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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*
La verdadera grandeza, no necesita la humillación del resto.
Amado_Nervo

CAP# 28: miércoles 24 de agosto de 2005 – Los Dominguez se marchan

*

Mansión.

En el ático, como si fuera un nido de amor, desnudos y abrazados en una cama-sofá se encuentran Ángela y Antonio.

-Tengo algo que decirte.

-¿Qué pasa?

-Es algo relacionado con las llaves que estábamos buscando.

-¿Las encontraste?

-¡Encontré un llavero en ese baúl!

-¿Y dónde las tienes!
-¡Ay! Es que eso es precisamente lo que quería decirte… ¡esas llaves desaparecieron anoche!

Antonio se preocupa.

*

Sin que los tortolitos se den cuenta Rebeca sube al ático y entreabre la puerta y los ve.  Sonríe con maldad y en silencio vuelve a cerrar la puerta.

*

Casa de Gaetana.

Gaetana cierra los ojos dispuesta a hacer su teatro de posesión de espíritus, pero se pone nerviosa ante la mirada escrutadora de Salvador que no cree nada de lo que hace.

-¡No siento ninguna vibración! –dice con los ojos cerrados y con voz misteriosa - ¡y ni siquiera tenemos el nivel de concentración necesario! -De pronto abre los ojos y ve que Salvador tiene una sonrisa cínica y grita- ¡Esto es inútil!
-¡Yo estoy muy concentrado! –se burla Salvador- es más…  ¡el espíritu de Pedro José se encuentra en este momento dentro de mi cuerpo! –sonríe- pregunte lo que quiera Gaetana.

-¡No se haga el payaso conmigo! –se enoja- ¡yo soy una profesional en lo que hago y usted… no es ningún médium ni nada que se le parezca!

Salvador cambia de voz y le dice con rabia- ¡Pregunte lo que quiera Gaetana Charry!
Gaetana se pone nerviosa y se calma- Está bien… si es cierto que el espíritu de Pedro José Donoso está dentro de usted… dígame… ¿Cómo nos conocimos?

-Nos conocimos en mi empresa… en una fiesta que ofrecí para todos mis empleados… ¡a usted la contrataron para dar un show! Y se apareció vestida con un atuendo muy peculiar… estrafalario… y llevaba puesto un collar con una serpiente dorada… ¿no es cierto?

-Sí… cierto –duda- ¡que por cierto se me perdió el collar ese día! –lo mira con los ojos entrecerrados- ¿Cómo supo usted de mi serpiente de oro?

-¡No era de oro señora! Era una baratija… estuvimos hablando un buen rato de todo lo que hacia… ¡hasta que terminé por invitarla a la casa y al otro día se apareció muy puntual! –se burla- ¡ansiosa por relacionarse conmigo! Mi empleado Walter le salió al paso y casi no la deja entrar… ¿cierto o no?

-Hum… cierto…

-¡Nos reunimos en el estudio! Y fue ese lugar que desde entonces usamos para vernos.

Gaetana lo empieza a mirar con miedo y tartamudea- Eh… eh… no puede ser no… -respira con dificultad- mire… yo sé que usted está tratando de engañarme… ¡pero no puede ser, usted tuvo que haber trabajado para don Pedro y él se lo contó! ¡eso fue lo que pasó!

Salvador la mira desilusionado- ¡Usted es más increíble que cualquiera que sus clientes!
Esto molesta a Gaetana que se repone y levanta el mentón- ¡A ver!
Dígame… ¿Cuál fue el detalle especial que yo le llevé a don Pedro la primera vez que lo fui a visitar!
-¡Un libro señora! –suspira Salvador- ¡un libro!

Gaetana retiene la respiración.

-Por cierto…  ¡déjeme decirle algo! No me interesó hasta muchísimo tiempo después… -la mira y dice luego de una pausa- se llama “La Vida Después de la Muerte”.

Gaetana empieza a temblar- ¡Ahh! Eso no puede ser… no siga… ¡yo no quiero seguir escuchando! ¡ya, ya! –y trata de levantarse y escapar.

-¡Siéntese Gaetana Charry! –le grita furioso Salvador- ¡siéntese!
-¡Ayyy! –grita Gaetana.

-¡Vamos a seguir hasta que crea todo lo que le digo! –la reta- ¡pregunte! ¡pregunte todo lo que quiera! Vamos a llegar hasta el final.

*

Mansión.

Los tortolitos siguen abrazados sin haberse dado cuenta de la intrusión de Rebeca.

-¿Sigues preocupada por las llaves? ¿estás segura que las dejaste en el baúl? ¡no las habrás dejado en algún otro lado!
-¡No! Te juro que las dejé ahí… ¿no estas enojado conmigo porque te lo oculté, verdad?

Antonio sonríe- ¡No mi amor! ¿Cómo crees? No seas bobita – y la besa.

*

Habitación de Isabel.

Rebeca corre a contarle a Isabel que Ángela y Antonio están en el ático.

Isabel pone cara de triunfo- ¡Estás segura de lo que me estás diciendo tía!
-¡Ay! Claro que si Isabelita… ¡acabo de descubrirlos! –dice feliz de poder contar su maldad- ¡Ángela y Antonio se encuentran a escondidas en el ático!
-¡Tía por favor! –se desespera Valeria.

-¡Tía nada, es la verdad! –le grita Rebeca- ¡y mi sobrina tiene que saberlo para que sepa quien es esa mosquita muerta! Isabel… ¿no deberías hacer algo Isabel? –levanta su voz aguda- ¡esto se está pasando de la raya!

Isabel sonríe con un dejo de maldad y triunfante sale del cuarto.

-¡Por favor Isabel! –le ruega Valeria.

Pero Rebeca la detiene- ¡Isabel nada! Ya déjala… tú no tienes velas en ese entierro Valeria.

-¿Bueno y tú no te podías quedar callada? –le reprocha.

-¿Sabes una cosa? –se enoja Rebeca- ¡me aterras Valeria! ¿Cómo pretendes que una dama como yo… vaya a encubrir a esa parejita de descarados? ¡alguien tiene que ponerlos en su lugar y esa tiene que ser Isabel! –respira- ¡tiene que hacerlo porque en su casa merece respeto por encima de todo!

Valeria la mira preocupada.

*

Isabel llega al pasillo de servicio y mira hacia el ático, duda… pero luego sube decidida.

*

Casa de Gaetana.

Gaetana tiembla.

-¡Estaba complacida con un cliente tan esplendido como Pedro José Donoso! –se burla Salvador- Hasta que un día atacó a mi esposa… ¡Isabel Arroyo! ¿lo recuerda?

Gaetana no puede contestar.

-¡Insistió en que no debía casarme con ella! Y horas antes de mi matrimonio se apareció en mi casa… invocando un extraño sueño que había tenido.

-¡Por favor no siga! –le implora- ¡no quiero escucharlo, no, no quiero!

-¡Eso no es lo peor Gaetana! lo peor vino después… las continuas pesadillas con ese pobre pesadilla… que se convirtieron en una obsesión… ¡y usted! –le acusa- ¡me aseguró que se trataba de un espíritu que rondaba mi casa!

-¡No siga! –Gaetana tiembla de pies a cabeza e implora como si la estuvieran torturando- ¡no, no!

-¡Nada de lo que me dijo era cierto! –le reprocha Salvador con rabia- ¡nada! La verdad es otra… ¡y ahora la conozco!
-¡Pero yo no quiero seguir escuchándolo! –se levanta gritando y llorando nerviosa- ¡usted me da miedo! ¡me da mucho miedo! –trata de escapar- ¡yo me quiero ir de aquí! ¡Aayyy!
Salvador la detiene del brazo- ¡Más miedo va a sentir cuando termine de contarle el resto de la historia! –suspira- ¡va a saber lo que pasó la noche de la muerte de Pedro José Donoso! –hace una pausa- ¡la noche de  mi muerte!
*

Ático.

Antonio y Ángela caen dormidos uno en brazo del otro.

Isabel entra y los mira largamente.

Isabel sonríe y cruza los brazos y suspira.

Ángela la escucha y abre los ojos.  Antonio se despierta.  Ambos la mira asustados.

*

Casa Gaetana.

-¡Quiero que se vaya de mi casa! –implora Gaetana- ¡suélteme!
-¡Está en la obligación de oírme!

-¡Yo no tengo ninguna obligación! ¡váyase de mi casa! –habla rápida y entrecortadamente- ¡no me pague si no quiere! ¡pero no me siga atormentado! ¡Lupe! –llama a gritos.

-¡Escúcheme bien! –le amenaza Salvador- ¡Si vuelve a echarme, nunca más la buscaré Gaetana y me quedaré convencido de que no es más que una vulgar embaucadora! ¿me oye?

Lupe llega corriendo- ¿Qué pasa doña Gaetana?

Gaetana duda y responde temblando- ¡E… era para decirte que… si me llaman… no estoy para nadie!
-Como usted mande señora- se retira.

-¡Vamos a continuar! –decide Salvador y ambos se vuelven a sentar a la mesa de la sesión- ¡espero que no vuelva a interrumpirme! Le aseguro que todavía no he llegado a lo más importante.

Gaetana lo mira aterrorizada.

*

Ático.

Isabel sonriendo mira a Ángela y Antonio que terminan de vestirse.

-¡Antes de cualquier reclamo déjeme explicarle lo que está pasado señora! –se apresura Antonio.

-¡No, no tiene que darme ninguna explicación! –le corta Isabel- ¡y mucho menos usted!

-Antonio, por favor déjanos a solas –ordena Ángela- ¡necesito hablar con Isabel y yo arreglo esto!

-Ángela… ¡ni creas que voy a dejarte sola en esto!

-¡Antonio por favor, déjanos solas, necesito hablar en privado con Isabel!
-Y yo no tengo por qué discutir de este asunto –dice Isabel con una sonrisita- ¡a mi basta y me sobra… lo que acabo de ver!
-¡Isabel por favor! –le reclama Ángela y luego mira enojada a Ángela- ¿Y Antonio? ¡no me oíste! ¡déjanos a solas!

Antonio recoge sus cosas y sale.

 

(como siempre Antonito… ni chicha ni limonada! haciendo lo que le dicen los demás! )

 

-¡No tienes por que justificarte Ángela! –se burla Isabel.

-¡Sí! No tengo por qué hacerlo, sólo quiero que sepas que respondo por mis actos… ¡y que no me avergüenza en lo más mínimo mi relación con Antonio! Si quieres hacerme sentir mal… perdiste tu tiempo.

-¡No, no lo perdí! Porque ahora me acabo de dar cuenta que tú eres una mujer como cualquier otro… ¡qué también te dejas llevar por tus pasiones Ángela! –suspira.

-¡Las mías no son bajas como las tuyas! –le responde Ángela picada.

-¡Son exactamente las mismas Angelita! Las mismas… -Isabel con rabia- ¡o quizás peores por enredarte con un don nadie! –la mira de pies a cabeza- ¡te falta altura para relacionarte Ángela! ¡te falta mucha altura!
*

Antonio baja las escaleras corriendo, y en el piso inferior se encuentra cara a cara con Walter y Rebeca que están vigilando y lo miran con indignación y acusadores.

-¡Antonio! –aparece Abigail y que se queda intrigada con la situación- ¿qué hacías ahí?

Antonio la mira con aire culpable.

-¿Qué está sucediendo? –pregunta Abigail sorprendida.

Rebeca sonríe con maldad- ¿Por qué no le cuenta Antonio? ¿Por qué no le dice a su querida mamá toda la verdad? ¿he?

Antonio mira a su madre, luego a Rebeca y Walter, y sin decir más se marcha corriendo.

-¡Antonio! –grita Abigail- ¡Antonio! –y sale corriendo detrás de él.

-A ese muchacho no lo paso –comenta Walter con voz de ultratumba- ¡ya es hora que le ajusten cuentas! Ese muy descarado estaba ahí… en el ático… con la señorita Ángela.

*

Ático.

Ángela mira a Isabel y sonríe con sorna- ¡Por lo visto ya olvidaste de dónde vienes Isabel!

Isabel recibe el golpe y se le corta la sonrisa.

-¡Tú eres la menos indicada para cuestionarme o para criticar a alguien tan honrado como Antonio!
Pero Isabel no se deja tan fácilmente- ¡No, no, no! –chasquea la lengua- ¡ni tú ni él son honrados! –le recuerda- ¡si lo fueran, Ángela, entonces no escogerían el último rincón del mundo para verse!.... ¡lo harían a plena luz del día y delante de todo el mundo! ¿no crees?

-¡Qué es lo que quieres! ¿armar un escándalo?

- ¡Tu estancia aquí te está perjudicando mucho Angelita! Yo que tú me iba.

Ángela sonríe- ¡Eso es lo que más deseas! ¿no es cierto?

-¡Te lo digo por tu bien Ángela! –Isabel levanta la voz- ¡además tu padre nunca aceptó a Antonio como tu novio, y creo que lo mínimo que puedes hacer es respetar su voluntad!
Ángela deja de sonreír y la mira sería- ¡Mi papá murió equivocado en muchas cosas! –hace una pausa- ¡especialmente contigo!
-¡Mira Ángela! Si tú lo que pretendes es desafiarme entonces yo te voy a responder… ¡yo tengo todo el derecho de poner orden en esta casa y lo primero que voy a hacer es poner en su lugar el atrevido de Antonio!
-¡Si te metes con él, no respondo Isabel!

-¡Ah! –Isabel simula una risa- ¿Me estás amenazando querida? ¡yo no tengo por qué encubrir tus relaciones con el hijo… con el hijo de una criada! –y diciendo esto da media vuelta.

-¡No te atrevas a decirle nada Isabel! –le grita Ángela y al darse cuenta que Isabel va decidida grita- ¡Isabel, te estoy hablando!
*

Pero Isabel prefiere no escucharla y camina a grandes pasos, mira una vez para atrás y luego sigue.

-¡Isabel, te estoy hablando! –repite Ángela desde lo alto- ¡Isabel no te atrevas!
Pero estos gritos hacen simplemente que Isabel baje las escaleras corriendo.

Ángela que viene detrás persiguiéndola con sus altos tacones de pronto pierde pie y cae desde lo alto de la escalera gritando- ¡Ayyy!

Isabel se detiene y se da vuelta para verla caer y se pone pálida y grita desesperada -¡Ángela! –con la voz llena de terror.

Ángela yace en el suelo inconciente, e Isabel corre y se arrodilla a su lado -¡Ángela! Por favor –gime con la voz quebrada y luego pide auxilio desesperada- ¡Abigail! ¡Walter! ¡por favor vengan a ayudarme! ¡corran! –grita a todo pulmón.

*

Casa Gaetana.

Gaetana tiembla- Usted me confunde terriblemente, se lo juro.

-¡Debe parecerle espantoso todo lo que le estoy diciendo!

Un viento frío pasa por la pieza.

-¡Pero le juro que le estoy diciendo la verdad! Mis visiones con ese campesino, el momento de mi muerte cuando tocaba el piano… yo no sabía que estaba agonizando… ¡no lo sabía!

Salvador recuerda a Pedro José Donoso tocando el piano y cayendo sobre él.

-¡Después todo fue muy confuso! Una sensación… como de levedad me invadía… y yo no sabía que estaba pasando… ¡no sabía que había muerto! –hace una pausa- ¡luego me hundí en la más profunda oscuridad! Hasta que… ¡desperté!... en un extraño lugar.

Recuerda a Salvador dentro de un ataúd preguntándose a sí mismo- “¿Dónde estoy? ¿qué significa esto? –tosiendo porque le falta aire- ¡necesito salir de aquí!” –y grita- ¡Oigan!

Salvador vuelve a la realidad- ¡Y desperté en un lugar completamente desconocido! Rodeado por gente que jamás había visto en mi vida… sólo después de mucho tiempo fue que comprendí que estaba… ¡ocupando el cuerpo de otro hombre! –la mira a los ojos- ¡y ese hombre es el campesino de mis sueños  Gaetana!

Y recuerda a Salvador mirándose en un espejo: “Este no soy yo… ¡no soy yo! ¿qué me pasó?”

-¡Y ese hombre! El campesino de mis sueños está frente a usted Gaetana Charry –le dice llorando- ¡soy yo! ¡aunque interiormente no haya dejado de ser Pedro José Donoso!

Gaetana lo mira con terror.

*

Mansión.

Antonio se arrodilla al lado de Ángela e Isabel y se desespera- ¡Ángela! ¿qué sucedió? ¡por favor responde! ¿qué tienes?

Ángela no reacciona.

Antonio mira a Isabel y la acusa directamente- ¡Qué le hizo señora Isabel!
-¡Yo no le hice nada! –se defiende Isabel- ¡ella se tropezó y se cayó por las escaleras!

-¡Seguramente usted la aventó! –grita Antonio.

-¡Ah! Antonio no se atreva a hablarme así –Isabel se levanta- ¡les juro que yo no tuve la culpa!
-¡Pero cómo se atreve a acusar a mi sobrina! –grita Rebeca- ¡mucho cuidado!
-¡Yo la veo muy mal, es que no reacciona! –Abigail se desespera.

-¡No se preocupe! Voy a llamarle al médico –e Isabel sale corriendo.

-¡Por favor ayúdenme! ¡ayúdenme Walter! Con cuidado.

Y mueven a Ángela.

*

Casa de Gaetana.

Gaetana llena de terror se esconde debajo de la mesa y llora aterrada.

Salvador se exaspera- ¡Ya salga de ahí Gaetana, se está comportando como una niña estúpida!

-¡No, yo no salgo de aquí! ¡déjeme en paz! –llora- ¡se lo suplico por favor! ¡ya escuché lo sufienciente! –Salvador la toma del brazo y la hace salir- ¡ayyy! ¡suélteme! ¡suélteme! ¡no! Tengo miedo.

-¡Por el amor de Dios, contrólese!
-¡Nunca en mi vida había estado con un fantasma! –lo mira con miedo- ¡déjeme en paz! ¡me muero de miedo!
-Gaetana… ¡contrólese! ¡yo necesito su ayuda!
Gaetana llora- ¡Por qué me está pasando esto a mí, Dios mío! ¿Por qué a mí? –y solloza a gritos.

-¡Cálmese por favor, yo necesito ayuda, trate de controlarse!
-¡No, no, no! ¡déjeme, suélteme, suélteme, se lo suplico! ¡Suélteme! –grita.

-¡Me está colmando la paciencia! Contrólese por favor.

-¡Yo le creo, yo le creo, por eso estoy muerta del susto! ¡por eso! ¡pero déjeme en paz, se lo suplico! –llora- ¡Dios, yo me arrepiento de todas mis patrañas! –empieza a rezar- ¡protégeme!

-¡Usted dice llamarse maestra de las ciencias ocultas! –Salvador la mira decepcionado- ¡espiritista!

Pero Gaetana solamente tiembla como una hoja y llora.

-¡Usted no es más que una vieja chillona y embaucadora! ¡como demonios pude confiar… en una vulgar embaucadora!

-¡Soy… soy mentirosa! Sí, ya sé, soy mentirosa, lo confieso… ¡pero por favor, déjeme en paz! ¡se lo suplico! –le pide llorando- ¡Ay Dios!
-Si aún le queda un poco de valor –y Salvador escribe en un papel- ¡trate de llamarme a este número! –y está a punto de marcharse cuando se detiene y la mira- ¡pregunte por Salvador Cerinza… así me llamo ahora!
Y deja a Gaetana que es un manojo de nervios.

Lupe entra corriendo- ¡Doña Gaetana!

-¡Lupe ayúdame! –grita Gaetana llorando se refugia en sus brazos- ese pobre… ¡es un fantasma Lupe! ¡es un fantasma!

*

Salvador sale afuera y a la luz de la luna camina triste y solo.

*

Mansión.

Abigail acorrala a Antonio en su habitación - ¡Dime qué estabas haciendo en la buhardilla con la señorita Ángela! ¿he? ¿qué demonios estabas haciendo allá?

-¡Mamá ya! Deja de regañarlo… -interviene Simón- Suficiente tuvo el pobre con lo sucedido como para que tú también vengas a reclamarle.

-¡Tú te callas y no te metas Simón! –le corta- ¡tú eres el menos indicado para entrometerte! Si ni siquiera sabes lo que estaba haciendo tu hermano.

Pero Simón si sabe, y Antonio y él se miran.

-¡Es que he hecho yo para merecer esto! –sufre Abigail- ¡para que sean los dos así de irresponsable como son! ¿qué pecado he cometido Dios mío? –llora- ¿Cuál?

*

En la sala Rebeca, Walter y Valeria.

-¡Todo comenzó con la imprudencia de esa niñita y del igualado de Antonio! –Rebeca- y para colmo de males, pues se atreven a acusar a Isabelita… ¿ustedes escucharon cuando dijo que ella lo había empujado?
-¡Yo escuché perfectamente y le juro que la sangre se me subió a la cabeza porque ese muchacho… es un atrevido –Walter.

-¡No voy a permitir que lancen falsas acusaciones! Es un sinvergüenza y ahora mismo se lo voy a decir a él y a toda su familia.

-¡No, no tía! ¿adonde vas? –Valeria- ¡tú no tienes derecho a reclamar nada! Si alguien tiene la culpa de lo que pasó aquí… ¡fuiste tú!

-¡Qué  me estás diciendo muchachita! ¡he!

-¡Tú eres la única responsable por llevarles quejas a Isabel, tía! Si encontraste a Ángela con Antonio en el ático… ¿Por qué no te quedaste callada? ¡acaso te pagan por vigilarlos o qué!

-¡Ay! ¡Esta casa no es un prostíbulo Valeria! Y esos descarados deben respetarla.

-Bueno, pero no son unos niños y ya saben lo que hacen… ¡además esta casa también le pertenece a Ángela y puede hacer lo que le venga en gana!
-¡Si sigues hablando así me voy a avergonzar de ser tu tía hija! Por favor… ¡qué manera tan repugnante de pensar tienes Valeria! ¡qué libertinaje tan asqueroso! ¡uy!
Valeria enojada se marcha.

Walter la mira y murmura-¡Me da pena decírselo doña Rebeca! Pero aquí entre nosotros… su sobrina Valeria… ¡es una completa calamidad! Se está convirtiendo en un estorbo.

*

Andrés conduce a Isabel de vuelta del hospital.

-¡Estoy harto de repetirte lo mismo! –se queja- ¡Abigail y su familia son un estorbo! Tienes que echarlos de tu casa.

-¡No los voy a echar! –se niega Isabel- ¡a ninguna parte los voy a echar! Pedro siempre los protegió y yo voy a respetar su última voluntad.

-¿De qué voluntad me hablas? ¡ese viejo no los conocía, estaba ciego con ellos Isabel! ¡ciego!
-Bueno, ¡ya por favor Andrés! Estoy muy nerviosa con todo lo que pasó, ya cállate por favor.

-¡No me voy a callar! ¡no pienso callarme! –dice furioso mientras conduce- ¡Abigail y su familia son un peligro, tienes que echarlos! ¡sobre todo Antonio!
-¡Bueno, y qué  quieres que haga! –le grita Isabel- ¡quieres que le prohíba a Ángela que tenga relaciones con él! –se burla- ¡ella es totalmente libre de hacer lo que se le pegue la gana! Eso es justamente lo que le voy a decir ahora que salga del hospital.

-¿Qué dijeron los médicos?

-¡Que no tiene nada grave! –suspira Isabel aliviada- ¡que sufrió un esguince del tobillo y si perdió el conocimiento fue porque se golpeó la cabeza! De todas formas le van a sacar unas radiografías para estar más tranquilos.

-¿Cuándo crees que salga del hospital?

-¡Si todo marcha bien en dos días!

-¡Deberías aprovechar ese tiempo para echar a los Domínguez!
-¡Que no lo voy a hacer! –le grita Isabel- ¡no me atrevo a hacerlo Andrés!
-¡Tienes que hacerlo! –le grita furioso Andrés- ¡te lo exijo!
-¡Tú no puedes obligarme a hacerlo Andrés!

-¡Cómo que no puedo! –le grita Andrés amenazadoramente- ¿te olvidas que eres la dueña de la casa porque yo te puse allí?

Isabel se muerde los labios.

-¡Tienes que hacerlo! ¡dependes de mí!
-¡Andrés, por favor!
-¡Yo voy a tomar las determinaciones que me plazca! –le amenaza- ¡así que no te sientas superior porque no lo eres! ¡tú y yo estamos en las mismas condiciones! –suspira seguro de sí mismo- ¡así que vas a echar a los Domínguez! Y cuando Ángela vuelva a la casa esa gente tiene que estar muy lejos… ¿está claro? –la mira con amenaza.

Isabel lo mira furiosa.

*

Un hotel elegante.

Salvador entra y pregunta en recepción- ¿Algún mensaje para el 302?

Le contestan que no y luego se dirige a su habitación, entra y se tira en la gran cama y suspira cansado- ¿Y si Gaetana me falla? –se pregunta desesperado- ¿qué voy a hacer, a quien voy a recurrir? –mira al techo- ¿Quién va a creer lo que me está pasando? ¿Quién? ¡estoy solo, completamente solo!

 

(como todos Salvador…  como todos)

*

Mansión.

-¡Vives quejándote de mis locuras y tú estas peor que yo hermano! –se burla Simón- ¿es que cómo se te ocurre dejarte pillar con las manos en la masa?

-Bueno ya Simón, ¡deja de molestarme!
-¡Es que no hay derecho! Te la pasas reclamándome mi relación con Consuelito y tú no tienes inconveniente en armar tremendo escándalo… ¡hasta la empleadas saben que la señorita de la casa se acuesta con mi hermano en el desván!

-¡Ya, suficiente tengo escuchando los sermones de mi mamá para que ahora tenga que escuchar los tuyos!
-¡Yo no quiero amargarte la vida, pero si tú dices que Consuelito no me conviene, pues a ti Ángela mucho menos!

-Mejor me voy a la universidad –decide Antonio- ¡no sé cómo voy a estudiar porque no he podido pegar el ojo en toda la noche.

-Si yo estoy igual que tú, dormí peor que una lechuza.

En ese momento llega Abigail que está triste y seria.

-Mamá… ¿sabes algo de Ángela? –Antonio.

-¡Sí! Doña Isabel dice que está estable y que en un par de días saldrá del hospital.

Antonio sonríe- Entonces voy a verla antes de irme a la universidad.

-¡No hijo! no… no hay tiempo Antonio… ¡la señora Isabel quiere hablar con nosotros! Y de una vez les advierto que se vayan preparando para lo peor… ¡porque la situación está muy critica!

Los tres se miran preocupados.

*

-¡No! No te preocupes Andresito –Rebeca habla por teléfono- después del fiasco de anoche las cosas no serán igual –sonríe complacida- ¡Isabelita hablará con esa gentuza! Y… ya supondrás para qué … no… descuida cariño… descuida… ¡yo también pondré mi granito de arena para que todo marche a las mil maravillas! Bueno.. Adiós –y corta y ríe feliz- ¡Al fin tenemos una oportunidad perfecta para deshacernos de esa plaga Walter! –le dice.

Walter que estaba escuchando asiente.

-¡Nos libraremos de Abigail y sus hijos!
-¡Yo lamento mucho el accidente de la señorita Ángela! –dice Walter con su voz compuesta- ¡pero no hay mal que por bien no venga doña Rebeca! –sonríe complacido- ¡si todo sale bien nunca más tendremos que soportarlos! ¡no veo la hora de que se larguen de esta casa!

*

Casa Gaetana.

Mas calmada- ¡Nunca creí que ese condenado hablara en serio! ¡Ay! Pero cuando comenzó a revelar detalles que solo el difunto Pedro José podía conocer… ¡te juro que se me empezaron a revolver las tripas de los nervios!
-¡Ay virgencita, se me pone la piel de gallina con todo lo que me cuenta! –Lupe le dice mientras arregla el desorden y toma el papel que dejó Salvador.

-¡Es que nunca imaginé que una cosa así fuera a pasarme Lupe! Hoy amanecí decidida a cerrar el negocio porque estoy espantada… ¡no pude pegar el ojo ni una hora en toda la noche!
-¿De veras? –Lupe la escucha mientras sigue limpiando- ¡No, no! Si se le nota en la cara – dice distraída- ¡luce terrible!
Gaetana la quiere matar con la mirada.

Lupe tartamudea- Digo… ¡ay! ¿quiere que le prepare un cafecito?

-¡Endulzado con arsénico! ¡quiero morirme!
-¡No me haga eso señora! ¡no! Tampoco es para tanto.

-¡Lupe! ¡era el fantasma del difunto Pedro José Donoso! Y su mirada… fría y profunda se me quedo grabada aquí.

-Bueno, trate de calmarse doña Gaetana… ¡trate!

-¡A mí lo único que me encantaría seria tener el valor de enfrentar este caso! Lupe, yo toda la vida quise tener una experiencia extrasensorial… y ahora que se me presenta… ¡cobarde! ¡soy una cobarde!
Lupe ya no la escucha y se pone a leer el papel- ¡Salvador… Cerinza! ¿Quién dejó esto doñita?

-¡Él! ¡ese individuo me dijo que se llamaba así! Pero es… -mira el papel temblando- ¡es la letra de Pedro José Donoso! Estoy segura.

-¡Ay!

-¡Me hizo cheques en varias oportunidades! Ese hombre no miente –tiembla- ¡no miente!
*

Hotel.

Salvador duerme en la enorme cama cuando el sonido del teléfono que suena lo despierta. 

Contesta somnoliento- Bueno.

-Salvador Cerinza –dice Gaetana al otro lado de la línea- ¡quiero verlo, aunque sea lo último que haga en esta vida, yo necesito hablar nuevamente con usted!

Salvador se queda pensativo.

*

Mansión.

Los Domínguez se presentan en la sala dónde los esperan Isabel y Rebeca.

-¡Estamos a sus ordenes señora Isabel! –dice Abigail.

-¡Vicky! –ordena Isabel- ¡le pido por favor que nos dejen a solas y después terminan con el trabajo.

-Si señora –y Vicky y las empleadas se retiran.

-¡Esta situación es muy incomoda para mí! Pero yo soy la responsable de mantener el orden en esta casa, así que no me queda más remedio que enfrentarla –dice Isabel con dificultad.

-¡El orden es de suma importancia! –anuncia Rebeca- sobre todo si se trata de mantener las buenas costumbres.

-¡Usted ha sido una excelente empleada Abigail! –Isabel- mi intención era protegerla como lo hacía Pedro pero la situación rebasó los limites y lo que hizo Antonio no puedo pasarlo por alto.

-¡Ay! Yo estoy muy de acuerdo contigo sobrinita –Rebeca- ¡gracias a Dios que las cosas no pasaron a mayores! ¡par de irresponsables!
-¡Lo de anoche fue un accidente señora y mi hijo no tuvo la culpa! –Abigail.

-¡No me diga señora! –se burla Rebeca- ¡mire, su hijo es el único responsable! ¡se veía a escondidas con Ángela! ¡eso es un descaro increíble!

-¿Y a qué  le llama usted descaro señora? –Antonio.

-¡A las asquerosidades que estaban haciendo tú y esa niñita inconciente!

-¡Primero que todo no fueron asquerosidades! Y lo que estábamos haciendo es asunto nuestro y ni usted ni nadie tiene derecho a intervenir.

-¡Claro que si! –le corta Isabel- ¡y se equivoca! ¿le tengo que recordar que yo soy responsable de cuidar a Ángela? ¡que yo tengo que velar por su reputación!
-¡Ay Dios mío! –se burla Simón- ¡miren quien viene a hablar de reputación! Señora… no me obligue a soltar unas cuantas verdades… ¡Ángela no es ninguna niñita cómo para que la cuide, ella está bastante crecidita cómo para hacer de su vida lo que le plazca!

-¡No vine a discutir con ustedes sino a encontrar una solución! –se calma- ¡pretendo que nadie salga perjudicado de la mejor manera!
-¿Y a usted qué le va a importar nuestro beneficio? –Antonio- ¡no nos salga con cuentos señora Isabel!
-Antonio, ni una palabra más –interviene Abigail- ¿qué sugiere usted señora Isabel?

-¡Qué como comprenderá… ya no pueden permanecer en esta casa! –hace una pausa- ¡les pido que se vayan lo más pronto posible!

*

Cementerio.

1940-2005

Salvador está mirando su tumba cuando llega Gaetana y lo mira con miedo.

*

Mansión.

Isabel le da un cheque a Abigail- ¡Su sueldo y una muy buena indemnización por sus servicios!

Abigail toma el cheque con pena.

Pero Rebeca se abalanza y se lo arranca- ¡A ver! ¡ay! ¡una suma nada despreciable! ¿he? Sobre todo para una gentecita como ustedes… ¡ojala se vayan hoy mismo! Nos harían un gran favor.

Isabel reacciona enojada- ¡Tía! ¡por qué no te callas!

-¡Ay Isabelita! Quiero ayudarte por favor… ¡yo sé que esto es muy difícil y quiero ayudarte a enfrentarlo!
-¡Tía! –le grita Isabel y la hace callar y luego se dirige con voz calma a Abigail- ¿Está usted satisfecha Abigail?

Abigail mira triste el cheque- Nada… ¡ningún dinero va a compensar el dolor de dejar esta casa dónde fuimos tan felices! –dice con los ojos llenos de lágrimas- ¡pero este día tenía que llegar antes o después… y es mejor que lo aceptemos! Va a ser difícil encontrar a dónde irnos… pero… ¡pero nos iremos lo antes que podamos señora! Ustedes no se preocupen.

-¡No! –de pronto reacciona Simón- ¡que no se preocupen! ¡nada! ¡ahora es cuando más se van a tener que preocupar!
-Simón –Abigail.

-¡Porque no nos vamos a marchar mamá!
-Simón, por favor.

-¡Yo estoy de acuerdo con mi hermano mamá! –Antonio- ¡no pueden corrernos así de buenas a primeras y librarse de nosotros con unas cuantas palabritas y un cheque!
-Por favor, no hagan las cosas más difíciles –Isabel.

-¡Usted es quien lo está haciendo difícil al obrar de esa manera! –Antonio.

-¡El dinero! El dinero no nos importa… -Simón toma el cheque- ¡el día que nos marchemos de esta casa lo vamos a hacer sin ni un centavo! –y ante la mirada espantada de Abigail para quien el dinero tiene un significado real y no romántico como para Simón, rompe el cheque en pedacitos- ¡no somos tan miserables como ustedes creen señora!
-¡Niño estúpido! –grita Rebeca.

-¡Ni somos tan hambrientos como ustedes! Quien sabe de qué  porquerías se habrán valido para llegar a dónde están –sigue gritando Simón- ¡nosotros seremos pobres pero muy decentes!

Abigail llorando- ¡Simón por favor, ni una palabra más!

-¡No! –le grita Simón- ¡Ahora es cuando Antonio y yo empezamos a hablar mamá! Tú ya dijiste lo que tenías que decir… ¡ahora nos toca a nosotros!

*

Cementerio.

-¿No le resulta extraño estar parado ante nuestra propia tumba sabiendo que ahí se encuentra sepultado el tiempo que nos acompañó durante tanto tiempo! –suspira- ¡más de setenta años! ¡es difícil aceptar que, pero más difícil aún es acostumbrarse a un cuerpo nuevo! –respira con dificultad ¿no cree que es una pesadilla capaz de enloquecer al más cuerdo? –mira a Gaetana que llora- ¡Ayúdeme por favor! –le ruega- ¡porque no quiero terminar loco!

Salvador le pone una mano en el hombro y Gaetana lo mira temblando.

 

(ojo que calcula mal)
*

Mansión.

-¡Locos! Son un par de locos y no tenemos por qué aguantar sus insolencias… ¡vamos Isabel! ¡vamos! –grita Rebeca.

-¡Adelante! Pero no crean que les vamos a dar el gusto –Antonio.

-¿Ustedes que creyeron? –Simón- ¡ya nos libramos de este par de bobos así de fácil! Pues déjeme decirle que se equivocaron, porque además señora Isabel recuerde que en esta casa no nada más manda usted.

-¡No sea usted atrevido! –le grita Isabel.

-¡Atrevida es usted que se atreve a hablar de reputación cuando a mi me consta que de eso no tiene nada!
-¡Cuidado con lo que dice Simón!
-¡Y si sigue empeñada en atacar a mi hermano y a Ángela! Pues entonces yo voy a gritar todo lo que sé… ¡ellos son libres de verse en el ático, en el cuarto, en el baño, dónde se les pegue la gana porque esta casa también es de Ángela!
-¡Confiese! –Antonio- ¡Ándele, confiese que se están aprovechando de la ausencia de Ángela para corrernos! Pero no crea que le vamos a dar ese gusto, porque nosotros no nos vamos de aquí ni a rastras.

-¡Por favor, ya basta Antonio! –grita Abigail llorando- ¡no nos vamos a quedar en una casa dónde no nos quieren! ¡yo ya estoy harta de tanto disgusto por Dios!
-¡Aunque estés harta mamá, no nos vamos! Ángela tiene que saber todo esto antes de irnos.

-¡Pero antes que nada hijo! ¡antes que nada está nuestra dignidad! Así que hazme el favor de entenderlo por favor.

-¡Perfecto! –interviene Isabel- ¡entonces de usted depende que las cosas salgan bien Abigail! Por lo pronto yo no tengo nada más que decirles –e Isabel huye escaleras arriba.

Rebeca al quedar sola les grita- ¡Si se niegan a marcharse los sacaremos a la fuerza, para que vean!
-¡Atrévase! –le grita Simón- ¡atrévase!

-¡Pues ahora mismo voy a llamar a Walter para que saque todas sus cosas! ¿entendido?

-¡Usted se mete en nuestros cuartos y yo le voy a enseñar quien es la arrimada aquí! ¡vieja atrevida! –Simón.

-¡Por Dios ya! –Abigail.

-¡Mamá, por qué nos vamos a callar! Si ellos se están metiendo en nuestras intimidades, pues entonces nosotros les sacamos los trapitos al sol.

-¡Walter! –grita Rebeca y sale corriendo- ¡Walter!

*

Habitación de Abigail.

Abigail llora- ¡Esto ya se terminó! Y se terminó muy mal… ¡vamos a empacar nuestras cosas muchachos! –decide.

-¡No mamá! –Simón- ¡empacar no!

Pero Abigail lo mira decidida- ¡Hoy nos vamos de esta casa Simón! ¡nos vamos así tengamos que dormir debajo de un puente!

-¡No mamá! No nos vamos a ir –Antonio- ¡así se abra cielo mar y tierra no nos vamos! ¡los vamos a enfrentar se oponga quien se oponga!
*

Cementerio.

-Terminé aceptándolo… ¿qué remedio me quedaba? –suspira Salvador-¡Al final de cuentas este cuero es muchísimo mejor del que tuve cuando era joven! ¿para qué rechazarlo entonces?

-Déjeme ver su mano –le ruega Gaetana y le estudia la palma de la mano y se asusta- ¡esa línea de la vida es mucho más corta!
-¡Qué importa que sea corta Gaetana! ¿usted no se ha puesto a pensar en otros ancianos, hombres y mujeres en edad madura que no darían todo lo que tienen por recuperar su juventud! ¡todos tal vez!
-¿Pero usted se da cuenta de la situación por la que atraviesa? ¡como Salvador Cerinza usted no tiene ni dónde caerse muerto! ¡perdió todo Pedro José!

-¡Pues sí! –acepta Salvador- ¡ni modo de pensar en fábricas y en propiedades! Estoy en la calle… pero con un vestido humano completamente nuevo… ¡y no pienso renunciar a mi familia Gaetana!
-¡Qué más puede hacer hombre! ¿presentarse en casa de su familia? y decir: Soy yo… ¡Pedro José Donoso! Y vengo a reclamar todo lo que me pertenece… ¡sólo que estoy en el cuerpo de otro hombre!
-A mí los bienes materiales, poco me importan… ¡pero no voy a renunciar! ¡ni a Ángela! ¡ni a las personas que tanto quise! –sonríe- si regresé es por ellos y lo que más deseo es volver a verlos.

-¡De ellos también tendrá que olvidarse Salvador Cerinza!

-¡No pienso olvidarme de nadie! –se enoja- Gaetana… por favor… ¡no me vuelva a llamar Salvador Cerinza!
-¡Tengo que llamarlo así! –le grita Gaetana- ¡me entiende! Pedro José Donoso está aquí… -le muestra la tumba- ¡y su cuerpo se está pudriendo en esta tumba! Usted… es Salvador y como tal va a tener que seguir viviendo –da media vuelta.

-¡Gaetana! –la llama.

-¡Ya lo escuché y fue suficiente! Por favor no insista hombre… en mi vida imaginé tener frente a mí un caso como el suyo… ¡yo no quiero tener nada que ver con fantasmas!
-¡Yo no soy un fantasma Gaetana! –le suplica- ¡yo soy un hombre de carne y hueso que necesita su ayuda! Por favor… ¡no tengo a quien más recurrir! No me de la espalda ahora que tanto la necesito.

-Yo…

-Por favor –le ruega.

-Yo lo siento mucho… ¿no ve que… yo no me siento capaz de enfrentar un fenómeno de esa naturaleza hombre? ¡es demasiado para mí! –y sale huyendo- ¡demasiado!
Salvador se queda solo al lado de su tumba.

Gaetana corre… pero se detiene a unos metros… y se enoja consigo misma- ¡Deja la cobardía Gaetana! ¿qué clase de bruja eres? –y de reojo mira a Salvador y vuelve lentamente sobre sus pasos- Olvide todo lo que le dije –murmura- ¡puede contar conmigo incondicionalmente!... ¡don Pedro José Donoso!

Salvador le da la mano y Gaetana la acepta, se miran a los ojos. Salvador cubre con sus manos las de Gaetana.

*

Mansión.

-¡No señores! –grita Vicky- ¡si saben contar no cuenten conmigo! ¡no voy a mover ni un solo dedo en contra de Abigail y los muchachos! ¡es como si estuviera atacando a mi propia familia!
-¡Es una orden de Isabel! –grita Rebeca- ¡todos los empleados tienen que ayudarnos a sacar a esa gentuza de esta casa! ¿entendido?

-¡Ah! ¡ni que estuviéramos locas! Definitivamente nos oponemos – grita Vicky.

-¿Quieren son ustedes para oponerse? –Walter- ¡unos simples y pobres empleaduchos y nada más! ¡no sea insulsa Vicky!

-¡Y usted no sea desgraciado Walter! ¿Cómo es posible que se meta con una mujer tan honrada como Abigail! –está furiosa.

-¡Mire criada! –Rebeca le grita- ¡no se exponga a que la eche a usted también por igualada y por grosera!
-¡Ah, como si a esta criada le importara! ¡fíjese! Si mi amiga se va, yo me voy con ella sin necesidad de que me echen… ¡no me quedo ni un solo minuto en este infierno!

*

Habitación de Isabel.

Valeria entra descompuesta- ¿Le ordenaste a mi tía Rebeca que corriera a Abigail y a sus hijos de la casa?

-¡En lo absoluto! –responde Isabel tranquila.

-¡Pues ahí está! –grita Valeria- ¡en compañía de Walter dispuesta a echarlos como si fueran unos perros!
-Discúlpame Valeria –dice Isabel enojada- ¡pero esta vez no la voy a detener! ¿Cómo ves? ¡porque mi tía sí me quiere ayudar! –le reprocha- ¡ella sí me quiere ayudar! Yo le pedí de la manera más atenta a Abigail y a sus hijos que se fueran… ¡pero tanto Antonio como Simón se pusieron muy altaneros conmigo!
-¡No puedes ser tan injusta con esa familia! –le grita Valeria- ¡y menos en la ausencia de Ángela!

Isabel la mira dolida y le dice furiosa- ¡Qué razón tiene mi tía cuando asegura que estás de parte de ellos y en contra de nosotras!

-¿Puedo pedirte algo Isabel? –de pronto le dice Valeria furiosa- ¡antes que los corras que me des tiempo para preparar mi maleta, porque soy yo la que saldrá primero de esta casa que ellos!

-¿Me estás amenazando a mí! –Isabel abre los ojos escandalizada.

-¡Tómalo como quieras! Pero no estoy dispuesta a quedarme para ver cómo los echas miserablemente… ¡ellos tienen más derecho que yo de estar en esta casa! ¡córreme Isabel! ¡échame a la calle a mí también!

Isabel la mira con rabia.

*

Andrés llega tranquilamente a la mansión.

Isabel lo está esperando en el jardín nerviosa y fuera de si.

-¿Hiciste lo que te dije? –es lo primero que pregunta.

-¡Sí, claro que lo hice! –le reclama Isabel- ¡y por hacerte caso se complicaron aún más las cosas!
Andrés suspira- ¡No me digas que se opusieron!
-¡No nada más ellos! ¡Todo el personal! –respira con dificultad y luego le cuenta lo que más le duele- ¡también mi prima Valeria! –está a punto de echarse a llorar- ¡Andrés, yo tengo muchos problemas en esta casa! ¡yo ya no puedo controlar la situación! ¿me entendiste?

Andrés sonríe satisfecho- Bueno, si te falta carácter para controlar la situación… ¡lo haré yo! ¡a mí esa gente no me da miedo!
Isabel se llena de miedo- ¡Andrés por favor!

-¡No voy a permitir que te falten al respeto!
-¡Qué no seas necio! Por favor Andrés –ruega- ¡Simón es tremendamente agresivo, es impulsivo! Y tiene ganas de contar todo lo que pasó con nosotros… ¿eso es lo que tú pretendes? –apenas puede hablar- ¿entrar y decirle a todos los empleados que tú y yo somos amantes?

-¡Ay! ¡qué me importa lo que haga Simón! Nos dará otro motivo para echarlos de la casa.

-¡No! ¡es que yo no quiero correrlos porque me sentiría muy mal! –le ruega.

Andrés la mira furiosos- ¡No me hagas perder la paciencia!
-Por favor Andrés –ruega Isabel- ¡no compliques más las cosas! ¡yo no quiero utilizar la violencia! Por favor… Andrés.

Pero Andrés la deja plantada y entra a la casa.

*

Andrés entra gritando- ¿Dónde están Abigail y sus hijos?

-¡Allá en el comedor señor Corona! –corre Walter- ¡qué bien que llegó porque están discutiendo muy fuerte con doña Rebeca!

Andrés suspira seguro de sí mismo- ¡Voy a enfrentar a esa plaga! ¡voy a echarlos de esa casa cueste lo que cueste!

*

FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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