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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 54: jueves 29 septiembre 2005 – ¡LA BODA NEGRA!

 

(Amig@s, gracias a María Jesus pude completar el capítulo entero. ¡Gracias! )

 *

 Mansión. Isabel duerme en su habitación cuando entra Rebeca desesperada a despertarla, y se desespera porque no tiene ningún vestido.  Isabel le ruega que la deje sola.

-¡Como que déjame! Mira la hora que es... ¡tenemos los minutos contados para llegar a la iglesia y no estás lista mi amor! ¿Dónde está tu vestido de novia? ¿dónde está el que sacaste? –se desespera- ¡no veo ninguno por aquí!

-¡No importa tía! –le grita Isabel- ¡ya!

-¿Cómo que no importa? ¡como que no importa! –le grita- ¿y que te vas a poner? ¡cualquier vestido! Ahrrr... ¡me quisiera morir!

-¡Déjame sola! –le ruega Isabel.

-¡Eso no lo pienses! Yo te voy a ayudar.

-No necesito ayuda de nadie- de pronto le dice cortante y fría Isabel- ¡en verdad puedo hacerlo yo sola! No quiero a nadie aquí ¡por favor déjame sola tía! –le grita.

Rebeca se ofende - ¡Está bien! –le dice y se marcha.

-¡Especialmente en este día! –repite Isabel para sí misma- no quiero a nadie junto a mí... ¡absolutamente a nadie!

 

Mientras tanto y extremadamente excitado y nervioso, nuestro Walter se dedica a limpiar el auto de los novios, mientras grita y despotrica contra todo el mundo.

-¡Por lo menos tráiganme un helado, más unas bebida! –les reclama a las empleadas- ¡muñecas folclóricas! –las ofende y sigue lustrando el Mercedes- ¡esto me las va a pagar Cerinza!

 

En la habitación de Valeria, la tía entra preocupada y le cuenta cómo está Isabel. Durante la conversación Valeria se alista para dormir.

-¿Eso te dijo Isabel?

-¡Imagínate como si no tuviera ninguna importancia! Si yo no hubiera entrado a su cuarto, todavía estuviera acostada... que barbaridad... ¡ay no sé! A esa muchacha le está pasando algo muy extraño.

-Tal vez ya se arrepintió de casarse ¿no crees? –se sienta en su cama.

-¡Valeria no digas necedades!

Valeria se siente dolida pero no contesta y se sigue poniendo cremas.

-La verdad lo que más rabia me dio fue que me echó de su cuarto y no pude pedirle el favor que necesito –sufre Rebeca.

-¿Cuál favor tía?

-¡Qué me lleve a su viaje de bodas! –dice sonriendo.

-¿Y que ibas a hacer tú en viaje de recién casados? –se espanta Valeria- ¡qué absurdo!

-¡Es verdad! Tal vez por eso no lo hice... ¡pero te juro Valeria que hubiera dado cualquier cosa por acompañarlos! –y de pronto se da cuenta de que Valeria tiene puesto un viejo y casto camisón blanco- mi vida ¿y tú que haces sin arreglarte a esta hora? Falta una hora... ¡una sola hora para que estemos en la iglesia!

 
(Esta tía Rebeca es bastante ciega, no ve a los demás!  Pero a pesar de eso es muy simpática!  )

 
La tía Rebeca está muy guapa y elegante en un traje rosa que le queda muy bien con joyas al juego... ¡ah! Peluca lacia corta pelirroja!

 

-Tía, yo no pienso asistir.

-¡Valeria, qué burradas estás diciendo! Eso... ¡sería una grosería!

-Andrés me considera un estorbo, y el día hoy no pienso darle disgustos.  Además no pienso asistir a esa farsa –y se mete a la cama.

 

(Qué lástima que no quiera darle de disgustos!  )

 

-Ave de mal agüero... ¿cómo puedes decir que es una farsa? ¡a ver! –le desafía Rebeca.

 

Mientras tanto.. Isabel vestida con un negligé violeta, con el rostro demacrado se maquilla tristemente en su cuarto con un espejo de mano.  Se pone delineador, luego el brillo y de pronto con rabia se saca el brillo de los labios con el dorso de la mano.  Siente las lágrimas que le vienen a los ojos y con rabia las detiene y levanta el mentón con rabia y terquedad.  Deja de maquillarse y se levanta.  Abre su closet y estudia qué vestidos se va a poner. Enojada cruza los brazos y luego saca un vestido rosa y lo tira al suelo... escoge otro vestido celeste y lo tira al suelo... ¡y luego saca todos los vestidos y los tira al suelo! Furiosa se aleja del closet y se tira deprimida en la cama.... esconde el rostro en la almohada que estruja y resopla. Luego levanta la mirada y se queda mirando el retrato de Pedro José.  Lo mira con ojos tristes.. ¡como pidiendo auxilio!

 

Mientras tanto el verdadero Pedro José llega a la casa en el cuerpo de Salvador.  Entra al pasillo, mejor dicho se arrastra porque se lo ve muy triste, con una gran maleta negra.

 
(jejeej...  creo que solamente por dos semanas es un poco exagerado... si además siempre anda medio encuerado ).

 Walter lo cruza y se queda mirándolo con odio y muerto de la envidia.  Salvador lo mira sin contemplaciones.  Ángela y Antonio tomados de la mano vienen a verlo.

-¡Salvador! –Ángela- ¿está preparado para su viaje?

-Ya lo ve –le responde triste- ¡no solo soy chofer sino también acompañante del viaje!

-¿van de paseo?

-No vamos a presenciar un matrimonio que nos disguste... ¡estaremos fuera de la casa todo el día!

-Me parece bien, si yo pudiera haría lo mismo –dice triste y los mira con cariño- Le encargo mucho a la señorita Ángela, Antonio, ¡cuídela por favor! Y cuídese usted también.

-¿Mi amor, me dejas hablar con Salvador? –le pide Ángela a Antonio. A Antonio no le agrada pero asiente. Ángela espera que Antonio se aleje.

¡Si! Dígame –y cómo Ángela duda en hablar insiste- ¡dígame!

-No sé por qué pero siento miedo... ¡tengo mucho miedo de no volver a verlo! Es como si presintiera que no va a regresar –se le quiebra la voz.

Salvador le acaricia el rostro como queriendo decir muchas cosas y le dice con ternura- ¡Ángela!.

Antonio los espía preocupado.
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Salvador  se corrige- ¡señorita Ángela!

-¡Cuídese Salvador! recuerde que lo estaré esperando... y que lo necesito.

Salvador le toma las manos con mucho amor y le promete-¡No lo olvidaré! Se lo prometo, no lo olvidaré.
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Antonio los observa.

 

Rebeca golpea nerviosa la puerta de Isabel- ¡Isabelita! Por favor abre la puerta... –y golpea otra vez- ¡Isabel! No te encierres hija –se desespera y luego se aleja a buscar ayuda.

Afuera esperan Walter con su famoso reloj en la mano y Abigail.

-¡La señora Isabel no ha bajado todavía! –se preocupa Walter- ya debería estar en la iglesia.

-Yo no sé qué le pudo haber pasado –Abigail- si quiere suba usted a averiguarlo.

-¡Por favor ayúdenme! –les grita Rebeca- Isabel está encerrada en su cuarto y no quiere responderme.

-¿Le habrá pasado algo malo?

-¡No sé! Pero tengo miedo, ha estado muy extraña... ¡y tengo miedo que haga algún disparate por favor!

-¡Si usted me lo autoriza! –se ofrece Walter- ¡yo abro esa puerta! No es normal lo que está sucediendo.

-Si... ¡claro que sí ... vamos!

Y cuando van a subir aparece Isabel en el umbral de la casa vestida de negro con un ramo de flores rojas... ante la mirada horrorizada de Rebeca. Abigail se queda con la boca abierta de la sorpresa y la mira de pies a cabeza.  Isabel desciende las escaleras ante la mirada atónita de todos los empleados.
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-Bien... ¡Ya es tiempo de irnos a la iglesia!

-¡Ay Isabel hija!–se espanta Rebeca- ¿cómo has hecho esto? No debes estar vestida así para el día de tu boda.

-¿Por qué no tía? –y se mira irónica- ¿no estoy bien?

-Estás preciosa como siempre hija... pero.. ¡un vestido así no es para casarte Isabel!

-¡Este es el mejor vestido!... ¡el más apropiado para casarme con Andrés!

-¿Por qué no me consultaste?
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-¿Vamos a seguir discutiendo tía?–suspira cansada- ¿no verdad? ¡Estamos perdiendo mucho tiempo! No vamos a llegar tan tarde... ¿Salvador ya está listo? –le pregunta a Walter.

-Si señora... ¡bueno supongo! –Walter
-No se diga más ¡vamos! Búsquelo.

Walter corre a buscar a Salvador. Rebeca la mira con rabia.  Las empleadas murmuran y comentan su vestido negro sorprendidas. Isabel no sonríe.
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Salvador estaciona el auto, se baja y le abre la puerta sin mirarla.  Isabel se acerca como una reina negra con su ramo de flores rojas. 

Salvador al verla no puede evitar sorprenderse de verla con un vestido negro.
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Isabel se para bella y orgullosa y lo mira desafiante y Salvador no baja la mirada. 

 
 

regresas al final, sin importar el tiempo que pasó,

y estás en otra piel, mas fiel que la anterior

y vuelves otra vez como si comenzaras a vivir

quien te embrujó, quien te adivinó

¿por qué te alejó de mí?

 
La tía Rebeca los mira extrañada.

 

Iglesia.

En la iglesia Andrés se pone muy nervioso.  Un invitado se acerca- ¿Esta muy nervioso señor Corona?

-¡Algo impaciente! No entiendo por qué Isabel se tarda tanto... ¡ella sabe que detesto esperar!

-Yo esperé tanto por la mía que estuve a punto de cancelar la mía –se ríe- pero trate de calmarse, doña Isabel es muy puntual y estoy seguro de que está en camino.

Andrés no sonríe.

 

Salvador conduce el Mercedes con seguridad.  Isabel lo mira discreta y provocativamente desde el asiento trasero a través del espejo retrovisor.  Salvador le responde la mirada. Isabel sonríe. Salvador está serio.

 
 

el cuerpo del deseo, te tomo y te poseo,

en busca del amor que tengo junto a ti

y vuelves otra vez como si comenzaras a vivir

quien te embrujó, quien te adivinó

¿por qué te alejó de mí?

Detrás Rebeca completamente ignorante solamente admira las espaldas de Salvador.

 

En la cocina.

-¡Toda vestida de negro de los pies a la cabeza! ¿a quien se le ocurre vestirse así el día de su boda? Para mí que esa vieja está... chiflada!

-¡Pues a mí me parece que luce muy elegante! Y creo que es muy apropiado que haya elegido un traje oscuro.

-Estoy muy de acuerdo contigo mamá, ¡ese es el color preciso para ella y para el panorama que nos espera!

-Simón haz el favor de amarrarte esa lengua–le corta Abigail- Si no vas a decir algo bueno mejor vete y no me pongas nerviosa.

-¡Está bien me voy! –se levanta enojada- ¿quién te entiende mamá? Primero te quejabas que pasaba todo el día fuera de la casa y ahora te estorbo. Si con gusto me hubiera ido con Ángela y Antonio si no fuera porque andan en su plan de noviecitos.

-¡A mi lo que me saca de onda es que estuviera de negro... ¡si no iba a un funeral! Iba a su matrimonio.

 (quien sabe Vicky, tal vez es su funeral! )

En el auto Salvador no puede evitar mirarla por el espejo retrovisor.  Isabel tiene los ojos rojos y mira el horizonte.  Una lágrima se le escapa.  Mira a Salvador y se da cuenta que la mira- ¿No puede ir más rápido? –le reclama- al paso que vamos no vamos a llegar nunca.

 

En un bar Antonio y Ángela.

-No es miedo sino desconfianza, no sé que va a pasar con ese matrimonio, pero estoy preparada para enfrentar lo que sea.

-¿Ya encontraste a alguien que pueda reemplazar al licenciado Belaúnde.

-Creo que ya encontré a la persona indicada.

-¿Quién? –y como no le contesta- ¡Contéstame! ¿quién?

-Mi amor, sabes que confío mucho en ti... por favor no me presiones. ¡Cuándo esté segura te lo diré!

-¡A Salvador Cerinza si le cuentas todas estas cosas! ¿no? –dice celoso.

-¡Antonio por favor!

-¿Crees que soy tonto y no me doy cuenta? Últimamente andan contigo de arriba para abajo juntos. Hablando a escondidas. Es más los sorprendí que te estaba acariciando.

-¿Estas celoso? –Ángela mira al cielo.

-No ¡Pero a nadie le gusta que le acaricien a su novia! Además no me gusta para nada las cortesías que se toma contigo y mucho menos que tú se lo permites.

-Se lo permito porque sé que no lo hace con mala intención.  Salvador es un hombre muy especial. No es un hombre común.

-¿Por qué lo dices?

-Porque es una persona muy estructurada para ser simplemente un chofer. ¡Domina muchos temas que solamente una persona con un alto nivel de educación podría saber!

-Si, parece saberlo todo... ¡es un hombre muy particular!
De pronto Ángela recuerda- ¡A estas horas Isabel y Andrés ya deben estar en la iglesia!

-¡Deben estar en el infierno!

 

Iglesia.

Ya ubicado en el altar, Andrés espera impaciente y extremadamente nervioso. Y de pronto abre enormemente su bellos ojos verdes. Isabel hace su aparición en la puerta de la iglesia... sola... bella... muy bella... y... ¡VESTIDA DE NEGRO! Andrés se queda de piedra.  Isabel suspira y camina lentamente por el pasillo central con la música de Feliz Mendelssohn “El sueño de una noche de verano (1826)”

 
Escuchar Marcha Nupcial Mendelssohn

Felix Mendelssohn

 

Pasa entre los invitados que no pueden aguantar los comentarios.  El vestido de Isabel es la comidilla de los chismes. Andrés la mira sin poder creerlo y se le va la respiración. La tía Rebeca hace una mueca sonrisa a mitad feliz. 

 

Isabel sube lentamente los escalones al altar con la mirada baja, mirando cada escalón... luego se detiene... y sus párpados de largas pestañas se levantan lentamente y  mira desafiante a Andrés... ¡esta bella amig@s! Muy pero muy bella...
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Andrés sin poder aguantarse la rabia, no puede evitar mirarla de arriba para abajo y de abajo para arriba ¡sus bellos ojos verdes llenos de ira!... Isabel lo mira de costado con aire de triunfo.

 

En la mansión Walter entra como una tromba a la cocina y atropella a Vicky que trabaja- ¡Pero por qué no se fija dónde camina! –le grita.

Pero Vicky está de pocas pulgas y le contesta airada- ¡Pero por qué no se fija usted!

-¡No sea respondona! –se le acerca amenazador y Vicky y la otra empleada retroceden con miedo- Y vaya acostumbrándose porque a partir de hoy... ¡las cosas van a cambiar radicalmente! –le dice con felicidad- ¡y si usted y el cretino de Cerinza siguen haciendo de las suyas se van de esta casa!

-¡Asústeme panteón! Mire como tiemblo –y finge temblar- ¡mire como tiemblo!

-¡Va a temblar cuando el señor Corona la ponga en su lugar! Porque ahora sí tendremos un jefe que ponga orden ¡y que acabe con el relajo que tenemos últimamente!

-Pues a lo mejor lo que va a hacer es regarla y le sale el tiro por la culata.

-¡Vamos! ¡Muévanse! –las hecha- Que los novios no tardan en llegar y todo tiene que estar en perfecto orden... ¡a partir de hoy todo va a cambiar! –se arregla el uniforme- ¡Todo!

Walter se queda solo y dice con seguridad- ¡Sí señor! A partir de hoy todo va a cambiar –y se hincha orgulloso- ¡Todo!

 

Iglesia.

-Buenas tardes señoras y señores –el padre- Estamos aquí reunidos para la santa boda de Isabel Arroyo y el señor Andrés Corona.

La tía Rebeca mira alrededor y sonríe orgullosa de que Isabelita se case con Andrés. 

-Reunidos están aquí todos sus familiares amigos así que esperamos que esta ocasión muy alegre para todos.

Pero los novios no parecen nada alegres. Andrés mira furioso y preocupado a Isabel. E Isabel se va lejos con la mirada... y cierra los ojos... y recuerda a Salvador... la primera noche.

 

 

regresas al final, sin importar el tiempo que pasó,

y estás en otra piel, mas fiel que la anterior

 

El beso... la ropa que él se la saca... cuando la echa lentamente al suelo... cuando se aman bajo lluvia y la tormenta... cuando Salvador la posee. Isabel sonríe.

 

 

y vuelves otra vez como si comenzaras a vivir

quien te embrujó, quien te adivinó

¿por qué te alejó de mí?

 

-Isabel Arroyo –dice el padre con voz bondadosa- ¿acepta tu por esposo al señor Andrés Corona  prometiendo amarlo y respetarlo, y serle fiel hasta que la muerte los separe? –y se la queda mirando.

 

Pero el alma de Isabel no está en el mismo lugar que su cuerpo.

 

 

el cuerpo del deseo es todo lo que quiero

cuando yo me entrego,

el cuerpo del deseo, te tomo y te poseo,

en busca del amor que tengo junto a ti,


 

Isabel sonríe y está lejos... y recuerda... cuando ella lo besaba... cuando ella le clavaba las uñas en la espalda... en sus dedos el anillo de compromiso y casamiento de Pedro.  Y vuelve a sonreír cuando recuerda al final... el largo abrazo como náufragos reencontrados, el rostro de Salvador en su pecho. En la realidad Isabel suspira y mira muy lejos extasiada.

 

 

y vuelves otra vez como si comenzaras a vivir,

quien te embrujó, quien te adivinó,

 

 

Andrés se pone nervioso y se arregla el moñito. Al ver a Isabel tan lejana, el padre se inquieta y repite la pregunta- ¿Acepta tu por esposo al señor Andrés Corona  prometiendo amarlo y respetarlo, y serle fiel hasta que la muerte los separe? –y el bondadoso rostro del padre se muestra muy inquieto... muy preocupado ante esta Isabel que evidentemente no está aquí.

 Los invitados murmuran.

Andrés a punto de un ataque de histeria, mira a Isabel y se da cuenta que está completamente ida. Disimuladamente toma la mano de Isabel y se la estruja violentamente.  Isabel regresa a la realidad... mira su mano y se cuenta de la pregunta.  El padre se da cuenta de lo que hizo Andrés y arruga la frente muy inquieto. La tía Rebeca la mira con rabia contenida. Todo los invitados murmuran unos a otros.

 

Isabel tarda en reaccionar, mira Andrés.  El padre mira a Andrés y luego mira a Isabel preocupado. Isabel responde con un murmullo -¡Si! –y hace otro pausa- Acepto –dice claramente.

 

La tía Rebeca suspira satisfecha y pone los ojos al cielo. Andrés se muerde los labios y luego la mira con rabia y disgusto.  Isabel levanta la cabeza altiva.

 

Afuera de la iglesia Salvador espera extremadamente triste y amargado. Mira las puertas de la iglesia y no puede evitar recordar las palabras de Gaetana.

“El jueguito de esa mujer a mí me parece muy peligroso y puede terminar todo muy mal Salvador. ¿Por qué no se olvida usted de todo eso? ¡De esa mujer! Se aleja de aquí y la deja en paz antes de que esto pase a palabras mayores”

Pero Salvador sigue ahí apoyado en el Mercedes gris y no se marcha... ¡espera!

De pronto los invitados salen de la iglesia, y bajo las campanadas y los aplausos de los invitados salen Isabel y Andrés. Isabel camina del brazo de Andrés que orgulloso se arregla el moñito.  Rebeca felicita a Andrés. Se paran para agradecer y de pronto Isabel mira a Salvador.  Es una mirada extraña, sensual, directa y provocativa, le baja los ojos provocativamente y luego da media vuelta la cara y sonríe a sus invitados.  Salvador no mueve un músculo de la cara.

Andrés dirige a ‘su mujer’ al auto. Salvador les abre la puerta, pero antes de subir al auto un fotógrafo los detiene.  Los recién casados posan al lado del auto para la foto... ¡y al lado del chofer que se para como una estatua!!!
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(JEJEJE... REALMENTE BODA DE TRES!!! )

 

-Una foto de la boda,,, los novios.

-Otra foto de la boda,,, el bello rostro de la novia.

-Otra foto de la boda... el fotógrafo ajusta los lentes... los recién casados y el chofer.

-Otra foto... el fotógrafo se mueve para tomar desde otro ángulo...  el chofer?

 

(A ver...  qué apostamos... 1) que Salvador no sale en las fotos; 2) que en las fotos sale don Pedro José Donoso; o 3) que sale una mancha en vez de Salvador)

 

Andrés se cansa y se dirige a la puerta del otro lado.  Isabel sube por su lado y Salvador le cierra la puerta. La tía Rebeca sonríe feliz y los despide con la mano. Los invitados aplauden.

 *

En la mansión Simón cepilla a Azur y habla con Vicky que plancha.

 (un poco raro que se ponga a planchar en medio de los preparativos de la fiesta!!   )

 
-¡Son un par de traicioneros! –Simón- no les puede salir todo bien.

-¡Así que digamos traicioneros... traicioneros... traicioneros... tampoco! –duda Vicky.

-¿No Vicky? –y se apunta a los ojos- ¡Me consta! Y no es que me guste hablar mal de la gente – y sigue cepillando a Azur- ¡pero es que me da coraje que vayan a hacer fiestas con todo lo que dejó don Pedro! ¡Ay el pobre viejo! Si supiera que esos dos van a ir a pasar la luna de miel en la casa de la playa... ¡se levantaba de su tumba para impedirlo!

-¿Será que los muertos pueden ver lo que hacemos los vivos? –se pregunta Vicky.

Azur los mira... ¡creo que él sabe la respuesta!

 

Pero nuestro muerto... se que puede ver lo que pasa en el auto.  El Mercedes rueda velozmente.  Por el espejo retrovisor mira a los recién casados.  Andrés se da cuenta y toma posesivamente a Isabel y la abraza y le acaricia la cabeza.  Andrés le besa el cabello.   Isabel se deja dócilmente y sin expresión en la cara.  Salvador mira el camino.

 

Mansión. Valeria en camisón blanco entra al cuarto de Isabel.  Acaricia el retrato de Pedro José Donoso. Se dirige al closet de Isabel... (que milagrosamente ya está arreglado, evidentemente que buen servicio el de esta casa)... acaricia las ropas de Isabel... luego va al baño y se mira al espejo... hace un esfuerzo y suspira... ¡se seca las lágrimas y toma fuerzas! Cierra la puerta...y se desviste.  Entra a la ducha.

 

Los novios llegan a la casa.

-¡Llegaron! –grita Walter eufórico- ¡llegaron los novios! –y entra a reclamar que todos los empleados salgan a recibirlos- ¡A darles la bienvenida! ¡vamos! Y usted también Abigail.

-Yo no le tengo que dar la bienvenida a nadie Walter... –se niega- ¡se la di a don Pedro José el día en que se casó pero hoy no me puedo obligar nadie!

-¡Ya veremos cuánto le dura la soberbia! –le dice Walter con maldad- más tarde tendrá que arrodillarse si no quiere que la echen a patadas de esta casa.

Y Walter sale con los empleados y un grupo de mariachis que tocando los recibe.

 

Afuera, Salvador con cara de cementerio le abre la puerta a Isabel, quien aprovecha para lanzarle una mirada de desafío.  Salvador mira para otro lado y trata de alejarse. Andrés abraza a Isabel y le da un beso en la mejilla.  Isabel no sonríe y Andrés la conduce a la casa. Detrás entran los invitados. Salvador se queda afuera... ¡triste y con rabia de que esto pase en su propia casa! Se recuesta sobre el auto.

 

Dentro de la casa la fiesta está en su apogeo.  Isabel mira fríamente a Andrés que no la pierde de mirada y tiene aire de propietario. Brindan con los invitados.

 

En el pasillo que da a las habitaciones de servicio Simón juega con Azur.  Abigail se preocupa pero Simón le dice que es el mejor lugar para que el perro no moleste a los invitados para que no lo encierren- Es el lugar perfecto, no molestamos a nadie y no nos molesta nadie.

Abigail acepta a regañadientes y le pide que tenga cuidado y que no se escape - ¡mejor vete a la lavandería hijo! – Simón acepta y se meten a la lavandería.

 

En el salón, los recién casados bailan.  Andrés hinchado y triunfante.  Isabel triste baja la cabeza y de pronto al levantarla ve a don Pedro José sonriendo y bailando con ella.  Lo recuerda y se va muy lejos con el pensamiento.

-¡Isabel! –le reclama Andrés para despertarla- ¿Te sientes mal? –le dice malhumorado y mirando a los costados.

-Es que ya no quiero seguir bailando.

-¡Por lo menos sonríe! –le exige- no me gusta la cara que tienes – y él mismo sonríe mirando a los costados. 

Isabel hace una mueca- Preferiría subir a mi cuarto.

-Como quieras, salimos en una hora así que prepárate para el viaje –y bebe de su copa de champagne.

Isabel se dirige a las escaleras y se queda pasmada de la sorpresa.  ¡Bellísima baja nuestra Valeria! . Está vestida de un vestido rojo y amarillo que le queda divino
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Isabel la mira de pies a cabeza y luego le dice orgullosa- ¡Está sencillamente preciosa! –le sonríe con cariño.

-Y tú también te ves muy bonita Isabel –le responde Valeria- ¡qué lástima que no pueda felicitarte! –suspira Valeria mientras ve con fastidio que se acerca Andrés.
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Andrés al verla tan bonita se acerca libidinoso- ¿Y a mí tampoco vas a felicitarme? –le dice sonriéndole seductor y le pasa la mano- ¡dame un abrazo!

-¡No! Para ti sólo soy un estorbo –le rechaza Valeria ante el asombre de Isabel-¿no es cierto Andrés?

Andrés disimula su rechazo y le da un beso a Isabel en la mejilla, pero Isabel lo rechaza y luego toma en sus brazos a Valeria... ¡la abraza muy fuerte! Y luego sube para arriba.

Valeria enfrenta con la mirada a Andrés que la mira de arriba abajo con una mirada baja y llena de libido.

 

Y mientras los mariachis cantan.

 

En el pasillo ahora solitario, recostado en una columna Salvador rumia su tristeza.  Abigail lo encuentra- ¡Salvador! Debe prepararse para el viaje... ¡vaya a ponerse el uniforme! –y se retira.

Salvador se encamina hacia el cuarto para cambiarse cuando aparece Andrés con una copa en la mano- ¡Cerinza! –lo llama- ¡en pocos minutos mi amada esposa y yo nos marcharemos de viaje!  Espero que tomes en cuenta mi consejo... ¡despídete de esta casa! No quiero verte a mi regreso – y se toma un trago.

-¡Con mucho gusto voy a complacerlo! Le prometo que cuando regrese no me encontrará.

-¡Bien! –sonríe satisfecho Andrés y le da unas palmadas en el hombro- ¡bien!-y se marcha.

Salvador se queda pensativo.

 

En la fiesta Valeria causa sensación y muerta de envidia Rebeca se acerca- ¡Permiso! Permiso –y la aleja del guapo pretendiente- ¡Me tienes sorprendidísima niña!  Yo nunca pensé verte verte así... ¡te has transformado! ¿y es vestido de donde lo sacaste? –le reclama- ¿de donde?

-¡Me lo obsequió Isabel! Lo tenia guardado y no lo usaba ¿te gusta?

-¡Te queda muy bien! –le dice agria- yo diría que demasiado bien Valeria.

-Tía, ya no seré la Valeria de antes... estoy dispuesta a recuperar mi vida ¡Te juro que voy a luchar por lo que quiero! –le afirma feliz- ¡te lo juro! –Valeria se aleja de ella y Rebeca se toma un trago nerviosa y envidiosa.

 

Los mariachis toca y Walter le acerca una copa de champagne a Andrés- ¡Don Andrés! Disculpe que lo moleste... con permiso... una copa de champagne... ¡es que tenemos que brindar por este magno  acontecimiento, señor –le dice servil.

Andrés lo mira y toma la copa - ¡Por mí! –brinda y luego lo mira como dueño- ¡y por qué sé que de ahora en más puedo contar contigo... incondicionalmente!

-¡Por supuesto señor!

Andrés generoso toma otra copa y se la pasa –Por favor.

Walter no puede caber en sí del orgullo de brindar con Andrés y tiembla al tomar la copa- ¡Salud! –chocan las copas.

Andrés vive sus cinco minutos de gloria y mira posesivo toda la fiesta. Walter trata de hacer conversación muy nervioso de su nuevo rango de amigo y confidente de Andrés.

-¿Y.. doña Isabelita? ¿cómo está? ¿está ya cambiándose para el viaje?

-¡Si! –y bebe de su copa- ¡Está muy obediente! Apenas se lo ordené corrió a cambiarse –sonríe muy seguro y de pronto lo mira- ¡Tú deberías hacer lo mismo! ¿o piensas viajar así?

-Creo... –tartamudea- que está mal informado señor... ¡yo no voy a poder acompañarlos!

-¡Pensé que venias con nosotros!

-¡Lamentablemente no mi apreciadísimo don Andrés! es que a su esposa se le ocurrió llevar a la inútil de Vicky y al... elemento ese de.. Cerinza!

Andrés se pone verde y pálido y se arranca el moñito furioso y corriendo como una furia sube para arriba.  Rebeca lo mira asombrada y también Valeria.

 

Mientras la fiesta sigue Andrés llega a la puerta de Isabel  completamente histérico y descompuesto, con el traje todo desarreglado grita desaforado- ¡Isabel abre la puerta!.

 

En el cuarto de servicio, en la lavandería Salvador habla con Simón mientras prepara su maleta.

-¿Sabia que don Pedro muchas veces nos prometió llevarnos a la casa de la playa?

-¿A usted y a Antonio?

-Si, pero nunca nos llevó ¡nos quedamos con las ganas del paseo!.

-¿Se sienten decepcionados?

-¡No! Tampoco es para tanto, simplemente ahora que van a ir para allá ¡me acuerdo de las promesa que nunca nos cumplió!

-Si no cumplió su palabra fue porque no pude hacerlo... porque si estuviera vivo no los defraudaría. ¡De todas maneras no debería perder las esperanzas!

-No creo que sea posible ¡Con don Pedro ya muerto! ¿quién nos va a llevar? –se ríe Simón- ¡fíjese la suerte que se gasta Salvador! Usted si va a ir sin que nadie se lo haya prometido.

 ¿y le gusta el mar?

-Si me gusta el mar... yo creo que tanto como debió gustarle al señor Donoso.

-¡Debe estar contento que la señora Isabel lo haya tomado en cuenta! ¿no?

-No doy nada por hecho... a última hora puede surgir cualquier contratiempo.

 Simón mira a Azur.

-¡Abre la puerta que tenemos que hablar! –golpea la puerta histérico- ¡Isabel! –Isabel le entra y entra como una tromba.

-¿Cómo te atreves a entrar así a mi cuarto? –le reclama Isabel vestida normalmente con una falda rosa y un top celeste.

-¿Me puedes explicar por qué quiere viajar con Salvador Cerinza? –le grita- ¡Cómo se te ocurre invitar a ese imbéc.il!

Isabel simplemente lo mira con altiva.  Andrés la mira furioso.

 *

En el salón.

Abigail sirve-¿doña Rebeca gusta una copita?

-¡Ay no quiero más Abigail! Me he tomado dos tragos seguidos y me siento un poco malita –y mira a Valeria que está preciosa- ¿no le parece increíble el cambio de Valeria? No sé cómo lo logró en pocos segundos –dice envidiosa.

 

Y Valeria REALMENTE está PRECIOSA.  Tiene vestido divino con colores vivos que le sienta como un guante.

 (A ver si alguien pone fotos )

-¡Se ve chulísima! La verdad solamente le hacía falta un poco de arreglo para lucir como realmente es, una niña muy dulce y muy atractiva.

-¡Pues le funcionó el dichoso arreglito! –con voz de cacatúa agria- Porque tiene muy boquiabiertos a los invitados... ¡Especialmente a los hombres! Claro.

Abigail sonríe sin saber que contestar.  Valeria las ve y se acerca a ayudar- ¿Abigail te ayudo?.

-¡Señorita! ¿Cómo va a usted creer? Vaya a divertirse ¡ándele!... y ¡la felicito! Se ve usted preciosa.

-Gracias –le sonríe cariñosa- con permiso.

-¿Verdad que se ve rechula? –comenta con cariño Abigail.

Pero Rebeca envidiosa y maleducada la deja con la palabra en la boca y se dirige a la parte de servicios, evidentemente buscando a Salvador.  En el pasillo se encuentra con Simón que juega con Azur. Rebeca se lleva el susto- ¡Ay mi Dios! –dice mirando con desagrado al perro- no es posible que esta bestia ande por aquí.

-Pues con tanta bestia suelta... –se burla Simón- una más, una menos... ¿a quien le importa? –y Simón sigue jugando con Azur.

 

Rebeca entra al cuarto de servicio donde Salvador se alista.  Se pone un nuevo uniforme blanco. 
link fotoY Rebeca pierde toda decencia y compostura -¡Salvador! –se le abraza llorando.

Salvador se separa huyendo de ella, cómo si quemara- ¡doña Rebeca contrólese! –le ruega- ¿que va a pasar si alguien la sorprende? –la rechaza.

-¡Ay no me importa Salvador se lo juro! Estoy tan desecha con su partida, que me echaría a llorar como una Magdalena ... ¡Ay Salvador estoy segura que... si Isabelita supiera cuanto sufro... ¡no lo alejaría de mí!

 (Ehehe, bueno, pues yo no estoy tan segura  )

Salvador incómodo suspira y mira para otro lado.

En la habitación de Isabel arde Troya.

-¡No! No voy a permitir que lleves a ese tipo ¡es una estupidez!–Andrés se pasea como una bestia enjaulada- ¿Además si sabes que no lo soporto para que lo haces? ¡para molestarme nada más!

-¡Si te molesta es tu problema! –le grita Isabel- Yo tengo toda la libertad de llevar a los empleados que a mi se me den la gana.

-¿Por qué no llevas a alguno de esos inútiles que hay en la casa entonces? ¡Que te sobran! –y se le va el aire de la rabia- ¡Basta! Ahora mismo vas y lo despides. ¡No quiero volver a verlo en esta casa! Y mucho menos cerca nuestro ¿está claro?

-¡No! ¡No está claro! –Isabel lo enfrenta- Te guste o no te guste vas a tener que aguantar a Salvador Cerinza durante todo el viaje. ¿Te quedó claro?

Walter escucha toda la discusión detrás de la puerta y se preocupa.

-¡No iré de viaje con ese tipo antes prefiero cancelarlo! –grita desaforado Andrés.

 

En el cuarto de servicio Rebeca sigue gimiendo su mala suerte- ¡Es muy injusto! Muy injusto.. Isabel y Andrés no deberían hacerme semejante canallada... –le llora- usted no entiende que no puedo vivir sin usted ¡que lo necesito a mi lado! ¿cómo voy a estar durante su ausencia?

Salvador suspira indiferente y frío- ¡Regrese a la reunión señora! Usted debería estar atendiendo a los invitados.
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Pero Rebeca se le abalanza y le pone los brazos encima- ¡Qué me importan los invitados y el resto del mundo! –y le acaricia el pecho- ¡si lo único que me interesa en el mundo lo tengo frente de mí!

Walter abre súbitamente la puerta y Rebeca se separa rápidamente de Salvador que con cara de fastidio mira para otro lado- ¡Doña Rebeca! –grita Walter y se queda de una pieza al ver la ‘escenita’.

-¿Por qué nos interrumpe sin llamar Walter? –furiosa le reclama Walter.

-¡Discúlpeme señora! –responde Walter con sorna- Pero tengo que informarle de algo sumamente urgente.

Rebeca a contracorazón sale con Walter.  Salvador suspira aliviado de que se la hayan quitado de encima.

 
- ¿Qué sucede Walter?

-¡Doña Isabel y don Andrés están discutiendo fuertemente por culpa de Cerinza! Porque el señor no quiere llevarlo de viaje y eso es lógico.

Pero Walter a buen árbol se arrima, puesto que Rebeca es tremendamente egoísta y se pone muy feliz -¿De veras están discutiendo por eso?

-Por favor apresúrese, no es justo que ellos peleen acabándose de casar.

-¡Yo no voy a intervenir Walter! Y a lo mejor la decisión de Andresito impide el viaje de Salvador.

-¡Señora por Dios! Por encima de eso está el bienestar de los recién casados.

-Pues ya le dije que no me voy a meter en ese asunto... ¡no insista! – y lo deja plantado.

Walter la persigue inútilmente al salón... pero al ver que no va a conseguir nada con Rebeca decide hablarle a Valeria - ¡señorita Valeria! ¿me disculpan caballeros? –porque Valeria está rodeada de pretendientes- Tengo algo muy serio que decirle... allá arriba la doña Isabel y don Andrés están peleando muy fuerte.

 

-Sal de mi cuarto... ¡Lárgate de mi cuarto! –Isabel grita furiosa.

Pero Andrés cierra la puerta de un golpe y la empuja para adentro-¡No me voy hasta que eches a la calle a Cerinza! ¡como jefe de esta casa te lo ordeno!
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-¡Pero tú no eres jefe de nada! ¿qué no entiendes? –y lo enfrenta altiva- Andrés... ¡tu sabes perfectamente que yo no voy a ceder a tus caprichos! Que soy libre de hacer lo que se me pegue la gana... ¡Voy a llevar a Salvador te guste o no te guste!.

Pero Andrés la toma violentamente del pelo- ¡Lo quieras o no vas a obedecerme!
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 -¡Suéltame Andrés! –le exige Isabel sin bajar la mirada- ¡Suéltame te digo!
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-¡Suéltala Andrés! –entra la nueva Valeria- ¡suéltala ya!
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La fiesta sigue.

Walter sirve a los invitados cuando de pronto ve una billetera que sobresale de un bolso de señora... no puede resistir a la tentación... se acerca y lo roba.  Lo esconde bajo la bandeja y se apresta a robar otra, cuando pega el susto cuando Rebeca se acerca y le pregunta inocentemente- ¿qué hace Walter?

-Es... Estoy anonado doña Rebeca por... –tartamudea- .porque doña Isabelita y don Andrés siguen arriba.

-¿En qué acabó la discusión?

-¡No lo sé! Porque usted no quiso intervenir... ¡usted ha debido subir! Porque esos dos se han agarrado como ¡perros y gatos! Y doña Rebeca... ¡ojalá que no haya una tragedia!

Rebeca muestra signos de preocupación pero no se mueve.

 

-¡No cometas estupideces! - Andrés suelta a Isabel solamente para enfrentar a Valeria.  La toma del brazo violentamente y trata de echarla del cuarto. Pero Valeria se libra- ¡Suéltame Andrés! No voy a permitir que me grites y mucho menos que me insultes ¡hasta aquí llegaron tus abusos!
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-¡Tengo todo el derecho de sacarte de aquí y hablarte como quiera! –se burla Andrés.

- ¡La única que tiene derechos es Isabel! –y la mira- si ella quiere que yo me vaya... ¡me voy! ¿tú que dices... también me corres?

Pero Isabel sonríe feliz de tener una aliada- No, el que se va de aquí es otro.

-Bien, si no entras en razón será el propio Salvador Cerinza quien renuncie –Isabel se burla con la mirada- ¡Aunque me toque obligarlo! –y Andrés sale del cuarto furioso.

 

Isabel mira orgullosa a Valeria- ¡Por fin! –le acaricia los brazos- ¡por fin te convertiste y demostraste lo que siempre has sido Valeria! Ya te diste a respetar como tendría que haber sido hace mucho tiempo. ¡Me siento muy orgullosa de ti! –y se abrazan- ¡muy orgullosa de ti!

Valeria se separa-Isabel, este matrimonio es una locura... –se inquieta Valeria- ¡no te conviene!
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-¡Yo lo sé! –Isabel admite y sonríe triste y le acaricia el rostro.

 Un Andrés furioso va al encuentro de Cerinza en el pasillo que conduce al cuarto de servicio. Salvador lleva una maleta.

-¿Adonde vas?

-¿Tu esposa no te dijo nada?
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-¡Eres un hipócrita! Me prometiste que no marcharías.

-¡Yo no te prometí nada! –se burla Salvador- ¡te dije que no me encontrarías aquí cuando regresaran del viaje! Y es lógico porque regresaré con usted.

-¡Lárgate de esta casa! Antes de que te eche a patadas enfrente de los invitados.

Salvador pone la valija a un costado y se pone al frente... Andrés retrocede-¡Inténtalo! –y se ríe burlón- ¡intenta levantarme la mano! ¡órale! –lo reta.

Andrés lo mira y no se atreve... se pone pálido de la rabia -¡Ah! –trata de reírse- ¡eres un cerdo oportunista! –le susurra- ¡nada más!
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-¡El cerdo oportunista eres tú! –le responde Salvador mientras Andrés respira entrecortado- yo simplemente cumplo órdenes... ¡tú te tomas atribuciones que no te corresponden!

Andrés rechina los dientes pero no se atreve a hace nada.

-Te recuerdo que no me contrataste –sigue Salvador- ¡yo no soy tu empleado! Y nunca lo sería – y demostrándole desprecio se da la vuelta, toma la maleta y se aleja. Al pasar a su lado le da un codazo que lo envía contra la pared.

Andrés como un desgraciado traidor busca con la mirada y encuentra una especie de cocodrilo de madera... lo levanta y va a golpear a Salvador a traición y por la espalda.

 

  *
FIN DEL CAPITULO

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