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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 64: viernes 14 de octubre 2005 – ¡CELOS Y PASION!

Y Salvador sin mirar a Isabel para no recaer en los deseos que lo invaden y lo arrastran, toma el saco de su uniforme.  Retrocede unos pasos pero antes de salir, la vuelve a mirar... ¡cómo un naufrago sediento de pasión! Y haciendo un esfuerzo y sin ganas de alejarse sale de la habitación. 

 Isabel al quedar sola se muerde los labios suspirando y mirando a lo lejos.

Momentos después Salvador conduce a Antonio y a Ángela todavía sin control de sus sentimientos.  No puede dejar de pensar en Isabel.

Antonio lo ve distraído y aprovecha para besar a Ángela.

Salvador mueve la cabeza negativamente cuando recuerda sus impulsos y de pronto a través del espejo retrovisor ve a Ángela y a Antonio besándose apasionadamente.  De un golpe de volante cambia de carril y acelera, lo cual obliga a los tórtolos en el asiento trasero a separarse sorprendidos.

Antonio lo mira interrogadoramente pero Salvador se hace el desentendido.

 *

Mansión. 

Abigail sale acompañada de Valeria.  Simón se les acerca sobre la moto.

-¿Cómo estás mamacita? –la saluda.

-¡Bien hijo! ¿y tú?

-¡Bien! ¿y tú Valeria como te sientes?

-¡Bien gracias! –responde sonriendo.

-¿Piensas salir?

-Si –les cuenta- y estoy un poquito nerviosa porque pienso inscribirme en la academia, voy a comenzar las clases.

-¡Oye! Que bien... ya era hora que te animaras –le dice feliz Simón- ¿la señora Isabel te va a acompañar!

-¡No hijo! –responde Abigail- ella no sabe nada, la señorita Valeria quiere hacerlo todo por su cuenta y por eso anda un poquito nerviosa – y la abraza riendo.

-¡Pues en ese caso yo te acompaño! –se propone feliz Simón.

-¡Simón! –le regaña su madre- ¡no seas entrometido! La señorita Valeria no te ha pedido que la acompañes.

Y Valeria mira diciendo que sí quiere que la acompañe.

-¡Pero Valeria no necesita pedirme nada! Ella sabe que cuenta conmigo para lo que sea.

-¡Simón no seas pesado! –le advierte Abigail- ¡déjala en paz!

-¡Mamá! –protesta Simón- ¿qué voy a hacer aquí metido toda la tarde si tengo tiempo libre? –y luego mira cómplice a Valeria- ¿verdad que si te puedo acompañar Valeria?

-¡No veo por qué no! –dice Valeria cómplice- me parece buena idea –y ni corta ni perezosa se dirige a la moto.

-¡Entonces vámonos! –ríe Simón- ¡nos las vamos a pasar muy bien!

-¡Simón! –Abigail trata de retenerlo- ¡no has comido todavía hijo!

-¡Mamá! No tengo hambre.

-¡Ay muchacho! –sigue Abigail- ¡no vas a pensar llevar a la señorita en ese artefacto! ¡si tú manejas como un loco!

-¡Ay Abigail! –lo defiende Valeria- ¡no te preocupes! Además... ¡a mí me encanta la velocidad! –y sube a la moto.

-¡Si no le tiene miedo a los caballos mucho menos a mi moto! –y mientras Valeria se instala- ¡no te preocupes mamá! Te prometo manejar con mucho cuidado... ¡agárrate fuerte Valeria! –y Valeria se le abraza fuerte y le hace adiós a Abigail que se queda preocupada.

 (hum... protesto! Esto está muy mal!! ¿cómo es posible que en esta novela no les pongan cascos? )

 Mientras Abigail los observa alejarse inquieta, Isabel se acerca lentamente detrás y también los mira alejarse.

-¿Adonde fueron? –le pregunta a Abigail amablemente.

Abigail se sorprende-¡No lo sé señora Isabel! –le miente- es que la señorita Valeria tenía que hacer algunas cosas... –y duda- y Simón se ofreció a llevarla.

Isabel mira a lo lejos y sonríe divertida y luego dice- ¡Está bien! –y luego mira a Abigail que está sufriendo y no puede evitar otra sonrisa divertida y se aleja.

 *

Abigail sufre y con desesperación cierra los ojos. Luego entra a la casa- ¡Niñas por favor apúrense! –apura a las empleadas- ¡miren nada más la hora que es! Estamos muy retrasadas con el quehacer.

Y aparece Walter con su famoso reloj de bolsillo “Dad” criticándolas- ¡Están tan retrasadas que ni siquiera han limpiado ni ordenado la habitación de don Andrés! –se queja- ¿qué les pasa a estas haraganas que no cumplen sus deberes?

-¡Mejor díganos qué es lo que le pasa a usted! –le corta Abigail- mientras la señora Isabel no de la orden ninguna de nosotras va a entrar a esa habitación –le anuncia.

Walter se queda tieso de la sorpresa- ¿de qué imbecilidades está hablando usted? –se rebela.

-¡No son imbecilidades Walter! –le responde con ironía Abigail- ¿no es usted el empleado de confianza de don Andrés?

Walter la mira achicando los ojos con resentimiento.

-¿No trabaja exclusivamente para él? –sigue Abigail disfrutando- ¡pues en vez de venir a dar órdenes corra a hacer la habitación usted mismo! –y le chasquea los dedos- ¿o qué pretende? ¡que le paguen el sueldo a usted y nosotras trabajemos! –y luego riendo- ¡que va! –y mira a las empleadas que también ríen felices -¡vamos! –les ordena y las dos la siguen corriendo.

Mientras Walter tiene que tragarse las malas noticias y darse cuenta de su degradación de estatus.

 (Muy buena música de fondo y luego la cámara se dirige a una fuente que súbitamente deja de tener presión y el agua cae sin fuerzas! Hehehe!  Bravo! El pinche de Walter ya está pagando sus penas! )

 *

En otro lugar de la ciudad Rebeca espera en un bar leyendo aburrida una revista de modas cuando por fin llega su invitada.

-¡Hola! –llega la misma desconocida que habíamos visto consultando las cartas con Matilda- ¡Antes de que empieces a cantaletearme! Discúlpame Rebequita se me hizo un poco tarde.

-¡Ay mi amor! –le dice hipócrita Rebeca que está muy guapa y elegante- ¡no tienes por qué preocuparte! Solamente te retrasaste cuarenta minutos –le dice agria.

-¡Si supieras de dónde vengo me entenderías! –le dice la otra  riquilla cabeza hueca- estaba al otro lado de la ciudad –y se arregla el maquillaje.

-¡No me digas que te estaban leyendo las cartas otra vez! –se acerca Rebeca.

-¡Ay mira que adivinaste amiga! –le toma del brazo- ¡pero esta vez he dado con la bruja perfecta!

Es acertadísima en todos sus pronósticos –se emociona.

Rebeca la mira dudando y luego sonríe con picardía-¡Dime una cosa! ¿de qué estabas preguntando bandida? –y la mira con complicidad- ¿acaso asuntos amorosos?

La amiga se asusta- ¡No Rebequita! –miente mal- solamente de negocios... ¡de negocios! –y luego le confía- ¡aunque bueno si de amores se tratara! ¿qué de malo tiene de verdad? Porque también es muy buena para eso –y se ríe a carcajadas.

-¿De veras? –se ilusiona Rebeca- ¿de veras eso Pilar? ¡cuéntame! –le pide- ¡cuéntame! Porque a lo mejor voy a ver a esa bruja –se emociona- ¿cómo se llama?

-Pues se llama Matilda... ¡Matilda Amin! –le cuenta.

Y Rebeca toma nota del nombre.

 *

En una gran tienda de la ciudad Salvador espera impaciente mientras Ángela y Antonio eligen el regalo de Abigail.

-¡A mi me gusta mi amor! –dice Ángela- ¡además el color está muy bonito!

-Si está muy bonito –admite Antonio- ¡pero está muy caro!

-Mi amor, eso no importa –ofrece Ángela- si te gusta yo te ayudo a pagarlo.

-¡No! –se niega Antonio- eso no estaría bien Ángela.

-¡No seas tonto! –le reprocha Ángela- Es tu mamá y es como si fuera la mía. ¿Le damos el gusto? ¿si? –le dice con una sonrisa.

Antonio se deja convencer- Bueno, está bien –le sonríe- de veras que eres muy especial mi amor –y la besa con agradecimiento.

-¡Bueno ve lo que tú quieras! Y yo voy a ver por allá –decide Ángela y se aleja dejando a Antonio con Salvador no muy lejos.

-¡Salvador! –lo llama Antonio que sigue mirando la ropa que eligió para su mamá- ¿podría venir un momento por favor?

Salvador lo mira dudando y luego se acerca lentamente y sin quitarle los ojos de encima.

-¡Usted que parece saberlo todo! –lo reta Antonio- ¿cuál de estos dos vestidos cree que le guste más a mi mamá? –y se los muestra.

Salvador primero mira a Antonio y luego elige el verde -Indudablemente este.

-¿Por qué está tan seguro? –insiste Antonio.

-Porque ese es su color favorito –le responde sin dudar Salvador- ¡el señor Donoso hace unos años le regaló uno parecido! –y lo mira con franqueza- ¡a ella le encantó!

Y con una música de fondo que pone la piel de gallina Salvador hace amago de alejarse cuando se detiene y mira a Antonio que lo mira con miedo con ojos bien negros y extraños- ¡Si tiene otra inquietud por favor no dude en consultarme que yo le voy a contestar con la misma seguridad!

Antonio baja la mirada.

-¡Como lo haría el señor Donoso! –termina Salvador.

Antonio se queda mirándolo y sin saber que pensar.

 *

Más tarde en la casa Abigail camina laboriosa en el exterior de la casa.  En su habitación Antonio se ocupa de preparar su regalo cuando entra de improviso su mamá.  Asustado tira la bolsa en una esquina.

-¿Dónde andabas muchacho? –le interroga Abigail.

-¡Fui a acompañar a Ángela a hacer unas compras! –dice nervioso y se apoya en la cómoda para ocultar el regalo- y después fuimos a comer –sonríe como tonto.

Pero Abigail no es tonta- ¿Qué fue eso que aventaste? –y mira a la esquina.

-¡Nada mamá! –se pone nervioso- ¿por?

-¡Cómo que nada! –insiste Abigail- ¿qué fue?

-Nada de verdad.

-¡Pero sí Antonio! Pero si vi que acabas de aventar una bolsa ahí –insiste testaruda- ¿qué es?

 (pues si esta Abigail es una metiche con sus hijos, ¡no los deja respirar solos! )

 -¡Mamá! –le ruega Antonio.

-¿Qué es? –insiste.

Antonio sonríe y se da por vencido- ¡es un regalo que te compramos! –le muestra el bolso- ¡quería dártelo de sorpresa el día de tu cumpleaños! Pero al parecer... contigo no se pueden guardar los secretos.

Abigail se derrite y le abraza- ¡Ay hijo! Muchas gracias.

Antonio le pasa el bolso.

-¡No, no, no! –se aleja Abigail- ¡no lo voy a abrir hasta el mero día!

-¡No mamá! Ya no importa... ¡ábrelo! –se lo pasa.

 (hum... Antoñito... ¿qué no sabes qué le quitas emoción a los regalos?  Y si amig@s ¡esta Abigaíl es insoportable! ¡No deja respirar a sus hijos! Y este Antonio es un dejado)

 Abigail trata de resistir la tentación -¡No! –se queja riendo y luego no resiste- ¡bueno! –se deja convencer feliz- ¡a ver! –y abre el paquete con alegría.

-¡Si no te gusta lo podemos cambiar! –ofrece Antonio.

-¡Ay hijo! –dice Abigail feliz de su regalo.

-¿Te gusta?

-¡Está precioso! –y se lo prueba al cuerpo- ¡ay qué chulo está! –sonríe- ¡muchas gracias! –y le da un beso.

Antonio feliz de ver a su mamá contenta- ¡no tenía ni idea de qué comprarte! –le cuenta- ¡Ángela me ayudó a escogerlo!

-¡Ay no! –dice Abigail mientras sigue acariciando su regalo- ¡si se nota que es hija de don Pedro José! Tiene el mismo buen gusto que él.

-¿Por qué lo dices? –se pone serio Antonio.

-¡Fíjate que hace muchísimos años don Pedro José me regaló un vestido de este mismo color! –recuerda feliz Abigail.

Antonio desvía la mirada preocupado y traga saliva.

-¡Y durante mucho tiempo fue mi vestido favorito! –sigue Abigail ajena a sus inquietudes- ¡es que éste es mi color preferido! –y al ver la cara de Antonio se preocupa- ¿qué pasa Antonio?

Pero Antonio no le responde y sale de la habitación.

-¡Antonio! –se queda sorprendida Abigail.

 *

Antonio sale al jardín a respirar cuando se queda de una pieza al ver a Salvador y a Ángela hablando.  Salvador tiene la mano de Ángela y se la palmea con cariño.  Antonio los mira celoso.
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Antonio se pone muy nervioso y luego decide entrar de vuelta a la casa.
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También Isabel los observa desde la ventana.
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Y se queda intrigada al ver los gestos de cariño de Salvador hacia Ángela. 
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De pronto Salvador se da cuenta de que ella lo mira y le dirige una mirada burlona.
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*
Isabel deja caer la cortina enojada y suspira.
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Momentos depués pero no aguanta la tentación y vuelve a espiarlos.
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Ve a Salvador se despide de Ángela y se dirige a la parte de servicio de la casa.
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Isabel se pasea nerviosa por su habitación, mueve los dedos inquieta, se sienta en su cama.  Se queda pensativa y de pronto se levanta resuelta y sale de su habitación.

 *

Isabel baja sigilosamente las escaleras y luego de chequear que nadie la ve golpea discretamente la puerta de la lavandería.  Abre Salvador.  Lo mira sin aire y con los ojos suplicantes.

-¡Salvador! –le dice extremadamente nerviosa- ¡lo espero en el bosque! –susurra- ¡usted ya sabe dónde! –y se va corriendo.

Salvador la mira y luego también chequea que nadie los ha visto o escuchado y cierra la puerta.

 *

Isabel espera a Salvador en el bosque impaciente y con los nervios de punta.  Salvador se acerca tranquilamente por detrás.
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Isabel lo enfrenta como una fiera.
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- ¡Me puede decir qué demonios se propone hacer con Ángela! –le grita furiosa.

Salvador la mira sorprendido y mete las manos en los bolsillos -¡Absolutamente nada! Simplemente cumplo con mi trabajo –le aclara.
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-¡Pues no le creo! –Isabel le dice temblándole la voz- ¡porque la trata de una manera muy especial! –se burla muerta de celos- ¡y más que ser su chofer parece su amigo íntimo! –le dice con rabia.

Salvador está cada vez más sorprendido- ¿qué está insinuando señora? –exclama.
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-¡No estoy insinuando nada! –fuera de control- ¡simplemente me pongo a pensar en las múltiples razones que debe haber tenido Ángela como para haberlo defendido de esa manera tan pasional! –es una mujer celosa- ¿qué es lo que está haciendo? –lo ataca- ¿enamorarla? ¡burlarse de ella como lo hizo conmigo! –a grito pelado.
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Salvador la mira con una sonrisa irónica- Usted no sabe lo que dice doña Isabel
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-¡Por supuesto que sé lo que digo! –Isabel le dice con rabia- ¡porque hombres como usted lo único que hacen es aprovecharse de su atractivo para burlarse de las mujeres! –y luego le reclama temblando- ¿o dígame que no?
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Salvador la estudia y luego sin dejar su sonrisita se le acerca viril- ¿Siente celos? –la mira a los ojos.
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Isabel le responde altiva y con rabia -¡Y si así fuera! ¿qué?
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Salvador la mira tranquilo- ¡Sería absurdo doña Isabel! Usted está casada –se lo recuerda.

Isabel al verse recordada de este hecho mira para otro lado con rabia.

-¡Sería como si yo le reclamara por acostarse todas las noches con otro hombre! –Salvador muerde cada palabra.

De pronto Isabel lo mira a los ojos- ¿Si yo le dijera que está equivocado? –le pregunta.

Salvador la mira serio.

-¡Si yo le asegurara! –sigue Isabel sin desviarle la  mirada- ¡que desde que estuve con usted no he vuelto a estar ni con Andrés ni con ningún otro hombre!

Salvador la estudia con ojos bien negros.

-¿Me lo creería? –suplica Isabel.

Salvador no mueve un solo músculo de la cara.

-¡Por favor dígame que me cree! –le ruega Isabel con lágrimas en los ojos.

Salvador deja de mirarla a los ojos y le mira a los labios.

-¡Dígame que sí! –susurra Isabel.

 

Te busqué por la ciudad,

Caminé por otras calles,


 

Pero Salvador no puede resistir la atracción y el deseo que siente por ella y sin darle respuesta la besa.  Y ambos se abrazan y se toman el rostro entre las manos y se devoran... literalmente se devoran.  Y otra vez el tiempo se detiene para ellos.

 

Sin saber que una vez,

Sin dudar me traicionaste,

Otros brazos y otros besos,

Con los que tú me engañaste

 
Y cuando Salvador deja de besarla, tiene los ojos cerrados muy fuerte y respira agitado. Isabel abre los ojos y le confiesa- ¡No puedo apartarlo de mí! –le tiembla la voz- ¡no puedo! –y lo mira a los ojos muy cerca- ¡no puedo olvidarlo! –gime con su corazón en la mano- ¡quisiera...!

Pero Salvador la calla con otro beso.

 

Y hoy regreso a tu vida,

Para alguna vez vengarme

Voy a tomar de nuevo mi lugar

A ser de nuevo tu dueño

 

Y esta vez cuando Salvador deja de besarla la que tiene los ojos cerrados muy fuertes es Isabel.  Salvador la mira y le dice- ¡A mí también me sucede lo mismo! –y luego dice con rabia, una terrilbe rabia contenida- ¡quisiera rechazarla pero cada día que pasa me enloquece más! –y luego se hunde en sus besos con desesperación.

 

Y a mostrarte que mi amor 

lo tomaste como un juego

 

(wow! Qué besos!!! Les aseguro que derriten mi pantalla!)

Mansión.

Simón y Valeria regresan en la moto.  Valeria baja.

-¡Valeria! Quita esa carita tan triste –le ruega Simón- por lo menos ya diste el primer paso.

-¡Si Simón! Pero será mejor que no me haga muchas ilusiones –dice triste.

-¡Valeria! –trata de animarla- ¿dónde dejaste la confianza? Deberías estar feliz porque ya te inscribiste y porque pronto vas a presentar tu examen de admisión.

-Pues si pero... –sufre- ¡no me gustó nada lo que dijo el coordinador del área de piano cuando me escuchó tocar!

-¿Qué te dijo?

-¡Qué había muchos más aspirantes más jóvenes y mejor preparados que yo! –y suspira- y que tenía que practicar día y noche si quería lograr un buen solfeo.

-Bueno ¿y que importa? –dice Simón optimista- ¡tú eres muy inteligente y puedes desarrollar ese solfeo! Y convertirlos en un sol-bonito... –ríe de su propio chiste- ¡precioso!

Valeria ríe también- ¡Pues sí Simón! Pero el problema es que no tengo piano dónde practicar.

-¡Ah! ¿cómo no? –se sorprende Simón- ¿y qué me dices del piano del señor Donoso? Yo sé que está encerrado pero Ángela no te va a prohibir usarlo, es más –se ofrece- ¡si quieres yo hablo con ella!

Valeria suspira dudando- No mira, ya no quiero causar más problemas de los que hemos tenido y... ¡será mejor que me olvide de entrar a esa Academia!

-¡Valeria no! –se espanta Simón- pero es que además... ¡no es la única de Rio Claro! Si no te acepta ahí, pues buscamos otra y ya... ¡asunto arreglado!

-¡Si lo sé! Pero es que todas las Academias son muy costosas –se preocupa Valeria.

-¿Pero acaso Ángela no prometió ayudarte? –se sorprende- ¡además cuentas con el apoyo de la señora Isabel! Ella si tiene dinero de sobra.

-¡Si, pero no quiero agobiar a Ángela con mis problemas! –suspira- y tampoco quiero parecerme a mi tía Rebeca que abusa de la generosidad de Isabel –dice furiosa- ¡y se gasta el dinero a manos llenas Simón! –y luego dice con pena- ¡yo creo que va a ser mejor que me olvide la idea de entrar a esa Academia! –y trata de irse.

Pero Simón la detiene del brazo- ¡No Valeria! –le ruega- Valeria no –le suplica con la  mirada- ¡tú no puedes renunciar a algo sin siquiera haberlo empezado! -Valeria baja la cabeza- Además me tienes a mí para animarte y apoyarte en lo que pueda –sigue Simón.

Y con esto consigue que Valeria sonría feliz. Cuando ella se marcha Simón se queda preocupado sentado sobre la moto.

Detrás de él aparece Isabel y le sonríe- ¡Hola Simón! –lo saluda con amabilidad.

Simón se sorprende y le sale un susurro- ¡Hola!

-¡Me gustaría que platicáramos! –le pide Isabel- pero por supuesto no quiero que nadie nos escuche –le dice con aire misterioso y va para la sala.

Simón asiente y con aire preocupado la sigue a la sala.  Entra con su mochila a la espalda.

-¡Adelante Simón! –le dice Isabel- ¡siéntese!.

-No, prefiero quedarme parado y escucharle lo que me tenga que decir –dice a la defensiva.

-¿Que pretende con mi prima? –lo interroga Isabel.

-¿Pues qué podría pretender? –dice inocente Simón- su amistad nada más.  ¡Nos llevamos muy bien y la pasamos muy bien juntos!

Isabel lo mira con una sonrisa escéptica- ¿Adónde estuvieron?

-¡La acompañé a inscribirse a una Academia de música! –Simón- pero llegó muy desanimada porque no cree que la acepten –le confiesa.

-¡Qué tonta! –suspira frustrada Isabel- ¡por supuesto que la aceptarán en cualquier lugar contando con mi apoyo!

-¡Sí! –reconoce Simón- ¡pero ella insiste en no pedir ayuda ni molestar a nadie!

Isabel mira a lo lejos y baja la mirada.

-¡Señora Isabel! –de pronto le ruega Simón- ¿por qué no le echa una manita?

Isabel lo mira sorprendida y levanta una ceja.

-Valeria tiene muchas ilusiones –sigue Simón- ¡además es muy inteligente y preparada! Ella podría conseguir lo que quiera.

Isabel sonríe con ironía- ¡Si no hace falta que usted lo diga! –suspira y luego se pone seria- tampoco que interceda por ella –le dice altiva- ¡yo sé lo que vale mi prima! –y no puede evitar añadir- ¡y sé lo que vale usted!

Simón entiende y baja la mirada.  Se escucha una puerta e Isabel le dice en voz alta- ¡Puede retirarse Simón! –Simón se marcha cabizbajo.

Andrés entra y ve a Simón marcharse- ¿Qué hablabas con Simón? –la interroga.

-¡Nada importante! –le responde seca.

-¿Te dijo algo relacionado con la empresa?

-¡Nada! –se fastidia- ¡déjame en paz! –y trata de marcharse.

Andrés la detiene del brazo con violencia- ¡tenemos que apurar el trámite de sucesión! –le exige- ¡Ángela está averiguando más de la cuenta! –le suelta el brazo- ¡eso no me gusta nada!

-¡Con Villavizares y con Garcés! –dice Isabel con conocimiento de causa.

-¡Ay! –suspira Andrés con rabia- ¡con mucho gusto los hubiera despedido por abrir la boca más de la cuenta!

Isabel lo mira con interrogación y con aprensión de que haya cometido algún error.

-¡Si no queremos que Ángela nos dé la sorpresa! –sigue Andrés- ¡tenemos que actuar ahora!

Isabel mira para otro lado.

*

En la lavandería Rebeca vuelve a la carga y  acaricia embelesada el uniforme de Salvador. Empieza a esculcar sus bolsillos cuando la sorprende Walter- ¡Usted sigue trastornada con el miserable de Cerinza! –la acusa.

Rebeca se queda quieta.

-¿No renuncia? ¿eh? –se sorprende Walter- ¡Aun después de haber perdido las joyas!

-¿No pudo averiguar nada Walter? –se pone alerta Rebeca.

-¡No en absoluto! –baja la voz- ¡ahora menos que nunca porque estoy limitado a servir únicamente a don Andrés! –y de pronto dice con rabia- ¡Argg! ¡Cómo me quisiera largar de aquí! –le confiesa- ¡no soporto a Abigail ni a sus miserables hijos! –y se pasea nervioso de un lugar a otro- ¡no soporto que las empleadas me estén mirando como si fuera un pobre piojo! –e infla el pecho- ¡después de haber sido el empleado más valioso e importante de esta casa!

-¡Se me revuelve todo solamente de pensar que esos muchachos tienen las joyas en su poder! –gime Rebeca.

-¡No, no, no! –le dice Walter más inteligente- ¡yo no creo que fueran ellos! ¿sabe? –se acerca- ¡yo sospecho de otra persona! –le susurra- ¡fue otro quien se llevó todo lo que estaba allí en esa caja – y le agranda los ojos.

-¿Ah si? –pregunta Rebeca y se le acerca- ¿quién?

Walter la mira y luego dice con seguridad- ¡Salvador Cerinza!

-¡Ay Walter! –se enfada Rebeca- por favor no diga disparates –le reclama- lo odia tanto que ya está imaginando burradas –grita.

-¡Shh! –la calla Walter y corre a cerrar bien la puerta- ¡no son burradas! Ese hombre sabe más de la cuenta –trata de convencerla- ¡más de lo que sabemos usted y yo!

Rebeca lo mira dudando.

-¡Por eso no me extraña que él supiera de la existencia de esa caja fuerte! –sigue Walter- y haya venido a esta casa para eso precisamente... ¡para robarse todo lo que hay allí!

Pero Rebeca mueve la cabeza con desprecio- ¡Ay! No quiero escuchar más estupideces –le dice furiosa- ¡todo lo que dice es absurdo! – y trata de marcharse.

Walter la detiene del brazo- ¡Escúcheme!

Rebeca se deshace de él de un gesto brusco- ¡ya!

-¡Yo estoy casi seguro! –le dice Walter con los ojos abiertos y con voz lúgubre- ¡aunque usted no lo crea doña Rebeca!

Rebeca lo mira sin darle importancia y se marcha furiosa.  Walter se queda solo y lentamente toma el uniforme de Salvador, lo mira y luego lo tira sobre la mesa de planchar con rabia.

 *

En la sala Vicky al teléfono- ¡Pues fíjese que no le he visto en toda la tarde! –responde- ¡no sé si ha regresado! Pues si usted gusta yo la voy a buscar – de pronto ve a Rebeca que aparece- ¡espéreme tantito que creo que allí viene! –y tapa el auricular- ¡le hablan!

-¿Quién es? –se hace rogar Rebeca.

-¡Una tal Pilar Moreno!

Rebeca toma el teléfono y le ordena- ¡Retírese! –y como Vicky tarda en moverse le chasquea los dedos despectivamente- ¡pero ahora! ¡ya!

Vicky se marcha y cuando Rebeca está segura que nadie la escucha- ¿Pilarcita? Si mujer... ¿cómo estas? –una pausa- Pues aquí –se queja- ¡no hago más que llegar por esa puerta y empiezan los problemas y las quejas! –una pausa- ¡Ay! Dichosa saldría yo contigo esta noche –duda y de pronto se decide- ¡Oye! ¿sabes una cosa? –ríe feliz- ¿por qué no Pilar? ¡verdad! –y luego de otra pausa- ¡si claro! Necesito distraerme... ¡además hoy definitivamente voy a ir a ver a esa adivina Pilar! –le cuenta...  ¡a la tal Matilda!

 (amig@s! Cuates... ¡peligro para Salvador! )

*

Bar.  

Y Matilda canta feliz y ¡MUY BIEN!.  Con una orquesta muy buena.

 
(Yo creo que ella es la que canta... alguien sabe?)

 

Nunca me imaginé que a mí pasaría,

Creí que tu me pertenecías pero tu amor se fue,

No tenias idea de cuanto porque yo sentía

Ahora decides marcharte, me muero de sed

Cariño mío, ¿qué voy a hacer?

Con tanto amor, tanta pasión,

¿Que voy a hacer con el dolor

Que está matando mi corazón?

Que voy a hacer por favor

Y bésame y abrázame

Yo necesito sentir tu piel.

¡Perdóname! Si acaso en algo yo te fallé

 
Lupe le acerca un trago a Gaetana que mira contenta a Matilda.  Lupe aprovecha para criticarla.

-¡Mirela jefecita! Se cree una gran estrella y está convencida que canta divino.

(bueno, yo opino que canta divino!! )

 -¡Ay déjala Lupe! –ríe Gaetana- ¡no nos amarguemos la vida mujer! Esa cualquier día se aburre y se larga.... ¡además tenemos que reconocer que no lo hace mal! –y mira a la gente muy divertida- ¡además entretiene a los clientes!

-¡Es que me da coraje que sea tan oportunista y saque ventaja de todo! –se queja- ¡no demora en sentarse en la mesa a leer sus famosas cartas!

-¡Siéntate! –le pide Gaetana- ¡Siéntate mujer! –y le dice con interés- ¿tú que dices... que haga mucho dinero?

-¡Ay jefecita! –exclama Lupe- ¿y usted lo duda? Siendo esa mujer como es debe ganar mucho dinero –afirma- ¡mucho más que cuando usted trabajaba de espiritista!

Esto pone triste a Gaetana- ¡Ay Lupe! –suspira- ¡si supieras cuánto extraño mi profesión! Porque la vida de bar es... ¡divertida! –admite- ¡pero es tan pesada! –se queja.

 Y las dos suspiran y asienten y se dejan descansar un rato.

 

Ahora decides marcharte, me muero de sed

Cariño mío, ¿qué voy a hacer?

Con tanto amor, tanta pasión,

 

Pero Camilo aparece impaciente- ¡No te distraigas tanto con la patroncita Lupe! –se queja- ¡y échame una mano con los clientes! ¡anda! ¡anda! Por favor.

-¡Ya voy! –se queja Lupe y se levanta.

-¡A trabajar! –ríe Gaetana y se toma su cóctel.

-¿Qué pasó con Salvador? –se preocupa Camilo- ¿va a llegar tarde esta noche?

-¡Eso parece! –le responde Gaetana- por eso me llamó para decirme que no lo fueras a buscar.

-¡Uyyy! –se burla Camilo- ¡yo creo que quiere darse su escapadita! ¿no? –y se acerca- ¡para mí tiene un amorcito por ahí secreto!

Gaetana lo fusila con la mirada.

-¡Bueno! Supongo yo –se excusa Camilo.

-¡No supongas nada muchacho! –le corta seca Gaetana- ¡Salvador es un hombre muy serio! Y bueno... ¡si quiere estar solo un rato me parece lo más normal! –y luego dice seriamente- ¡todos deberíamos aunque sea de vez en cuando estar solos! –y continúa filosóficamente- ¡para poder encontrarnos a nosotros mismos!

Camilo pone cara de asombro y se aleja de ella bailando.

 *

Salvador está en una joyería y recuerda.

“Pedro que le  pone un collar de diamantes a Isabel. Isabel admirando la joya y diciendo feliz- ¡Es precioso! En verdad es muy lindo –y luego lo rechaza- pero lamento que no voy a poder aceptarlo –e Isabel le sonríe a Pedro- ¡Mira! No estoy acostumbrada a recibir regalos tan caros... –y luego sigue fingiendo inocencia- ¿pero sabes una cosa? ¡Cuándo nos casemos podrás comprarme todo lo que tú quieras! Sin embargo ahora te pediría que no –y lo mira a los ojos- ¿sabes cual es mi regalo más grande en este momento? Saber que estamos juntos... ¡qué estás junto a mi! –y luego le dice con sinceridad en la mirada- ¡y que me amas sinceramente! –y le toma la mano mientras Pedro sonríe embobado.”

Salvador regresa a la realidad- ¡Qué equivocado estaba! –se dice con rabia y odio en la mirada- ¡cómo pude dejarme engañar por semejante hipócrita! –y sale de la joyería.

 *

Por una carretera oscura Pilar conduce. 

-¡Pilar! Cuando me dijiste que era lejos no pensé que era tanto -Rebeca se preocupa.

-Tranquila amiga, conozco muy bien el camino –dice la ricachona.

-¡Ay! Dime una cosa ¿siempre has venido sola?

-¡No! La primera vez estuve con dos amigas a quienes les encantan los bares. ¡Eso si te advierto! No son nada elegantes ni mucho menos.

-¡Ay Pilar! –se escandaliza Rebeca- ¿y que tal si alguien nos ve metidas en ese antro de perdición?

¿qué le podríamos decir?

-¡Nadie va a pillarnos! –ríe Pilar- ¡mira! ninguna de nuestras amistades, ni loca, se acercaría a un lugar como ese.

-¡Una pregunta que tengo que hacerte! ¿Porque esa tal.. Matilda trabaja en un bar?

-¡Ya te lo dije! Porque además de leer las cartas es cantante –y ríe- ¡es una mujer bien divertida! Ya lo veras.

-¡Bueno!  -dice contenta Rebeca.

 *

Bar.  

Matilda termina de cantar y todos la aplauden.

-¡Muchas gracias mis amigos! –agradece- ¡gracias de todo corazón!  Voy a hacer una pequeña pausa en la presentación de esta noche –anuncia por el micrófono- ¡y como todos ya saben aprovecharé para leerles las cartas a quienes les interese! –Gaetana pierde la sonrisa- mientras tanto los voy a dejar en la grata compañía de la dueña de este maravilloso bar –y la señala con el brazo. Gaetana sonríe forzadamente- ¡Mi queridisima amiga Gaetana Charry! –termina Matilda y todos aplauden.

Gaetana se levanta, toma el micrófono, y empieza a animar a la orquesta.  Lupe baila a su lado y los clientes aplauden.

De pronto Gaetana ve a Rebeca y a Pilar entrar y se queda de una pieza, se asusta y toma la bandeja de Lupe y se tapa la cara. Arrastra a Lupe - ¡sígueme! –y la lleva a otra pieza.

Rebeca y Pilar ven a Matilda sentada y le sonríen y le hacen señas.

Gaetana y Lupe en otra pieza.

-¿Qué se trae? –se asusta Lupe- ¿por qué se comporta tan extraña?

Gaetana está blanco como un papel- ¡Es que...! –balbucea- ¡Es que acabo de ver a alguien Lupe! –y corre de un lado a otro.

-¿A quien? –pregunta Lupe.

-¡Ay Lupe! Es una mujer... ¡una mujer que vino con otra!

-¡Si! –dice Lupe sin entender.

-¡No debe verme! –le grita Gaetana- ¡No debe verme por nada de este mundo!

-Oiga, ¿y por que no? ¿cuál es el problema jefecita?

-¡Ay no! ¡yo no te puedo dar explicaciones ahora Lupe! –se desespera- ¡corre! ¡corre mi amorcito! ¿si? Ve a averiguar qué quieren esas dos... ¡que andan buscando! Sobre todo eso... ¡que andan buscando!

Lupe va a cumplir su misión y Gaetana se queda hecha un manojo de nervios.

 *

En el bar, Matilda se hace rogar.

-¡Encantada las atiendo! Pero deberán esperar su turno... ¡tengo a dos en la lista!

-¿Y tardará mucho Matilda? –se impacienta Pilar.

-¡Eso depende de los clientes! –y las mira calculadoramente- unos me demoran más que otros.

-¡Es que traje a mi mejor amiga! –Pilar presenta a Rebeca- le conté que usted es extraordinaria leyendo las cartas... ¡y está interesada en consultarla! –le sonríe cómplice.

Lupe se acerca y no pierde palabra de lo que dicen.

-¡Con mucho gusto las atiendo pero deberán tener un poquito de paciencia mis amores! –sonríe Matilda.

-¡Ay pero también podemos venir otra noche más temprano claro! –interviene Rebeca- la verdad se nos ha hecho muy tarde y vivimos al otro lado de la ciudad –quiere irse.

-¡No seas aguafiestas Rebeca! –le corta Pilar- ¡si ya estamos aquí no vamos para ningún lado! –y luego le sonríe pícara- ¡además nos podemos tomar unos traguitos mientras tanto! Mira.. nos podemos sentar en esa mesa.

-¡Me parece regio! –dice contenta Matilda- ¡tómense unos buenos tragos! Para eso está el bar... ¡para que se diviertan a pierna suelta mis amigas!

Y van a sentarse a una mesa, mientras los clientes bailan al ritmo de una cumbia.  Lupe va a ver a Gaetana que la recibe a punto de un ataque cardíaco.

-¿Que paso?

-¡Pierda cuidado jefecita! Esas dos sólo vienen a ver a Matilda para que les eche las cartas... ¡ni siquiera son clientas del bar!

Gaetana se tranquiliza y luego explota- ¡Ay es que ahí está Matilda pintada! Es que no se cansa de producirme problemas.

-Bueno ¿pero que pasa con esas viejas estiradas? –se asombra Lupe- ¡A ver! Explíquemelo bien a ver si yo puedo ayudarla.

-Es que... ¡una de esas mujeres no debe verme! Bueno... ¡A Salvador menos que a nadie!

-¿A Salvador?

-¡Humhum!

-¿Y eso por qué?

-¡Ay! No preguntes tanto mujer –gime Gaetana- más bien ayúdame a evitar un problema mayor... ¡mira! ¡tú y Camilo tienen que estar muy pendientes... ¡alertas! Para que Salvador no se deje ver de esa mujer.

Lupe asiente.

-¡Además apúrate porque debe estar por llegar en un momento! –le ordena- ¡corre! ¿alerta si?

Y cuando queda sola se espanta- ¡Dio mío! La tía de Isabel Arroyo... ¡nada más ni nada menos! –y luego se sorprende- ¿cómo diablos pudo llegar aquí?

 *

Le llega el turno a Rebeca.

-¡Aquí veo algo muy interesante! –le anuncia Matilda- un hombre... –la mira y Rebeca pone cara de asombro- del que seguramente debe estar muy enamorada.

-¡Ay si! –se sorprende Rebeca- ¡así es! –le confiesa- ¡estoy terriblemente enamorada! –y luego pone cara triste- pero es un imposible.

-¿Por qué dice eso? –le interroga Matilda- ¿acaso es un millonario o un poderoso?

-¡No! –suspira Rebeca- es un hombre sencillo... trabaja como chofer.

-¡Hum! Ya veo... ¡ya veo por qué me sale esta carta tan extraña! A ver toma otra –y le pasa el mazo.  Rebeca elige una con miedo.

-¡Hummm! –Matilda simula analizar la carta- nuevamente su príncipe azul... ¡él es un hombre joven! ¡bastante buen mozo! ¿por qué es muy guapo verdad? –le saca información.

-¡Ay! ¡el más divino de todos! ¡alto! ¡atlético! ¡y con una cara y un cuerpo que trastornan a cualquiera!

-¡Ah! –Matilda la mira cómplice.

 *

En el bar Lupe y Camilo hablan.

-¿Doña Gaetana no le dijo más? –Camilo.

-¡No! Solo dijo que esa señora no debía verla ni a ella ni a Salvador.

-Y dime ¿cuál de las dos viejas es?

-¡No me supo decir! –admite Lupe- pero una de ellas es... ¡lo importante es avisarle a tiempo a Salvador! Pero no sé que hacer mi amor... ¡por estar pendiente de él estoy descuidando la clientela!

-¡Usted tranquila mi reina! –le tranquiliza su novio-¡usted encárguese del bar! De Salvador me encargo yo.. ¡tan pronto yo lo vea no se preocupe que yo le prevengo!

Y Camilo se pone a vigilar desde la ventana.

 Cerca de ellos Rebeca mira embelesada a Matilda mientras Pilar bebe su copita.

-Si es tan atractivo como dice –Matilda- entiendo por qué está tan enamorada. ¿Y me dice que él no le corresponde como usted quiere?

-¡Ay no! Es tan frío como un témpano de hielo, por más que he hecho ¡no he podido conquistarlo! Por eso quiero saber si puedo tener esperanzas o me tengo que olvidar para siempre de él –gime.

-Bueno, vamos a ver qué dicen las cartas –y tira una y pone cara de pena- ¡Ay! Lamentablemente ese hombre no la quiere ni para escupirla... –Rebeca pone cara de espanto- ¡mala cosa es demostrarle amor a los hombres! –suspira Matilda- ¡a ellos no les gustan las mujeres fáciles!

-¿Eso quiere decir que tengo que renunciar a él? –se queja Rebeca.

-¡No precisamente! –lanza su red Matilda- ¡hay una manera de atraerlo y liarlo a usted para siempre!

Rebeca sonríe feliz.

-¡Y yo le puedo hacer ese trabajito! –se ofrece Matilda- ¡eso si! –le advierte- ¡le va a costar unos dolaritos!

-¡Ay yo estoy dispuesta a hacer lo que haya que hacer! –dice Rebeca esperanzada- ¿cuánto me cobrará?

-¡Lo mismo que le cobré a su amiga Pilar! –y luego la interroga- ¿cómo se llama él?

Rebeca duda un momento.

 *

Afuera Salvador llega distraído y pasa al lado del auto de Pilar.  Camilo lo ve y luego de avisarle a Lupe sale corriendo afuera.  Lupe respira agitada.

 *

Matilda insiste- ¿Por qué no me responde? ¿cómo se llama su enamorado?

-Eh... –duda Rebeca- ¿es necesario que le diga su nombre?

-¡Tranquila! Tranquila... ya veo que eso la pone muy nerviosa... ¡no me lo diga si no desea!  Pero preste mucha atención... a lo que le voy a decir.

-¡La escucho! –recupera la sonrisa- ¡dígame que tengo que hacer!

-Para empezar, deberá traerme cosas que le pertenezcan a su ser amado... ¡un mechón de pelo! –Rebeca pone cara espantada porque no sabe cómo conseguirá eso- ¡un pedazo de uña! –Rebeca está a punto de perder las esperanzas- ¡el resto de una copa que haya bebido! –Rebeca sufre- y lo más importante... ¡una fotografía!

-¡Ay! –Rebeca desesperada- ¿debo traerle todo eso?

-¡Si! ¡todo eso! ¿prefiere que se lo anote? –se ofrece.

-¡Ay si por favor! –dice Rebeca en el colmo del ridículo- ¡por favor anótelo! Gracias.

Y Matilda se lo anota- ¡Una vez que me traiga todo lo que le pedí estaré en condiciones de hacerle el mejor de los trabajos! Y si sigue al pie de la letra todo lo que le digo... ¡en poco tiempo este macho será eternamente suyo!

Y Rebeca toma el papelito con la lista y sonríe con esperanzas.

 *

Mientras tanto Camilo lleva a Salvador en el auto.

-¡Dígame que está pasando! –le exige a Camilo- ¿por qué no puedo regresar a la casa?

-¡Ya se lo dije Salvador! Esas fueron las órdenes de doña Gaetana. ¡Quiere evitarle problemas!

-¿Problemas con quien?

Camilo se encoge de hombros- ¡Con una señora que llegó a ver a Matilda y que no conviene que lo vea a usted!

-¿Qué tengo que ver yo con las amigas de Matilda? –insiste Salvador.

-¡Ay Salvador! Por lo que más quiera por favor... ¡no sea terco! Entienda que es por su bien... ¡cuando lleguemos a la casa doña Gaetana le explicará todo!

Salvador suspira cansado- ¿Hasta cuando vamos a regresar? –se impacienta- ¿hasta cuando vamos a dar vueltas en este cacharro?

 (bueno, la verdad un poco exagerado.... ¿no? Solo tendría que haberse escondido en otra habitación )

 -Bueno, hasta que esa señora se marche y haya pasado el peligro –le dice Camilo- ¡Tenga paciencia Salvador! –le ruega.

 *

Bar.

Matilda discute con Lupe- ¿Y ahora qué le pasa a Gaetana? –se molesta- ¡si quiere hablar conmigo! ¿por qué no sale? –exclama- ¿qué diablos hace encerrada en la casa en vez de estar cantando?

-¡Vaya a atenderla! –le exige Lupe- ¡ella  misma se lo dirá! –y le muestra la puerta- ¡vaya ahora mismo la está esperando! ¡vaya!

Matilda suspira con cansancio- ¡Ah! ¡esa mujer a veces se pone insoportable! –y va verla.

Cuando entra donde Gaetana- ¡Se puede saber qué tripa se te torció! ¿cuál es el misterio que te traes ahora?

-¡Quiero que me cuentes absolutamente todo lo que hablaste con la mujer que vino a preguntarte cosas! –le exige Gaetana.

-¿Con Pilar? –se sorprende Matilda- ¿la que viste al mediodia?

-¡No! –le grita- ¡la otra! La que vino al bar.

-¡Cosas que no te importan! –le grita Matilda y trata de irse.

-¡Por supuesto que me importan! –le grita más fuerte Gaetana- ¡esa mujer! Yo la conozco.

-¿Hablas en serio? –se burla Matilda.

-¡Si!

-¿No me digas que también fue clienta tuya?

-¡Cliente nada!

-¿Por que te encerraste y no le diste la cara? –se ríe- apuesto a que le debes dinero.

-¡Ay Matilda! –se le acerca Gaetana- por el amor de Dios.

-¡Te conozco mosco! –dice triunfante Matilda- ¡si le tienes miedo es porque alguna diablura le habrás hecho!

Gaetana la mira- ¿Te preguntó por mí?

Matilda se sienta- ¡Tranquilízate mujer! Que sólo vino a ver su corazoncito –se ríe- porque está derretido de amor por un chofer.

Gaetana se asusta y se pone pálida- ¿Qué chofer?

-¡No sé qué clase de chofer! –le explica Matilda- ¡no le he preguntado! ¡será un chofer de camión, de taxi o de bus!

Gaetana se sienta a su lado y le suplica- ¿qué más te dijo?

-¡Ay lo siento en el alma Gaetana! Pero no puedo traicionar la confianza de mis clientes porque dejarían de consultarme y mi negocio se iría al piso –y se levanta decidida.

Pero Gaetana la obliga a sentarse a la fuerza- ¡te prohíbo terminantemente que vuelvas a atenderla! ¿me oyes? –la amenaza- ¡y ve a ver que excusa inventas para alejarla de esta casa! Porque no quiero volver a verla en mi casa –le grita fuera de si- ¿me entiendes?

-¡Si! ¿y que crees? –se levanta Matilda y le responde cínicamente- ¿qué voy a perder un negocio fabuloso sólo por complacerte tus caprichos? ¡ni loca que estuviera querida!

-¡Esa mujer no debe verme Matilda!

-¿Por qué no? –le exige Matilda- ¿Qué es lo que le debes?

-¡Deja de preguntar estupideces! Y más bien empiézame a contar todo lo que hablaron... porque te advierto una cosa... ¡si no lo haces! Nunca... ¡lo que se llama nunca! Vas a volver a entrar en mi negocio... ¿lo entiendes Matilda? –le grita histérica.

Matilda la estudia fríamente.

 *

Pilar conduce de vuelta.  Rebeca a su lado perdió la sonrisa.

-¿Qué pasa mujer? –Rebeca-¿no me vas a contar lo que te dijo Matilda?

-¡Sinceramente no me gustó mucho! –dice Rebeca amargada- ¡me parece que esa no es más que una charlatana!

-Pues una amiga mía opina lo contrario, ella asegura que ha obtenido resultados maravillosos siguiendo sus instrucciones –y ríe pícara.

-¡No le habrá pedido todo lo que me exigió a mí! –se queja Rebeca.

-¿Y qué te pidió?

-¡Cosas dificilísimas de reunir! Mechones de cabellos, uñas, fotos, ¡argg! Y no sé cuantas cochinadas más.

-¡Rebequita! –se ríe Pilar- ¡ella pide eso cuando se trata de asuntos de amores! No me digas...-y la mira sonriendo- ¡no me digas que estás de romance! ¿hee?

-¡No voy a hablar nada! –se niega Rebeca- ¡no voy a decir nada!

-¡Pues consigue lo que ella te pidió y ya verás que vas a lograr los resultados que tú quieres! –la anima Pilar- ¡Matilda es una bruja increíble! –le promete- ¡nunca falla! Además si ya la consultaste una vez... ¡debes seguir haciéndolo!

Rebeca duda.

 *

En el bar.  

Camilo está de vuelta y tanto él como Lupe bailan con la magnífica orquesta.

Salvador se pasea en su cuarto- ¡Así que doña Rebeca estuvo aquí! ¿está segura Gaetana?

-¡Claro hombre! –se escandaliza Gaetana- era la tía de Isabel Arroyo, yo la he visto muy pocas veces pero mi retentiva no falla.

-¿Y que vino a buscar esa mujer aquí? –se preocupa Salvador- ¿descubrió algo? –se inquieta- ¿sabe que yo vivo aquí?

-¡No hombre! Dios nos libre... ella vino por pura casualidad a consultarse con Matilda, con una amiga, pero se imagina lo que puede pasar Salvador... ¡Matilda puede descubrirlo todo! Y la tal Rebeca también.

-¿Qué tipo de consulta le hizo a Matilda?

Gaetana lo mira y luego le dice lentamente-¡Quiere que la ayude a conquistar a un hombre que la trae... loca!

Salvador suspira y pregunta- ¿qué hombre?

Gaetana lo mira burlonamente- ¡Un chofer! Alto, atlético, buen mozo... ¡que se resiste a sucumbir a sus pretensiones amorosas! –y le hace una sonrisa falsa.

Salvador se sienta cansado.

-¡Dígame Salvador! –se acerca Gaetana- ¿tiene alguna idea de quien se puede tratar? –le dice con sorna.

-¡Esto era lo único que me faltaba! –se frustra Salvador- ¡como si no tuviera suficiente con las sospechas de Antonio!

Gaetana lo mira y asiente.

Mansión. 

Antonio estudia. Mientras Simón está tirado en la cama.

 (Y con las botas puestas!!!!!!!! Basta ya Producción!!! A quien se le ocurre poner las botas sucias en las sábanas limpias donde uno va a dormir??? A menos que sean todos unos... mejor no digo!! Pero ça suffit mes amis!)

 -¡Qué no te extrañe si un día vuelves a escuchar el piano como lo tocaba don Pedro José! –le dice Simón- ¿y sabes que? Va a ser Valeria quien lo toque.

Antonio lo ignora.

-¡Porque estoy seguro de que va a llegar a ser una gran pianista! –sueña Simón- Bueno, siempre y cuando acepte la ayuda de Ángela... –y cambia la cara- ¡o de la señora Isabel! Bueno ¿qué importa quien le ayude no? –sonríe otra vez- ¡con tal de que cumpla su sueño!

 *

Arriba en la habitación de Valeria Isabel en bata se pasea nerviosa- ¡Es que yo te apoyo en todo! –le reclama.
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-¡En lo que sea! Estoy dispuesta a ayudarte Valeria, pero por favor... ¡decídete! ¿quieres? –le exige.
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-Mira... –sigue Isabel- ¡un día quieres montar a caballo! ¡Otro día quieres tomar clases de algún deporte! Y ahora ¡me sales con lo del piano!
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-¡Lo sé! –se excusa Valeria- ¡sé que son cosas muy distintas! Pero es que todo me gusta Isabel... –le dice como una niña- ¡pero te prometo que lo del piano si va en serio!
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-¡Está bien! –acepta Isabel- pero si tú crees que puedes ingresar sola a una Academia de música estás muy equivocada –le llama la atención- ¡por muchas aptitudes que tú tengas no vas a conseguir nada!

-Bueno, por eso no quise molestarte y me fui a inscribir sola... –Isabel la mira- ¡no quiero abusar de ti! –sigue Valeria- ¡ya me has dado suficiente en la vida Isabel!

-¡Si! Pero ese no es el caso Valeria –Isabel se acerca y se sienta en la cama enfrente de ella- ¡la tía Rebeca gasta muchísimo más dinero en puras tonterías!
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Isabel la mira con un cariño entrañable y le pone las manos en la rodilla- Oye, ¿y si te mando a Europa? –le sonríe ilusionada- ¡A estudiar a uno de los mejores conservatorios de música! –la mira con orgullo.

-¡No! –dice Valeria sin atreverse a soñar- ¡no exageres! Tampoco es para tanto.

Isabel se separa y la mira seria- ¡Entonces tampoco me ignores Valeria! –le pide.

Valeria simplemente la mira.

-¡Porque créeme que me hace sentir muy mal! –sigue Isabel- solamente quiero tu bienestar y me preocupo por ti –le dice sincera y luego sonríe triste- ¡quisiera que salgas adelante! - y mira a lo lejos- ¡que tengas un motivo y razones para vivir! –y esto lo dice como si ella no los tuviera.

-¡Lo sé! –la consuela Valeria- ¡por eso no quiero decepcionarte! –y le confiesa- ¡para pasar ese examen tengo que estudiar y sobre tengo que practicar mucho en un piano que no tengo!

Isabel la mira con una sonrisa.

-¡Estaba pensando pedirle a Ángela que me prestara el del estudio! –sigue Valeria.

-¡No! ¡no!, ¡no! –se apura Isabel y se levanta de la cama- no, de ninguna manera –decide- ¡eso no puede suceder! –y luego le anuncia- ¡tú tendrás tu propio piano! ¡te voy a comprar tu piano para que no tengas que depender ni de Ángela ni de nadie!

Valeria se levanta asombrada.

-¡Y escúchame una cosa! –le advierte Isabel- ¡el piano de Pedro se queda en ese estudio como una reliquia, como un tesoro que absolutamente nadie puede tocar! –la mira- ¿me entendiste?

Valeria la mira y asiente. Isabel sonríe feliz.

 *

Las Cruces.

-¡Cantalicia! –llega corriendo el padre Jacobo a la ecléctica cabaña- ¡Cantalicia! –y golpea- ¡permiso! –y entra.

-¡Éntrele padre! –lo recibe Cantalicia.

-¡Le traigo muy buenas noticias! –le dice feliz- ¡el tío Felipe me llamó! Me respondió más rápido de lo que pensé.

-¿Y quien es ese señor? –le pregunta lógicamente Cantalicia.

-Pues como ¿qué quien va a ser mujer? El tio Felipe, el hermano de mi padre, que Dios lo tenga en la gloria –y se santifica.

Cantalicia se santifica también.

-¡Me llamó a la madrugada! –le dice con ilusión.

-¿Y como para qué padre?

(bue... yo también ya me estoy aburriendo de tanta introducción )

 -¡Por algo que va a interesarle mucho hija! Él vive en Río Claro y puede ayudarla a buscar a Salvador.

-¡Ay! –y vuelta Cantaleta a llorar- ¿de verdad padre?

-¡Si hija!

-¿Está hablando en serio? –y lo abraza.

-¡Si no fuera así! No me hubiera tomado el trabajo de venir a buscarla hasta acá. ¡Me dijo que está dispuesto a recibirla en su casa! Ayudarla en lo que se le ofrezca... ¡así que prepárese Cantalicia porque en un par de días... viajará  a Río Claro!

 

(bueno padrecito, deberías haberle dicho que a cambio ofreciste que ella hiciera las labores dela casa del tío Felipe ¿no? )

  *
FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

www.mabouchita.com

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