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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 74: lunes 31 de octubre 2005 – ¡AGONIA!

Mansión.

Isabel regresa del bosque, vestida con un vestido verde, bastante transparente, que muestras sus formas perfectas.  El celador la acompaña.  Ante la mirada intrigada del vigilante, Isabel se detiene y mira nerviosamente hacia la casa y luego se decide a entrar.

*

Dentro de la casa Andrés desayuna tranquilamente con Rebeca y Valeria.  La mesa está muy bien puesta, hay jugo de naranjas, un riquísimo pan, frutas.  Andrés desayuna frutas y apenas Isabel entra le reclama- ¿Por qué saliste tan temprano? ¿fuiste a averiguar algo de Cerinza?

Isabel se sienta en la cabecera- ¡Vi llegar a Ángela y a Simón con una cara que... no creo que traigan buenas noticias que digamos! -dice preocupada.

-¡Pues no! –le tranquiliza Rebeca- ¡no son tan malas Isabel! Hablé con ellos y me dijeron que Salvador vive y que hay muchas esperanzas de que se salve.

-¡Ay! –suspira Valeria- ¡y ojalá Dios quiera que así sea! Yo anoche estuve rezando mucho para...!

-¡Hum! –le corta burló Andrés- y cierra los ojos y abre los brazos- ¡Si! Recemos... –y junta las manos- ¡recemos para que Dios se apiade de su condenada alma!
-¡Recé para que se salvara! –y Valeria se levanta de un salto- ¿o acaso quieres que se muera Andrés? –y antes de marcharse enojada le grita- ¡eso es lo que quieres! ¿verdad? ¡que Salvador se muera!

-¡Ah! –suspira Andrés- ¡la trastornada de tu prima no entiende que estoy preocupado por Cerinza! - le dice a Isabel.

Isabel lo mira con desprecio ante tanta hipocresía.

-¡De verdad! –sigue Andrés- ¡quiero que esta incertidumbre termine pronto para ese pobre hombre y para nosotros!

Isabel con una demisonrisa irónica tira su servilleta y se levanta de la mesa.  Rebeca los mira con un gesto de fastidio en la cara.

*

Momentos más tarde Andrés se dirige al piso superior.  Simón que entra del jardín lo llama- ¡Don Andrés!

Andrés se para en el segundo escalón y lo mira sorprendido.

-Quisiera... –duda Simón y lo mira con desconfianza- ¡pedirle un favor!
Andrés abre los ojos y baja las escaleras- ¡Te escucho!
-¡Lo que pasa es que... mi hermano tiene una cita con el especialista!

-Hum... –murmura Andrés.

-Y... ¡yo tengo que acompañarlo! –termina Simón.

-¡Aha! –y es evidente que Andrés disfruta con la situación- ¿te importa mucho la salud de tu hermano? –pregunta lo obvio.

-¡Si! –responde Simón.

-¿Cuánto? –le hace sufrir Andrés.

-Mucho –afirma Simón.

Andrés sonríe irónico.

-¡Y bueno! –sigue Simón- ¡quería pedirle de favor que me de permiso para faltar a la fábrica!
-¡Ah! -Andrés mira al techo- ¡ayayayay! –dice como si sufriera y luego decide- ¡bueno, no creo que importe mucho que faltes a la fábrica!

Simón respira aliviado.

-¡Pst! –Andrés decide ser generoso- ¡tómate el día libre! –y se dirige de vuelta a las escaleras.

-¡Gracias! –Simón no puede creerlo.

-¡Ah! –de pronto se detiene Andrés- ¡la próxima vez habla con el jefe del personal! –y con toda la intención de ofenderlo- ¡yo no me mezclo con obreritos! –y diciendo esto se marcha.

Simón se queda sin palabras y resopla.

*

En el piso superior Isabel golpea la puerta de Ángela, quien le abre en bata.  Hablan en el pasillo.

-¡Ángela! Necesito hablar contigo.

-Necesito dormir un rato Isabel –le contesta Ángela de malhumor.

-¡Yo entiendo que estás muy cansada porque pasaste toda la noche en el hospital! –se excusa Isabel- ¡lo entiendo! –y luego baja la mirada- ¡pero para mí es muy importante saber el estado de salud de Salvador!

Ángela desvía la mirada que se le llena de lágrimas- ¡No se sabe nada! –le afirma- ¡absolutamente nada!

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Isabel se desespera- ¡Noté que estuviste muy mal y...! –y suspira- ¡Ángela! ¡algo debió haber pasado! –le ruega- ¿qué sucedió? ¡tú debes de saberlo!

Ángela la mira estudiándola con desconfianza y luego decide decirle la verdad- ¡Salvador se está muriendo Isabel! –y sigue con rabia- ¿eso es lo que querías escuchar?

Es evidente que eso no es lo que quería escuchar Isabel pero no dice nada.

-¡Pero una cosa sí te digo! –le amenaza Ángela- si algo le pasa –y la voz se le quiebra- ¡yo voy a hacer que se investigue a fondo!

(bueno... ¡si algo le pasa!  Como que si le pasó algo ¿no? Porque una bala en el estómago, no es cualquier cosa... claro que mis informantes secretos por el mundo me contaron que Mario se anda paseando por el aeropuerto de Barajas... o sea que todo este lío de la bala y el coma... ¿no será que Mario está por España? Lol!!!)

-¡Pero si! –se queda sin habla Isabel- ¡la policía vino ayer y.. la policía recibió toda la información que solicitó y...! –se queda asustada.

-¡Una información muy dudosante parece! –le dice Ángela con rabia.

(dudosante??? Espero haber escuchado mal, porque esta palabra no la conozco para nada... supongo que quiso decir dudosa)

-¡Unos ladrones que dispararon a Salvador! –Angela la mira con sospecha mientras Isabel desvía la mirada- ¡y solamente lo vio Walter! ¿no?

Isabel suspira con cansancio.

-¡Falta comprobar si eso es cierto! –sigue Ángela temblando- ¡o fue una trampa para atentar contra su vida!
-¡Ángela! –exclama Isabel.

-¡Ninguno de ustedes lo quería en esta casa! –grita Ángela.

-¡Y qué es lo que estás insinuando! –le grita Isabel con la voz que le tiembla- ¿qué nosotros lo matamos? ¡respóndeme!

Ángela la mira con rabia y trata de entrar a su cuarto.

-¡Ángela por favor respóndeme! –Isabel la toma del brazo- ¡respóndeme!

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-¡Isabel! –llega gritando Andrés- ¡Suéltala! –Isabel la suelta y Andrés enfrenta a Ángela- ¿estás tan resentida por lo que le pasó a ese culpable que ves culpables en todas partes?

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Andrés la ataca- ¡cuando los únicos culpables son tú y él! Nadie más.

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-¿Qué estupideces estás diciendo? –le grita Ángela con rabia.

-¡Tú por mantenerlo trabajando en esta casa! –sigue Andrés- ¡y él por quedarse! para desafiarnos nada más.

Isabel tiembla sin decir palabra.

-¿Quién le pidió que persiguiera a los ladrones? –le reclama Andrés a Ángela- ¿eh? ¡él se metió en el bosque por su propia cuenta! –le subraya- ¿así que por qué nos culpas?

-¡No importa lo que digan! –Ángela los mira con odio- ¡yo voy a hacer que esto se investigue a fondo!

-¡Haz lo que se te dé la gana! –la reta Isabel- ¡si esa va a ser la única manera que vas a desquitar tu coraje contra nosotros! ¡haz lo que se te pegue la gana!

-¡No puedes ocultar tu interés por ese tipo! –le susurra Andrés al oído pero Isabel escucha- ¡sólo deberías sentir desprecio!

Ángela los mira a los dos con desprecio y entra a su cuarto.

Isabel se queda descompuesta y Andrés se limpia la boca, con ese gesto que tiene tan desagradable y la mira con desconfianza.  Isabel sostiene la mirada pero tiembla.

*

Ángela entra a su habitación y se sienta en la cama llorando desconsolada. Toma la foto de su papá en las manos como pidiéndole ayuda y luego se tira en la cama desesperada.

*

Bar.

Camilo llega del exterior- ¡Buenas días doña Gaetana!

Gaetana que pasó una mala noche- ¡Ay! Menos mal que llegaste –suspira- ¡llegué a pensar que no ibas a volver! –y le levanta el dedo índice.

-¡Usted sabe que yo no sería capaz de semejante trastada! –le reclama Camilo y luego la mira y le ve las ojeras-¿pasó mala noche, no es cierto?

-¡Si! –y Gaetana levanta otra vez el índice- ¡no pude pegar el ojo en toda la noche! Me parecía estar escuchando la voz de Salvador... ¡y sus pasos! Como si hubiera regresado de un momento a otro – y se levanta- ¡Vente! Vamos al hospital porque tengo que averiguar.

-¡Prométame que usted no va a cometer ninguna imprudencia! Y que solamente yo voy a entrar al hospital. A usted no deben verla por ahí... ¡sería muy comprometedor!
-¡Camilo! –le corta Gaetana- ¡si tengo la oportunidad de entrar! –y lo mira firme- ¡entro! ¿quedó claro? ¡vamos!
Y ambos salen.  Al salir se encuentran con Matilda muy fresa- ¡Pero qué casualidad mis amores! –les saluda- ¡los tres muy madrugadores!  ¿y se puede saber adonde van?

 Matilda está vestida muy colorida y muy simpática, con una flor en el pelo.

-¡Nosotros tenemos muchas diligencias que hacer Matilda! –Gaetana le contesta de malhumor- ¿pero tú qué diablos haces aquí a esta hora también?

-¡Ay! –suspira soñadora- ¡es que no me aguantaba las ganas de contarles la gran noticia! –y agranda los ojos- ¡mi hombre me propuso matrimonio! ¡Ah! –suspira- ¡y si hubieran visto con que estilazo lo hizo!

Gaetana abre los ojos como platos y mira a Camilo que le devuelve la mirada.

-¡El que es tan machote y tan rudo! –suspira mientras Gaetana busca paciencia- ¡me invitó a caminar por su jardín floreado, poquita luz, música romántica! Nos tomamos unas buenas copas... ¡bailamos muy apretaditos, mejilla con mejilla!
Camilo la mira con ganas de reír pero se aguanta- ¡Besitos en la oreja, palabras bonitas de parte y parte! Y ¡zaz!... –hace una pausa para aumentar la tensión- ¡cuando menos lo esperaba lo sentí en el dedo! –y les muestra el anillo- ¡me propuso matrimonio! ¿qué tal?

Gaetana impaciente le dice a Camilo- ¡Vamos Camilo!

-¡Hey! ¿tanta frialdad con lo que les estoy diciendo? –se enoja Matilda- ¿se quedan impávidos?

Gaetana se detiene- No, para nada –le dice mustia y luego le dice a toda velocidad sin pausas- ¡Felicitaciones Matilda, te deseamos toda la felicidad en tu nuevo matrimonio, pero nosotros estamos apurados y nos vamos! –y tomando a Camilo del brazo trata de marcharse.

-¿Y Salvador se fue? –pregunta Matilda inocentemente.

Los dos se quedan de una pieza.

-¡Salió muy temprano Matilda! –miente Camilo.

-¿Y tú no le llevaste al trabajo como todos los días? –se sorprende Matilda.

-Es que... ¡Se le presentó un viaje de negocios a último momento! –improvisa Camilo- ¡y tardará varios días en regresar! –y mira a Gaetana buscando ayuda.

Gaetana asiente- ¡hum!
Y Camilo sigue- ¡Bueno! Si es que regresa... ¡Ay! –grita de dolor cuando Gaetana le da tremendo golpe.

-¡Vamonos hombre! –ordena Gaetana.

-¡Ay! –suspira Matilda- ¡yo sabía que tarde o temprano mi sueño se haría realidad! –suspira Matilda y se mete al bar- ¡por algo soy bruja!

*

Una carretera.

Simón conduce, atrás van su madre y su hermano- ¡Si ya decía yo que algo malo iba a pasar! Los cuentos que le inventaron a mi Salvador y a Ángela, el problema de mi hermano... ¡y para rematar el chasco de anoche!

Antonio completamente ido mira por la ventanilla sin escucharlo.

-¡Si aquí hay algo muy extraño mamá! –sigue Simón.

-¿En qué estás pensando Simón? –Abigail.

(Abigail tiene unos súper elegantes lentes de sol... si, rectangulares, con nácar incrustado, deben ser de la actriz, porque a la humilde Abigail no le van para nada)

-¡Es que yo no me trago el cuento ese de los ladrones! –le habla y la mira a través del espejo retrovisor- ¡y mucho menos si el único que los vio fue el desgraciado de Walter!
-¡La señorita Ángela también tiene sus serias dudas! –le cuenta Abigail- ¡y fíjate que discutió fuertemente con el señor Andrés y con la señora Isabel!

(wow! Y esto? Ahora Abigial es medium, porque no hubo manera que se enterara de este detallito)

-¡Esos dos se traen algo entre manos! –dice Simón- ¡y mucho más don Andrés que ahora anda de compinche con el vampiro ese de Walter! Si esos son capaces de cualquier cosa... ¡andan para arriba y para abajo juntos!
La cámara enfoca a Antonio que sigue ido y mirando por la ventanilla, pero sus ojos están alertas y parpadea varias veces, dando a entender que no se pierde detalle de la conversación.

-¡Mira hijo! –le corta Abigail- ¡yo lamento profundamente lo ocurrido! Pero en este momento debemos ocuparnos de Antonio –y lo mira.

-¡Ya veremos que dice el especialista! ¿no?

-¡Yo a veces no sé que pensar! –sigue Abigail- ¡me parece que no tiene nada pero creo que está como abstraído mentalmente! Como si quisiera protegerse de algo.

-¡Si!-admite Simón mientras se concentra en el camino- ¡yo también pienso lo mismo! Pero bueno.. ¡quién quita que tenga algo malo en la cabeza! ¿no?

-¡Dios quiera que el especialista pueda ayudar!

-¡A quien yo creo que no se va a poder ayudar es a Salvador! –suspira Simón.

-¡Yo me resisto a pensar que esté al borde de la muerte! –suspira Abigail- ¡daría lo que sea por verlo por última vez!

Antonio sigue mirando a la distancia.

*

Mansión.

En su habitación Ángela habla con Valeria- ¡me gustaría verlo y hablar con él! Aunque fuera la última vez.

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-¿Tan mal está? –suspira Valeria y se sienta en la cama.

-¡Los médicos no dan ninguna esperanza!
-¡Ah! –suspira triste Valeria- ¡Salvador no se merece eso! Él es un buen hombre, aunque Isabel y Andrés piensen lo contrario.

Ángela llora- ¡Es que... si él se muere para mi va a ser terrible! –le confiesa- ¡él ha estado de mi parte todo el tiempo! Protegiéndome, aconsejándome... ¡ayudándome como lo haría un hermano o un padre! Y sin embargo parece que su muerte es inevitable.

-¡Pero es que tienes que descansar Ángela! –suspira Valeria- ¡no has dormido nada!

-¡Es que es inútil Valeria! Ni siquiera sé que hago aquí ahorita... –llora- ¡te juro que no puedo con esto!

-Bueno, Simón iba a venir para llevar Antonio al doctor –dice Valeria.

-¡Antonio! –grita Ángela- ¡con tanto problema se me olvidó! –y se levanta para salir del cuarto.

-¡No te preocupes! –la detiene Valeria- Simón y Abigail lo están cuidando.

Ángela suspira- ¡Está bien! Tienes razón... entonces... ¡voy a llamar al hospital! No creo que me den ninguna información, pero tal vez Dios se apiade de Salvador y nos conceda un milagro –y toma el teléfono y llama.

-¡Yo también espero que ocurra! –suspira Valeria.

*

Hospital.

Música de ultratumba... el sonido del viento... y el bip-bip de los aparatos.  Enfoque primer plano a Salvador... vemos sus pensamientos.

“¡Tómelo como quiera! ¡cómo se le pegue la gana pero prepárese porque va a conocer quien es Isabel Arroyo! – le decía Isabel temblando de rabia y respirando entrecortadamente- ¡si usted no se va por su propia voluntad entonces yo voy a encontrar la manera de librarme de usted! –y tragando aire desesperada- ¡le juro que voy a encontrar la manera de librarme de usted así tenga que llegar a cualquier extremo!”

La cámara vuelve al cuerpo inerte de Salvador... y por unos segundos Salvador entreabre los párpados... y luego vuelve a recordar.

“a Azur que ladra nerviosamente- ¿Qué pasa Azur? –Salvador le pregunta inquieto.  En ese momento Andrés dispara y la bala le entra a Salvador en el estómago... ¡Salvador abre los ojos sorprendido!”

 (hum.... aquí hay una duda... resulta que por la manera en que la cámara enfoca... ¡y más todavía si Salvador RECUERDA esto! Entonces Salvador sabe quien le disparó... pero como yo ya he visto los próximos cinco capítulos, sé perfectamente que Salvador no sabe que fue Andrés quien le disparó... ¿error de la novela?)

La cámara enfoca el rostro de Salvador... ¡y este abre los ojos alerta y vívidamente! Y luego de unos segundos... los vuelve a cerrar.

*

Supercarretera.

Pilar conduce raudamente junto a su amiga Rebeca- ¡ay que impaciencia la tuya! –dice mientras controla el tráfico- ¡hoy estas más acelerada que nunca! Prácticamente me sacaste de la cama... ¡en pijamas!
-¡Es que tengo que consultar urgentemente a Matilda! Sino no te hubiera molestado Pilar.

-¡Ay si supieras la trasnochada que tengo! –suspira Pilar- ¡anoche me pegué una escapadita! –y sonríe con picardía- ¡y regresé de madrugada! –y se queda un rato en la luna disfrutando todavía de su ‘escapadita’.  Vuelve a la realidad- ¡Bueno, pero cuéntame! ¡ cuéntame! ¿conseguiste TODO lo que te pidió Matilda?

-¡Por fin tengo lo más importante! –le cuenta Rebeca.

-¡Ay! –ríe Pilar- ¿cómo te las ingeniaste amiga? –le mira pícara- ¿por fin tu Sansón se dejó cortar mansamente un mechón de cabello?

-¡No fue así! Fue accidental.

-Entonces me tienes que contar con pelos y señales... ¡estoy que me muero de la curiosidad!
-No –le corta Rebeca- ¡ahora no hay tiempo! –la mira- ¡ahora no hay tiempo para dar explicaciones! Apura este bendito auto –sonríe ganadora- ¡estoy loca por reunirme con esa dichosa mujer!
-¡No! No, no ¡no me aceleres a mi también! –dice preocupada con el tráfico- Y relájate mujer que te vas a morir de los nervios... ¡tanto estrés arruga la piel! –le advierte.

Rebeca preocupada con los dedos se estira la piel de la sien.

*

Hospital.

En el auto Gaetana espera muy nerviosa y cuando Camilo sube lo interroga- ¿Qué pasó? ¿pudiste averiguar algo?

-¡Ah! –suspira Camilo- tuvieron que operarlo de emergencia, ahora lo tienen en un cuarto bajo observación y tiene prohibidas las visitas.

-Pero... ¿está fuera de peligro o está grave?

-¡Doña Gaetana! –Camilo se pone serio- será mejor que nos hagamos a la idea de que nunca más veremos a Salvador.

-¿Por qué dices eso? –pregunta Gaetana con cara compungida.

Camilo mueve la cabeza negativamente- Parece que Salvador no va a sobrevivir... ¡una enfermera me aseguró de que agotaron todos los recursos! –le anuncia- ¡solamente esperan su muerte de un momento a otro!
Gaetana se tapa la boca y luego desesperada trata de bajar pero Camilo la detiene del brazo- ¡Doña Gaetana! Por favor ¿qué va a hacer? ¡tranquilícese! ¡todo será inútil!

-¡No! –Gaetana mueve la cabeza desesperada- ¡es horrible! Yo no... –la voz le tiembla- ¡yo no me puedo acostumbrar a la idea! –y levanta el índice llorando- ¡no me puedo hacer a la idea de que Salvador se va a morir!  -y luego lo mira horrorizada- ¡que no lo voy a ver nunca más Camilo! ¡noo!! –grita- ¡esto es horrible!  -y los sollozos la sacuden.

Camilo la abraza- ¡Hay que ser fuertes!

*

Apartamento Felipe.

-¡Ay don Felipe! –gime Cantaleta... perdón, Cantalicia mientras pasa un estropajo por el suelo cansinamente- ¡cuando pienso que nunca más voy a ver al Salvador! Siento como que se me encoge el alma... ¡y que se me van agarrotando las tripas!
Felipe dibuja y no le hace caso.  El niño Moncho mira muy concentrado los trazos de Felipe mientras se come un chocolate.

-¡Ay es que sería tan triste que Diosito no me hiciera el milagro de devolvérmelo! –sigue Cantalicia mientras mueve sin ton ni son la balleta.

-Tenga paciencia Cantalicia –le dice Felipe distraídamente y sigue pintando- ¡tenga paciencia!
-¡No! Pues si paciencia tengo... ¡lo que pasa es que a veces se me acaba! –y de pronto ve la fascinación del niño- ¡Moncho! –lo llama- ¡deje de ver esas cochinadas mijo que se va a ir directo para el infierno!
-¡Qué infierno ni que ocho cuartos! –se enoja Felipe y pierde su concentración- ¡no regañe a ese muchachito por tonterías! Déjelo que vea el cuerpo humano desnudo, pero con naturalidad y sin malicia.

Cantalicia le soba la cabeza a Moncho y le dice- ¡Mijo, no moleste a don Felipe mientras pinta a esos mamarrachos! ¿si?

-¡Mamarrachos! –gruñe Felipe- ¡Mamarrachos! ¡no! –y se levanta furioso de su banco- ¡mire yo a usted no le respondo en este momento porque me va a terminar por amargar el día! ¡Mamarracho no faltaba más! –y ya sin poder seguir cubre la pintura.

-¡Don Felipe! –gime Cantalicia- ¡Don Felipito! ¿y no será que llamamos a la casa grande? –le ruega- ¡a ver si nos dan razón del Salvador!
-¿Y para que? –le gruñe Felipe- ¡Para que! ¡esa señora dijo que se iba a comunicar conmigo! ¿verdad? –y limpia los pinceles- ¡bueno! Vamos a darle tiempo... ¡no la atosiguemos porque de repente se molesta, se enoja y nos manda a freír espárragos!

Moncho aprovecha que discuten y levanta la sábana que cubre la nueva pintura para admirarla.

-Bueno ¿pero que tal si se le olvida? –y Cantalicia se abraza toda compungida a su balleta.

-¡Si se le olvida! Yo le refrescaré la memoria –y luego sigue fastidiado- ¡y ya deje de molestarme! ¡de perseguirme con el asunto ese de buscar a su marido! Aunque sea por un momento –y de pronto ve al niño- ¡y en vez de estar berreando por ahí a cada rato por su marido ocúpese de bañar a ese niño que ya parece un monigote de sucio!  -le reclama.

-¡Oígame! –se yergue Cantalicia- ¡pero es que yo no lo quiero bañar don Felipe!
-¿Ah no? –abre los ojos espantado.

-¡No, no, no! ¿no ve que eso es muy perjudicial para la salud?

Felipe se toma la cabeza- ¿quién le dijo a usted semejante burrada?

-¡Mire no es una burrada! –se enoja Cantalicia- ¡y nadie me lo dijo! ¡yo lo sé! ¿por qué no ve que mientras Salvador estaba en el rancho y no le gustaba bañarse estaba bonito y sano? ¡fuerte como un toro! –lo mira altiva- ¡pero luego, luego que los señores del hospital lo empezar a bañar todos los días...! –y baja la voz con  miedo- ¡se descompuso!
Felipe la mira un rato y luego le susurra- ¡Escúchame bien! –le dice amenazador- ¡el agua ni mata ni descompone! –y luego levanta la voz- ¡así que vaya a bañar a ese muchachito enseguida o de lo contrario le voy a mandar de regreso a su pueblo! –y furioso deja los pinceles y se marcha... pero se detiene- ¡Ah! y si... suena el teléfono... ¡usted responda que puede tratarse de la señora esa que puede darnos un recado acerca de su bendito marido!
-¿Ay y como hago yo para saber que es ella?

-¡Muy fácil Cantalicia! -junta paciencia- Usted le pregunta como se llama... ¿verdad? ¡ella se llama Rebeca Macedo! –y sale del cuarto.

Cantalicia se queda rascándose los brazos y luego mira al niño- ¡Moncho! Deje eso –y le señala la salida.  Moncho a regañadientes abandona la nueva pintura y sale.

* 

Bar.

Matilda se desespera- ¡Ay por Dios señoras! ¿en qué idioma les tengo que decir que esta no es mi casa? ¡no las puedo atender aquí!

Lupe las escucha.
-¡Pero siempre hemos venido aquí Matilda! –dice Rebeca con su voz aguda.

-¡Me encontraron de pura Casualidad porque ya me voy para mi casa! –las rechaza- ¡las espero ahí! ¿tienen mi dirección?

-¿Si vamos a su casa nos atenderá? –duda Pilar.

-¡Por supuesto mis amores! –les sonríe Matilda- ¡pero hoy es imposible! ¿eh? ¡ya me comprometí con otros clientes! ¡Ustedes tienen que pedir turno! –les advierte- ¡no me las puedo atender tan pronto aparecen!
-¡Ay por favor Matilda! –le ruega Rebeca- por favor no se niegue... ¡ya estamos aquí! Es que vivimos en el otro lado de la ciudad y cuesta mucho trabajo llegar.

-¡Además le vamos a pagar el doble por la consulta! ¿de acuerdo? –ofrece Pilar de manera muy inteligente.

Esta oferta interesa enormemente a Matilda que responde- ¡Esperen un momento! –y luego toma a Lupe del brazo y la lleva a un rincón- ¡Ay Lupita! Estas me va a chiflar si no las atiendo... ¿habrá algún problema si pasamos a la sala?

Lupe se pone como un perro guardián- ¡Sabe que si! –le responde de mala gana- ¡recuerde que mi jefecita no puede ver ni en pintura a esa vieja! Lo siento... ¡pero ni amarrada las voy a dejar entrar!
-¿Por qué no? –le suplica Matilda- ¡si Gaetana no está!

-¡Lo más probable es que no se demore! –le advierte Lupe- ¡puede llegar en cualquier momento! Nunca se sabe.

-¡Te prometo que las despacho a mil! –le promete- ¡sólo necesito diez minutitos Lupita! –le ruega- ¡no sea mala gente! Mire que...

-¡Ay ya! –se desarma Lupe- está bien... ¡pero solo diez minutos! Sino me meto en problemas con doña Gaetana.

-¡Ay Lupita eres un encanto! –y trata de abrazarla.

-¡No me toque! –grita Lupe.

Matilda la ignora- ¡Está bien! –se dirige a Rebeca y a Pilar- ¡señoras! Vamos rapidito que no tengo mucho tiempo... ¡vamos!
Pilar se disculpa- ¡Entra Rebequita! Yo te espero en el auto y aprovecho para pestañear un poquito.

-¡Si! Si, si –dice Rebeca toda alocada- ¡va! –y corre detrás de Matilda.

*

Cuando llegan a la sala de Gaetana- ¡Adelante! Adelante mi reina –la hace entrar Matilda- vamos a sentarnos en aquella mesa.

-¡Matilda, no se demore! –le advierte Lupe- ¡no se demore!
-¡Tranquila mi amor! y corra a hacer sus oficios que yo me encargo de mi amiga Rebeca... ¡venga pase por favor! –y toma asiento- ¡siéntese por aquí! –y suspira- ¡me imagino que no habrá venido con las manos vacías! ¿verdad?

-¡No! –Rebeca sonríe complacida.

-¿Me trajo todo lo que le pedí?

-Bueno... claro... ¡todo, todo!

-A ver...

Rebeca busca en su bolso y le pasa un pañuelo - ¡Aquí tiene las uñas y el mechón de cabello! –y de pronto se angustia- ¡me faltó la sobra de la copa!

-¡Ah! eso no es importante –la consuela Matilda- ¡esto es lo más importante! Bueno.. y naturalmente la fotografía –la mira dudando.

Pero Rebeca sonríe triunfante- ¡Si claro! –y le pasa el recorte de periódico doblado en cuatro.

Matilda lo recibe y empieza a desdoblarlo cuando se queda pálida.

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En la pieza acaban de entrar Gaetana y Camilo. 

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Gaetana las mira como para asesinarlas.  

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Rebeca la mira sorprendida y frunce el entrecejo.

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*

Mansión.

En su habitación Isabel no tiene paz.  Se pasea nerviosa de un lado a otro sin detenerse.  

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Se apoya en la cama.

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y luego vuelve a caminar aquí y allá.   Se detiene y toma una decisión y sale de su cuarto.

Al salir al pasillo se encuentra a Walter que simula arreglar cuadros. Isabel se detiene y lo fusila con la mirada hasta que Walter nervioso decide marcharse.  Una vez a solas Isabel se dirige a la puerta de Ángela... 

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levanta la mano para golpear... pero cambia de opinión y abre la puerta sin golpear.

 Ángela la recibe de mala manera- ¿Que se te ofrece Isabel?

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Isabel cierra la puerta detrás.

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Se muerde los labios y se acerca-¡Perdón Ángela! –y suspira tomando fuerzas- ¿podrías olvidar todo lo que te dije de Salvador? Y... –y duda- ¿y llevarme al hospital? Porque tengo verlo –le ruega- ¡necesito verlo!

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Ángela la mira sorprendida.

*

Bar.

Rebeca mira a Gaetana- ¿no nos hemos visto antes señora?

-¡Apuesto a que usted lo recuerda! –se burla Gaetana mientras tira su bolso en una silla y se acerca a ellas- ¡señora! –dice con desprecio.

-¿Qué hace usted aquí? –le reclama Rebeca.

Gaetana sonríe burlona- ¡digamos que soy... colega de la Matilda!

Matilda que está blanca como un papel, deja el recorte y se acerca a Gaetana- ¡Te juro que no fue mi intención abusar! ¿eh? Sé que tengo prohibido atender a mi clientela en tu casa... ¡pero la señora tenía una urgencia y prácticamente me obligó!

Rebeca la mira con disgusto arrugando la cara.

-¿Así que usted es clienta de la Matilda? –y Gaetana toma el lugar de Matilda y mira el recorte.  Enseguida reconoce a Salvador y toma el recorte entre sus manos- ¿Qué busca señora?

-¡Suelte eso! –le grita Rebeca.

-¡Déjeme decirle una cosa! –le grita Gaetana- si usted quiere un buen trabajo de brujería va a tener que conseguir otra foto –y le muestra el recorte doblado- ¡porque esta es horrenda! –y la hace pedacitos ante los gritos de Rebeca y Matilda.

-¡Gaetana! ¿qué haces? –Matilda.

-¡Qué lástima señora! –sigue Gaetana con sorna- ¡siendo tan distinguida! ¡la gran dama! ¡tía de Isabel Arroyo! Consultando a una bruja de pacotilla.

-¡Cállese! –se asusta Rebeca- ¡no mencione nombres!
-¡Estoy en mi casa y puedo mencionar lo que a mi me da la gana! –le grita Gaetana- ¡Ay! Me encantaría ver la cara de su sobrina... ¡y la de su esposo! –y levanta las mano- ¡Andrés Corona!
Rebeca se pone muy nerviosa.

-¡Dígame una cosa señora! –sigue al ataque Gaetana- ¿de quien está enamorada? ¿a quien pretende atrapar?

-¡Usted es una arpía! –grita Rebeca descontrolada.

-¿Y usted quien es? –le grita Gaetana- ¡una santa! –se burla- ¡es que le debería dar vergüenza! Pero claro... ¡pero a usted no le corre sangre por las venas!
-¡Atrevida! –grita Rebeca desaforada- ¡mil veces atrevida! ¡no diga ni una tontería más! –y gruñendo furiosa se marcha gritando- ¡atrevida mil veces!

Matilda al quedar a solas con Gaetana le reclama- ¡Esto no lo soporto! Está bien que sea tu casa pero eso no te autoriza a atacar a mi clientela a las patadas... ¿qué clase de amiga eres?

-¡Te advertí mil veces que no quería ver a esa bruja en mi casa! ¡más de mil veces! –le grita.

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-¡El hecho que no te guste no te autoriza a espantarla con tus insultos!

Camilo que se da cuenta que la situación está fuera de control llama a Lupe.

Matilda toma a Gaetana de los hombros y la sacude con rabia-¡Eso te pasa por bruja! 

Y Gaetana la agarra de los pelos y le da un golpe.  Matilda no se queda atrás y se le cuelga de los pelos mientras todos gritan.  Camilo trata de separarlas y recibe tremendo puñetazo de Gaetana que estaba destinado a Matilda.  Terminan rodando por el suelo con Lupe y Camilo tratando de separarlas.  Lupe aprovecha para darle un golpe a Matilda.

*

Un café desconocido.

Rebeca muy nerviosa entra seguida de una Pilar asombrada.

-¡No debí visitarla! –se queja Rebeca mientras toma asiento- ¡no tenía que creer en esa bruja habladora! –y golpea la mesa con los puños.

-¡Por favor trata de calmarte! –Pilar.

-¡No me calmo!  ¡No me calmo!  ¡No me calmo! –repite Rebeca- ¡quiero morirme de una buena vez!
-Por favor no digas eso... ¡trata de tranquilizarte!
-¡Prefiero la muerte!
-¡Ya! –le corta Pilar y ordena- ¡por favor tráiganos un café y un vaso de agua! –y cuando el mozo se aleja- ¿Qué demonios te pasó en esa casa? Saliste de ahí pálida y desencajada... ¡con un ataque de histeria! Me tienes alarmada amiga.

-¡Soy una estúpida! La más ilusa y la más estúpida de todas las mujeres –se autocompadece Rebeca- ¡eso soy!

-¡No, no, no! ¡no es para tanto!

-¡Si ni en  mi juventud cometí tantas locuras juntas como ahora Pilar! –gime Rebeca dolido- ¿qué diablos me está pasando? ¡no me conozco! –dice con la voz quebrada- ¡conozco a un hombre mucho más joven que yo! Me enamoro... ¡y el mundo se me viene patas arriba!

-¡Amiga! No lo puedo creer... ¡tómalo por el lado positivo! Piensa que todo esto es parte de la vida.

-¡Pilar por favor! –le corta Rebeca- ¡nunca me imaginé cortando uñitas y mechones de cabello para llevárselos a una bruja! –y de pronto reconoce amargamente- ¡qué razón tenía esa mujer cuando me dijo que era una vieja ridícula!

-¡Ah! –Pilar se queda espantada- ¿Matilda se atrevió a insultarte?

-¡No! No, no... ¡la otra mujer! –le cuenta Rebeca- ¡la que estaba allí, que apareció de momento! No me acuerdo su nombre... ¡pero a esta mujer yo la conozco! –y hace un esfuerzo- ¡claro! ¡ella iba a visitar la casa y era muy amiga del viejo Donoso!

-¡Ay ya entiendo! –suspira Pilar- ¡es que ofuscaste porque fuiste descubierta por alguien conocido! ¡eso fue lo que pasó!

-¡No sólo eso! –admite Rebeca con sinceridad- ¡la verdad es que yo comprendo que estoy detrás de un imposible! Tú no sabes Pilar –y dice con dolor- ¡pero el hombre que amo se está muriendo Pilar!
Pilar abre los ojos con cara de espanto- ¡Tú no me habías contado algo tan terrible Rebequita!

-¡Agonizando en el hospital! –suspira Rebeca con amargura- ¡y yo, pobre estúpida! Haciendo cosas para conquistarlo.

Pilar la mira con los ojos abierto como platos y se calla.

-¡No se salvará! –de pronto dice Rebeca con certitud- ¡y no será mío! –y luego agrega con maldad- ¡pero tampoco será de ninguna otra mujer Pilar! ¡tampoco!
Pilar la mira sin decir palabra.

*

Hospital.

Salvador yace sin recobrar el conocimiento.

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 La puerta se abre y aparece Isabel

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Isabel entra seguida de Ángela.

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  Isabel se acerca a la cama lentamente.

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y lo mira con dolor.

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Ángela se queda alejada. 

Isabel le habla- ¡Salvador! –le susurra

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-¡Soy Isabel! –suspira para juntar fuerzas- ¿me escucha? –y los ojos se le llenan de lágrimas.

*

Casa de Gaetana.

Lupe y Camilo arreglan los estragos de la pelea.

-¡Esto nos pasa por meternos en peleas de viejas furiosas! –se queja Camilo mientras recoge cosas tiradas por todos lados- ¡recibí dos bofetadas y no sé cuantas patadas!

-¡A mí no me fue mejor! –le dice Lupe- ¡pero si no las separamos se matan a golpes Camilo! –y luego se preocupa- ¡Ay Dios mío! Mi jefecita no me va a perdonar que yo haya dejado entrar a esa mujer.

Camilo se acerca rápidamente a consolarla- ¡Pero tú no tienes la culpa! –le consuela- ¡la responsable es la abusiva de Matilda! –y la abraza con amor- ¡ven acá mi amor! ¡ven acá! Ve a ver como sigue doña Gaetana ¿si? Que yo me encargo de arreglar todo este despelote –y la manda con un besito.

 (¡Este Camilo es divino! ¡Está como para comérselo!)

Lupe se marcha y Camilo sigue arreglando el lugar.  De pronto encuentra en le suelo el mechón de cabellos de Salvador- ¿y esto? –se pregunta y lo recoge.  Lo observa y luego se mata de la risa- ¡Estas se arrancaron hasta las mechas! ¡estas bárbaras! –y ríe a carcajadas- ¡la pelea fue a muerte! ¡o sí! ¡si señor! –y luego tira el mechón a la basura.

*

Lupe entra a la habitación de Gaetana y la encuentra en un estado calamitoso. Todavía llorando y con todo el maquillaje corrido.

-¡Ay mi jefecita! –la  abraza- ¡cálmese! Mire que no me gusta verla sufrir.

-¡Ay Lupe! –sufre Gaetana- ¡no quise pelear de esa manera con la Matilda! Bueno.. Yo sé que la pasamos noche y día como perro y gato... pero... ¡llegar a los puños! –se escandaliza.

-¡Bueno! Es que usted estaba muy nerviosa.

-¡No! Yo más que nerviosa lo que estoy es desesperada... ¡si yo ataqué a Matilda fue para evitar que descubriera la verdad! ¡ojalá que no haya visto la foto que trajo la Rebeca! –dice furiosa.

-¡Con el zafarrancho que hubo no creo que tuvo tiempo! –dice Lupe.

Gaetana  de pronto cambia completamente y se pone muy triste- ¿Qué importa? ¿ya para qué? –y empieza a llorar- ¡si Salvador se está muriendo! –y mira a Lupe desesperada- ¡Ay Lupe! Lo voy a perder... ¡lo voy a perder! Y no puedo hacer nada por él... ¡él confió en mi! ¡él confió completamente en mi! Y yo precisamente ahora no puedo hacer nada para ayudarlo... ¡nada! –y apoya la cabeza sobre el pecho de Lupe que la abraza muy fuerte y llora desconsoladamente.

*

Hospital.

Isabel temblando y llorando le habla a Salvador- ¡No sabe cómo...! 

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–y se le quiebra la voz- ¡cómo deseo que pudiera hablar o al menos...! –y las lágrimas le corren por las mejillas

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- ¡o al menos pudiera escuchar! –y le susurra- ¡hay muchas cosas que yo quisiera hablar con usted! La verdad es que no me resigno a aceptar su muerte... sin... ¡sin platicar con usted aunque sea una sola vez!

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Y mira el cuerpo inerte de Salvador.

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-¡Es inútil Isabel! –le dice Ángela- ¡él no puede escucharte! Mejor vámonos de aquí.

-¡No quiero! –se niega rotundamente Isabel.

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-¡Es que la enfermera solamente nos dio cinco minutos! –le recuerda- ¡las visitas están prohibidas!

Isabel sigue llorando y le toma la mano a Salvador, se la acaricia y luego suavemente la vuelve a posar sobre la cama.

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 Luego de un gesto brusco da la vuelta y sale de la habitación.  Ángela al quedar a solas con Salvador se acerca y lo mira con el rostro bañado en llanto.

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Momentos después también sale.

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*

Mansión.

Valeria está sentada en el jardín.

-¿Cómo te sientes Valeria? –se acerca Simón- ¡no me gusta verte triste! –se sienta a su lado- ¿qué pasó con el piano? Ya no volviste a practicar.

-¡Es que con todo lo que ha pasado he estado muy nerviosa Simón! Y con nada de ánimo.

-La situación está muy difícil –reconoce Simón.

-¡Y tú aunque simules estar de buen humor! Tampoco puedes ocultar la tristeza.

-¡Si! Es cierto –reconoce- cuando las cosas se ponen difíciles prefiero hacerme el loco... ¡tantos problemas juntos terminan por deprimir a cualquiera! Yo también sufro mucho por mi mamá, por mi hermano y también por Salvador.

-¿Sabes? Isabel fue a verlo esta tarde y le dijeron que no hay nada que hacer... –dice Valeria muy triste- ¡que tenemos que prepararnos para lo peor!
-¡Si Salvador muere se va a llevar muchos secretos! –reflexiona Simón- ¡porque nunca terminamos de conocerlo como él nos conocía a nosotros!
-¿Tu que piensas de él Simón? –le interroga Valeria.

-¡No sé! Era muy misterioso... ¡en este momento no sé si fue bueno o si fue malo! ¿qué intenciones lo trajeron a esta casa? ¿qué quería con nosotros? No sé.... ¡eso sólo lo puede responder él!

-¡Yo pienso que era un hombre muy especial! –dice Valeria y se corrige- ¡digo, que es, porque todavía está vivo! –y luego agrega- ¡tan especial como don Pedro!

-Valeria –se inquieta Simón- ¿tú que sientes por Salvador?

Valeria suspira- ¡es que no sé! Podría decirte lo que siento por ti o por los demás, pero por él... ¡no sé! No podría explicarte lo que siento.

-¡Valeria! –se le acerca Simón con esperanzas- Y yo... ¿qué? –se corta- ¿qué te hago sentir?

Valeria le mira inocentemente - ¡Cariño Simón! –le responde sin dudar y le acaricia el rostro- ¡un cariño muy bonito!
Simón sonríe complacido-¡Eres bien correspondida! Porque yo siento eso y muchísimo más por ti.

Valeria le sonríe.

-¡Señorita Valeria! –les grita Vicky- ¿quiere pasar al comedor? En un rato vamos a servir la cena.

-¡Si Vicky! Voy enseguida –y se despide.

-Bueno, pues... –se resigna Simón- ¡me dio mucho gusto platicar contigo! Ya me siento mucho mejor.

-Y a mí me gustó mucho verte sonreír –y Valeria se aleja.

Simón se queda sonriendo feliz- ¡Afortunadamente todavía hay motivos! –se dice a sí mismo soñador.

*

Cae la noche.  Azur se pasea nervioso por el jardín.

En la habitación de Antonio y Simón, el doctor chequea a Antonio.

-¿Qué ha dicho el especialista? –interroga a Abigail.

-¡Pues nada doctor! Que tenía que hacerle un seguimiento para poder dar el diagnóstico. ¡La verdad yo lo veo muy confundido!
-¡Muchas cosas malas e inexplicables han sucedido en esta casa desde la muerte de Pedro José! –dice el doctor Duarte.

-¡Si! Así es... ¡la tranquilidad desapareció por completo doctor! A veces pienso que fue un error quedarme aquí –le confiesa- ¡yo sabia que después de la muerte del señor Donoso las cosas no iban a ser como antes! Intenté marcharme pero mis hijos me lo impidieron... ¿y para qué? –dice con amargura- ¡para esperar a que ocurrieran más desgracias como esta? –y mira a Antonio.

-¡No pierda las esperanzas Abigail! –la consuela- ¡no todo está perdido!

-¡Es que ya no sé ni qué pensar doctor Duarte! Siento que una maldición pesa sobre esta casa y que ninguno de los que vivimos aquí vamos a poder escapar de ella.

Antonio mira a lo lejos sin reaccionar a nada de lo que dicen.

*

En la habitación de Isabel.

Isabel está en su cama cuando irrumpe Andrés sin llamar- ¡Lo viste! –le reclama con rabia apenas entra- ¡fuiste a l hospital a visitarlo! ¡y con Ángela! –la mira furioso- ¡después de todo lo que le dijiste! –y se apoya sobre el pie de la cama- ¡la verdad es que no te entiendo Isabel! ¡no te entiendo!
Isabel sonríe con ironía- ¡La verdad es que me tiene sin cuidado si me entiendes o no me entiendes! –le aclara- ¡me importa un comino lo que pienses de mí!

-¿Te gustaría que ese tipo se salve? ¿verdad? –le pregunta Andrés muerto de celos.

Isabel levanta el mentón altiva sin responder.

-¡Te encantaría verlo otra vez en la casa! –sigue Andrés.

-¿Por qué tantas preguntas? –ataca Isabel.

-¡Porque quiero saber que piensas! –grita Andrés y golpea la cama con furia- ¿cómo quieres que esté tranquilo con todo esto?

Isabel sonríe con amargura- ¡Tú estarías tranquilo si Salvador se muriera! ¿no es cierto?

Andrés camina hasta un precioso ramo de alcatraces (flores blancas, en algunos países destinadas a los muertos)  y toma una flor

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- ¡Su muerte es inevitable! –anuncia y posa la flor sobre la cama de Isabel.

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Isabel pierde la sonrisa y luego de mirarlo intensamente le susurra lúgubremente- ¡lo sentí cuando estuve cerca y me transmitió ese frío intenso! –y sigue con voz ronca - ¡es el mismo frío que yo sentí cuando me acerqué a los cadáveres de mis padres... ¡o al de Pedro cuando murió en este cuarto!

Andrés la mira serio.

-¡Así frío e insoportable y penetrante! –sigue Isabel y luego le sonríe- ¡es el frío de la muerte Andrés! –le mira a los ojos.

Andrés traga saliva asustado.

*

Hospital.

Un médico chequea el estado de Salvador, mira a una enfermera y mueve negativamente la cabeza.  Salvador yace siempre inconsciente sobre la cama.

*

Mansión.

La familia feliz cena, Isabel y Andrés en la cabecera y Valeria y Rebeca a la derecha de Isabel.  El lugar de Ángela vacío como siempre.  Abigail sirve el vino. 

Andrés decide divertirse y pregunta- Abigail... ¿el especialista vio a Antonio?

-¡Si señor! –responde ésta sin sospechas- ¡pero no ha dicho nada! ¡todavía no tiene el diagnóstico!

Isabel que ve las intenciones de Andrés deja de comer y lo mira de mala cara.

-¡A lo mejor si lo tiene y no se lo quiere decir! –le dice fríamente Andrés mientras Abigail lo mira espantada- ¡yo que usted me prepararía para una mala noticia! –y al ver la cara- ¡Ahora no me mire así! Hay que aceptar que Antonio tuvo un ataque y que quedó como un vegetal.

Abigail suspira horrorizada.

-¡A mucha gente le ha pasado! –sigue Andrés- de un momento a otro quedan como muertos en vida –y sigue comiendo tranquilamente.

Abigail sale corriendo.

-¡Andrés! ¿por qué dices cosas tan horribles? –se enoja Valeria- ¡eres una porquería!

-¡Valeria! –grita Rebeca con su voz aguda- ¡mide tus palabras!

-¡Pues entonces que sea más cuidadoso con lo que dice tía! –y se levanta enojada y mira a Isabel- ¡y preferiría no sentarme a comer con ustedes cuando Andrés esté presente! –y se marcha.

Andrés abre los ojos fingiendo sorpresa- ¿No me vas a defender de los ataques de tu prima? –le reclama a Isabel.

-¿Por qué quiere que te defienda? –se enfurece Isabel- ¿tú por qué crees que lo dice? –le grita- ¿no tiene toda la razón?

*

En la habitación de Simón y Antonio.

Antonio lee su libro “Vida después de la muerte”

“El moribundo tiene la impresión de chocar con una especia de barrera o de frontera, pero una fuerza indescriptible no lo deja volver atrás, se fascina por lo que descubre en el más allá”

Antonio levanta los ojos.

*

Hospital. Vemos a Salvador y escuchamos la voz de Antonio.

“Se deja dominar por los sentimientos de intensa paz, de alegría y de amor.  Todos los que se han librado de la muerte afirman haber sentido la inmensa y plena alegría. ¡La muerte es la verdadera liberación!”

*

En la habitación de Simón y Antonio.

Antonio sigue leyendo “Y es el premio por el valor de haber vivido un plano terrenal”. Antonio cierra el libro y se saca los lentes.

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Ángela entra lentamente- ¡Antonio! –le llama- ¡Antonio respóndeme! –pero Antonio sigue lejos y no la mira.

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Ángela toma el libro entre sus manos

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y se pone a leerlo.

*

FIN DEL CAPITULO

 
 
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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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