.

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Todos se quedan boquiabiertos.

 

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Vicky retrocede unos pasos. Ángela e Isabel se miran con una mirada llena de preguntas.  Isabel se anima y entra lentamente al cuarto secreto,

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la sigue Abigail y luego Ángela.

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A pesar del miedo Walter también entra.  Rebeca no aguanta y va detrás.  Vicky la última.

*

En el cuarto secreto.

Isabel entra primera, seguida de todos.

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-         ¡Pasa Ángela! –invita- ¡y sal de todas tus dudas!

-        

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-          

-         -Pero esto no es todo porque… ¡porque esta caja fuerte estaba cerrada y lógicamente que alguien entró para sustraer lo que tenia.

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-          

Ángela con la boca abierta mira sorprendida.

Rebeca y Walter se miran.  Vicky estudia el polvo que cubre todos los objetos.

*

Cae la noche.

Llegan Antonio y Simón, entran a la casa.

*

Cuarto de Valeria.

-¿Vicky estás segura de lo que estás diciendo?

(Que no vive en esta casa? )

-¡Que si como se lo digo señorita! Lo vimos con nuestros propios ojos –y se los señala- cuando el retrato de la señora Catalina se abrió como si fuera una puerta y allí nos llevó a descubrir un cuarto secreto.

-Entonces existe una salida por el estudio.

-¡Como ve! Tantos años yo trabajando en esta casa y nunca me di cuenta de eso… ¡definitivamente don Pedrito era un hombre muy misterioso!
-Eso quiere decir que hay una salida por el estudio –repite Valeria monotamente.

-¡Cuando quiera lo puede ir a ver!

-No, es que estoy pensando que la persona que toca el piano entra y sale por ahi.

-¡Eso es lo que todos estamos comentando! Y de ser así, el espíritu de don Pedrito… como se dice… pufff  -resopla- ¡se esfumó! Porque no era cierto.

*

Norita y Juanita comentan los últimos acontecimientos en el pasillo cuando llegan Antonio y Simón y se sorprenden.

-¿Qué está pasando, por qué está el estudio abierto?

-¡Parece que encontraron algo ahí adentro! –Norita.

Walter sale del estudio- ¿Pero por qué se arremolinan aquí? –las reta- ¡no metan las narices donde no les importa! ¡vamos, vamos!

-¿Eso también va contra nosotros Walter? –Simón.

-Solamente a las empleadas, señoritas, ¿ serian tan gentiles de desaparecer? Gracias.

Las empleadas se alejan.

Valeria llega.

-¡Valeria! ¿sabes lo que está pasando? –Simón.

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-¡Algo me dijo Vicky! Pero yo creo que será mejor que entremos para averiguar.

*

En el estudio.

Abigail y Rebeca traen las obras de arte del cuarto secreto y las amontonan sobre le escritorio y el piano.  Walter ayuda.  Isabel acarrea cosas.  Abigail mira a sus hijos que las miran con ojos como platos.

*

Cítricos Donoso.

Salvador se dispone a salir cuando recibe la visita del parapsicologo quien entra a su escritorio, como Pedro por su casa, y cierra la puerta detrás suyo.

-¡Discúlpeme que haya venido sin anunciarme, pero es urgente que hable con usted!

-¡La última vez que nos vimos usted y yo fui muy claro! –le corta Salvador- ¡no tenemos nada de qué hablar!
-Lo que pasa es que vengo a hablarle de la salud mental de su esposo.

Salvador suspira con fastidio.

-¿Le interesa el tema señor Cerinza?

Salvador entrecierra los ojos y lo mide.  El doctor no baja la mirada.

*

Mansión.

-¡Cómo es posible que hagan eso y no respeten la memoria de don Pedro! –chilla Simón- ¡tú nos dijiste que no agarráramos nada! –espeta a su madre- ¿entonces por qué ahora los estás ayudando?

-Porque de cualquier manera lo hubieran hecho y de paso habrían terminado con el estudio, además Simón… ¡te recuerdo que esta no es nuestra casa!

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-De todas maneras ese cuarto no podía permanecer ignorado durante tanto tiempo indefinido (sic). Además es mejor que se recuperen todos los objetos que estaban ahí adentro –Antonio.

-Si Antonio, pero todo no se puede recuperar –se queja Rebeca - queda la casualidad que alguien que entró y robó todo lo que había en la caja fuerte.

-¿Y qué se supone que había en la caja fuerte? –Simón.

-¡Las joyas de la señora Catalina! La mamá de la señora Ángela –Walter- ¡y representaba una gran fortuna!
Ángela interviene- ¿Si Walter? ¿y como está tan seguro que esas joyas estaban ahí? –con sospecha- ¿le consta?

-¡Lo presumo! Porque yo las conocía y no las he vuelto a ver desde que murió su mamá y el señor don Pedro José Donoso dijo que él había ocultado y guardado sus cosas valiosas en un lugar secreto de esta casa.

-¡Claro! –se burla Simón- ¡y usted ni corto ni perezoso se dio a la tarea de buscarlas para ver si podía quedarse con ellas! ¡ahora entiendo por qué rondaba tanto en el sótano en compañía de la vieja Rebeca!
Rebeca lo ataca violentamente con lo que tiene en la mano- ¡Pero qué está insinuando!
Todos gritan y la detienen, se arma la algabaría total hasta que aparece Isabel- ¡Tía!

-¡Me está calumniando y no se lo voy a permitir! –grita histérica Rebeca- ¿me entienden? ¡no lo permito!

-¡Tía! Te me calmas por favor… ¡te me calmas ya! –le grita Isabel.

Todos se miran unos a otros.

*

Detrás de la puerta las empleadas escuchan.

-¡Están peleando! –Norita.

-Parece que sí, doña Rebeca como siempre- Juanita.

-¿Y por qué estarán discutiendo?

Y vuelven a pegar el oído a la puerta.  Aparece Vicky y cruza los brazos enojada.

*

Estudio.

-¡Ya suficientes problemas tenemos todos como para tener que estar aguantando estos gritos! –Isabel.

-¡Isabel tiene razón hijo! –Abigail- ¡ten mucho cuidado con lo que dices!

-¡Si, mucho cuidado, cuide su lengua! –grita Rebeca- ¡porque si alguien abrió esa caja fuerte… indudablemente que fue Salvador! ¡es el único que conoce todos los secretos de esta casa!
Isabel la mira enojada.

-¡Si él tomó algo entonces no hubo ningún robo! –anuncia Antonio- ¡porque todo lo que le pertenecía al señor Donoso, le pertenece a él!

Isabel lo mira boquiabierta.

-¿Antonio, ahora eres tú? –Simón se asusta- ¡el que no está cuidando la lengua!
-¡Ya no me hagan caso! –y Antonio se quiere marchar.

-¡No Antonio, no se vaya por favor! –lo detiene Isabel- y mejor cuéntenos que es lo que sabe usted de Salvador.

Antonio vuelve al círculo y los mira, Valeria, Simón, Walter, Abigail, Rebeca, Isabel y Ángela- ¿Qué quiere que sepa? –mete la mano en los bolsillos.

Pero Isabel no tiene pelos en la lengua- ¡Lo que todos sospechan y no se atreven a decir por miedo! ¡aclare lo que acaba de decir por favor!
Abigail se asusta- ¿Por qué no terminamos de una vez por todas esta discusión que no nos está llevando a ningún lado?

-¡No Abigail! Esta no la vamos a terminar, al contrario, apenas la vamos a empezar –Isabel- ¡y es por el bien de todos! Si sienten dudas, hay que aclararlas… ¿no lo creen? ¡hablemos pues de Salvador Cerinza! –y los mira- o mejor dicho –hace una pausa- ¡de Pedro José Donoso!

Antonio la mira sorprendido. Walter con miedo.  Abigail se queda sin aire. Valeria los mira sorprendida sin entender.  Ángela suspira entrecortadamente.

*

En el pasillo.

-¡Ustedes que hacen allí! –se enoja Vicky- ¡contéstenme! Doña Isabel y doña Ángela, las dueñas, las van a regañar si las ven… explíquenme.

Pero ni Juanita ni Norita pueden responder porque en ese instante salen todos del estudio con caras serias.

Isabel se dirige a las empleadas amablemente- Niñas, necesito por favor que recojan todas las cosas del estudio y las lleven al ático… ¡nos vamos a reunir todos en la sala!

Vicky trata de ir con las empleadas pero Isabel la detiene- ¡Usted también nos acompaña Vicky, vamos!
-¡Si señora! –se asusta Vicky.

Todos en fila india se dirigen escaleras abajo.  Vicky sigue a Isabel, que sigue a Ángela, que sigue a Abitail, que sigue a Valeria, Rebeca, Simón y Antonio.  El último de la fila y a regañadientes es Walter.

Norita y Juanita los ven bajar y ellas entran al estudio a arreglar las cosas.

*

Todos bajan las escaleras a paso lento, como una procesión.  Abajo, Ángela duda.

-Bueno, creo que el tema del que vamos a hablar es un poco extenso, y yo les sugiero que tomen asiento y se pongan cómodos –invita Isabel- ¡Adelante!

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Ángela se sienta en el sofá, junto a Antonio, Abigail y Valeria.

-¿De qué vamos a hablar Isabel? –Ángela incomoda- ¿de lo que ocurrió en ese cuarto?

-¡Sí! –responde Isabel que oficia de director de orquesta- ¡sí, vamos a hablar de eso, y por consiguiente también de algo…! –y mira a su tía Rebeca- ¡que ninguno de nosotros se ha atrevido a hablar! –suspira profundamente y luego se decide- ¡bueno, sin tanto rodeo, del espíritu que vive en esta casa!

-¡Ay, por favor Isabel! –se burla Rebeca, quien está toda vestida de negro, muy apropiadamente - ¡los espíritus no necesitan utilizar ninguna puerta secreta para moverse de un lugar a otro y mucho menos para robar!

-¡O tocar el piano! –agrega Simón.

-¡Aunque hayan descubierto ese cuarto, eso no quiere decir que un desconocido lo toque! –interviene Valeria- ¡nadie puede hacerlo como don Pedro!

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-¡Nadie lo está tocando aparte de él! –anuncia formalmente Antonio.

-¡Por favor Antonio, no sea ridículo! –se enoja Rebeca- ¡si usted y esta niña idiota creen en fantasmitas! ¡yo no!

-¡El lo sigue tocando! –afirma Antonio- ¡y muchos de ustedes saben a lo que me refiero! –y mira directamente a Isabel a los ojos.

Walter, se encoge y abre los ojos con mucho miedo.

*

Cítricos Donoso.

El doctor toma asiento frente al escritorio de Salvador- ¡Créame lo que le digo señor Cerinza! Sin proponérmelo comencé a analizar a su esposa, desde el momento en que vino a pedirme ayuda.

-¡Y descubrió que está perturbada! –concluye Salvador con un dejo de burla, mientras está parado al otro lado del escritorio.

-¡Y tremendamente falta de afecto! –le dice el doctor.

Salvador abre los ojos sorprendido- ¡Yo creo que usted está equivocado! Isabel es una mujer muy seguro.

El doctor ríe con pena- ¡Su seguridad es aparente! –y la recuerda claramente.

“-¡Yo nunca he dejado de ser una… una mujer completamente segura!”

-¡Es una máscara para disfrazar sus temores, sus desconfianzas y su enorme insatisfacción!
-¡Pues honestamente yo no veo que ella pueda estar insatisfecha! Al contrario… ¡mi mujer es una triunfadora! –dice con orgullo- ¡ella ha logrado todo lo que se ha propuesto en la vida!

-¡Es muy agresiva y tal vez eso la haya ayudado a escalar posiciones! –afirma el doctor.

Salvador lo mira incrédulo.

-¡Pero en el plano personal, las cosas son muy distintas!

Salvador suspira impaciente- ¡Entonces usted considera que Isabel es agresiva!

-¡Agresiva, compulsiva y capaz de llegar a los extremos para alcanzar la felicidad que busca!

Salvador se apoya en el respaldo de su sillón- ¡Dígame una cosa! ¿usted considera un defecto, las personas que usan armas para defenderse en la vida, sean las que sean?

El doctor mira a lo lejos sin responder.

-¡Yo no! –le afirma Salvador- ¡yo lo veo como una virtud!
-¡Lo que quiero decirle señor es que su esposa se puede convertir en un peligro para las personas que le rodean! –le advierte- ¡para todas! ¡y usted, usted principalmente puede estar en peligro con ella!

*

Mansión.

-¡Todos estamos en peligro! –Rebeca alza la voz- ¡pero no por culpa de ese espíritu, sino por culpa de un aventurero y un inescrupuloso que se valió de su astucia para engañarnos y perjudicarnos!
-¡No asegure nada! –se enoja Antonio y se levanta- ¡porque usted no conoce completamente a Salvador!
Ángela se apena.

-¡Qué no lo conozco! –ríe Rebeca- ¡miren quien viene a decir que no lo conozco!
-¡No lo conoces! –le corta Isabel- ¡si hubieras conocido a Pedro un poquito más, entonces sí podrías saber acerca de Salvador! ¡pero no fue así!

-¿Qué este acertijo Isabel, te vas a poner de parte de esa gente que está de acuerdo con ese sinvergüenza? ¡vamos a discutir sus canalladas o a defenderlo!
Abigail los mira con horror.

-¡Mira tía yo…! –Isabel ríe nerviosa- ¡yo te aconsejaría que mejor te quedaras callada porque estás muy lejos, muy lejos de sospechar siquiera la verdad!
Rebeca la mira con odio y desprecio.

-¡Si yo los reuní aquí es porque me interesa que todos ustedes sepan lo que yo pienso!

Vicky está aterrorizada.

-¡Porque me interesa que ustedes me digan a mí si mis sentidos están fallando!... –hace una pausa- ¡o si me estoy volviendo loca!

Ángela la mira y luego la consuela- ¡No Isabel, yo no creo que estés loca! ¡di lo que quieras, no tengas miedo!
Isabel la mira agradecida y sigue- ¡De acuerdo, pues! –y toma impulso- ¡tengo pruebas… tengo las suficientes pruebas para demostrar que mi marido… bueno… Salvador Cerinza no existe como tal!
Todos la miran alelados. Rebeca cierra los ojos rogando porque su sueño de destruir a Salvador se haga realidad.

-¡Es decir… de acuerdo… existe para nosotros! –sigue Isabel y hace una pausa.

Valeria y Abigail se refugian una contra la otra con miedo.  Rebeca abre los ojos y se leen un odio demoníaco.

-Ustedes me entienden… es un ser muy extraño –se desespera- ¡es una misteriosa fusión entre el cuerpo de Salvador! –y los mira antes de pronunciar las palabras fatídicas- ¡y el espíritu de Pedro José!
Ángela desvía la mirada.  Simón se lleva la mano a la cabeza. Abigail tiembla como una hoja.  Vicky llorando tiemble en un rincón. Valeria baja los ojos. Antonio se muerde los labios.

*

El parking de Cítricos Donoso.

Caminan uno al lado del otro el doctor y Salvador.

-¡Nunca creí en esa historia descabellada! –le afirma el parapsicólogo- ¡al principio me confundió, pero cuando lo conocí a usted me di cuenta que doña Isabel estaba mintiendo.

-¡Entonces no me considera un fenómeno! –abre los ojos Salvador- ¡o un espíritu que se apoderó de un cuerpo que no le pertenece!
-¡No! –ríe el doctor- ¡he escuchado muchas historias extrañas, pero una posesión de esa naturaleza no existe! ¡se lo aseguro!

Salvador deja vagar la mirada.

-¡No es más que una fantasía de su esposa! Que comprueba su desequilibrio mental.

Salvador asiente y dice con un dejo de burla apenas perceptible- ¡Se nota que usted es un verdadero profesional que no se deja embaucar por cualquier historia!
-¡Soy sólo un médico que quiere ayudar a la gente que lo necesita! –dice sinceramente- ¡y su esposa necesita un control! Sería una lástima que una mujer tan hermosa y talentosa –se dice como para sí mismo- ¡terminara mal!

-Desafortunadamente hay cosas que no tiene remedio –vaticina Salvador.

-¡Todo tiene solución si se hace a tiempo! –le ruega el doctor- ¡ayúdela por favor! Se nota que ella lo quiere a usted mucho… ¡lo que necesita es confiar en usted como confió en su primer esposo!
Salvador lo mira intrigado y curioso- ¿Entonces usted considera que ella confiaba en Pedro José?

-¡Completamente! Estoy seguro que hubiera sido muy feliz con él si no lo hubiera perdido.

Esto afecta a Salvador que se queda pensativo.

-¡Compréndale! ¡luche por ella! –insiste el doctor- ¡convénzale que se ponga en manos de un especialista!
Salvador sonríe burlón- ¡Usted por supuesto!
-¡No, no, no! –se niega el doctor rotundamente con una sonrisa inteligente- ¡no creo que confíe en mí! Llévela a otro… ¡lo importante es que reconozca su desequilibrio y que haga un esfuerzo por recuperarse! Eso es todo.

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Salvador sonríe más tranquilo- ¡Muy bien! –acepta- pues… le agradezco sus palabras.. ¡su afán por ayudar a mi esposa es bien recibido! Estoy seguro que su análisis es casi perfecto –y se despide- ¡Buenas noches! –le da la mano.

-¡Ha sido un placer señor!

Salvador camina dejando al doctor solo, cuando de pronto se arrepiente y reviene sobre sus pasos y a distancia le grita- ¡Solo se equivocó en algo!

El doctor que se disponía a marcharse lo mira sorprendido.

-¡Isabel no le mintió cuando le habló de mí! –le sonríe- ¡todo cuanto dijo es absolutamente cierto! –le afirma.

El doctor se queda boquiabierto y en sus ojos se lee el desconcierto.  Salvador se marcha.  El doctor sigue inmóvil en el mismo lugar.

*

Mansión.

Salvador estaciona el auto enfrente de la casa y baja tranquilamente, ajeno a la reunión de la sala. 

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De pronto ve a Azur y se detiene a acariciarlo y le habla largo tiempo. Luego mira para todos lados con desconfianza, y como presintiendo algo se dirige a la casa donde entra con pasos seguros y sube al piso superior sin detenerse en la sala.

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En el pasillo se detiene sorprendido al darse cuenta que la puerta del estudio está abierta. 

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Se acerca lentamente, duda… y luego entra decidido…

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y ve todos los objetos del cuarto secreto expuesto sobre el escritorio y el piano que está protegido por un mantel. 

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Salvador se acerca a la puerta entreabierta

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e ingresa al cuarto secreto.  La puerta chirría sobre sus goznes.  Salvador prende la luz y mira el escondite descubierto. 

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Suspira nervioso y observa.

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Se pone las manos en el bolsillo. Luego sale al estudio.  En el estudio se apoya en el respaldo de la silla

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y mira alrededor como un animal nervioso, asustado, atrapado, se pasea lentamente. Se acerca al piano y lo acaricia pensativa y preocupadamente.  Toca unas notas.  Detrás de él, como un fantasma, entra Isabel y camina lentamente hacia él.

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-¡Salvador! –lo llama en un susurro- ¡creo que llegó el momento! Tenemos que hablar ¿no crees? –suspira.

-¡Sí! –afirma Salvador sin mirarla- ¡tenemos que hablar!

-¡Pero no solamente tú y yo! –se muerde los labios- ¡tenemos que hablar con todos! –suspira nerviosa- ¡nos están esperando en la sala! ¿vamos? –lo invita.

Salvador la mira a los ojos y luego se dirige lentamente a la puerta y sale.

Isabel cierra los ojos y tiembla como una hoja de papel al viento.  Sintiéndose desfallecer se apoya en el piano y toma fuerzas. 

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Lentamente se repone y camina detrás del Salvador… en la puerta… se apoya nuevamente sin fuerzas.

 (El momento de la verdad se acerca  )

 *

 FIN DEL CAPITULO

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