![]() |
Mabouchita La reina de los resúmenes |
¡Colabore aquí! |
| Home Resúmenes Elenco Derechos Músicas Envía un Mensaje | |
| Cap#72 <- - -> Cap#74 | |
El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO CAP# 73: viernes 28 de octubre 2005 – ¡INTENTO DE ASESINATO! * Mansión. Azur está atado y trata de liberarse muy nervioso. Abigail y Ángela salen al jardín y se acercan. -¡Yo creo que de veras entraron los ladrones, señorita! –exclama Abigail. -¿Quién lo amarraría? –se escandaliza Ángela. -¡Walter! Que no le gusta verlo suelto. -¡Pero que estupidez! Se supone que hay gente rondando la casa... ¡creo que hay que soltarlo Abigail! -Bueno
–y Abigail se pone a soltarlo mientras le habla- ¡Azur!
Walter parece que no entiende que estás aquí para cuidar
la casa... ¡no para vivir encadenado! Apenas suelto Azur sale corriendo hacia el bosque. Rebeca e Isabel salen de la casa y se acercan a ellas. -¿Encontraron algo? –pregunta Isabel mientras se abraza a sí misma muy inquieta. -No, nada
–responde Ángela- ¡Salvador y el vigilante se fueron
al bosque! Y yo creo que Walter también porque no lo veo por
ningún lado –y luego las mira preocupada- ¿ustedes
llamaron ya a la policía? -¡Si!
–le responde Isabel y suspira- ¡espero que mientras llegue
no suceda algo de lo que tengamos que lamentarnos! Y las cuatro se miran preocupadas. * En el bosque. Salvador se interna cada vez más buscando. En otro lado también Andrés se interna con el arma en la mano. * Apartamento Felipe. Felipe trabaja muy concentrado en su nueva obra. Su modelo Chelito está desnuda y posando con una manzana en la mano. Cantalicia entra al cuarto con una taza de café en la mano, seguida por Moncho. (bueno, ¿pero y este niño? ¿no va a la escuela, no duerme? ¡nada!) –y en ese momento ve a la modelo desnuda y grita espantada- ¡Ahhhh! -¿Qué pasa? –se asusta Felipe- ¿cuál es el escándalo? -¿No
está viendo una vieja encuerada? –grita Cantalicia
mientras le tapa los ojos a Moncho para que no la vea. -¡Por
supuesto que la estoy viendo! –le grita Felipe desquiciado-
¡yo no soy ciego! ¿no ve que la estoy pintando? Y como Moncho
trata de ver a la modela a pesar de los esfuerzos de su madre,
Cantalicia le llama la atención- ¡Usted no mire esas
cochinada mijo! –dice espantada. Ante estas
palabras Felipe pierde el control- ¡Qué cochinadas ni
qué cochinadas! –se exaspera- ¡no faltaba
más! –y luego se controla a penas- ¡hágame un
favor! No entre más al estudio sin mi consentimiento...
¡fuera! –la echa y luego mira acongojado a Chelito-
¡Descansa un poquito chula! –le ruega- ¡que ya
vuelvo! –y sigue a Cantalicia. La alcanza en
la sala- ¡No puede estar de aquí para allá como una
gallina clueca que no sabe dónde poner el huevo! –le
reclama. -¡Es que
yo nada más le estaba llevando un cafecito! –gime
Cantalicia- ¡para que resista! Como siempre usted
acostándose tan tarde –mientras anuda y desanuda la cuerda
que usa como cinturón. -¡No me
imite! –le ruega Felipe fuera de si- ¡no me imite! No me
gusta tener gente cerca de mi cuando estoy trabajando...
¡así que vaya a acostarse! –y de pronto ve al
niño- ¡y el pobre muchachito ya debe estar muerto de
sueño! -¡Oiga! Pero... –duda Cantalicia- ¿pero es que no sabe nada del Salvador? -¡Ay!
–suspira exasperado Felipe y se le acerca amagando que le va a
dar un golpe en la cabeza hueca, pero por supuesto no la toca-
¡pero usted no escuchó! –y le repite- ¿no
escuchó que la señora que me atendió dijo que me
iba a responder? Bueno... ¡pues vamos a esperar a ver que pasa!
–y luego le explica- ¡tengamos un poco de paciencia!
Bueno... ¡vaya a acostarse ya! Ya está bueno –y
luego mira al niño y cambia el tono y le habla con ternura-
¡usted vaya a acostarse también! Felipe vuelve al trabajo mientras Cantalicia lleva al niño a acostarse. Bar. -¡Realmente
no sé que haces aquí ni en que puedo ayudarte! –le
dice de malas maneras Gaetana a Simón. -¡Dígame!
¿pero por qué está tan prevenida? –se
sorprende Simón- ¡ni siquiera le he dicho el motivo de mi
visita! -¡No, ni
más faltaba! –grita Gaetana- ¡con tantos problemas
que he tenido con ustedes yo sinceramente no quiero ni uno más!
No estoy dispuesta a aguantar ni uno más. -¡No! Si
mi intención no es armar ninguna bronca... ¡pero tampoco
me voy a quedar cruzado de brazos sin saber qué pasó con
mi hermano! Anoche Antonio estuvo aquí –le afirma. -¡No
señor! –niega Gaetana- ¡él no estuvo
aquí! Hace tiempo... vino a buscarme... ¡pero yo no quise
atenderlo para evitarme problemas! -¡Mire Gaetana! No me quiera ver la cara de tonto, mejor dígame de una vez qué pasó con mi hermano. -¡Insisto que no sé! –le niega Gaetana- ¡hace siglos que no lo veo! -¡Yo
estoy seguro que Antonio estuvo aquí! Y algo malo le hicieron en
este lugar, porque regresó a la casa completamente
trastornado... ¡y usted me lo va a decir si no quiere que le arme
un escándalo delante de toda esta gente! -¡Yo de aquí no me muevo! –dice terco Simón. En ese momento se abre la puerta del exterior y llegan Lupe y Camilo. -¡Aunque me peguen encima todos sus empleados! –sigue gritando Simón. -¿Algún problema Gaetana? –interviene Camilo para defender a Gaetana. Simón
lo mira y se queda pálido- ¡Ah! ¡ahora si la
completamos! Miren nada más a quien tenemos aquí...
¿con que usted y yo nos conocemos? ¿no? –se burla. -Francamente yo... –balbucea Camilo nervioso- ¡no lo recuerdo! -¿Qué quiere? –le responde Camilo- ¿y qué vino a hacer aquí? -¡Lo
mismo le pregunto! ¿qué demonios está usted
haciendo aquí? –y se le acerca para atacarlo. Gaetana se
pone en el medio de los dos- ¡Basta! Basta –les grita-
¡se acabó! No quiero ningún escándalo ni
bronca en mi negocio... ¡mira que se me desbarajusta! Si tienen
algo que tratar, será en privado... ¡así que vamos
a la casa! –y lo toma del brazo y lo arrastra- ¡vente!
Vamos. Camilo los sigue. Mientras Matilda canta. [ ♫ Mansión. Isabel se pasea en la sala muy preocupada. En otro rincón Vicky habla con las empleadas. Rebeca
baja del piso superior histérica- ¡Isabelita! ¡ay mi
amor, tengo los nervios de punta! –se queja gimiendo-
¡cuánto hace que llamamos a la policía y no
aparecen! ¿cuándo van a llegar? -Bueno...
–trata de tranquilizarla Isabel- lo que pasa es que la casa
está muy retirada tía... ¡por eso! -¡Igual
que Salvador que no regresa! –gime Rebeca- ¡es muy
peligroso que se enfrente a esos maleantes sin siquiera tener un arma
con él... con qué defenderse! -¡Bueno,
cálmate tía! –pierde la paciencia Isabel-
¡tranquilízate! Porque seguramente está con el
guardia y él si está armado –y apenas puede
disimular los nervios. Rebeca mueve la cabeza negativamente. click foto -¡Quien anda ahí! –grita. (ayayya...
¡esto es muy tonto! A quien se le ocurre llamar a los supuestos
ladrones con un ¡alto! ¿quién vive?) Pero nadie le
contesta y el se agazapa- ¡responda! –vuelve a gritar-
¿quién anda ahí? –y otra vez la linterna le
falla y vuelve a golpearla- ¿quién anda ahí?
–repite y como es de esperar nadie le contesta. En la casa entran Ángela, Vicky y las dos empleadas desde el jardín - Qué pasó? ¿has sabido algo? –se inquieta Vicky- ya hace rato que andan buscando a los ladrones. -¡Y ni Salvador! –agrega Abigail- ¡ni Walter ni el vigilante han regresado todavía! -¡Ay! No
me gusta que Salvador intervenga en esto –dice Ángela con
malos presentimientos y sube al piso superior. -¡Ay Dios mío! –Abigail. -¿Qué pasa Abigail? –Vicky. -¡Pues a
mi lo que no me gusta es que Simón anda en la calle! –le
confiesa Abigail- ¡hace horas que salió y no sé
dónde anda metido ese muchacho! Bar. -¡Cuando
Antonio me dijo que usted tenía alguna relación con
Salvador creí que estaba loco! –grita Simón- pero
ahora al encontrarme a este tipo aquí... ¡no me parece tan
descabellada la idea! Camilo y Gaetana se miran. -¿Ustedes tienen algo que ver con Salvador? –les reclama Simón. -¡Simón!
No tengo la más mínima idea de lo que estás
diciendo muchacho... ¡y no conozco a ningún Salvador!
–le grita Gaetana. Camilo asiente con la cabeza. -¿Ah
no? –se burla Simón- ¿y usted tampoco conoce a
ninguna mi estimado amigo? –se dirige a Camilo. -¡Yo menos! –salta Camilo- ¡ni siquiera sé de quien me está hablando! -¡Por
favor no se haga el tonto! –y Simón lo agarra de la solapa
- ¿o qué? ¿ya se le olvidó que estaba de
acuerdo con él cuando lo descubrí metido en la cama con
Consuelo? -¡Oiga!
–y se separa de un empujón- ¡si viene a reclamarme
por la vieja esa! Eso es cuento del pasado... ¡yo dejé de
verla tan pronto supe que andaba enredada con usted! Simón
se avergüenza- ¡No! No, no... ¡si a mí esa
vieja sinvergüenza ni me importa! –le aclara- ¡yo lo
único que quiero es averiguar la verdad! –y los mira-
¡averiguar que está pasando aquí!
¡respóndame! –y lo vuelve a agarrar de la solapa-
¿qué relación tiene usted con Gaetana y Salvador? -¡Ya
basta Simón! –grita Gaetana- ¡ya basta! No te voy a
permitir que sigas insultando a Camilo, que es mi empleado... ¡y
no tienes ningún derecho a venir a mi casa a estar ofendiendo a
nadie! así que ¡basta por favor! –y le repite-
¡basta! -¡Pero
bueno Simón! –le corta Gaetana- ¿cuántas
veces te voy a decir que yo no conozco a ese tipo? ¡y tu hermano
Antonio tampoco estuvo aquí nunca! -¡Por
favor eso es mentira! –se fastidia Simón- ¡él
estuvo aquí! Y alguna cochinada le hicieron porque
regresó como si le hubieran lavado el cerebro. Gaetana y Camilo se miran asustados. -¡Por
favor! Si ustedes no son más que un par de brujos acostumbrados
a quien sabe qué porquerías –les ruega Simón. -¡He! –reacciona Camilo- ¡ni somos brujos, ni nada tenemos que ver con la jugada que está diciendo! -¡Está
bien! –de pronto se rinde Simón- ¡si no me quieren
decir la verdad! No se preocupen... ¡yo la voy a averiguar
personalmente con Salvador! Él me va a explicar muchas cosas
–y los mira y sale enojado de la casa de Gaetana. Mansión. En el bosque
Salvador vuelve a preguntar- ¿Quién anda ahí?
¡conteste! –grita- ¡Quien anda ahí! De pronto Salvador distingue movimientos y se lanza sobre el bulto. Golpea violentamente a la persona. -¡Soy Walter! –llora Walter- ¡soy Walter! Salvador lo
suelta y lo mira- ¿Qué demonios hace ahí
escondido? –lo mira furioso- ¿por qué no responde
cuando lo llamo? -No...
–balbuce Walter con miedo- ¡no le reconocí la voz! Y
pensé... ¡que era uno de esos maleantes! -¡Qué maleantes, ni que ocho cuartos! –explota Salvador- ¡los maleantes no existen! Todo es una falsa alarma. -¡No
señor! –le contradice Walter todo dolido- ¡es
verdad! Esos ladrones están por aquí cerca – y pone
cara de miedo y mira a los costados- ¡nada más
aquí!... ¡aquí! –y mira con ojos agrandados-
¡aquí! Walter pone
cara de inocencia- ¿Está dudando de mi palabra? –se
hace el ofendido- ¿por qué tendría que inventar yo
esas patrañas? Salvador
suspira con fastidio- ¡no lo sé! Pero yo no creo en sus
cuentos – le aclara- ¡aquí el único
ladrón a la vista! –y lo fusila con la mirada- ¡es
usted! Walter baja la cabeza con aire de víctima. Mansión. En su habitación Valeria sonríe tranquila y practica sus lecciones de piano... alejada de todo. Bosque. Salvador sigue buscando y la linterna le sigue dando problemas. Azur aparece de pronto y se pone a su lado. Salvador se arrodilla y le habla- ¿Tú que haces aquí Azur? (-¡Pues qué voy a hacer! Busco a los ladrones como tú –contesta Azur) Salvador
presiente el peligro y mira aprensivo hacia la oscuridad del bosque....
su linterna le vuelve a fallar y la golpea para que vuelva a alumbra. (bueno... Salvador... yo apagaría la linterna más bien) Muy cerca,
protegido por la negra noche, Andrés ve a Salvador perfectamente
iluminado por su propia linterna... ¡y lo apunta cuidadosamente! Azur lo huele y empieza a ladrar nerviosamente- ¿Qué pasa Azur? –le pregunta Salvador e inquieto se levanta. En ese momento Andrés dispara y la bala le entra a Salvador en el estómago... Salvador no entiende lo que pasa ¡Salvador abre los ojos sorprendido! * Mansión. Valeria escucha el disparo y asustada deja de tocar el piano. * Bosque. Salvador se lleva la mano a la herida y luego incrédulo se mira la mano llena de sangre. Lentamente cae al suelo. Mansión. Antonio se despierta sobresaltado. Bosque. Salvador cae de frente y pierde el conocimiento. Andrés fascinado se le acerca sonriendo. Mansión. Isabel y Rebeca salen corriendo al jardín. Ángela, Vicky, Abigail y las empleadas salen al porche de entrada. -¡Escuché un disparo Isabelita! –grita Rebeca mientras mira hacia el negro bosque- ¿oíste? Isabel le hace un gesto con la mano para que se calle y las dos se quedan alertas escuchando hacia el bosque. En el porche Ángela, Vicky y Abigail se toman de las manos. * Bosque. Salvador yace inmóvil en el suelo y Andrés se acerca con la pistola en las mano para darle el tiro de gracia. Lo mira y lo toca con el pie para saber si reacciona. Azur le ladra desesperado y toma impulso para saltar. Andrés sorprendido le dispara y le falla de milímetros. Azur asustado sale corriendo. (-¡Patitas pa’que os quiero! –piensa Azur- ¡aquí yo no me quedo!) Andrés muy nervioso con el pie da la vuelta a Salvador que sigue inconsciente. Comprueba que no se mueve, mira la herida que sangra en el estómago y se convence que está muerto. Escucha unos ruidos y huye de la escena del crimen. Mansión. Rebeca entra
desesperada a la sala y se encuentra con Valeria que baja del piso
superior- ¡Tía Rebeca! –le grita- ¡tía! -¡Qué! –le grita Rebeca sin paciencia. -¿Qué está pasando? -¡Andan
buscando a unos ladrones que entraron a la casa! –y luego se
desespera- ¡algo debió ocurrir Valeria! Porque hemos
escuchado disparos. -¿Pero qué sucede? –pregunta asombrada Valeria- ¿Cómo es que no me enteré de nada? -¡Ay
claro! –se burla Rebeca- ¡porque tu te la pasas en la luna
con tu dichoso piano! Y las cosas te pasan así en las narices y
no te enteras... –y se desespera- ¡y la policía que
no llega! ¡no llega! –repite. Valeria la mira acongojada. Bosque. Walter camina
con el celador hacia el lugar del disparo- ¿Quién
disparó? –pregunta Walter simulando inocencia. -¡No sé! –le responde el vigilante que avanza con la escopeta en la mano. De pronto se queda de una pieza al ver a Salvador en el suelo- ¡Pero lo hirieron! -¿A quien? –pregunta Walter. -¡A él! –le señala el vigilante- ¡A Salvador! El celador alumbra a Salvador con su linterna. Mansión. Luego de cometer su crimen, Andrés entra sigilosamente a la casa por la puerta de servicio. Al
darse cuenta de que una de las empleadas camina por el pasillo se mete
a la lavandería y espera que ella salga al jardín. Sube rápidamente las escaleras y entra a su habitación. Se mira las manos y ve la pistola. No sabe qué hace con ella. Busca un escondite con desesperación.... abre unos cajones... pero no le parece buena idea. Se dirige al closet y saca un cofre, lo abre y mete la pistola... nerviosamente busca papeles y rellena el cofre con ellos. Toma el cofre y lo esconde en el fondo de su closet. Cierra las puertas del closet y se dirige con ojos desorbitados a su cama. Se acuesta en ella respirando entrecortadamente por la acumulación de adrenalina. Pone los pies, con los zapatos puestos sobre la colcha.... ¡y de pronto sonríe histéricamente... con locura! Afuera, Walter y el celador traen a Salvador a rastras. Walter
llega gritando- ¡Los ladrones le dispararon a Cerinza! –y
apenas puede con el peso de Salvador- ¡yo vi cuando huían!
¡le dieron! El celador y
Walter bajan a Salvador al suelo en medio de las mujeres espantadas-
¡Ayúdennos que este hombre pesa mucho por favor! –
se queja Walter- ¡Ayúdennos a meterlo a la casa! -¡Salvador! –grita Ángela horrorizada y se arrodilla a su lado. Isabel se acerca corriendo como en sueños. -¡Señora
Isabel! –se le acerca Walter con ojos desorbitados- ¡a este
hombre lo mataron! ¡lo mataron! -¡Qué! –llega a pronunciar Isabel y luego se acerca al grupo que rodea a Salvador, se arrodilla al lado. -¿Está muerto? –pregunta Isabel temblando. Abigail se tapa la boca. Rebeca entra a la casa llorando y sube corriendo las escaleras. Golpea
la puerta de Andrés con desesperación-
¡Andrés! ¡Andrés por favor abre!
–grita- ¡Andresito por favor abre la puerta! -¿No sabes lo que está pasando? –se asombra Rebeca en medio de su llanto. -¡No! ¡llegué a la casa cansado y me metí a dormir! Andrés se pone la mano sobre el corazón y baja corriendo. Rebeca
se queda sola en el piso superior repitiendo- ¡Salvador!
¡Salvador! –de pronto recuerda algo y entra a su cuarto...
abre un cajón, busca con ahínco y luego saca...
¡unas tijeras! - ¡por nada del mundo puede morir!
–dice Rebeca mientras mira el par de tijeras. Andrés sale al jardín- ¿qué pasó? –pregunta a gritos. -¡Señor!
Entraron unos ladrones, nos asaltaron aquí y le dispararon al
chofer señor –le responde Walter. Andrés mira a Salvador, que sigue tirado en el suelo inconsciente- ¿Está muerto? -¡Parece que si señor! –le responde Walter- ¡este pobre hombre parece que está muerto! Ángela llora desesperada e Isabel tiembla como una hoja. Bar. -¡Francamente
no sé lo que Salvador tiene en la cabeza! –se queja
Gaetana mientras se pasea de un lugar a otro como una gata enjaulada-
¿por qué todo se lo toma así?
¡deportivamente! Primero con la tal Rebeca.... ¡y
después con Antonio! –se queja- ¡Ah! ni siquiera se
alarmó... ¡y eso que cuando el muchacho salió de
aquí parecía un loco! –y da otra vuelta- ¡y
ahora con este muchacho Simón! Yo no sé lo que va a
pasar... ¡porque este diablo no se va a quedar con los brazos
cruzados. -¡Doña
Gaetana! –Camilo- ¡yo no entiendo todavía que
significa ese rollo que ustedes se traen entre manos! Pero le
advertimos que ni Lupita ni yo –y abraza a Lupe- ¡queremos
terminar metidos en problemas! -¡Mi
jefecita! –Lupe- ¡nosotros la queremos muchísimo!
Usted bien lo sabe... pero es que... ¡es que nos da miedo con
Salvador! Gaetana se sienta- ¡Ay no! ¡por favor no! -¡Mi
jefecita! –sigue Lupe y se sienta a su lado- ¡nosotros
somos sus empleados y obedecemos sin hacer pregunta alguna! Pero... es
que vemos que este asunto se va poniendo muy feo... y... ¡a
mí me da mucho miedo! –y luego le dice directamente-
¡y me dan ganas de irme! Gaetana abre
la boca espantada- ¡Ay no! –grita y se levanta- ¡no
me van a salir con esto en un momento de crisis como este! ¡no
señor! –de pronto Gaetana mira a Camilo y se queda parada
en medio de la pieza- ¡Un momento Camilo! –y pone las manos
en las caderas- ¿qué es lo que pasa contigo? ¿tu
no tenías que ir a buscar a Salvador? -¡No
doña Gaetana! –le tranquiliza Camilo- ¡allá
estuve puntual como siempre! Pero tardó en salir y por eso me
regresé... ¡yo pensé que ya estaba aquí! -¡Pero ya ves que no! –le reclama Gaetana- ¡seguro debe estar esperándote hombre! -¡Pero doña Gaetana! –trata de razonar Camilo- ¿A esta hora? ¡ya debe estar en camino! Camilo sale corriendo. -¡Ay el pobre Salvador! –dice con pena Gaetana y Lupe la abraza. Entra Matilda-
¿Se puede saber qué hacen aquí encerradas?
–les reclama- ¿qué misterio se traen? Gaetana se le
acerca- ¡Asuntos personales Matilda! –la enfrenta muy
cerca- ¡Hazme el favor de no meter tus narices en donde no te
importa! –le grita- ¡gracias! -¡Ah no!
A este paso tendré que coserme la boca- se burla Matilda-
¡Si lo pregunto es porque me parece el colmo que dejen abandonado
el negocio con la cantidad de clientes que tenemos esta noche! ¡y
a ti Gaetana! –le reclama- ¡te están esperando para
que cantes! ¡vamos! ¡corre! ¡cumple con tus
obligaciones! Mansión. Andrés y Walter meten a Salvador a la sala en medio del griterío de las mujeres. -¡Tengan cuidado por favor! –Ángela. -¡Mucho cuidado! –Abigail- ¡pónganlo ahí despacito! Detrás de la procesión, alejada y en completo silencio se acerca Isabel. -¡Cuidado! Está muy malherido –Abigail. Andrés y Walter depositan a Salvador sobre el sofá. -¿Malherido o muerto? –pregunta Valeria con horror y se sienta al lado de Salvador. Nadie responde y todos se miran desesperados. A
la distancia y sin perder detalle de lo que pasa, una silenciosa Isabel
tiembla como una hoja al viento, con espasmos involuntarios. Andrés mira fríamente a Salvador que yace sin moverse. (hum... el
teléfono está ahí... ¡a ver señores!
Hay que llamar a la ambulancia... ¿o no? Novelaland leyes? ) En su
habitación Antonio, al escuchar las sirenas se levanta de la
cama, y en pijamas y descalzo abre la puerta de su habitación y
se dirige a la sala lentamente. -¡La policía! –entra Vicky a la sala gritando- ¡acaba de llegar la policía! -¡Bonita hora de llegar! –se burla Walter con sorna- ¡los ladrones ya se fueron y Cerinza está muerto! -¡No!
–grita Abigail que le toma el pulso a Salvador- ¡no
está muerto! ¡tiene el pulso débil pero lo siento! -¡Vamos a hablar con la policía! –anuncia Andrés a viva voz para que escuche Isabel. -¡Yo me quedo aquí! –se niega Isabel a moverse. Andrés
que se dirigía a la puerta, retrocede con cara de disgusto-
¡no tienes por qué quedarte con él! –le
reclama- ¡eres la dueña de la casa! –y la toma del
brazo- ¡vamos a hablar con la policía! Afuera en el jardín, están dos autos de policías y una ambulancia. (bueno... que yo sepa nadie llamó una ambulancia... ¡pero la policía aparece con una!) Un policía interroga al celador. Walter y Andrés lo miran preocupados. En la sala
Abigail sigue con Salvador, mirándolo, cuando se acerca Rebeca-
¿Está muerto? –le pregunta angustiada. -¡No! –contesta Abigail. -¡Pero está muy grave! –llora Ángela. -¡Pero por favor! –grita Rebeca con su voz chillona- ¿entonces por qué no lo llevan a un hospital? (bravo!!! La voz de la cordura por fin!!) -¡Ay no
sé! –reacciona Ángela- ¡no entiendo lo que
está pasando! –y sale corriendo al jardín. -¡Ángela yo te acompaño! –Valeria sale corriendo detrás. -¡Abigail!
–le ordena Rebeca- ¡por favor! ¿por qué no
trae una venda o algo para ayudarlo antes que se lo lleven? -¡Si
señora! –Abigail obedece automáticamente sin darse
cuenta de la tontería del pedido y sale de la sala. Rebeca queda a
solas con Salvador inconsciente y rápidamente saca las tijeras
del bolsillo y con manos temblorosas le corta un mechón de
cabello. Luego se sienta a su lado y con manos más temblorosas trata de cortarle las uñas. Detrás de ella, y como un zombi, entra Antonio que la mira con aire ido. Rebeca se da cuenta y se pega el susto, esconde las tijeras. Antonio mira a Salvador sin reaccionar. En el jardín. Ángela
ataca a Andrés- ¿Pero que está pasando?
–grita- ¿por qué no se lo han llevado al hospital?
¡está muy grave Andrés! -Primero
deberían revisar la zona –responde Andrés sin mucho
sentido- ¡alguno de esos ladrones está sueltos! Isabel sigue temblando compulsivamente. -¡No
habían nombrado a ningún hombre herido! –se
sorprende el policía al escucharlas- ¿dónde
está? -¡Allá adentro! –les señala Valeria. -¡Hay un hombre gravemente herido! –ordena el policía a sus subordinados- ¡entren a auxiliarlo! -y todos corren. -¡Apúrense por favor! –ruega Ángela- -¡Tengan cuidado! Andrés se toca la mejilla nerviosamente. Los parámedicos sacan una camilla de la ambulancia y se dirigen a la casa. En la sala Abigail vuelve con las vendas y un ridículo kit de primeros auxilios. Al
ver a Antonio parado mirando a Salvador casi le da el ataque-
¡Antonio hijo! ¿pero qué hacer aquí?
–y lo toma del brazo- ¡Antonio! Vamos a tu cuarto hijo...
¡no te hace bien ver esto! ¡vamos por favor! Salvador es sacado de la casa en camilla, todos lo miran. Ángela sube a la ambulancia con Salvador. Isabel los mira temblando compulsivamente, sin moverse y sin decir palabra. Andrés vigila con ojos alertas. La ambulancia de ‘American Medical Response Ambulance’ parte raudamente con las sirenas cantando. (sirenas para qué??? Si no hay un alma!!!) Simón
se cruza con la ambulacia- ¿Pero qué diablos pasa
aquí? –se sorprende y luego ve a Valeria llorando-
¡Valeria! ¿qué pasó? -¡Unos
ladrones dispararon a Salvador! –le cuenta Valeria entre
sollozos- ¡y se lo llevaron en la ambulancia! Ángela va
con él. -¡Pero no puede ser! –se escandaliza Simón- ¿cómo pasó? -¡No sé! Pero tengo mucho miedo y no creo que se salve Simón. Y Simón la abraza para consolarla. En la carretera Camilo llega al mismo tiempo que la ambulancia sale de la mansión y debe maniobrar para dejarla pasar. Camilo se da cuenta que algo anda mal. Dentro de la ambulancia, Ángela mira a Salvador y llora sin consuelo. Sobre
la camilla Salvador inconsciente recuerda a Gaetana “No me pida
que le hable de la muerte don Pedro José, ni de lo que uno
siente siente después de abandonar este mundo... ¿para
que?... ¡si usted mejor que nadie lo sabe!” Mansión. El policía sigue con su trabajo- ¿Y de donde conoce usted a la víctima? –interroga a Isabel. -Yo lo conozco porque vino a buscar trabajo –responde Isabel desde lejos. -¿Dónde estaba en el momento de los hechos? –interroga a Andrés. -¡En mi cuarto! –miente Andrés seguro de si mismo. Isabel lo mira con una extraña mirada. -¿Dónde estaba? –interroga a Walter. -¡Con el vigilante! Rebeca sin
aguantar más sube llorando las escaleras, al llegar al piso
superior se sienta en un sillón.... abre el pañuelo donde
guarda celosamente el rizo de cabello (¿y qué pasó
con las uñas?)- ¡Salvador no puede morir! –llora y
repite- ¡no puede morir! * En la ambulancia. Salvador sigue inconsciente. Ángela sigue llorando. * Mansión. En la
habitación de Antonio y Simón, Abigail le cuenta a
Simón mientras Antonio está profundamente dormido-
¡Todo sucedió de un momento a otro! –y mira por la
ventana- ¡cuando Walter avisó que habían entrado
los ladrones Salvador corrió a ayudar y se internó en el
bosque! –hace una pausa- ¡después lo trajeron desde
el bosque! -¡Ya te
dije ma! Fui a dar una vuelta... quería averiguar algo que tal
vez nunca podré saber si Salvador muere – dice
misteriosamente. Abigail levanta una ceja y Simón mira a su hermano que duerme tranquilamente. Hospital. Meten a Salvador de urgencia. Salvador
en su inconciencia ve una luz muy potente que lo deslumbra y piensa con
la voz del viejo Donoso “Veo una luz resplandeciente...
¡que me mencionó Gaetana! Pero está muy lejos y me
siento... aprisionado en un túnel tan largo... ¡tan
infinitamente largo que si quisiera llegar a la luz tardaría una
eternidad! No sé donde me encuentro” . Salvador se
agita y luego piensa con la voz del joven Salvador “¡No
puedo irme todavía de aquí! Debo permanecer
aquí... ¡yo sé que debo permanecer
aquí!” se promete a sí mismo. * Mansión. Isabel está sentada en un sillón sin moverse. Andrés entra sin llamar. -¿Alguna noticia? –pregunta Isabel- ¿Ángela ya se comunicó? -¿Por
qué debería llamar? –se enoja Andrés-
¡sabe que no nos importa lo que le pase a ese tipo! –y en
un instante la mira muerto de celos- ¿o a ti si te importa?
–y se apoya en la cama. -¡Es un ser humano! –le responde Isabel sin mirarlo. -¡Ah! ¡es un pobre infeliz! Nos complicó la vida con su presencia... ¡nada más! –¡A ti te complace lo que le pasó! –le afirma Isabel- ¿no es cierto? -¡No!
–miente Andrés- ¡pero se lo buscó por
desafiarnos! Nunca imaginó que el destino iba a jugarle una mala
pasada. Isabel lo mira con rabia y sospecha. -¡Pero
no te sientas mal! –sigue Andrés- ¡no tenemos nada
que ver con ese tipo! –y se le acerca- ¡acá la
única que debería preocuparse es Ángela! –se
arrodilla al lado del sillón- ¡la única! -¿No
escuchaste lo que le dije a las autoridades? –se enfurece
Andrés y suspira impaciente- ¡estaba en mi cuarto
preparando los papeles de la sucesión! -¡Se me
hace muy extraño que no hayas oído! –le dice Isabel
fríamente- ¡después de todo el escándalo que
se hizo! Isabel lo estudia. -¡No me
mires así que no me gusta! –Andrés muy nervioso-
¡salí cuando tu tía me dijo lo que había
pasado! Si no me crees pregúntaselo a ella –le reclama y
se levanta enojado. -La
policía no encontró ningún rastro de los supuestos
ladrones que entraron en esta casa–dice Isabel con un dejo de
burla. -¿Desconfías de Walter? –Andrés se hace el sorprendido. -¿Desconfiar? –se burla Isabel- ¡No! ¡No le creo absolutamente nada! Andrés
golpea enojado la cama- ¡Por lo visto tampoco le crees a tu
marido! ¡tanto te asustó el accidente de ese tipo que
desconfías de nosotros! –y luego le dice furioso-
¿no eras tú la que decías que ese tipo era una
amenaza en esta casa? –y luego le pregunta con celos- ¿o
significaba otra cosa para ti? –y luego se le acerca amenazador-
¿qué significaba Salvador Cerinza en tu vida? -¡Un
tipo extraño! –Isabel simula frialdad- ¡que
logró ganarse la admiración de todos en esta casa!
–y luego sonríe amargamente- ¡y que al final de
cuentas resultó ser un vulgar oportunista! ¡un hombre sin
escrúpulos capaz de manipular todas las situaciones a su antojo!
–y lo mira a los ojos- ¡si te da gusto Andrés...
créeme que no me dolería en lo más mínimo
que se muriera! –y luego mira a lo lejos- ¡al contrario! Me
sentiría mucho más tranquila de saber que ya no
está en nuestra vidas –le asegura- ¡mucho más
tranquila! –y sonríe con una sonrisa agria mientras lo
estudia de reojo. Andrés sonríe complacido, se levanta lentamente y la besa en la frente antes de marcharse. Al quedar sola, Isabel pierde su máscara y la cara se le descompone y vuelve a temblar convulsivamente. Hospital. “No
puedo desaparecer” se promete Salvador “no voy abandonar
todo definitivamente... ¡esta es la última oportunidad
para cumplir mi misión! Tengo que mantenerme en este lugar” se dice mientras su cuerpo yace inerte. Bar. Un escándalo tremendo. Un
borracho se sobrepasa pidiendo a gritos más alcohol y Gaetana
logra contenerlo gracias a la ayuda de Matilde y Lupe. Entre las tres
lo echan a patadas. -¡Fuera de aquí! –le gritan las tres- ¡fuera! Y luego que lo
sacaron afuera Gaetana sonríe a los clientes con esa sonrisa de
oreja a oreja que solamente ella tiene y los tranquiliza- ¡No ha
pasado nada! –y vuelven a poner la música. Las tres se sientan a una mesa. -¡Tengo
que reconocer! –admite Gaetana suspirando del esfuerzo-
¡que esta vez al menos te portaste decentemente! –le dice a
Matilda. -¡Siempre
lo hago mi amor! –ríe Matilda- ¡lo que pasa es que
tú no te has dado cuenta de cuanto te aprecio! ¡maldita
condenada! –y le sonríe con cariño y le da una
palmada que casi echa al suelo a Gaetana. -¡Ay! –suspira Gaetana. Lupe mira a Matilda con fastidio -¡Qué calor! –y ve a Camilo- ¡Ahí llegó Camilo! -¿Y Salvador? –pregunta Gaetana. -¡Bueno!
–se levanta Matilda- ¡vamos a terminar esta noche con unos
buenos tequilas! –y parte a buscarlos. Camilo toma el lugar de Matilda. -¿Qué pasó con Salvador? –se inquieta Gaetana- ¿qué pasó? Camilo baja la cabeza- Le traigo malas noticias doña Gaetana –le anuncia. Gaetana se pone blanca- ¿Qué pasó? -Salvador se encuentra hospitalizado en este momento –dice Camilo. -¡Qué! –grita Gaetana. -¡Creo que se está muriendo! –Camilo le dice bruscamente. Mansión. En la
habitación de Andrés Walter le sirve un trago, desde un
pequeño bar bien provisto de bebidas alcohólicas que ha
sido instalado recientemente. -¡Debe estar agonizando señor si es que no ha muerto! –le dice Walter a Andrés y le pasa la copa. Andrés
se soba las manos nerviosamente- ¿y si no muere? –se
preocupa- ¿Ah? ¿y si ese miserable se salva? -¡Perdió
mucha sangre! Señor –le consuela Walter- ¡estaba
malherido! Es muy difícil que sobreviva. Andrés se toma un trago- ¡si sobrevive no sabría que hacer! Le di para matarlo. -¿El lo vio? –se inquieta Walter- ¿supo quien le disparó? -¡No! –lo tranquiliza Andrés- ¡no! ¡no hubo tiempo! -¡De
todas maneras señor! –Walter le advierte
lúgubremente- ¡si fallece comenzaran las investigaciones! Andrés
se levanta con su copa en la mano y se pasea por la habitación-
Me aseguró que no le importaba su muerte – murmura de
pronto- ¡pero noté decepción y despecho en sus
palabras!. Walter lo mira sorprendido- ¿A quien se refiere señor? -¡A mi
esposa! –le confía Andrés- decía una cosa
pero pensaba otra –y en sus bellos ojos verdes vuelve a navegar
la locura. -¡Créala!
–le aconseja Walter- ¡de todas maneras es muy probable que
la muerte de Cerinza no le importe! -¡Si que
le importa! –explota Andrés- ¡claro que le importa!
Aunque no quiera admitirlo se estaba enloqueciendo por ese tipo. Walter desvía la mirada preocupado por el aspecto de Andrés. -¡Yo
tuve que hacer justicia! –le dice convencido Andrés
completamente desquiciado- ¡y claro! ¡era lo correcto!
–se justifica. Walter se da cuenta que está loco y abre los ojos muy grandes. Andrés lo enfrenta con la mirada y de pronto sufre- ¿o no? -¡Si!
–se apresura a responder Watler- ¡si señor! Era lo
correcto –y luego continúa firme- ¡ese miserable nos
estaba volviendo locos a todos! -¡A las
plagas hay que aplastarlas sin misericordia! –sigue
Andrés- ¡y eso es Salvador Cerinza! ¡una plaga!
–y luego sonríe- ¡nadie va a lamentar su muerte!
–y luego deja de sonreír- ¡nadie debe lamentar su
muerte! En el jardín, Azur ladra desesperado mirando hacia la casa. Casa de Gaetana. Gaetana, Lupe y Camilo entraron a la casa. -¡No
convenía hacer más preguntas de la cuenta! –le
aclara Camilo- ¡de manera que lo único seguro es que
Salvador está en el hospital! –y abraza a Lupe. -¿Y tendría algo que ver con ese muchacho? –tiembla Gaetana- ¿de Simón? -¡No
creo! –le calma Lupe- ¡tal vez a lo mejor el otro joven! O
mejor dicho... ¡no sé! –y se desespera- ¡no
sé mi jefecita! Yo lo que tengo miedo es que nos meta en
tremendo lío. -¡Yo voy a averiguar al hospital! –decide Gaetana y se dispone a salir- ¡yo voy para allá!. -¡No doña Gaetana! –la detiene firme Camilo- ¡pero yo a usted no lo llevo a ninguna parte! -¡No! Escuche... ¡lo mejor es que nos mantengamos al margen en este problema! -¡Si mi jefecita! –interviene Lupe- ¡hágale caso a Camilo! -¿No
ven que no puedo dejar a Salvador solo cuando más me necesita?
–llora Gaetana- ¿no me entienden? ¡no me
perdonaría nunca! -¡Por favor! –le grita Camilo- ¡no se busque más problemas por favor! ¡ni dolores de cabeza -¡Si ustedes no me llevan voy yo sola! -¡No!
–se pone firme Lupe- ¡nada conseguiría
acercándose por allí! No sea terca jefecita... ¡a
ver! ¿qué ganaría? –le dice con pena-
¿qué ganaría con eso? ¿qué la
descubran a usted? ¡que descubran a Salvador! Y ahí si que
se armaría tremendo lío. -¡Yo no
puedo dejar que Salvador se muera lejos de mi Lupe! –llora sin
consuelo Gaetana- ¡yo siento que me necesita! Lo siento
aquí... –y se toca el corazón- ¡aquí
lo siento! -¿Qué
habrá pasado? –llora Gaetana- ¿será que
alguien descubrió la verdad y trataron de matarlo? –y de
pronto vuelve a tomar su bolso- ¡No! Yo tengo que averiguar lo
que pasó... ¡tengo que averiguarlo! -¡Ya
habrá tiempo para averiguar! –la ataja Camilo-
¡ahora lo mejor es que nos mantengamos alejados! No nos metamos
en la boca del lobo doña Gaetana. -¡Dios!
Si a Salvador le pasa algo... ¡yo no sé lo que va a ser de
mi! –y Gaetana repite desconsolada- ¡yo no sé lo que
va a ser de mi! Amanece. Isabel y el vigilante se internan en el bosque. Isabel tiene puestos unas inconfortables (e imposibles) sandalias doradas de plataforma. Llegan al lugar donde el celador había encontrado a Salvador. Isabel se arrodilla al lado y ve los rastros de sangre. La linterna sigue allí.
Mansión. Valeria con un negligé rosa mira por la ventana y sufre. En su habitación Andrés sigue dormido y tiene pesadillas. Se ve a sí mismo disparándole a Salvador y por un momento se da cuenta que Salvador lo mira y lo reconoce. Ala de
servicio. En su habitación Abigail da de comer a Antonio que
come mecánicamente, de pronto se cansa y le saca el tenedor a su
madre y decide comer solo. Abigail lo mira sorprendido. Vicky entra- ¿alguna noticia? -¡No
Vicky! –Abigail- nada, la señorita Ángela
llamó anoche para avisarnos que se iba a quedar en el hospital
hasta que operaran a Salvador. -¿Y Simón? No lo he visto por ningún lado. -¡Simón
fue a alcanzar a la señorita Ángela al hospital porque no
era justo que la pobrecita se encargara de todo sola! -¡Ay no Abigail! No le eche la sal... ¡hay que confiar en la virgencita de Guadalupe! -¿Quiénes? -¡La señorita Ángela y Simoncito! Y mientras Antonio sigue comiendo como un autómata todas salen corriendo. Antonio las ignora. Afuera
Simón le abre la puerta del auto a Ángela. Apenas bajan
Rebeca llega corriendo sin aire- ¡Ángela!
¿qué pasa con Salvador? –peluca rubia-
¿cómo sigue? -Doña
Rebeca por favor –la corta Simón- ¡Ángela
viene muy cansada! Tuve que obligarla a regresar porque necesita
descansar... por favor no empiece la preguntadera. -¡Usted
no se tiene que meter en esto jovencito! –le grita Rebeca-
¡quiero saber que pasa con Salvador! –y gime- ¡tengo
derecho! ¿no? ¿no se dan cuenta que estoy muy angustiada
por él. -¡Ay! –suspira Ángela- ¡Salvador no ha muerto señora! Si eso es lo que quería saber. Rebeca suspira aliviada y al ver que Abigail y Vicky se acerca se aleja levantando la nariz. -¡Hijo!
–Abigail- ¿cómo sigue Salvador? –y al ver la
cara de cementerio de los dos- ¿murió? –se tapa la
boca. -¡No mamá! No ha muerto, pero para el caso es lo mismo. -¿Qué quieres decir con eso hijo? -¡Los médicos no dan mucha esperanza Abigail! –llora Ángela. -¡Ay virgen santísima! –Vicky- no diga eso. -¡Me
aseguran que no hay nada que hacer! –sigue Ángela-
¡que en cualquier momento se va a morir! –y llorando entra
corriendo a la casa. -¡No hay remedio mamá! –y Simón la abraza- ¡Salvador está perdido! * @2005 Narración by Mabouchita! Z;D Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme---------------------------------------------- |
|
| Cap#72 <- - -> Cap#74 | |
| Home Resúmenes Elenco Derechos Músicas Envía un Mensaje | |