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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

CAP# 72: jueves 27 de octubre 2005 - ¡UNA TRAMPA!

Mansión.
En el pasillo Walter espera a que Nora desaparezca para volver a pegar la oreja a la puerta de Isabel. Y escucha la discusión entre Isabel y Salvador.
-¡Tiene miedo a ser descubierto! ¿no? -le reclama Isabel a Salvador que la tiene firmemente detenida del brazo para que no salga corriendo a contarle a Abigail que lo vio llegar la noche anterior- ¡Suélteme! -le exige.
Walter se sorprende del tono de la conversación y aprieta la oreja a la puerta.
-¡Suélteme! -dice Isabel agitada y respirando con dificultad- ¡Suélteme! -grita Isabel- ¡Suélteme!
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Pero Salvador no la suelta- ¿Desde cuando se preocupa por Antonio? -le reclama Salvador agriamente.
-¡Suélteme! -gime Isabel y de un gesto se libera porque Salvador la deja- ¡Acaso usted cree que las personas que viven en mi casa no me importan! -le enfrenta Isabel fuera de sí misma- ¿Qué yo me levanto todos los días pensando cómo lo voy a molestar a usted? -dice con burla y amargura.
Salvador la mira con dureza- ¡No lo creo! -le afirma- ¡estoy seguro!
-¡Déjeme aclararle una cosa! -Isabel le dice temblando de furia- ¡yo no voy a permitir que usted pisotee a todas las personas que se atraviesan en su camino!
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Walter abre los ojos como platos detrás de la puerta.
-¿De dónde saca que yo quiero hacerle daño a Antonio? -se enoja Salvador.
Isabel se ríe con sarcasmo- ¡Porque a lo mejor está estropeando sus propósitos! -le grita- ¡seguramente Antonio el día de ayer le quiso reclamar por aprovecharse de Ángela y usted se quiso liberar de él! ¡Dígame que no! -lo desafía.
Salvador la mira con indignación- ¿Cómo se atreve a acusarme de algo tan sucio, tan bajo?
-¡Pero si usted se atrevió a pisotearme a mí! -le dice Isabel con razón- ¡usted también se atrevió a despreciarme! -y le tiembla la voz de la indignación- ¡para dedicarse a enredar a la ilusa de Ángela! 
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Walter se pone pálido de la impresión y se pega como una sanguijuela a la puerta para escuchar mejor.
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-¡Cualquier cosa se puede esperar de usted! -sigue Isabel segura de lo que dice y con una mirada llena de dolor- ¡Yo la verdad es que cada día estoy más segura de que es un desgraciado! 
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Salvador cerrando la mandíbula de rabia pero trata de razonar - ¡Cálmese señora! -y luego trata de marcharse.
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Pero Isabel se le pone enfrente temblando de rabia- ¡Es un infame! -le grita- ¡es un cobarde sin escrúpulos! -con furia y desesperación- ¡confiese! ¡que usted atentó contra la vida de Antonio! -y temblando como una hoja le grita- ¡confiéselo!
Salvador pierde la calma y le da una bofetada con el revés de la mano izquierda.
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Isabel trata de devolverle el golpe pero Salvador la detiene con la mano derecha. Isabel pierde toda compostura y lo ataca con todas sus fuerzas para pegarlo- ¡Maldito! -y lo ataca- ¡maldito infeliz! -dice llorando.
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Salvador trata de atajarla sin lastimarla y con ambas manos le da la vuelta y la abraza desde atrás -¡Cálmese! -le susurra en la oreja.
Isabel se debate llorando- ¡Suélteme! -gime- ¡Suélteme!
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-¡Tranquila! - trata de calmarla Salvador.
Walter no aguanta más e irrumpe en la habitación y los descubre en esa extraña posición forcejeando uno con el otro y se queda de una pieza.
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Tanto Salvador como Isabel también se quedan paralizados y luego se separan rápidamente y miran para otro lado.

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Isabel rehuye la mirada de Walter y mira a la distancia, todo su cuerpo se sacude con temblores nerviosos involuntarios.  
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Walter los mira sin saber qué decir o hacer.
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Pasillo.
-¡Ese muchacho me desconcierta! -opina el doctor Duarte ante Abigail, Valeria y Ángela- lo examiné cuidadosamente y no encontré ninguna anomalía.
-¡Ay doctor! -sufre Abigail- ¡yo lo veo muy extraño doctor! ¿no cree usted que se habrá intoxicado con alguna droga o algo?
-¡No! -le asegura- no creo que haya ingerido ni siquiera una gota de licor.
-¡Pues algo tuvo que pasarle doctor! Tuvo un accidente en la moto y llegó todo golpeado.
-¡Aparte de los raspones en el brazo no presenta ningún síntoma preocupante y tampoco hay señales que se haya golpeado fuerte!
-¿No se rompió ningún hueso? -pregunta Valeria.
-¡No! En absoluto, físicamente está muy bien.  De eso estoy seguro.
-¿Entonces por qué está tan raro doctor? -le pregunta Abigail- ¿por qué casi no habla y se comporta de esa manera? Solamente balbucea como frases ininteligibles.
-¡No lo sé! Me atrevería a pensar que el asunto es a nivel nervioso.  A lo mejor sufrió una conmoción que lo bloqueó mentalmente.
-¿Algo así como... un choque emocional? -pregunta Abigail mirando de reojo a Ángela.
-¡Discúlpeme doctor! -salta Ángela- ¡pero Antonio no es una persona que se deje impresionar tan fácilmente! Al menos no al punto de llegar al punto de desequilibrarse.
-¡Algo grave le sucedió anoche cuando salió Ángela! -interviene Valeria.
-Pero para tranquilidad de todos vamos a llevarlo a un hospital para que le hagan unas radiografías y así descartamos cualquier golpe interno -decide el doctor.
-¡Si! Si, me parece muy buena idea -asiente Ángela- ¿dónde está Salvador? -pregunta.
-¡Voy a buscarlo señorita Ángela! -dice Abigail- con permiso doctor.

Habitación de Isabel.
Todavía extremadamente nerviosa Isabel cierra la puerta que Walter dejó abierta y lo enfrenta- ¿Con qué derecho entra usted a mi cuarto sin avisar Walter? 

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-¡Disculpe! -tiembla Walter- ¡no quise ser inoportuno señora Isabel! -se disculpa- ¡perdóneme!
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Isabel levanta los ojos al cielo con rabia- ¿Me está usted vigilando? -le reclama furiosa- ¡contésteme! ¿Me está vigilando?
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-¡Para nada! -niega Walter vehementemente- ¡para nada!
Salvador sin decir palabra lo mira.
-¡Es que yo... iba a buscar a su esposo! -sigue Walter- ¡y al grito vine averiguar... si este individuo! -y señala despectivamente a Salvador- ¡la está importunando!
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Salvador lentamente se sienta en un sillón.
-¡Ni me está importunando! -le grita Isabel exasperada- ¡ni usted tiene por qué meterse en mi cuarto ni en mi vida! -y luego le muestra la puerta- ¡le voy a suplicar que deje de estar rondando de mi habitación! -y lo echa- ¡lárguese en este momento!
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Walter hace una reverencia y sale rápidamente.  Isabel histérica se apoya en la cama y le da la espalda a Salvador que con los dedos golpea el brazo del sillón nerviosamente.
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-¡Está empeorando la situación señora! -le dice fríamente- ¡por simples suposiciones está empeorando todo! -y mueve la cabeza negativamente.
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Isabel todavía está temblando de rabia y coraje y no lo mira para no mostrar que está a punto de echarse a llorar.
Salvador se levanta del sillón y se le acerca por detrás- ¡Yo jamás atentaría contra Antonio! -le afirma- ¡ni contra su familia! ¿sabe por qué? -le dice mientras Isabel sonríe escépticamente- ¡porque los aprecio profundamente!
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Isabel se da la vuelta como si la hubieran aguijoneado- ¡No! ¡No es cierto! -le dice sin poder creerle- ¡Eso no es cierto! -y lo mira con rabia y humillación- ¡usted no aprecia absolutamente a nadie! -y se le anuda la garganta- ¡ni crea que me voy a tragar sus malditas palabras! -tiembla- ¡mucho menos después de saber que se atrevió a golpearme!
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Salvador levanta las cejas con indiferencia- ¡Usted me obligó! -se defiende torpemente y mira para otro lado.
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Isabel traga aire como si fuera a ahogarse- ¿Quiere saber? ¡que yo no soy tan débil ni usted tampoco es tan fuerte como parece! -le dice altiva llena de orgullo.
Salvador la estudia sin decir palabra.
-¡Se lo voy a demostrar Salvador! -le promete Isabel temblando- ¡porque aunque usted ha ido ganando terreno en esta casa yo puedo acabar con usted tan sólo... ! -y le muestra el dedo índice de la mano izquierda- ¡tan sólo con un dedo!
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-¿Me está amenazando señora? -le responde Salvador fríamente.
-¡No! -le responde Isabel- ¡tómelo como quiera! ¡como se le pegue la gana pero prepárese porque va a conocer quien es!... -y empieza a llorar- ¡Isabel Arroyo! -y respirando entrecortadamente- ¡si usted no se va por su propia voluntad entonces yo voy a encontrar la manera de librarme de usted! -y traga aire desesperada- ¡le juro que voy a encontrar la manera de librarme de usted! -y se le nubla la mirada de rabia y dolor- ¡así tenga que llegar a cualquier extremo! -le grita.
Pero si hasta ese momento Salvador la miraba con frialdad, la última frase le llega hasta el alma y la mira con un dolor infinito en la mirada.  Salvador se va muy lejos y se llena de tristeza y mientras Isabel sigue temblando y ya no puede contener sus lágrimas, Salvador baja la cabeza con amargura y lentamente se dirige a la puerta.  Cada paso lo da como si tuviera el peso del mundo sobre las espaldas.  Abre la puerta sin hacer ruido y sale de la habitación.  Isabel se muerde los labios y temblando de pies a cabezas con espasmos involuntarios se pone a llorar.

Cítricos Donoso.
Felipe llega a la entrada y le pregunta al guardia de seguridad- ¿Conoce a Andrés Corona?
-¡Claro que lo conozco! -responde- ¡es el director general de la empresa! ¡Imagínese!
-¡Por fin! -sonríe Felipe- ¡yo sabia que tarde o temprano lo iba a encontrar! Tengo varios días buscándolo... ¿cómo podría hacer para entrevistarme con él?
-Todavía no ha llegado -le contesta- siempre llega tarde... ¿lo busca por algún asunto de la empresa?
-¡No!  Mi necesidad es estrictamente personal.
-En ese caso le aconsejo que llame primero. El doctor vive muy ocupado y no acostumbra a atender a nadie sin cita previa.
-¡Pues yo también tengo mis ocupaciones! -dice fastidiado Felipe- ¡y no puedo estar perdiendo tiempo! ¿Cómo puedo hacer para ir a la oficina de ese señor?
-¡Lo lamento señor! Sin autorización no puedo dejarlo pasar -le anuncia el guardia.
En ese momento llega Simón que detiene la moto para saludar- ¡Qué hay viejo!
-¡Otra vez llegando tarde Simón! -le reprocha el guardia.
-¡Si! Es que se me presentó una calamidad doméstica, además la moto me anda fallando porque ayer el menso de mi hermano se estrelló.
Felipe espera impaciente que terminen de conversar.
-¡Ojalá que el jefe ande de buenas pulgas! -le desea el guardia a Simón- ¡y le escuche las disculpas! ¿eh?
Simón pone cara de resignación y entra a la fábrica.
-¡Oiga amigo! -sigue Felipe- Tal vez usted pueda ayudarme -saca la foto- ¿usted conoce a este tipo? -y señala a Salvador.
El guardia mira la foto- ¡No! Ni idea -dice sincero- ¡nunca lo he visto!
-¡Pero debe ser muy amigo de la pareja porque sino no saldría fotografiado con ellos! -sigue Felipe.
-Puede tratarse de una amigo, pero le repito señor, no lo conozco.
Felipe suspira- Bueno, yo necesito urgentemente que ellos me ayuden a localizar a este hombre.
El guardia comprende y trata de ayudarlo- ¡Si el asunto es personal como dice! ¿por qué no se comunica con su casa? Aquí le va a ser imposible que le atiendan... ¡don Andrés no tiene tiempo y la señora Isabel casi no viene por acá!
-¡Si yo conociera el teléfono de ellos ya los hubiera llamado! -dice impaciente Felipe- ¡me hubiera ahorrado el viajecito hasta aquí!
El guardia lo mira sin decir nada.
-¡Usted tal vez pueda suministrármelo! -pide Felipe.
-¡No lo tengo! -le aclara el guardia- y aunque lo tuviera yo no podría, está prohibido dar información a desconocidos... ¡búsquela en el directorio! -le aconseja.
-¡Fue lo primero que hice! -salta Felipe- ¡pero ninguno de los dos no aparece.
-Tal vez porque viven en la casa del difunto Donoso -le aclara el guardia- ¡El antiguo dueño de la fábrica!
Felipe abre los ojos- ¿Donoso?
-¡Si, Pedro José Donoso! Busque ese nombre, estoy seguro que podrá localizarlos.

Mansión.
Ante la mirada de Abigail, Valeria y Walter, Salvador ayuda a Antonio que sigue catatónico, a subir al auto.  Antes de sentarse en el asiento del chofer, y recordando los minutos pasados, Salvador dirige a Walter una mirada asesina.  Walter se hace el desentendido.  Minutos después Salvador conduce detrás del auto del doctor.  Valeria los ve partir preocupada.

Walter también los ve partir y no se da cuenta que Isabel se le acerca por atrás y le ordena- ¡Acompáñeme Walter!
Walter cobardemente le responde- ¡Discúlpeme señora Isabel pero tengo cosas urgentes que hacer!
Pero Isabel no está para excusas- ¡Acompáñeme dije! -le dice terminantemente.
Walter baja la cabeza y de mala gana la sigue dentro de la casa.

Al entrar a la sala Isabel se tropieza con Norita y la otra empleada que limpian y les pide amablemente- ¡Se pueden retirar! Luego terminan su trabajo -y les agradece- gracias.
Las empleadas se retiran e Isabel queda a solas con Walter que la mira cobardemente.
-¿Se puede saber qué fue lo que usted escuchó cuando se acercó a mi cuarto?
Walter traga saliva nervioso- ¡Nada señora! Se lo aseguro... ¡yo lo único que sé es que... estaba discutiendo acaloradamente! -balbucea.
-¡No me mienta Walter! -le corta seca Isabel- ¡porque no soporto la hipocresía y mucho menos! -y lo mira de pies a cabeza con desprecio! -¡de un empleado que no merece mi confianza!
-¡Se lo juro señora Isabelita! -gime Walter- ¡yo oí los gritos y me tomé el atrevimiento de entrar porque pensé que ese hombre la estaba maltratando!
-¡Escúcheme bien! -se le acerca amenazadoramente Isabel- ¡prohibido comentar esto con nadie! -y le repite- ¡prohibido Walter! -y luego le advierte claramente- ¡sobretodo con mi marido!
Walter dice servil- ¡Está bien si usted desea que no lo haga! ¡no lo haré! -le promete.
-¡Así será Walter! -le advierte Isabel- ¡espero no enterarme que usted abre la boca porque si llega a ser así le juro que no habrá poder humano que me impida despedirlo!
Walter la mira asustado y con rabia disimulada.
-¿Quedó claro? -termina Isabel.
En ese momento entra Valeria.  Walter mirando a Valeria responde- ¡Completamente señora!
Isabel le sonríe con frialdad y luego al ver a Valeria se le acerca y le acaricia el rostro con cariño y sube las escaleras.  Valeria mira a Walter con desconfianza y luego sigue a Isabel.
Walter se queda temblando de la impotencia y del disgusto.

Carretera.  Salvador conduce a Antonio y a Abigail al hospital.  Antonio rehuye la mirada de Salvador y se recuesta dulcemente en el hombro de su madre.  Salvador lo mira preocupado a través del espejo retrovisor.

Mansión. Habitación de Isabel.
-¡Es natural que Abigail esté angustiada! -dice Valeria- ¡porque el doctor Duarte dijo que Antonio estaba mejor pero yo la verdad es que todavía lo veo muy mal! -Y de pronto Valeria ve que Isabel guarda nerviosamente objetos en su bolsa- ¿Y tú por qué estas tan nerviosa?
-¡No me pasa nada! -responde Isabel y luego se calma- ¡Ah! es ese tipo -le confiesa- ¡no sé hasta cuando vamos a tener que soportarlo aquí!
-¿A quien te refieres? -se sorprende Valeria- ¿a Salvador?
-¡A quien más! -le grita exasperada- ¡no lo quiero ver ni un minuto más en esta casa!
Valeria se sienta a su lado- ¡Ay Isabel! -trata de consolarla- ¡no te dejes llevar por las simples impresiones! Todos los cuentos que inventan de él y de Ángela son falsos.
-¿Y tú que dices si ni siquiera sabes donde estás parada? -le reprocha Isabel- ¡si siempre has sido demasiado confiada! -y de pronto la mira con preocupación- ¡yo te voy a pedir que no te acerques a Salvador! -y le ruega con la mirada- ¿me oíste? -se desespera.
-¡Isabel por favor! -se sorprende Valeria.
-¡Te lo digo de todo corazón! -le dice Isabel sinceramente- ¡Salvador es un tipo muy peligroso! Por favor... ¡créeme Valeria! -y la mira- ¡sabe manipular a la gente! ¡es codicioso, calculador y capaz de lo peor! -le advierte- ¿me oíste?
Valeria la mira con ojos asombrados.
-¡Si maldigo la hora en que llegó a esta casa! -sigue Isabel nerviosamente- ¡Es que nunca debí aceptarlo! -grita desesperada mientras Valeria la mira preocupada- ¡nunca!

Cítricos Donosos.
Simón controla las máquinas- ¿ya está funcionando bien?
-Si - le contestan.
-¡Simón! -aparece Andrés y se lo lleva aparte- ¿podemos hablar unos minutos?
Simón acepta de mala gana.
-¿Qué pasó con tu hermano?
-¡Me extraña que pregunte sabiendo que nos detesta! -se burla Simón.
-¡Tal vez disfruto de la desgracia ajena! -se burla Andrés- ¡si es verdad que no me agrada ninguno de ustedes! -admite- ¡es verdad que no soporto que Antonio ande detrás de Ángela! -sigue admitiendo- ¡pero lo que menos me guste es que ese chofer ande metido en todo! -y se detiene.
-¿Y de qué lo culpa? -se sorprende Simón- ¡Salvador es inofensivo y servicial!
-¿Inofensivo? -pregunta Andrés con ironía y se quita los lentes- ¡le está quitando la novia a tu hermano!
-¡Eso es falso! -niega Simón- ¡Salvador es un hombre muy respetuoso y jamás se atrevería a fijarse en Ángela!
-¡En cuestión de mujeres nadie respeta a nadie en esta casa Simón! -le recuerda Andrés- ¡y tú lo sabes! -y lo mira directamente- ¡tan siquiera tú que andas detrás de Valeria! ¿o me equivoco?
Simón lo mira a la defensiva.
-¡Tranquilo! -sigue Andrés- ¡no pienso meterme en lo que no me importa! Simplemente quería advertirte contra Cerinza... ¡está abusando de la buena fe de todos ustedes! Antonio es un ejemplo de eso.
-¡Salvador no tuvo nada que ver con lo que le pasó a mi hermano!
-¿Quién lo garantiza? -le pregunta Andrés- ¿quién? Analiza esto con cabeza fría y te darás cuenta que el único culpable de todo esto ¡es Cerinza! confiar en él es exponerse a lo peor- Y se aleja dejando a Simón preocupado y pensativo.

Mansión.
Llega la hora de cenar e Isabel y Rebeca están sentadas a la mesa con platos de sopa.  Isabel juega con la cuchara nerviosamente.
-¿No vas a cenar Isabel? -chilla Rebeca con su voz de costumbre.
Isabel deja caer su cuchara- ¡No! No tengo hambre.
-¡Ay mi amor por Dios! -la critica Rebeca- ¡has pasado todo el santo día intranquila! -se molesta- ¿tanto te preocupa lo de Antonio?
-¡Si! Si -admite Isabel- ¡me preocupa y mucho aunque no lo creas! -y la mira- ¿sabes como sigue?
Rebeca pone cara de espanto- ¡Ni lo sé ni me interesa averiguarlo! -dice con menosprecio- ¡sólo sé que hace poco llegó del hospital!
Isabel la mira preocupada.

Habitación de Antonio y Simón.
Abigail sentada al lado de la cama le acaricia el pelo a Antonio que está como dormido.  Al lado de la cama de pie, están Ángela, Simón, Valeria y Salvador.
-¡Ay! -suspira Abigail- ¡le hicieron todo tipo de exámenes! Le sacaron radiografías pero no encuentran nada que pueda justificar su estado. Y sigue ahí quieto y callado como si tuviera la mente en blanco.
-¿Entonces que podemos hacer por él? -se inquieta Simón.
-¡Ay hijo! No sé... ¡pero eso es lo que me tiene desesperada! Que no sé cómo poder ayudarlo.
-¿Y qué dijo el doctor? -pregunta Valeria.
-¡El doctor dijo que debe tratarse de un trastorno mental! -dice Ángela a punto de llorar- ¡que lo más recomendable es un siquiatra! Así que ya tenemos cita con un especialista.
-¡Es que en los últimos días yo lo noté muy distante! -se desespera  Abigail- ¡estaba aquí encerrado! No quería hablar con nadie, no quería comer.
Salvador lo mira con angustia.
-¡Lo único que hacía era leer los benditos libros esos que quien sabe de dónde los sacó! -sigue Abigail y luego mira con reproche a Ángela- ¡y si a eso le aumentamos el fuerte disgusto que tuvo con usted señorita Ángela! -la acusa.
Ángela se siente dolida.
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Y sale de la habitación.  Salvador preocupado la sigue. Valeria pone una mano sobre el hombro de Simón que la mira desesperado mientras Abigail sigue mirando y acariciando a Antonio.

En el pasillo Ángela dolida, se recuesta en un pilar.
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Salvador la alcanza- ¡Señorita Ángela! 
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Ángela lo mira con lágrimas en los ojos- ¿Escuchó lo que me dijo Abigail? Me culpó por lo que le está pasando a Antonio.... ¡y tal vez tenga razón!
-¡No! ¡claro que no tiene razón! -le contradice Salvador- usted no tiene la culpa de nada.
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Ángela solloza- ¡Debí haber tenido más paciencia con Antonio! -y sufre- ¡hasta le di motivos para que dudara de mí!
Salvador traga saliva- ¡yo casi le puedo asegurar que lo que le pasa a Antonio no tiene nada que ver con sus problemas sentimentales!
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Ángela suspira triste- ¿usted que sabe Salvador? -llora- ¡podrá tener razones en muchas cosas pero esta vez se equivoca! -y llorando lo deja plantado y sube las escaleras.
Salvador se queda parado con aire culpable.

En ese momento Andrés llega a la casa y en el jardín se encuentra a Azur atado. Lo mira con odio. Walter que lo está esperando corre a recibirlo.  Andrés le pasa su maletín- ¿alguna novedad? -le pregunta casualmente.
-¡Ninguna señor! -se cuadra Walter.
-¿Cómo sigue Antonio? -averigua Andrés.
-¡Lo llevaron al hospital y le hicieron algunos exámenes! Hace poco regresaron pero nada que reacciona señor.
Andrés mira con asco al perro y luego se dirige a la puerta de entrada.
-¡Don Andrés! -de pronto le grita Walter- yo quisiera...
Andrés se detiene y lo enfrenta.
Y Walter se pone pálido y calla- ¡No me haga caso señor! -y rehuye la mirada.
-¡Si tienes algo para decirme! ¡dilo! -le exige Andrés.
Pero Walter tiene miedo- ¡No! No... porque... no, no.
-¡Walter te conozco! -le dice Andrés amenazador- ¡habla de una vez!
-¡Si señor! -baja la cabeza Walter- ¡he reflexionado sobre lo que usted me dijo! Que uno no se deja vencer por el chantaje señor... ¡así que uno logra superar la cobardía! Y yo quiero y necesito hablar señor... ¡en privado con usted!
Andrés lo mira intrigado- ¡Vamos a mi cuarto! -le ordena.
Entran a la casa y suben al piso superior mientras el teléfono suena insistentemente.  Vicky responde- ¡Bueno! -escucha- ¿quién? ¿el señor Corona? ¡espéreme tantito que creo que acaba de llegar! ¿de parte de quien?
Al otro lado de la línea- ¡Dígale que se trata del señor Felipe Madero! -le aclara mientras mira a Cantalicia que toma la mano de Moncho con esperanzas- ¡es un asunto personal!
En la mansión Vicky responde- ¡Ahorita se lo llamo! A ver si quiere atenderlo -le advierte- ¡si señor Madero! Espéreme tantito - y deja el teléfono y sube las escaleras.
En el apartamento de Felipe- ¡Parece que al fin podré hablar con el señor Corona! -le anuncia feliz a Cantalicia.
-¡Por Diosito señor Felipe! -se alegra Cantalicia.
-¡Vamos a ver que pasa! Lo fueron a llamar -le dice Felipe- si tenemos suerte en unos segundos sabremos el paradero de su marido, el Salvador como usted lo llama -y sigue esperando en la línea.

Habitación de Antonio y Simón.
Simón se acerca y se sienta al lado de Antonio- ¡Antonio! -le llama- ¡Antonio! -y lo sacude- ¡despierta! -Antonio lo mira- ¡A mí no me vas a engañar! ¿eh? ¡yo no me trago el cuento que estás loquito ni nada por el estilo... ¡que te quieras hacer el loco es otra cosa! -Antonio desvía la mirada- ¡Antonio háblame por Dios! -se desespera Simón- ¡háblame! ¿por qué te empeñas en hacerte el loquito? ¿eh? ¡y cuando hablas solamente dices puras burradas! -y de pronto reflexiona- Bueno a lo mejor no lo son... ¡a lo mejor descubriste algo o te pasó algo cuando saliste! -Antonio lo mira inteligentemente- ¡Antonio por Dios no me desesperas! ¡Confía en mi! -le ruega Simón- ¿Acaso no soy tu hermano? -pero Antonio vuelve a mirar a lo lejos- ¡Ah! -suspira Simón- ¿Fuiste a ver a la espiritista esa? ¿a la tal Gaetana Charry? ¡Antonio que te pasó con esa vieja mañosa! Si de verdad es una espiritista y te dejó hechizado o qué... ¡Abre los ojos y respóndeme! -y trata de abrírselos a la fuerza- ¡respóndeme Antonio que me estás impacientando ya! -y lo sacude.
Abigail entra con una bandeja de comida- ¡Vamos a ver si se anima a comer algo!
Simón se levanta y decide- ¡Tengo que salir un momento mamá!
-¿Adonde?
-¡A dar una vuelta! Ya no soporto ver a mi hermano convertido en un mudo.
-¡Por Dios Simón! ¡no me des dolores de cabeza! No tienes que salir a ningún lado a buscar ningún daño.
-Lo siento mamá pero esto es muy importante -le responde- ¡ocúpate de Antonio que yo me cuido solo! -y se marcha.

Habitación de Andrés.
Andrés se pasea de un lado a otro- ¡Entonces los sorprendiste!
-¡Si! -responde Walter- ¡tal como se lo cuento señor!
-¡Ah! -Andrés suspira con rabia- ¡ese imbécil estaba encerrado en el cuarto con mi mujer!
-¡No sé si hago bien o mal contándoselo señor! -dice Walter cobardemente- ¡me estoy jugando mi puesto!
-¡No digas estupideces Walter! -le grita Andrés y se le abalanza- ¡ya sabes que cuentas con mi respaldo!
-¡Es que la señora Isabel me amenazó! -le cuenta Walter con bajeza- ¡me dijo que echaba a la calle si abría la boca!
-¡Bueno, basta de dar vueltas! -le grita Andrés- ¡no me ocultes nada o yo mismo te despido!
-¡Pero señor!... -se asusta Walter.
En ese momento golpean a la puerta - ¿Quién es? -grita Andrés.
-¡Don Andrés lo llaman por teléfono! -le grita Vicky al otro lado de la puerta.
Andrés de malhumor abre la puerta- ¿quién es?
-¡Un tal Felipe Madero!
-¡No conozco a nadie con ese nombre! -le grita Andrés.
-¡Dice que tiene que hablar algo personal con usted!
-¡Qué deje el mensaje entonces! -le grita maleducado Andrés- ¡estoy ocupado!  -y le muestra la salida.
-¡Está bueno! -responde Vicky.
-¡Qué nadie me interrumpa! -ordena Andrés y cierra la puerta con rabia- ¡Bien, te escucho! -enfrenta a Walter,
Walter temblando mueve la cabeza afirmativamente.
-¿Qué hacían Salvador Cerinza y mi mujer encerrados en su cuarto? -pregunta Andrés con ojos brillantes.
Walter le mira a los ojos y traga saliva.

Apto. Felipe.
Felipe sigue esperando impaciente- ¡No entiendo que ocurre con este señor que no pasa el teléfono!
-¡No! No se sulfure don Felipe -le ruega Cantalicia- ¡lo importante es que pueda hablar con él!
-¡Me dejaron esperando! Por lo visto es más fácil hablar con el presidente -y se pasea- ¡hay algunas personas que se dan una importancia que no la tienen! -y de pronto contesta- ¡Si! ¡alló! ¿qué ocurre?

Al otro lado- ¡usted me disculpa! -le dice Vicky- ¡pero el señor Corona dice que no conoce a ningún señor Madero y que no lo va a atender! -una pausa- no, nomás me dijo eso, que lo llame más tarde y que le deje la razón porque ahorita está muy ocupado y no piensa atenderlo.

Felipe tapa el teléfono y despotrica- ¡me va a llevar los mil demonios con gente tan complicada! - y luego dice al teléfono con una voz amable- ¡dígame una cosa! ¿la esposa del señor Corona, doña Isabel Arroyo, ella se encuentra? -pausa- ¡por favor, pregúntele si puede atenderme! Porque a mi me urge hablar con cualquiera de los dos.

Habitación de Andrés.
-¡Estaban como locos señor Corona! -dice Walter- ¡Salvador Cerinza y la señora Isabel estaban discutiendo fuertemente y creo que llegaron a las manos porque cuando yo los sorprendí Salvador Cerinza la tenia agarrada a ella muy fuerte! -y le muestra con gestos- ¡y ella estaba muy alterada!
Andrés sentado en una silla lo mira con ojos llenos de celos y locura- ¡Isabel estaba peleando con ese imbécil! -se levanta furioso y se dirige a la puerta.
-¡No! No, no señor -lo detiene desesperado Walter- ¡no vaya! No es conveniente... ¡no le diga nada!
-¡No voy a quedarme de brazos cruzados!
-¡Es que no he terminado de contarle! -sigue Walter- ¡falta algo señor! -le dice con miedo.
Andrés se detiene en la puerta y se da la vuelta respirando con furia- ¡Qué! ¿qué más falta? -le grita.
Walter se toma la cabeza- ¡no sé si debo abrir la boca señor! -pero rápidamente le cuenta- ¡pero yo creo que la señora Isabel está ocultando algo señor!
Andrés respira entrecortadamente- ¡Walter! Sé claro.
Walter duda como dar la noticia- ¡yo creo que la señora Isabel está... comprometida con Cerinza! -le dice desviando la mirada cobardemente.
Andrés se le acerca amenazadoramente- ¿comprometida en qué sentido?
Walter traga saliva- ¡por algo que llegué a escuchar! -le dice- ¡señor es terrible! -balbucea- ¡usted se va a ofender mucho señor!
Andrés abre la boca pero se queda sin palabras.
-¡Me preocupa! -balbucea nervioso Walter- ¡Yo creo!...
De pronto de un gesto Andrés lo agarra de la cabeza y lo amenaza- ¡Walter estás acabando con mi paciencia! ¿qué escuchaste? -le dice con una mirada asesina.

Muy cerca de ellos, Vicky golpea la puerta de la habitación de Isabel pero nadie contesta.  Rebeca que pasa se entromete- ¡Vicky! -le dice con su voz aguda- ¿qué busca?
-¡A la señora Isabel! La llaman por teléfono.
-¿Quién? -se interesa Rebeca.
-Un tal Felipe Madero.
-¿Madero? -repite Rebeca con cara de no conocerlo- ¿y que quiere?
-¡Pues yo no sé! Pero primero quería hablar con el señor Andrés y como él no quiso atenderlo preguntó por la señora Isabel! Dijo que le urgía hablar con cualquiera de los dos.
-¡Bueno! Pues Isabelita acaba de salir, debe estar allá abajo.
-Bueno, voy a buscarla -dice Vicky.
-¡No! -la detiene Rebeca- no, no... ¡no se moleste! Yo voy a atender la llamada, voy a averiguar quien es y que quiere el señor Madero.
Vicky la mira molesta.

Habitación de Antonio y Simón.
Abigail contempla con desesperación a su hijo cuando tocan a la puerta- ¿Si? -dice Abigail.
Isabel entra por primera vez a esa habitación con aire perdido.
-¡Señora Isabel! -se sorprende Abigail- ¿se le ofrece algo?
Isabel la  mira culpable como una intrusa y mira a Antonio en la cama- ¡No! -se apresura a responderle- no, no... en realidad no... -y mira con pena a Antonio - ¡sólo venía a ver a Antonio! -y le pide permiso- ¿me puedo acercar?
-¡Si, como no! -responde Abigail- pase.
Isabel se acerca y mira con compasión a Antonio y luego mira a Abigail tratando de decirle algo.

Habitación de Andrés.
-¡Yo no puedo garantizar que eso fue lo que escuché concretamente, pero es lo que yo creo que entendí! -le dice confusamente Walter- ¡la señora Isabel le dijo a Cerinza que él la había pisoteado y despreciado!
Andrés suspira y cierra fuertemente los ojos- ¿Estás insinuando que mi mujer está interesada en ese tipo?
-¡No estoy insinuando nada señor! -se apresura a aclarar Walter- ¡se lo juro señor! ¡jamás! ¡no! Es lo que yo creí oír... ¡de repente ella se refería a la señorita Ángela y yo no quiero que haga un escándalo por mi culpa!
Andrés lo mira con una mirada loca- ¿No estarás inventado un mentira para atacar a Cerinza?
-¡No señor! -se asusta Walter- ¡no, no!
-¡Tú eres capaz de cualquier cosa para perjudicarlo! -Andrés se le acerca amenazador y lo mira con sospecha- ¡razones te sobran!
-¡Yo no puedo jugar con fuego señor! -se defiende Walter- ¡se trata del honor de la señora Isabel y de la estabilidad de su matrimonio señor! Es un asunto sumamente delicado señor.
Andrés lo mira con ojos extraviados y de pronto recuerda.   A Isabel y a Salvador en la playa.  Andrés al entrar en la casa de la playa viendo como Isabel pone crema en la espalda quemada de Salvador y se la unta lentamente. Y de pronto Isabel se da cuenta de la presencia de Andrés y Salvador también lo mira.
Andrés vuelve a la realidad y su expresión es de celos y rabia.  Se limpia la boca con la manga de su camisa y mira a Walter.

En la sala Rebeca atiende le teléfono -¡Diga! -una pausa- no, Isabelita está ocupada, ¿qué se le ofrece? Habla la tía.
-¡Necesito hablar con la señora Isabel Arroyo o con el señor Corona! -dice Felipe al otro lado- ¡hace rato que llevo pegado a este aparato y ninguno de los dos se digna responderme! ¿hay algún problema en hablar con alguno de ellos?
-¡No, no, no! -le responde Rebeca- ¡lo que pasa es que están muy ocupados pero si usted me deja su recado yo se lo puede dar!
-¡Necesito una información que sólo ellos pueden darme!
-¿Ah si? -se sorprende Rebeca- ¿y se puede saber que clase de información? ¿será sobre la empresa?
-¡No señora! Se trata de un asunto personal, la verdad es que intento averiguar sobre una persona que posiblemente ellos conocen -hace una pausa- ¡se trata del señor Cerinza!
-¿Salvador Cerinza dice usted? -Rebeca se sorprende- ¿y que quiere saber sobre él?
-¡Es algo privado! Ya se lo dije, necesito localizarlo lo más pronto posible, quiero que alguien me diga donde puedo encontrarlo... ¿usted lo conoce?
-¡Si! Claro que lo conozco... -y luego mira a todos lados para ver si la escuchan- ¡mire! Vamos a hacer algo... ¡si usted me dice para que usted lo busca yo puedo aceptar ayudarlo!
-¡Mire! -Felipe se sienta en su sofá- mi nombre es Felipe Madero, yo soy artista de profesión y sucede que una persona que estaba muy ligada al señor Salvador necesita localizarlo, de manera que yo le voy a agradecer infinitamente cualquier información que pueda darme.
-¡Escúcheme señor Madero! -Rebeca se pone nerviosa- ¡en este momento realmente yo no puedo hablar pero por favor déjeme su dirección y su número de teléfono y bueno, pues yo voy a tratar de comunicarme con usted para ayudarlo con noticias sobre Salvador claro! ¡le juro que voy a hacerlo con muy buena voluntad señor! -y Rebeca sonríe maquiavélicamente.

Habitación de Antonio y Simón.
Isabel está sentada al lado de Antonio y lo contempla con pena.
-¡Parece que hubiera perdido la voluntad! -le cuenta Abigail- ¡o los deseos de vivir!
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Isabel la mira con ojos llenos de compasión- ¿El médico ya determinó la causa? 
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-¡No señora! Mañana tenemos que ir con un especialista.
Isabel se levanta y se le acerca- ¡Por favor cuente con mi ayuda Abigail!
Abigail la mira sorprendida.
-¡No me mire de esa manera! -le ruega Isabel- ¡no me tenga desconfianza! Se trata de su hijo y sé perfectamente por lo que puede estar pasando... -le habla misteriosamente.
Abigail solamente asiente silenciosamente.
-¡Lo sé Abigail! -le afirma Isabel- ¡lo lamento mucho y le reitero mi ayuda incondicional! -y vuelve a mirar a Antonio.
-Gracias señora -le agradece Abigail- pero la señorita Ángela se está encargando de todo.
-¡Ya lo sé! -Isabel se molesta- ¡ya lo sé que Ángela se encarga de todo! Pero si usted necesita algo por favor no dude en avisarme porque yo me puedo encargar de conseguir a los mejores especialistas -le promete- ¡para que atiendan a Antonio! -y lo mira extrañamente- ¡yo si puedo!
Luego de una pausa- ¿Le puedo pedir un favor? -le ruega Isabel.
-¡Si como no señora! -le dice Abigail- ¡dígame!
-¿Me puede dejar a solas con él?
-¡Si claro! -le responde Abigail y sale del cuarto.
Isabel vuelve a acercar la silla y se sienta al lado de Antonio- Antonio -le llama- ¡Antonio! ¿me escucha?
Antonio mueve los ojos.
-¡Soy Isabel! -le dice Isabel y Antonio la mira a los ojos con miedo.  Isabel se hace para atrás sorprendida.

Habitación de Andrés.
Andrés desesperado busca en un cajón y saca una pistola que muestra a Walter
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-¡Qué disparate piensa hacer señor Andrés! -este retrocede espantado.
-¡Eres mi aliado! ¿si o no? -le pregunta Andrés con ojos esquizofrénicos.
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-¡En las buenas y en las malas! -le afirma Walter- ¡hasta de rodillas le sirvo señor! -y mira la pistola horrorizado- ¡pero no cometa una imprudencia hasta estar totalmente seguro de la verdad!
-¡Con lo que me contaste me basta y me sobra! -le afirma Andrés mirando hipnotizado el arma.
-¡No! ¡yo no quiero ser culpable de que haya una desgracia en esta casa! -Walter se desespera- ¡le repito! Su esposa es inocente.
-¡Si! -le grita Andrés- ¡mi esposa si! -y corta el cartucho de la pistola con un movimiento seco- ¡pero Cerinza no! -dice con rabia- ¡y tú lo sabes!
A Walter le tiembla la mandíbula incontroladamente- ¡No me ponga nervioso! -le ruega- por favor.
-¡Ese tipo es muy peligroso! -le dice Andrés- ¡tenemos que deshacernos de él! ¿me ayudarás?
Walter lo mira con pavor y luego le da la espalda.  Pero Andrés lo toma del cuello y lo amenaza- ¡A ti también te conviene librarte de él! -le dice al oído- ¡nos conviene a todos! 
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-¡Yo entiendo señor! -gime Walter- ¡pero...!
-¡Pero nada! -lo amenaza Andrés- ¿estás de mi parte si o no?
-¡Si! Si, si -dice Walter con miedo- ¡usted sabe que sí!
Andrés lo suelta- ¡Bien! Salvador... ¿está en la casa o ya se fue?
-¡Eh...! -y Walter saca su reloj de bolsillo Dad temblando como una hoja- ¡él acostumbra a salir a esta hora!... debe estar por salir... ¡si!
-¡Bien! -ríe Andrés con locura- ¡nos divertiremos entonces!
-¿Qué se propone hacer? -le pregunta Walter temeroso.
-¡Escúchame muy bien lo que te voy a decir! -le dice Andrés- ¡y mucho cuidado con fallarme! ¡mucho cuidado!
Walter asustado mira a lo lejos.

Habitación de Antonio y Simón.
-¡Qué bueno que me escucha! -se acerca Isabel- ¡además yo sé que me entiende porque lo veo en su mirada!
Antonio la sigue mirando fijamente.
-¡Si usted no habla es porque tiene miedo con algo relacionado con Salvador! -le afirma.
Antonio se agita.
-¡Dígame Antonio! -le ruega Isabel- ¡dígame por favor qué sucedió! ¡yo los vi llegar a la casa juntos! ¡yo vi cuando él lo trajo! ¡algo sucedió entre ustedes! -le pide- ¡por favor dígamelo! ¿qué pasó? -repite- ¿qué pasó?
Antonio se va lejos y recuerda -"¡nunca creí cuentos de espíritus! Pero ahora es diferente...¡contra mi voluntad estoy aceptando que usted es don Pedro José! "
"Salvador en un gesto desesperado le toma por los hombros- ¡Muchacho! Por el amor de Dios no diga estupideces. ¡Usted no puede creer que los muertos regresen!"
"-¡Al verlo a usted no me queda otra opción! -y de pronto mira horrorizado las manos de Salvador que lo tocan y se da cuenta que son las de un muerto- ¡no me toque don Pedro José ! -dice con asco- ¡no me toque! -y luego temblando- ¡los muerto me aterran! No me toque -le ruega."
Antonio vuelve a la realidad y mira a Isabel con desesperación.
-¡Por favor dígame que pasó Antonio! -le sigue rogando Isabel- ¿le hizo daño? -y suspira- ¡respóndame se lo suplico! Necesito saberlo.. ¡necesito desenmascarar a ese tipo!
Antonio cierra los ojos muy fuerte.
-¡Sólo necesito saber si lo atacó! Porque si es así, entonces ese tipo debe de pagar... ¡usted no puede seguir encubriéndolo! Yo necesito armas para atacar a ese infeliz -y se levanta y camina, le da la espalda exasperada.
-Salvador no es Salvador -de pronto le dice Antonio- ¡Salvador Cerinza no existe!.
-¿Qué? -se da la vuelta Isabel y se le acerca a escuchar.
En ese momento irrumpe Rebeca- ¡Isabelita! -se escandaliza- ¿Qué haces aquí? -le reprocha.
-¡Tía por favor! -le responde fastidiada Isabel- ¡necesito estar a solas con Antonio! Tengo que hablar con él por favor -le ruega.
-¡Mi amor! -le reprocha Rebeca- ¡no debes involucrarte con este muchacho hija! -le recrimina- ¿qué te pasa? ¡no entiendes que tienes que mantenerte alejada de esta gente!
Isabel la mira- ¡Por favor tía! Acaba de decir algo muy importante para mi, necesito que me lo explique.
-¡Isabel por favor! -le grita Rebeca- ¡pero qué te va a decir este lunático! -le arma un escándalo enfrente del pobre Antonio- ¡vamos no seas imprudente! ¡déjalo descansar! ¡vamos Isabel!
Isabel suspira cansada y le dice- ¡ya voy! -y se queda mirando a Antonio.
-¡Isabel! -le grita Rebeca con su voz de cacatúa desde la puerta.
-Descansa Antonio -le susurra Isabel a Antonio y sale de la habitación.
Antonio se queda respirando agitado.

Al salir del cuarto de Antonio, Isabel y Rebeca se encuentran con Salvador, Ángela y Abigail en el pasillo.
-¡Mañana estaré muy temprano para llevar a Antonio al especialista Abigail! -le promete Salvador.
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Y en ese momento ve a Isabel y los dos se miran desafiantes.
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-Mientras tanto trate de calmarse por favor- Salvador le sigue diciendo a Abigail- Si...
Y de pronto los interrumpe Walter gritando- ¡Pronto! Pronto por favor... ¡alguien debe ayudar! ¡ha ocurrido un desastre!
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-¿Qué pasa Walter? -se asusta Ángela.
-¡Han entrado ladrones en la casa! -Walter pone cara de espanto- ¡se treparon por el muro de atrás!
Isabel se preocupa. Abigail lo mira asustada. Salvador escéptico.
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-¡Pero si nosotros acabamos de pasar por ahí y no vimos a nadie! -dice Abigail.
-¡El vigilante acaba de verlos!
-¿Y donde están exactamente? -pregunta Salvador.
-¡En el bosque! Están merodeando en el bosque, pero son varios y muy peligrosos... ¡y pueden matar al vigilante!
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-¡Bueno, está bien! -lo calma Isabel- ¡voy a llamar a la policía! -y se marcha a hacerlo.
-¡Yo voy a investigar! -decide Salvador.
-¡No! No -le grita Ángela- ¡Salvador por favor! No se meta en este asunto.
-¡Es mi obligación ayudar al vigilante señorita! -le dice firme Salvador y sale afuera.
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Ángela y Abigail lo siguen al jardín. Walter al quedar solo sonríe con maldad.

Mansión.
Valeria al piano practica y sonríe feliz.  Viaja muy lejos ajena a todo lo que pasa en la casa. Mientras tanto en su habitación, por segunda vez Andrés vuelve a 'cortar el cartucho' a su pistola y se queda mirando el arma.  Luego se la pone en la cintura y sale subrepticiamente.

(Bueno, no entiendo de armas, pero es la segunda vez que Andrés 'corta el cartucho' o sea que anda dejando cartuchos desparramados por todos lados!)

Al pasar enfrente de la pieza de Valeria escucha las notas y sonríe maquiavélicamente.  Valeria ajena a todo sigue practicando.

Bar.
Simón entra al bar de Gaetana y mira por todos lados.  Se acerca al bar donde atiende Lupe- ¡Si desea una mesa! Lo siento -lo saluda Lupe- ¡pero no hay ni una disponible! Si quiere esperar...
-¡No! Vengo a buscar a la dueña.
-¿La dueña? -se sorprende Lupe.
-¡Si! La dueña... ¡Gaetana Charry!
-¿Y para qué la necesita?
-¡Es un asunto personal!
-¡Ah! pero si es una consulta personal para una sesión espiritista, pues ella no está consultando hoy... ¡lo siento!
-¡Si ya me imagino! -se ríe Simón- ¡con tanta bulla los espíritus han de haber salido corriendo! Sino deben estar por ahí bailando de lo lindo.
-¡Mire! Yo le recomiendo que vuelva en otro momento porque la dueña de este local no se encuentra aquí ahora.
-¿Pero que mentirosa es usted? -le reclama Simón al ver a Gaetana- ¿y ella quien es? ¿su hermana gemela o qué?
Gaetana se acerca y lo mira espantada.
-¿Cómo le va Gaetana Charry? -y al ver su expresión- ¡ay pero no ponga esa cara! ¿qué no se acuerda de mi? ¡soy Simón! El hermano de Antonio Dominguez... ¡supongo que como es espiritista ya sabía que iba a venir a visitarla!
Gaetana le sonríe con una sonrisa mecánica y con un gesto le pide a Lupe que lo deje a solas con Simón.

Mansión.
Salvador se interna en el bosque donde encuentra al celador-¿Ha visto algo?
-¡No señor! A nadie.
-¿Hacia donde tomaron los ladrones?
-¡Yo no he visto ningún ladrón señor! -le aclara.
-¡Walter aseguró que usted los descubrió!
-¡En ningún momento yo he visto a nadie! -afirma.
-¡Vaya por allá! -le ordena Salvador- ¡yo voy a revisar este lado! Veremos si es cierto que hay gente rondando por aquí... ¡o simplemente se trata de una falsa alarma!
Y los dos se separan por caminos distintos.

Muy cerca, Andrés se acerca con la pistola en la mano.  El celador pasa muy cerca de él y Andrés se esconde detrás de un árbol.  Momentos después se encuentra con Walter- ¿dónde está ese imbécil?
-¡Lo vi abajo! -responde Walter respirando con miedo- ¡por la cañada!
-¡Llévalo para el lado del recodo! Ahí será más fácil dispararle... ¡del resto me encargo yo! -y vuelve a 'cortar el cartucho' por tercera vez- ¡Aunque sea lo último que haga!.

(encore!! Debe estar dejando cartuchos regados por todos lados)

Andrés mira hipnotizado la pistola y Walter lo mira con espanto.

FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

www.mabouchita.com

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