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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 53: miércoles 28 septiembre 2005 – ¡LUNA DE MIEL A TRES!

 *

-¡Yo he visto novias nerviosas! –se escandaliza Rebeca voz de cacatúa- ¡pero nunca pensé que Isabelita fuera una de esas! –y de pronto se queda sin habla- ¡Valeria mira que horror! Dios mío... ¡pero si es su traje de novia! –y recoge los pedazos de tela blanca- ¿cómo pudo hacerle esto Valeria?

Valeria se acerca y entre las dos recogen los pedazos desgarrados de tela blanca regados por la cama y por el suelo.

 

En la sala sigue el enfrentamiento entre Andrés e Isabel.

 

(Entre paréntesis y suponiendo que ha pasado algún lapso de días...  resulta que Andrés no se ha cambiado de ropa desde que lo vimos en la oficina siendo déspota con los empleados)

 

Andrés sentado en el sofá de cuero negro e Isabel parada como una estatua enfrente. Andrés saca algo de su maletín y se lo pasa- ¡Aquí están los ticketes y nos marcharemos tan pronto termine la ceremonia! Vine a discutir contigo... –y se queda con el brazo extendido porque Isabel no hace ningún gesto de tomar los papeles y enojado los tira sobre la mesita donde se encuentra una lámpara muy moderna- ¡de los asuntos de viaje! –termina enojado. Suspira para calmarse y sigue- estamos llegando a Madrid... ¡y luego viajamos a Paris! A menos que quieras cambiar de ciudades –vuelve a suspirar fastidiado- ¡en ese me los dices! –va perdiendo la calma- y hago la  reserva.

Isabel lo estudia sin moverse y luego le anuncia- ¡No vamos a ir a Europa! No vamos a salir de este país.

Andrés se levanta despacio del sofá- ¡Qué! –se sorprende.

-¡Lo que oyes! –sigue obstinada Isabel- ¡viajaremos únicamente unos cuantos días a la casa de la playa! Es todo.

-¡Ah! –le responde incrédulo- ¡es nuestra luna de miel y no un paseo de fin de semana!

-¡Quedamos en que no me impondrías condiciones! –le corta- y yo no me quiero ir de viaje. Así que solamente pasaremos unos cuantos días en la casa de descanso de Pedro. ¡Nada más!

-¡Nuestra casa de descanso! –le corrige Andrés.

-¡Qué! –se molesta Isabel.

-¡Ese viejo está muerto! –le dice con rabia Andrés y luego acepta- ¡Bien, bien, bien! Pasaremos nuestra –subraya- luna de miel donde te plazca. ¿Algún otro cambio? –le pregunta con sorna.

-¡Si! –le dice Isabel que lo estudia fríamente- Quiero llevarme a dos de los empleados... los necesito.

-¿A quienes? –dice indiferente Andrés.

-No sé –desvía la mirada Isabel- probablemente a Vicky y a alguien más... ¡todavía no lo sé!

-¡Bien! –sin darle importancia- puedes hacerlo –y luego la mira con rabia- ¿alguna otra cosa más? –se burla.

Isabel lo mira con desestimación-¡Quiero que no nos veamos hasta el día que nos casemos! –Andrés la mira aun más fastidiado- ¡Te voy a suplicar que no me busques! Quiero disfrutar... mis últimos días de soledad.

Y con esto Andrés toma su maletín, los pasajes de avión y se marcha furioso.  Al pasar a su lado le escupe estas palabras en la cara- ¡Cómo quieras! –tan cerca que Isabel tiene que alejar el rostro. 

 

En el piso superior, en la habitación de Isabel, Valeria, toda vestida de negro como siempre, se preocupa- ¡Tía y qué opinas de todo esto!

Rebeca arrulla en sus brazo al blanco vestido de novia completamente desgarrado como si fuera un precioso tesoro roto y perdido - ¡No sé Valeria! –le responde triste- pero – y mira el vestido- ¡pero estoy segura hija de que algo muy malo está pasando con Isabel! –y luego baja el vestido y mira a Valeria preocupada - ¡algo muy malo! –repite asustada.

 

Andrés sale de la casa histérico y se encuentra a Walter en el estacionamiento que le dice servil- ¿ya se va señor?

-¡Si! –disimula Andrés.

-Si me necesita no dude en llamarme –se ofrece Walter- estoy a su entera disposición... ¡para lo que se le ofrezca!

Andrés lo mira complacido- ¡Bien! Alista tus maletas –le anuncia- Isabel y yo viajaremos a la casa de la playa y pensamos llevarte.

 

(hahaha!!! Yo ya sé que estos no serán los planes de Isabel...  ¡así que no cantes victoria tan pronto Andresito)

 

La cara de Walter es de antología (hehehe Bravo Robert Moll!) -¿lo dice en serio? –apenas puede de la felicidad.

-¡Si! Isabel necesita tus servicios y los de Vicky.

-¡Me encantará! –se le iluminan los ojos- se... señor... será un placer ¡sobre todo conocer la casa de la playa! Que nunca tuve la oportunidad de conocer ... ¡el señor Donoso decía que era maravillosa!

-¡Así es! –se queda pensativo Andrés- estoy seguro que te gustará –Walter traga saliva para contener tanta alegría.

Y de pronto Andrés cambia la dirección de su mirada y se queda mirando fijamente a Salvador que lustra uno de los autos muy cerca y se acerca- ¡Cerinza! –lo llama de mala manera.

Salvador se da vuelta y lo mira con cara de disgusto.

-En unos días será mi matrimonio con Isabel- le anuncia Andrés mientras Walter se pone al resguardo un poco más atrás para no estar en la línea de fuego pero no puede evitar quedarse a escuchar y a duras penas simula una sonrisa de triunfo-  planeamos salir de viaje –y hace una pausa para mirarlo con desprecio- ¡espero no encontrarte cuando regrese! –le amenaza.

Salvador se acerca y le pregunta tranquilamente - ¿acaso doña Isabel piensa despedirme?

-¡No! –le dice lentamente Andrés- ¡tú lo harás por cuenta propia!

Detrás Walter goza con la escena.

-¿Y por qué haría algo así? –irónico Salvador.

-¡Porque cuando regrese! –y le muestra la puerta principal- ¡entraré por esta puerta como jefe de esta casa! –y con una sonrisa de triunfo continúa- ¡y como jefe de esta casa no te soporto!

Salvador lo mira sin mover un solo músculo del rostro.

-¡Así que si quieres ahorrarte disgustos! –Andrés sigue- ¡olvídate de este lugar! –y sonriendo con maldad se sube a su auto.

 

(Eh... bue...   este Andrés es pequeño, déspota, de bajos sentimientos, subestima al enemigo, tonto... bueno ¿pero de qué me sorprendo? )

 

Salvador lo mira alejarse y luego se da la vuelta y mira a Walter que no puede reprimir hinchar el pecho y sonreír triunfalmente. Salvador se da la vuelta y sigue lustrando el auto.

 

En el piso superior Rebeca sigue llorando por el vestido blanco- ¡Pero por qué hiciste semejante locura Isabel! –recrimina a Isabel que está recostada en la cama y la mira con tedio- ¿cómo te atreves a hacer esto en víspera de tu matrimonio hija? –y con el vestido en las manos- ¡esto es un verdadero desastre!

 

(Ay! Pero ya basta Rebeca!! Ni que fuera un crimen! )

 

-Esto no es nada comparado con lo que viene –anuncia drástica Isabel.

-¡Ay Isabel! Tú estas mal de la cabeza muchacha... ¿y ahora qué vamos a hacer? ¡a ver!

-¿Qué vamos a hacer? –la imita burlona- ¡ni que fueras tú la que se va a casar! –ironiza- y ya por favor tranquilízate que tengo ahí un vestido más.

-¡Ah! ¡Tienes otro vestido! –sigue la cantaleta- ¿cuál mi amor? ¿cuál? –con aire de reproche.

Pero Isabel está al borde de los nervios -¡ya tía! –le dice y se levanta de la cama- ¡ya por favor! No me hagas tantas preguntas... ¡mira... mejor ve a llamar a todo el personal! Que necesito hablar con él –y hace una pausa, reflexiona y agrega- ¡incluyendo a Salvador!

Rebeca aun enojada por lo del vestido sale de la habitación- ¡Como quieras!

Isabel se acerca al vestido blanco... lo mira, lo toma entre sus manos, lo hace un bollo y sale también de la habitación.  Al salir al pasillo se encuentra con Ángela.

 

(disculpen amig@s... Pero ¡que pinta se manda Ángela!  Tiene puesto un debardeur celeste con diseño infantil que dice ‘sweet’, una minifalda jean con un cinturón ancho blanco... y un par de botas verdes! Bueno... supongo que las botas verdes para que haga juego con sus ojos verdes... que eso si...    ¡los tiene preciosos!)

 

-¡Isabel! –la llama e Isabel se sorprende- ¿te sientes bien? –le pregunta buena gente- ¿estás nerviosa por tu boda? Porque digo... ¡no has salido últimamente!

Isabel le mira a los ojos de una manera muy triste y le miente – No... ¡estoy bien! ¿nos vas a acompañar?

-¡Ni loca me prestaría a algo así! –le dice muy sincera Ángela.

Isabel suspira con frustración- ¡Si tuvieras un poquito más de personalidad! –le reprocha- ¡si no fueras tan insegura nos acompañarías sin tanto misterio! –le dice molesta.

Ángela suspira y la mira cansada- ¡No!¡tengo motivos muy poderosos para no asistir ese día!  –y le sonríe- ¡tengo cosas más importantes que hacer!

-Esta bien –acepta Isabel- no te voy a obligar... ¡además si por mí fuera yo no invitaba a nadie! –Ángela la mira extrañada.  Isabel al ver a una empleada que pasa con una canasta de ropa la llama- ¡Leti!

-Si señora... ¿se le ofrece algo?

Isabel arroja los restos del vestido blanco- ¡que lo tire a la basura! –le pide y al ver la cara de asombro de Ángela que no dice palabra le aclara- ¡mi vestido! –y continúa con una sonrisa amarga- ¡el que iba a usar para mi boda! Pero... ¡se rompió! –y con esto da media vuelta y se marcha dejando a Ángela patidifusa.

 

(hehehe... si... ¡se rompió solito!  Como decía mi mamá!)

 

En el pasillo de servicio, Salvador con cara de cementerio aguanta los avances de la tía Rebeca.

 

(ha... que tiene una peluca pelirroja, lacia y corta )

 

-¡Cómo todas las parejas que se aman! –dice Rebeca voz de cacatúa sin darse cuenta que sus palabras hieren lo más profundo de Salvador- pasarán una larga temporada disfrutando de su luna de miel.

Salvador asiente melancólico y mordiéndose los labios.

-Bueno –sigue completamente ignorante de los sentimientos de los demás- creo que pasaran como dos meses fuera de aquí –y le sonríe seductora.

-¡Claro! –reconoce Salvador con los ojos rojos y tristes- era de esperarse ¿no?

-¡Si! –y se le acerca seductoramente- ¡y yo pienso que mientras nosotros podemos aprovechar ese tiempo para...! –y cruza las manos con ambición- ¡para hablar más serenamente de lo nuestro! ¿no le parece? – y empieza a acariciarle el hombro con sus manos con uñas largas postizas- tengo algunas cosillas que proponerle... ¡qué le van a interesar mucho! Mi adorado Salvador –y ríe ella sola porque Salvador tiene cara de... (ya les dije) de duelo.

-¡Doña Rebeca! Por favor no empiece –le ruega.

-Usted me lo prometió –y le apunta con el índice- ¡me aseguró que llegaríamos a un acuerdo si yo demostraba... mi solvencia económica!

Y los ojos de Salvador se ríen burlonamente de ella.

-¡Quizás pueda ofrecerle mucho más de lo que imagina Salvador! –le insinúa descaradamente.

-¡Vamos a hablar de eso llegado el momento- Salvador la esquiva y de pronto se pone serio- mientras tanto sea prudente –le aconseja- ¡recuerde que las paredes tienen oídos y cualquiera puede escucharnos!

 

En ese momento entran Antonio y Simón y Rebeca se aparta de Salvador asustada- ¡que bueno que los veo! –les dice de mala manera como siempre- ¡Isabelita necesita hablar con ustedes! Así que avísenle a su mamá y a las empleadas que se reúnan en la sala... ¡usted también debe estar presenta Salvador!

Salvador se dirige a la sala, Antonio y Simón pasan al lado de Rebeca... y al pasar a su lado Simón le manda un beso burlón a Rebeca.  Al quedar sola Rebeca cierra los ojos calculadora.

 

(Soñando tal vez con su futura fortuna y su futuro marido Salvador!  )

 

Y como Salvador se lo había anunciado de pronto silenciosamente y imprevistamente... ¡aparecen dos oídos con patas! Y le pegan el susto a Rebeca.

-¿Haciendo planes con Cerinza doña Rebeca? –le pregunta Walter saliendo de la nada y con voz amenazadora.

-¿No estaría escuchando conversaciones ajenas verdad? ¡sería imperdonable!

-¡Imperdonable! –se burla Walter- ¡es que usted trate de involucrar a ese tipejo en algo que solo nos concierne a usted y a mí.... ¡mi apreciada señora!

-¡No sé de qué demonios habla Walter! –trata de simular Rebeca.

-¡Lo sabe perfectamente! Y por eso le advierto... no emplee a ese aparecido ¡en nada que tenga que ver con el pasadizo secreto! No lo voy a permitir.

-¡Walter por favor! Nunca le he dicho ni una sola palabra... ¡yo no sé por qué demonios usted desconfía siempre de mí!

-¿Debería confiar? ¡viendola como está usted enloquecida con ese muchacho! No hay nada más peligroso que una mujer encaprichada.

-¡Isabelita le está esperando en la sala! –le dice Rebeca altanera y furiosa- ¡así que vaya inmediatamente! ¿entendido?

Walter le manda una mirada asesina y va para la sala.

 

En la sala. Isabel está parada al lado de la escalera. A su izquierda la tia bruja.

-¡Andrés y yo no nos vamos a demorar en nuestro viaje! –anuncia Isabel- pero me gustaría dejarles algunas indicaciones para que las tomen en cuenta.

-¡Cómo que no se van a demorar Isabel! –le reclama Rebeca enfrente de todos.

Isabel suspira fastidiada pero le contesta amablemente- ¡No tía! Desistimos de nuestro viaje a Europa y solamente pasaremos algunas semanas en la casa de la playa.

-¡Pero no puede ser mi amor! –insiste Rebeca completamente desubicad mientras Isabel junta paciencia- ¡es tu viaje de luna de miel! Pensé que ibas a recorrer todo el mundo.

Todos se sienten incómodos y miran a Rebeca con ojos cuadrados.  Están Walter, parado y duro como una estatua, Vicky impaciente, Antonio cruzado de brazos, en el medio pero más atrás Salvador con las manos en los bolsillos del pantalón, Simón con actitud irreverente y Abigaíl con las manos cruzadas adelante y mirando al piso.

 

-¡Tía no es el momento para discutir este punto! –le corta Isabel con las manos sobre las caderas- ¡ahorita no! –y vuelve a mirar a los demás- lo que sí quisiera es que cumplan con sus obligaciones y que ¡por favor! –y mira al cielo- ¡les suplico lleven la fiesta en paz en esta casa! No quiero más reclamos a mi regreso –y mira a Abigail- ¿le quedó claro Abigail?

Abigail se sorprende- ¡Perdóneme señora Isabel! Pero no entiendo por qué me lo dice a mí –mientras Simón la mira con aire culpable.

-¡No lo digo precisamente por usted sino por sus hijos! –le aclara Isabel.

-¡Ah no! –salta Simón- por nosotros puede estar tranquila señora Isabel... ¡ya sabe que nosotros somos bien correctos! –pero no puede evitar mirar a Walter- claro está que si nos vienen a buscar bronca... ¡no nos vamos a quedar cruzados de brazos ni callados! –y todos se miran inquietos y Salvador lo mira como a un niño rebelde- ¡porque santitos tampoco somos! –concluye ante la desesperación de Abigail.

-¡Simón por favor! –Abigail.

-Está bien Abigail –concede Isabel- ¡déjelo! –y mira a Simón que se queda sorprendido- ¡es interesante saber lo que piensa! –y luego de una pausa- ¿alguna otra cosa más que quiera decir Simón? –suspira.

-¡Nada más desearle una feliz luna de miel! –y luego no puede resistir el comentario- y bueno... ¡que lamentablemente no pudo pasar con el señor Donoso! –y le sonríe mientras todos los miran atónitos- ¡pero ojalá ahora si se desquite como Dios mande!

Y ante la risa de todos los empleados, excepto Salvador y Walter, Abigail le reprocha- ¡Ay Simón Por Dios!

-Estoy diciendo la verdad mamá –se excusa cínico Simón.

Isabel decide cortar por lo sano y cambia de tema- ¡Tengo pensado llevar a dos de mis empleados! Y tomé en cuenta a Vicky –y la mira mientras Vicky no puede disimular que no le gusta nada la idea.

Walter no puede contenerse y se avanza- ¡Eh!... discúlpeme que me entrometa señora Isabel –y ante la mirada enojada de Vicky- yo opino que Nora es más conveniente en este caso porque.. ¡Vicky solamente se dedica a las labores de la cocina! –Vicky pone las manos en la cadera peligrosamente.

-¡Si! –le contesta molesta Isabel- ¡pero a mí no me importa! –y mira a Walter sin contemplaciones- ¡llevaré a Vicky! –le aclara ante la desesperación de Vicky que no quiere ir- y a otra persona más... ¡a otro empleado!

Walter se hincha como un pavo real y anuncia orondo- ¡me sentiré honradísimo en servirle señora Isabel! –y ante la mirada asombrada de Isabel y la desesperación de Vicky continúa- ¡el señor Andrés y usted tendrán en mí al más fiel de los empleados!

Isabel lo sigue mirando atónita y le aclara- ¡Yo ni siquiera lo he mencionado a usted!  -le dice fría y Vicky no puede simular una sonrisa- ¡yo no pensé en llevarlo a usted! –le aclara.

Walter da un paso al frente completamente perdido- ¡Perdón! El señor Andrés me aseguró que yo iba a ir.

Isabel suspira fastidiada- ¡Lo que le haya dicho Andrés a mí me importa un bledo! -Y Walter se pone pálido y estirado como una hoja de papel- ¡usted se va a quedar!... quien va a ir es otro –y anuncia- ¡Salvador!

Salvador se queda de piedra. Walter se muerde su propio veneno de la rabia.  Todos se quedan un poco asombrados.  Simón y Abigail intercambian miradas.

-¡Usted será quien nos acompañe en nuestra luna de miel a Andrés y a mí! –anuncia sin ningún problema Isabel con una demisonrisa irónica.

Salvador la mira enojado.

 

Más tarde la conversación continúa en la cocina mientras Vicky cocina con dos ayudantes y Abigail, Antonio y Simón almuerzan.

Walter se pasea de un lado a otro- ¡que decisión tan absurda la de doña Isabel!  -Vicky lo mira molesta- ¿cómo se le ocurre elegir a los menos indicados para que la ayuden en su luna de miel! –y mira con altanero a Vicky- ¡empezando por usted que es torpe y no la puede ayudar debidamente!

Pero Vicky es de armas tomar- ¡Ay! ¿usted que cree? Que yo estoy brincando en una pata por ir... ¡si fuera por mí no voy!

-Si está tan en desacuerdo con que lleven a Vicky –le dice molesta Abigail- ¿por qué no convence a doña Isabel que se lleve a otra empleada Walter?

-¡No! –se acobarda Walter- ella debió decir la verdad –y apunta a Vicky- ¡que no quería ir! Porque es una experta en responder ¿verdad? Puede decir que está tan gorda que no puede moverse.

-¡Gorda será su abuela pelón! –se enoja Vicky- ¡y ahora de puro coraje si voy!

Y todos ríen.

-¡Así se habla Vicky! No le hagas caso a este envidioso... –le aplaude Simón.

-¿Envidioso quien?

-¡Confiese que se está muriendo de la envidia porque se llevaron a Salvador! –le responde Antonio- ¡y usted se quedó vestido y alborotado! –se burla.

-¡Yo era el más indicado! Y no ese cretino... –se enoja- ¿qué hace un chofer en una playa?

-¡Manejar! –le responden a coro y se ríen- ¿qué acaso allá no hay carreteras o qué?

-¡Y también debe haber montones de hipócritas! –Simón- de esos que limpian el piso con la lengua por dinero- se burla.

-¡Usted me va a respetar altanero! –le grita Walter y se le abalanza para ahorcarlo de la rabia.

Pero todos los separan y Abigail grita- ¡Walter! mucho cuidado con lo que hace... ¡si está resentido se me larga a otro lugar! Pero nos deja vivir en paz y no nos amargue la vida.

Walter se retira.

-De todas formas a mí se me hace muy extraño que doña Isabel se llevara a Salvador –sigue Antonio.

-¡Si hombre! Se hubieran llevado al vampiro este de Walter, así hubierámos descansado de él unos cuantos días –Simón.

 

En el cuarto de servicio Salvador arregla concienzudamente su uniforme, con parsimonia y lo cuelga. Detrás de él la puerta se entreabre y Walter lo mira con odio... ¡con mucho odio! Salvador no lo ve porque se encuentra muy lejos y preocupado.

 

Arriba, en el cuarto de Isabel, Rebeca grita histérica- ¡No Isabelita! Discúlpame pero debes estar loca mi amor... –Isabel suspira cansada mientras observa un vestido negro- ¡primero sales de pistolera con Andresito!, luego te encierras y despedazas el vestido de novia... ¡y ahora quieres llevarte a Salvador!

 

(evidentemente es lo último lo que más le preocupa y disgusta  )

 

Isabel toma varios vestidos de colores y prepara una maleta.

-¿Perdiste la cabeza? –y la sigue- Isabelita mi amor... ¡yo pienso que la persona ideal para acompañarte es Walter!

Isabel la enfrenta con cansancio- ¡tia no pienso discutir mis decisiones ni contigo ni con nadie! Tengo suficiente criterio como para saber qué es lo que hago.

-¡Pero mi amor, es ridículo! –le ruega- por favor... ¡tú no entiendes! La necesidad que yo tengo de Salvador.

Y ante la mirada asombrada de Isabel.

-¡No solamente yo claro! También Abigail y Ángelita... ¿cómo vas a dejarnos sin chofer?

-No te compliques más.. ¡Walter puede manejar perfectamente!

-No será igual... ¡Walter no tiene paciencia! En cambio... Salvador es tan dócil y profesional.

-Precisamente por eso quiero llevarlo conmigo.

-¡Está bien mi amor! ¿No hay forma que cambies de opinión?

-¡No! –le dice dura Isabel y Rebeca pone cara de víctima.

 

Golpea a la puerta y Rebeca abre.  Es Salvador que entra decidido- ¡Necesito hablarle doña Isabel!

Isabel se queda sin habla y lo mira. Luego mira a su tía- ¡Déjanos a solas tía!

Y mientras Isabel y Salvador se lanzan miradas entrañables Rebeca se ve obligada a salir.  Afuera se pone furiosa y decide escuchar detrás de la puerta.

 

Dentro de la habitación, Isabel mira a la puerta y adivinando suspira... y ante la mirada de Salvador que comprende, se dirige a la puerta y la abre bruscamente.  Isabel se enfrenta a su tía- ¡Y deja de estar oyendo conversaciones que no te corresponden!  -e Isabel vuelve a cerrar la puerta.

 

La tía Rebeca, ante esta amenaza, se aleja de la puerta.

 

Isabel entra y mira a Salvador y luego suspira- Lo escucho Salvador.

Salvador se ubica frente a ella- ¿No imagina de qué se trata?

-¡Qué no me quiere acompañar al viaje! –le aclara Isabel- y otro en su lugar estaría muy contento de hacerlo.

Salvador la mira y suspira- ¿Qué pretende señora? –hace una pausa y la estudia- ¿atormentar a Andrés Corona? –Isabel simplemente lo mira- ¿impacientarme? ¿o mortificarse usted misma?

Isabel le responde irónica- ¡La verdad no sabía que le incomodaría tanto servir a una feliz pareja de recién casados!

Salvador también sonríe irónico- ¿Servirles o estorbarles?

-¡Eso ya lo probaremos en su momento! –sin darle importancia.

-¡Señora! No me gustan que me prueben en ciertas cosas –le responde molesto.

Isabel lo desafía- ¡Usted tiene miedo de que yo descubra de que no le soy indiferente! -Los ojos de Salvador dicen que no le es indiferente- ¡que siente algún interés por mí y le repugna la idea de verme junto a otro hombre!

-¡Eso es lo que pretende! –le dice dolido Salvador sonriendo amargamente- ¡comprobar la atracción que siento por usted para alimentar su ego de mujer irresistible!

Isabel lo mira con frialdad- ¡A lo mejor lo único que pretendo es bajarle los humos a usted!

Salvador suspira, traga saliva y se afirma sobre sus pies- ¿qué pasaría si me niego?

Isabel endurece el rostro y se le acerca- ¡Perdería automáticamente su trabajo! –le anuncia con una sonrisa desafiante.

Salvador suspira y le sonríe burlón - ¡No puede obligarme señora!

-No –reconoce Isabel- ¡no puedo obligarlo! –y se aleja y se pone a arreglar su maleta indiferente dejándole de espaldas- ¡usted es libre de negarse si tanto miedo le tiene a Andrés Corona!

-¡No tengo miedo! –responde Salvador con su orgullo puesto a prueba- ¡no puedo ausentarme por mucho tiempo! Tengo asuntos personales que resolver.

-¡Yo le daré el día mañana si desea!

-¡Un día no es suficiente señora! –se da la vuelta furioso.

De pronto Isabel cae en la cuenta- ¡Pero dígame una cosa! –indaga- ¿qué otros asuntos personales tiene que arreglar además de los de su trabajo?

Pero Salvador no puede responderle y se queda callado.

Isabel tiene una sospecha y desvía la mirada- ¡No me diga qué...! –y se queda callada y lo mira a los ojos- a lo mejor tiene... –hace una pausa- ¡una mujer y tiene que rendirle cuentas!

Salvador la mira, suspira, traga saliva y desvía la mirada- Tal vez doña Isabel... ¡tal vez! –y se le acerca- ¡usted no sabe mucho de mí!

Isabel mira a lo lejos triste- ¡tiene razón- reconoce y lo vuelve a mirar a los ojos- pero quizás este sería un buen momento para conocerlo mejor... ¡claro si usted no se acobarda y se atreve a hablar!

Salvador la estudia con una mirada triste- ¿quién es el más cobarde?... ¿yo que por prudencia quiero evitar ese viaje? –Isabel no baja la mirada- ¿o usted que se siente incapaz de quedarse a solas con un hombre que no ama?

-¡Ah! –suspira con rabia Isabel y desvía la mirada para mentir con ira- si yo no amara... ¡profundamente! –dice con tono irónico- a Andrés Corona... ¡no me casaría con él!

Salvador la mira con duda- ¡Si así fuera no pondría a prueba su paciencia!

Isabel lo vuelve a enfrentar con la mirada- ¡A lo mejor la paciencia de quien quiero poner a prueba es la de usted!  -lo reta.

Y Salvador no puede aguantar aceptar el desafío- ¡De acuerdo señora! Entonces veremos quien la pierde primero.

Y los dos se miden desafiándose con la mirada.

 

 

regresas al final, sin importar el tiempo que pasó,

y estás en otra piel, mas fiel que la anterior

y vuelves otra vez como si comenzaras a vivir

quien te embrujó, quien te adivinó

¿por qué te alejó de mí?

 

Salvador se aleja y al quedarse sola Isabel dibuja en sus labios una demisonrisa.

 

Esa noche en el bar, mientras Salvador se encuentra ocupado leyendo y trabajando sobre unos papeles, la amiga de Gaetana canta. (si la misma que le prestó dinero y que le trata de vender una casa, con la que se pelea y amiga todo el tiempo... y lo hace muy bien   ).

 

 

Nunca me imaginé que a mí pasaría,

Creí que tu me pertenecías pero tu amor se fue,

No tenias idea de cuanto porque yo sentía

Ahora decides marcharte, me muero de sed

Cariño mío, ¿qué voy a hacer?

Con tanto amor, tanta pasión,

¿Que voy a hacer con el dolor

Que está matando mi corazón?

Que voy a hacer por favor

Y bésame y abrázame

Yo necesito sentir tu piel

 

-¡Ay Salvador! Esa mujer se volvió loca –se preocupa Gaetana- ¿no hay alguna manera de que usted pueda negarse y decirle que no va a ese viaje?

-¡No puedo hacerlo Gaetana! Es un desafío que tengo que aceptar.

-¡La verdad es que a mí no me conviene que usted se vaya! Y menos ahora que puedo volver a tener problemas con el dueño de la casa! Si usted se va ¿quién me va a representar?

-¡Cuenta con la ayuda de Lupe y Camilo! –le contesta distraído mientras sigue trabajando- ¿desde cuando esa mujer es cantante?

-Es la primera vez – se ríe Gaetana- ¡se moría si no la dejaba cantar!

 

(Ah no!!! Esto no es cierto porque canta MUY BIEN!!   )

 

 

Cariño mío, ¿qué voy a hacer?

Con tanto amor, tanta pasión,

¿Que voy a hacer con el dolor

Que está matando mi corazón?

Que voy a hacer ven por favor

Y bésame y abrázame

Yo necesito sentir tu piel

 

-Y no lo hace tan mal –juzga Gaetana.

-¡Debe ser peor o igual de chiflada que usted!

-Salvador –de pronto se inquieta Gaetana- ¿no hay una manera que de la vuelta ese viaje? ¡porque yo no me lo puedo imaginar haciéndole compañía a Isabel Arroyo y a su nuevo esposo!

 

(wow! Yo tampoco heheeh   )

 

-Su nuevo esposo –repite Salvador triste.

-¿Lo está viendo? –se asusta Gaetana- ¡es que usted no va a soportar ver a la mujer que tanto ama en los brazos de otro!

-Tal vez ella pretende enloquecerme –dice lentamente- ¡pero no lo va a lograr! No le voy a dar el gusto –y mira con ojos bien negros- ¡aunque me envenene no voy a dar marcha atrás!

-¡A mí esto no me gusta nada! –se asusta Gaetana- yo sospecho que algo muy malo va a pasar en ese viaje... ¡y de solo imaginármelo me da como una cosa!

-No regresé para salir huyendo al primer desafío –Salvador le dice amenazador- voy a enfrentarla aunque me exponga al mayor de los peligros.

 

 

Cariño mío, ¿qué voy a hacer?

Con tanto amor, tanta pasión,

¿Que voy a hacer con el dolor

Que está matando mi corazón?

Que voy a hacer.. ven por favor

Y bésame y abrázame

Yo necesito sentir tu piel,

Perdóname si acaso en algo yo te fallé,

No quiero me niego a vivir sin tu querer

¡ay aquí te espero condenado!

 

Al mismo tiempo en la mansión Valeria trata de convencer a Isabel de que no se case- ¡Es que no entiendo Isabel! ¿qué es lo que te obliga a casarte con un hombre que no amas? Debe ser horrible vivir al lado de un hombre que te inspira indiferencia –y se acerca- ¡por qué no mandas al diablo ese matrimonio! –le ruega- ¡todavía estás a tiempo de librarte de Andrés!

Pero Isabel mira muy lejos- Pues ya es demasiado tarde porque él... ¡es el único que podría romper con este compromiso! Pero no tiene ninguna intención de hacerlo Valeria... ¡ninguna!

 

Otro día en la mansión.  Antonio y Simón pasean con Azur por el jardin.

-Andrés Corona se tomó un descanso para ocuparse de los asuntos de su matrimonio, y me parece bien porque últimamente andaba metiendo la pata en los asuntos de la empresa –Simón.

-Debe estar nervioso igual que la señora Isabel- Antonio.

-¿Oye tú crees que el matrimonio de ese par funcione?

Se sientan en un banco.

-¡Están hechos el uno para el otro! –se burla Antonio- entre los dos se deben llevar a las mil maravillas.

-¡Sin embargo hay algo que me parece muy raro! Él no ha vuelto a visitarla y ella se pasa encerrada en su cuarto sin recibir a nadie... ¡parece que se estuvieran evitando! -En ese momento ven a Ángela que llega conducida por Salvador y Simón agrega- en cambio los que se pasan para arriba y para abajo son Salvador y Ángela. ¿Te has puesto a pensar que hacen cuando salen?

-Nada, simplemente Ángela debe estar checando sus asuntos.

-¿Cuáles? Que yo sepa no tiene que ir a ninguna oficina desde que se quedo sin apoderado... a lo mejor le gusta pasear en compañía del chofer.

-¡Qué es lo que quieres! ¿hacerme enojar? No todas las mujeres son como tu Consuelito.

-¿No me pediste que te ayudara a investigar a Salvador? En eso ando hermano... yo no tengo la culpa de que se la pase día y noche con Ángela.

Antonio se levanta enojado y se marcha.

-Uy que genio –se burla Simón- definitivamente no hay como estar solo... –y mira a Azur- prefiero mil veces tu compañía amiguito.

 

Dentro del auto.

-¡Esa mujer no puede obligarlo Salvador! –le recuerda Ángela- si usted no quiere acompañarla yo le apoyaré. ¡No tengo miedo!

-No se preocupe señorita, no tengo miedo. Por eso estoy dispuesto a acompañarlos.

-¡Pero íbamos a aprovechar ese tiempo para averiguar los documentos que nos están ocultando! –se lamenta Ángela.

Salvador la mira desde el asiento delantero- Tendremos que dejarlo para después –y luego suspira, mira para adelante y dice como un mala premonición – ¡si es que regresamos!

-¿Qué quiere decir con eso Salvador? –se asusta Ángela.

-No me haga caso señorita –le sonríe Salvador- A veces digo cosas sin pensar... ¡no me haga caso!

Pero Ángela lo mira preocupada.

 

En otro lugar, sentado en un restaurante, Andrés espera impaciente y mira su reloj varias veces.  De pronto llega Valeria corriendo- ¡Disculpe la tardanza pero es que había muchísimo tráfico! ¿le hice esperar mucho?

 

(Qué hace Valeria ahí????   )

 

Andrés la mira con desprecio, no la saluda ni le contesta y con un gesto desdeñoso le indica que se siente.  Valeria lo hace.  Andrés se quita los lentes y la mira.

 

En la mansión Rebeca persigue a Salvador- ¡no es justo Salvador! –gime y se queja- simplemente porque Isabelita quiere alejarse yo no lo pueda ver... ¿no habrá una manera de evitarlo Salvador? –le ruega.

-No lo creo –le dice Salvador indiferente.

-¡Ay! Estaba tan ilusionada –babea Rebeca- de que tendríamos tiempo para nosotros dos... ¡yo creo que no voy a poder vivir sin verlo Salvador!

-Su sobrina aseguró que sería un viaje corto doña Rebeca.

-De todas maneras Salvador –y le acaricia el pecho- para mi es horrible... ¡Salvador! Si Isabelita supiera lo que me hace sufrir no se lo llevaría... Salvador... ¡Dígame una cosa! ¿usted también me va a extrañar verdad? –le susurra.

Salvador la mira con burla en los ojos y le acaricia la mejilla – Por favor doña Rebeca.

-¡Ay Salvador! ¿no podríamos inventar un pretexto para...? –y se interrumpe asustada cuando entra Walter- yo he pensado... que...

Y Salvador la deja plantada mientras Walter la mira con menosprecio.  Rebeca se queda acariciándose la mejilla que Salvador le había tocado.

 

En el restaurant -¡No sé por qué vine a verte! –le dice Andrés- ni siquiera entendí tu llamado.

-No podía explicárselo por teléfono... ¡por eso le pedí que nos viéramos lejos de la casa!

Andrés mira lejos –supongo que quieres hablarme de Isabel.

-¡Si claro! Yo la quiero mucho y sé que ella me necesita en estos momentos.

-No entiendo cómo alguien como tú podría ayudar –la mira despectivo.

-¡Andrés! –toma fuerzas Valeria- Yo sé que Isabel aceptó casarse porque la estás presionando.

Andrés que iba a tomarse un trago se detiene- ¿ella te dijo eso?

-¡No me lo dijo! Pero lo entendí y por eso vengo a suplicarle que piense bien las cosas antes de que sea demasiado tarde... yo sé que usted es un hombre muy buenos sentimiento. Y que no se atrevería a hacerle algo malo a Isabel.

 

(hombre bueno? qué va!! Que equivocada está!!  )

 

Andrés la mira burlon –Me conmueve lo que dices.

-¿De que serviría este matrimonio si Isabel no está segura de sus sentimientos? –alega Valeria- Si siguen con esta locura después podrían arrepentirse.

-¿Y tú crees que debería renunciar a Isabel?

-Si, de lo contrario no me atrevería a venir a pedírselo de esta manera. Es lo mejor para los dos, olvidarse de ese absurdo compromiso Andrés.

Andrés se ríe - ¡Ay! Eres tan ingenua –se toma un trago- pero no te confundas... además de fea y desabrida... ¡eres realmente patética! –Valeria se pone pálida- ¿tú crees que voy a renunciar a Isabel simplemente porque tú me lo ruegas?  ¡no seas infantil!

Valeria se levanta y Andrés la detiene del brazo- ¡No! Espera –le ordena- ahora yo quiero pedirte algo –y le estruja la mano con mucha fuerza- aunque tenga que utilizar la fuerza –le sonríe mientras sigue apretando - ¡aléjate de Isabel! –Valeria empieza a lagrimear del dolor- cuando me case con ella... ¡la voy a librar de mucha gente que la estorba! Empezando por ti –Valeria trata de librar su mano y no puede- ¡no te soporto! –le repite Andrés.

Valeria libera su mano. Andrés la mira irónico y detestable- ¿quieres tomar algo? –Valeria se levanta y se marcha corriendo. Andrés sonríe ante su debilidad- ¡Supongo que no! –se burla y brinda solo.

 

Valeria conduce de vuelta a la casa a toda velocidad y llorando- ¡Qué clase de hombre es Andrés Corona! ¡es peor de lo que pensé! –y se seca las lágrimas.

 

En la mansión, Salvador está sentado en la cocina frente a un plato de comida.

-¡No ha comido nada! –se preocupa Abigail que toma un té.

Salvador la mira.

-¡Está preocupado! ¿verdad?

-Humhum. –responde Salvador.

-Por el asunto del viaje... ¿no?

-Me tomó por sorpresas –confiesa Salvador.

-Si, se nota que le disgusta la exigencia de la señora Isabel.

Salvador la mira- y más le disgustará a Andrés Corona cuando sepa que voy a acompañarlos.

-¡Uy si! –admite Abigail- con el genio que se trae ese señor no me extrañaría nada... ¡ojalá no se meta usted en un problema Salvador! –le sonríe- no se lo merece.

-¿Listo para salir mañana de viaje Salvador? –entra Vicky.

-¡Más o menos Vicky! ¿y usted?

-No me ve la sonrisota que traigo –le dice Vicky sin sonreír- mi único consuelo es saber que voy con usted... ¡porque tan solo de pensar que le tengo que servir al señor Corona se me revuelven las tripas!

Salvador la mira y Abigail le advierte- ¡Shh! Te puede escuchar alguien.

-¡Pues me importa un rábano! Otra cosa sería si don Pedrito estuviera con nosotros –sonríe Vicky- ¡yo hubiera echo tremenda pachanga!

Salvador se conmueve y decide salir de la cocina, pero al pasar a su lado se detiene y le pone un brazo sobre el hombro - ¡Haga de cuenta que viaja con él! Y aunque no pueda verlo... ¡él va a estar muy cerca! ¡más cerca de lo que se imagina! –y se marcha.

Vicky mira a Abigail que concluye- Ese muchacho dice cosas muy extrañas.

 

Al salir Salvador se tropieza en el pasillo con Valeria que entra llorando.

-¡Señorita Valeria! –la detiene por el brazo- ¿qué le pasa?

-¡Nada Salvador!

-¡Cuénteme! ¿le sucedió algo en la calle?

-Tuve que enfrentar una situación muy desagradable, pero yo tuve la culpa. De confiada le pedí un favor a una persona que jamás debí buscar.

Salvador la mira con pena- Lo siento mucho.

-Solamente recibí humillaciones. ¡Ya estoy acostumbrada a soportar insultos! Hace mucho que no escucho más que ofensas de todo el mundo.

-¿Y eso no le duele señorita?

-Si, claro, mucho... ¡porque todas las personas merecemos respeto Salvador! Pero ¿sabe? Tan pronto se case Isabel –dice decidida- me voy a marchar muy lejos... ¡para no estorbarle a nadie!

-A Andrés Corona por ejemplo –adivina Salvador.

-¡Andrés Corona o quien sea! ¿qué importa? El caso es que tengo que irme... porque nada va a ser igual.

-¡Señorita Valeria! –la consuela Salvador- no le de importancia a las personas que valen menos que usted. ¡Ignórelos! No se deje intimidar... ¡no les de gusto!

-Salvador.

-¡Tiene que olvidar la idea de marcharse! Usted debe demostrar que es fuerte -Valeria llora- ¡Detrás de esa carita triste se esconde una joven valiente! Capaz de hacerle frente a cualquier dificultad.

Entre sollozos Valeria le dice- ¿sabe? Usted habla como la única persona que ha sido sincera conmigo... ¡habla como don Pedro! Me parece extraño, pero cada vez que estoy cerca de usted –y lo mira- siento la presencia de don Pedro.

-¿Y usted lo apreciaba mucho?

-¡No se imagina cuanto! –le cuenta- me encantaba su forma de ser, su sensibilidad artística, su fortaleza, su dedicación y todo lo que hacía.

Salvador traga saliva y se conmueve.

Valeria se seca las lágrimas y le confiesa- Creo... ¡creo que le amaba en silencio!

Esta declaración le sorprende y llega a Salvador al alma que le suelta las manos apenado y no puede evitar que una lágrima le corra por la mejilla. La mira y luego le dice nervioso sin mirarla directamente- ¡señorita Valeria! Al señor Donoso no le gustaría que usted se marchara y saliera huyendo de esta casa.

Valeria lo mira sorprendida.

-¡Desde el primer momento él la recibió con los brazos abiertos! –sigue Salvador- ¿o me equivoco?

-¡No! Él siempre me trató con mucho cariño Salvador.

-Entonces... ¡en memoria de don Pedro José Donoso exija el respeto que se merece! ¡hágase respetar! Y quite esa carita que no me gusta verla así – y le acaricia la mejilla y se aleja conmovido, pero se detiene antes de salir y regresa- ¡La próxima vez que yo mire a sus ojos quiero descubrir a otra Valeria! A la Valeria real... ¿me lo promete?

Valeria asiente en silencio y se seca las lágrimas.

 

En la sala Walter llama la atención a las empleadas gritando - ¡A esa madera hay que sacarle brillo! –al ver a pasar a Salvador se dirige a atacarlo- ¿usted siempre está en todas partes menos cuando se le busca? ¡llevo horas buscándolo!

Salvador se detiene y sin darse la vuelta- ¿qué se le ofrece?

-Llamaron de la casa de banquete, tiene que ir a recoger la torta de bodas.

Salvador triste se marcha.

-¡Se va y no me contesta! –se queda enojado Walter- ¡es un vulgar! –y en ese momento como una tromba pasa Valeria a su lado.  Walter se la queda mirando.

 

Valeria suba a su cuarto y se mira en el espejo y recuerda las palabras de Andrés.

“Además de fea y desabrida... ¡eres realmente patética! –Valeria se pone pálida- ¿tú crees que voy a renunciar a Isabel simplemente porque tú me lo ruegas?  ¡no seas infantil!”

Y luego las palabras de Salvador.

“-¡Señorita Valeria! –la consuela Salvador- no le de importancia a las personas que valen menos que usted. ¡Ignórelos! No se deje intimidar... ¡no les de gusto!... ¡en memoria de don Pedro José Donoso exija el respeto que se merece! ¡hágase respetar! “

Y de pronto decidida abandona su cuarto.

 

Momentos después vemos a Valeria galopando un bello alazán... (y cabalga mucho mejor que Isabel!!  ).  Simón se acerca con Azur y se queda sorprendido al verla tan lozana y deportiva.  Valeria le saluda sonriente levantando la mano.  Y al volver a pasar cabalgando Simón le sonríe de vuelta.

 

(hum.... aquí hay algo más... hehehe... algo más)

 

Bar de Gaetana, mientras la gente baila y se divierte.

-Francamente, el jueguito de esa mujer a mi me parece muy peligroso – se preocupa Gaetana- y puede terminar todo muy mal Salvador. ¿Por qué no se olvida usted de todo eso? ¡de esa mujer! Se aleja de ahí y la deja plantada antes de que esto pase a palabras mayores.

-¿Y usted por qué no se calla Gaetana?

-¡Me está cansando de tanta consejadera!

-Si no quiere escucharme, ¿por qué no va a acostarse? Y descansa porque mañana tiene un día complicado.

Pero Salvador está disfrutando por fin de la música y el bar- ¡Me voy a quedar un rato más aquí! Escuchando un poco más de música, compartiendo con la gente... ¡fíjese que nunca pensé que me agradaría pero me estoy sacando el gusto!

Gaetana se pone contenta y ríe- ¡Y le va a gustar muchísimo más cuando regrese y encuentre todo organizado!

 

(wow! Qué estará planeando hacer?  )

 

Y de pronto Gaetana se asusta y lo mira- Salvador –le dice con temor- ¿usted va a regresar?

Salvador mide su pregunta- ¿tiene miedo que me pierda en la casa de la playa?

-Salvador, en su situación cualquier cosa puede pasar ¡tiene que cuidarse mucho! Recuerde que yo lo necesito y que aquí lo vamos a estar esperando con ansias –le dice con cariño- Salvador, tiene que regresar... recuérdelo ¡tiene que regresar!

 

En la mansión, los preparativos en pleno. Abigail descarga los pedidos de una camioneta y pide amablemente- Niñas, lleven la charola adentro de la casa.

Walter sale gritando- ¡Rápido! Rápido... ¡y no han puestos los manteles sobre las mesas! Esto es un desorden.

-Walter –le dice Abigail fastidiada- haga el favor de no tratar a las empleadas como si fueran mulas.

-¡Usted! –le grita Walter- también debe darse prisa Abigail –y de pronto se da cuenta de algo y se desespera- ¡hay que decorar el automóvil! ¿dónde está Cerinza que no cumple con sus deberes?

-¡El es conductor! No decorador –lo defiende Abigail.

 

Dentro de la casa.

-¡Nada que ver con el matrimonio de don Pedro! –Simón- ¿te acuerdas?

-¡Claro! No hay ni punto de comparación, falta el mismo ánimo. Especialmente tú, ese día andabas encuerado bailando por todos lados y correteando a todas las empleadas.

-Hoy no corretearía ni a mis Universo en tanga.

-¿Qué hacen aquí fisgoneando? –los descubre Abigail- no anden por aquí por favor que hoy todo el mundo está con los pelos de punta. Particularmente el insoportable de Walter, desde la cinco de la mañana no hace otra cosa que dar de gritos.

-Si no estamos haciendo nada malo mamá –Simón-nada más curioseamos, en cuanto empiecen a llegar los invitados me encierro en mi cuarto y no vuelvo a asomar las narices.

-¡Ángela y yo vamos a dar una vuelta y regresaremos hasta que se haya terminado la fiesta y los recien casados se hayan ido de viaje! -Antonio.

-Abigail –llega Vicky- ¿por casualidad no tendrá un velise más grande? Lo que pasa es que no me caben mis trapos en el mío porque está muy chico.

-¡Si como no! Yo se lo presto, pero por favor acuérdate de no llevar muchas cosas –y se marcha con Vicky.

-Se me hace muy extraña la actitud de Isabel, no se ha aparecido en todo el día.

-Pues debe andar en su cuarto embelleciéndose. ¿Te imaginas cuanto tiempo gasta una mujer en vestirse de novia? –Simón.

 

Pero Isabel en su cuarto está dormida profundamente.  Rebeca entra escandalizada- ¡Qué significa esto! Isabel mi vida, levántate, mira la hora que es.

-¡Tía! Déjame por favor, no pude dormir bien anoche.

-¡Como que déjame! Mira la hora que es... ¡tenemos los minutos contados para llegar a la iglesia y no estás lista mi amor! ¿dónde está tu vestido de novia? ¿dónde está el que sacaste? –se desespera- ¡no veo ninguno por aquí!

-¡No importa tía! –le grita Isabel- ¡ya!

-¿Cómo que no importa? ¡como que no importa! –le grita- ¿y que te vas a poner? ¡cualquier vestido! Ahrrr... ¡me quisiera morir!

-¡Déjame sola! –le ruega Isabel.

-¡Eso no lo pienses! Yo te voy a ayudar.

-No necesito ayuda de nadie- de pronto le dice cortante y fría Isabel- ¡en verdad puedo hacerlo yo sola! No quiero a nadie aquí ¡por favor déjame sola tía! –le grita.

Rebeca se ofende - ¡Está bien! –le dice y se marcha.

-¡Especialmente en este día! –repite Isabel para sí misma- no quiero a nadie junto a mí... ¡absolutamente a nadie!

  *
FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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