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El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO Los únicos goces puros que puede el hombre disfrutar en la tierra, son los goces de la familia. Giuseppe Mazzini CAP# 31:
lunes 29 de agosto de 2005 – Salvador consigue trabajo como chofer * Salvador
está afuera de la mansión, vestido con una camisa verde y un pantalón
gris. De lejos saluda con la mano a
Walter que lo mira como si fuera un mendigo despreciable. Salvador lo llama con un gesto. Walter frunce el entrecejo extremamente
disgustado. Salvador insiste hasta que llega Walter con su brazo enyesado. -¿Qué
se le ofrece señor? Salvador
se queda sorprendido por el tono altanero. -¡Le
pregunto qué se le ofrece! –exige Walter de mal humor. * Habitación
de Valeria. Ángela
golpea- ¡Hola! ¿puede entrar? -¡Si
claro! Pasa ahora que mi tía no puso el cuarto con llave. -¡Ay!
Sigue empeñada en mantenerte encerrada –y Ángela camina con pena y se sienta en
la cama. -¡Sigue
ordenes de Isabel! No sé por qué lo hace. -¡Que
horror! Pero es que es totalmente injusto lo que te hace… ¿Por qué te hace eso? -¡Estoy
de acuerdo contigo! Pero sabes… mi paciencia tiene un limite… ¡cuando llegue
Isabel voy a definir la situación! (recuerden
esta frase… ) -Si
necesitas mi ayuda cuenta conmigo. -Te lo
agradezco Ángela, pero yo sé que tienes bastantes problemas con Isabel y con mi
tía, como para incomodarte con los míos. -¡Tú
eres una niña muy buena! Y la verdad yo creo que es por eso que se aprovechan
de ti… ¡si mi papá estuviera vivo las cosas serían distintas! * Afuera. -¡Necesito
hablar con la administradora de la casa! Con la señora Abigail Domínguez. -¿Usted
es familiar de ella? -¡No,
no! No lo soy. -¿Y a
hablar de qué? –Walter lo mira con sospecha. -Es un
asunto personal… ¿podría llamarla por favor? -¡En
primer lugar ella no es la administradora de esta casa! Y en segundo lugar
están prohibidas las visitas para las servidumbres… ¡así que retírese
caballero! -¡Si
Abigail no es la administradora! –Salvador intrigado- ¿Quién se encarga de esa
tarea ahora? -¡La
tía de la dueña! Walter lo
mira de pies a cabeza- ¡Ella está muy ocupada en este momento! Además no
atiende a extraños… por favor no moleste más y regrese por dónde vino –y le da
la espalda y se aleja. -¡Walter!
–le grita Salvador. Walter
como si lo hubieran pinchado salta y lo mira con miedo. * Habitación
de Valeria. Ángela
está vestida con un chaleco rarísimo. -¿Y
todavía te interesa ser pianista? -¡Ideas
mías! –suspira Valeria- hubiera tenido que practicar desde niña… ¡y los años
han pasado! (sí
señora!) -Oye…
se me ocurre algo… ¿Por qué no contratamos un maestro que te de clases aquí?
Así podrías utilizar el piano de mi papá. -¿Tocar
el piano de don Pedro? -¡No
Ángela! ¿Cómo crees? – se escandaliza- ¡eso nunca! Seria como profanar algo
sagrado… y la verdad es que no tengo talento… ¡y simplemente soy muy ilusa! -¡Aquí
visitando a la presa! ¿qué no ve? -¡Ah!
–se burla Rebeca- ¿y se puede saber quien es la presa? -¡Pues
Valeria! Usted e Isabel la tienen prisionera. -¡Ay!
Mire muchachita, deje las ironías y retírese –la echa. -¡Un
momento señora! –se enoja Ángela- ¡esta es mi casa y yo puedo entrar a dónde me
plazca! ¿le queda claro? -¡Angelita!
No quiero más discusiones con usted. -¡Pues
entonces no sea atrevida! Y no me venga con prohibiciones… ¡que yo no soy
Valeria para que me diga lo que tengo que hacer! Rebeca
sale del cuarto furiosa gritando- ¡Walter! ¡Walter! Jardín. Walter
mira a Salvador como si fuera un loco- ¿Usted me llamó Walter? -¡Así
es señor! ¿o acaso no es su nombre? -¡Cómo
demonios lo sabe! -¡Por
supuesto que sí! Pero para los desconocidos… soy don Walter o señor Franco…
¿hum? Salvador
suspira y lo mira decepcionado- ¡Señor Franco, por lo que más quiera permítame
hablar con la administradora! Yo le aseguro que es muy importante para mí. -Bueno…
al menos dígame qué se le ofrece. Salvador
duda pero le dice- ¡Estoy buscando empleo! -¡De lo
que sea señor Walter! Esta casa es muy grande y sé que necesitan empleados para
mantenerla… ¡yo podría emplearme, por ejemplo, cuidando los jardines, encargado
de la vigilancia…! En ese
momento llega Rebeca- ¡Walter! –lo llama- Walter… ¿con quien estaba hablando?
–curiosa. -¡Con
un mendigo que vino a buscar empleo! Nada importante… ¿en qué puedo servirla
doña Rebeca? -¡Walter!
–Rebeca distraída habla mientras estudia a Salvador- Tiene que llamar a la
policía para que busquen y acaben con ese perro rabioso… ¡nadie está seguro con
esa bestia suelta por ahí!... ¿no se da cuenta que nos va a atacar en cualquier
momento Walter? -¡Me
parece una excelente idea! -¡Ya le
dije que se largara pero es más terco que una mula! –Walter enojado- ¡le diré al
vigilante que lo retire por la fuerza! Rebeca
llega junto a Salvador y lo trata mal- ¡No le ordenaron que se fuera! ¿qué
espera para hacerlo? -¡Me
urge hablar con la administradora de la casa! Y yo supongo que es usted. -¡Así
es! Pero su presencia nos estorba… no estamos buscando empleados. -¿Qué
le parece si me deja hablar entonces con la dueña, con doña Isabel Arroyo? Rebeca
se sorprende- ¿La conoce? -¡Más o
menos! -¿Quién
es usted joven? Salvador
duda pero dice- ¡Salvador Cerinza, señora! -Su
nombre no me dice nada… -pero lo mira interesada-¿pero dónde conoció a mi
sobrina? -¿Puedo
hablar con ella por favor? –ruega Salvador. -¡Ella
está fuera de la ciudad y no regresa hasta el jueves! –Rebeca se suaviza- pero
le pregunté qué de dónde la conocía. -¡Trabajé
un tiempo en la fábrica de cítricos! Ella me aseguró que cuando yo me retirara
podría emplearme en su casa… -miente Salvador- por eso es que me tomado el
atrevimiento de venir hasta acá. Rebeca
sonríe seductora- ¡Claro! Bueno… en ese caso tiene que regresar la semana que
viene… ¡cuando ella esté aquí! Pero
Rebeca lo detiene- ¡Espere! Espere por favor –y lo vuelve a mirar muy bien-
dígame una cosa… ¿usted sabe conducir? Salvador
se llena de esperanzas- ¡Por supuesto que sé conducir! Salvador
sonriendo feliz la sigue. * Gaetana
que los vigila desde su auto estacionado afuera sonríe también- ¡Por fin entró
a la casa! Ojala que todo salga bien… -suspira- ¡ojala! Rebeca
mira a Salvador como si fuera una nueva conquista y le sonríe- ¡Le cuento que
mi empleado de confianza, Walter, ha sufrido un accidente y no podrá conducir
por varios días! –sonríe con picardía- ¡imagínese usted, una señora como yo,
con tantos compromisos sociales y sin chofer… eso es un desastre! Rebeca
no se percata y sonríe dándose importancia- ¡Tal vez … pueda servirme!
–suspira. -¡Estoy
para servirle! Sólo dígame cuales son las condiciones y cuando quiere que
comience doña Rebeca Macedo. Rebeca
pierde la sonrisa- ¿Cómo sabe usted mi nombre? -¡Su
mayordomo me lo acaba de decir hace un momento! –miente Salvador. -¡Claro,
claro! Pero no vaya usted tan de prisa… primero tengo que saber qué clase de
persona es usted. -¡Ya le
dije! Me llamo Salvador Cerinza y trabajé hasta hace unos días en la fábrica de
cítricos… quise cambiar de aires y decidí renunciar. Rebeca
sonríe feliz- ¡De chofer se va a ver muy bien! –suspira- ¡estoy segura que el
uniforme le va a sentar a las mil maravillas! Pero de todas maneras le advierto
que solamente serán por unos días mientras Walter se recupera… no sé si le
interesa un empleo tan temporal. -Señora,
quiero que conozco mi trabajo –se apresura Salvador mirándola intensamente-
¡posiblemente cuando su sobrina regrese, quizás me de otra oportunidad! De
pronto Rebeca pierde la sonrisa y se asusta- ¿No lo había visto antes? -¡No!
–dice Salvador con aplomo- ¡no lo creo! -¡Es
que su voz… y su mirada… me parecen tan familiares! -Probablemente
le inspiro confianza… ¡pero yo le aseguro que soy un hombre de bien! -Pues
entonces… ¡preséntese mañana bien temprano! –decide Rebeca. Salvador
sonríe complacido. * Salvador
sale de la casa y sube al auto de Gaetana que lo espera nerviosa- ¿Tuvo suerte
Salvador? -¡Por
ahora todo marcha a pedir de boca, Gaetana! aunque no sé qué pueda pasar
mañana… por lo que pude apreciar… ¡la situación en esa casa ha cambiado mucho! Gaetana
arranca el auto y se alejan. * Mansión. Walter
a punto de un ataque cardiaco- ¿Qué es lo que usted está diciendo doña Rebeca?
¡que ese… tipejo va a volver mañana! -¿Se da
cuenta de la imprudencia que acaba usted de cometer? ¡usted no puede contratar
al primero que se le aparezca sin autorización de doña Isabel! Rebeca
lo mira con odio. -Digo…
-se corrige Walter- ¡si puede! Tiene el poder… -suspira para calmarse- ¿pero
por qué reemplazarme por un par de días? ¡usted no sale a ninguna parte! ¡no
tiene compromisos fuera de esta casa! Esto
pone furiosa a Rebeca- ¿Y qué sabe usted mi estimado amigo? ¡claro que tengo
compromisos! ¡muchísimos compromisos! –sonríe- ¡necesito un chofer disponible
para mí las 24 horas del día! -¿Cómo
sabe que está diciendo la verdad? ¡de repente es una persona que inventa
cuentos para entrar en las casas con malas intenciones! Walter
se pone tieso- ¡Pues eso no le garantiza absolutamente nada! Doña Rebeca…
¿usted le exigió documentos? ¡recomendaciones! ¡una constancia de que realmente
ese tipo trabajó en la fábrica de cítricos! Walter
la mira y luego dice serio y con voz de ultratumba- ¡A mí también me
impresionó! ¡pero de mala manera! –mira a la distancia- ¡tiene una mirada muy
extraña! Y es… algo arrogante. -¡Walter! -¡Lo
lamento señora Rebeca! Pero no estoy de acuerdo con esa contratación… ¡ese
hombre no me da buena espina! -¡Pues a
mí sí! –Rebeca ríe- ¡y eso es lo que importa! –y sin escuchar más razones lo
deja plantado. * Habitación
de Antonio y Simón. -¿Entonces
estaba en el bosque? -¡Sí! Y
afortunadamente estaba bien… no tenía ningún rasguño. -¡Pero
no se puede quedar ahí! –se preocupa Antonio- ¡se va a morir de hambre! -Azur
no es un perro salvaje que pueda vivir en esas condiciones… tenemos que
traerlo… ¡además no estoy tranquilo sabiendo que en cualquier momento va a
salir el velador y le va a pegar un tiro! -¡Pero
es que si lo traigo, entonces sí le van a pegar un tiro! -¡No!
Conozco a Azur, es un perro muy terco y no va a aceptar a otros dueños… en ese
caso hablamos con Ángela y le pedimos que ella lo proteja. -¡Si lo
traemos de regreso va a tener que enfrentarse a la bruja de doña Rebeca y al
degenerado de Walter! ¡los dos lo quieren matar! -¡Últimamente
no me dirige la palabra! –suspira Antonio- ¡sigue resentida por el problema que
tuve con Ángela! -¡Será
mejor que no salgas, y mucho menos a ver a esa mujer! * En el
comedor entra Abigail enojada. -Si te
molesta nos retiramos mamá. -No te
preocupes hijo, prefiero verlos aquí y no andando por la calle buscando lo que
no se les ha perdido… -mira a Simón- ¡o rondando por el desván de esta casa!
–mira a Antonio. -¿Estas
enojada mamá o qué? -¡Y
cómo quieres que esté! ¿voy a estar muy contenta con todos los problemas que
tenemos más los que se nos vienen encima? –suspira cansada y se sienta a la
mesa- me acabo de enterar que doña Rebeca ha contratado a un nuevo empleado. -¿A
quien? -¡Yo
que sé a quien! A uno que llegó ahí a pedir trabajo… de buenas a primeras. -¡Seguramente
a otro que se ponga de su lado para seguir haciéndonos la vida imposible! Y los
tres se miran preocupados. * Casa de
Gaetana. Salvador
se mira a un espejo cuando entra Gaetana-¿Qué hace ahí hombre, en qué piensa? -¡En lo
que puedan sentir las personas que me conocieron cuando me vean! Salvador
suspira- ¡Por el comportamiento de Walter eso creo! Siempre fue un hombre
sencillo y respetuoso… ¡y hoy se comportó déspota, desconfiado! –mueve la
cabeza con decepción- ¡y qué decir de la tía de Isabel! Por la conversación que
tuve con ella… me pareció ¡arrivista!… ¡interesada! -¡Por
lo visto el regreso comenzó desastroso! ¿no? Sólo habló con ellos dos y lo veo
decepcionado. Salvador
suspira- ¡La verdad sí! Esta primera visita me dejó un mal sabor. -¡Prepárese
a recibir nuevas decepciones Salvador! –le advierte Gaetana- ¡porque usted está
a punto de conocer a toda esa gente que tanto amó, en la que tanto confió,
desde un punto de vista completamente diferente al de Pedro José Donoso! Como
Salvador Cerinza… ¡puede llevarse muchas sorpresas! Gaetana
mueve la cabeza negativamente. * Nueva
York. Isabel
mira a Andrés que duerme profundamente y se levanta de la cama. Se pone una bata y se aleja. Está preocupada, no sonríe. En la salita de
la habitación de hotel toma el teléfono y disca. * Mansión. Abigail
despierta a Simón. -¡Trágame
tierra! –se queja- Con lo rica que está la camita. -¡Más
rico está el día! La pereza no se hizo para los pobres… ¡ándale! -¿Dónde
fue tu hermano Antonio tan temprano? * En el
bosque. -¡Azur
no te escondas! –grita Antonio- ¡te traigo de desayunar! Sé que tienes hambre. De
pronto Azur aparece, lo mira tranquilamente… y no tiene hambre. -¡Ven!
Azur… no me tienes confianza como a Simón… ¿verdad? Y
Antonio le muestra una mezquindad de pedacito de carne –Toma aquí tienes, no
vamos a dejar que te mueras de hambre. (Pobre
Azur!!! Con la miseria de carne que le trajo… ) -Estamos
tratando de ayudarte, no me gusta para nada que estés aquí sólo nada más por
culpa del pesado de Walter y la bruja de Rebeca. * Mansión. En el
baño de Isabel Rebeca se maquilla y busca los mejores perfumes de Isabel cuando
entra Walter-¡No sabía que estaba aquí doña Rebeca! Walter
la sigue- ¡Madrugó bastante! –se burla. -Bueno
Walter, no soy amiga de quedarme en la cama hasta muy tarde. -Hum.. -¿Qué
desea Walter? -¡La
que madrugó también fue doña Isabel! Acaba de llamarme. -¿Ah
sí? ¿Qué quería? -¡Quería
saber cómo andaban las cosas y yo para no preocuparla le dije que todo andaba a
las mil maravillas! ¡le oculté lo del lío del perro y que usted… contrató un
nuevo chofer! -¿Por
qué no me avisó para hablar con ella? ¿he? –se enoja Rebeca. -¡La
busqué en su habitación! –le dice Walter- ¡y
cómo no me respondía pensé que
dormía! No sabía que estuviera aquí…
hum… ¡le gusta esta habitación! ¿verdad?
–le susurra- ¿quiere apoderarse de todo lo que le
pertenece a su sobrina? Rebeca
lo mira con rabia. -¡No se
conforma! –sigue Walter- ¿no es cierto?... pues yo tampoco me conformo que un
aparecido venga a reemplazarme así de buenas a primeras. -¿Cuál
es su desconfianza Walter? ¿eh? ¡no se estima lo suficiente como para entender
que no va a ser reemplazado! Salvador Cerinza… sólo va a servir por unos
cuantos días… ¡y nada más! * Gaetana
conduce a Salvador a la mansión. Antes
de bajar del auto Salvador le guiña un ojo y baja. Se dirige seguro hacia la mansión. Gaetana sonríe pero está preocupada. * Mansión. -¡Norita
dice que lo vio de lejos y que era un tipo bien raro! –chismenta Vicky. -¿Tú
que piensas de toda esta situación? –Abigail. -¡La
verdad, hace tiempo que no contrataban a nadie! Y si sigue llegando gente
extraña a esta casa… lo que nos espera no pinta nada bien. -Nos
vemos al rato mamacita – se despide Simón. -Chau
mi vida, no regreses tarde. -¡Hijole
mamá! Es que precisamente hoy quedé en irme a dar una vuelta con Consuelito, me
tardo un poquito nada más… ¡Adiós Vicky! –y se marcha. Abigail
pone mala cara. -¡Pero
quita esa cara mujer! Por lo menos ese muchacho está diciendo la verdad. Pero
Abigail sigue enojada. * Simón
toma la moto y arranca y se dirige por el camino principal cuando tiene que
frenar de golpe porque casi atropella a Salvador que viene en medio del camino
y se queda parado. Simón
se asusta- ¡Por poco le atropello y se queda ahí parado! –le grita Simón y
luego se calma- ¿Qué se le ofrece señor? -¡Vengo
a buscar a doña Rebeca Macedo! –responde Salvador. -Debe
estar en la casa… ¿usted es el nuevo empleado? -¡Sí
joven! Yo soy el nuevo empleado – se presenta Salvador sonriendo y se aleja. Simón
lo mira y se marcha. Antonio
los espía, Salvador lo mira intrigado. Walter
aparece- ¡Pase, doña Rebeca lo está esperando! –le dice seco. Salvador
entra a la casa siguiendo a Walter. * Al
entrar en la sala, Walter lo hace detener- Aguarde aquí, no quiero que me
ensucie el piso con sus zapatos –y sube escaleras arriba. Salvador,
fascinado, mira su casa y sonríe feliz. * -¡Doña
Rebeca! Acaba de llegar su chofer… temporal… ¡la está esperando en la sala! Baja y
lo encuentra-¿Cómo está Salvador? ¡no sabe cuanto me gusta su puntualidad! -¡Ay
por favor! No me llame señora… llámeme… ¡doña Rebeca! Bueno… vamos a ultimar
los detalles sobre su trabajo… ¿verdad? Su sueldo, las horas que va a
permanecer a mi servicio… y por supuesto… ¡la ropa que debe utilizar! -¡Cómo
que para qué! ¡para que conozcan a Salvador! –dice orgullosa- ¡Walter, vamos,
muévase! –le grita mientras le sonríe a Salvador. * -Las
cosas no son así, yo no estoy desconociendo la deuda ni me estoy negando a
pagarla… al contrario… ¡le pienso pagar hasta el último centavo! –Gaetana
sonríe seductora. Pero el
dueño de la casa no tiene humor. -¡Sólo
que tendría que esperarme unos días más! -¡Eso
me lo viene diciendo hace tiempo y me sigue tomando el pelo! Por eso le exijo
que desaloje mi propiedad inmediatamente… ¡no quiero brujas viviendo en mi
casa! -¡No me
hable de los vecinos por favor! La que debería quejarse soy yo, porque esta
calle está llena de antros de mala muerte… con gusto me largaría señor… ¡a ver
si puede alquilarle este cuchitril de mala muerte a alguien tan decente como
yo! Al
quedar sola Gaetana grita histérica- ¡Qué se habrá creído el muy estúpido ese!
Como si me hace el gran honor alquilándome éste vejestorio de rancho! No… si yo
soy la persona más decente que vive en todo este barrio, todo los demás son
unos vagos de lo peor. -¡De
todas maneras vamos a tener serios problemas doñita! –Lupe. -¡Claro
que los vamos a tener Lupe! Si Salvador no cumple lo prometido… ¿sabes qué? ¡yo
le voy a rezar a los espíritus para que ayuden a ese hombre y todo salga como
lo planeamos! –y se arrodilla. * Mansión. -¿Estás
seguro de lo que estás diciendo? –se sorprende Ángela. -¡Creí
que ya lo sabías! -¿Acaso
Walter no es el encargado de eso? -¡Sí!
Pero como tiene lastimado el brazo doña Rebeca decidió contratar a un extraño…
Ahí está con ella platicando en la sala. -¡Ay,
no puede ser! Tengo que averiguar qué está pasando… esa mujer no puede traer a
un desconocido a trabajar a esta casa… ¡eso es un abuso y no voy a permitirlo! En la
sala Rebeca reúne a Abigail, Vicky y las empleadas, con Walter- ¡Quería
decirles que este señor se llama Salvador Cerinza y nos va a acompañar por unos
días solamente! Les advierto que trabajará como mi chofer, así que ninguno de
ustedes se puede meter con él… ¿entendido? –y Rebeca lo toma del brazo
posesiva- ¡este señor será mi empleado personal! * Hotel. -¿Otra
cosa señora? –empleado de hotel. -¡No!
Todo está muy bien… gracias… se puede retirar. Andrés
se levanta. -¡Está
listo el desayuno! –anuncia Isabel. -¡No te
escuché levantar! ¿Por qué no me llamaste? -Porque
ayer tuviste un día muy pesado… necesitabas descansar… ¿quieres café? -Por
favor… -se sienta- ¿con quien hablabas por teléfono? –controla. -¡Con
Walter! Me estaba diciendo que todo está bien en la casa… ¡sólo que… sólo que
yo estoy terriblemente preocupada Andrés! –le dice inquieta- ¡presiento que
algo muy malo está pasando por allá! * Mansión. -¡Hoy
es su primer día de trabajo Salvador! –sonríe Rebeca feliz- ¡y cómo primera
medida iremos de shopping! -¡Gracias!
–Rebeca se siente en la gloria. Salvador
sube al puesto del conductor y salen. Walter
los mira con odio. * Comedor. -¿Qué
piensan del chofer exclusivo de doña Rebequita? –se burla Vicky. -¡Ay!
La verdad que no sé qué decirte Vicky, no sé, yo pensé que se trataba de otro
tipo de persona, pero la verdad me dejó muy impresionada. -¡Y
cómo a todas! –ríe Vicky- ¡si viera a las muchachas, se les salían los ojos!
Aquí entre nos, esa vieja bruja se lo consiguió bien guapo. Abigail
ríe- ¡Mira, no solamente lo guapo, es algo más! No sé, me sentí muy rara cuando
me miró directamente a los ojos Vicky. -¡Ay!
Pero a mí también me pasó lo mismo… sentí como… ¡miedo! -¿Cómo
si se tratara de alguien peligroso? Entra
Ángela-¡Abigail! ¿Dónde está Rebeca? -¡Salió
hace un momento señorita, con el nuevo empleado! -¡Sí!
Tan pronto como nos lo presentó se fue… -se burla Vicky- ¡así como que le urgía
entrenar chofer! * Salvador
conduce y mira a Rebeca a través del espejo retrovisor. Rebeca fascinada con su
nuevo chofer le sonríe seductora. * -¡Este
hombre va a estar unos días mientras Walter se recupera! -¡Tranquilízate
Ángela! -¡Es
que de veras! Es una abusiva… además tenemos muchos problemas… ¡primero lo de
Azur y ahora esto! -Y
hablando de Azur… te cuento que lo tenemos escondido en el bosque. -¿Lo
viste? –se alegra Ángela. -¡Sí!
Simón y yo le estamos dando de comer, pero no se puede quedar en esas
condiciones indefinidamente. -¡Ese
pobre animal no se merece eso! Aunque haya atacado a Walter nosotros debemos
defenderlo por encima de cualquier cosa. Aparece
Walter. -¡Hola
Walter! ¿Cómo sigue? –pregunta Ángela. -¿Cómo
está señorita Ángela? Bueno… ahí
vamos… ahí vamos… justamente esta tarde el
médico va a venir a examinarme, es una ironía que usted y
yo seamos justamente
los que estemos lastimados… ¿verdad? Pues si nos
descuidamos esta casa va a
terminar convertida en un hospital. -Mire
Walter, no entiendo por qué razón Azur lo atacó, pero no quiero que le pase
nada. -¡Claro!
–con ironía- ¡probablemente a usted le importa más ese animal que yo! -¡Confío
en que sí! Y espero su colaboración… ¡es un favor que sabré agradecerle! -¡Lo
escucho! -Es
algo muy personal señorita Ángela –mira a Antonio- Quisiera hablar con usted,
pero a solas por favor. -No se
preocupe Walter, yo me retiro –Antonio se levanta- trata de tranquilizarte- le
dice a Ángela y se marcha. Walter
se sienta en el lugar de Antonio- ¡Usted sabe que doña Rebeca contrató a un
desconocido para reemplazarme! -¡No se
sabe absolutamente nada de él! No se le pidieron documentos ni recomendaciones. Ángela
se asusta- ¡Qué clase de persona es ese hombre! Walter
sonríe ilusionado al verla asustada por las noticias sobre el nuevo contratado. * Una
tienda. El
guapo Salvador se prueba un uniforme negro y se mira al espejo -¡Se ve
maravilloso! –babea Rebeca- ¿no me diga que no se siente espectacular con este
uniforme Salvador! Rebeca
ríe y lo acaricia- ¡Me encanta que piense responsablemente! -¡Ah!
–Rebeca mueve una mano despectivamente- ¡el dinero es lo de menos! A mi sobrina
y a mí nos sobra –le dice pavoneándose- ¡todavía usted no sabe quienes somos! * Más
tarde Salvador conduce de vuelta. -¡Como
sabe, mi sobrina es la dueña de la empresa donde usted trabajaba! Y desde la
muerte de Pedrito, ha manejado muy inteligentemente los negocios. Salvador
mira el camino y responde sinceramente- ¡No lo dudo doña Rebeca! Además… ella
es una mujer muy bonita. -¡Así
es! –sonríe Rebeca- ¡la verdad es que Isabelita heredó la belleza de las
Macedo… sobre todo la mía! –suspira- ¡Ay, es mi vivo retrato de cuando yo tenía
esa edad Salvador! Salvador
disimula una sonrisa pero sigue serio- ¡Debió ser duro para ella perder a su
esposo y encargarse de todo! Así… tan repentinamente… ¿no es cierto? -¡Ay
claro! –exagera Rebeca- ¡no sabe cuanto! La pobrecita, de un momento a otro se
convirtió en la heredera de todos los bienes de Pedrito… ¡ay! No ha sido nada
fácil Salvador. Salvador
frunce el entrecejo- Tengo entendido que don Pedro dejó una hija… ¿o me
equivoco? -¡No,
no, para nada! No se equivoca… -y Rebeca dice con disgusto- ¡pero esa
muchachita estúpida… no cuenta para nada! * Mansión. Ángela
entra al estudio de don Pedro y mira triste el gran retrato de su madre. * En el
auto. Rebeca
sigue metiendo la pata sin percatarse de nada.
Ahora está alardeando bienes que no tiene-¡Pose varios… chalets!... en
la costa Oust… -pronuncia con un tonito de alcurnia- ¡y allí vivía hasta hace
muy poco! –le miente- porque la verdad… me encanta el mar Salvador… pero bueno…
¡vine a esta ciudad por petición de Pedro José Donoso. Salvador
reprime una sonrisa de burla- ¿O sea que él la llamó? -¡Claro
que sí! –sigue Rebeca dándose importancia- ¡éramos excelente amigos! ¡me
apreciaba muchísimo! ¿sabe?... ¡estaba loco porque viniera a vivir a su casa! Salvador
suspira. -¡Ay!
Ese hombre me adoraba Salvador… -y le cuenta como un gran secreto- ¡hasta llegó
a proponerme matrimonio! –ríe divertida- ¡pero claro que yo nunca quise
intervenir…. Por Isabelita claro! Además… -y lo mira con lujuria- ¡a mí me
encantan los hombres jóvenes y guapos… Salvador! y Pedrito era un anciano… ¡ni
modo que me fijara en él! –y sonríe- bueno… le cuento estas cosas porque de
verdad usted me inspiró confianza siempre… se lo aseguro… ¡y créame que soy
terriblemente desconfiada con los hombres! Salvador
ya no soporta más escucharla y bruscamente acosta el auto y frena
violentamente. Rebeca
es enviada con fuerza hacia delante y le pregunta asustada- ¿Qué pasa Salvador?
¡por qué ha frenado de esa manera! -¡No!
Vamos a otra parte –ríe Rebeca- ¡Qué va! Yo no estoy para regresar a la casa
tan temprano… contando con sus servicios –y lo vuelve a mirar suspirando- ¿sabe
Salvador? ¡estoy empezando a sentirme… muy bien a su lado! * Mansión. -¡Parece
que mi tía Rebeca está empeorando la situación! –Valeria. -¡Yo
creo que sí! Porque la señorita Ángela está muy ofendida –comenta Abigail- y a
mi me parece que las cosas no se van a quedar así… ¿he? ¡ella está dispuesta a
reclamarle! -¡Pues
ya veremos! A ver cómo le responde a la señorita Ángela! -¡Es
joven, alto, atlético! –sonríe- ¡la verdad es muy guapo! Pero bueno… ya lo verá
usted y sacará sus propias conclusiones señorita. -¡Es
que me parece increíble las locuras que hace mi tía! Comete muchas imprudencias
creyendo que el poder lo tiene en sus manos… por cierto… ¿Dónde estará ahora? -¡No
tengo la menor idea señorita! –le dice Abigaíl preocupada- precisamente salió
con ese hombre y sabrá Dios a qué horas van a regresar. * Un
restaurante elegante. Salvador
ya vestido con su traje de chofer esta sentado a una mesa con Rebeca,
visiblemente incomodo. Rebeca
le sirve vino a Salvador- ¡Por qué me mira de esa manera Salvador! – y le
sonríe coqueta- ¡le confieso que me pone muy nerviosa! -¡No! A
mí eso no me importa… yo soy una mujer auténtica… ¿Y qué más da lo que piensen
o digan los demás? ¡por darles gusto yo no me voy a sentar sola a la mesa! -¡Ay!
Claro que sí, ya se lo dije… tenemos una cita. Salvador
mira hacia la entrada- ¡Pero parece que le fallaron, no creo que vengan! -¿Sabe
qué pasa? ¡son unas mujeres importantísimas! –exagera Rebeca- ¡imagínese que
una es la esposa de un ministro y la otra… ni nada más ni nada menos que una
embajadora Salvador! -Gente
muy importante… ¡como usted! -¡No,
por favor, no estamos hablando de mí! –y le sonríe y se le acerca- ¡hablemos de
usted Salvador! – le pone la mano sobre la de él- ¿Sabe? ¡no sé por qué pienso
que usted es… tan especial! Le juro que su voz y su mirada me impresionan
muchísimo. Salvador
suspira incomodo. -¡Hay
algo en usted que atrae y confunde terriblemente Salvador! –le dice Rebeca sin
darse cuenta cuan cierto es. -Son
suposiciones suyas señora… -se inquieta Salvador- ¡yo soy un hombre común y
corriente! Como cualquier otro. -¿Sabe?
–Rebeca se hace la loca- ¡Nunca le he preguntado si es usted casado! Salvador
queda callado y duda… al final responde- ¡No lo soy! En este momento no tengo
ningún compromiso. Rebeca
sonríe realizada- ¡Ay! ¡estamos en las mismas! –ríe feliz- ¡yo tengo muchos
pretendientes pero no me comprometo con ninguno! Me imagino que a usted le pasa
lo mismo… ¡porque usted es tan guapo Salvador! –y se le vuelve a acercar
demasiado y le acaricia más insistentemente la mano que Salvador retira como si
quemara- ¡y a veces en realidad… muy tímido! –dice Rebeca. -¡Soy
respetuoso señora! Conozco mi puesto y no me paso de la raya –la corta seco. -Claro,
por supuesto… -Rebeca se da cuenta que debe retenerse- ¡creo que es hora de
irnos! ¿verdad? ¡mesero! –llama para pagar la cuenta. * Casa
Consuelo. Muy
enojada- ¡Prometiste visitarme ayer domingo! -Consuelito…
pero ya te conté lo que pasó con el perro y el lío ese que se armó en la casa. -¡Si!
Pero yo la pasé muy aburrida… te estuve esperando todo el día y parte de la
noche… ¿o tú crees que estoy muy entretenida con ese par de mocosas, he? –dice
arrugando la cara. -Bueno…
pero qué… ¿no te da gusto saber que ya recuperé mi empleo? ¡esta mañana regresé
a la fabrica! -Bueno
–Consuelo calcula y cambia- ¡sí me alegra! Consuelo
sonríe- ¡Ay Simoncito es que yo tengo mucho miedo de perderte! De que te
aburras de mí… tú sabes que yo tengo muchas necesidades… ¿verdad? -¡Mira!
No te prometo mucho, pero en lo que pueda yo te voy a ayudar… lo sabes. Consuelo
le sonríe- ¡Sí, me alegra tanto que hayas solucionado todos tus problemas! -¡Pues unos
se solución y otros se complican! -¿Ah
si? -¡Si!
Ahora contrataron a un empleado nuevo. -¿En la
fabrica? -¡No!
En la casa… apenas llegó hoy… y la verdad me parece un tipo bastante raro
–preocupado. * Mansión. Walter
espía y los ve llegar y sale corriendo.
Salvador baja de la camioneta exhibiendo flamante traje nuevo y le abre
la puerta a Rebeca y la ayuda a bajar.
Rebeca lo mira fascinada. Y le sonríe seductora. (poniendo
ojitos de puerca viuda!) Salvador
molesto mira para otro lado. * Walter,
sin aire, golpea a la puerta de Ángela-¡Acaba de llegar doña Rebeca, señorita
Ángela! Para que pueda hablar con ella y de paso así conoce al tipejo ese que
contrató. Ángela
lo mira preocupada y con una pierna enyesada (pero con súper tacos) sigue a
Walter escaleras abajo. * Cocina. Vicky
se queja amargamente- ¡Se le llena la boca diciendo que es la administradora de
esta casa y se la vive en la calle! Y cuando nosotros necesitamos algo… ¿a
quien nos dirigimos? -¡No
nos amarguemos la vida Vicky! –Abigaíl- ¡dejemos las cosas cómo están y que así
las encuentre doña Isabel cuando regrese! -¡Mire!
La casa está patas para arriba porque nosotras no sabemos qué hacer. -¡Pues
sí, patas para arriba pero ahí anda doña Rebeca arriba y abajo con el nuevo
chofer ese que contrató! -Por
cierto… ya regresó y no quise decirle nada porque escuché que estaba
discutiendo con la señorita Ángela. * -¡No
quiero discutir sino aclarar las cosas! –Ángela levanta la voz- ¿Quién es el
hombre que contrató señora? -¡Ah!
¡ya se lo dije Ángela! –Rebeca la mira con fastidio- ¡es una persona honorable
en la cual podemos confiar plenamente! –ríe a carcajadas- ¡yo necesito el
chofer! No sé prender un carro. -¡En
todo caso yo lo necesito más! –le recuerda Ángela- ¡y aún así no pensé en
contratar a alguien! -¡Como
sea! –se enoja Ángela- ¡debió preguntarme antes! Rebeca
se rebela- ¡Pues no! Pues no… porque no quiero que lo indisponga con sus
reclamos de niñita malcriada… ¡yo lo contraté y yo me responsabilizo por él! –y
diciendo esto se marchar dejándola plantada. Ángela
enojada ordena- ¡Walter! Llame a este señor y dígale que lo veo en el estudio
por favor. * Walter
feliz sale a cumplir con su mandado. En
el jardín grita- ¡Oiga usted! Acérquese. Salvador
se acerca expectante. -¡Tenga
la amabilidad de acompañarme! La señorita Ángela Donoso quiere hablar con
usted. Salvador
se llena de alegría y disimula su impaciencia por ver a Ángela. * Walter
lo conduce al estudio de Pedro José Donoso y Salvador da unos pasos inseguros y
entra tímidamente. Se queda impactado al ver a Ángela sentada en su escritorio…
suspira. Ángela
lo mira extrañada. * (Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi responsabilidad) @2005 Narración by Mabouchita! Z;D Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme |
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