![]() |
Mabouchita La reina de los resúmenes |
¡Colabore aquí! |
| Home Resúmenes Elenco Derechos Músicas Envía un Mensaje | |
| Cap#64 <- - -> Cap#66 | |
El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO CAP# 65: lunes 17 de octubre 2005 – ¡EL CAMAFEO! * Mansión. Zona de servicio. Antonio estudia sentado en su escritorio. -¿Alguna vez te has puesto a pensar en las manos de Valeria? -Simón le habla a Antonio que estudia- ¡son unas manos lindísimas! Son manos de una pianista... ¡hasta yo estoy interesado por la música! –y de pronto duda- ¿Oye hermano, tú sabes algo de música? ¡Enséñame algo! –le pide- para tener algo de qué platicar con ella y no pasar como un tonto –y como Antonio lo ignora- ¡Eh! Antonio... ¡te hice una pregunta! Pero Antonio sigue estudiando muy concentrado. -¡Discúlpame! –se excusa Simón- ¡discúlpame! Ya veo que te estoy interrumpiendo con mi parloteo –pero sigue- ¡últimamente te pasas muy metido en los libros! ¿no? Ni siquiera tienes tiempo de hablar conmigo. -¡No te preocupes! –le responde por fin Antonio y se levanta y sale- ¡ya tendré tiempo! Pero Simón aprovecha para leer los títulos de los libros que leía... “El más allá”, “Vida después de la muerte” y otros. -¿Y ahora qué le pasa a este? –se pregunta a sí mismo Simón. Y se queda pasmado al leer el título de otro libro “Historia de la brujería, hechiceros, herejes y paganos”- ¿Qué significan estos libros? –exclama.
Amanece en la casa de Gaetana. Para los que no ven la novela por la TV, el bar es una construcción de madera adosada a la casa. En el bar aparece Salvador, todo vestido en gamas de beige (muy guapo como siempre -¡Si
Gaetana no me mencionó es porque soy yo el que tiene problemas
con esa señora que estuvo aquí anoche! –le explica
y baja unas sillas de una mesa. -¡Ah! –se sorprende Matilda- ¡no me lo imaginaba Salvador! –y le interroga- ¿y qué problemas tiene con esa señora? Salvador la mira- ¡Son asuntos personales que prefiero no comentar! –hace una pausa- ¡la cuestión es que me disgustaría muchísimo si ella se entera de que yo vivo aquí! – y sigue arreglando el lugar. -¡Ah no! –le promete Matilda- ¡no! Si es así... ¡quédese tranquilito Salvador! Yo no voy a causarle problemas... ¡faltaba más! Le juro que por mi boca no se va a enterar –le dice sin hacer nada mientras Salvador sigue bajando sillas. Salvador deja de trabajar para decirle -¡Atiéndala en otra parte! –le pide- ¡no quiero que regrese a este lugar! ¿de acuerdo? -¡Pierda cuidado Salvador que así será! Salvador se dispone a seguir trabajando pero duda de Matilda -¿Me lo promete?. -¡Se lo juro! –jura Matilda- ¡doña Rebeca no sabrá absolutamente nada de usted! Salvador se acerca mirándola con esos ojos tan negros y le advierte- ¡Confío en su palabra! Matilda le sonríe sincera- ¡Lo bien que hace! –y luego se marcha tranquila- ¡permiso! Al salir se cruza con Camilo- ¡Hola Camilo! -¡Hola Matilda! –y luego mira a Salvador- ¿ya está listo Salvador? -¡Listo Camilo! -¡Salvador espérese un rato! –aparece Gaetana- ¡Ay Salvador! –lo mira con pena- ¿usted cree que los problemas con la vieja Rebeca se van a resolver así como así? –y luego le advierte- ¡yo que usted no confiaría en la Matilda! ¿sabe? Salvador le dice tranquilo y pensativo- ¡No nos queda más remedio que confiar en ella! –y mientras Gaetana lo mira inquieta- ¡me prometió que la atendería en otro lugar! así que.. ¡no creo que se exponga a tener un problema conmigo! Gaetana duda- ¡Bueno! Ella puede cumplir... ¡pero usted sabe cómo es la gente de mañosa Salvador! –se mueve nerviosa- ¿qué pasa? ¡hum! ¡si la vieja esa se le ocurre venir cualquier días de estos y nos agarra con las manos en la masa! -¡Tranquilícese Gaetana! –dice optimista Salvador- ¡no sea tan pesimista! Igual estaremos prevenidos –y luego le dice a Camilo- ¡Vamos Camilo! -¡Vamos! –le responde Camilo. Gaetana muerde las uñas nerviosa. -¡Ah! –se detiene Salvador y se ríe- ¡no creo que doña Rebeca regrese tan fácil a este lugar si tiene que conseguir todas las cosas que le exigió Matilda! –y sigue burlón- ¡le va a quedar muy difícil conseguir mis uñas! –hace una pausa- ¡mi fotografía! –y junta los dedos en el símbolo universal de ‘esto es el colmo’ y subraya cada palabra- ¡y un mechón de mi cabello! * Mansión. Pero tal vez Salvador haya hablado muy pronto y muy confiado, porque Rebeca ya obtuvo una de las cosas de la lista. Está muy ocupada recortando la famosa foto, que probablemente traiga tantos problemas a Salvador. Rebeca corta la foto del casamiento de Isabel con Andrés, donde a la izquierda aparece claramente Salvador. * En la cocina, Abigail metiche como siempre interroga a Antonio- ¡Explícame qué significa esto Antonio! –y lee los títulos de los libros- ¡Vida después de la muerte! –y lo mira con reproche- ¿pero a qué clase de lectura te está dedicando? ¡por Dios! –y luego pregunta inocente- ¿esto es lo que estudias en la universidad hijo? Antonio no responde pero Simón se apresura- ¡Ay mamá! Claro que no... ¿qué tiene que ver el Espiritismo y las Ciencias Ocultas con la Administración de Empresas? –lo echa de cabeza- ¡no, pero ahí estaba el muy menso muy entretenido con esos libruchos y ni siquiera parpadeaba! Abigail se queda asombrada. Antonio se levanta de la mesa enojado- ¡No tienes por qué venir de chismoso a contarle mis cosas a mi mamá! –se enfrenta al hermano- ¡Son cosas personales y tengo derecho a leer lo que se me antoje! -¡Oye pero es que es vergonzoso Antonio! –se molesta Simón- ¿Cómo es posible que te trasnoches de esa manera leyendo semejante basura? -¿Y tú con qué derecho vienes a criticarme? –contraataca Antonio- ¿acaso son muy educativas las revistas de deportes que lees? –y como está enojado sigue- ¿o la pornografía barata que acostumbras a comprar? Simón pone cara de espanto. Abigail abre los ojos como platos y balbucea- ¡Qué! –y viene al ataque. Simón le hace gestos a Antonio para que se calle, pero éste se está vengando feliz- ¡Deberías registrar de vez en cuando sus cajones! –y lo mira con una sonrisita vengativa- ¡para que veas todas las maravillas que tiene! -¡Ya cállate hombre! –le corta Simón- ¡ya! ¡tampoco tienes por qué ... ya! -¡Yo sí tengo que aguantar que vengas de chismoso! –le reprocha- ¡y que muestres mis libros! –se enoja- ¡no tienes ningún derecho a tocarlos! -¡Bueno basta ya! –pone orden Abigail- ¡ni una palabra más que no me gusta que se peleen! –los dos se callan- ¡vete para la fábrica Simón que se te está haciendo tarde! –y trata de peinarlo un poco, aplastándole el copete- ¡y de vez en cuando te pasas el peine que pareces un gavilán! –y lo despide. Apenas Simón toma distancia que ya se alborota el pelo como lo tenía antes. Abigail se acerca a Antonio- Antonio, no voy a prohibirte que leas esos libros –le anuncia. (wow! A la edad de sus hijos... ¡prohibiéndole libros! -¡A todo el mundo le gustan los misterios hijo! Pero yo no quiero que descuides tus estudios- le pide. -¡No lo haré mamá! –la tranquiliza- ¡despreocúpate que a todo le doy su tiempo! Pero Abigail, como es su carácter, metiche, insiste- ¿por qué lo haces? ¿eh? ¿cuál es tu interés en esos temas? Antonio mira los libros- ¡Curiosidad! Como tú dices –miente- ¡nada más! -¿Sabes qué hijo? –le sermonea- ¡te aconsejo que ocupes tu mente en cosas que realmente valgan la pena! Antonio la mira con pena y Abigail le da un beso y se marcha. Cuando queda solo, la mirada de Antonio viaja muy lejos... ¡muy lejos! * Salvador llega
a la mansión, justo en el momento que Andrés y su
acólito Walter salen de la casa. -¡Cada día desconfío más de ese cretino! –susurra Walter- ¡que lástima que usted no puede hacer nada para despedirlo! –le dice insidioso. Andrés vestido de traje negro, camisa blanca a rayas negras, azules y amarillas suspira- ¡al menos ya no tenemos nada que ver con él Walter! –pero sigue con la mirada a Salvador. -¡Es que supiera como se involucra en los asuntos internos de la casa! –se queja amargamente Walter- ¡cuantas cosas que sabe de esta familia como si hubiera vivido toda la vida aquí! -También sabe mucho de la empresa –dice pensativo Andrés- ¡está enterado de detalles que casi nadie conoce! Walter lo mira con ojos agrandados- ¿No le parece muy extraño todo esto don Andrés? -Si mucho –dice Andrés pensando lejos- ¡ese es un tipo muy raro! –dice con rabia- ¡y no sé como deshacerme de él! -¡Daría cualquier cosa por qué se fuera para siempre! –desea Walter con toda su alma- ¡y no solo porque me estorba sino... por la cantidad de ofensas que he tenido que aguantar! Andrés respira profundamente- ¡Si! –admite distraído- ¡y no eres el único! Yo también he tenido que aguantar... ¡demasiado ya! -Don Andrés –sugiere Walter- ¿y si llegamos a comprobar de que ese hombre apareció en esta casa...? –y lo mira- ¡para robar! Andrés aterriza y lo fulmina con la mirada. -¿Se podría hacer algo? –termina Walter. -¿Por qué? –se interesa Andrés- ¿sabes algo? Pero Walter duda- No... ¡lo decía nada más! Andrés lo mira con fastidio- ¡Recuerda lo que pasó con el imbecil de Antonio! –le recuerda- ¡si no tienes pruebas contra él no pierdas el tiempo! –le advierte. Walter baja la cabeza- ¡Si señor! -¡De todas formas vigílalo! –le ordena Andrés y mira a lo lejos calculadoramente- no lo pierdas de vista... ¡quiero saber todo lo que pasa en esta casa en mi ausencia! –y de pronto lo enfrenta con la mirada- ¡todo! Walter se cuadra- ¡Así será señor! –le promete. Andrés toma su maleta y sube a su auto mientras Walter lo mira. * Salvador termina de cambiarse y sale al pasillo. Se encuentra con Antonio cargando sus libros que le dice con ironía- ¡Lo felicito Salvador! -¿Por qué razón? –le interroga Salvador. -¡Una vez más acertó! Es cierto que don Pedro José le regaló a mi mamá un vestido muy parecido al que le compramos. Salvador sin prestarle atención toma unos de los libros y los estudia. -¡Al parecer usted lo sabe todo! –termina Antonio. Salvador lo mira con ojos negros y le aconseja- ¡Si quiere estar en paz con su conciencia Antonio! –y suaviza su voz- Ya deje de jugar al investigador conmigo –y mira los títulos de los libros- ¡A mi me vale! ¡me tiene sin cuidado lo que pueda investigar sobre mi persona! –y le devuelve los libros bruscamente- ¡pero usted se puede hacer mucho daño! –y con una última mirada negra de ultratumba lo deja plantado. Antonio se queda nervioso y mordiendo los libros de miedo. * Salvador se sienta en la mesa de la cocina. Vicky le sirve- ¡Mientras espera a la señorita Angela tómese este cafecito Salvador! Hablé con ella y me dijo que no tardaba en bajar. -¡Gracias Vicky! –acepta Salvador mientras juega con una botella de salsa. -¡Oiga!
¿y como se siente ahora trabajando con la señorita
Ángela? –le hace conversación Vicky- ¡me
imagino que mucho más tranquilo! ¿no? Porque no tiene que
atender a la señora Isabel ni a doña Rebeca. -¡Mucho más tranquilo! –le confirma. -¡Esa
vieja condenada de la Rebeca se la pasa callejeando todos los santos
días! –le chismenta- y cuando no maneja ella la viene a
buscar una amiga... ¡se la pasa a todo dar esa vieja caray!
–se exclama- ¡con los brazos cruzados y sin mover un dedo!
¿a quien no le va a gustar? -¡Niñas! El desayuno –se apresura a salir Vicky con las empleadas. Rebeca se queda sola con Salvador que finge estar muy interesado leyendo las instrucciones de la botellita de salsa mexicana. Rebeca sonríe feliz de la oportunidad para ir al ataque y Salvador se da cuenta y pone cara de fastidio. * Bar. Gaetana practica la meditación en una posición Zen. -¡doña Gaetana! ¡jefecita! -Lupe la llama y al verla tan ida le grita- ¡doña Gaetana! -¡Ah! –Gaetana salta sobre su silla. -¿No me oye? -¡Si discúlpame! –se despierta- lo que pasa es que estaba transportada. -¡Ay bueno! ¿quiere que le sirva su desayunito? –le dice solícita Lupe- ¡mire la hora que es y no ha comido nada! -¡Ay no mi amor! –le agradece- ¡no gracias! Es que no tengo ganas... ¡quizás más tarde! Lupe asiente con la cabeza- ¡Usted está muy preocupada por la atrevida de Matilda! ¿verdad? –y luego comenta- ¡hoy madrugó en venir! -Bueno –sonríe Gaetana- eso fue porque Salvador la mandó llamar... ¡y por supuesto corrió a atenderlo! -y ríe a carcajadas- ¡a ese si le tiene miedo! –dice feliz. -¿Y...? –duda Lupe- ¿se arregló el problema de la señora que vino anoche o no? -Mas o menos –le responde preocupada Gaetana- Matilda prometió no volver a atenderla pero yo no confío... ¡en cualquier momento se nos presenta aquí! ¡y si es verdad! –y sigue con voz gutural- ¡se nos arma la grande! Lupe la mira asustada- ¿tan mala es esa mujer? -¡No! –admite Gaetana- no... ¡no es que sea mala! –le aclara- ¡pero esa mujer no debe saber que Salvador vive aquí! –y luego agrega con aprensión- ¡y mucho menos que somos amigos! –y la mira con los ojos grandes y enormes que tiene- ¡no nos conviene que esa mujer se nos acerque Lupe! –y mueve la cabeza negativamente- ¡no nos conviene! Lupe la apoya a pesar de no entender mucho. * Mansión. En la cocina Salvador simula estar muy pero muy concentrado leyendo los ingredientes y la composición de la salsa mexicana. Rebeca va al ataque- ¿Cómo está Salvador? –le susurra coqueta. -¡Muy bien gracias! –más seco y frío imposible. -¡Ay! –y Rebeca lo mira con ojos de puerca viuda- yo en cambio me estoy muriendo de la depresión –gime- desde que se convirtió en el empleado privado de Angelita... ¡casi no lo veo! –se queja. Salvador sigue tomando su café concentradísimo en esta salsa mexicana. (hasta ya me dio curiosidad, a ver propaganda de que producto será? -¡Pero a usted no parece importarle! ¿verdad? –le reprocha Rebeca. Y Salvador le lanza la siguiente línea sin poner ni una coma - ¡En realidad le colaboraría con mucho gusto pero tengo que ocuparme de mis obligaciones! -¡Ay!
–suspira Rebeca- ¡pero sus obligaciones no deberían
separarnos! ¿no le parece? –y lanzándole una mirada
lánguida se lanza (otra vez sin paracaídas!! A Salvador se le atraganta su café- ¡Alguien puede escucharla doña Rebeca! –se ríe burlonamente- ¡tenga cuidado! -¡Salvador!- Rebeca se sienta a la mesa protestando-¡Salvador! ¿por qué me hace sufrir así? –y de pronto le pregunta con miedo- ¿acaso usted lo disfruta? Salvador llegó al límite de su paciencia y le lanza una mirada como para fulminarla- Si sufre no es culpa mía –le dice serio- lo siento mucho. Rebeca pone cara de angustia. Salvador recoge su taza de café y se dispone a marcharse- ¡Con permiso doña Rebeca! Pero Rebeca está dispuesta a intentarlo otra vez (y vamos otra vez sin paracaídas)- ¡Salvador! –y le lanza otra sonrisita- ¡lo invito a salir de nuevo por favor! -¡Déjeme darle un consejo doña Rebeca! –y le pone la mano en la espalda (Rebeca casi se derrite)- ¡trate de ocupar su tiempo en algo más productivo! Cuando las personas se vuelven ociosas se obsesionan con tonterías – y le sonríe- ¡eso no es bueno para la salud mental! Y mientras Rebeca se acaricia la mejilla que Salvador rozó con la mano, Salvador se sirve un vaso de agua. Inmediatamente Rebeca se da cuenta de que es uno de los requisitos de Matilda y pone cara de triunfo: “Deberá traerme cosas que le pertenezcan a su ser amado, un mechón de pelo, un pedazo de uña y el resto de una copa que él haya bebido”. Y si Rebeca se sintió rechazado o triste, inmediatamente se le borra y dice feliz- ¡Pensar en usted no me parece ninguna tontería Salvador! -¡doña Rebeca! La señorita Angela me está esperando –se despide Salvador- le deseo que pase un bonito día. -Gracias –le dice Rebeca mirando con codicia el vaso en el cual acaba de beber Salvador. Y Salvador se dispone a salir de la cocina cuando de pronto se da cuenta de la mirada de Rebeca y cae en la cuenta de sus intenciones. Sin decir palabra y sonriendo, vuelve toma el vaso y la taza donde había estado bebiendo café y ante la desesperación y frustración de Rebeca... ¡los lava! (bueno amig@s, esto de lavarlo es un decir, Llena de furia Rebeca le reclama- ¿Por qué hace eso Salvador? ¡es trabajo de las criadas! –con aire despectivo. -¡Yo no tengo criadas doña Rebeca! –le responde éste tranquilamente- ¡yo acostumbro a limpiar todo lo que ensucio! –y Salvador no puede aguantarse hacerle un guiño y se marcha. Rebeca se toma la cara entre las manos y mira desesperada a la taza y al vaso puestos a secar. * Más tarde y afuera, Salvador le abre la puerta del Mercedes a Ángela que le sonríe al subir. (este
Mercedes es minúsculo, es para una persona, pero no para tener
un chofer, la verdad a mi gustaba más la camioneta Land
Rover * Desde su ventana Isabel los está mirando y no puede disimular un gesto de rabia y celos al cerrar la cortina. Rebeca entra sin llamar- ¿Hoy tampoco piensas salir Isabel? Isabel la mira con fastidio- ¡No! -Está vestida con un salto de cama de seda violeta- Me voy a quedar aquí en la casa porque le prometí a Valeria que la acompañaría a su escuela de música –y se vuelve a meter a la cama donde tiene una bandeja con el desayuno. -¡Ay la pobrecita! –se burla Rebeca- ¡esa insiste en ser una gran pianista! (y su voz aguda me recuerda cada vez más a una cacatúa -¡Qué importa! –se enoja Isabel y la mira molesta- ¡no tiene nada de malo! –y trata de comer algo- si tiene talento que bueno... –y luego suspira- ¡y aunque no lo tuviera tía! –y la mira directamente- ¡me gusta mucho que ocupe su tiempo en algo productivo! No como otras personas que se dedican a... ¡medir las calles de arriba para abajo sin hacer nada! Rebeca se da por aludida (menos mal) - ¡Deja las indirectas Isabel! –le dice ofendida- ¡si quieres ahora mismo me pongo a fregar los pisos como una sirvienta! -¡Ya! ¡ya! ¡ya! –le corta Isabel- ¡no te pongas así! –y luego hace una pausa- en realidad... quería hacerte una pregunta tía. Rebeca la mira sorprendida. -¿Tú crees que ...? –e Isabel hace una pausa y disimula interesarse en su yogurt- ¿qué Ángela está interesada en...? -y otra pausa para simular indiferencia- ¡en el tipo éste!... en el chofer. A Rebeca se le cae la cara y se levanta de un golpe- ¿Por qué lo dices? -¡No sé porque...! –e Isabel no se da cuenta del nerviosismo de su tía porque está más ocupada en simular indiferencia- ¡porque la veo..! es una mujer muy liberada –divaga- y a lo mejor no está satisfecha con el tonto de Antonio... ¡y por eso se está fijando en Salvador! A Rebeca se le retuerce la expresión. -¡Últimamente... los veo como muy en confianza... y ella lo trata muy especial! Por eso te lo preguntaba... ¡nada más! Pero Rebeca está en choque nervioso y no puede responder. * Una ruta. Salvador conduce el Mercedes Benz. -Aun no me ha dicho donde vive Salvador –le reclama Ángela. Salvador la mira a través del espejo retrovisor- ¿Lo cree necesario a estas alturas señorita? Ángela se corta- Bueno... es que usted es mi empleado y es lo mínimo que debo saber de usted –se justifica- si se presenta alguna emergencia... ¿a dónde lo busco, a dónde lo llamo? -¡Señorita por favor! –se impacienta Salvador- por favor no desconfíe de mi. -¡No es desconfianza Salvador! –y lo mira con duda- sólo que a veces usted se comporta de una manera muy misteriosa. Salvador la mira con desconfianza- ¿Ha estado hablando con el joven Antonio es cierto? -¡No! –salta Ángela- ¡fíjese que no! Lo que pasa es que su vida me intriga mucho... prácticamente no sé nada de usted y... ¡me gustaría conocerlo mejor! Salvador fija la mirada en el camino- Yo le aseguro que no hay mucho –le asegura. -Bueno... ¿y vive solo? –le interroga Ángela- ¿tiene familia? ¿hijos? Salvador la mira con fastidio a través del espejo y no responde. * Las Cruces. -¡Moncho! –grita Cantalicia- ¡Moncho hijo venga! –le ordena a grito pelado- ¡venga! -¿Qué pasa mamita? –llega sin aire Moncho. -¡Pasa que nos vamos hijo! –le anuncia feliz- ¡nos vamos! -¿Adónde mamá? -¡A Rio Claro! A buscar a su papá. -¡Qué bueno! Tengo muchas ganas de verlo. -Yo también –y suspira- si la virgencita de Guadalupe lo permite... ¡muy pronto le vamos a encontrar! –le promete y lo abraza- ¡Vamos a encontrarlo! –gime- ¡ándele vamos a empacar que nos vamos para Rio Claro! –le dice decidida. (este
niño Moncho, de campesino no tiene nada, tiene el pelo cortado
perfectamente y ropa de demasiada buena calidad * Mansión. Vicky, las dos empleadas, Simón, Valeria, Ángela y Antonio cantan. ♫ Estas son las mañanitas Que cantaba el rey David, Y a las muchachas bonitas Se las catamos así: Despierta, Abigail despierta Mira, que ya amaneció; Ya los pajarillos cantan, Ya la luna se metió ♫ Click para escuchar Las Mañanitas (le queda horrible!!! Tan linda mujer con ese color tan triste y mustio Salvador los observa relajado y sonriendo a la distancia. En el piso superior, en su habitación, Andrés escucha con disgusto y desagrado las voces y los gritos. Trabaja en una computadora (propaganda Apple). Suspira y grita- ¿Qué es ese escándalo Walter? Walter aparece como de la nada colgando el traje de Andrés- ¡La señorita Angela le está celebrando el cumpleaños... –y hace una pausa para subrayar su desagrado- a Abigail! Si, como ella es tan complaciente con los pobrecitos empleados... –y luego agrega con indignación- ¡que promiscuidad don Andrés! ¡que promiscuidad! -¡De tal palo tal astilla! –se queja Andrés- ¡el viejo Donoso era igual! –y agrega con sorna- ¡le encantaba mezclarse con la plebe! (¿cómo tú mi querido Andresito? -¡Con toda esa gente ordinaria! –termina su frase con un gesto despectivo. Walter lo apoya asintiendo y le cepilla el traje. La fiesta sigue. Abigail apaga sus velitas (esto ya parece un incendio!! Simon la abraza, Vicky tambien. * En la habitación de Isabel, la tía Rebeca le prepara la cama mientras Isabel sale del baño y se queda pensativa escuchando los gritos y las felicidades. Sonríe sincera- ¡Bueno! –le dice a su tía- ¡parece que se la está pasando muy bien! –y se dirige a la cama. -¡Y no es para menos hija! –dice Rebeca con voz aguda y haciendo un gesto de disgusto- ¡si cada vez que hacen una fiesta dejan esta casa patas arriba! –se queja. Isabel mira triste a la distancia. -¡Ay pero lo que más rabia me da es Valeria! –se queja Rebeca- ¡que anda secundándolos! ¡allí está como si fuera un gran honor andar con esa gentuza! Isabel se arregla el pelo y le confiesa- ¡A mi también me gustaría estar allá abajo! –suspira. Rebeca la mira con aire de espanto- ¡Ay! ¿no estarás hablando en serio Isabelita? ¿no? –se burla. -¡Por qué no tía! –le reclama Isabel enojada- si no tiene nada de malo querer compartir con ellos este momento. A Rebeca le va a dar el ataque. -¡Si no lo hago es porque...! –e Isabel pensativa se sigue arreglando el pelo- porque tengo que cuidar mi lugar en esta casa –y suspira- ¡pero sino con gusto bajaría y felicitaría a Abigail porque es una excelente mujer y...! –y se queda reflexionando y luego agrega convencida- ¡y una excelente empleada también! (Ay Isabelita... ¿y por qué no bajas? -¡Ay! –Rebeca se ríe con sorna- ¡no me digas que ahora te vas a aparecer con ese cuento! –le reclama. Isabel la enfrenta con la mirada- ¿Y tú por qué te asombras tía? –le subraya cada palabra- ¿acaso ya se te olvidó que tú y yo fuimos muchísimo más pobres que todos ellos? A Rebeca se le borra la sonrisa burlona- ¡No me recuerdes eso! –le exige. Isabel sonríe con ironía. -¡No debes mencionar ese pasado... horrible! -¡Tía! -Isabel la alecciona- ¡ser pobre no es pecado! A diferencia de ser un miserable... –y se queda mirando lejos, muy lejos- ¡no te olvides que el dinero ni hace a la gente! –y de pronto la mira acusadora- ¡ni esconde lo que en realidad somos! Rebeca se queda callada. * Abajo, sigue la fiesta. -¡Qué sigas tan bonita como siempre Abigail! –Valeria. -¡Ah muchísimas gracias señorita Valeria! –Abigail. Cuando todos terminaron de saludarla, se acerca Salvador- ¡Abigail! -¡Si Salvador! Dígame. -Quisiera hablar a solas con usted... ¿puede venir un momento por favor? -¡Si como no! –y Abigail deja su copa y lo sigue a la cocina. Antonio les echa una mirada bien negra de desconfianza. Simón se da cuenta de la mirada de su hermano. * Al llegar a la cocina, Salvador busca un paquete envuelto en papel rosado que está sobre la mesa. Salvador toma el paquete en sus mano- ¡Permítame entregarle esto! Abigail feliz se pone a la obra y rompe el papel y se queda de una pieza... ¡completamente estupefacta! Es un cuaderno... Y sin poder creerlo abre las páginas manuscritas... y de pronto logra decir en un suspiro- ¡Ay Dios mío! –y se detiene en una página donde hay una pluma- ¡Ay Dios mío! –repite sin sentido y luego lo mira con ojos desorbitados- ¡yo no puedo creerlo pero...! –y lo mira con reproche- ¿de donde sacó usted esto? Salvador simplemente sonríe con una sonrisa simple y no contesta. * En la fiesta
Valeria se acerca a Simón- ¡Simón! Perdón
que me meta... ¿pero por qué no conviven más con
Abigail? ¡sería bueno que la invitaran a salir! ¿no
crees? (Valeria está guapérrima, -¡Hum!
–asiente Simón mientras come un pedazo de pastel-
¡Si no creas que es por falta de ganas! –y le sigue dando
al pastel- ¡Desde que se separó de mi papá se
encerró como monja y no hay poder humano que la saque de
aquí! –y sigue comiendo. (ayyayay... creo que tengo hambre porque este pedazo de pastel, ¡me está dando un antojo! -Bueno, ¿por qué no la invitan a un espectáculo que a ella le guste? –insiste Valeria. -¡Lo hemos intentado todo! Desde llevarla al cine hasta sacarla a pasear en bote... ¡pero nada parece animarla! (bueno... sinceramente... ¡nunca hemos visto que la hayan invitado ni a la esquina! -¿Pero sabes que? –se anima Simón- ¡voy a tratar de convencerla para que salgamos de a tres! -¡Me parece muy buena idea! –se entusiasma Valeria- pero aun así a mi me parece que deberían invitarla a salir más seguido. -¡No! –se ríe Simón y la apunta con su tenedor- ¡me refiero a nosotros tres, a ti, a mi mamá y a mí! (Ah! claro... ¡ya me parecía! -¿A poco no sería padrísimo que saliéramos a divertirnos? –y Simón sigue atacando al pobre pastel... que ya son restos nada más. Valeria simplemente sonríe divertida. * En otro rincón. -¡Gracias por ser tan especial mi amor! –le agradece Antonio- mi mamá la está pasando muy bien. -¡Ella se lo merece todo mi amor! –le responde Ángela- es muy cariñosa y tierna conmigo. -¿Qué estará hablando con Salvador? –no se aguanta Antonio. -¿Te molesta? –le reclama Ángela. -¡No me molesta! –niega Antonio- me intriga... ¡todo lo relacionado con Salvador me intriga! * En la cocina. Abigail sigue sin poder recuperar el aliento- ¡Esto! –balbucea- ¡esto es increíble! –y cierra el cuaderno- ¿cómo puede usted tenerlo Salvador? –le pregunta alucinada- ¡Si yo lo perdí hace muchísimos años! -¡Y yo lo recuperé para usted! -¡Ah! –suspira Abigail y temblando dice- ¡todas las poesías que Rodrigo me escribió! Es... –y se queda sin palabras- ¡es increíble! –logra balbucear. Salvador mira el cuaderno con admiración- ¡Ese hombre debió amarla muchísimo para escribirle tanto! –y se queda pensativo- ¡yo casi le podría asegurar que aun la recuerda! –y la mira a los ojos- ¡aunque estén separados y usted ya no piense en él! –le dice. Abigail rehuye la mirada- ¡Yo Salvador...! –le confiesa- ¡no he podido sacarlo de mi corazón!... ¡él es el padre de mis hijos! –y se le llenan los ojos de lágrimas- y todas las noches le ruego a Dios que lo proteja y que lo libre de todo mal. ¡Muchas gracias por este obsequio tan especial! –le dice ya llorando. Salvador se emociona pero le dice- ¡Eso no es todo! –le dice misterioso- ¡aun le tengo otra sorpresa! (otra más?? -¡Ay! –se ríe Abigail- ¿de qué se trata? -y se seca las lágrimas de felicidad. Salvador saca un estuche gris- ¡Abralo por favor! –le ruega. Abigail feliz de tener otro regalo, riendo como una jovencita toma el estuche. Y lo abre y esta vez... ¡si que se queda de una pieza! Dentro del estuche reluce un espléndido Camafeo. (parecido a este... no es el mismo pero se parece link Camafeo parecido ) -¡Ay
virgen santísima! –se asusta de muerte Abigail-
¿pero de donde sacó esto Salvador? –y espantada
trata de devolvérselo. Pero Salvador simplemente sonríe divertido- ¿Pero por qué pregunta tanto? –le responde feliz de su buena acción. -¿Pero como no voy a preguntar por Dios? –se indigna Abigail- ¡lo del libro vaya y pase pero esto! –y lo mira espantada- ¡le exijo que me diga la verdad! –le dice enojada. -¡Acéptelo sin temores! –le pide Salvador sonriendo- ¡haga de cuenta que no se lo obsequio yo! –y hace una pausa y le susurra- ¡esto es un regalo de la primera esposa de Pedro José! Ella murió sin poder entregárselo Abigail. Abigail le mira con miedo- ¡Pero es que yo...! –balbucea- ¡no puedo aceptarlo Salvador! No puedo. Salvador deja de sonreír y la mira serio- ¡le estoy diciendo la verdad Abigail! Usted sabe por qué se lo entrego –le dice extrañamente. Abigail traga saliva, lo mira con miedo y no responde. Salvador la mira con esa mirada tan negra del más allá que conocemos tan bien. Abigail baja la mirada y mira el estuche... Antonio aparece- ¿Sucede algo mamá? –pregunta. Salvador mira para otro lado fastidiado y le dice a Abigail- ¡No me devuelva ese broche! –y la mira directamente- ¡le pertenece a usted! Abigail lo mira y luego sale corriendo. -¡Mamá!
–se queda gritando Antonio- ¡mamá! –y luego
mira molesto a Salvador que mira a otro lado. Antonio corre
detrás de su madre. Al salir de la cocina y dirigirse hacia el pasillo de servicio, para marcharse, Salvador se cruza con Valeria- ¡Salvador! –lo llama- ¡Salvador lo estuvimos esperando en la sala! Salvador se detiene y la mira- Es que me entretuve con Abigail y se me pasó el tiempo señorita –se excusa. -¡Me hubiera gustado organizar una pequeña fiesta para tocar el piano! –le confiesa Valeria. Salvador suspira complacido- ¡el piano! –le sonríe- ¡no debería estar encerrado! ¿sabe? –y la mira con cariño- ¡Es más! El estudio siempre debería estar abierto para usted. -¡Me parece bien que lo proteja! –defiende Valeria- porque ahí está el piano de don Pedro y debe de cuidarlo como todo lo de él –le dice con pasión. Salvador la mira con agradecimiento- ¡Usted algún día lo interpretará! –de pronto le promete- ¡igual o mejor que don Pedro! –y luego con emoción- ¿si lo sabe verdad? –sonríe- ¡Es tan joven Valeria! –la admira- ¡y tiene toda la vida por delante! Valeria también le sonríe. De pronto Salvador pierde la sonrisa- Sin embargo... don Pedro José –suspira y niega triste con la cabeza- ¡estaba tan desgastado por los años! Valeria lo mira sorprendida de su dolor- ¡Salvador! ¿por qué siempre que habla de él lo hace con una profunda tristeza? Salvador la mira con pena y traga saliva- ¡Sin embargo usted lo menciona con muchísima dulzura! –le dice con una sonrisa llena de cariño y se acerca- ¿estaba tan enamorada de él? –le pregunta con picardía. Valeria sonríe. -¿Lo amaba en secreto? –sigue interrogando Salvador- ¡con un amor verdadero! –le dice admirado- ¡sincero! Valeria simplemente lo mira. Salvador se emociona- ¡Me sorprende que un viejo a sus años despertara en usted algo... un sentimiento tan bonito! ¡tan profundo! –y la mira a los ojos tratando de comprender. -¡Ese viejo! Como usted lo llama –le responde Valeria con los ojos llenos de admiración por un ser idealizado- ¡era un hombre extraordinario! Salvador lo mira sorprendido, evidentemente no se esperaba tanta admiración. -¡Qué sabía ganarse con facilidad el cariño de la gente! –sigue Valeria con su entusiasmo juvenil- ¡que vergüenza! –de pronto se reprime Valeria- ¡si supiera lo que siento! -¡No! ¡No señorita! –se apresura Salvador- ¡no sienta pena! ¿cómo va a sentir pena de algo tan hermoso, tan lindo! –pero se siente invadido por un sentimiento aplastante y se le empiezan a llenar de lágrimas los ojos- a lo mejor.. ¿quién quita? –le tiembla la voz- ¡y él comenzaba a fijarse en usted! Y... –balbucea y mira para otro lado- ¡no sé! Si tal vez... –no puede hablar- hubiera tenido un poquitito de más tiempo –y ya las lágrimas lo ganan pero hace un esfuerzo y traga saliva- para vivir... ¿me entiende? –logra decirle. Valeria lo mira con unos grandes ojos inocentes llenos de juventud. A Salvador le tiembla la mandíbula pero sigue- ¡A lo mejor entonces él se hubiera enamorado de usted! –le confiesa. Valeria no contesta y simplemente lo mira embelesada. Salvador la mira con una sonrisa. Y se siguen mirando cuando los interrumpe Ángela- ¡Salvador! Valeria regresa a la realidad y aterriza- ¡Con permiso! –dice apurada y se retira. Salvador mira para el suelo y le rehúye la mirada a Ángela. -¿Ya se va? –pregunta Ángela. -¡Si señorita ya es muy tarde! –le responde Salvador siempre sin mirarla. -¿Me puede acompañar? –le pide- ¡es que necesito hablar con usted! -¡Si! Claro que si –se apresura a responder Salvador. Ángela sale al jardín y Salvador toma su tiempo para secarse las lágrimas de los ojos y reponerse antes de seguirla. * Afuera. -¡Andrés
me avisó que tengo que estar presente en la reunión
mañana! –le cuenta Ángela mientras caminan. -¡No, aquí en la casa! Al parecer citó al director financiero de la empresa para entregarme una información detallada de los bienes de mi papá. -¡Gerardo Ibañez! –adivina Salvador- ¿no es cierto? -¡Si! Y la verdad tengo mucho miedo porque... ¡tanto Villavizares como Garcés me previnieron de él! –le dice con miedo en los grandes ojos verdes- ¡me aseguraron que son íntimos amigos Andrés y él y que juntos esconden mucha información! -¿A que hora es la reunión? -¡A las tres de la tarde! -A las tres de la tarde –repite Salvador y la tranquiliza- bueno, eso quiere decir que tendremos toda la mañana para prepararnos, usted no tenga miedo... ¡nos encontramos en el lugar de siempre y yo le explico con lujo de detalles todo lo que debe decir! –y le mira con seguridad- ¡no la van a tomar desprevenida! -¿Y si tratan de confundirme? –pregunta tontamente Ángela. -¡No podrán confundirla! –le asegura Salvador- porque yo voy a entregarle armas suficientes para defenderse. Ángela agradecida le toma la mano y le sonríe- ¡Salvador! -¡Haga todo lo que yo le diga señorita! –la mira a los ojos- ¡confíe en mi! Confíe en que todo va a salir bien. Ángela la mira como si fuera un Dios y Salvador le palmea la mano con cariño. * Desde una ventana los espía Rebeca muerta de celos cuando se pega el susto porque la puerta de su habitación se abre. -¡Ah! ¿espiando al cretino de Cerinza mi querida Rebeca? –se burla Walter entrando como Pedro por su casa. (que bien me quedó lo de Pedro por su casa!!! Hehehehe! -¡Como se atreve a entrar sin avisar! –le recrimina Rebeca- ¡me asustó Walter! Walter cierra la puerta detrás de él - ¡Debería asustarse por otras cosas! –le advierte y luego corre a la ventana- ¿ya se fue de esta casa ese elemento? -Acaba de marcharse –dice Rebeca con voz de cementerio- ¡estuvo largo rato hablando con Ángela allá abajo! –y luego grita descontrolada- ¡no sé que tienen que decirse después de todo el día! -¡Humm! –murmura Walter- con el pretexto de ser su empleado particular... ¡la señorita Ángela se está tomando muchas confiancitas con ese descarada! –dice insidiosamente. -¡Walter! ¿qué opina usted de la relación de esa muchachita con... Salvador? –le pregunta con miedo. Walter la mira indignado- ¡Promiscuidad! –le dice alto y fuerte- ¡promiscuidad de la más asquerosa! La señorita Angela se mezcla muy mal... ¡con gente de baja ralea! –dice despectivo- ¡como él! -¿Usted cree que.. Ángela va a enamorarse de Salvador? –le pregunta Rebeca con voz desesperada. Walter la mira con altura- ¡No! No creo que se rebaje a tanto- la tranquiliza mientras Rebeca está pendiente de sus palabras- ¡eso solo le sucede a usted! Rebeca explota- ¡Cuide sus palabras Walter! No soporto uno más de sus insultos- fuera de sí- ¡no lo soporto! –le grita- ¡basta! -¡Tranquilícese mi querida doña Rebequita por Dios! –le dice Walter con su parsimonia de siempre- no se preocupe por la señorita Ángela... –trata de arreglar- ¡ella está desesperadita por el petardo de Antonio así que no creo que se fije en ese chofer vulgar! Rebeca se calma. -¡Pero no me extrañaría que él si estuviera interesado en la señorita Ángela! –Walter no puede aguantarse las ganas de continuar y lanza una risa gutural- porque ella es joven... –enumera- bonita.. ¡heredera de una gran fortuna! –y la mira- ¡y es una dura competencia para las pobrecitas! Es decir... las que no son jóvenes –vuelve a enumerar- ¡no tienen donde caerse muertas! Y no son bonitas... entonces... es un buen partido la señorita Ángela para hombres codiciosos y trepadores como Salvador Cerinza. Rebeca no aguanta más y reacciona gritando (como siempre) -¡lárguese ahora mismo! –desaforada- ¡váyase no lo soporto! –con una voz más aguda de lo normal. -Shhh... –la calla Walter. -¡No lo soporto! –sigue gritando- ¡váyase! –y mientras Walter sale corriendo Rebeca se pone a llorar de la rabia cuando de pronto escucha que la puerta se vuelve a abrir- ¡Walter! –se da la vuelta furiosa. -¡Es más claro! –y Walter regresa como Arquímedes diciendo Eureka- ¡quizás es por eso que ese hombre permanece todavía en esta casa! Porque se robó las joyas... ¡está contento con eso! Y... en su plan quiere mucho más y entonces va a conquistar a la señorita Angela. -¡Usted inventa todo eso solo para martirizarlo! ¿verdad? –está furiosa- ¡maldito Walter! –lo mira con odio- ¡maldito mil veces! A ver... ¡dígame! ¿qué pruebas tiene para asegurar que Salvador fue quien abrió esa caja fuerte... ¡dígamelo! –le grita. Walter lo mira con fastidio- ¡si tuviera las pruebas el señor Andrés y la señora Isabel serían los primeros en enterarse –y luego le sacude el hombro- no se preocupe... –la consuela- ¡usted ya lleva el juego perdido porque no creo que nunca despierte el interés de ese aprovechador! Rebeca lo mira con odio- ¡lo odio profundamente! Cada vez que abre la boca destila veneno – lo acusa –le susurra. (Y tú Rebequita? Walter la mira indiferente- ¡Es que las verdades duelen mi querida amiga! (y tiene razón! Pero esto ya es demasiado para Rebeca que lo toma de un brazo y lo echa de su cuarto- ¡lárguese, no quiero verlo! –y le cierra la puerta y se pone a llorar furiosamente. Cuando escucha la puerta que se vuelve a abrir se da la vuelta furiosa gritando- ¡Walter! Pero es Valeria- ¿tía, por qué estás llorando? –se sorprende. -¡Yo no estoy llorando! –le grita furiosa- ¡yo no lloro por nada! ¡imbécil! –le responde furiosa y maleducada mientras sigue llorando. Valeria la mira con pena. * Mansión. Abigail llora a mares. -¡Cálmate mamá! –le consuela Antonio. -¡Ay hijo es que esto es muy extraño! -y mira el Camafeo- ¿cómo me puede regalar algo que le perteneció a doña Catalina? A la madre de la señorita Angela. -¿Estas completamente segura? -¡Si hijo te lo juro! –y se seca las lágrimas- yo sería capaz de reconocer este broche en cualquier parte... ¡era de ella! De la señora Catalina. -¡A ver déjame verlo! –Abigail se lo pasa- ¡es muy bonito! (si, es la verdad, es precioso! -¡Si! –y las lágrimas la invaden otra vez- ¡lo mismo le decía yo cada vez que se lo veía puesto! Tal vez por eso me prometió regalármelo cuando ella se muriera. -¿Eso te dijo ella? –se sorprende Antonio- ¿acaso ella sabia que iba a morir? -¡Es que la pobre mujer estaba muy delicada de salud y ella sabía que su muerte era inevitable! –y sigue llorando- quizás por eso me lo ofreció... para que siempre la recordara... ¡A ver! ¿cómo es posible que Salvador me lo haya dado hijo? –se desespera- ¿de dónde lo sacó? ¡es que no entiendo lo que está pasando! –y de pronto le confiesa- ¡yo estoy empezando a desconfiar de ese hombre! -¡No mamá! Tampoco es para tanto. -¡Se lo voy a devolver! –decide Abigail y se levanta de la cama- ¡no sé como pude aceptarlo! –y toma el estuche y se dirige a la puerta- ¡Ahora mismo se lo voy a entregar! -¡Mamá por favor! –la detiene Antonio- ¡tienes que guardarlo! –le ruega- ¿para que vas a rechazar algo que igualmente doña Catalina te lo iba a regalar? -¡Es que después del incidente con el brazalete de doña Isabel! ¿tú crees que puedo estar tranquila hijo? –le recuerda- ¡no! ¡no puedo Antonio! ¡no puedo! (hum... y tienen razón... yo creo que este Camafeo traerá problemas) -¡Mamá! Acéptalo por favor –le ruega Antonio- Si Salvador te lo dio es como... –y mira para otro lado- si lo hubiera hecho don Pedro José –termina. -¿Por qué dices eso? –le exige Abigail- ¡explícamelo! -Quisiera explicámelo a mí mismo, pero no puedo –dice Antonio sombriamente y va a buscar el libro donde tiene la letra de Salvador idéntica a la de don Pedro José Donoso-¡hay muchas cosas inexplicables! Y por más que lo intento no lo entiendo. Abigail mira a otro lado. * Amanece. Salvador le abre la puerta del auto a Ángela, ésta sube y se marchan. Antonio sale de la casa en ese momento justo y los mira molesto. * Antonio se acerca molesto- ¡Ahora hasta madrugan para salir! –le dice furioso a Simón. -¡Salvador llegó antes que de costumbre! –Simón- ¿qué tanto harán ese par fuera de la casa? -¡No tengo la menor idea! –le confiesa Antonio. -¡Deberías averiguarlo hermano! –le reclama Simón- al fin de cuentas Ángela es tu novia. Antonio lo enfrenta- ¡Es que no me cuenta nada! Confía más en Salvador que en mí –le confía. Simón se ríe- ¿Y tú te estás muriendo de los celos verdad hermanito? Antonio lo fulmina con la mirada. -¡Hombre! Tampoco me veas así... ¡es normal que los tortolitos sientan celos! –se burla- ¡Vamos Azur! Vamos a dar un paseo cortito porque no tengo mucho tiempo- le habla a Azur y deja a Antonio muerto de celos. * En la cocina... Abigail arregla las cosas... cuando de pronto se detiene.. mete la mano en el bolsillo y saca el Camafeo... se lo queda mirando y luego mira a lo lejos. * En otro lugar, un restaurante, Salvador y Ángela. * Empresas Donoso. Andrés espera impaciente hasta que llega un hombre trajeado. -¡Mi querido y estimado Andrés! –lo saluda cordialmente- ¿cómo estas? ¿llevas mucho tiempo esperando? -¡No! –Andrés le da la mano- ¿listo para enfrentar a Ángela Donoso? -¡Con todas las armas! –sonríe el otro confiado- ¡no te preocupes! Por muy avispada que sea Angelita no nos va a dar el brinco – le asegura- ¡no te preocupes vamos a aclarar este asunto de una vez por todas! Andrés lo mira serio y sin sonreír pero confiado- ¡Bien, bien! –exclama- ¡te veo muy tranquilo! -¡Como se debe! -¡Eso me gusta! ¡Vamos! –ordena Andrés. * Mansión. En la sala se encuentran reunidos, Ángela e Isabel sentadas sobre el sofá, enfrente de ellas el director financiero en un sillón, en el borde del mismo a su lado Andrés. Vicky les sirve café y se retira. -Me parece muy acertado que se pongan de acuerdo para la repartición de la herencia del difunto señor Donoso –empieza el director financiero- ¡así agilizamos las gestiones y de paso nos evitamos muchos dolores de cabeza! Isabel toma su taza de café- ¡Yo estoy de acuerdo con todo! –anuncia- ¡además...! –hace una pausa no muy tranquila y mira a Ángela- ¡Ángela puede confiar en mí y yo confío plenamente en ella! –y se bebe su café. -¡Precisamente
por eso acepté esta reunión Isabel! –le responde
Ángela con los papeles sobre el regazo- para solucionar de una
vez por todas esta situación. -¿Estas de acuerdo entonces con la relación que te dio el director financiero Ángela? –pregunta Isabel. -¡No es muy extensa pero seguramente le llevará tiempo analizarla! –interviene éste. -¡Ay no se preocupe señor Ibañez! –le responde Ángela con ironía- ¡ya la examiné cuidadosamente! ¿sabe? -¡Bien! –festeja Andrés- ¿y aceptas que todo está en regla entonces? –y el director financiero y él mismo se miran cómplices. -¡Lo aceptaría! –les grita Ángela furiosa- ¡si dentro de la relación que me entregaron estuvieran los inmuebles del exterior de mi papá! Isabel se queda de una pieza- ¿Inmuebles? –se sorprende y hace chocar su tacita de café con el platito- ¿qué tipo de inmuebles están hablando? –y mira acusadoramente a Andrés. -¡Aquí
tengo una lista personal! –sigue Ángela segura de si misma
y mira sonriendo a Andrés- ¡y estoy al tanto de la
existencia de estas propiedades! –le afirma- ¡cinco casas
en Madrid!, ¡dos en Londres!, ¡siete oficinas en Toronto!,
¡un chalet!, ¡cuatro departamentos en Paris! -¡Y dos casas en la ciudad de Roma! –concluye Ángela- estas y otras propiedades en Rio Claro no están en la relación que ustedes me entregaron. Andrés mueve nerviosamente la mano y la mira atónito. Isabel los sigue mirando con ira. -¿Por qué me están ocultando la información? –y Ángela mira a Andrés y a Isabel- ¡Exijo una respuesta! Isabel se toma la cabeza entre las manos y Andrés se levanta y camina nervioso. -Señorita
Ángela, usted debe estar equivocada –trata de mentirle el
director financiero ante la mirada fastidiada de Isabel que ya se dio
cuenta que el juego está perdido- ¡yo llevo años
manejando la parte tributaria de don Pedro y no reconozco ninguno de
los bienes que usted menciona! -¿Insinúas que te estamos robando? –pregunta Isabel dirigiendo una mirada acusadora a Andrés. Isabel mira a los lejos con rabia. Andrés se toma la cabeza y balbucea- ¡Dame una prueba de la existencia de esos bienes! No sé... ¡dame una escritura! -¡Esos documentos los debes tener tú Andrés! –le responde fría Ángela- ¡y te exijo que me los entregues inmediatamente! -¡Ángela! –exclama Andrés. -¡Si no lo haces Andrés! –le amenaza Ángela- ¡me vas a obligar a actuar drásticamente! Voy a hacer respetar mis derechos porque no voy a permitir que me roben lo que por ley me pertenece. -¡Ya! ¡ya por favor! –interviene Isabel tomándose la cabeza- ¡que ya están acabando con mi paciencia! -¡Y
ustedes dos ya acabaron con la mía! –le responde
Ángela- no voy a permitir que me sigan engañando, si no
llegamos a un acuerdo me van a obligar a recurrir a las autoridades
para que ellos den lectura a la sucesión– y muy digna se
levanta y los deja plantados. Isabel sigue fulminando a Andrés con los ojos y Andrés mira al techo con rabia. *(Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi resposabilidad) @2005 Narración by Mabouchita! Z;D Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme |
|
| Cap#64 <- - -> Cap#66 | |
| Home Resúmenes Elenco Derechos Músicas Envía un Mensaje | |