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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*
Y si Adelita quisiera ser mi novia
y si Adelita fuera mi mujer
le compraría un vestido de seda
para llevarla a bailar al cuartel.

Letra completa

La Adelita en Wikipedia

Escuchar aquí

 
CAP# 32: martes 30 de agosto de 2005 – Isabel vuelve de Nueva York

*

Casa de Consuelo.

Simón y Consuelo hablan en la cama.

-A veces me siento muy sola –dice triste Consuelo- y me dan ganas de compartir mi vida con alguien.

-¿Pues que no tienes a tus hijas?

(Ay! Simón!!  Qué pregunta! tienen razón en llamarte Silly-Simon)

 

Consuelo lo mira incrédula y luego le aclara- ¡Pues me refiero a compartir mi vida con un hombre! -y luego le sonríe- ¡con un hombre como tú! –y lo besa- Simoncito… ¿Por qué no rentamos un apartamento y nos cambiamos juntos?

Simón pone cara de espanto.

-¡O sea algo más grande que esto! –mira alrededor- ¡mucho mejor!
-¡No Consuelito! –grita Simón- ¡párale, párale! Esperate… ¿tu crees que con mi sueldo me alcanza para enfrentar esas responsabilidades? ¡si apenas me alcanza para comprar mi cosas y ayudar a mi mamá!
Consuelo se enoja- ¡O sea que ayudarme a mí es un sacrificio!
-¡No Consuelito, al contrario, lo hago con mucho gusto! –pero se levanta y empieza a vestirse.

-¡Qué! ¿no te piensas quedar hoy?

-¡No puedo! Tengo que regresar.

-¡Claro! Le tienes miedo a tu mamá.

-¡Ya te dije que tengo muchos problemas en la casa! –se fastidia Simón- ¡tengo que buscar al perro que anda perdido en el bosque! Y saber qué pasó con el empleado ese que acaban de contratar… ¡ya te dije que es muy raro y me tiene muy nervioso!
Pero Consuelo lo mira sin creer mucho lo que escucha.

*

Estudio don Pedro José Donoso.

Ángela estudia al nuevo personaje- ¡De modo que usted es el nuevo chofer! –dice fría.

-¡Así es señorita Donoso! –Salvador simula bien.

-Acérquese por favor –le pide amable- Gracias Walter, ya se puede retirar… -y al ver que Walter no se mueve- ¡necesito hablar con él a solas!

Walter sale a regañadientes.

-¿Cómo se llama? –pregunta Ángela con una sonrisa dulce.

Salvador duda… pero luego responde claramente- ¡Salvador Cerinza!
-¡Tengo que aclararle muchas cosas señor Cerinza! Tome asiento por favor.

*

En otro lugar de la casa Rebeca tiene un ataque de histeria- ¡No es más que una altanera! ¿vio como me trató Walter? ¡pero qué piensa ella! ¿qué me va a faltar el respeto como si yo fuera una sirvienta? –se pasea nerviosa- ¡pues no, esa Angelita está muy equivocada! ¡que ni piense que yo voy a ser su subalterna!
-¡Se dio prisa con ese hombre! –Walter con envidia- ¿verdad? No alcanzó a llegar a esta casa y ya lo uniformó… ¡de pies a cabeza!
-¡Que tiene de malo! si va a ser el chofer tiene que estar bien presentable.

-¡Se está preocupando demasiado por él! –le advierte Walter- ¡y eso le va a traer problemas con la señorita Ángela! ¡y descuida los asuntos realmente importantes!
-¿A qué asuntos se refiere Walter?

-¡La administración de esta casa! –se exaspera- ¡el asunto del perro!... ¿qué pasó con la denuncia a la policía?

-¡Ay! ¡Eso es asunto suyo Walter!
-¡Y suyo también! –le recrimina.

-¡Walter! Hablemos directamente… ¡usted está muy fastidiado con el nuevo chofer! ¿verdad, no es cierto?

-¡No me gusta su comportamiento señora!
-¡Y a mí no me gusta el suyo, así que retírese ahora mismo! –le grita- ¡yo no lo llamé ni quiero hablar con usted!

Pero Walter no se mueve y se acerca a ella amenazadoramente y le susurra a la oreja- ¡Quiera o no… tenemos que hablar… doña! Le recuerdo que tenemos un convenio… ¿o ya olvidó el cuarto secreto de don Pedro José Donoso?

-¡Ya habrá tiempo para ocuparnos de ese tema! Ahora voy a darle instrucciones a Salvador –y trata de marcharse.

-¡Está ocupado hablando con la señorita Ángela! Y le recomiendo no interrumpirlos… porque eso la molestaría sobremanera… ¡y usted no está en situación de… agravar este asunto! –habla pronunciando gravemente cada palabra como es su costumbre.

 

(Bravo Moll!!  Muy buena actuación!)

*

Estudio.

-¡Desconozco las condiciones en que lo contrató doña Rebeca! Pero le advierto que ella no estaba autorizada.

-¡No lo sabía! Ella aseguró que… era la administradora de la casa.

Ángela suspira-¿Y por cuanto tiempo lo contrató?

-¡Es un trabajo temporal! Mientras Walter se recupera.

-Y… ¿ella le exigió sus documentos de identificación?

Salvador pierde seguridad en sí mismo- No… ¡no lo consideró necesario!

-¡Pues yo sí! –responde Ángela firme- ¡cualquier empleado que desee trabajar en esta casa debe presentar sus documentos al día! Así que le pido que me los muestre por favor.

-La cuestión es que… estoy tramitando todos los papeles… ¡acabo de llegar a la ciudad!
-¡No tengo nada contra usted señor Cerinza… pero siendo así, le voy a pedir que me haga el favor de retirarse!
Salvador le mira nervioso- ¿Me niega la oportunidad de trabajar… cuando apenas estoy comenzando a defenderme en esta ciudad? –le ruega.

-¡Ese no es mi problema! –le corta Ángela-¡mi obligación es velar por la seguridad de esta casa!
-¡Me está echando!
-¡Le estoy pidiendo que me haga el favor de retirarse! –le repite seca.

Salvador se pone de pie- ¡Señorita Donoso! Yo respeto su opinión… si desconfía de mí no puedo permanecer aquí… -y luego dice con una voz misteriosa- ¡yo estoy seguro que su difunto padre hubiera hecho lo mismo! –y Salvador se dirige triste a la salida del estudio.

Ángela se siente mal- ¡Espere! –lo detiene y se levanta con dificultad del escritorio y apenas puede caminar.

Salvador la ve y vuelve inquieto- ¿Le sucede algo?

Ángela lo tranquiliza - ¡No! No es nada –pero luego pierde pie y debe apoyarse en el escritorio para no caer.

-¡Déjeme ayudarle por favor! –Salvador corre a detenerla que no caiga.

Ángela lo rechaza asustada- ¡No me toque! –y lo mira con sus grandes ojos claros llenos de miedo.

Salvador retrocede- ¡Lo siento! No quise molestarla –se excusa y da unos pasos atrás mirándola profundamente.

Ángela se queda fascinada por su mirada.

-¡Permiso! –en ese momento interrumpe Rebeca y los ve en trance- ¿algún... problema Angelita? –y al no obtener respuesta- ¿algún problema Salvador? –suaviza la voz.

-¡No, ninguno! –se despierta Salvador- ¡la señorita Donoso fue clara conmigo! Sólo resta marcharme.

Pero Ángela sale del trance- ¡No!... –dice incierta- Salvador… ¡olvídelo! Puede… -tartamudea insegura- ¡puede quedarse a trabajar! –dice luego con firmeza- ¡al menos por un tiempo, en lo que Walter se recupera!

Salvador sonríe aliviado- ¡Pues entonces será un placer servirla señorita! Porque supongo que también trabajaré para usted… -y luego mira a Rebeca- ¡y para los que necesiten mis servicios en la casa!
Rebeca está en la gloria- ¡Desde luego! Eso mismo le dije yo a ella… ¡ahora puede retirarse Salvador! A menos que la señorita Ángela decida otra cosa.

Ángela lo mira y luego sonríe- ¡No! Puede irse.

-¿Dónde me cambio el uniforme? –pregunta Salvador.

-¡En la parte de servicio! –Rebeca- puede preguntar por Abigail o por Vicky.

Salvador vuelve a mirar una vez más a su hija con una expresión entrañable en sus ojos y se marcha- ¡Con permiso, señorita!
Ángela se queda mirando a lo lejos.

-¡Me alegra mucho que haya permitido que Salvador se quede a trabajar para nosotros! –sigue Rebeca sin darse cuenta de nada- ¡en un momento pensé que lo iba despedir!
Ángela la mira- ¡Quería hacerlo! –le dice con sinceridad- ¡pero cambie de opinión!... por consideración a él –le aclara- ¡no a usted señora!

A pesar de esto Rebeca sonríe triunfante y Ángela, que está vestida con una minifalda negra y un top rojo la espera para salir del estudio.

*

Jardín.

Salvador sale al jardín y se dirige a la camioneta y saca de la cajuela una bolsa dónde tiene su ropa.  A lo lejos se escuchan los ladridos de Azur que parecen saludarlo.  Salvador se pone atento y mira hacia el bosque preocupado.  Azur ladra y ladra.

*

En el bosque.

Azur, un poco más viejo… solo y asustado… mira hacia la casa… esperando que su dueño venga a buscarlo.

*

Mansión.

Salvador entra a la mansión por la parte de servicio y se encuentra con Abigail-¿Dónde me cambio el uniforme Abigail? –pregunta.

-En… en ese cuarto –responde Abigail mirándolo turbada.

-¿Y lo puedo dejar ahí?

-¡Sí, claro, por supuesto! –dice continuando con su trabajo.

De pronto Salvador cambia de voz- ¡Me agrada tenerla cerca! ¿sabe?

Abigail lo mira sorprendida.

-¡Aunque ya no administre la casa! ¿Quién tomó la decisión de cambiarla?

-Eh… ¡la señora Isabel! –se sorprende- ¿Por qué lo pregunta?

-¡Por simple curiosidad!
-Y… ¿Cuál era su nombre?

Otra vez Salvador duda… pero luego responde firme- Salvador.

-Espero que esté usted a gusto el tiempo que pase con nosotros… ¡Salvador!

-Con personas como usted cerca… ¡no me cabe la menor duda! –y se marcha dejando a una Abigail boquiabierta- ¡con permiso!
-Pase –Abigail lo sigue con la mirada.

*

Lavadero.

Salvador se cambia.  Se vuelve a vestir con su remera roja y jeans que le quedan muy bien y se marcha.

*

Jardín.

Ángela está sentada en un banco y lo ve pasar y lo mira partir con curiosidad.

Walter se acerca disgustado y le reclama- ¡Como usted pudo permitirlo! Usted debió exigirle a ese intruso que se marchara inmediatamente.

-¡No puedo cometer una injusticia con alguien que apenas empieza a trabajar Walter!

Walter suspira-¡Le repito que no nos conviene tener cerca a ese tipejo!
-¡Walter! Cambié de opinión al conocerlo, creo que es un hombre correcto y nada perdemos con darle una oportunidad unos cuantos días.

Walter se llena de odio pero se calma- ¡Como usted lo disponga señorita Ángela!

*

Mansión.

Golpean a la puerta de Valeria. 

Entra Ángela rengueando con muletas-¿Cómo estás? -pregunta distraídamente

-¡Yo muy bien! Pero a ti te veo muy nerviosa.

-Pues lo que pasa es que tuve que hablar con el hombre que contrató tu tía Rebeca… ¡con Salvador Cerinza!

-¡Ay! ¡ya me imagino la que se armó! –suspira Valeria- ¡no lo dejaste trabajar y tuviste que enfrentarte a mi tía! ¿no es así?

-Pues… esa era mi intención… ¡pero terminé aceptándolo! No sé por qué… de repente… ¡sus miradas y sus palabras me desconcertaron! Y ahora no sé si hice bien en permitirle trabajar en esta casa –dice confundida.

*

Casa Gaetana.

-Entonces no le fue bien del todo –Gaetana.

-¡Por ahora las cosas marchan bien! –afirma triste Salvador.

-¡Ay! No lo creo… si no logró entrar a ese lugar secreto y recuperar lo que tiene escondido allí… ¡pues no! –se enoja Gaetana.

Salvador suspira cansado- ¡Ni siquiera me acordé de eso Gaetana!

Gaetana se pasea nerviosa removiendo su estola de plumas negras y collares de piedras.

-No se preocupe, ya buscaré la manera de entrar.

-¡Es que yo no tengo tiempo! –se exaspera Gaetana- ¡el dueño de la casa no me dio más plazos y me amenazó con mandar a la policía y sacar mis cosas a la calle!

Salvador la mira enojado- ¡Me está ayudando sólo por interés! –le recrimina.

-¡No hombre, no diga eso! –exclama Gaetana- ¡no me mire de esa manera, que no me gusta!
-¡A usted no le preocupo como persona! –dice triste Salvador- ¡sólo le interesa mi dinero y resolver mis problemas!
-Si me echan de aquí no podré seguir ayudándolo –le recuerda- ¡entiéndalo!

Salvador enojado se levanta y se marcha.

-¡Don Pedro José! –le grita Gaetana.

Salvador se detiene y la mira serio- ¡No vuelva a llamarme así! ¡Pedro José Donoso está muerto y enterrado! –le grita- ¡muerto y enterrado! ¿me oyó? –y luego baja la voz- ¡mañana tendrá el dinero que le prometí y mientras yo permanezca en esta casa le prohíbo terminantemente realizar sesiones espiritistas! –y le repite con voz baja y ronca- ¡se lo prohíbo!

*

Bosque.

-Nosotros te vamos a proteger para que nadie te haga daño –Simón consuela a Azur y trata de llevarlo a la casa- ¡vamos! –pero el perro se niega- ¡Azur! ¿qué te pasa? Tienes que venir conmigo… ¡vamos, anda!
Pero Azur sale corriendo y se mete al bosque.

-¡Azur! –grita Simón- ¿y ahora que le dio a este bendito?

*

Mansión.

-¡El muy testarudo no quiso volver! Creo que ya se acostumbró a vivir entre los matorrales.

-¡Así sea a la fuerza lo tenemos que traer! –se preocupa Antonio- Ángela ya me dijo, ella está dispuesta a protegerlo.

-¡Pues sí! Pero no podemos obligarlo hermano… acuérdate que es un perro con mucha personalidad y si no quiere regresar a esta casa… ¡pues sus motivos tendrá! ¿no? Los animales son muy intuitivos.

-¿Tú crees eso?

-¡Claro!

-¡No sé! Pero algo me dice que van a pasar muchas cosas con la llegada del nuevo empleado.

 (Y esto?  Qué tiene que ver? No hay continuación... sin hilo la conversación)
-¡Oye! ¿y Ángela lo aceptó?

-¡Sí! Después que estaba dispuesta a despedirlo… ¿Cómo ves?

-¡No sé! Tú que opinas de ese tipo.

-Pues la verdad no puedo opinar mucho, yo apenas si lo he visto y hasta el momento no he cruzado palabra con él.

-Pues yo sí lo vi de cerca… y no sé por que, pero me puso muy nervioso… ¿tú crees que no convenga?

 

(Que no convenga qué? )

-¡No sé! Pero voy a tratar de hablar con él mañana para saber a qué atenernos… no confío en un tipo que llega así de la noche a la mañana y convence tan fácilmente a doña Rebeca y a Ángela… ¡algo muy raro debe de tener, algo muy raro!

*

Lavandería.

-¿Qué tanto hace Abigail? –Vicky- ¡ya lleva rato cepillando esa ropa!
-¡Es el uniforme de Salvador! El nuevo chofer.

-¿Habló con él?

-Sí, cruzamos algunas palabras, pero… ¡me trató con mucha familiaridad Vicky! –piensa- ¡como… cómo si ya me conociera de antes! –le cuenta- ¡me llamó por mi nombre y fue como si ya lo hubiera hecho muchas veces antes! No sé… es un poco raro ¿no?... que haya recordado mi nombre si nos acabamos de conocer.

-No tiene nada de raro que doña Rebeca se lo haya dicho y él ha de ser una de esas personas que aprende con facilidad y tiene su modo de meterse a la gente aquí en el bolso.

Abigail recuerda: “Me agrada tenerla cerca… ¿sabe? Aunque ya no administre la casa… ¿Quién tomó la decisión de cambiarla?”

*

Mansión.

Un nuevo día. 

Muy temprano Salvador llega a su nuevo trabajo.  Camina seguro de sí mismo y saluda a los jardineros y a los guardias.  Walter lo espía de mala gana. Las empleadas lo miran con admiración… ¡tan guapo! Salvador les sonríe.

Salvador se tropieza con Antonio que lo espera- ¡Buenos días joven! –lo saluda.

Antonio se queda de una pieza y no contesta.

Salvador trata de seguir caminando pero Antonio se le pone enfrente.

-¿Algún problema? –se sorprende Salvador.

-¡No! Ninguno…solamente quería conocerlo… ¡quería la oportunidad de verlo de cerca!
-Bueno, ya lo está haciendo –responde Salvador con un dejo de burla- ahora… ¿puedo pasar?

-¿Cuál es su nombre?

Esta vez Salvador no duda- ¡Salvador Cerinza!

-Yo soy Antonio Domínguez, el hijo de Abigail, antigua administradora de esta casa –se presenta Antonio.

-¡Es un placer conocerlo Antonio! –y le da la mano.

Antonio respondo y le da la mano también… pero al tocar la mano de Salvador se queda frío y pálido… y se le queda mirando a Salvador como en trance.

Simón grita- ¡Ya está listo el desayuno!

Antonio salta y Salvador sigue su camino.

*

-¡Alto! –suspira Rebeca- ¡atlético! Y con una personalidad arrolladora.

(jejeje... )

*

Lavandería.

Salvador se desviste para ponerse el uniforme.

*

Rebeca muy elegante y una peluca rubia que le queda muy bien.

-¡Nadie pero nadie diría que se trata de un simple chofer! –sigue soñando Rebeca- o que trabajó como obrero en la fábrica de cítricos… ¡ay! No es un tipo del montón ni mucho menos… ¡es alguien súper especial y me parece que tiene muchísima clase!

-¿Y fue por eso que lo contrataste tía? –Valeria le pregunta escéptica.

-¡Ay sí! Claro que sí…mira… Salvador tiene un ángel que impresiona a cualquiera… ¡bueno, hasta Ángela aceptó!

-Bueno, eso es cierto, quedó muy impresionada… ¡pero todavía no sabe si hizo bien o hizo mal! –dice Valeria con aire de maestra.

-¡Dime una cosa Valeria! –de pronto se disgusta Rebeca- ¿tú hablas con esa… muchachita?

-¡Sí! Viene a visitarme casi todos los días.

Rebeca se exaspera-¡Ay! ¡pero cuantas veces te he dicho que no te metas con ella ni con Abigail, y mucho menos con la india esa de Vicky! –y le alza la voz- ¡te prohíbo que entren a tu cuarto!
-Pues lo siento mucho tía, pero no lo voy a hacer.

-¡Hasta cuando vas a seguir con esa condenada rebeldía Valeria! ¿he? –se acerca- ¿ya se te olvidaron las órdenes de Isabelita?

En ese momento golpean a la puerta- ¡Adelante! –dice Valeria.

Entra Walter.

-¡Qué quiere Walter! –grita Rebeca.

Walter se cuadra y anuncia- ¡Mi reemplazo ya está en la sala doña Rebeca! Espera sus órdenes.

Inmediatamente Rebeca se olvida de todo y sonríe y sale corriendo.

*

-Y ahora qué  te pasa hombre… te noto perdido desde hace rato –Simón.

-¡Vi a Salvador Cerinza! –dice Antonio como en otro planeta.

-¡Ah! El chofer…. ¿y?

-¡Sí! Y ahora entiendo que me decías que era bastante raro… a mí me pasó exactamente lo mismo y algo más… ¡lo hubieras visto! Cuando me estrechó la mano para saludarme… ¡sentí que me quemaba!
-¡Ay no inventes hombre, no seas exagerado! –se burla Simón.

-¡Te lo juro, sentí como un frío intenso… y la sangre se me congelaba en las venas! ¿qué clase de tipo es ese hombre? –dice con miedo.

*

Sala.

-¡Aún no he terminado de programar mi día Salvador! –le sonríe Rebeca- Así que va a tener que esperarme un ratito… ¡tengo que hacer muchas llamadas a muchas amigas!

Walter que está cerca salta- ¡Permítame una sugerencia doña Rebeca! Mientras usted organiza… sus innumerables compromisos sociales… este… caballero… podría llevar a la señorita Ángela al hospital… dónde la esperan para cambiarle el yeso.

Rebeca sonríe aliviada (porque no sabe dónde ir  )- ¡Me parece una excelente idea! Y así cuando regrese yo estaré lista… ¡con permiso!

*

Otro lugar de la mansión.

Ángela vestida de un top rosado, una falda roja, y un cinto azul.

-¡No debiste aceptar a ese tipo! –insiste Antonio- ¡te digo que me da mala espina!
-¡No quiero seguir discutiendo ese asunto, estamos dando demasiada importancia a algo que no la tiene Antonio!
-¡Ángela, perdóname! Pero creo que mi deber es prevenirte… además ese tipo se me hace que tiene algo muy raro.

-¿Ah si? Raro… ¿por que?

-¡Señorita Ángela! –entra Walter- ¡el chofer la está esperando!

-¿Para qué? –se sorprende.

-¡Hoy es su cita con el medico! ¡él la va a llevar! Ese es su trabajo.

-¡Yo voy contigo Ángela!  -Antonio.

-¡No, tú tienes que ir a la universidad Antonio!

-¡Te digo que yo voy contigo! –se desespera- ¡no quiero que te vayas sola con ese tipo!

*

Habitación de Antonio.

-¡Pues que vaya sola o que la acompañe otro! –grita Abigail- ¡pero tú de aquí no te mueves Antonio!
-¿Por qué no?

-¡Y todavía lo preguntas! –se exaspera- ¡es que cuando vas a entender que debes distanciarte de la señorita Ángela!

-¡No lo voy a entender nunca mamá! Porque no puedo dejarla de querer, así se opongan doña Isabel, tú o el resto de la humanidad… ¡nunca lo voy a entender! ¿Cómo la ves?

-¡Óyeme, a mí no me hables así muchachito! ¡a mí me respetas!
-¡No me voy a callar mamá! Nadie tiene derecho a meterse con mis sentimientos… ni siquiera tú… ¿acaso mis abuelos se metieron con los tuyos cuando decidiste casarte con mi papá?

-¿Por qué haces esas comparaciones?

-¡Porque las situaciones se repiten mamá! Ayer fuiste tú la que se rebeló, ahora soy yo y mañana serán mis hijos… ¡todos tenemos derecho a rebelarnos cuando se meten con nuestros sentimientos!
-Si te digo las cosas hijo… es por tu bien.

-¿Por qué demonios no puedo ir con ella al consultorio? –grita Antonio.

-¡Porque no es prudente hijo! –se desespera- ¡que la lleve el chofer, para eso lo contrataron!
-¡No quiero que la lleve ese tipo!

-¿Por qué no quieres? ¡es un empleado como cualquier otro!
-¡Mamá!... nadie lo conoce y me da desconfianza, además no me agrada ni tantito.

-¡Pues mira! Aunque no te agrade ni tantito primero está la universidad que el caprichito ese con la señorita Ángela.

-¡Ay mamá! voy a perder la paciencia como mi hermano Simón.

-¿Ah si? –se enoja- Pues pierde la paciencia cuando estés lejos de mí… ¡mientras vivas aquí conmigo, a mí me respetas y respetas esta casa! –le grita.

*

Jardín.

Ángela tiene puesto un sombrero blanco adornado con rosas rojas.

Ángela espera al lado del auto- ¡Oye Vicky! ¿no sabes qué pasó con Antonio? Él me dijo que me iba a acompañar.

-¡Pues es mejor que no lo espere señorita! –aconseja Vicky- no creo que vaya.

Ángela mira hacia la casa y luego sube al auto.

Antonio sale corriendo de la casa para ver cuando Salvador cierra la puerta detrás de Ángela y sube al puesto de chofer.

Antonio se queda quieto y los ve partir.

*

Salvador conduce y trata de hacer conversación con su hija-¿Se accidentó hace mucho señorita?

-Hace un par de días –contesta Ángela seca.

-¿En la calle?

-¡No, fue en mi casa! Me resbalé y caí  por las escaleras.

-¿Fue muy grave?

Ángela pierde la paciencia- ¡En lo absoluto! Por favor ya no pregunte más… -le ordena- ¡limítese a conducir más rápido que voy a llegar tarde a mi consulta!
Salvador se siente herido y de pronto acelera bruscamente y sigue manejando así, cada vez más peligrosamente hasta que Ángela le grita horrorizada-¡Pero qué le pasa! ¿Por qué maneja así? –Salvador frena bruscamente- ¿Me quiere matar?

-¡Yo sólo cumplo sus órdenes señorita Donoso! –dice con rabia contenida- ¡no soy responsable de la imprudencia de los demás conductores!

Ángela lo mira como si estuviera loco- ¡Pues tenga cuidado, recuerde que no está llevando un animal!
Salvador la mira y suspira- ¡Por supuesto que no! Llevo a alguien muy especial… ¡a la hija de don Pedro José Donoso!

*

Mansión.

Rebeca gritando- ¡Abigaíl! –y se tropieza con una empleada y le grita furiosa- ¡No puedo creer, por poco me tumba al piso!
Abigaíl se acerca-¿Qué se le ofrece doña Rebeca?

-¡Qué cada día que pasa sus hijos se vuelven más patanes! Por favor ordéneles que aprendan a respetar… ¡sobre todo el pesado de Antonio!

-¡Así lo haré doña Rebeca! –responde sumisa.

-¿Es que no se da cuenta en que insiste en molestar a Ángela? –y la mira con desprecio- ¡hágale ver las posiciones que les corresponden! ¿o es que usted es una madre de esas alcahuetas? ¿he? ¡qué apoya todas las inmoralidades de sus hijos! ¡dígame!
Abigaíl pierde la calma- ¡Ni yo soy lo que usted dice! ¡ni mis hijos son unos inmorales! –y trata de marcharse.

-¡Antonio sí lo es! –le grita Rebeca- ¡y no lo defienda!

Abigaíl reviene sobre sus pasos enojada-¿Por qué lo dice usted? ¡porque pretende a la señorita Ángela! Si lo hace, seguramente, es porque para ella no es indiferente… ¡seguramente ella también se siente atraída por mi muchacho!

-Abigail –Rebeca baja el tono y le pone sorna- ¿pero no se da cuenta de las posiciones sociales? Bueno… es cierto que Ángela es una muchachita malcriada… ¡claro que si! ¡pero es una persona muy decente!
-¡Y según usted… mi muchacho qué es! ¿un indecente, un vago de la calle? –se planta- ¡mis hijos también son respetables doña Rebeca y si no la tratan bien a usted es porque usted no se lo merece!

-¡Abigaíl! –le grita ofendida Rebeca.

-¡Esa es la pura verdad señora! Aunque se ofenda… lo lamento… ¡siempre exige usted respeto pues tenga usted respeto primero!
Rebeca decide dejar la lucha y le pasa una blusa de seda- ¡Arrégleme esto! –le grita.

Pero Abigaíl no toma la prenda- ¡Yo no voy a arreglar nada! Déjelo a Vicky o a cualquiera de las demás empleadas –dice furiosa- ¡yo estoy muy ocupada atendiendo los deberes que le corresponden a usted!

-¡Pero cómo se atreve he! ¡cómo!

-¡Pues porque es la pura verdad doña Rebeca! ¡los electrodomésticos están dañados! ¡los tanques de agua están a la mitad! ¡ya no hay nada en el mercado para la semana que viene! ¡los servicios no se han pagado y no se han cancelado los sueldos de los empleados!
-¡Ya, ya, ya! –grita histérica - ¿pero qué es eso, qué es eso? ¡esa sarta de cosas! ¡a ver qué es!

-¡Esa sarta de cosas son sus obligaciones! ¿o qué cree usted he? ¡que administrar una cosa es nada más contratar choferes para que la lleven de paseo por toda la región!

-¡Cállese! –Rebeca pone ojos de víbora- ¡no se atreva más Abigaíl! ¡no se atreva!

-¡La atrevida es usted! –Abigaíl tiene cuerda- ¡no hace más que recriminar a mis hijos y déjeme decirle que la única que puede hacer eso, soy yo! ¡ni usted ni nadie puede juzgarlos ni entrometerse en su vida privada! ¡con permiso! –se retira digna.

Rebeca se queda furiosa y al darse cuenta que Vicky no ha perdido palabra le entrega la blusa.

*

Abigaíl corre a su pieza y se sienta en la cama a llorar.

Vicky entra detrás con la blusa de Rebeca en las manos- ¿Cómo es eso qué se pone a chillar cuando debería estar contenta por haberle cantado sus cuatro verdades a esa vieja chiflada?

-¡Es que estoy harta Vicky! –explota- ¡estoy harta de que se metan con mis hijos! ¡harta ya, no más! Mira… que se metan conmigo no me importa… me da igual… ¡pero ya no voy a permitir ni una vez más que ofendan a mis muchachos Vicky! –llora impotente.

-¡Pues así debió comportarse desde un principio porque la época de la esclavitud ya pasó! Además usted es demasiado señora como para dejarse humillar por semejante cucaracha –y de pronto mira la blusa y dice con un aire de venganza- ¡le voy a echar muchas ganas al arreglo que le tengo que hacer a esta camisa! Cómo no… ¡se la voy a dejar divina doña Rebequita, claro que sí!

*

Rebeca grita indignada- ¡Fue espantoso, espantoso! – al ver lo que queda de su camisa- ¡poco falto para que lo quemara! ¡lo hizo a propósito! ¡no lo niegue! –acusa a Vicky que simula ignorancia- ¡mire la barbaridad que hizo con esta pieza! ¡Vicky, Vicky! ¿no me está oyendo? ¡mire le cambió los botones y en vez de plancharlo parece que lo hubiera horneado!

Vicky no responde.

-¡Usted no es más que una india inservible!
-¡Soy india y a mucha honra! Y de inservible no tengo ni un pelo… y déjeme decirle que yo respondo por mi trabajo de la cocina… ¡no por trapitos elegantes!
-¡Retírese porque le juro que la voy a desaparecer!

-¿No me diga? –se burla- ¿a poco usted es Mandrake el mago? –y se marcha corriendo.

Rebeca corre a la pieza de Valeria- ¡Valeria! ¡mira esto! ¡esas desgraciadas me odian y no pierden oportunidad para ofenderme! Mira… una de las mejores piezas que me regaló Isabel y ahora mira… ¡esa india la ha destruido totalmente! ¡es un trapo viejo!

Valeria toma la camisa- Bueno… ¿y por qué no me la trajiste antes tía? ¡yo te lo habría arreglado con mucho gusto!

-¡Ay mi amor! ¿pero no te acuerdas que tú no eres una criada para encargarte de esos oficios, he? –se exaspera- ¡Valeria! ¡eres una de las patronas de esta casa mi amor!
Valeria levanta las cejas- ¡Ah! ¿ahora resulta que soy una de las patronas? ¡siempre creí ser cualquier otra cosa, menos eso!

Rebeca está a punto de responder furiosa cuando golpean a la puerta y Valeria hace pasar.

Walter entra y se cuadra ante Rebeca- ¡Mi reemplazo acabo de llegar!
Rebeca cambia como por arte de magia y sonríe- ¡Pues dígale que bajo enseguida! –y va a salir cuando se detiene- ¡Walter!  Deje de llamarlo mi reemplazo… ¡porque ya se me llenó el buche de piedritas! –le ordena- ¿entendido? –y luego se preocupa -¿Cómo me veo? ¿me veo bien?

Valeria la mira y pregunta con sospecha- ¿Por qué te arreglaste tanto tía?... ¿para el nuevo chofer?

Rebeca la mira furiosa y sale del cuarto.

*

En el jardín, en la entrada principal.

-Gracias –Ángela baja del auto y agradece a Salvador.

Rebeca sale corriendo de la casa- ¿Cómo le fue en el doctor mi querida Angelita?

-Muy bien… muchas gracias.

-¡Me alegro! –Rebeca es pura sonrisas- ¿y… con el nuevo chofer? ¿comprobó que es un excelente empleado?

Ángela lo mira- ¡Comprobé muchas cosas más doña Rebeca! –dice misteriosamente.

Salvador sonríe.  Ángela se aleja.

-¡Gracias a Dios que llegaron! –suspira Rebeca- ¡porque tengo una cita importantísima con mis amigas del club! –le dice a Salvador- ¡no me voy a pasar el día entero aquí encerrada con los deberes domésticos! –y sube al auto- ¡permiso!
Salvador le cierra la puerta y luego sube al asiento del chofer.

*

Un grupo de mariachis lleve una serenata a Gaetana que se pone furiosa- ¡Suenan como si estuvieran dentro de la casa!
-¡Prácticamente sí doña Gaetanita! –feliz Lupe- ¡están enfrente!
Gaetana se acerca a la ventana y los ve y escucha cantar “Cielito Lindo”- ¡Pero esto es el colmo! ¡esto ya se pasó de la raya! –está enojadísima- ¿qué se creen esa bola de escandalosos? ¡creen que pueden venir a mortificarme con su música horrible!
Lupe pierde la sonrisa- ¡Ay! ¡no me diga que no le gusta!
-¡No! ¡claro que no me gusta! Ya sé lo que voy a hacer –dice con una sonrisa malvada- ¡voy a echarlos ahora mismo! ¡les voy a echar encima un balde de agua sucia para que aprendan a respetar! –y se dirige decidida a hacerlo.

-¡Ay no! –grita Lupe- ¡por favor no lo haga! –le suplica- es que… vinieron por mí.

-¿Cómo dices? –se calma- ¿te están dando una serenata a ti o qué?

Lupe la mira apenada- No… ¡a mí no! A usted.

Gaetana la mira con los ojos cuadrados.

-¡Es que yo los contraté! Como hoy es su cumpleaños… ¡yo quería darle esa sorpresita! –y sonríe tímida- ¡Feliz cumpleaños mi jefecita! ¡qué Dios la bendiga!
Y se escucha la música de fondo.

Gaetana se queda sin palabras y su cara se empieza a descomponer.

Lupe se asusta- Ay… ¡discúlpeme si metí la pata! Es que… yo la he visto tan atormentada… con tantos problemas que yo pensé que no era justo… y mucho menos en un día tan especial como hoy.

Gaetana empieza a hacer pucheros.

-¡Pero si a usted no le gusta yo ahora mismito salgo y les digo que se vayan!

-¡No les digas nada! –la detiene Gaetana y luego llora a gritos- ¡me encanta esa música! ¡desde chica siempre me gustaron los mariachis! –y llora a moco tendido.

-¿De veras? –se ilusiona.

-¡Ay condenada! –dice llorando Gaetana- ¡me sorprendes con esos detalles! –nadie la consuela- ¡desde chiquitita siempre me gustaron los mariachis!
-¡Bueno, ya basta de llorar! Ahora olvídese de los espíritus, de los líos… de todo ¡y vamos a gozarlo bonito feliz de la vida! ¿qué le parece?

-¡Tienes razón condenada! –grita Gaetana y salen al jardín a recibir a los mariachis.

-¡Aquí llegó la homenajeada mis guapetones! –grita Lupe a todo dar.

Y el mariachi canta “Adelita”

 *

Popular entre la tropa era Adelita
la mujer que el sargento idolatraba
y además de ser valiente era bonita
que hasta el mismo Coronel la respetaba.

 *

Mansión.

Walter furiosa- ¡Se los dije! ¡se los dije! Miren esto… ¡es tardísimo y doña Rebeca no regresa del club!

Todos los empleados están en la sala enojados y con los brazos cruzados.

-¡Pues de aquí nadie nos mueve! –grita Vicky- ¡tenemos que hablar con esa señora porque estas pobre muchachas necesitan su sueldo y alguien tiene que pagárselo!

-¡Así es! Esa señora tiene que entender que no sólo del aire vivimos –dice una.

-¡Nosotras también tenemos muchas necesidades! –otra.

-¡Yo nunca estuve de acuerdo con Abigaíl! –Walter- ¡pero ahora sí, bien hecho lo que le dijo a doña Rebeca! ¡ese trabajo de administradora no culminaba solamente contratando choferes! ¡bien hecho!

Vicky lo mira burlona- ¡Cómo se ve que tenia la oreja bien paradota! Haberlo escuchado todo.

-¡Pero por supuesto si hablaban en voz alta! –se pasea nervioso- ¿Dónde estará metida esa señora?

-¡Cómo qué donde! ¡presumiendo a ese mangazo de chofer que se carga! –y luego mira a Walter- déjeme decirle algo… ¡tenga cuidado porque pa’mí le pueden dar cuello con la chamba! Porque ese chofer está mucho más joven y mucho más guapo que usted… ¿y sabe otra cosa? Para mí que doña Rebequita… ¡quiere que esa pulga brinque en su petate! ¿Cómo ve?

Walter la mira furioso cuando de pronto escucha el motor de un auto y suspira aliviado- ¡Por fin! –y sale corriendo al jardín.

*

En el jardín.

Afuera los que llegan son Andrés e Isabel en el auto BMW descapotable de Andrés.

Walter que salía a recibir a Rebeca se queda sorprendido y vuelve a entrar a la casa gritando- ¡Llegó doña Isabel! –le grita a los empleados- ¡doña Isabelita llegó! Así que vayan a ayudar con las maletas.

Como todos se lo quedan mirando les exige- ¡Apúrense! ¡vayan a ayudar con las maletas!

De mala gana las empleadas se mueven.

Walter corre a recibirlos- ¡Doña Isabelita! Qué bueno, qué alegría tenerla nuevamente en la casa… ¡qué bueno!

-Buenas noches –saluda Isabel.

-¡Bienvenida! –responden en coro las empleadas sonriendo.

Isabel está muy guapa y les sonríe- ¡Yo también estoy contenta de haber regresado! Cansada… pero contenta.

-Muchachas… ¿qué esperan para bajar las maletas? –exige Walter y las empleadas dejan de mirar a Isabel y lo hacen- ¡Nunca imaginé que llegaría esta noche! –Walter le dice a Isabel- ¡realmente nos hizo muchísima falta!

Isabel se da cuenta que tiene el brazo en cabestrillo-¿Qué le pasó en el brazo Walter? –se inquieta.

-¡Oh! ¡sí! –duda Walter- ¡tengo que informarle de muchas cosas doña Isabel que… no son precisamente buenas!

-¡No empiece con problemas Walter! –se enoja Andrés y lo corta.

-¡Si! –se cuadra Walter.

-¡Yo la verdad estoy muy cansado! –Andrés se dirige a Isabel- Prefiero irme a casa.

-¡Te invito una copa! –invita Isabel.

Andrés la mira y sonríe- Bueno… tal vez una.

-¿Y mi tía? ¿está? –pregunta Isabel a Walter.

-¡No! No está en la casa… salió temprano y… esta es la hora que no llega… ¡esa era una de las cosas que yo quería informarle señora Isabel!
Pero ya Isabel y Andrés entran a la casa sin escucharlo.

*

Un restaurante.

Rebeca sola y perdida como una mosca en un vaso de leche mira desesperada alrededor, se ve muy sola y vieja.

-Señora… ¡señora! –se acerca el mozo impaciente.

-¡Si! –sonríe nerviosa.

-¿Desea que le traiga algo más?

-¡No, estoy bien así!

-¿Piensa seguir esperando?

-¡No! Creo que no… creo que se ha hecho demasiado tarde y tengo que regresar a mi casa… ¡por favor tráigame la cuenta!

*

En el auto.

-¡No fue mi intención hacerme esperar tanto Salvador! –sonríe Rebeca desde el asiento trasero del auto mientras Salvador conduce- ¡pero me encontré con muchísimos conocidos! –le miente- ¡ay! ¡no me dejaron salir temprano! –ríe- ¡mis amigos son tan absorbentes que si no me hubiera escapado todavía estaría en el club!

-¡Doña Rebeca! No tiene por qué darme explicaciones… ¡aquí yo estoy para servirla! Si tengo que esperarla toda la noche… ¡pues yo lo haría con mucho gusto!
Rebeca sonríe complacida- ¡Ay! ¡gracias Salvador! es usted un empleado muy eficiente.

Salvador suspira.

-¡Lástima que no pueda reemplazar definitivamente a Walter!

-Señora… le dije que estoy para servirla… ¡mis intenciones no son reemplazar a nadie!
-¡Cuando regrese mi sobrina! La voy a convencer para que lo emplee de lleno en la casa… ¡algún trabajo aparecerá para usted! –le promete.

-¿Usted cree que ella regrese pronto? –se ilusiona Salvador.

-¡Pues no sé! No sé… hace días que no se comunica… ¡me imagino que demorará algunos días todavía!

Salvador pone cara de angustia y tristeza.

*

Mansión.

Sala.

Andrés tiene y una copa de vino. 

-¿Me puede decir qué pasó Walter? –se preocupa Isabel.

-¡Como dijo don Andrés, no es bueno que yo la moleste con mis quejas!
-¿Tuvo un accidente Walter? –insiste Isabel.

-¡Digamos que sí!... un accidente provocado… involuntariamente… por la señorita Ángela.

Andrés suspira molesto y responde con un tono altanero- ¿A qué se refiere Walter?

-¡El perro escapó! Lleva días en el bosque y a la señorita Ángela se le ocurrió la brillante idea de ordenarnos ir a buscar a ese perro –se llena de ira- ¡y en el momento más oportuno ese perro me saltó y me mordió a traición!

Isabel pone cara de espanto- ¿Quiere decir que Azur se atrevió a atacarlo a usted? –se sorprende.

-¡Ah! –suspira Andrés- ¿acaso no hizo lo mismo conmigo? ¡te dije que ese animal es peligroso! Debemos encontrarlo y liquidarlo cuanto antes –decide.

-¡Tiene sus defensores! –les recuerda Walter- Bueno… ustedes mejor que nadie lo saben… ¡Abigaíl y sus hijos y la misma… señorita Ángela! Pero… lo más grave no es ese condenado perro.

Isabel ríe nerviosa- ¿Hay algo más?

Walter suspira -¡Como yo estoy incapacitado y no puedo conducir… doña Rebeca decidió contratar a un nuevo chofer!

-¡Ah! –Isabel toma aire- ¡cómo que mi tía contrató un nuevo empleado!
-¡Pues así como lo oye doña Isabel! –se indigna Walter- ¡y ni siquiera le exigió documentos de identificación! Bastó que dijera que trabajó en la fábrica de cítricos para que ella lo empleara.

-¡Pero Walter, dígame una cosa! –duda Isabel- ¿Cómo se llama ese tipo?

-¡Es un tal… Salvador Cerinza!
Isabel pone cara perdida y mira a Andrés-¿Tú lo conoces?

Andrés levanta las cejas- ¡Ah! Con tantos obreros… ¡como saberlo!

-¡Aseguró conocerla a usted doña Isabel! –agrega Walter con insidia.

-Sinceramente… No recuerdo a nadie con ese nombre –dice preocupada.

*

Casa de Gaetana.

Los mariachis siguen cantando y Gaetana y Lupe se están poniendo con una borrachera enorme- ¡Te juro que esto sí es un cumpleaños a todo dar y la verdad que no me lo esperaba!

-Sigamos la parranda en la casa –sugiera Lupe.

Gaetana se pone seria- ¡Yo no sé si es tan buena idea! Porque por mí encantada… pero si a Salvador no le gusta… ¡ese hombre es como raro!

-¡Pero quien está pensando en Salvador! ¡no señor! ¡esta noche mi jefecita, es suya, y no le voy a permitir pensar en espíritus ni nada que se parezca! –ríen a carcajadas y se abraza- ¡Al diablo con Salvador!

Y todos entran a la casa de Gaetana a festejar.

*

Mansión.

Mientras tanto otro es el cantar por aquí.

Rebeca se pega el susto al llegar a la casa y reconocer el auto descapotable de Andrés.

-¡Al parecer tienen visita! –comenta Salvador.

-¡Es el auto de Andrés Corona! –le cuenta Rebeca- ¡eso quiere decir que Isabelita llegó! ¡regresó de su viaje!

A Salvador se le llenan los ojos de ilusión y sonríe feliz, pero disimula.

*

En la sala Isabel está histérica- ¡Yo solamente me ausento unos cuantos días de esta casa y mira todo lo que pasa Andrés! Pero es que no entiendo… pensé que mi tía tendría un poquito más de criterio para manejar esta casa… ¡pero ya vi que no!

-¡Lamento decírselo, pero eso no es así… es una dama encantadora y yo la estimo mucho… pero toma decisiones equivocadas! –Walter opina.

-¡Cuando regrese me tendrá que escuchar!

-¡No te hagas mala sangre! –opina Andrés- ¿Qué tiene de malo que haya reemplazado a Walter?

Walter lo mira espantado.

-¡Si un empleado no puede cumplir con su trabajo otro debe hacerlo! –sentencia Andrés mirando a Walter con maldad en sus bellos ojos.

-¡No era necesario Andrés! –exclama Isabel- ¡a mi me pareció una extravagancia! –se exalta - ¿no crees?

-¡Tranquila! –se levanta y deja su trago- ¡mañana averiguas quien es ese tipo y si es capaz de reemplazar a Walter!

*

Afuera Rebeca se pone nerviosa-¡Será mejor que se marche ahora Salvador!

-¿Y no me va a presentar a su sobrina? –pide Salvador.

-¡No creo que sea el momento más prudente! –duda- no sé qué cuentos habrá hecho Walter y mejor la debo preparar… usted sabe… ¡está muy celoso por culpa suya! ¿entiende?

-¡No se preocupe! Yo la entiendo perfectamente –acepta Salvador.

-¡Gracias! Puede regresar mañana –lo despide Rebeca.

Salvador mira para la casa y suspira -¡Me voy a cambiar el uniforme! –le anuncia.

-¡Claro! Hágalo… pero por favor, en el cuarto de servicio y salga sin que nadie se de cuenta –se advierte Rebeca.

Salvador se marcha al cuarto de servicio.  Rebeca espera y luego se dirige a la entrada de la casa.

*

En ese momento Isabel y Andrés salen. 

-¡Ay Isabelita mi amor! –grita Rebeca- ¡qué bueno que regresaste! Estoy feliz… hola Andresito.

Isabel le pregunta malhumorada- ¿Se puede saber donde estabas hasta esta hora?

-¡Mi amor! Fui al club para distraerme un poco… ¡estaba deprimida encerrada en esa casa!

-¿Dónde está el chofer que contrataste? –busca Andrés.

-¡Mañana regresará! –se apresura Rebeca.

-¡Necesito hablar contigo en este momento tía! –le dice dura Isabel.

*

En el cuarto de servicio Salvador se saca la remera y muestra unos bellos pectorales.

Sonríe ilusionado mientras se cambia de ropa y repite como si fuera una canción- ¡Isabel! –suspira -¡no puedo creer que estes tan cerca! –cierra los ojos- ¡no puedo creerlo!

*

FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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