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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 75: martes 1 de noviembre de 2005 – ¡REBECA Y CANTALICIA!

*
Mansión.

En la habitación de Simón y Antonio.

Antonio sigue leyendo “Y es el premio por el valor de haber vivido un plano terrenal”. Antonio cierra el libro y se saca los lentes.

Ángela entra lentamente- ¡Antonio! –le llama- ¡Antonio respóndeme! –pero Antonio sigue lejos y no la mira.

Ángela toma el libro entre sus manos y se pone a leerlo.

 *

Andrés, Rebeca e Isabel siguen en la mesa.

-¡Yo creo que Ángela tiene que encargarse de todo lo relacionado con el funeral! –comenta Andrés mientras come- Al fin de cuentas es su empleado personal y nosotros no tenemos ninguna obligación con él.

-¡No! No, no ¡espérame tantito! –le corta Isabel molesta- ¡nadie se ha muerto! –y toma su copa de agua y la posa con rabia en la mesa- ¡Salvador no se ha muerto como para que estemos hablando de funerales!
-¡Isabelita tiene razón! –se espanta Rebeca- ¡cambiemos de tema por favor!
-¡Ah! –suspira con aire de fastidio Andrés- ¿y de qué hablamos entonces? ¡hablo de Antonio y Abigail se ofende! ¡hablo de Salvador y ustedes protestan! –se queja- ¿por qué no encaramos esto con cabeza fría?

-¡Con cabeza fría! –repite Isabel con sorna- ¿y no será que tú tienes la mente más acalorada que cualquiera de nosotros? –le acusa directamente.

Andrés mira nervioso a Rebeca.

-¡Ángela debería investigar donde vive Salvador! –e Isabel juega con su copa- ¡para que hable con las personas que le conocen y les platique lo que sucedió!

-¿Acaso sabemos donde vive? –Andrés suspira con fastidio- ¡no tenemos idea de donde vino!
E Isabel lo mira entrecerrando los ojos.

 

(hum... aquí Isabel debería recordar que Andrés una vez le dijo que lo había llevado a su casa, bastantes capítulos atrás)

 

-¡Les recuerdo que ustedes lo han contratado sin preguntarle nada! –les acusa Andrés - ¡ustedes confiaron ciegamente en él!

-¡Posiblemente tenga familiares que lo conozcan! –interviene Rebeca- ¡alguien debería averiguarlo! –dice misteriosamente con una sonrisa pícara.

Isabel suspira con cansancio.

Más tarde, a solas, Rebeca abre el papel donde había anotado la dirección y lee: “Felipe Madero, 7355 N.W. 41, Río Claro, teléfono: 38 76 024” y se dice a si misma- ¡Tengo que averiguarlo! Veremos que es lo que tiene que decir el señor Felipe Madero acerca de Salvador.

 *

Una carretera.

Rebeca conduce muy decidida y mientras maneja vuelve a controlar que va por buen camino.  Al llegar frente al apartamento de Felipe, sonríe triunfalmente y baja del auto con aire altivo.

 *

Apartamento Felipe.

-¡No, no me diga nada! –Felipe está tirado en el sofá con cara de desconcierto total- ¡porque mire! ¡no hay derecho a ser tan bruto Cantalicia! –le regaña- ¡yo he conocido bestias en mi vida pero usted se lleva el premio mayor!

-¡Pero don Felipe! –gime Cantalicia a punto de llorar- ¿por qué me habla tan feo?

-¡Yo le indiqué a usted que bañara al mocoso! Pero con jabón –le grita exasperado- ¡con jabón! ¿y que fue lo que hizo? ¡le echó toda mi crema de afeitar!
(Y la verdad es que Monchito se ve bien blanquito luego del baño)

-¡Pero como usted todo lo tiene en esas cajitas! –se defiende Cantalicia-¿cómo iba a saber yo que eso era una crema?

-¡Y lo peor fue lo que hizo con el jabón! –y Felipe se levanta y levanta los brazos al cielo- ¿cómo se le ocurre echárselo a la sopa Cantalicia!

-¡Es que yo creí que era harina de maíz! –gime Cantalicia- ¡es tan blanquita, blanquita!

Felipe se toma la cabeza y da vueltas en redondo.

-¡Claro que se me hizo medio raro cuando empezó a echar tanta espuma y se regó por el piso!
-¡Usted me va a envenenar Cantalicia! –grita Felipe- ¡usted me va a envenenar y la verdad que si la dejo un minuto usted va a terminar destruyéndolo todo!

-¡Yo no tengo la culpa don Felipe! –se ofende Cantalicia- ¡lo que pasa es que yo no sé leer bien y como usted todo lo tiene en esas cajitas!

-¿Y no tiene lenguita? –le pregunta Felipe con fastidio- ¿no tiene una lenguita para probar la diferencia que hay entre el jabón y la harina y la crema de afeitar?

 

(bueno... esto es un poco sobreactuado... ya sabemos que Cantalicia es bruta, pero ¿tanto? Además probar el gusto de la crema de afeitar... ¡no manches!)

 

Cantalicia se rasca el cuello y no contesta.

-¡Ay! –gruñe Felipe- ¡Cantalicia! Yo le voy a pedir que aunque yo tenga más trabajo, no me toque nada, no haga nada, hasta que yo personalmente no le entregue cada una de las cosas –y luego se aleja y mira al cielo- ¡Jacobo! –gruñe- ¡Jacobo! Pedazo de cretino... ¿pero como se te ocurre complicarme la existencia mandándome este animal del bosque a mi casa?

Cantalicia lo escucha y se ofende- ¡Ya no se enoje don Felipe! Y si de plano le parezco tan bruta... ¡pues mándeme de una vez de regreso para mi pueblo! ¿eh? ¡total! –llora- ¡a este paso nunca voy a encontrar aquí al Salvador!

-¡A propósito! –recuerda Felipe- ¿llamó la señora Macedo o no?

-¡Pos ahí estuvo su aparato ese sonando varias veces! Y yo lo contesté, pero nadie dijo nada.

Felipe la mira y luego toma el teléfono inalámbrico- ¿Ah si? y por casualidad... ¿no se le ocurrió oprimir este botoncito que dice hablar?

-¡Pues no! –baja la cabeza Cantalicia- ¡y como tiene tantos botones! Yo que voy a saber.

 

(bueno... esto si lo creo posible... además que a veces el botón no dice hablar sino que tiene un telefonito verde o está en inglés)

 
-¡Cantalicia no sigamos conversando! –decide Felipe y busca paciencia cerrando los ojos- ¡por favor retírese a su habitación! Porque mire yo... ¡estoy a punto de cometer un disparate Cantalicia! –y abre los ojos y la mira- ¡del cual me voy a tener que arrepentir el resto de mi vida! ¡por favor retírese con el niño a la habitación! –y la conduce- ¡retírese!  -Una vez solo, Felipe vuelve a mirar la famosa foto del periódico- ¡Y todo por culpa tuya hombrecito! –le habla con fastidio- ¡esposito! ¡ojalá no aparezcas porque debes ser tan bruto y tan animal como esta mujer! –y deja caer el periódico sobre la mesa.

Toc-toc-toc.

En ese momento golpean a la puerta. Felipe mira extrañado su reloj porque no espera a nadie y abre.  Aparece Rebeca que mete un pie adentro.

-¡Buenas noches! –la recibe Felipe.

-¡Buenas noches señor! –responde Rebeca altiva- ¡vengo buscando al señor Felipe Madero!

-¡Ah, yo soy Felipe Madero! Mucho gusto –y se dan la mano.

-¡Encantada de conocerlo! –dice Rebeca mientras estudia el lugar- ¡soy Rebeca Macedo, la tía de Isabel Arroyo!
-¡Qué bien! Qué bien –murmura Felipe- ¡Qué sorpresa tan agradable! Estaba deseando conocerla... ¿usted sabe? –y le sonríe contento.

Rebeca lo mira y pone cara de fuchi.

 *

Mansión.

Es noche cerrada y el celador vigila atentamente.  Dentro de la casa Andrés está sentado al fuego, hay una alfombra de tigre en el suelo.  Walter le sirve un trago.

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(jejeje, esto está buenisimo, por la forma como está vestido el vigilante y los miembros de la casa, incluyendo a Isabel, debe hacer un calor del diablo... ¿qué hace Andrés frente a una chimenea? esto de querer importar costumbres ajenas a veces...)

-¡Así que la policía estuvo dando vueltas por aquí otra vez! –se inquieta Andrés mientras el fuego se refleja en sus bellos ojos verdes.

-¡Dijeron que era una inspección de rutina señor! –le responde Walter y le pasa su copa de cogñac- ¡claro que registraron largamente el bosque! –no puede evitar añadir- ¡después interrogaron a los empleados! –se arregla el moñito- bueno.. ¡usted sabe cómo se ponen estas cosas cuando hay una denuncia de por medio!

-¡Hum! –murmura Andrés- ¿Hablaste con el vigilante?

-¡Si, por supuesto señor! –se cuadra- ¡y le dije todo lo que tenía que decir para que no metiera la pata!

-¡Aseguro que él también había visto a los ladrones! –se asegura Andrés.

-¡Si señor! Y lo va a seguir sosteniendo señor... ¡pierda cuidado! –le promete Walter.

-¡Entonces no me tengo que preocupar de nada cuando llamen para decir que Cerinza murió!

-¡No señor! De nada –se asegura Walter.

-¡Bien! -aprueba Andrés.

-¡Y será un gran alivio deshacernos de ese desgraciado señor! –afirma Walter con un gesto malévolo- ¡claro que otros lo lamentaran! Como la señorita Ángela, los Dominguez... ¡también doña Rebeca por supuesto!
-¡Rebeca! –se sorprende Andrés.

Walter se arrodilla a su lado-Aunque usted no lo crea señor –le dice Walter con una sonrisa burlona- ¡pero ella se siente muy atraída por ese tipejo! Y por culpa de él está actuando muy extrañamente... –y baja la voz- porque por ejemplo esta noche salió sola y sin decir ni una sola palabra.

-¡Ah! –Andrés no le da ninguna importancia- ¡tendrá una cita con su grupo de ancianas desocupadas nada más! –y se toma un trago.

-¿Quién sabe señor? –Walter se yergue y lo mira- juraría que la salida de esta noche tiene que ver con... –y no puede evitar un gesto de disgusto que le tuerce la cara- ¡Cerinza!

 *

Apartamento de Felipe.

Rebeca deja el periódico sobre la mesa- ¡Entonces fue por esta foto que usted me llamó!

-¡Si, naturalmente! Es la única pista que tengo para tratar de localizarlo... ¿usted lo conoce verdad? –le pregunta esperanzado.

-¡Si, si, claro! –admite Rebeca- ¡claro que lo conozco!

-¿Y me va a ayudar a encontrarlo? –sonríe Felipe.

-¡Claro! Pero primero, por favor dígame para qué lo busca.

-¡Se lo dije la otra noche! En verdad yo no soy más que un intermediario para encontrarlo... ¡la que realmente está muy interesada en dar con él es su esposa!
La cara de Rebeca se descompone, se vuelve pálida como una hoja en blanco. Se levanta como un resorte- ¿Su esposa? ¡su esposa dijo!

-¡Si! –sigue Felipe sin darse cuenta- ¡su mujer! –aclara- ¡su mujer! Tiene un hijo con ella, y la pobrecita está desesperada porque hace meses que la abandonó... y bueno, hasta el día de hoy no ha tenido noticias de él.

-¿Y donde está esa mujer? –pregunta Rebeca con horror mientras camina para darle la espalda a Felipe y disimular.

-¡Aquí mismo! Alojada en mi casa.

Rebeca tiembla y se apoya en una silla.

-¡Voy a llamársela para que la conozca! –decide Felipe y va a buscarla- ¡Cantalicia! ¡Cantalicia, venga un momento! –y luego mira a Rebeca que le da la espalda- ¿usted parece muy sorprendida? –dice él mismo sorprendido.

-¡No! –balbuce Rebeca- ¿sabe lo que pasa? Lo que pasa es que no sabía que este señor tuviera una esposa... ¡y mucho menos un hijo! Nunca me lo imaginé.

Detrás de Rebeca aparecen Cantalicia y Moncho.

-¡Venga, venga Cantalicia! –la llama Felipe.

Y mientras Rebeca toma fuerzas para mirar a ‘su rival’ y lentamente se da la vuelta.

-¡Ella es Cantalicia Muñetón la mujer de Salvador Cerinza! –la presenta Felipe.

Rebeca dirige lentamente los ojos hacia Felipe y se queda horrorizada ante la apariencia de Cantalicia y el niño, evidentemente no se lo esperaba y se le cae la boca.  Rebeca los mira de pies a cabeza espantada.

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*

Bar.

Entran Gaetana y Camilo con varias cajas.

-¡Ay! ¿por qué se demoraron tanto? –les recibe Lupe- ¡ya me tenían preocupada!
-¡Vamos a tener que abrir un poco más tarde! –decide Gaetana- ¡porque estamos retrasados! Muchachas –ordena- ¡vayan a buscar las cajas que dejé en el carro! Yo me voy a cambiar –y se dirige a la entrada a su casa.

-¡No, no,  no! –la detiene Lupe- ¡jefecita no! Aguarde un momentito, venga aquí conmigo... ¡venga acá! Le tengo que advertir que Matilda llegó sin decirme nada y entró a esa casa como una tromba ¡y yo no sé lo que está haciendo allá adentro!
-¡Ay no! –se toma la cabeza Gaetana- ¡yo no quiero tener otro lío con esa bruja! –y se dirige a la casa- ¡Vamos a ver que ocurre! ¡paciencia! –se dice a si misma.

 *

Casa Gaetana.

Matilda está recogiendo sus vestidos de cantante.

-¡Qué haces Matilda! –la enfrenta Gaetana.

-¿No lo ves? ¡me llevo mis vestidos de cantante! No los pienso perder... ¡aunque me repugne volver a este lugar!
-¡Menos mal! –Gaetana finge indiferencia- ¡te llevas esos horribles vestidos! Porque realmente no sé de que serviría tener esos trapos por ahí regados.

-¡Ay no! –se burla Matilda- ¡miren quien habla! La reina de las extravagancias... ¿es que tú no te has visto en un espejo mi querida espiritista? ¡Ay bendito que me largo de aquí así no me contagias con tanta vulgaridad!
-¡Fíjate tú que suerte! –le contesta Gaetana con los ojos rojos- ¡ni siquiera tuve que pedirte que te largaras Matilda!

-¡Señora  Matilda! –le corrige Matilda- aunque te demores un poquito... ¡se acabaron las confiancitas! –le grita- ¿está claro? ¡y a partir de hoy nuestra sociedad queda disuelta!
-¡Qué sociedad ni qué ocho cuartos mujer! –le grita Gaetana fuera de sí- ¡a ti nadie te invitó a cantar en mi bar y mucho menos a atender a esas mugrosas clientas que tienes! ¡señora bruja!
Matilda furiosa pone sus vestidos en una silla-¡debería demandarte por atreverte a ponerme las manos encima! Eso no se lo permito a nadie y mucho menos a una vieja traidora que decías ser mi amiga... ¡Valiente amiga resultaste!
-¡Y qué puedo decir yo! –le grita Gaetana- ¡si al menor tropiezo vienes y me atacas! Yo merezco respeto.

-¡Más respeto merezco yo! –grita Matilda- ¡y ya cállese! No quiero volver a dirigirle la palabra a una tramposa como usted!

-¡Vieja tramposa! –grita Gaetana y toma la ropa de Matilda de la silla y la tira al suelo- ¡vieja tramposa serás tú! ¡fuera! ¡te largas inmediatamente de mi casa! ¡fuera de mi vista! Y Matilda enojada se dispone a marcharse y recoge su ropa del suelo.

Gaetana se sienta a la mesa - ¡no quiero volver a ver tu horrible cara... ! –y empieza a sollozar- ¡en lo que me resta de vida!

Matilda se queda inmóvil al verla llorar desconsoladamente... y se acerca- ¿Estás llorando en serio? –le pregunta con duda- ¿o son puras lágrimas de cocodrilo?

Pero Gaetana sigue llorando con espasmos incontrolables-¡Yo no estoy llorando! –le dice llorando- ¡y lárgate! Yo te dije que te fueras y vete –pero no puede hablar del llanto- ¡vete de aquí!

Matilda viene corriendo a consolarla- ¡A ti te pasa algo en serio! –se asusta y le pone las manos sobre el hombro- ¿qué tienes mi linda? –le dice con cariño.

Y ante este cariño sincero Gaetana llora más fuertemente y con más espasmos.

-¡No me gusta verte así! –y Matilda le acaricia el pelo.

Gaetana no aguanta más y se tira en sus brazos- ¡Ay perdóname Matilda! –le llora- ¡perdóname!

Matilda la abraza.

-¡Yo no quise agredirte! –le dice en medio de sollozos Gaetana- ¡pero lo que pasa es que estoy muy nerviosa y angustiada!
-¡Eso no tienes que decírmelo! –y le acaricia el pelo- ¡salta a la vista mujer! –y le soba la espalda para consolarla.

-¡Yo...! –balbucea Gaetana entrecortada por el llanto- ¡no me abandones Matilda! –le ruega- ¡yo no... yo no voy a poder soportarlo ahora que Salvador no está conmigo!

Matilda la mira sorprendida- ¡Es por Salvador que estás así!

Gaetana la mira y no le responde y se tira sobre la mesa y sigue llorando a moco tendido.  Matilda apenada simplemente le acaricia el pelo y le frota la espalda.

 *

Apartamento Felipe.

-¿La mujer de Salvador Cerinza? –dice Rebeca con disgusto mientras mira a Cantalicia y al niño.

Cantalicia está con chancletas, un vestido rosado viejo con una soga a la cintura, el pelo todo despeinado.

Cantalicia la mira abriendo los ojos muy grandes.

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-¿Qué usted es la mujer de Salvador? –vuelve a repetir Rebeca mirándola de pies a cabeza.

-¡Si! –sonríe Cantalicia tontamente sin darse cuenta de la expresión de Rebeca- ¡Cantalicia Muñetón para servirla! –y la mira- ¿y usted quien es?

-¡Ella es la señora con la cual estuve hablando por teléfono! –le aclara Felipe serio y mirando intrigado la reacción de Rebeca- ¡la que va a ayudar a localizar a su esposo!
Rebeca mira a otro lado espantada.

-¡Ay bendito sea Dios! –gime Cantalicia y quiere tomarle las manos a Rebeca- ¡yo sabía que nos iba a hacer el milagrito!
Rebeca se deshace de ella con un gesto brusco-  ¡no! No, no... ¡lo siento pero aquí tiene que haber una equivocación! –y la mira con desprecio- ¡usted no puede ser la esposa de Salvador!

Cantalicia no entiende.

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*

Mansión.

Simón sueña... en sus sueños está mirando hacia el jardín con expresión serena, cuando alguien le pone una mano en la espalda, se da la vuelta y ve a Valeria que le sonríe y le dice “Simón, eres el mejor hombre del mundo... ¡no podría vivir sin ti!” y Valeria le da un beso en la mejilla “te amo, te amo desde el primer día que te vi”, Simón la abraza feliz... hasta que ve que por el jardín viene tambaleándose Salvador con una mano sobre una herida de bala en el corazón.

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Al ver a Simón, Salvador lo le saluda con la misma mano llena de sangre... lentamente Salvador cae al suelo muerto.  Simón se separa de Valeria y se da cuenta que Valeria es una muñeca de cera gris... ¡grita horrorizado!.

 Simón despierta sobresaltado y prende la luz.  Se da cuenta que la cama de su hermano está vacía y se levanta a buscarlo.

 *

Antonio camina en el piso superior y se acerca a la puerta del escritorio de don Pedro José.  Isabel lo ve y se le acerca y le pone una mano en el hombro- Antonio –le dice suavemente- ¿no se siente bien?

Antonio no responde y mira para otro lado. Isabel lo mira intrigada.

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* 

Apartamento Felipe.

Rebeca sentada a la mesa toma una taza de té.  Cantalicia y Moncho sentados muy juntos en el sofá.

-¡Eso le va a caer bien! –le dice Felipe- ¡la veo muy preocupada!

Rebeca hace un gesto al probar el té y lo deja- ¡gracias! Pero es muy fuerte para mi –y sigue mirando con horror a Cantalicia.

-¿Quiere que le dé otra cosa? Un rosito o un tequilita.

-¡No! No, no, gracias... ¡estoy bien! –sin despegar los ojos de Cantlicia.

-¿Qué mira usted tanto a Cantalicia!

-¡Discúlpeme! Pero no puedo creer que esta sea la mujer de Salvador... ¡tiene que haber alguna equivocación! No está hablando de la misma persona.

Felipe le muestra la foto- Este persona que aparece en esta fotografía! ¿es el mismo Salvador que usted conoce?

-¡Si, claro que si!
-¡Entonces no hay ninguna equivocación! –concluye Felipe- ¡estamos hablando de la misma persona!
-¡Pero usted me aseguró que no lo conocía! –le reclama Rebeca.

-¡Pero yo sí lo conozco! –se levanta Cantalicia y se acerca arrugando su falda en sus manos- ¡lo conozco como la mismita palma de mi mano! Porque estamos casados desde hace muchos... bueno... ¡no casados, casados! Pero nos arrejuntamos desde que éramos casi, casi dos niños.

-¿Usted está segura de lo que está diciendo señora Canta... Cantalicia? –le pregunta Rebeca incrédula- ¿no son inventos suyos?.

-¡Cómo cree que me voy a inventar una cosa así! –y abraza al niño- ¿a poco cree que al Monchito me lo inventé? Este es el hijo de Salvador.

-¡Hijo de Salvador!

-¡Si! –le sonríe Cantalicia- ¡y él siempre nos quiso un montón! Él vivía nomás para nosotros... ¡trabajaba de día y de noche como una mula en el ranchito! Hasta que... ¡hasta que pasó lo que pasó!
-¿Pero qué pasó? –pregunta Rebeca.

-Al parecer el Salvador sufrió un ataque muy extraño que por poco lo entierran vivo –le cuenta Felipe- cuando pasó esto y reaccionó se comportó de una forma muy extraña... no reconoció ni a Cantalicia ni a su hijo... ¡ni a las personas que lo rodeaban!

-¡Si! –afirma Cantalicia- ¡el pobrecito se enfermó de la entendedera!

Felipe la mira preocupado.

-¡Y casi, casi se lo iban a llevar al manicomio! –sigue Cantalicia- ¡y pos... tal vez por eso nos abandonó!

-¿Así que los dejó y no quería verlos? –dice con aire de alegría Rebeca.

-¡Pero no vaya usted a creer que por gusto! Sino porque se puso malito... ¡y yo estoy aquí para buscarlo y llevármelo de regreso al rancho con su familia!

Pero esto es demasiado para Rebeca que se levanta furiosa- ¡Discúlpeme! Pero cada vez estoy más confundida... ¡yo no puedo creer esto! Esto tiene que ser una... por ejemplo... ¡una casualidad! Una persona parecida y un nombre parecido.

-¡Es que tantas coincidencias juntas no pueden ser! –le recuerda Felipe- ¡en definitiva! ¿puede ayudarnos? ¿puede decirnos dónde podemos localirzarlo?

-Bueno –miente Rebeca- él trabajó con mi sobrina como chofer... ¡eso es todo!
Cantalicia abre la boca sorprendida.

-¡Ah claro! –reflexiona Felipe- ¡eso explica lo del uniforme!  Pero dígame una cosa... entonces... ¿por qué sale en esa fotografía en ese periódico? ¿es que lo fotografiaron confidencialmente?

Súbitamente Cantalicia se pone a llorar a moco tendido- ¡Entonces no puede ser el Salvador! Porque Salvador no sabe manejar.

-¡No sabe manejar! –grita Rebeca y la mira como si estuviera loca.

-¡No! Él nunca antes se había subido a un coche... ¡él lo único que sabe manejar es el pico y la pala!
-¡Está claro! –grita Rebeca y toma su bolso- ¡no se trata del mismo hombre! Usted se equivoca.

-¡Espere un momento señora! –la detiene Felipe- ¡déjeme explicarle algo!
-¿Explicarme? ¡todo está muy claro!
-Usted necesita y debe saber que este Salvador... pues era también un campesino completamente ignorante y después de que pasó lo que ocurrió... él regresó a la vida, a la normalidad... ¡con conocimientos muy extraños! Sabía leer, sabía escribir... ¡y no es de extrañar que hoy en día sepa conducir un auto!
-¡Por favor! –le grita Rebeca fuera de sí- ¿qué cuentos tan absurdos me está diciendo?

-¡Es verdad! –reconoce Felipe- ¡la historia es muy extraña! Pero si no hubiera sido por una carta de mi sobrino yo tampoco hubiera creído que esta señora me estaba diciendo la verdad... ¡y algo de cierto hay en todo esto!
-¡Por favor qué pretenden! –les grita Rebeca- ¿burlarse de mí? ¿o están completamente locos todos? –y mira riendo a Cantalicia- ¡yo no creo en esas patrañas!

-¡Yo le juro por la virgencita de Guadalupe que le estamos diciendo la puritita verdad!

-¡Mire! –le corta Rebeca- ¡Salvador es un hombre muy sencillo! Si... está bien... ¡pero no es ningún ignorante y no creo que sea el marido de esta...! –y la mira con desprecio- ¡mujercita!

-¡Díganos dónde podemos encontrarlo y así salimos de las dudas! –le pide Felipe.

-¡No tengo la menor idea! –le miente Rebeca.

-¡Pero usted aseguró que lo sabía!
-¡Trabajó en la casa hasta unas semanas! Desapareció y se marchó sin darnos explicaciones.

-¿Adonde fue? –Felipe.

-¡No lo sé! –le grita Rebeca- ¡no tengo la menor idea! Lo siento, no puedo ayudarlos.

-¡Déjeme decirle que no le creo ni una sola palabra señora! Lo que pasa es que usted no quiere decirnos la verdad... ¡confiese!
-¡Por favor! No sé absolutamente nada... ¡y estoy loca por largarme de aquí! ¡no me gusta este lugar! –y trata de salir.

Cantalicia la ataja llorando- ¡No! No, no señito –la toma del brazo- ¡por favor no se vaya señito sin decirnos como voy a encontrar a Salvador!
-¡Ay por favor, yo no creo que usted sea la mujer de Salvador ni mucho menos! –Rebeca le libra el brazo de un gesto brusco- ¡y suélteme! ¡no la resisto! ¡no la soporto! –y sale del apartamento- ¡Adios!
Felipe detiene a Cantalicia que llora desesperada- ¡déjela Cantalicia! ¿usted no ve que ella piensa que estamos completamente locos? –y la lleva para adentro y pone las manos sobre los hombros del niño que sigue mudo-  y la verdad que esto es para dementes –y de pronto ve a Cantalicia- ¡y ya deje la lloradera! –le regaña- ¡ya basta! ¿no ve que ya tengo suficiente hoy con la histeria de esta señora?

Cantalicia se seca las lágrimas.  Afuera, Rebeca sube al auto y mueve la cabeza incrédula y negativamente.

Mansión.

Simón busca a su hermano y encuentra a su madre que hace lo mismo.

-¡Simón hijo! Nada... ¿no lo encontraste?

-¡Ni rastro mamá!
-¡Dios mío! Ojalá no haya salido de la casa... eso sería terrible.

-¡El velador se hubiera dado cuenta! –la tranquiliza- debe estar en la sala o en el segundo piso.

 *

En el segundo piso Isabel le pregunta a Antonio- ¿ya no quiere hablar?

Antonio la mira a los ojos.

-¡La última vez que le pregunté algo al menos intentó contestarme! –le reclama Isabel.

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Antonio desvía la mirada.

Isabel se acerca a la puerta del escritorio- ¿qué es lo que está buscando Antonio? ¿por qué quiere entrar al estudio? Por favor confía en mi  -le ruega y Antonio la mira- ¡yo no quiero hacerle daño! Al contrario –sigue Isabel- ¡deseo ayudarlo!

Antonio trata de irse.

-¡Antonio por favor escúchame! –lo detiene Isabel.

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-Solamente necesito saber si Salvador tiene algo que ver con lo que le pasa... ¡es lo único que quiero saber! Quiero escuchar la verdad... ¡se lo suplico Antonio! Por favor.

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Antonio la enfrenta y la mira a los ojos- ¡Salvador no es Salvador! –le dice.

Isabel mira al cielo- ¡Ah! ¿y qué es lo que me quiere decir con eso? –le suplica.

Antonio está a punto de decir algo cuando lo interrumpe Simón- ¡Ay Antonio por Dios! Que bueno que estás aquí... ¡nos llevamos tremendo susto cuando vimos que no estabas en el cuarto! Creímos que te habías escapado.

-¡Hijo! Vamos a tu cuarto –le dice Abigail con cariño.

-¡Vamos hermanito! –se lo lleva Simón.

-¡Buenas noches señora Isabel! –saluda Abigail.

-¡Abigail! –la detiene Isabel- ¡no se preocupe por Antonio! No está tan mal como parece... ¡yo sé que las cosas se van a arreglar! –la consuela y se mete a su cuarto.

Abigail se queda intrigada.

 *

Isabel en su cuarto se dispone a dormir cuando escucha el motor de un auto, mira por la ventana y ve que Rebeca llega.  Rebeca apaga las luces del Mercedes, baja y entra a la casa.  Isabel mueve la cabeza intrigada. Luego se dirige a su cama, saca la colcha y dispone los almohadones de manera a estar más cómoda, se saca el salto de cama de seda rosa y se mete a la cama y apoya la cabeza sobre las almohadas y viaja lejos con el pensamiento.

 (Bueno, duerme maquillada, lo cual es muy inconfortable y al día siguiente pareces una paleta de colores!)

 *

Bar.

Camilo baila a todo dar y disfruta con un ritmo caliente.  Matilda baila con un guapo rubio pero se preocupa por Gaetana que está sentada a una mesa con aire de cementerio.  Matilda abandona a su guapo, que rápidamente invita a otra bella mujer a bailar con él, y se acerca a Gaetana.

-¡Esa cara tan larga que tienes! –se sienta a su lado- ¡ven a distraerte un poco! parece que fueras a un funeral.

-¡Quien sabe si dentro de poco tenga que asistir a uno Matilda!

-¡Ay por Dios niña! Dejas esos pensamientos macabros… Parece que tuvieras a un familiar agonizando… ¡tú lo que necesitas es bailar y mover las caderas! –trata de animarla- ¡enrumbarte mujer!

Gaetana se toma un trago de riquísima margaritas.

-¿No me vas a contar que es lo que pasó con Salvador que te tiene tan mal?

-¡Ay mujer! No te preocupes por mí –le dice Gaetana y mira al rubio de Matilda- ¡Más bien ve a bailar que parece que te quieren quitar al novio! –y es verdad, la guapa morena se le cuelga al rubio.

-¡No ha nacido la primera vieja que me desbanque del tren donde me monto! –ríe Matilda- ¡qué baile con quien quiera! No tengo un pelo de celosa… ¡además una hembra como ésta! –y se muestra a sí misma- ¡no se encuentra en cualquier esquina mi amor!
A pesar de su tristeza Gaetana sonríe.

Matilda la mira con pena-¡Tuviste una pelea bien fuerte con Salvador! ¿verdad?

-¡Ojala se tratara de eso Matilda! Pero este no es el momento ni el lugar para estar explicando nada.

Después hablamos… ¡Anda! ¡ve!

-¡Como quieras! –se resigna Matilda y se levanta y recupera a su novio.

Mansión.

Valeria camina por el jardín cantando.  Simón sale de la casa y viene feliz a verla- ¡Valeria!.

-¿Ya te vas Simón?

-Si –y saca las manos que tenía escondidas detrás con una flor- ¡es para ti!

Valeria toma la flor y la huele y sonríe.  Simón feliz sale corriendo para el trabajo.

Dentro de la casa Isabel desayuna con Rebeca que tiene mala cara.

-¿Estás bien tía? –se preocupa Isabel- ¡te veo muy preocupada!
-¡Ay Isabel! –refunfuña Rebeca- ¡todos estamos preocupados! ¿no?

-¿Y como marchan las cosas con Luisito Crespo?

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-¡Con quién! –exclama Rebeca amargada- ¿con Luisito Crespo? ¡Ay Isabel! Hace siglos que no veo a ese hombre.

-¿Y entonces con quien sales tía? –Isabel la mira intrigada- ¡porque anoche te vi llegar bastante tarde!

-¡Con Pilar! –le miente Rebeca- es una buena amiga, últimamente estamos compartiendo mucho.

-¡Si! –suspira Isabel- Supongo que estarás confiando más en ella que en mí.

-Posiblemente.

-Pues no pienso reclamarte tía –y la mira a los ojos- A veces las amistades son más sinceras que la propia familia –y sigue comiendo frutas- pero si algo necesitas ¡sabes perfectamente que puedes contar conmigo!

-¡Gracias! –responde indiferente Rebeca y de pronto decide investigar la opinión de Isabel- ¡Isabelita! ¿Qué pensarías por ejemplo si te dijeran que Salvador es un hombre casado? ¿no? ¿y que tiene hijos?

A Isabel se le atraganta la fruta y hace un esfuerzo para disimular desinterés- ¿Qué pensaría? Pues… ¡nada! –se pone nerviosa- ¡no sé! Como lo platicamos ayer no sabemos absolutamente nada de la vida de Salvador –y bebe su jugo de naranja como para ahogarse.

-¡Claro, claro! –sigue Rebeca- pero por ejemplo… si alguien dijera… bueno… que Salvador ha sido un campesino rústico y siempre ha vivido alejado de la ciudad… ¡además pues tiene una mujercita de esas ignorantes e insignificantes! ¡y siempre fue un peón!
Isabel la mira como si fuera de otro planeta y sonríe incrédula- ¡no sé que decirte! –no le da importancia- ¡no sé por qué estás pensando esas tonterías, en cosas tan extrañas!

-¡Tienes razón! –admite Rebeca- ni yo misma lo sé ¡Pensamientos absurdos que se le meten a una en la cabeza!
-¡Muy absurdos diría yo! –afirma Isabel y sigue comiendo.

Andrés baja las escaleras y las interrumpe de mal humor- ¡Isabel! La reunión es a las diez y vamos a llegar tarde

Isabel deja los cubiertos -¡Tenemos un compromiso tía! –se disculpa Isabel y se levanta.

Isabel tiene puesto un vestido negro al cuerpo precioso.  Isabel y Andrés van de salida cuando suena el teléfono.  Vicky corre a atender. Isabel no aguanta y se queda a escuchar.

-Si, un momento por favor –responde Vicky al teléfono.

-¿Es del hospital? –se inquieta Isabel.

-No, es para Abigail, de la tintorería – le responde Vicky y va a buscarla.

Isabel suspira.

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Andrés vuelve sobre sus pasos

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- ¡Ay te pasa lo mismo que a mí! ¿verdad?

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-¿Qué? –Isabel lo mira con desconfianza.

-¡Cada vez que suena el teléfono pienso que es para informarnos la muerte de Cerinza!

-¡Ay Andrés pero por favor! –le responde fastidiada y mira al cielo.

-¿Cuánto tiempo más va a agonizar? ¡Debería morir de una vez el pobre hombre! –desea.

Isabel lo mira furiosa y sale de la casa.  Andrés se queda sonriendo triunfante.

 *

Apartamento Felipe.

Al otro día Cantalicia sigue y sigue llorando, estrujando su ropa que usa como pañuelo- ¡Es cómo si se hubiera muerto otra vez!

Felipe mira al cielo buscando paciencia.

-¡Porque nadie me da razón de él! –gime y estruja su falda- ¿Por qué nadie me cree que yo soy la mujer de Salvador? Tiene razón… ¡ahí tiene a esa señora toda estirada que vino! –se queja- me miraba como si yo fuera una basurita… ¡como si no tuviera derecho a ser la mujer de mi marido! –y se sienta en el sofá y llora.

-¡Es que resulta irónico Cantalicia! –le dice la verdad Felipe mientras la mira con pena- ¡es irónico pensar que usted pueda ser la esposa del hombre de la fotografía!

-¡Pues así feita como me ve! Así de sin gracia… ¡él nunca tuvo ojos para otra mujer!

Felipe asiente con la cabeza.

-¡El estaba contento conmigo! –le afirma Cantalicia.

-Si, pues usted me va a disculpar… yo no quiero ofenderla pero es que… ¡De verdad créame es difícil creer que ese hombre sea su esposo!
-¡Ah! –suspira Cantalicia- ¡es que antes él era diferente! Él era un hombre sin elegancias… ¡igualito que yo!

Felipe la mira con compasión-¡Ya! Ya, ya ¡ya se acabó y no hablemos más de este asunto! –le corta mientras guarda sus trabajos-  ¡ya usted vio a esa señora que vino! Nos trató como locos y no nos quiso decir nada –y toma sus trabajos y se marcha.

Pero la pena por Cantalicia que sigue llorando lo detiene en la puerta y regresa sobre sus pasos.  Suspira profundamente y se acerca a consolarla- Bueno… para serle sincero Cantalicia… ¡yo no quedé muy convencido con la tal Rebeca esa! –se arrodilla enfrente de ella- Yo estoy seguro que sabe mucho más acerca de Salvador ¡por eso cuando tenga tiempo vamos a ir a la casa de los Donoso! Yo estoy seguro de que allí debe haber alguien que pueda decirnos la verdad.

Cantalicia sonríe bajo su baño de lágrimas y con un gesto le acaricia el rostro a Felipe, éste le toma la mano y se la palmea.

Hospital.

-¡Se resiste a morir! –dice le doctor Duarte mientras mira el cuerpo inmóvil de Salvador- pero eso no significa que sobreviva indefinidamente.

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 -¡Pero es que lleva muchos días en ese estado! –sufre Ángela.

-¡Los médicos que lo atienden están muy desconcertados y no se lo explican! –sigue el doctor Duarte- ¡no dan ninguna esperanza! No puede sobrevivir… ¡dijeron que fallecerá en cualquier momento y es mejor hacernos a la idea! –y la mira con pena- ¡no espere milagros señorita porque lo extraño es que continúe vivo! –y toma a Ángela del brazo y salen del cuarto.

Pero en cuanto queda solo, la mano derecha de Salvador se cierra bruscamente y Salvador abre los ojos… ¡vivos y alertas!

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 *
En un cóctel. 

Isabel está apartada en una esquina está sola, lejana y distante.

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Andrés habla con la gente vívidamente pero no puede evitar buscar a Isabel con los ojos.

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Andrés no le saca los ojos de encima.

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Más tarde Andrés le habla a Walter, su confidente, en la sala de la casa, frente al fuego.

-La conozco mejor que nadie… sé que disimula la desesperación que siente…va obligada a los compromisos sociales pero no se integra con los demás invitados porque no tiene cabeza sino para pensar en él –dice con rabia- ¡en ese maldito intruso!

 Walter le sirve un vaso de güisqui.

Andrés sigue- ¡No sé que pasó entre ellos! O hasta qué punto llega su interés por él.. ¡Pero debe ser algo muy fuerte! Últimamente la veo muy ansiosa –y se toma un trago- ¡de sólo pensar que siente algo hacia él me lleno de celos y de rabia!  -le confía y recuerda a Isabel.

Isabel en el cóctel está sola en medio de tanta gente y mirando a lo lejos… de pronto cierra los ojos y viaja muy lejos.

-¡Sería capaz de atentar otra vez contra ese maldito desgraciado! –dice furioso Andrés y aprieta su vaso de güisqui- ¡lo haría mil veces si fuera necesario! –se promete y cierra los ojos- ¡y no me arrepentiría porque lo único que deseo es verlo muerto de una vez por todas! –hace una pausa mientras la locura navega en sus bellos ojos verdes- ¡la mala hierba debe ser cortada de raíz! –y se toma un trago- ¡y eso es Cerinza! ¡una plaga!

-¡Se nota que lo está atormentando señor! –Walter lo mira asustado.

-¡No voy a permitir que nada ni nadie se interponga entre Isabel y yo! –jura Andrés- ¡nadie!
Walter asiente sin decir palabra.

-¡Yo sé que cometí un error en no rematarlo! –se levanta furioso al recordarlo- ¡pero cuando lo vi en el suelo pensé que estaba muerto!

-¡Es un hombre bastante fuerte! –admite Walter- ¡Lleva más de una semana agonizando! Y no sabemos cuánto más resista… pero toda resistencia tiene un límite… ¡y la Cerinza se está agotando! –predice- ¡al infierno se irá!

-¡Qué lástima! –de pronto suspira Andrés- ¡nunca sabremos quien fue en realidad o qué vínculos tenía con ese viejo para saber tanto de su vida! ¡una lástima!

De repente Antonio pasa al lado de ellos como un zombi y sube al piso superior

-¿Qué hace Antonio? –se sorprende Andrés.

-¡De un tiempo para acá! –responde Walter con voz lúgubre- se levanta de noche y se pasea por la casa como un zombi.

-¡No me guste que ande por la casa y mucho menos a esta hora! –le ordena- ¡que baje!

En el piso superior Antonio llega al estudio de don Pedro José y trata de abrir la puerta inútilmente.  Walter aparece y lo toma bruscamente del brazo- ¡Qué hace usted en las habitaciones superiores! –le grita- ¿usted cree que puede andar por toda la casa? ¡Simplemente como le dé la gana! ¡Fuera de acá! –lo echa- ¡Fuera de aquí entrometido!

Pero Antonio no reacciona y entonces Walter decide burlarse de él- ¿usted está loquito? –y le pasa la mano frente a los ojos para ver si reacciona- ¿Loquito mucho loquito o poquito? –se ríe- ¡yo sé a tratar a los dementes como usted! bububu –y le hace caras burlonas- ¡lo voy a arrastrar por toda la casa! –le amenaza- ¡desgraciado! Blblblbl –le mueve la cara haciendo ruidos.

Sin aviso Antonio reacciona y empieza a ahorcarlo- ¡Suélteme! –logra gritar Walter mientras Antonio lo aplasta contra la pared con gran ruido.

Valeria sale de su habitación y al darse cuenta de lo que pasa empieza a gritar- ¡Antonio por favor suéltalo! –y trata de separarlos pero Antonio es muy fuerte y Walter empieza a ponerse rojo como un tomate- ¡Antonio por favor lo vas a ahorcar! ¡suéltalo!

Bar.

Matilda canta feliz y alegra a los clientes.

 
[ ♫

Nunca me imaginé que a mí pasaría,
Creí que tú me pertenecías pero tu amor se fue,
No tenias idea de cuanto porque yo sentía
Ahora decides marcharte, me muero de sed
Cariño mío, ¿qué voy a hacer?
Con tanto amor, tanta pasión

] ♫

 
Lupe al pasar al lado de ella aprovecha y le da un empujón.  Matilda la mira con furia.  Lupe llega con Camilo y hablan.  Camilo se marcha a ver a Gaetana.

 [ ♫

¿Qué voy a hacer con el dolor
que está matando mi corazón?
Qué voy a hacer por favor
Y bésame y abrázame
Yo necesito sentir tu piel.
¡Perdóname! Si acaso en algo yo te fallé
Ahora decides marcharte, me muero de sed
Cariño mío, ¿qué voy a hacer?
Con tanto amor, tanta pasión,

] ♫

*

Gaetana está en su casa, sin maquillaje y en bata con cara de muerta en vida.  Camilo entra- ¡doña Gaetana tiene que reponerse! No se me ponga triste ni se me eche a morir… ¡mire nomás como está!

Gaetana empieza a sollozar.

-¡Doña Gaetana por favor haga un esfuerzo! –le ruega Camilo.
-¡Yo no aguanto la incertidumbre Camilo! yo tengo que ir a ese hospital.

-No conviene –le habla Camilo con paciencia- confórmese con la información que yo le traigo.

-¡Es que yo no te creo hombre! Te la pasas diciéndome lo mismo… ¡que sigue igual! ¡que sigue igual! ¡eso no es normal! La gente empeora o mejora  pero no puede quedarse en el mismo estado para siempre hombre.

-¡Yo no le voy a mentir doña Gaetana! Por mala que sea la verdad se lo juro que siempre se la voy a decir.

-¡Ay! –suspira Gaetana- ¡es que me siento tan impotente! Además tengo que estar disimulando frente a Matilda –le cuenta- ¡porque empieza con sus preguntas indiscretas y me vuelve loca!

De pronto se queda de una pieza- ¿Quién lo hizo Camilo? ¿Quién le disparó?

-¡Ya se lo dije! Unos ladrones que entraron a la propiedad.

-¡Ay Camilo! ¿y tú crees en eso hombre?

-¡No sabría qué decirle! –Camilo baja la cabeza.

-¡Yo no! –dice con rabia- ¡yo no creo en eso! ¿sabe? ¡Salvador tiene muchos enemigos en esa casa y uno de ellos le disparó! –y luego dice con voz furiosa- ¡el asesino se esconde en esa casa!

Mansión. Piso superior.

El asesino justamente grita- ¡No podemos seguir arriesgándonos! – a su lado Isabel y Walter que se frota el cuello adolorido. 

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 Enfrente lo escuchan Abigail, Simón, Ángela y Valeria.

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 -¡Acepten que Antonio está desequilibrado! –sigue Andrés- ¡tiene que ser internado en un sanatorio!

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-¡Los médicos no lo consideran necesario! Aseguran que se puede quedar en esta casa- Abigail se apoya en Simón.

-¿Para qué? –grita Andrés- ¿para que nos ataque como a Walter?

-¡Señor si la señorita Valeria no lo detiene! –Walter con voz quejumbrosa- ¡me estrangula señor!

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Isabel pone cara de impaciencia y mira al techo.

-¡Dígale señorita! –gime Walter y mira a Valeria- ¡usted es testigo!

-¡Pues si! Porque usted debió decirle o hacerle algo y lo obligó a defenderse –le grita Simón- ¡usted es muy ofensivo Walter! No se haga.

-¿Yo que hice? Le rogué… don Andrés… ¡que no siguiera rondando por el pasillo y que regresara a su cuarto!

-¡La señora Isabel la otra noche lo encontró aquí y estaba muy tranquilito! –lo defiende Abigail.

-¡Si es verdad! –admite Isabel- pero lo que acaba de hacer es verdaderamente alarmante, Abigail… ¡lo tienen que internar en algún lugar!
-¡No! Eso no –se niega Abigail.

-¡Aunque sea por unos días para que lo examinen! ¡para que determinen qué es lo que está mal con él!
-¡Ustedes tienen la obligación de internarlo cuanto antes! –interviene Walter con voz pomposa- Porque nosotros no podemos exponer nuestras vidas aquí en el pasillo… ¡esperando que un demente que sube y que baje nos estrangule en cualquier rincón!

-¡Walter! Mi hermano no es ningún criminal de película de terror –le corta Simón- ¡no sea imbécil! Si usted es el que espanta si se la pasa rondando en la oscuridad de día y de noche.

-¡Nadie está diciendo que Antonio está loco! –interviene Isabel- pero puede terminar muy mal si ustedes no lo ayudan y lo dejan encerrado.

-¡Lo está atendiendo un siquiatra! –interviene Ángela enojada.

-¡Si Ángela! Pero esporádicamente… ¡no está haciendo nada bueno por él!

-¡Abigail! –interviene Valeria- ¡yo creo que mi prima Isabel tiene razón! Y con lo que pasó tenemos que ayudar a Antonio
-¡Pues mañana voy a hablar con el especialista y le contaré lo que está pasando! Él tendrá que decidirnos qué hacer –decide Angela.

*

FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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