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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*
Los únicos goces puros que puede el hombre disfrutar en la tierra, son los goces de la familia.
Giuseppe Mazzini

CAP# 31: lunes 29 de agosto de 2005 – Salvador consigue trabajo como chofer

*

Salvador está afuera de la mansión, vestido con una camisa verde y un pantalón gris.  De lejos saluda con la mano a Walter que lo mira como si fuera un mendigo despreciable.  Salvador lo llama con un gesto.  Walter frunce el entrecejo extremamente disgustado. Salvador insiste hasta que llega Walter con su brazo enyesado.

-¿Qué se le ofrece señor?

Salvador se queda sorprendido por el tono altanero.

-¡Le pregunto qué se le ofrece! –exige Walter de mal humor.

*

Habitación de Valeria.

Ángela golpea- ¡Hola! ¿puede entrar?

-¡Si claro! Pasa ahora que mi tía no puso el cuarto con llave.

-¡Ay! Sigue empeñada en mantenerte encerrada –y Ángela camina con pena y se sienta en la cama.

-¡Sigue ordenes de Isabel! No sé por qué  lo hace.

-¡Que horror! Pero es que es totalmente injusto lo que te hace… ¿Por qué te hace eso?

-¡Estoy de acuerdo contigo! Pero sabes… mi paciencia tiene un limite… ¡cuando llegue Isabel voy a definir la situación!

(recuerden esta frase… )

 

-Si necesitas mi ayuda cuenta conmigo.

-Te lo agradezco Ángela, pero yo sé que tienes bastantes problemas con Isabel y con mi tía, como para incomodarte con los míos.

-¡Tú eres una niña muy buena! Y la verdad yo creo que es por eso que se aprovechan de ti… ¡si mi papá estuviera vivo las cosas serían distintas!
-¿Sabes? Anoche soñé con él… ¡soñé que lo veía pasear por el jardín! –suspira- ¡me sentí tan contenta! Cuando desperté lamenté mucho que hubiera sido un sueño.

*

Afuera.

-¡Necesito hablar con la administradora de la casa! Con la señora Abigail Domínguez.

-¿Usted es familiar de ella?

-¡No, no! No lo soy.

-¿Y a hablar de qué? –Walter lo mira con sospecha.

-Es un asunto personal… ¿podría llamarla por favor?

-¡En primer lugar ella no es la administradora de esta casa! Y en segundo lugar están prohibidas las visitas para las servidumbres… ¡así que retírese caballero!

-¡Si Abigail no es la administradora! –Salvador intrigado- ¿Quién se encarga de esa tarea ahora?

-¡La tía de la dueña!
-¿Puede llamarla si es tan amable?

Walter lo mira de pies a cabeza- ¡Ella está muy ocupada en este momento! Además no atiende a extraños… por favor no moleste más y regrese por dónde vino –y le da la espalda y se aleja.

-¡Walter! –le grita Salvador.

Walter como si lo hubieran pinchado salta y lo mira con miedo.

*

Habitación de Valeria.

Ángela está vestida con un chaleco rarísimo.

-¿Y todavía te interesa ser pianista?

-¡Ideas mías! –suspira Valeria- hubiera tenido que practicar desde niña… ¡y los años han pasado!

(sí señora!)

 

-Oye… se me ocurre algo… ¿Por qué no contratamos un maestro que te de clases aquí? Así podrías utilizar el piano de mi papá.

-¿Tocar el piano de don Pedro?

-¡No Ángela! ¿Cómo crees? – se escandaliza- ¡eso nunca! Seria como profanar algo sagrado… y la verdad es que no tengo talento… ¡y simplemente soy muy ilusa!
En ese momento entra de improvisto Rebeca que las mira como si fueran criminales y le grita- ¿Se puede saber qué hace aquí Ángela? ¿he?

-¡Aquí visitando a la presa! ¿qué no ve?

-¡Ah! –se burla Rebeca- ¿y se puede saber quien es la presa?

-¡Pues Valeria! Usted e Isabel la tienen prisionera.

-¡Ay! Mire muchachita, deje las ironías y retírese –la echa.

-¡Un momento señora! –se enoja Ángela- ¡esta es mi casa y yo puedo entrar a dónde me plazca! ¿le queda claro?

-¡Angelita! No quiero más discusiones con usted.

-¡Pues entonces no sea atrevida! Y no me venga con prohibiciones… ¡que yo no soy Valeria para que me diga lo que tengo que hacer!

Rebeca sale del cuarto furiosa gritando- ¡Walter! ¡Walter!
*

Jardín.

Walter mira a Salvador como si fuera un loco- ¿Usted me llamó Walter?

-¡Así es señor! ¿o acaso no es su nombre?

-¡Cómo demonios lo sabe!
-Porque los vecinos me informaron que la administradora de la casa se llamaba Abigail! –y lo mira- ¡y el mayordomo Walter! Y yo supongo que usted es el mayordomo.

-¡Por supuesto que sí! Pero para los desconocidos… soy don Walter o señor Franco… ¿hum?

Salvador suspira y lo mira decepcionado- ¡Señor Franco, por lo que más quiera permítame hablar con la administradora! Yo le aseguro que es muy importante para mí.

-Bueno… al menos dígame qué se le ofrece.

Salvador duda pero le dice- ¡Estoy buscando empleo!
-¿Empleo… de qué?

-¡De lo que sea señor Walter! Esta casa es muy grande y sé que necesitan empleados para mantenerla… ¡yo podría emplearme, por ejemplo, cuidando los jardines, encargado de la vigilancia…!
-¡Lo siento mucho pero para una persona como usted no hay empleo en esta casa! –seco Walter- ¡si le dijeron que podía emplearse aquí lo engañaron! ¡así que retírese y no pierda más su tiempo! – y Walter camina para la casa dejando plantado a Salvador.

En ese momento llega Rebeca- ¡Walter! –lo llama- Walter… ¿con quien estaba hablando? –curiosa.

-¡Con un mendigo que vino a buscar empleo! Nada importante… ¿en qué puedo servirla doña Rebeca?

-¡Walter! –Rebeca distraída habla mientras estudia a Salvador- Tiene que llamar a la policía para que busquen y acaben con ese perro rabioso… ¡nadie está seguro con esa bestia suelta por ahí!... ¿no se da cuenta que nos va a atacar en cualquier momento Walter?

-¡Me parece una excelente idea!
-¡Claro! –pero Rebeca está mirando cada vez más interesada en Salvador- ese individuo Walter… ¿Por qué no se retira? ¿está esperando algo?

-¡Ya le dije que se largara pero es más terco que una mula! –Walter enojado- ¡le diré al vigilante que lo retire por la fuerza!
-¡Por favor, por favor! –lo detiene Rebeca- ¡yo me voy a encargar de eso! Usted no ha sido suficientemente enérgico –y decidida se dirige a Salvador que la mira con esperanzas.

Rebeca llega junto a Salvador y lo trata mal- ¡No le ordenaron que se fuera! ¿qué espera para hacerlo?

-¡Me urge hablar con la administradora de la casa! Y yo supongo que es usted.

-¡Así es! Pero su presencia nos estorba… no estamos buscando empleados.

-¿Qué le parece si me deja hablar entonces con la dueña, con doña Isabel Arroyo?

Rebeca se sorprende- ¿La conoce?

-¡Más o menos!

-¿Quién es usted joven?

Salvador duda pero dice- ¡Salvador Cerinza, señora!

-Su nombre no me dice nada… -pero lo mira interesada-¿pero dónde conoció a mi sobrina?

-¿Puedo hablar con ella por favor? –ruega Salvador.

-¡Ella está fuera de la ciudad y no regresa hasta el jueves! –Rebeca se suaviza- pero le pregunté qué de dónde la conocía.

-¡Trabajé un tiempo en la fábrica de cítricos! Ella me aseguró que cuando yo me retirara podría emplearme en su casa… -miente Salvador- por eso es que me tomado el atrevimiento de venir hasta acá.

Rebeca sonríe seductora- ¡Claro! Bueno… en ese caso tiene que regresar la semana que viene… ¡cuando ella esté aquí!
Salvador suspira frustrado y se dispone a retirarse- ¡Disculpe la molestia señora! Con permiso.

Pero Rebeca lo detiene- ¡Espere! Espere por favor –y lo vuelve a mirar muy bien- dígame una cosa… ¿usted sabe conducir?

Salvador se llena de esperanzas- ¡Por supuesto que sé conducir!
Rebeca sonríe feliz- ¡Pues entonces voy a proponerle algo! Sígame por favor.

Salvador sonriendo feliz la sigue.

*

Gaetana que los vigila desde su auto estacionado afuera sonríe también- ¡Por fin entró a la casa! Ojala que todo salga bien… -suspira- ¡ojala!
*

Rebeca mira a Salvador como si fuera una nueva conquista y le sonríe- ¡Le cuento que mi empleado de confianza, Walter, ha sufrido un accidente y no podrá conducir por varios días! –sonríe con picardía- ¡imagínese usted, una señora como yo, con tantos compromisos sociales y sin chofer… eso es un desastre!
Salvador un poco incómodo disimila- ¡Comprendo señora! Se nota que usted es toda una dama con muchos compromisos importantes – dice con un dejo de burla.

Rebeca no se percata y sonríe dándose importancia- ¡Tal vez … pueda servirme! –suspira.

-¡Estoy para servirle! Sólo dígame cuales son las condiciones y cuando quiere que comience doña Rebeca Macedo.

Rebeca pierde la sonrisa- ¿Cómo sabe usted mi nombre?

-¡Su mayordomo me lo acaba de decir hace un momento! –miente Salvador.

-¡Claro, claro! Pero no vaya usted tan de prisa… primero tengo que saber qué clase de persona es usted.

-¡Ya le dije! Me llamo Salvador Cerinza y trabajé hasta hace unos días en la fábrica de cítricos… quise cambiar de aires y decidí renunciar.

Rebeca sonríe feliz- ¡De chofer se va a ver muy bien! –suspira- ¡estoy segura que el uniforme le va a sentar a las mil maravillas! Pero de todas maneras le advierto que solamente serán por unos días mientras Walter se recupera… no sé si le interesa un empleo tan temporal.

-Señora, quiero que conozco mi trabajo –se apresura Salvador mirándola intensamente- ¡posiblemente cuando su sobrina regrese, quizás me de otra oportunidad!

De pronto Rebeca pierde la sonrisa y se asusta- ¿No lo había visto antes?

-¡No! –dice Salvador con aplomo- ¡no lo creo!

-¡Es que su voz… y su mirada… me parecen tan familiares!

-Probablemente le inspiro confianza… ¡pero yo le aseguro que soy un hombre de bien!

-Pues entonces… ¡preséntese mañana bien temprano! –decide Rebeca.

Salvador sonríe complacido.

*

Salvador sale de la casa y sube al auto de Gaetana que lo espera nerviosa- ¿Tuvo suerte Salvador?

-¡Por ahora todo marcha a pedir de boca, Gaetana! aunque no sé qué pueda pasar mañana… por lo que pude apreciar… ¡la situación en esa casa ha cambiado mucho!

Gaetana arranca el auto y se alejan.

*

Mansión.

Walter a punto de un ataque cardiaco- ¿Qué es lo que usted está diciendo doña Rebeca? ¡que ese… tipejo va a volver mañana!
-¡Claro que sí! –responde Rebeca feliz e inconciente- ¡decidí contratarlo en vista que usted está incapacitado para poder conducir!

-¿Se da cuenta de la imprudencia que acaba usted de cometer? ¡usted no puede contratar al primero que se le aparezca sin autorización de doña Isabel!

Rebeca lo mira con odio.

-Digo… -se corrige Walter- ¡si puede! Tiene el poder… -suspira para calmarse- ¿pero por qué reemplazarme por un par de días? ¡usted no sale a ninguna parte! ¡no tiene compromisos fuera de esta casa!

Esto pone furiosa a Rebeca- ¿Y qué sabe usted mi estimado amigo? ¡claro que tengo compromisos! ¡muchísimos compromisos! –sonríe- ¡necesito un chofer disponible para mí las 24 horas del día!
-¿Bajo qué condiciones lo contrató usted? –se desespera Walter- ¡no se puede confiar en el primer desconocido que venga aquí a pedir trabajo!
-¡Fíjese que no es ningún desconocido! Trabajó en la fábrica de cítricos… y conoce a Isabelita.

-¿Cómo sabe que está diciendo la verdad? ¡de repente es una persona que inventa cuentos para entrar en las casas con malas intenciones!
-¡Me bastó mirarlo a los ojos para saberlo! –suspira feliz Rebeca- ¡Además es un tipo estupendo! Es correcto… ¡es alto! ¡guapísimo! –ríe a carcajadas- ¡y con una presencia que envidiaría cualquier señor! –y de pronto mira a Walter con desdén.

Walter se pone tieso- ¡Pues eso no le garantiza absolutamente nada! Doña Rebeca… ¿usted le exigió documentos? ¡recomendaciones! ¡una constancia de que realmente ese tipo trabajó en la fábrica de cítricos!
-¡Ay Walter! Por favor no sea terco… ¿qué le voy a exigir si sólo lo voy a utilizar mientras usted se recupera Walter? ¡además!... ¡me gustó! –suspira- ¡ese hombre tiene algo que realmente me impresionó! 

Walter la mira y luego dice serio y con voz de ultratumba- ¡A mí también me impresionó! ¡pero de mala manera! –mira a la distancia- ¡tiene una mirada muy extraña! Y es… algo arrogante.

-¡Walter!

-¡Lo lamento señora Rebeca! Pero no estoy de acuerdo con esa contratación… ¡ese hombre no me da buena espina!

-¡Pues a mí sí! –Rebeca ríe- ¡y eso es lo que importa! –y sin escuchar más razones lo deja plantado.

*

Habitación de Antonio y Simón.

-¿Entonces estaba en el bosque?

-¡Sí! Y afortunadamente estaba bien… no tenía ningún rasguño.

-¡Pero no se puede quedar ahí! –se preocupa Antonio- ¡se va a morir de hambre!
-Pero no lo pienso descuidar, cada vez que pueda le voy a llevar comida.

-Azur no es un perro salvaje que pueda vivir en esas condiciones… tenemos que traerlo… ¡además no estoy tranquilo sabiendo que en cualquier momento va a salir el velador y le va a pegar un tiro!

-¡Pero es que si lo traigo, entonces sí le van a pegar un tiro!
-Bueno no sé… entonces yo puedo hablar con alguien de la universidad para que nos ayude a cuidarlo por un tiempo.

-¡No! Conozco a Azur, es un perro muy terco y no va a aceptar a otros dueños… en ese caso hablamos con Ángela y le pedimos que ella lo proteja.

-¡Si lo traemos de regreso va a tener que enfrentarse a la bruja de doña Rebeca y al degenerado de Walter! ¡los dos lo quieren matar!
-¡Bueno, en todo caso no le vayas a decir nada a mi mamá! Ya sabes cómo es y no vaya a ser que le complique la situación al pobre perro.

-¡Últimamente no me dirige la palabra! –suspira Antonio- ¡sigue resentida por el problema que tuve con Ángela!
-¡Son celos de madre! –Simón no le da importancia- ¡como sabe que los dos estamos enamorados! –y de pronto se acuerda- ¡oye, a propósito, yo tenía que ir a ver a Consuelito! Pero mañana tengo que madrugar en la fábrica.

-¡Será mejor que no salgas, y mucho menos a ver a esa mujer!

*

En el comedor entra Abigail enojada.

-Si te molesta nos retiramos mamá.

-No te preocupes hijo, prefiero verlos aquí y no andando por la calle buscando lo que no se les ha perdido… -mira a Simón- ¡o rondando por el desván de esta casa! –mira a Antonio.

-¿Estas enojada mamá o qué?

-¡Y cómo quieres que esté! ¿voy a estar muy contenta con todos los problemas que tenemos más los que se nos vienen encima? –suspira cansada y se sienta a la mesa- me acabo de enterar que doña Rebeca ha contratado a un nuevo empleado.

-¿A quien?

-¡Yo que sé a quien! A uno que llegó ahí a pedir trabajo… de buenas a primeras.

-¡Seguramente a otro que se ponga de su lado para seguir haciéndonos la vida imposible!
-¡Como si no tuviéramos bastantes problemas ya!
-¡Ojala ya regresara doña Isabel! –suspira Simón- ¡porque a este paso todas las cosas se van a empeorar! Como la señora se siente la dueña de la casa… ¡y ahora a quien sabe qué desgraciado habrá traído! No quiero ni imaginarme a quien contrató.

Y los tres se miran preocupados.

*

Casa de Gaetana.

Salvador se mira a un espejo cuando entra Gaetana-¿Qué hace ahí hombre, en qué piensa?

-¡En lo que puedan sentir las personas que me conocieron cuando me vean!
-¡Qué van a sentir! –ríe Gaetana- ¡usted no tiene nada qué les recuerde a Pedro José Donoso! Pensaran que es un desconocido… nada más.

Salvador suspira- ¡Por el comportamiento de Walter eso creo! Siempre fue un hombre sencillo y respetuoso… ¡y hoy se comportó déspota, desconfiado! –mueve la cabeza con decepción- ¡y qué decir de la tía de Isabel! Por la conversación que tuve con ella… me pareció ¡arrivista!… ¡interesada!

-¡Por lo visto el regreso comenzó desastroso! ¿no? Sólo habló con ellos dos y lo veo decepcionado.

Salvador suspira- ¡La verdad sí! Esta primera visita me dejó un mal sabor.

-¡Prepárese a recibir nuevas decepciones Salvador! –le advierte Gaetana- ¡porque usted está a punto de conocer a toda esa gente que tanto amó, en la que tanto confió, desde un punto de vista completamente diferente al de Pedro José Donoso! Como Salvador Cerinza… ¡puede llevarse muchas sorpresas!
Salvador mira por la ventana y afirma seguro- ¡Con mi esposa no voy a sufrir ninguna decepción! ¡ella es una mujer honrada, honesta y nada en este mundo la haría cambiar! ¡estoy que ardo en ansias por volver a verla!

Gaetana mueve la cabeza negativamente.

*

Nueva York.

Isabel mira a Andrés que duerme profundamente y se levanta de la cama.  Se pone una bata y se aleja.  Está preocupada, no sonríe. En la salita de la habitación de hotel toma el teléfono y disca.

*

Mansión.

Abigail despierta a Simón.

-¡Trágame tierra! –se queja- Con lo rica que está la camita.

-¡Más rico está el día! La pereza no se hizo para los pobres… ¡ándale!
-¡Con gusto aceptaría que Andrés Corona me volviera a despedir!

-¿Dónde fue tu hermano Antonio tan temprano?

*

En el bosque.

-¡Azur no te escondas! –grita Antonio- ¡te traigo de desayunar! Sé que tienes hambre.

De pronto Azur aparece, lo mira tranquilamente… y no tiene hambre.

-¡Ven! Azur… no me tienes confianza como a Simón… ¿verdad?

Y Antonio le muestra una mezquindad de pedacito de carne –Toma aquí tienes, no vamos a dejar que te mueras de hambre.

 

(Pobre Azur!!! Con la miseria de carne que le trajo… )

 

-Estamos tratando de ayudarte, no me gusta para nada que estés aquí sólo nada más por culpa del pesado de Walter y la bruja de Rebeca.

*

Mansión.

En el baño de Isabel Rebeca se maquilla y busca los mejores perfumes de Isabel cuando entra Walter-¡No sabía que estaba aquí doña Rebeca!
-¡Ay! Está bien Walter…. ¡ya terminé de embellecerme! Vamos.

Walter la sigue- ¡Madrugó bastante! –se burla.

-Bueno Walter, no soy amiga de quedarme en la cama hasta muy tarde.

-Hum..

-¿Qué desea Walter?

-¡La que madrugó también fue doña Isabel! Acaba de llamarme.

-¿Ah sí? ¿Qué quería?

-¡Quería saber cómo andaban las cosas y yo para no preocuparla le dije que todo andaba a las mil maravillas! ¡le oculté lo del lío del perro y que usted… contrató un nuevo chofer!

-¿Por qué no me avisó para hablar con ella? ¿he? –se enoja Rebeca.

-¡La busqué en su habitación! –le dice Walter- ¡y cómo no me respondía pensé que dormía! No sabía que estuviera aquí… hum… ¡le gusta esta habitación! ¿verdad? –le susurra- ¿quiere apoderarse de todo lo que le pertenece a su sobrina?

Rebeca lo mira con rabia.

-¡No se conforma! –sigue Walter- ¿no es cierto?... pues yo tampoco me conformo que un aparecido venga a reemplazarme así de buenas a primeras.

-¿Cuál es su desconfianza Walter? ¿eh? ¡no se estima lo suficiente como para entender que no va a ser reemplazado! Salvador Cerinza… sólo va a servir por unos cuantos días… ¡y nada más!
-¡Salvador Cerinza! ¿así se llama el… tipejo? –se sorprende Walter.

*

Gaetana conduce a Salvador a la mansión.  Antes de bajar del auto Salvador le guiña un ojo y baja.  Se dirige seguro hacia la mansión.  Gaetana sonríe pero está preocupada.

*

Mansión.

-¡Norita dice que lo vio de lejos y que era un tipo bien raro! –chismenta Vicky.

-¿Tú que piensas de toda esta situación? –Abigail.

-¡La verdad, hace tiempo que no contrataban a nadie! Y si sigue llegando gente extraña a esta casa… lo que nos espera no pinta nada bien.

-Nos vemos al rato mamacita – se despide Simón.

-Chau mi vida, no regreses tarde.

-¡Hijole mamá! Es que precisamente hoy quedé en irme a dar una vuelta con Consuelito, me tardo un poquito nada más… ¡Adiós Vicky! –y se marcha.

Abigail pone mala cara.

-¡Pero quita esa cara mujer! Por lo menos ese muchacho está diciendo la verdad.

Pero Abigail sigue enojada.

*

Simón toma la moto y arranca y se dirige por el camino principal cuando tiene que frenar de golpe porque casi atropella a Salvador que viene en medio del camino y se queda parado.

Simón se asusta- ¡Por poco le atropello y se queda ahí parado! –le grita Simón y luego se calma- ¿Qué se le ofrece señor?

-¡Vengo a buscar a doña Rebeca Macedo! –responde Salvador.

-Debe estar en la casa… ¿usted es el nuevo empleado?

-¡Sí joven! Yo soy el nuevo empleado – se presenta Salvador sonriendo y se aleja.

Simón lo mira y se marcha.

Antonio los espía, Salvador lo mira intrigado.

Walter aparece- ¡Pase, doña Rebeca lo está esperando! –le dice seco.

Salvador entra a la casa siguiendo a Walter.

*

Al entrar en la sala, Walter lo hace detener- Aguarde aquí, no quiero que me ensucie el piso con sus zapatos –y sube escaleras arriba.

Salvador, fascinado, mira su casa y sonríe feliz.

*

-¡Doña Rebeca! Acaba de llegar su chofer… temporal… ¡la está esperando en la sala!
-¡Qué maravilla Walter! Está demostrando cumplimiento –ríe feliz- ¡voy a verlo!
*

Baja y lo encuentra-¿Cómo está Salvador? ¡no sabe cuanto me gusta su puntualidad!
-Acostumbro a ser estricto con mis horarios señora.

-¡Ay por favor! No me llame señora… llámeme… ¡doña Rebeca! Bueno… vamos a ultimar los detalles sobre su trabajo… ¿verdad? Su sueldo, las horas que va a permanecer a mi servicio… y por supuesto… ¡la ropa que debe utilizar!
Walter está al lado dice con veneno- ¡No creo que le sirvan mis uniformes!
-¡Nadie se los pidió Walter! –le corta Rebeca- ¡y por favor avíseles a todos los empleados que vengan!
Walter pone cara de horror- ¿Para qué?

-¡Cómo que para qué! ¡para que conozcan a Salvador! –dice orgullosa- ¡Walter, vamos, muévase! –le grita mientras le sonríe a Salvador.

*

-Las cosas no son así, yo no estoy desconociendo la deuda ni me estoy negando a pagarla… al contrario… ¡le pienso pagar hasta el último centavo! –Gaetana sonríe seductora.

Pero el dueño de la casa no tiene humor.

-¡Sólo que tendría que esperarme unos días más!

-¡Eso me lo viene diciendo hace tiempo y me sigue tomando el pelo! Por eso le exijo que desaloje mi propiedad inmediatamente… ¡no quiero brujas viviendo en mi casa!
-¡Brujas! –Gaetana pierde la sonrisa- ¡pero dónde!
-¡Dónde! Aquí… ¡en mi casa se realizan sesiones de espiritismo y muchísimas porquerías más! Porque los vecinos se han quejado.

-¡No me hable de los vecinos por favor! La que debería quejarse soy yo, porque esta calle está llena de antros de mala muerte… con gusto me largaría señor… ¡a ver si puede alquilarle este cuchitril de mala muerte a alguien tan decente como yo!
-¡Prefiero mil veces alquilarlo para bar, se lo aseguro! Además, no le doy más plazo, si en dos días no me desaloja mi propiedad, traigo la policía y la saco a la fuerza… ¿entendió? ¡dos días! –se marcha furioso.

Al quedar sola Gaetana grita histérica- ¡Qué se habrá creído el muy estúpido ese! Como si me hace el gran honor alquilándome éste vejestorio de rancho! No… si yo soy la persona más decente que vive en todo este barrio, todo los demás son unos vagos de lo peor.

-¡De todas maneras vamos a tener serios problemas doñita! –Lupe.

-¡Claro que los vamos a tener Lupe! Si Salvador no cumple lo prometido… ¿sabes qué? ¡yo le voy a rezar a los espíritus para que ayuden a ese hombre y todo salga como lo planeamos! –y se arrodilla.

*

Mansión.

-¿Estás seguro de lo que estás diciendo? –se sorprende Ángela.

-¡Creí que ya lo sabías!

-¿Acaso Walter no es el encargado de eso?

-¡Sí! Pero como tiene lastimado el brazo doña Rebeca decidió contratar a un extraño… Ahí está con ella platicando en la sala.

-¡Ay, no puede ser! Tengo que averiguar qué está pasando… esa mujer no puede traer a un desconocido a trabajar a esta casa… ¡eso es un abuso y no voy a permitirlo!
*

En la sala Rebeca reúne a Abigail, Vicky y las empleadas, con Walter- ¡Quería decirles que este señor se llama Salvador Cerinza y nos va a acompañar por unos días solamente! Les advierto que trabajará como mi chofer, así que ninguno de ustedes se puede meter con él… ¿entendido? –y Rebeca lo toma del brazo posesiva- ¡este señor será mi empleado personal!

*

Hotel.

-¿Otra cosa señora? –empleado de hotel.

-¡No! Todo está muy bien… gracias… se puede retirar.

Andrés se levanta.

-¡Está listo el desayuno! –anuncia Isabel.

-¡No te escuché levantar! ¿Por qué no me llamaste?

-Porque ayer tuviste un día muy pesado… necesitabas descansar… ¿quieres café?

-Por favor… -se sienta- ¿con quien hablabas por teléfono? –controla.

-¡Con Walter! Me estaba diciendo que todo está bien en la casa… ¡sólo que… sólo que yo estoy terriblemente preocupada Andrés! –le dice inquieta- ¡presiento que algo muy malo está pasando por allá!

*

Mansión.

-¡Hoy es su primer día de trabajo Salvador! –sonríe Rebeca feliz- ¡y cómo primera medida iremos de shopping!
-¡Permítame señora! –Salvador le abre la puerta de la camioneta.

-¡Gracias! –Rebeca se siente en la gloria.

Salvador sube al puesto del conductor y salen.

Walter los mira con odio.

*

Comedor.

-¿Qué piensan del chofer exclusivo de doña Rebequita? –se burla Vicky.

-¡Ay! La verdad que no sé qué decirte Vicky, no sé, yo pensé que se trataba de otro tipo de persona, pero la verdad me dejó muy impresionada.

-¡Y cómo a todas! –ríe Vicky- ¡si viera a las muchachas, se les salían los ojos! Aquí entre nos, esa vieja bruja se lo consiguió bien guapo.

Abigail ríe- ¡Mira, no solamente lo guapo, es algo más! No sé, me sentí muy rara cuando me miró directamente a los ojos Vicky.

-¡Ay! Pero a mí también me pasó lo mismo… sentí como… ¡miedo!

-¿Cómo si se tratara de alguien peligroso?

Entra Ángela-¡Abigail! ¿Dónde está Rebeca?

-¡Salió hace un momento señorita, con el nuevo empleado!
-¿Salió?

-¡Sí! Tan pronto como nos lo presentó se fue… -se burla Vicky- ¡así como que le urgía entrenar chofer!

*

Salvador conduce y mira a Rebeca a través del espejo retrovisor. Rebeca fascinada con su nuevo chofer le sonríe seductora.

*

-¡Este hombre va a estar unos días mientras Walter se recupera!
-Aunque fuera solamente por unas horas, esa señora se toma demasiadas atribuciones que no debe.

-¡Tranquilízate Ángela!

-¡Es que de veras! Es una abusiva… además tenemos muchos problemas… ¡primero lo de Azur y ahora esto!

-Y hablando de Azur… te cuento que lo tenemos escondido en el bosque.

-¿Lo viste? –se alegra Ángela.

-¡Sí! Simón y yo le estamos dando de comer, pero no se puede quedar en esas condiciones indefinidamente.

-¡Ese pobre animal no se merece eso! Aunque haya atacado a Walter nosotros debemos defenderlo por encima de cualquier cosa.

Aparece Walter.

-¡Hola Walter! ¿Cómo sigue? –pregunta Ángela.

-¿Cómo está señorita Ángela? Bueno… ahí vamos… ahí vamos… justamente esta tarde el médico va a venir a examinarme, es una ironía que usted y yo seamos justamente los que estemos lastimados… ¿verdad? Pues si nos descuidamos esta casa va a terminar convertida en un hospital.

-Mire Walter, no entiendo por qué razón Azur lo atacó, pero no quiero que le pase nada.

-¡Claro! –con ironía- ¡probablemente a usted le importa más ese animal que yo!
-¡Lamento mucho lo sucedido Walter! Pero no voy a permitir que le hagan daño… ¡si regresa y alguien se atreve a ponerle una mano encima tendrá serios problemas conmigo!
-¿Usted cree que regrese?

-¡Confío en que sí! Y espero su colaboración… ¡es un favor que sabré agradecerle!
-¿Le podría pedir a cambio… otro pequeño favor señorita Ángela?

-¡Lo escucho!

-Es algo muy personal señorita Ángela –mira a Antonio- Quisiera hablar con usted, pero a solas por favor.

-No se preocupe Walter, yo me retiro –Antonio se levanta- trata de tranquilizarte- le dice a Ángela y se marcha.

Walter se sienta en el lugar de Antonio- ¡Usted sabe que doña Rebeca contrató a un desconocido para reemplazarme!
-¡Solamente será por unos días!
-¡No está bien abrirle la puerta de esta casa a cualquier desconocido que viene a pedir empleo!
-¡Como! –se escandaliza Ángela- ¿no saben quien es ese hombre?

-¡No se sabe absolutamente nada de él! No se le pidieron documentos ni recomendaciones.

Ángela se asusta- ¡Qué clase de persona es ese hombre!
-¡Para mí que es un psicópata o algo por el estilo! Porque lo queda a uno mirando fijamente a los ojos… ¡como miran los locos peligrosos! Y no exagero señorita Ángela… ¡usted debería intervenir para alejar a ese intruso de esta casa! Estoy seguro que la señora Isabel no lo aceptaría tampoco… ¡no conviene tener cerca de ese individuo! Se lo aseguro… ¡no conviene!

Walter sonríe ilusionado al verla asustada por las noticias sobre el nuevo contratado.

*

Una tienda.

El guapo Salvador se prueba un uniforme negro y se mira al espejo

-¡Se ve maravilloso! –babea Rebeca- ¿no me diga que no se siente espectacular con este uniforme Salvador!
-Como me sienta es lo de menos –responde malhumorado- lo importante es hacer bien mi trabajo.

Rebeca ríe y lo acaricia- ¡Me encanta que piense responsablemente!
Salvador suspira y la mira serio- ¿No le parece muy costoso señora? –dice mirando el precio en la etiqueta.

-¡Ah! –Rebeca mueve una mano despectivamente- ¡el dinero es lo de menos! A mi sobrina y a mí nos sobra –le dice pavoneándose- ¡todavía usted no sabe quienes somos!
Salvador levanta una ceja pero responde correctamente- No, señora… ¡aun no lo sé!

*

Más tarde Salvador conduce de vuelta.

-¡Como sabe, mi sobrina es la dueña de la empresa donde usted trabajaba! Y desde la muerte de Pedrito, ha manejado muy inteligentemente los negocios.

Salvador mira el camino y responde sinceramente- ¡No lo dudo doña Rebeca! Además… ella es una mujer muy bonita.

-¡Así es! –sonríe Rebeca- ¡la verdad es que Isabelita heredó la belleza de las Macedo… sobre todo la mía! –suspira- ¡Ay, es mi vivo retrato de cuando yo tenía esa edad Salvador!

Salvador disimula una sonrisa pero sigue serio- ¡Debió ser duro para ella perder a su esposo y encargarse de todo! Así… tan repentinamente… ¿no es cierto?

-¡Ay claro! –exagera Rebeca- ¡no sabe cuanto! La pobrecita, de un momento a otro se convirtió en la heredera de todos los bienes de Pedrito… ¡ay! No ha sido nada fácil Salvador.

Salvador frunce el entrecejo- Tengo entendido que don Pedro dejó una hija… ¿o me equivoco?

-¡No, no, para nada! No se equivoca… -y Rebeca dice con disgusto- ¡pero esa muchachita estúpida… no cuenta para nada!
Salvador la mira disgustado en el espejo retrovisor.

*

Mansión.

Ángela entra al estudio de don Pedro y mira triste el gran retrato de su madre.

*

En el auto.

Rebeca sigue metiendo la pata sin percatarse de nada.  Ahora está alardeando bienes que no tiene-¡Pose varios… chalets!... en la costa Oust… -pronuncia con un tonito de alcurnia- ¡y allí vivía hasta hace muy poco! –le miente- porque la verdad… me encanta el mar Salvador… pero bueno… ¡vine a esta ciudad por petición de Pedro José Donoso.

Salvador reprime una sonrisa de burla- ¿O sea que él la llamó?

-¡Claro que sí! –sigue Rebeca dándose importancia- ¡éramos excelente amigos! ¡me apreciaba muchísimo! ¿sabe?... ¡estaba loco porque viniera a vivir a su casa!

Salvador suspira.

-¡Ay! Ese hombre me adoraba Salvador… -y le cuenta como un gran secreto- ¡hasta llegó a proponerme matrimonio! –ríe divertida- ¡pero claro que yo nunca quise intervenir…. Por Isabelita claro! Además… -y lo mira con lujuria- ¡a mí me encantan los hombres jóvenes y guapos… Salvador! y Pedrito era un anciano… ¡ni modo que me fijara en él! –y sonríe- bueno… le cuento estas cosas porque de verdad usted me inspiró confianza siempre… se lo aseguro… ¡y créame que soy terriblemente desconfiada con los hombres!

Salvador ya no soporta más escucharla y bruscamente acosta el auto y frena violentamente. 

Rebeca es enviada con fuerza hacia delante y le pregunta asustada- ¿Qué pasa Salvador? ¡por qué ha frenado de esa manera!
-¡Aún no me ha dicho adonde vamos señora! ¿regresamos a la casa… o quiere que la lleve a otra parte?

-¡No! Vamos a otra parte –ríe Rebeca- ¡Qué va! Yo no estoy para regresar a la casa tan temprano… contando con sus servicios –y lo vuelve a mirar suspirando- ¿sabe Salvador? ¡estoy empezando a sentirme… muy bien a su lado!
Salvador suspira resignado.

*

Mansión.

-¡Parece que mi tía Rebeca está empeorando la situación! –Valeria.

-¡Yo creo que sí! Porque la señorita Ángela está muy ofendida –comenta Abigail- y a mi me parece que las cosas no se van a quedar así… ¿he? ¡ella está dispuesta a reclamarle!
-¡Me parece muy bien! –responde Valeria con fuerza- ¡mi tía no tiene ninguna autoridad para disponer de esta casa a su manera!

-¡Pues ya veremos! A ver cómo le responde a la señorita Ángela!
-¡No sólo a Ángela! –reflexiona Valeria- ¡porque dudo mucho que esté de acuerdo con estos abusos! Qué disparate por Dios… ¡mira que contratar a un chofer para su… servicio personal! –y luego se pone curiosa- ¿Cómo es ese hombre Abigaíl?

-¡Es joven, alto, atlético! –sonríe- ¡la verdad es muy guapo! Pero bueno… ya lo verá usted y sacará sus propias conclusiones señorita.

-¡Es que me parece increíble las locuras que hace mi tía! Comete muchas imprudencias creyendo que el poder lo tiene en sus manos… por cierto… ¿Dónde estará ahora?

-¡No tengo la menor idea señorita! –le dice Abigaíl preocupada- precisamente salió con ese hombre y sabrá Dios a qué horas van a regresar.

*

Un restaurante elegante.

Salvador ya vestido con su traje de chofer esta sentado a una mesa con Rebeca, visiblemente incomodo.

Rebeca le sirve vino a Salvador- ¡Por qué me mira de esa manera Salvador! – y le sonríe coqueta- ¡le confieso que me pone muy nerviosa!
-¡No es normal que una señora de su altura comparta la mesa con el chofer en su primer día de trabajo!

-¡No! A mí eso no me importa… yo soy una mujer auténtica… ¿Y qué más da lo que piensen o digan los demás? ¡por darles gusto yo no me voy a sentar sola a la mesa!
-Señora… ¿es verdad que está esperando a unas amigas? –interroga Salvador.

-¡Ay! Claro que sí, ya se lo dije… tenemos una cita.

Salvador mira hacia la entrada- ¡Pero parece que le fallaron, no creo que vengan!

-¿Sabe qué pasa? ¡son unas mujeres importantísimas! –exagera Rebeca- ¡imagínese que una es la esposa de un ministro y la otra… ni nada más ni nada menos que una embajadora Salvador!

-Gente muy importante… ¡como usted!

-¡No, por favor, no estamos hablando de mí! –y le sonríe y se le acerca- ¡hablemos de usted Salvador! – le pone la mano sobre la de él- ¿Sabe? ¡no sé por qué pienso que usted es… tan especial! Le juro que su voz y su mirada me impresionan muchísimo.

Salvador suspira incomodo.

-¡Hay algo en usted que atrae y confunde terriblemente Salvador! –le dice Rebeca sin darse cuenta cuan cierto es.

-Son suposiciones suyas señora… -se inquieta Salvador- ¡yo soy un hombre común y corriente! Como cualquier otro.

-¿Sabe? –Rebeca se hace la loca- ¡Nunca le he preguntado si es usted casado!

Salvador queda callado y duda… al final responde- ¡No lo soy! En este momento no tengo ningún compromiso.

Rebeca sonríe realizada- ¡Ay! ¡estamos en las mismas! –ríe feliz- ¡yo tengo muchos pretendientes pero no me comprometo con ninguno! Me imagino que a usted le pasa lo mismo… ¡porque usted es tan guapo Salvador! –y se le vuelve a acercar demasiado y le acaricia más insistentemente la mano que Salvador retira como si quemara- ¡y a veces en realidad… muy tímido! –dice Rebeca.

-¡Soy respetuoso señora! Conozco mi puesto y no me paso de la raya –la corta seco.

-Claro, por supuesto… -Rebeca se da cuenta que debe retenerse- ¡creo que es hora de irnos! ¿verdad? ¡mesero! –llama para pagar la cuenta.

*

Casa Consuelo.

Muy enojada- ¡Prometiste visitarme ayer domingo!

-Consuelito… pero ya te conté lo que pasó con el perro y el lío ese que se armó en la casa.

-¡Si! Pero yo la pasé muy aburrida… te estuve esperando todo el día y parte de la noche… ¿o tú crees que estoy muy entretenida con ese par de mocosas, he? –dice arrugando la cara.

-Bueno… pero qué… ¿no te da gusto saber que ya recuperé mi empleo? ¡esta mañana regresé a la fabrica!

-Bueno –Consuelo calcula y cambia- ¡sí me alegra!
-Entonces quita esa carita de enojada, a ver una sonrisita, tan chula.

Consuelo sonríe- ¡Ay Simoncito es que yo tengo mucho miedo de perderte! De que te aburras de mí… tú sabes que yo tengo muchas necesidades… ¿verdad?

-¡Mira! No te prometo mucho, pero en lo que pueda yo te voy a ayudar… lo sabes.

Consuelo le sonríe- ¡Sí, me alegra tanto que hayas solucionado todos tus problemas!

-¡Pues unos se solución y otros se complican!

-¿Ah si?

-¡Si! Ahora contrataron a un empleado nuevo.

-¿En la fabrica?

-¡No! En la casa… apenas llegó hoy… y la verdad me parece un tipo bastante raro –preocupado.

*

Mansión.

Walter espía y los ve llegar y sale corriendo.  Salvador baja de la camioneta exhibiendo flamante traje nuevo y le abre la puerta a Rebeca y la ayuda a bajar.  Rebeca lo mira fascinada. Y le sonríe seductora.

 

(poniendo ojitos de puerca viuda!)

 

Salvador molesto mira para otro lado.

*

Walter, sin aire, golpea a la puerta de Ángela-¡Acaba de llegar doña Rebeca, señorita Ángela! Para que pueda hablar con ella y de paso así conoce al tipejo ese que contrató.

Ángela lo mira preocupada y con una pierna enyesada (pero con súper tacos) sigue a Walter escaleras abajo.

*

Cocina.

Vicky se queja amargamente- ¡Se le llena la boca diciendo que es la administradora de esta casa y se la vive en la calle! Y cuando nosotros necesitamos algo… ¿a quien nos dirigimos?

-¡No nos amarguemos la vida Vicky! –Abigaíl- ¡dejemos las cosas cómo están y que así las encuentre doña Isabel cuando regrese!

-¡Mire! La casa está patas para arriba porque nosotras no sabemos qué hacer.

-¡Pues sí, patas para arriba pero ahí anda doña Rebeca arriba y abajo con el nuevo chofer ese que contrató!

-Por cierto… ya regresó y no quise decirle nada porque escuché que estaba discutiendo con la señorita Ángela.

*

-¡No quiero discutir sino aclarar las cosas! –Ángela levanta la voz- ¿Quién es el hombre que contrató señora?

-¡Ah! ¡ya se lo dije Ángela! –Rebeca la mira con fastidio- ¡es una persona honorable en la cual podemos confiar plenamente! –ríe a carcajadas- ¡yo necesito el chofer! No sé prender un carro.

-¡En todo caso yo lo necesito más! –le recuerda Ángela- ¡y aún así no pensé en contratar a alguien!
-Bueno… ¡también pensé en usted! –inventa Rebeca con una risa nerviosa- porque Walter no puede llevarla a sus citas con el médico.

-¡Como sea! –se enoja Ángela- ¡debió preguntarme antes!
-¡Ay por favor, yo soy la tía de Isabelita y además… la administradora de esta casa! Y creo que tengo derecho a decidir… ¡no sé por qué tengo que preguntarle a usted todo!
Ángela cruza los brazos- ¡Pues fíjese que sí me tiene que preguntar! En primer lugar… ¡porque ese no es su coche ni esta tampoco es su casa! ¡así que no puede venir a hacer lo que le plazca señora! Quiero que en este momento llame a ese señor y le diga que quiero hablar con él.

Rebeca se rebela- ¡Pues no! Pues no… porque no quiero que lo indisponga con sus reclamos de niñita malcriada… ¡yo lo contraté y yo me responsabilizo por él! –y diciendo esto se marchar dejándola plantada.

Ángela enojada ordena- ¡Walter! Llame a este señor y dígale que lo veo en el estudio por favor.

*

Walter feliz sale a cumplir con su mandado.  En el jardín grita- ¡Oiga usted! Acérquese.

Salvador se acerca expectante.

-¡Tenga la amabilidad de acompañarme! La señorita Ángela Donoso quiere hablar con usted.

Salvador se llena de alegría y disimula su impaciencia por ver a Ángela.

*

Walter lo conduce al estudio de Pedro José Donoso y Salvador da unos pasos inseguros y entra tímidamente. Se queda impactado al ver a Ángela sentada en su escritorio… suspira.

Ángela lo mira extrañada.

*

FIN DEL CAPITULO

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