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El Cuerpo del Deseo

Versión Modificada por: MABOUCHITA

*

El hombre feliz es aquel que siendo rey o campesino, encuentra paz en su hogar. 

Johann Wolfgang von Goethe.

*

CAP# 139: jueves 2 de febrero de 2006 –  ERA UN CAMPESINO IGUALITO QUE YO

*

Mansión.

Salvador duerme intranquilo.  Tiene una pesadilla en la que aparece Ángela histérica y gritándole –“ Le exijo que me diga quien es usted…. ¿Por qué conoce los detalles más ocultos de mi papá?”

En su pesadilla, a continuación, aparece Isabel bella y brindando con una copa de champaña –“ ¡Por Pedro!”

-“ ¿Por qué brindamos por él y no por nosotros?”

-“ ¡Porque al parecer no hay otra cosa que te entusiasme más que recordarlo a él! –con ironía Isabel- ¡porque no has hecho otra cosa que seguir sus pasos y querer imitarlo en todo!”

Salvador despierta sobresaltado llamándola- ¡Isabel! –y repite con desesperación- ¡Isabel!

*

Las Cruces.

Mientras tanto Isabel va con Fátima a ver a Lilia.  Fátima entra a la habitación de Lilia que se encuentra echada en la cama sin ganas- ¡No me interesa hablar con nadie y menos con gente que viene a averiguar por el hombre que me hizo tanto daño! –se queja.

-¡Ay discúlpame Lilita! –se excusa Fátima- ¡es que no pensé que te fuera a molestar! Y le dije que me acompañara… está en la sala.

-¡Por Dios Fátima! ¡a quien trae usted!

-A una señora muy distinguida… así como nosotras… -Fátima no se inmuta- ¡y muy bonita por cierto!

-¿Y quien es? –pregunta un poco curiosa Lilia- ¿Qué hace?

-El policía Henri me dijo que era una periodista muy importante que venia a averiguar del caso de Salvador –y luego pone cara de indignación -¿Tú crees que el padre Jacobo no le quiso contar nada?

-¡Pues yo tampoco le diré nada! –decide Lilia- así que dile a esa mujer que por favor se retire.

-Pues yo creo que deberías hablar de ese tipo y contarle a todo el mundo que te robó dinero – se enoja Fátima.

-¡Salvador no me robó nada! –le aclara Lilia enojada.

-¿Pero no nos dijiste a todos que huyó con tu dinero? –se sorprende Fátima.

-¡Si, con parte de mis ahorros! –admite Lilia- pero tres meses después me envió un sobre con el doble de lo que se llevó… ¿Cómo voy a acusarlo de un robo? ¡si está más que pagada, la deuda está más que cancelada! Por favor dile a esa periodista que se vaya, yo no quiero hablar con nadie… ¡me siento mal, me siento débil!

-¡Pues yo sí le voy a contar todo acerca de Salvador! –se despide Fátima- ¡nos vemos amiga!

Al quedar sola Lilia vuelve a acostarse en la cama, resignada y sola.

 

(Esta escena debe haber sido filmado anteriormente,  porque caso contrario no tiene sentido que Lilia no vea a Isabel, y la única razón por la que la ponen es para quitarle una mancha a Salvador… le regresó el dinero robado a Lilia)

 

*

Mansión.

-Está más calmada –Antonio le cuenta a Simón- pero pienso que tenemos que sacar el piano y abrir el estudio.

Valeria que los escucha se espanta.

- ¡Antonio! No le echemos la culpa al piano… ¡Salvador es el único que la está alterando! –dice Simón.

-Disculpen que me entrometa pero yo creo que deshacerse del piano es muy mala idea –interviene Valeria- ¡es un recuerdo de don Pedro!
-¡Si, pero cuando los recuerdos torturan así, tenemos que librarnos de ellos! Además si ese piano vuelve a sonar o vuelve a molestar a mi esposa… ¡yo mismo voy a encargarme de sacarlo!
-¡Tú no harás nada sin el consentimiento de Ángela! –le prohíbe Abigail- ¡deja que sea ella quien tome las decisiones!

(Y sí… castradora como siempre!)

 

-Voy a ver como se encuentra –decide Abigail, se levanta y sale.

Antonio la sigue y dejan solos a Valeria y a Simón.

-¿Tú también estás mal? Verdad Valeria –Simón.

-¡La situación en esta casa es cada vez más insoportable Simón! Sólo espero que llegue Isabel para decidir mi situación en esta casa.

-¡Valeria! No me vayas a ocultar ninguno de tus planes… sea lo que sea… recuerda que cuentas conmigo ¡y no debes tomar ninguna decisión sin consultarme!

(wow!  Y esta frase… desde cuando Valeria le debe explicaciones a Simón?)

 

-Simón… ¿no se te hace tarde? –corta Valeria.

Simón asiente con la cabeza y se marcha.  Valeria se queda sola y triste.

*

En la sala Simón se cruza con Salvador y lo mira con miedo.   Salvador lo ignora y entra a la casa.

*

Las Cruces.

En una bar, sentadas a una mesa, Fátima habla hasta por los codos sobre Salvador- ¡Yo conocí a Salvador mucho antes de lo ocurrido! –dice muy oronda - ¡cuando venia con su mujer al pueble! Y de un momento a otro se convirtió en todo un personaje.

-¿Me puede explicar eso?

-¡Como le explico! Salvador era un tipo insignificante, un campesino descuidado que venía los fines de semana a vender frutas y hortalizas al pueblo.

-¿Hace cuanto tiempo de eso?

-Pues hará como un año.

-¡No puede ser! –se sorprende Isabel- ¿usted está completamente segura de lo que me está diciendo?

-¡Completamente! Salvador era un tipo ignorante que no sabía ni leer ni escribir, se dedicaba a la agricultura y vivía aislado con su mujer y su hijo.

-¡Nada de esto tiene sentido! –Isabel suspira.

-¡Pues si piensa que no tiene sentido para qué pregunta! –se enoja Fátima y trata de levantarse de la mesa- ¡Dígame una cosa! ¿usted de verdad quiere escribir algo sobre ese hombre? –duda- ¿o le interesa algo más?

Isabel se asusta- ¡Perdón! Le suplico que no me haga caso… ¡siga platicando! Cuénteme – le ruega- ¡le prometo que no la vuelvo a interrumpir! ¿Qué fue lo que sucedió para que se convirtiera en ese… personaje del que me habla!

Fátima feliz continua - ¡Pues de repente sufrió un ataque extrañísimo! –le cuenta- ¡merito lo entierran vivo! –se escandaliza- ¡se despertó cuando iba camino al panteón!
Fátima revive el momento y vemos a Salvador abriendo el ataúd a patadas a Cantalicia gritando a todo pulmón. El padre Jacobo gritando “¡Dios mío! ¡Dios mío!”, Salvador levantándose del féretro roto y tosiendo.  Desesperado y asustado mirando a todos.  Al pobre Moncho mirando la escena horrorizado.

-¡Y ahí empezaron los cambios! –sigue Fátima- es que usted no me va a creer pero se lo juro por la virgencita –se santigua- ¡Santa Jacinta!... ¡se levantó del ataúd convertido en un hombre que sabia leer y escribir y tenía un chorro de conocimientos!

-¿Será posible? –no puede evitar Isabel.

-¡Contestó a todas las preguntas que le hicimos! –le cuenta Fátima- Inclusive se puso a tocar el piano en la Iglesia… ¡como si fuera todo un músico!

Con este último comentario Isabel pierde el aire y abre los ojos asustada.

-¡Aquello fue la locura! –sigue Fátima- Todo el mundo se volvió loco… ¡unos lo defendían! ¡otros lo atacaban! Se llenó el pueblo de chismes y diretes… ¡con decirle que el padre Jacobo se peleó con el doctor Valencia y con el comisario Ocampo! ¡fue horrible! –y la mira- ¡y de repente desapareció sin dejar rastros!

-Y su amiga… la señora Lilia -susurra Isabel- ¿Qué le sucedió con Salvador?

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-¡Pobrecita de veras! Cometió el error de ayudarlo… ¡y se metió en una! La gente le inventó una de chismes… -le cuenta- ¡por eso que la pobre no sale de su casa! –y luego dice con cara de espanto- ¡no! Si ese hombre vino y revolvió todo.

Isabel muy nerviosa toma agua.

-¿Qué le pasa? –se asusta Fátima- ¿se siente mal? Es que le debe haber impresionado mucho la historia ¿verdad?

-¡Sí! –admite Isabel temblando.

*

Mansión.

Valeria arregla su ropa-¿Ya llegó el doctor? –le pregunta a Abigail.

-Si, está ahí, atendiendo a Ángela –y luego se da cuenta que está apartando unos hermosos vestidos-¿Qué va a hacer con todos sus vestidos

-¡Ah! –suspira Valeria- me los obsequió Isabel y pienso devolvérselos, pronto me voy a marchar de esta casa y no quiero llevármelos.

-¡Me parece una tontería que lo haga! Eso es soberbia niña y usted no tiene nada de eso.

-¡No es soberbia Abigail! Al lugar donde voy no puedo usar esa ropa… ¡es demasiada llamativa! De todas maneras voy a plancharla –y diciendo esto toma el montón de ropa y se la lleva.

Abigail se queda intrigada y con el ceño fruncido. 

 

(Bueno, si esta conversación es para hacernos creer que Valeria se marcha a un convento, ya les digo que no, porque ya vi la novela…  además que sería ridículo).

 

Valeria tristemente sale de la habitación con su bulto de ropa y se dirige a la lavandería.  En el pasillo la ve pasar Salvador y la sigue.

*

Las Cruces.

Fátima se despide -¡Espero que le haya servido la información que le di!

-¡No! –la detiene Isabel- ¡no se vaya, todavía no terminamos!
-¡Pero es que yo ya le dije lo que sabía! Además se me hace tarde y yo tengo obligaciones que atender en el hospital.

-Le agradezco infinitamente todo el tiempo que me está dedicando –le dice sinceramente Isabel- ¡de verdad se lo digo! Pero hay una cosa más en la que necesito que usted me ayude.

-¿Pero en qué más le puedo ayudar? –se sorprende Fátima.

-¡Quiero que por favor me lleve a la casa de su mujer! A la casa de la mujer de Salvador.

Pero ante esto Fátima se preocupa- ¡A la casa de esa señora no! ¡no me quiero meter en problemas! Y además vive lejísimos

-Mire… ¡le pago lo que sea! –ofrece Isabel- ¡lo que usted quiera! ¡lo que me pida! –e Isabel saca dólares de su cartera.

A Fátima le brillan los ojos al ver el dinero.

-¡Pero necesito que me lleve! –le ruega Isabel- ¡necesito hablar con ella! –y le da un fajo de billetes.

-Bueno… -acepta Fátima feliz con el dinero.

Isabel suspira y para calmarse se toma un poco de te.

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-¿Vamos? –apura Fátima.

-¡Vamos! –dice Isabel.

Y ambas se marchan.

*

Mansión.

En la mansión Valeria se dispone a planchar ropa cuando Salvador entra a la lavandería detrás de ella. 

Valeria, tal como un pajarillo, se sorprende y trata de salir corriendo.

-¡Por favor! –la detiene Salvador- por favor no huyas.

-¡Salvador! 

-¡Valeria! lo único que estoy buscando es la manera de pedirte disculpas.

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-Si es por eso no te preocupes.

-¡Estás enojada estás conmigo! –se sorprende Salvador con los ojos llenos de lágrimas.

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En ese momento entra Abigail- ¡Señorita Valeria! ¡niña!

Valeria al verla sale corriendo.

Abigail enfrenta enojada a Salvador- ¡Salvador! Usted y yo tenemos que aclarar varias cosas.

Salvador mira a lo lejos y se seca las lágrimas.

*

Las Cruces.

En el pueblo Jacobo se acerca a Henri- Tengo que hablar con usted… ¿Qué paso con la señora que llegó ayer en la noche?

-Nada del otro mundo… ¿Por qué lo pregunta padrecito?

-Porque me dijeron que fue a buscarlo muy tempranito.

-Bueno padrecito, es que no podía ser descortés con una mujer tan bonita y le ayudé a conseguir toda la información que necesitaba.

-¿Qué pasó? –se inquieta Jacobo- ¿Qué le dijo?

-¡La llevé con la enfermera Fátima para que le contara todo acerca del resucitado! –dice orgullosos de su acción el policía.

Pero el padre Jacobo no es de la misma opinión- ¡Ay! Que el cielo nos ayude… ¡pero que bruto eres hijo! ¿Cómo se te ocurrió?
-¿No hay que ayudar a los periodistas?

-¡Pero cual periodista! Si ella no es ninguna periodista.

-Bueno, no me dijo nada de eso ¿verdad? Lo deduje.

-¡Y quítese el sombrero cuando hable conmigo! –de pronto se enoja Jacobo y se santigua- ¡luego nos vemos!

El policía levanta los hombros y lo ve partir muy tranquilo.

*

Isabel conduce, a su lado Fátima, y se empieza a preocupar- ¿Falta mucho para llegar?

-¡Yo le advertí que la señora vivía lejos! –dice imperturbable Fátima- siga derecho, ya casi llegamos, ya estamos cerquita –la tranquiliza.

Isabel sigue decidida, el Jaguar blanco es como una mosca en la leche, en medio de tanto descampado.

*

Mansión.

-Está muy bien de salud –diagnostica el doctor- lo único que noto es una profunda ansiedad… ¿hay problemas Antonio?

-Algunos… es la verdad… están relacionados con esta casa.

-Le aconsejaría alejarla de aquí por una temporada pero no es conveniente…. ¡por lo visto aquí nadie puede vivir en paz! –se sorprende- ¡hay algo que les está desajustando los nervios a todos!

-Algunas personas son muy difíciles –dice Antonio críptico- y los roces son muy frecuentes… ¡la situación no está nada fácil!

-¡Parece que desde que murió el señor Donoso todo ha cambiado en esta casa muy rápidamente! Es lógico que no se lleve bien con la señora Isabel, especialmente ahora que se casó con Salvador.

-¡Si! –admite Antonio- ¡Así es!
-¿No hay manera que tú y Ángela se instalen en otra parte? Al menos hasta que nazca el niño.

-¡Ángela no lo aceptaría!

-Bueno, siendo así –se resigna el doctor- traten de evitar los disgustos.

-Eso no será nada fácil pero haremos todo lo posible, gracias doctor.

Cuando el doctor se marcha Antonio vuelve a la habitación de Ángela.

*

Lavandería

-¡Acéptelo Salvador! –le recrimina Abigail- ¡se está acabando con nuestros nervios y nuestra paciencia!
Salvador muy triste, sintiéndose rechazado por todos, simplemente llora en silencio, las lágrimas le ruedan por las mejillas.

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(Si llevamos la lista, Ángela, Antonio, Valeria y Abigail lo han rechazado en menos de 24 horas )

 

-¡Nos pidió un plazo para demostrarnos! ¿Qué es lo que nos está demostrando? –le grita- ¡se puede dar el lujo de trastornarnos la vida!

Salvador con desesperación se tapa la cara con las manos y ronco le contesta- ¡No confunda mis intenciones Abigail!

-¡Ayer indispuso a Ángela! –le acusa Abigail- ¡hoy lo sorprendo molestando a la señorita Valeria! ¿pero qué tiene en la cabeza hombre de Dios? ¿Por qué se empeña en mortificarnos?

Salvador se seca las lágrimas y sin mirarla le pregunta- ¿Por qué desconfía de mí Abigail? –y le repite- ¡por qué desconfía de mí!

-Mire… si ya no confiamos en usted es culpa suya… ¿cree que yo no me he roto la cabeza intentando descifrar sus acertijos? ¡Dios no lo quiera! Pero voy terminar pensando lo peor de usted Salvador.

-¿Qué sería lo peor? –la desafía Salvador mirando a lo lejos.

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-¡Qué de verdad se alió con Gaetana Charry para entrar en esta casa y para apoderarse de ella!

-¡Y usted de verdad cree que yo soy un vulgar ladrón!  -le dice Salvador con amargura y mirándole directamente a los ojos.

Pero Abigail no baja la mirada y le responde- ¡Ni tan vulgar! Los ladrones comunes y corrientes sólo se roban lo material… usted… -y ahora le acusa- ¡Nos ha robado la tranquilidad! – y trata de marcharse.

Salvador la detiene- ¿Por qué no se desahoga Abigail? –con rabia contenida- ¡Ándele! ¡dígame todo lo que siente!

Abigail retrocede sorprendida- ¿Qué más puedo decirle? ¿Qué nos sentimos engañados? ¡su matrimonio con doña Isabel lo demuestra!

Salvador sonríe tristemente y mira a la distancia moviendo la cabeza negativamente- ¡Porque usted nunca la quiso! –hace una pausa- ¡porque desconfió de ella desde que llegó a esta casa!

Abigail se queda cortada y recuerda cuando el viejo Pedro José le presentó a la bella y joven Isabel.

“-¡Abigail! Le presento a la señorita Isabel Arroyo, una nueva y muy importante empleada de nuestra empresa”

“Abigail le sonríe forzadamente- ¡Encantada señorita!”

“-Es un placer conocerla Abigail –la sonrisa de Isabel es más sincera- Don Pedro me ha platicado mucho de usted”

“Abigail sonríe aún más forzadamente”.  Vuelve a la realidad.

-Porque intuía el peligro que representaba y trató de advertir a don Pedro José –sigue Salvador.

Abigail asustada retrocede un paso, y sale corriendo del cuarto. 

Salvador le corre detrás - ¡Niéguelo! –le grita en el pasillo.

Abigail se detiene y Salvador se acerca lentamente con las manos en los bolsillos

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-¿De verdad va a negar que intentó hacerle ver que Isabel no le convenía como esposa?

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-¡Eso es falso Salvador! –le enoja Abigail- ¡yo jamás le dije una sola palabra al señor Donoso para enfrentarlo con doña Isabel!

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-Abigail, lo hizo indirectamente… ¿o ya olvidó la primera vez que Isabel llegó a esta casa? ¿Qué le dijo al señor Donoso en el comedor? ¿Qué le dijo?

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Abigail recuerda claramente el día en que Isabel, luego de una cena, se levanta de la mesa.

“Pedro corre a retirarle la silla solicito.  Isabel se excusa para ir al baño.  Al quedar a solas con Abigail Pedro comenta sonriendo feliz- ¿verdad que es preciosa? ¡Es una mujer excepcional!”

“-Es muy bonita señor, nadie puede negarlo –contesta seca Abigail.”

“-¿Qué pensarías si te digo que me pienso casar con ella?

“Abigail recibe la noticia con sorpresa y trata de disimular- Yo diría… que es… algo joven para usted señor”

“Pedro ríe divertido- ¡Mejor di que yo soy viejo para ella!”

“-Es usted un hombre maravilloso señor y se merece lo mejor… por eso no sería bueno que se dejara llevar por las apariencias o que se deslumbrara –le advierte- ¡no todo lo que brilla es oro señor Donoso!:

“Pedro pierde la sonrisa”

Abigail vuelve a la realidad y mira asustada a Salvador.

-El señor Donoso debió atender a sus advertencias pero no lo hizo –mira a los lejos, perdido- ¡se dejó deslumbrar por Isabel!

-¡El no tenía por qué escucharme! El señor Donoso era un hombre de criterio… ¿Por qué le iba a hacer caso a una pobre sirvienta como yo? –cierra los ojos.

 

(ufff!!!  Que pesada con la posición de victima!)

 

Salvador se acerca y le acaricia el rostro- Porque la admiraba –le cuenta.

Abigail lo rechaza y retrocede como si quemara.

Salvador baja la mano resignado- ¡La respetaba profundamente Abigail! Por eso.

-¡Por Dios Salvador! No me mire de ese modo –le ruega.

Salvador la mira fijamente- ¿Acaso la ofendo?

-¡No veo su mirada! –se aterroriza Abigail- ¡veo… la de otra persona! ¡y me da mucho miedo! –y huye corriendo.

Salvador se queda solo.

*

Las Cruces.

Fátima frunce el entrecejo- ¿Sabe qué? Paremosnos por aquí.

Isabel mira al descampado que los rodea y se sorprende- ¿Por aquí? ¿está segura? –frenando el lujoso auto.

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-¡Si por aquí! –Fátima baja del auto.

Isabel baja detrás de ella- ¡Oiga Fátima! –dice asustada- ¡aquí está muy desolado!

-Es que tenemos que caminar… como la casa está más allá y no podemos ir en el coche.

-¿Y no es peligroso?

-¡Pues si tiene miedo mejor nos regresamos! –se cansa Fátima- ¡yo no quiero que lamente nada!

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-¡No! –se niega Isabel- ¡lo que sí lamentaría sería no platicar con esa mujer!

-Bueno… ¡vamos!

-Bueno –repite Isabel- ¡vamos! –y sigue a Fátima que tiene zapatos de enfermera a duras penas con sus zapatos de tacones finos y elegantes, camina por la árida y tosca superficie a duras penas.

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Luego de caminar un rato llegan cerca de una casucha.  Isabel se detiene- ¿Esa es la casa?

-¡Si! Ahora falta que esté porque a veces se va a trabajar… ¡venga! Acérquese –y Fátima decidida grita- ¡Buenas! ¡Cantalicia! ¿hay alguien en casa? ¡Cantaliiiciiiaaa! –grita a todo pulmón.

Isabel, la mira asustada y mira a todos lados. 

La puerta de la pobre casa se abre y sale una Cantalicia sin aire, y sin ver a Isabel saluda- ¡Ay señorita Fátima!

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Moncho sale detrás de ella.

-¿Qué milagro la trae por esta su casa? –se sorprende Cantalicia, que está vestida con un vestido amarillo con flores, bonito.

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-¡Mire, la señora viene de Rio Claro y quiere hablar con usted!

Cantalicia se da media vuelta y descubre a Isabel que la mira con los ojos bien abiertos. 

 

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Cantalicia se queda sin aire y recuerda el casamiento de Salvador.  Isabel baja la mirada.

-¡Acérquese señora! –sigue Fátima sin darse cuenta de nada- ¡ella es Cantalicia!

Cantalicia se tapa la boca con una mano.  Isabel se acerca y saluda tímida- ¡Buenos días Cantalicia! ¿me podría regalar unos cuantos minutitos? –le ruega- ¡necesito hablar con usted! –le susurra.

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Pero Cantalicia solamente la mira espantada y nerviosa se rasca el cuello.  Moncho, que también la ha reconocido mira espantado a Isabel.

*

Mansión.

Walter vuelve a sus viejas habitudes y controla con su famoso reloj- ¡Usted no ha tenido un solo minuto de paz doña Rebeca! Entra y sale de la casa… ¿Qué le pasa?

Rebeca mira por la ventana muy nerviosa- ¡Nunca he esperado con tanta ansiedad a alguien! Daría cualquier cosa porque Isabelita estuviera aquí ya.

-¿Por qué no se deja de misterios conmigo? Y dígame por donde anda.
 -Porque creo suponerlo pero no lo sé a ciencia cierta Walter –y sonríe feliz- ¡pero espero que cuando vuelva haya cambios!
-¿Por qué?

-Porque presiento que no va a venir tan ciega como antes –disfruta- ¡que se va a dar cuenta que tiene un marido insoportable! –se sienta en el sofá – ¡un maldito farsante!

-¿Y si eso no ocurre?

-¡Pues entonces tendremos que empacar nuestras males para dejarle el terreno libre porque habrá vencido!

Walter mira asustado.

-¡Porque será imposible vivir aquí! –pronostica Rebeca.

Walter traga saliva mientras Rebeca mira a la distancia con odio en la mirada.

*

En su habitación Salvador se pasea nervioso, luego toma asiento y trata de trabajar, pero no puede y sus pensamientos van a Isabel – Te deseo suerte en tu viaje Isabel, espero que consigas lo que buscas –le dice y luego trata de concentrarse.

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*

Choza de Cantalicia.

En su humilde casa, Cantalicia hace pasar a Isabel que mira para todos lados. 

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Cantalicia vuelve a la cocina y luego se acerca a la mesa.

Isabel sigue sin moverse- Cantalicia –le sonríe- yo sé que le debe extrañar mi visita y sobre todo después que le diga quien soy… ¡pero le pido que no tenga miedo!
Cantalicia se friega las manos una y otra vez con un delantal pobre y mira al suelo - ¡No necesita decírmelo señito! ¡Usted es la señora Isabel!

Isabel, al saberse reconocida suspira nerviosa.

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-¡Usted es la que se rejuntó con el Salvador!

Isabel mira al suelo con pena y luego a otro lado.

-¡En persona es hasta más bonita y elegante que en las fotografías! –la admira Cantalicia.

-¡Cantalicia! –Isabel trata de acercarse.

-¿A qué vino doñita? –se enoja Cantalicia- ¿a mirar mi pobreza, a reclamarme quien sabe qué? –levanta la cabeza digna- ¡Fíjese que yo no quiero saber nada ni de usted ni del Salvador!

Isabel la mira sin responder.

-¡No me venga a avergonzar!

Isabel se apresura a negarlo - ¡No! No piense eso por favor… ¡se lo suplico! No es esa mi intención… ¡yo no vine con esos deseos de lastimarla! – y la mira con sinceridad- ¡no Cantalicia! Lo que vengo a pedirle es un gran favor.

Cantalicia sonríe incrédula-¿Qué favor puedo hacerle yo señito?

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-¡Un favor que solamente usted, solamente usted me lo puede hacer! Y créame… que después de conocerla… ¡sé perfectamente bien que usted es la única persona en la que debo de confiar!

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Cantalicia la mira sorprendida y asustada.  La mira extrañada.

-¡Usted es la única persona que me puede decir la verdad! –sigue Isabel con vehemencia ante la sorpresa de Cantalicia.

*

Mansión.

Ángela se pasea por la casa como si fuera un fantasma, en su ropa de cama… se acaricia el vientre pensativa. 

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Antonio la encuentra- ¡Ángela! ¿Por qué estás levantada?

-¡No me voy a quedar acostada ni encerrada como me dijo el doctor! –y al verlo -¿Qué tienes? ¿Por qué tienes esa cara, pasó algo malo?

-¡Nada!

-Mi amor, entiende que yo no me voy a mejorar huyendo de los problemas, tengo que enfrentarlos.

-Ángela, ¿Por qué mejor no nos vamos de esta casa y nos instalamos en otro lado y estamos tranquilos?

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-¡Para huir de qué o de quien! –le reclama Ángela- ¿De Salvador?

-¡Es que nos está enloqueciendo! –se queja Antonio- si sigue así no sé donde vamos a parar.

-¡Antonio, yo creo que es el momento que nos reunamos y hablemos de lo que no nos hemos atrevido a hablar!

Antonio se asusta y se aleja de ella.

 -¡Entiéndeme! Tenemos que hablar claramente acerca de Salvador –sigue Ángela decidida.

Antonio la mira con los ojos grandes llenos de miedo.

 

(Este Antonio, le dieron un papel de… )

*

Las Cruces.

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Isabel le muestra una foto de Salvador, bien vestido, a Cantalicia, que mira la foto, la abraza y luego resignada se la devuelve, como si devolviera al hombre- ¡Claro que ese es Salvador! Está muy bañado, muy arregladito… ¡pero es el mismo!

-¿Está segura? –pregunta Isabel como todavía esperando un milagro- ¿segura que es el hombre con quien vivió usted? Su compañero, el papá de su hijo.

-¡No hay otro señito! –le dice segura Cantalicia- ¡no hay otro! ¿Por qué no me lo quiere creer? –dice con pena- ¿le cuesta mucho trabajo creer que pudo haber sido el marido de una mujer como yo?

-¡No, yo no quiero ofenderla Cantalicia! No es eso… -se apura Isabel y mira alrededor- pero a mí se me hace tan diferentes como el agua y el aceite… ¡lo tiene que reconocer!
Cantalicia sonríe con tristeza- ¡Pero es que cuando él vivía conmigo, era igualito que yo!

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– y al ver la expresión de asombro de Isabel- ¡claro! Ahora usted lo ve que está todo elegante, todo señor, pero él era un campesino que no tenía ni zapatos.

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Isabel deja ir su mirada.

-¡Era igualito que yo señito! ¡igualito que yo! –suspira - ¡se lo juro!

Isabel la mira aun sin poder admitir toda la verdad.

*

El padre Jacobo convence al policía que lo lleve a la casa de Cantalicia.

-¿Cómo saben que están por allí?

-¡Mi intuición! Que gracias a Dios nunca me falla, si esa mujer habló con Fátima, seguramente le dio el paradero de Cantalicia, y están en el rancho.

-¿Cantalicia? Ahora que lo recuerdo, la señorita me la mencionó.

-¿Lo ve? Nunca me equivoco… ¡seguramente están en el rancho de Cantalicia! –se enoja.

-¿Y que problema hay con eso? ¿en qué le perjudica que esa periodista la vea?

-¡Otra vez la burra al trigo! –grita Jacobo- ¡que no es ninguna periodista!
-¿Y qué es?

-¡Alguien que involuntaria o voluntariamente puede causarle mucho daño! Y no puedo permitir que le haga daño a Cantalicia.

-¡Yo no entiendo nada! –sonríe el policía- ¡a mí lo que me interesa es volver a ver ese bomboncito! ¡Está linda la condenada!

El padre Jacobo lo mira enojado.

*

Isabel no puede creer lo que le cuenta Cantalicia y se pasea nerviosa- ¡Perdóneme! Se lo suplico… pero me cuesta mucho trabajo creer y entender lo que usted me está diciendo –se desespera- ¿Cuántos años vivió con usted Salvador?

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-¡Casi 14 años señito!

Isabel la mira boquiabierta.

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 -¡Nos juntamos cuando éramos muy jovencitos! –sonríe Cantalicia con el recuerdo.

Isabel le pregunta con asombro- ¿Nunca se han separado, siempre han estado juntos?

-¡Nunca, ni un solo día! Se lo puedo jurar.  Al único lado que siempre íbamos era al pueblo, pero yo siempre lo acompañaba –y vuelve a sonreír y suspira.

-¡No puede ser, no puede ser! –a Isabel se le va el aire.

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-Salvador nació en un pueblito aquí cerca de la frontera, pero toda la vida vivió aquí conmigo… ¡todo el tiempo! –y se rasca los brazos- ¡hasta hace un año! –camina hacia otro lado- antes de eso… ¡este era su rancho, esta era su casa! –y le muestra el lecho- ¡aquí dormía! –se sienta en la cama- esta era la cama de Salvador – llora.

Isabel mira el lecho pobre- ¡Le quiero creer pero no puedo!

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Cantalicia llora y se pone de pie - ¡se lo juro, por la vida de mi chamaquito que le estoy diciendo toda la verdad señora! ¡yo no miento!

Isabel la mira completamente perdida y asustada y desesperada mira al cielo como buscando las respuestas.

*

Afuera Fátima se pone nerviosa- ¡Por Dios, que se den prisa! Se me está haciendo tardísimo y el doctor me va a matar!

Moncho juega cerca con un montón de tierra y un machete, trata de entrar a la casa.

-¡Eh muchachito! ¿Adonde vas? ¡no las interrumpas! ¿no ves que la señora dijo que no querian que la molestaran?

Moncho está muy preocupado - ¡Esa señora no me gusta! Y no quiero que hable con mi mamita.

Fátima se acerca y lo abraza- ¿Y por qué no? Mira… ella es una señora que tiene mucho dinero… ¡es una periodista muy importante! A mí me pagó mi buen dinero por darle información, así a tu mamá le va a tocar también una buena lana.

Moncho la mira enojado- ¡Esa señora no es buena! –le afirma- ¡sé que no lo es!

Fátima lo mira intrigada pero no le hace caso.

*

El padre y el policía llegan hasta el auto de Isabel.

-¡Se lo dije! –triunfal el padre Jacobo- ¡Está Fátima me va a escuchar! –se enoja- ¡le voy a decir cuatro cosas para que aprenda a tener el pico cerrado!

-¡No sea de mala fe con ella padre, que yo le presenté a la señorita! Y le aseguré que era periodista.

-¡Porque usted no puede tener la bocota cerrada tratándose de faldas! –le grita Jacobo y emprende camino hacia el rancho.

-¡Espere padre, yo lo acompaño!

-¿Para qué me va a acompañar? Está muy retirado.

-¡Qué importa! Con tal de ve a ese bomboncito hago lo que sea –dice divertido el policía.

*
FIN DEL CAPITULO

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