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El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO Y si Adelita quisiera ser mi novia y si Adelita fuera mi mujer le compraría un vestido de seda para llevarla a bailar al cuartel. Letra completa La Adelita en Wikipedia Escuchar aquí
* Casa de
Consuelo. Simón y
Consuelo hablan en la cama. -A
veces me siento muy sola –dice triste Consuelo- y me dan ganas de compartir mi
vida con alguien. -¿Pues
que no tienes a tus hijas? (Ay!
Simón!! Consuelo
lo mira incrédula y luego le aclara- ¡Pues me refiero a compartir mi vida con
un hombre! -y luego le sonríe- ¡con un hombre como tú! –y lo besa- Simoncito…
¿Por qué no rentamos un apartamento y nos cambiamos juntos? Simón
pone cara de espanto. -¡O sea
algo más grande que esto! –mira alrededor- ¡mucho mejor! -¡Qué!
¿no te piensas quedar hoy? -¡No
puedo! Tengo que regresar. -¡Claro!
Le tienes miedo a tu mamá. -¡Ya te
dije que tengo muchos problemas en la casa! –se fastidia Simón- ¡tengo que
buscar al perro que anda perdido en el bosque! Y saber qué pasó con el empleado
ese que acaban de contratar… ¡ya te dije que es muy raro y me tiene muy
nervioso! * Estudio
don Pedro José Donoso. Ángela
estudia al nuevo personaje- ¡De modo que usted es el nuevo chofer! –dice fría. -¡Así
es señorita Donoso! –Salvador simula bien. -Acérquese
por favor –le pide amable- Gracias Walter, ya se puede retirar… -y al ver que
Walter no se mueve- ¡necesito hablar con él a solas! Walter
sale a regañadientes. -¿Cómo
se llama? –pregunta Ángela con una sonrisa dulce. Salvador
duda… pero luego responde claramente- ¡Salvador Cerinza! * En otro
lugar de la casa Rebeca tiene un ataque de histeria- ¡No es más que una
altanera! ¿vio como me trató Walter? ¡pero qué piensa ella! ¿qué me va a faltar
el respeto como si yo fuera una sirvienta? –se pasea nerviosa- ¡pues no, esa
Angelita está muy equivocada! ¡que ni piense que yo voy a ser su subalterna! -¡Se
está preocupando demasiado por él! –le advierte Walter- ¡y eso le va a traer
problemas con la señorita Ángela! ¡y descuida los asuntos realmente
importantes! -¡La
administración de esta casa! –se exaspera- ¡el asunto del perro!... ¿qué pasó
con la denuncia a la policía? -¡Ay!
¡Eso es asunto suyo Walter! -¡Walter!
Hablemos directamente… ¡usted está muy fastidiado con el nuevo chofer! ¿verdad,
no es cierto? -¡No me
gusta su comportamiento señora! Pero
Walter no se mueve y se acerca a ella amenazadoramente y le susurra a la oreja-
¡Quiera o no… tenemos que hablar… doña! Le recuerdo que tenemos un convenio… ¿o
ya olvidó el cuarto secreto de don Pedro José Donoso? -¡Ya
habrá tiempo para ocuparnos de ese tema! Ahora voy a darle instrucciones a
Salvador –y trata de marcharse. -¡Está
ocupado hablando con la señorita Ángela! Y le recomiendo no interrumpirlos…
porque eso la molestaría sobremanera… ¡y usted no está en situación de… agravar
este asunto! –habla pronunciando gravemente cada palabra como es su costumbre. (Bravo
Moll!! * Estudio. -¡Desconozco
las condiciones en que lo contrató doña Rebeca! Pero le advierto que ella no
estaba autorizada. -¡No lo
sabía! Ella aseguró que… era la administradora de la casa. Ángela
suspira-¿Y por cuanto tiempo lo contrató? -¡Es un
trabajo temporal! Mientras Walter se recupera. -Y…
¿ella le exigió sus documentos de identificación? Salvador
pierde seguridad en sí mismo- No… ¡no lo consideró necesario! -¡Pues
yo sí! –responde Ángela firme- ¡cualquier empleado que desee trabajar en esta
casa debe presentar sus documentos al día! Así que le pido que me los muestre
por favor. -La
cuestión es que… estoy tramitando todos los papeles… ¡acabo de llegar a la
ciudad! -¡Ese
no es mi problema! –le corta Ángela-¡mi obligación es velar por la seguridad de
esta casa! Salvador
se pone de pie- ¡Señorita Donoso! Yo respeto su opinión… si desconfía de mí no
puedo permanecer aquí… -y luego dice con una voz misteriosa- ¡yo estoy seguro
que su difunto padre hubiera hecho lo mismo! –y Salvador se dirige triste a la
salida del estudio. Ángela
se siente mal- ¡Espere! –lo detiene y se levanta con dificultad del escritorio
y apenas puede caminar. Salvador
la ve y vuelve inquieto- ¿Le sucede algo? Ángela
lo tranquiliza - ¡No! No es nada –pero luego pierde pie y debe apoyarse en el
escritorio para no caer. -¡Déjeme
ayudarle por favor! –Salvador corre a detenerla que no caiga. Ángela
lo rechaza asustada- ¡No me toque! –y lo mira con sus grandes ojos claros
llenos de miedo. Salvador
retrocede- ¡Lo siento! No quise molestarla –se excusa y da unos pasos atrás
mirándola profundamente. Ángela
se queda fascinada por su mirada. -¡Permiso!
–en ese momento interrumpe Rebeca y los ve en trance- ¿algún... problema
Angelita? –y al no obtener respuesta- ¿algún problema Salvador? –suaviza la
voz. -¡No,
ninguno! –se despierta Salvador- ¡la señorita Donoso fue clara conmigo! Sólo
resta marcharme. Pero
Ángela sale del trance- ¡No!... –dice incierta- Salvador… ¡olvídelo! Puede…
-tartamudea insegura- ¡puede quedarse a trabajar! –dice luego con firmeza- ¡al
menos por un tiempo, en lo que Walter se recupera! Salvador
sonríe aliviado- ¡Pues entonces será un placer servirla señorita! Porque
supongo que también trabajaré para usted… -y luego mira a Rebeca- ¡y para los
que necesiten mis servicios en la casa! Ángela
lo mira y luego sonríe- ¡No! Puede irse. -¿Dónde
me cambio el uniforme? –pregunta Salvador. -¡En la
parte de servicio! –Rebeca- puede preguntar por Abigail o por Vicky. Salvador
vuelve a mirar una vez más a su hija con una expresión entrañable en sus ojos y
se marcha- ¡Con permiso, señorita! -¡Me
alegra mucho que haya permitido que Salvador se quede a trabajar para nosotros!
–sigue Rebeca sin darse cuenta de nada- ¡en un momento pensé que lo iba
despedir! A pesar
de esto Rebeca sonríe triunfante y Ángela, que está vestida con una minifalda
negra y un top rojo la espera para salir del estudio. * Jardín. Salvador
sale al jardín y se dirige a la camioneta y saca de la cajuela una bolsa dónde
tiene su ropa. A lo lejos se escuchan
los ladridos de Azur que parecen saludarlo.
Salvador se pone atento y mira hacia el bosque preocupado. Azur ladra y ladra. * En el
bosque. Azur,
un poco más viejo… solo y asustado… mira hacia la casa… esperando que su dueño
venga a buscarlo. * Mansión. Salvador
entra a la mansión por la parte de servicio y se encuentra con Abigail-¿Dónde
me cambio el uniforme Abigail? –pregunta. -En… en
ese cuarto –responde Abigail mirándolo turbada. -¿Y lo
puedo dejar ahí? -¡Sí,
claro, por supuesto! –dice continuando con su trabajo. De
pronto Salvador cambia de voz- ¡Me agrada tenerla cerca! ¿sabe? Abigail
lo mira sorprendida. -¡Aunque
ya no administre la casa! ¿Quién tomó la decisión de cambiarla? -Eh…
¡la señora Isabel! –se sorprende- ¿Por qué lo pregunta? -¡Por
simple curiosidad! Otra
vez Salvador duda… pero luego responde firme- Salvador. -Espero
que esté usted a gusto el tiempo que pase con nosotros… ¡Salvador! -Con
personas como usted cerca… ¡no me cabe la menor duda! –y se marcha dejando a
una Abigail boquiabierta- ¡con permiso! * Lavadero. Salvador
se cambia. Se vuelve a vestir con su
remera roja y jeans que le quedan muy bien y se marcha. * Jardín. Ángela
está sentada en un banco y lo ve pasar y lo mira partir con curiosidad. Walter
se acerca disgustado y le reclama- ¡Como usted pudo permitirlo! Usted debió
exigirle a ese intruso que se marchara inmediatamente. -¡No
puedo cometer una injusticia con alguien que apenas empieza a trabajar Walter! Walter
suspira-¡Le repito que no nos conviene tener cerca a ese tipejo! Walter
se llena de odio pero se calma- ¡Como usted lo disponga señorita Ángela! * Mansión. Golpean
a la puerta de Valeria. Entra
Ángela rengueando con muletas-¿Cómo estás? -pregunta distraídamente -¡Yo
muy bien! Pero a ti te veo muy nerviosa. -Pues
lo que pasa es que tuve que hablar con el hombre que contrató tu tía Rebeca…
¡con Salvador Cerinza! -¡Ay!
¡ya me imagino la que se armó! –suspira Valeria- ¡no lo dejaste trabajar y
tuviste que enfrentarte a mi tía! ¿no es así? -Pues…
esa era mi intención… ¡pero terminé
aceptándolo! No sé por qué… de
repente…
¡sus miradas y sus palabras me desconcertaron! Y ahora no
sé si hice bien en
permitirle trabajar en esta casa –dice confundida. * Casa
Gaetana. -Entonces
no le fue bien del todo –Gaetana. -¡Por
ahora las cosas marchan bien! –afirma triste Salvador. -¡Ay!
No lo creo… si no logró entrar a ese lugar secreto y recuperar lo que tiene
escondido allí… ¡pues no! –se enoja Gaetana. Salvador
suspira cansado- ¡Ni siquiera me acordé de eso Gaetana! Gaetana
se pasea nerviosa removiendo su estola de plumas negras y collares de piedras. -No se
preocupe, ya buscaré la manera de entrar. -¡Es
que yo no tengo tiempo! –se exaspera Gaetana- ¡el dueño de la casa no me dio
más plazos y me amenazó con mandar a la policía y sacar mis cosas a la calle! Salvador
la mira enojado- ¡Me está ayudando sólo por interés! –le recrimina. -¡No
hombre, no diga eso! –exclama Gaetana- ¡no me mire de esa manera, que no me
gusta! Salvador
enojado se levanta y se marcha. -¡Don
Pedro José! –le grita Gaetana. Salvador
se detiene y la mira serio- ¡No vuelva a llamarme así! ¡Pedro José Donoso está
muerto y enterrado! –le grita- ¡muerto y enterrado! ¿me oyó? –y luego baja la
voz- ¡mañana tendrá el dinero que le prometí y mientras yo permanezca en esta
casa le prohíbo terminantemente realizar sesiones espiritistas! –y le repite
con voz baja y ronca- ¡se lo prohíbo! * Bosque. -Nosotros
te vamos a proteger para que nadie te haga daño –Simón consuela a Azur y trata
de llevarlo a la casa- ¡vamos! –pero el perro se niega- ¡Azur! ¿qué te pasa?
Tienes que venir conmigo… ¡vamos, anda! -¡Azur!
–grita Simón- ¿y ahora que le dio a este bendito? * Mansión. -¡El
muy testarudo no quiso volver! Creo que ya se acostumbró a vivir entre los
matorrales. -¡Así
sea a la fuerza lo tenemos que traer! –se preocupa Antonio- Ángela ya me dijo,
ella está dispuesta a protegerlo. -¡Pues
sí! Pero no podemos obligarlo hermano… acuérdate que es un perro con mucha
personalidad y si no quiere regresar a esta casa… ¡pues sus motivos tendrá!
¿no? Los animales son muy intuitivos. -¿Tú
crees eso? -¡Claro! -¡No
sé! Pero algo me dice que van a pasar muchas cosas con la llegada del nuevo
empleado.
-¡Sí!
Después que estaba dispuesta a despedirlo… ¿Cómo ves? -¡No
sé! Tú que opinas de ese tipo. -Pues
la verdad no puedo opinar mucho, yo apenas si lo he visto y hasta el momento no
he cruzado palabra con él. -Pues
yo sí lo vi de cerca… y no sé por que, pero me puso muy nervioso… ¿tú crees que
no convenga? (Que no
convenga qué? -¡No
sé! Pero voy a tratar de hablar con él mañana para saber a qué atenernos… no
confío en un tipo que llega así de la noche a la mañana y convence tan
fácilmente a doña Rebeca y a Ángela… ¡algo muy raro debe de tener, algo muy
raro! * Lavandería. -¿Qué
tanto hace Abigail? –Vicky- ¡ya lleva rato cepillando esa ropa! -¿Habló
con él? -Sí,
cruzamos algunas palabras, pero… ¡me trató con mucha familiaridad Vicky!
–piensa- ¡como… cómo si ya me conociera de antes! –le cuenta- ¡me llamó por mi
nombre y fue como si ya lo hubiera hecho muchas veces antes! No sé… es un poco
raro ¿no?... que haya recordado mi nombre si nos acabamos de conocer. -No
tiene nada de raro que doña Rebeca se lo haya dicho y él ha de ser una de esas
personas que aprende con facilidad y tiene su modo de meterse a la gente aquí
en el bolso. Abigail
recuerda: “Me agrada tenerla cerca… ¿sabe? Aunque ya no administre la casa…
¿Quién tomó la decisión de cambiarla?” * Mansión. Un
nuevo día. Muy
temprano Salvador llega a su nuevo trabajo.
Camina seguro de sí mismo y saluda a los jardineros y a los
guardias. Walter lo espía de mala gana.
Las empleadas lo miran con admiración… ¡tan guapo! Salvador les sonríe. Salvador
se tropieza con Antonio que lo espera- ¡Buenos días joven! –lo saluda. Antonio
se queda de una pieza y no contesta. Salvador
trata de seguir caminando pero Antonio se le pone enfrente. -¿Algún
problema? –se sorprende Salvador. -¡No!
Ninguno…solamente quería conocerlo… ¡quería la oportunidad de verlo de cerca! -¿Cuál
es su nombre? Esta
vez Salvador no duda- ¡Salvador Cerinza! -Yo soy
Antonio Domínguez, el hijo de Abigail, antigua administradora de esta casa –se
presenta Antonio. -¡Es un
placer conocerlo Antonio! –y le da la mano. Antonio
respondo y le da la mano también… pero al tocar la mano de Salvador se queda
frío y pálido… y se le queda mirando a Salvador como en trance. Simón
grita- ¡Ya está listo el desayuno! Antonio
salta y Salvador sigue su camino. * -¡Alto! –suspira Rebeca- ¡atlético! Y con una personalidad arrolladora. (jejeje... * Lavandería. Salvador
se desviste para ponerse el uniforme. * Rebeca
muy elegante y una peluca rubia que le queda muy bien. -¡Nadie
pero nadie diría que se trata de un simple chofer! –sigue soñando Rebeca- o que
trabajó como obrero en la fábrica de cítricos… ¡ay! No es un tipo del montón ni
mucho menos… ¡es alguien súper especial y me parece que tiene muchísima clase! -¿Y fue
por eso que lo contrataste tía? –Valeria le pregunta escéptica. -¡Ay
sí! Claro que sí…mira… Salvador tiene un ángel que impresiona a cualquiera…
¡bueno, hasta Ángela aceptó! -Bueno,
eso es cierto, quedó muy impresionada… ¡pero todavía no sabe si hizo bien o
hizo mal! –dice Valeria con aire de maestra. -¡Dime
una cosa Valeria! –de pronto se disgusta Rebeca- ¿tú hablas con esa…
muchachita? -¡Sí! Viene
a visitarme casi todos los días. Rebeca
se exaspera-¡Ay! ¡pero cuantas veces te he dicho que no te metas con ella ni
con Abigail, y mucho menos con la india esa de Vicky! –y le alza la voz- ¡te
prohíbo que entren a tu cuarto! -¡Hasta
cuando vas a seguir con esa condenada rebeldía Valeria! ¿he? –se acerca- ¿ya se
te olvidaron las órdenes de Isabelita? En ese
momento golpean a la puerta- ¡Adelante! –dice Valeria. Entra
Walter. -¡Qué
quiere Walter! –grita Rebeca. Walter
se cuadra y anuncia- ¡Mi reemplazo ya está en la sala doña Rebeca! Espera sus
órdenes. Inmediatamente
Rebeca se olvida de todo y sonríe y sale corriendo. * -Y
ahora qué te pasa hombre… te noto
perdido desde hace rato –Simón. -¡Vi a
Salvador Cerinza! –dice Antonio como en otro planeta. -¡Ah!
El chofer…. ¿y? -¡Sí! Y
ahora entiendo que me decías que era bastante raro… a mí me pasó exactamente lo
mismo y algo más… ¡lo hubieras visto! Cuando me estrechó la mano para
saludarme… ¡sentí que me quemaba! -¡Te lo
juro, sentí como un frío intenso… y la sangre se me congelaba en las venas!
¿qué clase de tipo es ese hombre? –dice con miedo. * Sala. -¡Aún
no he terminado de programar mi día Salvador! –le sonríe Rebeca- Así que va a
tener que esperarme un ratito… ¡tengo que hacer muchas llamadas a muchas
amigas! Walter
que está cerca salta- ¡Permítame una sugerencia doña Rebeca! Mientras usted
organiza… sus innumerables compromisos sociales… este… caballero… podría llevar
a la señorita Ángela al hospital… dónde la esperan para cambiarle el yeso. Rebeca
sonríe aliviada (porque no sabe dónde ir * Otro
lugar de la mansión. Ángela
vestida de un top rosado, una falda roja, y un cinto azul. -¡No
debiste aceptar a ese tipo! –insiste Antonio- ¡te digo que me da mala espina! -¿Ah
si? Raro… ¿por que? -¡Señorita
Ángela! –entra Walter- ¡el chofer la está esperando! -¿Para
qué? –se sorprende. -¡Hoy
es su cita con el medico! ¡él la va a llevar! Ese es su trabajo. -¡Yo
voy contigo Ángela! -Antonio. -¡No,
tú tienes que ir a la universidad Antonio! -¡Te
digo que yo voy contigo! –se desespera- ¡no quiero que te vayas sola con ese
tipo! * Habitación
de Antonio. -¡Pues que
vaya sola o que la acompañe otro! –grita Abigail- ¡pero tú de aquí no te mueves
Antonio! -¡Y
todavía lo preguntas! –se exaspera- ¡es que cuando vas a entender que debes
distanciarte de la señorita Ángela! -¡No lo
voy a entender nunca mamá! Porque no puedo dejarla de querer, así se opongan
doña Isabel, tú o el resto de la humanidad… ¡nunca lo voy a entender! ¿Cómo la
ves? -¡Óyeme,
a mí no me hables así muchachito! ¡a mí me respetas! -¿Por
qué haces esas comparaciones? -¡Porque
las situaciones se repiten mamá! Ayer fuiste tú la que se rebeló, ahora soy yo
y mañana serán mis hijos… ¡todos tenemos derecho a rebelarnos cuando se meten
con nuestros sentimientos! -¿Por
qué demonios no puedo ir con ella al consultorio? –grita Antonio. -¡Porque
no es prudente hijo! –se desespera- ¡que la lleve el chofer, para eso lo
contrataron! -¿Por
qué no quieres? ¡es un empleado como cualquier otro! -¡Pues
mira! Aunque no te agrade ni tantito primero está la universidad que el
caprichito ese con la señorita Ángela. -¡Ay
mamá! voy a perder la paciencia como mi hermano Simón. -¿Ah
si? –se enoja- Pues pierde la paciencia cuando estés lejos de mí… ¡mientras
vivas aquí conmigo, a mí me respetas y respetas esta casa! –le grita. * Jardín. Ángela
tiene puesto un sombrero blanco adornado con rosas rojas. Ángela
espera al lado del auto- ¡Oye Vicky! ¿no sabes qué pasó con Antonio? Él me dijo
que me iba a acompañar. -¡Pues
es mejor que no lo espere señorita! –aconseja Vicky- no creo que vaya. Ángela
mira hacia la casa y luego sube al auto. Antonio
sale corriendo de la casa para ver cuando Salvador cierra la puerta detrás de
Ángela y sube al puesto de chofer. Antonio
se queda quieto y los ve partir. * Salvador
conduce y trata de hacer conversación con su hija-¿Se accidentó hace mucho
señorita? -Hace
un par de días –contesta Ángela seca. -¿En la
calle? -¡No,
fue en mi casa! Me resbalé y caí por las
escaleras. -¿Fue
muy grave? Ángela
pierde la paciencia- ¡En lo absoluto! Por favor ya no pregunte más… -le ordena-
¡limítese a conducir más rápido que voy a llegar tarde a mi consulta! -¡Yo
sólo cumplo sus órdenes señorita Donoso! –dice con rabia contenida- ¡no soy
responsable de la imprudencia de los demás conductores! Ángela lo
mira como si estuviera loco- ¡Pues tenga cuidado, recuerde que no está llevando
un animal! * Mansión. Rebeca
gritando- ¡Abigaíl! –y se tropieza con una empleada y le grita furiosa- ¡No
puedo creer, por poco me tumba al piso! -¡Qué
cada día que pasa sus hijos se vuelven más patanes! Por favor ordéneles que
aprendan a respetar… ¡sobre todo el pesado de Antonio! -¡Así
lo haré doña Rebeca! –responde sumisa. -¿Es
que no se da cuenta en que insiste en molestar a Ángela? –y la mira con
desprecio- ¡hágale ver las posiciones que les corresponden! ¿o es que usted es
una madre de esas alcahuetas? ¿he? ¡qué apoya todas las inmoralidades de sus
hijos! ¡dígame! -¡Antonio
sí lo es! –le grita Rebeca- ¡y no lo defienda! Abigaíl
reviene sobre sus pasos enojada-¿Por qué lo dice usted? ¡porque pretende a la
señorita Ángela! Si lo hace, seguramente, es porque para ella no es
indiferente… ¡seguramente ella también se siente atraída por mi muchacho! -Abigail
–Rebeca baja el tono y le pone sorna- ¿pero no se da cuenta de las posiciones
sociales? Bueno… es cierto que Ángela es una muchachita malcriada… ¡claro que
si! ¡pero es una persona muy decente! -¡Abigaíl!
–le grita ofendida Rebeca. -¡Esa
es la pura verdad señora! Aunque se ofenda… lo lamento… ¡siempre exige usted
respeto pues tenga usted respeto primero! Pero
Abigaíl no toma la prenda- ¡Yo no voy a arreglar nada! Déjelo a Vicky o a
cualquiera de las demás empleadas –dice furiosa- ¡yo estoy muy ocupada
atendiendo los deberes que le corresponden a usted! -¡Pero
cómo se atreve he! ¡cómo! -¡Pues
porque es la pura verdad doña Rebeca! ¡los electrodomésticos están dañados!
¡los tanques de agua están a la mitad! ¡ya no hay nada en el mercado para la
semana que viene! ¡los servicios no se han pagado y no se han cancelado los
sueldos de los empleados! -¡Esa
sarta de cosas son sus obligaciones! ¿o qué cree usted he? ¡que administrar una
cosa es nada más contratar choferes para que la lleven de paseo por toda la
región! -¡Cállese!
–Rebeca pone ojos de víbora- ¡no se atreva más Abigaíl! ¡no se atreva! -¡La
atrevida es usted! –Abigaíl tiene cuerda- ¡no hace más que recriminar a mis
hijos y déjeme decirle que la única que puede hacer eso, soy yo! ¡ni usted ni
nadie puede juzgarlos ni entrometerse en su vida privada! ¡con permiso! –se
retira digna. Rebeca
se queda furiosa y al darse cuenta que Vicky no ha perdido palabra le entrega
la blusa. * Abigaíl
corre a su pieza y se sienta en la cama a llorar. Vicky
entra detrás con la blusa de Rebeca en las manos- ¿Cómo es eso qué se pone a
chillar cuando debería estar contenta por haberle cantado sus cuatro verdades a
esa vieja chiflada? -¡Es
que estoy harta Vicky! –explota- ¡estoy harta de que se metan con mis hijos!
¡harta ya, no más! Mira… que se metan conmigo no me importa… me da igual… ¡pero
ya no voy a permitir ni una vez más que ofendan a mis muchachos Vicky! –llora
impotente. -¡Pues
así debió comportarse desde un principio porque la época de la esclavitud ya
pasó! Además usted es demasiado señora como para dejarse humillar por semejante
cucaracha –y de pronto mira la blusa y dice con un aire de venganza- ¡le voy a
echar muchas ganas al arreglo que le tengo que hacer a esta camisa! Cómo no…
¡se la voy a dejar divina doña Rebequita, claro que sí! * Rebeca
grita indignada- ¡Fue espantoso, espantoso! – al ver lo que queda de su camisa-
¡poco falto para que lo quemara! ¡lo hizo a propósito! ¡no lo niegue! –acusa a
Vicky que simula ignorancia- ¡mire la barbaridad que hizo con esta pieza!
¡Vicky, Vicky! ¿no me está oyendo? ¡mire le cambió los botones y en vez de
plancharlo parece que lo hubiera horneado! Vicky
no responde. -¡Usted
no es más que una india inservible! -¿No me
diga? –se burla- ¿a poco usted es Mandrake el mago? –y se marcha corriendo. Rebeca
corre a la pieza de Valeria- ¡Valeria! ¡mira esto! ¡esas desgraciadas me odian
y no pierden oportunidad para ofenderme! Mira… una de las mejores piezas que me
regaló Isabel y ahora mira… ¡esa india la ha destruido totalmente! ¡es un trapo
viejo! Valeria
toma la camisa- Bueno… ¿y por qué no me la trajiste antes tía? ¡yo te lo habría
arreglado con mucho gusto! -¡Ay mi
amor! ¿pero no te acuerdas que tú no eres una criada para encargarte de esos
oficios, he? –se exaspera- ¡Valeria! ¡eres una de las patronas de esta casa mi
amor! Rebeca
está a punto de responder furiosa cuando golpean a la puerta y Valeria hace
pasar. Walter
entra y se cuadra ante Rebeca- ¡Mi reemplazo acabo de llegar! Valeria
la mira y pregunta con sospecha- ¿Por qué te arreglaste tanto tía?... ¿para el
nuevo chofer? Rebeca
la mira furiosa y sale del cuarto. * En el
jardín, en la entrada principal. -Gracias
–Ángela baja del auto y agradece a Salvador. Rebeca
sale corriendo de la casa- ¿Cómo le fue en el doctor mi querida Angelita? -Muy
bien… muchas gracias. -¡Me
alegro! –Rebeca es pura sonrisas- ¿y… con el nuevo chofer? ¿comprobó que es un
excelente empleado? Ángela
lo mira- ¡Comprobé muchas cosas más doña Rebeca! –dice misteriosamente. Salvador
sonríe. Ángela se aleja. -¡Gracias
a Dios que llegaron! –suspira Rebeca- ¡porque tengo una cita importantísima con
mis amigas del club! –le dice a Salvador- ¡no me voy a pasar el día entero aquí
encerrada con los deberes domésticos! –y sube al auto- ¡permiso! * Un
grupo de mariachis lleve una serenata a Gaetana que se pone furiosa- ¡Suenan
como si estuvieran dentro de la casa! -¡Ay
no! –grita Lupe- ¡por favor no lo haga! –le suplica- es que… vinieron por mí. -¿Cómo
dices? –se calma- ¿te están dando una serenata a ti o qué? Lupe la
mira apenada- No… ¡a mí no! A usted. Gaetana
la mira con los ojos cuadrados. -¡Es
que yo los contraté! Como hoy es su cumpleaños… ¡yo quería darle esa
sorpresita! –y sonríe tímida- ¡Feliz cumpleaños mi jefecita! ¡qué Dios la
bendiga! Gaetana
se queda sin palabras y su cara se empieza a descomponer. Lupe se
asusta- Ay… ¡discúlpeme si metí la pata! Es que… yo la he visto tan
atormentada… con tantos problemas que yo pensé que no era justo… y mucho menos
en un día tan especial como hoy. Gaetana
empieza a hacer pucheros. -¡Pero
si a usted no le gusta yo ahora mismito salgo y les digo que se vayan! -¡No
les digas nada! –la detiene Gaetana y luego llora a gritos- ¡me encanta esa
música! ¡desde chica siempre me gustaron los mariachis! –y llora a moco
tendido. -¿De
veras? –se ilusiona. -¡Ay
condenada! –dice llorando Gaetana- ¡me sorprendes con esos detalles! –nadie la
consuela- ¡desde chiquitita siempre me gustaron los mariachis! -¡Tienes
razón condenada! –grita Gaetana y salen al jardín a recibir a los mariachis. -¡Aquí
llegó la homenajeada mis guapetones! –grita Lupe a todo dar. Y el
mariachi canta “Adelita” Popular
entre la tropa era Adelita Mansión. Walter
furiosa- ¡Se los dije! ¡se los dije! Miren esto… ¡es tardísimo y doña Rebeca no
regresa del club! Todos
los empleados están en la sala enojados y con los brazos cruzados. -¡Pues
de aquí nadie nos mueve! –grita Vicky- ¡tenemos que hablar con esa señora
porque estas pobre muchachas necesitan su sueldo y alguien tiene que pagárselo! -¡Así
es! Esa señora tiene que entender que no sólo del aire vivimos –dice una. -¡Nosotras
también tenemos muchas necesidades! –otra. -¡Yo
nunca estuve de acuerdo con Abigaíl! –Walter- ¡pero ahora sí, bien hecho lo que
le dijo a doña Rebeca! ¡ese trabajo de administradora no culminaba solamente contratando
choferes! ¡bien hecho! Vicky
lo mira burlona- ¡Cómo se ve que tenia la oreja bien paradota! Haberlo
escuchado todo. -¡Pero
por supuesto si hablaban en voz alta! –se pasea nervioso- ¿Dónde estará metida
esa señora? -¡Cómo
qué donde! ¡presumiendo a ese mangazo de chofer que se carga! –y luego mira a
Walter- déjeme decirle algo… ¡tenga cuidado porque pa’mí le pueden dar cuello
con la chamba! Porque ese chofer está mucho más joven y mucho más guapo que
usted… ¿y sabe otra cosa? Para mí que doña Rebequita… ¡quiere que esa pulga
brinque en su petate! ¿Cómo ve? Walter
la mira furioso cuando de pronto escucha el motor de un auto y suspira
aliviado- ¡Por fin! –y sale corriendo al jardín. * En el
jardín. Afuera
los que llegan son Andrés e Isabel en el auto BMW descapotable de Andrés. Walter
que salía a recibir a Rebeca se queda sorprendido y vuelve a entrar a la casa
gritando- ¡Llegó doña Isabel! –le grita a los empleados- ¡doña Isabelita llegó!
Así que vayan a ayudar con las maletas. Como
todos se lo quedan mirando les exige- ¡Apúrense! ¡vayan a ayudar con las
maletas! De mala
gana las empleadas se mueven. Walter
corre a recibirlos- ¡Doña Isabelita! Qué bueno, qué alegría tenerla nuevamente
en la casa… ¡qué bueno! -Buenas
noches –saluda Isabel. -¡Bienvenida!
–responden en coro las empleadas sonriendo. Isabel
está muy guapa y les sonríe- ¡Yo también estoy contenta de haber regresado!
Cansada… pero contenta. -Muchachas…
¿qué esperan para bajar las maletas? –exige Walter y las empleadas dejan de
mirar a Isabel y lo hacen- ¡Nunca imaginé que llegaría esta noche! –Walter le
dice a Isabel- ¡realmente nos hizo muchísima falta! Isabel
se da cuenta que tiene el brazo en cabestrillo-¿Qué le pasó en el brazo Walter?
–se inquieta. -¡Oh!
¡sí! –duda Walter- ¡tengo que informarle de muchas cosas doña Isabel que… no
son precisamente buenas! -¡No
empiece con problemas Walter! –se enoja Andrés y lo corta. -¡Si!
–se cuadra Walter. -¡Yo la
verdad estoy muy cansado! –Andrés se dirige a Isabel- Prefiero irme a casa. -¡Te
invito una copa! –invita Isabel. Andrés
la mira y sonríe- Bueno… tal vez una. -¿Y mi
tía? ¿está? –pregunta Isabel a Walter. -¡No!
No está en la casa… salió temprano y… esta es la hora que no llega… ¡esa era
una de las cosas que yo quería informarle señora Isabel! * Un
restaurante. Rebeca
sola y perdida como una mosca en un vaso de leche mira desesperada alrededor,
se ve muy sola y vieja. -Señora…
¡señora! –se acerca el mozo impaciente. -¡Si!
–sonríe nerviosa. -¿Desea
que le traiga algo más? -¡No,
estoy bien así! -¿Piensa
seguir esperando? -¡No!
Creo que no… creo que se ha hecho demasiado tarde y tengo que regresar a mi
casa… ¡por favor tráigame la cuenta! * En el
auto. -¡No
fue mi intención hacerme esperar tanto Salvador! –sonríe Rebeca desde el
asiento trasero del auto mientras Salvador conduce- ¡pero me encontré con
muchísimos conocidos! –le miente- ¡ay! ¡no me dejaron salir temprano! –ríe-
¡mis amigos son tan absorbentes que si no me hubiera escapado todavía estaría
en el club! -¡Doña
Rebeca! No tiene por qué darme explicaciones… ¡aquí yo estoy para servirla! Si
tengo que esperarla toda la noche… ¡pues yo lo haría con mucho gusto! Salvador
suspira. -¡Lástima
que no pueda reemplazar definitivamente a Walter! -Señora…
le dije que estoy para servirla… ¡mis intenciones no son reemplazar a nadie! -¿Usted
cree que ella regrese pronto? –se ilusiona Salvador. -¡Pues
no sé! No sé… hace días que no se comunica… ¡me imagino que demorará algunos
días todavía! Salvador
pone cara de angustia y tristeza. * Mansión. Sala. Andrés
tiene y una copa de vino. -¿Me
puede decir qué pasó Walter? –se preocupa Isabel. -¡Como
dijo don Andrés, no es bueno que yo la moleste con mis quejas! -¡Digamos
que sí!... un accidente provocado… involuntariamente… por la señorita Ángela. Andrés
suspira molesto y responde con un tono altanero- ¿A qué se refiere Walter? -¡El
perro escapó! Lleva días en el bosque y a la señorita Ángela se le ocurrió la
brillante idea de ordenarnos ir a buscar a ese perro –se llena de ira- ¡y en el
momento más oportuno ese perro me saltó y me mordió a traición! Isabel
pone cara de espanto- ¿Quiere decir que Azur se atrevió a atacarlo a usted? –se
sorprende. -¡Ah!
–suspira Andrés- ¿acaso no hizo lo mismo conmigo? ¡te dije que ese animal es
peligroso! Debemos encontrarlo y liquidarlo cuanto antes –decide. -¡Tiene
sus defensores! –les recuerda Walter- Bueno… ustedes mejor que nadie lo saben…
¡Abigaíl y sus hijos y la misma… señorita Ángela! Pero… lo más grave no es ese
condenado perro. Isabel
ríe nerviosa- ¿Hay algo más? Walter
suspira -¡Como yo estoy incapacitado y no puedo conducir… doña Rebeca decidió
contratar a un nuevo chofer! -¡Ah!
–Isabel toma aire- ¡cómo que mi tía contrató un nuevo empleado! -¡Pero
Walter, dígame una cosa! –duda Isabel- ¿Cómo se llama ese tipo? -¡Es un
tal… Salvador Cerinza! Andrés
levanta las cejas- ¡Ah! Con tantos obreros… ¡como saberlo! -¡Aseguró
conocerla a usted doña Isabel! –agrega Walter con insidia. -Sinceramente…
No recuerdo a nadie con ese nombre –dice preocupada. * Casa de
Gaetana. Los
mariachis siguen cantando y Gaetana y Lupe se están poniendo con una borrachera
enorme- ¡Te juro que esto sí es un cumpleaños a todo dar y la verdad que no me
lo esperaba! -Sigamos
la parranda en la casa –sugiera Lupe. Gaetana
se pone seria- ¡Yo no sé si es tan buena idea! Porque por mí encantada… pero si
a Salvador no le gusta… ¡ese hombre es como raro! -¡Pero
quien está pensando en Salvador! ¡no señor! ¡esta noche mi jefecita, es suya, y
no le voy a permitir pensar en espíritus ni nada que se parezca! –ríen a
carcajadas y se abraza- ¡Al diablo con Salvador! Y todos
entran a la casa de Gaetana a festejar. * Mansión. Mientras
tanto otro es el cantar por aquí. Rebeca
se pega el susto al llegar a la casa y reconocer el auto descapotable de
Andrés. -¡Al
parecer tienen visita! –comenta Salvador. -¡Es el
auto de Andrés Corona! –le cuenta Rebeca- ¡eso quiere decir que Isabelita
llegó! ¡regresó de su viaje! A
Salvador se le llenan los ojos de ilusión y sonríe feliz, pero disimula. * En la
sala Isabel está histérica- ¡Yo solamente me ausento unos cuantos días de esta
casa y mira todo lo que pasa Andrés! Pero es que no entiendo… pensé que mi tía
tendría un poquito más de criterio para manejar esta casa… ¡pero ya vi que no! -¡Lamento
decírselo, pero eso no es así… es una dama encantadora y yo la estimo mucho…
pero toma decisiones equivocadas! –Walter opina. -¡Cuando
regrese me tendrá que escuchar! -¡No te
hagas mala sangre! –opina Andrés- ¿Qué tiene de malo que haya reemplazado a
Walter? Walter
lo mira espantado. -¡Si un
empleado no puede cumplir con su trabajo otro debe hacerlo! –sentencia Andrés
mirando a Walter con maldad en sus bellos ojos. -¡No
era necesario Andrés! –exclama Isabel- ¡a mi me pareció una extravagancia! –se
exalta - ¿no crees? -¡Tranquila!
–se levanta y deja su trago- ¡mañana averiguas quien es ese tipo y si es capaz
de reemplazar a Walter! * Afuera
Rebeca se pone nerviosa-¡Será mejor que se marche ahora Salvador! -¿Y no
me va a presentar a su sobrina? –pide Salvador. -¡No
creo que sea el momento más prudente! –duda- no sé qué cuentos habrá hecho
Walter y mejor la debo preparar… usted sabe… ¡está muy celoso por culpa suya!
¿entiende? -¡No se
preocupe! Yo la entiendo perfectamente –acepta Salvador. -¡Gracias!
Puede regresar mañana –lo despide Rebeca. Salvador
mira para la casa y suspira -¡Me voy a cambiar el uniforme! –le anuncia. -¡Claro!
Hágalo… pero por favor, en el cuarto de servicio y salga sin que nadie se de
cuenta –se advierte Rebeca. Salvador
se marcha al cuarto de servicio. Rebeca
espera y luego se dirige a la entrada de la casa. * En ese
momento Isabel y Andrés salen. -¡Ay
Isabelita mi amor! –grita Rebeca- ¡qué bueno que regresaste! Estoy feliz… hola
Andresito. Isabel
le pregunta malhumorada- ¿Se puede saber donde estabas hasta esta hora? -¡Mi
amor! Fui al club para distraerme un poco… ¡estaba deprimida encerrada en esa
casa! -¿Dónde
está el chofer que contrataste? –busca Andrés. -¡Mañana
regresará! –se apresura Rebeca. -¡Necesito
hablar contigo en este momento tía! –le dice dura Isabel. * En el
cuarto de servicio Salvador se saca la remera y muestra unos bellos pectorales. Sonríe
ilusionado mientras se cambia de ropa y repite como si fuera una canción-
¡Isabel! –suspira -¡no puedo creer que estes tan cerca! –cierra los ojos- ¡no
puedo creerlo! * (Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi responsabilidad) @2005 Narración by Mabouchita! Z;D Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme |
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