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El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO * Vivir y dejar vivir Perdonan los odios John Pudney* CAP#
136: lunes 30 de enero de 2006 –¡LA GUERRA! Isabel vuelve al cuarto y encuentra a Salvador
muy tranquilo preparándose para salir. Fingiendo indiferencia e ignorancia
Salvador pregunta -¿Ocurrió algo? -Encontraron a Walter en el bosque... -le
responde Isabel mientras lo estudia con la mirada. Salvador se pone los gemelos tranquilamente. Isabel suspira -Perdió el conocimiento y al
parecer lo golpearon -y lo rodea para enfrentarlo cara a cara -parece no importarte. -Pues aunque me importara... ¿qué puedo hacer?
-Contesta de mala manera Salvador -imagino que llamaron al médico. Isabel lo mira y no responde. -¿Quieres que lo lleve al hospital? -Se ofrece
Salvador. -No hace falta, el médico viene en camino, pero...
¡tú debes saber algo! -de pronto acusa Isabel. -¿Qué podría saber? -Walter y tú desaparecieron ayer al mismo
tiempo, en la noche, cuando sonaba el piano -Isabel está llena de sospechas. -¡Yo no salí de la casa! -Le responde Salvador
mientras busca el saco del traje. -¡No me mientas mi amor! -Le ruega Isabel-
¡por lo que más quieras no me mientas que tus pantuflas tienen lodo! Salvador la mira fríamente -¡No te atrevas a
hacer suposiciones Isabel! Walter y yo no simpatizamos pero no lo considero mi
enemigo -Salvador se pone el traje y sale del cuarto. Isabel sale detrás. * En la sala Abigaíl trata de despertar a Walter
haciéndole oler alcohol mientras Rebeca se desespera. -¿Llamaron al doctor? -pregunta Abigaíl. Ángela responde que sí mientras Walter empieza
a volver en sí. (ja! -¿No sería mejor que lo lleváramos a su
recámara? -Pregunta Ángela. -Enseguida que acabe de despertar -responde
Abigaíl. -¡Walter! ¿Escucha? -Ángela. -Si -susurra Walter. -¿Qué pasa Walter, qué hacía usted en el
bosque? -Pregunta Rebeca. De pronto Walter se pone a llorar y a gritar
-¡Que no me toque, que no me toque! -¡Tranquilo Walter, solamente queremos
ayudarle! -Trata de calmarlo Abigaíl. -¡Doña Rebeca, doña Rebeca, yo nunca debí de
haber hecho eso, se lo juro era él! -Walter mira a Rebeca con horror- ¡era el
mismísimo él, era él doña Rebeca! -¡Tranquilícese y no se ponga así! Parece loco
-le grita Ángela. -¡Don Pedro José Donoso está vivo, está en
esta casa! -Les cuenta Walter con los ojos llenos de espanto -¡él tocaba el
piano, él era el que tocaba el piano! Rebeca se pone histérica -¡Qué dice, que está
diciendo hombre! -Y él me va a hacer mucho daño porque lo sabe
todo... ¡lo sabe todo! -Sigue temblando Walter. En ese momento bajan la escalera Salvador e
Isabel que lo miran. Walter, al verlos, sube los pies sobre el sofá
y se acurruca con miedo. -¿Quiere esperar al médico o prefiere que yo
lo lleve al hospital? -Se ofrece Salvador. Pero Walter retrocede con miedo y se sube al
respaldo del sofá gritando -¡No quiero que me lleve, no quiero que me lleve a
ningún lado! -Y se refugia detrás del sofá -¡aléjese y manténgase lejos de mí! -¿Desconfía de mi? -Le interroga Salvador- ¿le
hice o cree que puedo hacerle daño? Walter se pone llorar y se tapa la cara con
las manos -¡Usted no, usted no, don Pedro José Donoso! -Empieza a llorar y a
gritar- ¡me quiso matar, me quiso matar! -Y desesperado se abraza al sofá. -Será mejor que se retire Salvador -interviene
Ángela- usted lo pone más nervioso. Salvador se dispone a retirarse cuando mira a
Simón -¿No se le hace tarde para ir a la empresa? -El auto está descompuesto, pero enseguida
tomo un taxi -le responde Simón seco. -Pues si quiere yo lo llevo, voy saliendo para
allá -le anuncia Salvador y se retira. Simón lo mira sin moverse mientras Salvador
sale de la casa. Antonio sale corriendo detrás de él. Isabel suspira profundamente mientras Walter
sigue temblando de miedo. * Afuera en el jardín, Antonio alcanza a
Salvador que se dispone a subir al auto -Salvador, espere un momento por favor,
necesito hablar con usted. Salvador se detiene y lo mira duramente
-¡Habla! -¿Para eso nos pidió un plazo, para vengarse
de todas las personas que le hicieron daño a don Pedro José? -Antonio, no tienes por qué hacerme esa
pregunta. -¡Discúlpeme señor, pero no puedo quedarme
callado, al menos cuando veo que se comporta injustamente como nunca lo haría
don Pedro José! -Te recuerdo que no soy don Pedro José, soy
Salvador Cerinza ¡no digas que me comporto injustamente porque nadie, ni tú
mismo, tienen derecho a censurar mi conducta! Antonio se enoja y lo amenaza -Pues entonces
le aconsejo que cuide sus pasos porque a don Pedro José lo amábamos y lo
respetábamos por encima de todas las cosas... en cambio usted... usted no
termina de ganarse nuestra confianza. En ese momento los alcanza Simón y Salvador
sube al auto sin hablar. Simón también sube al auto y se marchan. * Rebeca, Abigaíl y las empleadas llevan a
Walter a su cuarto mientras éste sigue diciendo -¡Vino para vengarse, vino a
recuperar todo lo que le pertenecía! -Y de pronto se abraza a las escaleras
-¡era él, yo no quiero ir a mi habitación! Abigaíl trata de calmarlo -En su cuarto va a
estar tranquilo, así que relájese. -Doña Rebeca, usted que lo sabe todo ¡no me
deje solo! Pero esto pone muy nerviosa a Rebeca-¡Quédese
callado y tranquilo! -Le grita Rebeca- hablaremos más tarde... Vicky lléveselo. Vicky lo toma del cuello y a golpes lo lleva a
su cuarto. Rebeca se queda en el pasillo mientras Abigaíl
corre detrás de Vicky y Walter. Isabel llega y encuentra a su tía, la mira y
luego se retira. * Mientras tanto en el camino Salvador detiene
el auto -Parece que tenemos problemas, parece que explotó una llanta. Salvador y Simón bajan y examinan la llanta. -¡Yo la cambio Salvador! -Se ofrece Simón- no
se vaya a ensuciar... mi ropa no es tan fina como la suya. Salvador sin hacer ningún esfuerzo acepta
tranquilamente mientras Simón se pone a cambiar la rueda. * Mansión. -Abigaíl, no puedo creer lo que me cuentas de
Walter -se sorprende Valeria mientras se maquilla tranquilamente-¿está muy mal? Abigaíl hace la cama. (Evidentemente Valeria
ya no hace nada otra vez -¡Se ve muy golpeado! Pero la verdad no lo sé
señorita, creo que fue más el trastorno que otra cosa. -¿Pero qué hacía en el bosque? ¡Y de noche! -No tengo la menor idea, como no cuenta nada,
sólo dice cosas muy extrañas... a mí me parece que lo tiene un poco inquieto la
música del piano. -¿Por qué? -Porque no deja de mencionar al Sr. Donoso,
repite y repite que es él el que toca el piano. -¡Y acaso alguien lo duda, porque yo no!
-exclama Valeria- Cada vez me convenzo más que se trata de don Pedro -le
responde Valeria sin sentido. (Si está segura y no duda, Abigaíl abre los ojos y la mira con espanto. -Abigaíl, nadie puede tocar con la destreza
que él lo hacía. -Bueno, usted sabe de pianos, así que sabrá
porque lo dice ¿verdad? -Abigail la sigue mirando como si estuviera más loca
que una cabra. -Aunque todos piensan que es una locura y no
crean en ese fenómeno, si Walter se trastornó fue porque lo vio. -Bueno, señorita, hasta ese punto no podemos
aceptarlo. Valeria suspira -¡Cómo me gustaría verlo a mí!
-Y se sienta la cama -¿sabes Abigaíl? Yo no me trastornaría si lo viera. Abigaíl la mira asustada y asiente lentamente
con la cabeza -¡Con permiso señorita! -La deja sola. * Mientras tanto Simón termina de cambiar la
rueda -¡Listo! Yo podemos irnos cuando quiera. Salvador saca dinero del bolsillo y lo cuenta. Simón se enoja con razón-¡Salvador! ¿Qué hace? -¡Es un premio a tu trabajo! -Le responde
Salvador mientras le tiende el fajo de billetes-¡Lo que se hace con buena
voluntad merece una recompensa! Simón se queda mirándolo y recuerda una escena
parecida con don Pedro José Donoso. "-Listo don Pedro, su nave quedó como
nueva. -La verdad no creí que pudieras arreglarlo
¿dónde aprendiste mecánica? -En realidad no es que sepa tanto, además es
una tontería. Don Pedro José Donoso saca dinero de la
billetera y se lo entrega -Toma. Simón lo acepta con gusto y ríe feliz -¡Todo
ese dinero es para mí! -¡Claro, es una recompensa por tu trabajo! -Le
sonríe don Pedro. Simón lo mira feliz. -Todo lo que se hace con buena voluntad merece
un premio -dice don Pedro. Simón toma el dinero -¡Hijole don Pedro, usted
es muy buena gente conmigo! Con esto me alcanza perfecto para comprarme los
zapatos del gimnasio -y lo abraza feliz -¡Don Pedro como muchas gracias! Don Pedro también lo abraza y luego sube a su
auto." Simón vuelve la realidad y mira a Salvador que
le ofrece el dinero sin moverse. -¿Qué pasa, por qué no quiere recibirlo? -¡Guárdese su dinero, me ofende con su
ofrecimiento! Salvador lo detiene -¡Por favor, mi intención
no es ofenderte muchacho! Ayer te sirvió para comprarte tu equipo de gimnasia,
hoy te lo estoy ofreciendo como muestra del gran te aprecio que te tengo y que
siempre te tuve aunque desconfíes de mí -y Salvador sube al auto. -¿Por qué me dices estas cosas Salvador? ¡Por
qué me dice esto Salvador! -le grita Simón. -Sube al coche muchacho que se hace tarde,
sube -ordena Salvador y arranca el auto. Simón termina de guardar las herramientas y
sube al auto. (Toda esta escena horrible!!! primero... Habitación de Walter. El médico examina a Walter -¿Le duele aquí? Walter gime cuando el médico le examina las
partes golpeadas, tiene moretones de los golpes de Salvador. Aparte del dolor Walter tiembla de miedo. -Me dijeron que estuvo toda la noche en el
bosque... ¿es cierto? -Interroga el doctor. Walter no responde pero tiembla violentamente. -El clima está muy frío -sigue el doctor -pudo
haber pescado una neumonía ¿qué estaba haciendo allí Walter? -¡No me pregunte! -Le ruega Walter. -¿Tampoco puedo preguntar cómo se golpeó?
Parece que alguien se lo hubiera hecho. Walter trata de incorporarse en la cama y
niega con la cabeza -No me pregunte doctor -gime. El doctor preocupado lo sigue examinando en
silencio. * En la sala, Isabel espera impaciente al doctor
que baja las escaleras con aire preocupado. -¿Cómo sigue? -Isabel se pone de pie. -Tiene algunas contusiones y un principio de
bronquitis, pero le bastará que se cuide un par de días y que se tome las
medicinas que le receté para que se anime. -Menos mal doctor, yo la verdad pensé que la
situación estaba más grave -suspira aliviada Isabel. El doctor desvía la mirada -¡Puede ser más
grave! -Hable claro -le pide Isabel. -No respondió a las preguntas que le hice,
está pasando por una crisis nerviosa bastante fuerte. -Bueno, pero me imagino que le habrá dado
algún medicamento para controlar eso. -Señora Isabel... Yo no quisiera preocuparla
pero la situación que se presenta aquí es bastante curiosa. Isabel se pone nerviosa -¿Por qué lo dice? -Todos padecen choques emocionales, como si se
tratara de algo contagioso... Antonio, don Andrés, su prima Valeria... ¡y ahora
Walter! -Y la mira con sospecha -no, no puede ser una simple coincidencia... Isabel desvía la mirada. -Señora Isabel... ¿qué está sucediendo en esta
casa, existe algo que los está afectando? Isabel lo mira y luego desvía la mirada sin saber
qué contestarle. * En el pasillo de servicio Walter duerme
profundamente, roncando, cuando Isabel le pone una mano sobre el hombro
-¡Walter! -Lo despierta. Walter que está arropado en unas mantas se
despierta sobresaltado y la mira aterrado. -¿Qué está haciendo aquí Walter? -Le reclama
Isabel- el doctor le recomendó absoluto reposo... ¿qué está haciendo aquí
afuera? -¡Nada!... -y Walter se envuelve con la cobija
-no quiero ir a mi cuarto porque es... ¡es muy alejado de todo y está muy
aislado!... ¡me da miedo estar solo! Isabel lo mira con pena -No se preocupe, que
yo le voy a encomendar a alguna de las empleadas para que lo atienda
constantemente Walter... pero vaya a su cuarto. -¡No! -Ruega Walter. -¡Por favor, no le va a pasar nada! -Isabel lo
ayuda a levantarse. Walter temblando accede y se deja guiar - No
-vuelve a repetir. -¡Hágame caso, todo va a estar bien! -Y lo
lleva lentamente a su cuarto. * Al entrar a la habitación de Walter, Walter
trata de retroceder y salirse otra vez pero Isabel entra con él y lo calma. -Gracias por preocuparse por mí- agradece
Walter mirando con desconfianza alrededor suyo. -No tiene nada que agradecer, mejor cuídese
Walter... -y luego agrega con su frialdad habitual -a mí no me conviene tener a
los empleados enfermos -Isabel se dispone a retirarse. Pero Walter sigue mirando con miedo todos
lados. Isabel se detiene y le pregunta -Walter ¿usted
tiene miedo, no es cierto? Walter no contesta. -¿Miedo de qué? No dude en decírmelo, se lo
suplico... si alguien lo golpeó usted está en obligación de decírmelo, sea
quien sea, haya sido quien haya sido... ¡dígamelo! Walter la mira y luego dice en un susurro -¡No
se puede acusar a un fantasma! Isabel traga saliva -¿El fantasma de quién? Walter cierra los ojos y luego responde -¡Don
Pedro José Donoso! Se lo juro señora Isabel... ¡vino para hacernos muchísimo
daño!... ¡no va a detenerse hasta destruirnos a todos, se lo juro, va a
terminar destruyéndonos a todos! Isabel reacciona con miedo y le grita -¡No! * Esa noche Simón está sentado en la mesa del
comedor cuando Abigaíl se acerca para preguntarle qué le pasa-Pensé que ya te
habías ido a tu cuarto. -No tengo sueño todavía. -Desde que llegaste estas muy pensativo Simón.
¿Tienes algún problema? -Si los problemas están aquí mamá ¿cómo sigue
Walter? -Muy extraño, no deja de repetir lo mismo
-Abigail se sienta su lado- dice que don Pedro José está aquí y que ha
regresado para hacernos daño a todos. -¡Pues a lo mejor tiene razón! Todo lo que
dice es cierto. -¡Hijo, pero cómo se te ocurre decir algo así!
Don Pedro José era un ser muy bondadoso, si siempre nos ayudó y protegió en
vida... ¿por qué va a querernos hacernos algo después de muerto? No, lo de
Walter son sólo obsesiones que están provocadas por su remordimiento. -¿Y si no son sus remordimientos? Será otra
cosa mamá... Yo... a veces sí siento que don Pedro José está entre nosotros,
pero no como un fantasma que nada más toca el piano, sino como algo más real,
más inquietante. -Quieres explicarte Simón. -¡Es lo que quisiera, poder encontrar una
explicación antes de volverme loco! -le levanta la voz Simón y se marcha. * En su habitación Isabel lee un libro cuando
entra Salvador. Isabel deja de leer y le dice con reproche -¡Me imagino que
estuviste en la empresa todo el día! Salvador le acaricia el pelo y luego se agacha
y la besa -¿Te molesta que te haya dejado sola? -¡No! -Sonríe con ironía -¡de cualquier forma
me tengo que acostumbrar a la vida que me quieres imponer y a la manera tan
extraña que te comportas conmigo! Salvador la mira extrañamente. -¿Eso es lo que busqué, no? -Le pregunta
Isabel y trata de volver a concentrarse en su libro. Salvador no le responde y se pasea por el
cuarto -¡Isabel! Quiero... -y se arrodilla a su lado -¡quiero invitarte a salir
esta noche! Pero Isabel sonríe con amargura - ¿Por qué te
molestas mi amor? Si ya estuve encerrada todo el día, no hace falta que me
saques a pasear ahorita -y trata de volver a leer el libro. Pero Salvador se lo empuja y lo hace caer...
pero luego se arrepiente, lo recoge y lo vuelve a poner en sus manos -¡Vamos a
salir! -le pide- ¡No quiero desesperarte como probablemente te pasó con Andrés
Corona, ni aburrirte como lo hizo Pedro José Donoso! Isabel lo mira extrañada. -¡Quiero que vivas conmigo lo que no viviste
con ninguno de ellos! -Y la mira con pasión-¡eso quiero! Isabel esboza una sonrisa. Salvador le sonríe y la besa... y luego añade
con palabras muy extrañas -¡Me propongo darte lo que te mereces y hacerte
sentir mucho más de lo que podrías esperar de cualquier hombre! Y hoy
te vuelvo a enamorar y aunque creerlo te cueste ¡Si fuiste mía una vez Tú lo serás para siempre! ♫ Isabel sonríe y luego lo besa con amor.
Salvador le toma el rostro en las manos y se vuelven a besar. * Mas tarde, Isabel vestida de negro y Salvador
de traje, suben al auto. No muy lejos Rebeca los mira con odio. El auto se
aleja y Rebeca tiembla de rabia. Rebeca entra de vuelta a la casa y se cruza
con Vicky -¿Quiere cenar? -No, no quiero comer, voy a visitar a Walter. -Nora está con él, haciéndole compañía...
fíjese que yo no entiendo que le pasa a Walter, por qué no quiere quedarse solo
-le comenta. -¡Ya por favor! -Le corta Rebeca y la deja
plantada. Rebeca entra al cuarto de Walter y despacha a
Nora -¡Nora, necesito hablar con Walter a solas, así que retírese por favor! -Muchas gracias -dice Nora que sale corriendo. Walter se cobija entre sus sábanas temblando
-No debió haber hecho eso doña Rebeca, porque a usted no le gusta que doña
Isabel la vea hablando conmigo. -¡La señora Isabel acaba de salir con
Salvador! -le dice Rebeca arrastrando la palabra señora- Seguramente la obligó
después de dejarla sola todo el día. Walter cierra los ojos y no le contesta. * En el auto, Isabel va con Salvador. Salvador
le sonríe. Isabel le sonríe. * En la mansión. -¡La tiene dominada como nadie pudo antes! Por
más que intento sacarla de su error no entiende -se queja Rebeca. De pronto se da cuenta que Walter mira a lo
lejos y no la escucha -¿Walter, qué pasa? ¡Walter, me puede decir qué vio en el
cuarto del sótano! Walter se pone a temblar como una hoja
-¡Descubrí al hombre... don Pedro José Donoso! -¡Walter! -Rebeca mira al techo exasperada. -¡Es cierto, es cierto! -¡Walter por favor no diga más idioteces! ¿No
se da cuenta que estamos usted y yo solos? -¡Le juro que es la verdad! -Le suplica Walter
llorando. -Walter, mire, yo no creo en esos cuentos ni
creo en fantasmas... usted vio a otra persona, se impresionó demasiado y pensó
que era el viejo Donoso ¡eso es todo! -¡Se lo juro doña Rebeca, es verdad, era él!
Era su cara, era su voz, era todo -le dice gritando. -¡Cálmese por favor, usted está confundido! -Puede ser, no sé -Walter se toma la cabeza -a
veces veía a Cerinza... a veces veía a Donoso. -Claro, claro -triunfante Rebeca- se quiere concentrar
por favor y me puedes decir por fin a cuál de los dos cree que vio ¿eh? Walter mueve la cabeza desesperado -¡No sé, no
sé, no sé! -Se golpea la cabeza- ¡era un verdadero espectro, una aparición
fantasmal! -Y sus ojos verdes se llenan de miedo. Rebeca lo mira con desprecio. * Una fiesta de disfraces. Isabel y Salvador sin disfraces bailan en
medio de una gran fiesta de disfraces. -No me dijiste que se trataba de una fiesta de
máscaras -sonríe Isabel. -¿Te habrías puesto una máscara para venir?
-Sonríe Salvador mientras la lleva en sus brazos. -¿Lo hubieras hecho tú? -Contraataca Isabel. -¡Quizás tenga puesta la máscara perfecta
Isabel! -Le confiesa al Salvador- ¡y nadie se ha dado cuenta, ni siquiera tú! Isabel se pone seria -Mi amor, en verdad... ¿te
importa mucho la empresa? -¡Siempre me ha importado! -¿Aún cuando eras simplemente un empleado
humilde de Pedro? -¡Aún entonces! -Lo que pasa es que ahora que me independicé
de Cítricos Donoso y me asocié con CroBergman yo... ¡creo que vas a tener que renunciar
para encargarte de mi nuevo proyecto! -Le sonríe segura. -¿Es una invitación? -Le pregunta Salvador
serio. -¡Eres mi marido y no me puedo dejar sola!
Mucho menos interesarte en un negocio ajeno. -¿No serías tú la que abandona un negocio que
deberías considerar tuyo? ¡Pedro José confió plenamente en ti, por eso te
ofreció el cargo desde el día en que te conoció! Isabel sonríe pícara -¡Quizás lo hizo con la
intención de seducirme! Salvador hace una pausa y luego reconoce
-¡Quizás! Pero lo más importante era tu talento y tu gran capacidad de trabajo. -¡Sí mi amor! Él sabía que yo le iba a
responder como él quería -Y los ojos de Isabel vagan en la distancia -por eso
me ofreció ese cargo -Isabel suspira -¡fue precisamente aquí! -Y recorre con la
mirada el salón -¡en este lugar! Isabel recuerda. "-No crea que lo hago por halagarla... No
acostumbro a mezclar mis afinidades con el negocio -le dice don Pedro José
Donoso mientras bailan -si le ofrezco el trabajo es porque estoy seguro de que
usted tiene la capacidad para ser gerente de producción de la empresa. -No vaya tan a prisa señor Donoso -rechaza
Isabel- yo no me perdonaría si cometiera una injusticia en contra de Inírida Fernández. -¿Y qué tiene que ver Inírida en esto? -Bueno, que ya lleva muchos años trabajando
para esta empresa y que siempre ha soñado con ocupar ese cargo. -No creo que ella tenga la capacidad. -¡Ella estudió muchos años en Europa, en
cambio yo... yo carezco de esa experiencia! -Le dice sinceramente Isabel. Don Pedro José Donoso sonríe -¡Déjeme decirle,
los mejores trabajadores no son los que estudian en las grandes universidades,
ni tampoco los que viajan por todo el mundo, sino los que tienen la voluntad de
tomar decisiones, como usted! -¡Por encima de todo, yo creo que está la
lealtad! Y yo de ninguna manera desplazaría a una amiga como ella. -Nunca pienso darle ese cargo a Inírida -le
responde serio Pedro José -¡así que hágame un favor, acepte lo que le propongo
y el puesto de suyo a partir de mañana!" Isabel vuelve realidad y se encuentra bailando
los brazos de Salvador. Isabel deja de bailar y se separa de Salvador.
Se dirige a servirse una copa de vino. Salvador la sigue. Isabel le sirve una
copa. -Parece que no te diviertes en ninguna de
nuestras salidas ¿tampoco te gusta este lugar? Isabel le pasa la copa de vino -¿Tú qué crees? -¡Estás bebiendo demasiado Isabel! (Frase fuera de lugar, Isabel lo mira furiosa. -Con Pedro José no pasaba lo mismo -sigue con
tono burlón. -¡No, con él no pasaba lo mismo! -Le responde
enojada Isabel y luego vuelve a recordar. "Pedro José le sirve una copa de champaña
y brinda - ¡Salud Isabel! -Gracias don Pedro, pero yo creo que por hoy
ya fue suficiente -rechaza la copa Isabel. -¿Siempre se controla tanto? -¡En todo, no nada más en la bebida! -Le
sonríe Isabel. -¡Vaya pues! -Le dice admirado Pedro José
-¡brindo por la mujer más bella, inteligente y controlada que he
conocido!" Isabel vuelve la realidad y decide brindar con
Salvador -¡Salud por Pedro! Salvador sonríe con ironía -¿Pero por qué
brindamos por él y no por nosotros? Isabel le responde furiosa -¡Porque al parecer
no hay otra cosa que te entusiasme más que recordarlo a él, porque no has hecho
otra cosa más que seguir sus pasos e imitarlo en todo! -Y levanta la copa con
rabia. Salvador hace chocar las copas sonriendo. Pero Isabel en lugar de beber de su copa la
estrella contra el suelo -¡Qué importa lo nuestro Salvador, si solamente
piensas en él! -y se marcha furiosa de la fiesta. Toma su cartera y se dispone a retirarse
cuando de pronto se siente mal y las figuras enmascaradas bailan fantasmagóricamente
a su alrededor. De pronto ve a don Pedro que la mira enojado y
sin sonreír. Isabel retrocede y choca con Salvador que le pregunta -¿Qué te pasa
Isabel? Isabel tiembla -¡No quiero estar aquí, sácame
de aquí, sácame de aquí por favor! -Le ruega. * Al llegar a la casa Isabel entra corriendo y
sube las escaleras sin esperar a Salvador. Salvador sube las escaleras
tranquilamente. Al pie en las escaleras Simón los ve llegar y
los mira intrigado. * Isabel entra a su habitación y se saca los
aros todavía temblando y se sienta en la cama. Salvador tranquilo entra detrás de ella y se
sienta su lado y toma aire profundamente. Isabel se aleja de él. Salvador se acerca y le pone una mano sobre la
rodilla. Isabel mira su mano con disgusto. -¡Te quise complacer! -se excusa Salvador-
Lamento mucho que la noche haya terminado así. Pero Isabel no le cree- ¡Ah sí! ¿Y cómo
querías complacerme, de qué manera? -Lo mira llena de furia -¡llevándome a los
mismos lugares que él me llevaba, diciéndome exactamente las mismas cosas que
me decía! -Explota llena de rabia -¡a dónde demonios quieres llegar Salvador,
dímelo de una vez, dímelo de una vez! -Le grita. -Estás enojada porque probablemente te
arrepientes de todo el daño que le hiciste -deduce Salvador. -¡No! -Le corta Isabel enojada - ¡no! -Y luego
lo mira directamente a los ojos -¡yo no me arrepiento absolutamente de nada! Es
más... si tuviera que regresar al pasado haría exactamente las mismas cosas que
hice... -le responde Isabel absolutamente convencida de sus palabras -¡no
omitiría nada, absolutamente nada! Isabel se levanta de la cama pero Salvador se
levanta y se le pone enfrente y la detiene -¿Y si don Pedro regresara?...
¿serías capaz de volver a... Matarlo por mí? Isabel lo mira con rabia y le da tremenda
bofetada. Salvador cierra los ojos y luego la toma del
cuello y la besa con pasión. Isabel responde igual. Se separan y Salvador le dice seguro de sí
mismo -¡Sí, lo matarías por mí, lo matarías! Isabel no responde simplemente lo besa. * Simón se pasea de un lado a otro en la sala
-Algo extraño debe tener Salvador como para conseguir lo que quiere y sin
costarle mucho esfuerzo, hasta se me vienen ideas raras en la cabeza cuando
pienso que es amigo de la espiritista. -Es mejor que no pienses más de la cuenta
Simón -le responde Antonio que está tirado en el sofá. -Nadie que se relacione con personas de esas
actividades es de confiar. -Tú no puedes juzgar a nadie y menos a
Salvador, no hables de él como si fuera una mala persona. -¿Y qué puedo pensar de una persona que conoce
hasta los más mínimos secretos de otro que ya no existe? Antonio se toma la cabeza -Pues no sé, la
verdad no sabría que responder. -Salvador conoce lo que únicamente don Pedro
José podía conocer... Y tú debiste averiguarlo cuando fuiste a visitar a la
espiritista. Antonio no responde. -¿Él estaba ahí? ¡Dímelo! -Ya Simón, deja de preguntar, me estás
desesperando. -Él estaba ahí y por eso tú regresaste
trastornado, igual que le pasó a Andrés Corona y como ahora le está pasando a
Walter. -Pero ya hombre. -Antonio ¡qué averiguaste, dímelo! -le
suplica. -Simón, si no quieres volverte loco, no
averigües, y yo no te voy a decir nada porque no estoy completamente
convencido. -Antonio... ¿quién es Salvador?... ¿qué
oculta? Antonio, tú lo sabes y me lo vas a decir. -No tengo nada que decirte -Antonio se marcha
exasperado. Simón suspira lleno de dudas. * En su habitación Isabel y Salvador se siguen
besando apasionadamente cuando de pronto Isabel se detiene y se separa. -¡Ningún hombre te amará como te amo yo,
ninguno! -exclama Salvador -¡te quiero sólo para mí! Pero Isabel se puede se pone a temblar como
una hoja porque a la persona que ve diciéndole estas palabras es Pedro -¡Te voy
a hacer olvidar los besos de Andrés Corona, quiero entregarte todo lo que Pedro
José quiso y no pudo! -le dice Pedro- ¡Te haré sentir como ningún otro lo ha
hecho! -¡No! -grita y lo rechaza Isabel -¡no quiero,
perdóname! -Isabel -se sorprende Salvador. -Es que no me siento bien -le dice llorando
Isabel -¡perdóname! -corre a refugiarse en el baño. Al quedar solo Salvador toma el retrato de don
Pedro José Donoso y le guiña un ojo, luego toma el saco de traje y sale de la
habitación. FIN DEL CAPITULO
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