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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 19: 11 de agosto de 2005 – ¡La muerte de Nina!

 

*

Rebeca y Walter en el sótano y Rebeca está histérica.

-¡Apúrese Walter! Tenemos que salir ahora mismo –llora de miedo.

-Cuidado con los escalones.

-¡Yo quiero salir!

Walter trata de abrir la puerta pero no puede y Rebeca se aterroriza- ¡Vamos!

-¡Está cerrada! –Walter no lo puede creer- ¡Así como lo oye, estamos encerrados!

-¡No puede ser Walter! –gime Rebeca.

Rebeca vestida con un vestido rosa y plata y una peluca pelirroja se lleva las manos a la boca.

*

El estudio.

Ángela descubre a Valeria en el estudio.

-Ángela, me tomé el atrevimiento porque este lugar me trae muy bonitos recuerdos.

-¿Y qué hacías junto al retrato de mi mamá? –Ángela cruza los brazos.

-Escuché unos golpes muy extraños en la pared.

-¡Ay! –no le cree- ¡eso es imposible Valeria!
-¡No, no, te juro Ángela! Escuché muchos golpes y por eso pensé que…

-Bueno, pues yo quedé con Isabel que nadie podría entrar aquí, así que hazme el favor de salir inmediatamente-seca le corta.

Valeria toda vestida de negro y con un saquito de tejido blanco, zapatos bajos negros, baja la cabeza y sale tristemente. 

Ángela muy guapa sin maquillaje, apaga las luces y cierra la puerta, pero se llena de pena por Valeria y la llama- ¡Valeria! Por favor discúlpame, no fue mi intención ser grosera contigo.

-No te preocupes Ángela, lo entiendo perfectamente, fue un abuso de mi parte.

-¿Por qué te gusta recordar a mi papá?

Valeria sonríe- El fue una persona muy especial para mi, lo extraño muchísimo, a veces cierro los ojos y creo que lo voy a volver a escuchar tocar el piano.

Ángela se pone a llorar- A mí me pasa lo mismo, perdóname, no fue mi intención ser grosera… ¡no me lo tomes a mal por favor! Yo sé que si mi papá no hubiera muerto te hubiera llegado a querer como a una hija.

Y se abrazan.

En ese momento Isabel sale de su habitación y al verlas abrazadas se muere de celos.

*

-¡Esta es la ultima vez que te lo repito Antonio! –grita Abigail- ¡no te hagas ilusiones con la señorita Ángela y mucho menos bajo estas circunstancias!
-¡Pero no estaba haciendo nada malo mamá!

-¿Ah no? ¿y entonces a qué fuiste a su recamara? Que no pueden platicar en cualquier otro lado… ¡si don Pedro José estuviera vivo no se hubieran tomado estas libertades!
Entra Simón- ¿Y ahora por qué discuten?

-¡Nada! Estaba en el cuarto de Ángela y ahora me está regañando.

-¡Ay mamacita! ¿Cuándo te vas a dejar de tantos aspavientos y remilgos? ¡si ya hasta pareces viejita del siglo antepasado!

-¡Tú te callas Simón! Tú no eres quien para venir a criticarme y a decirme como tengo que criarlos.

-¡Esta bien ya! Te aseguro que el inocente de mi hermano nada malo le pudo hacer a Ángela, si es una tonta reprimida.

-¿Qué es eso? –se sorprende Abigail.

-¡Reprimida! O sea que es fría, de la cabeza, de las manos, de las piernas… y de todo lo demás… porque eso es lo que es Ángela, una vieja insensible y fría como una tumba.

Abigail se pone roja- ¡Tú no vas a venir aquí a…!

-¡No te amargues la vida y ya vete a descansar que es muy tarde para andar discutiendo! Ande mamacita… el besito de las buenas noches.

*

El sótano.

Walter trata de forzar la puerta, pero no puede abrirla.

Rebeca grita histérica- ¡Usted es un idiota!
-¿Qué quiere que haga señora? ¡no encerraron!

-¡Por favor haga algo y abra esa puerta! ¡me voy a morir, estoy que me ahogo! –grita.

-¡Shhh! –la calla Walter y vuelve a tratar de abrirla.

*

Habitación de Valeria.

Isabel peina delicadamente el largo pelo negro de Valeria, con suavidad, le acaricia el pelo-Te vi abrazando a Ángela –de pronto dice Isabel con pena- eso es algo que no haces conmigo.

-¿Te molesta que nos llevemos bien?

-¡Lo que me molesta es no sentir que me aprecias! –suspira- ¡tú juras quererme pero la verdad es que nunca he recibido un gesto cariñoso de parte de ti Valeria! –y la sigue peinando.

-Lo siento mucho Isabel –responde Valeria sin poder mirarla.

-No te preocupes –suspira Isabel- ¡son tonterías mías y celos! –y sus ojos se llenan de celos- ¡celos tontos!

-¡Pero si tú no tienes que dudar de mi cariño Isabel!

Isabel sonríe con sorna sin que la vea- ¡A veces me siento muy sola Valeria! ¡sola y deprimida! Siento que no puedo confiar en nadie –y de pronto le tiene la madeja de pelo más fuerte - ¡siento que todos me quieren traicionar!

Valeria se pone nerviosa- ¡No! Te juro que yo no, te juro que yo te aprecio y te quiero desinteresadamente.

Isabel mira a lo lejos- Algún día de estos te vas a cansar de mí y me vas a abandonar como lo han hecho todos… -y se va lejos- ¡todos menos Pedro! –sonríe  ¡él era diferente! ¿verdad que él era diferente? ¡él me amaba desinteresadamente y hubiera dado su vida por mí! ¡no sabes cómo se lo agradezco! –se pone triste- ¡no hay nada más hermoso y valioso que el cariño sincero! –y apoya la mejilla en el hombro de Valeria.

Regresas al final
sin importar el tiempo que pasó
Y estás en otra piel
más fiel que la anterior

*

Las Cruces.

Salvador despierta sobresaltado y se encuentra a Lilia que lee a sus pies- ¿Qué hace aquí señora?

-¡Me gusta cuidar de sus sueños Salvador! ¿no puede dormir en paz verdad?

-¡Pues eso no tiene importancia! Es usted la que no debería desvelarse por mi culpa.

-¿Quiere que le traiga un tranquilizante?

-¡No gracias! Amanezco con la cabeza embotada.

-Bueno… ¿prefiere que le lea un poco? Digo… leyendo se duermen los niños… -sonríe- ¡y usted es un niño grande!
Salvador mira el libro que ella lee y sonríe- ¿Cree que alguien pueda dormirse con las obras de Shakespeare? –ironiza- ¡yo no creo que las obras de Otelo y los tormentos de Hamlet logren tranquilizarme!

 

http://es.wikipedia.org/wiki/William_Shakespeare


Lilia se asusta- ¿Cómo sabe tanto? No entiendo.

-Señora, usted no sabe muchas cosas, y yo tampoco otras.

-¡Cuénteme donde se educó! Donde adquirió tantos conocimientos.

-¡No deseo hablar ahora! –le dice cansado- quiero dormir… ¿se puede retirar por favor?

Lilia lo mira asombrada y se marcha.  Salvador se acurruca en la cama.

*

Habitación de Antonio y Simón.

-¿Estás hablando en serio? –ríe Antonio sentado a su escritorio-¿no estás hablando más de la cuenta?

-¡Te lo juro! Walter y la vieja Rebeca tienen su rollo, por eso andaban metidos en el sótano –ríe- ¡quien viera al par de cochinos! Él más feo que un sapo y la otra con más arrugas que un charmey, pero ahí están, no tienen inconveniente en juntarse.

-¡No te lo puedo creer! –ríe Antonio- ni Walter ni doña Rebeca están para esas cosas y mucho menos en un sótano.

-¿Y por que no? Ellos también tienen su corazoncito.

-¡Pero si así fuera hubieran buscado otro lugar! El cuarto de doña Rebeca o en el de él… ¡pero en un sótano!

-¡Pues déjalos, cada quien tiene sus aberraciones! Yo supe de una pareja que le gustaba hacer arriba de los árboles… ¿te imaginas la incomodidad hermano?

-¡Ya Simón! Deja de decir tanta tontería, yo no creo que estaban haciendo nada malo, a lo mejor están buscando algo.

-Pues si estaban buscando algo yo creo que lo siguen buscando –ríe- ¡porque les cerré la puerta y los dejé encerrados para darles su buena lección!
Antonio se queda serio- ¿Hiciste qué? –se enoja- ¡Ahora mismo vas y les abres esa puerta inmediatamente Simón!

*

Sótano.

Rebeca trata de abrirla- ¡Walter! ¡como se da por vencido! –le grita- ¡venga y ábrala!

Walter se deja caer sentado al suelo mientras se masajea el hombro- ¡No puedo más doña Rebeca! Tengo los hombros destrozados de tanto golpearla.

-¡Pero como no pudo! ¡esto es una pesadilla! –y jadeando trata de abrirla.

*

Afuera Simón se acerca con un cuchillo.

*

-¡Nadie sabe que estamos metidos en este agujero! –se desespera Rebeca- ¡a ver qué explicación le podría yo dar a mi sobrina! –se pone a llorar.

En ese momento se escuchan los ruidos que hace Simón cortando la cuerda.

-¡Shhh! –la calla Walter y se quedan en silencio.

-¡Walter! –susurra Rebeca- alguien está abriendo la puerta.

Y se acercan respirando con dificultad y abren la puerta sin problemas- ¡Quien sería el imbecil que se atrevió a dejarnos encerrados ahí Walter! –se queja Rebeca una vez afuera y todavía temblando- ¡Una canallada!
-¡Por Dios doña Rebeca! Sin duda fueron los bandidos hijos de Abigail, esos apestosos.

*

Las Cruces.

-¿Acusarlo Padrecito Jacobo? ¡pero ni muriéndome! Yo me doy cuenta que Salvador Cerinza es un enviado de Dios –Lilia.

-¿Pero qué brutalidades está diciendo doña Lilia? ¡como se le ocurre llamar a ese ignorante un enviado de Dios!
-¡Ay no padre Jacobo! Él no es ningún ignorante, ni tampoco es un loco, y el ataque que sufrió no lo trastornó… ¡no señor! ¡en él se ha obrado un milagro! Créame padre Jacobo no existe otra explicación.

-¡Pero qué tonterías está diciendo doña Lilia! Voy a pensar que se le botó la canica.

-¡No padrecito! Mire y analice bien la situación y me va a dar la razón padre… ¡hasta el mismo Salvador no miente cuando dice que es otra persona! ¡el es un enviado de Dios padrecito Jacobo! –y grita- ¡un enviado de Dios!
*

Casa Carrion.

Salvador mira atentamente las noticias.

“El siniestro ocurrió en cercanías al aeropuerto de esta ciudad europea donde el avión se precipitó a tierra debido al mal tiempo y fallas técnicas que aún no han sido establecidas”

 *

Iglesia.

-¡Créame padre Jacobo, Salvador Cerinza es un enviado de Dios! –sigue gritando- ¡sí padre es un enviado de Dios! ¡un enviado de Dios!

*

Mansión.

-¡Otra vez se metieron en problemas! –Abigail- Simón… ¿qué hiciste de  malo ahora?

-¿Por qué siempre andas desconfiando de mí?

-¡Porque no quiero tener más quejas de ustedes!
-¡Tranquila mamá! Lo más seguro es que doña Rebeca quiera pedirnos un favor, eso es todo –Antonio.

Abigail lo mira con duda- ¡Acaben de vestirse que la señora los está esperando en la sala!- se marcha.

-¿Se habrá dado cuenta que yo le encerré en el sótano?

-¡Tú que crees querido hermanito!
*

Sala.

-¡Qué se creen muchachitos! –les grita Rebeca- ¿que estoy empeñada en fastidiarlos? ¡pues no señores! Simplemente reclamo porque me siento terriblemente ofendida.

-¿Y de qué manera la ofendimos si se puede saber doña Rebeca? –Antonio.

-¡Ay! No se hagan los tontos… ¡Quiero saber cual de los dos me dejó anoche encerrada en el sótano!

Antonio y Simón se miran.

-¡Francamente no sabemos de qué nos habla doña Rebeca! –Antonio- pero… ¿nos está diciendo que usted estaba anoche en el sótano?

Rebeca mira a otro lado inquieta.

-¡Pero mire nada más! –Simón- ¿qué hacia una señora tan respetable como usted metida en ese lugar… y de noche?

-¡Eso es asunto mío! ¡yo lo que quiero es que confiesen la verdad!
-¡No! Nosotros no vamos a confesar nada porque nada debemos.

-¡En esta casa nadie sería capaz de hacer algo semejante! Son ustedes… que son unos demonios.

-¡Discúlpeme señora! Pero si usted está tan segura que nosotros tuvimos algo que ver… ¿Por qué no va y le cuenta a doña Isabel para que ella se encargue de investigar? –Antonio.

-¡No, para nada! –se pone nerviosa- ¡no necesito mezclar a mi sobrinita Isabelita en todo esto! No la quiero molestar con algo tan personal.

-¡No! Por muy personal que sea, doña Isabel debe de saberlo –Simón- ¡hablemos con ella y de paso hablamos con todos los demás, porque no se olvide que en esta casa viven muchas personas y cualquiera pudo hacerlo!

-¡No me van a intimidar con Isabel! –le grita Rebeca- ¡entendido! No quiero darle dolores de cabeza, pero si fuera necesario… ¡pues claro que hablaría con ella!

-¡Pues entonces no se haga de problemas! Vamos a enterarla de este lío y así sabemos de una vez por todas quien tuvo el descaro de encerrarla –Simón- ¡y de paso que estaba haciendo usted en el sótano!

En ese momento pasa Walter que los mira como alelado.

¡Walter! ¿qué le pasa? Lo veo muy nervioso –Rebeca lo detiene.

Walter está pálido- ¡Ha ocurrido algo terrible y no sé como decírselo a doña Isabel! –le ruega- ¡ayúdeme doña Rebeca!
-¿Tiene algo que ver con lo de anoche? –se asusta Rebeca y mira de reojo a Antonio y Simón que no pierden palabra.

-¡No! Es algo doloroso y muy terrible.

-¡Explíquese Walter!

-¡Se trata de su hermana Nina!

Rebeca se pone pálida y entrecierra los ojos-¿Qué sucedió con Nina? –hay algo de maldad en su acento.

-¡Murió! –le anuncia Walter- ¡falleció en un accidente aéreo!

*

Cocina.

-¡Por Dios! ¿pero cuando ocurrió ese accidente? –Abigail- ¿Cómo fue?

-¡Por lo que oi fue lejos de aquí! –Antonio se come tranquilamente una manzana- En una ciudad europea o algo así y todo el mundo sabia que doña Nina estaba por allá.

-¿Pero están seguro que se trata de ella? ¿ya hubo una confirmación?

-Pues debe ser cierto porque yo lo escuché en la televisión –Vicky- ¡fue un accidente espantoso! Todos los pasajeros murieron… ¡lo que menos me imaginé es que esa vieja pesada iba a estar ahí!

-¡Vicky! Cuida esa lengua, respeta mujer.

-Disculpe, se me olvidaba que no hay muerto malo.

*

Isabel está hecha un mar de lágrimas sentada en su cama y tiembla-¿Pero como sucedió? –solloza- ¡Walter! ¿Cómo sucedió? ¡es que no lo puedo creer, esto no puede ser cierto! –llora sin consuelo- ¡no puede ser cierto!

Enfrente de ella Valeria toda vestida de negro y Rebeca parada al lado de Walter.
-Lamentablemente lo es doña Isabel –Walter la mira apenado- el avión se estrelló cerca de Bruselas y no hubo sobreviviente.

-Isabel, cálmate por favor –le ruega Valeria y le pone una mano.

-¡Valeria déjame en paz! –la rechaza Isabel- ¿saben qué? ¡lárguense! Ya no quiero escuchar a ninguno de los tres… ¡váyanse por favor! –y solloza fuertemente.

-¡Isabelita mi amor por favor! –interviene Rebeca fríamente- ¡Dios sabe por qué hace sus cosas! ¡tienes que resignarte!

Isabel la mira con rabia- ¡Es que mi madre se acaba de morir! –le recuerda y le grita- ¡mi mamá se acaba de morir y tú me estás pidiendo resignación tía!

-Bueno, Nina también era mi hermana y siento su partida pero sé controlarme hija por favor… ¡sigue mi ejemplo!

Isabel se levanta y la enfrenta- ¡Tú no sientes nada! Porque jamás la quisiste… ¡nunca la quisiste! –y toma su cartera.

-¡Isabel! –grita Rebeca- ¿Adonde vas mi amor?

-¡Ya déjame en paz! ¿quieres? ¡No me sigas!

-¡Isabelita no digas eso por favor! –la sigue- ¡te lo suplico por favor no vayas a hacer una locura!

*

En el pasillo Isabel seguida de Rebeca, Valeria y Walter se tropieza con Ángela que la mira asombrada.  Isabel con el rostro bañado en lágrimas la mira.  Ángela se llena de pena.  Ambas se miran un largo rato.

-¡Si usted piensa salir doña Isabel, yo la llevo, usted no está en condiciones de hacerlo! –ofrece Walter.

E Isabel sigue camino.

*

Las Cruces.

-¡No entiendo nada de lo que está diciendo Salvador! –Lilia- ¡no tiene sentido!
-¡Si tiene sentido porque yo lo escuché muy claramente en las noticias! Un avión se precipitó a tierra, en la lista de victimas figuraba el nombre de mi suegra.

-¿Su suegra? ¿la mamá de Cantalicia?
-¡No señora! –se exaspera Salvador- ¡no esa mujer! Alguien muy distinto – y luego la mira y considera inútil explicar- ¡yo tengo que viajar cuanto antes, yo debo ir a Río Claro a presentarme ante Isabel porque mi obligación en este momento es estar junto a ella! ¡acompañándola en este momento tan difícil!
-¡Pero por favor! Es que eso no tiene ningún sentido porque su esposa vive aquí.

Salvador pierde la paciencia- ¡Cantalicia o como se llame no es nada mío! –le grita- ¡mi esposa es otra! ¡otra!

Lilia lo mira como si estuviera loco.

-¡Yo creí que esto era una pesadilla y que yo estaba completamente trastornado, pero estoy comprobando que es la realidad, que yo no estoy loco.

-¡Yo creo que usted está muy nervioso!
-¡Yo tengo que viajar y usted me va a ayudar! Mi obligación es presentarme ante Isabel –se desespera- ¡yo tengo que presentarme ante Isabel! –y de pronto se ve en un espejo- yo tengo que presentarme ante Isabel –se horroriza mirándose- ¿Cómo voy a presentarme ante Isabel? ¡Como! ¡qué demonios! ¡Que infierno estoy viviendo! ¿qué voy a hacer?

*

Cítricos Donoso.

Isabel llora desesperada- ¡Este es un castigo Andrés! Este es un castigo porque a mi mamá no tenía por qué haberle sucedido esto… ¡no ella! –llora.

Andrés suspira fastidiado- ¡Isabel! Tú no puedes ir contra el destino… ¡todos tenemos que morirnos algún día! En la calle, en la cama… en un accidente como le pasó a tu mamá… ¡ella no era eterna! –y no puede evitar agregar- ¡como tampoco lo era Pedro!
Isabel lo mira como si fuera un desconocido y enojada se levanta para marcharse.

-Isabel –la detiene Andrés.

-¡Suéltame! –se libera Isabel furiosa- ¡yo no sé por qué demonios vine a verte pensando que me ibas a consolar! –se le quiebra la voz- ¡si tú eres un indolente, un insensible y todo te importa tan poco!
Andrés se apresura a cambiar de actitud- ¡No digas eso! Lamento mucho todo lo que pasó… ¡mucho! –suspira- ¡pero alguno de los dos tenía que mantener la cabeza fría ante tanto dolor! –se excusa.

Isabel lo mira con esperanzas.

-¡Yo me voy a encargar de todo! ¡tranquila! –y la abraza- voy a averiguar qué hay que hacer para recuperar el cuerpo.

Isabel se apoya en su hombro y llora, Andrés mirando a otro lado suspira.

*

Las Cruces.

-Entonces el doctor Valencia salió.

-Si padre, fue a hacer consulta a un pueblo cercano y probablemente no regrese hasta tarde… ¿le urge hablar con él? –Fátima.

-Seria conveniente que sacara a Salvador de casa de doña Lilia.

-¿Ya se convenció de que ese hombre no puede estar ahí?

-¡No sólo por él! Sino por doña Lilia… la cercanía de ese hombre le alborota los nervios.

-Es usted el que lo dice padre… ¡no le alborota los nervios! ¡le alborota todo!
El padre Jacobo se escandaliza.

*

Casa Carrion.

-¡No confío en esos especialistas! –se desespera Salvador- lo más probable es que terminen recluyéndome en un sanatorio mental.

-¿Pero por que tiene que pensar siempre lo peor Salvador?

-¡Porque no sé si estoy loco pero tampoco quiero terminar en un lugar de esos!  -y de pronto le ruega con el corazón- ¡doña Lilia, usted tiene que ayudarme a irme de este pueblo! ¡necesito marcharme! Necesito enfrentar mis problemas por otros medios… con personas que realmente puedan ayudarme.

-Es que no puedo dejarlo ir Salvador –se niega- me moriría de angustia si le pasara algo malo… ¡además en ningún otro lugar va a estar mejor que en esta casa, se lo aseguro!

-¡Doña Lilia! Se lo ruego por favor –le suplica- Ayúdeme, ayúdeme señora por favor.

Pero Lilia se niega- ¡Le he tomado mucho cariño Salvador y me moriría de la tristeza si no sé nada de usted! –desvaría y se acerca y lo abraza.

-¡Señora suélteme! Esto no está bien.

Pero Lilia se le sube encima y se empieza a desvestir- ¡Si usted se quiere ir está bien! Pero yo me voy con usted… ¡a donde sea y como sea! Pero me promete que no me dejará Salvador por favor –y jadea.

-¡Contrólese por favor! ¡contrólese! –le ruega Salvador retrocediendo.

-¡Yo creo que lo quiero Salvador! ¡estoy locamente y perdidamente enamorada de usted! –lo besa- y estoy segura que usted siente lo mismo por mí porque sino no estuviera aquí en mi casa… ¡recibiendo todas mis atenciones sin protestar!
Salvador la mira con horror- ¡Usted no sabe lo que dice!
-¡Claro que sé! –se le sube encima- ¡estamos hecho el uno para el otro Salvador! ¿no entiende? ¡tiene razón en temer de los especialistas pero de mi no! Porque yo lo único que quiero es protegerlo mi Salvador.

-¡Señora suélteme! –se desespera Salvador.

-¡Aunque todo este pueble me repudie no me importa! –grita Lilia- ¡yo lo deseo!
-¡Señora contrólese por favor! –le toma de las manos y la pone a distancia- ¡no se propase conmigo! –le grita- ¿se enloqueció o qué?

-¡Sí me enloquecí! ¡pero de amor! – y lo persigue por el cuarto- venga Salvador vamos a mi cuarto, le voy a enseñar todo lo que yo sé hacer… ¡Salvador necesito sus besos, sus caricias, su calor! ¡su cuerpo! ¡vamos Salvador!

-¡Ya basta! –grita Salvador tratando de huir- ¡suélteme! ¡y respétese un poco! ¡usted es una señora y yo soy un viejo y no me puedo rebajar!
Lilia lo mira de pies a cabeza y ve a un hombre guapísimo y musculoso- ¡Cual viejo! ¡cual viejo caray! ¡mírese! Es un hombre fuerte y vigoroso… ¡y yo soy una mujer sola y necesitada! ¡y no aguanto más! ¡no aguanto más! –y de pronto sale corriendo a la calle.

-¡Doña Lilia! –grita Salvador.

*

Lilia toda descompuesta sale a la calle y encuentra a Vicentina- ¡Cierre todas las puertas y ventanas y no me deja salir a Salvador! ¿me entendió? –le grita- ¡por ningún motivo!
Vicentina la mira y la ve correr como loca.

*

Mansión.

En la sala una Valeria vestida de negro y una Rebeca de rosado.

-¡Tanto va el cántaro a la fuente que hasta el fin se rompe! –en la sala Rebeca se queja- ¡y eso fue lo que le pasó a la vagabunda de Nina por andar como un barquito dando saltitos de aquí para allá! ¡para ver qué diablos hacia tan lejos por allá! ¿eh?

-¡Ay tía! Por favor tranquilízate y deja de estar hablando tanto de ella.

-Puedo hablar porque ya murió.

-Bueno, pero no es para que la critiques ni para que hables mal, por favor ya cálmate.

-¡Ay! –de pronto suspira Rebeca- ¡y justo ahora que no compré nada negro! –se le agudiza la voz- ¡no tengo nada negro, qué horror! –se horroriza- ¡lo único que tengo es un abrigo oscuro pero si me lo pongo por encima… me moriría de calor! ¿no?

Valeria la mira enojada- Isabel tiene mucha razón, tú nunca la quisiste –la acusa.

Rebeca la mira burla- ¡Ah! ¿y tú si? ¡tú sí la quisiste! ¿eh? –se burla- ¡ay sí se pasó toda la vida humillándote Valeria! ¡te echaba en cara hasta el ultimo plato de comida que te dio!

Valeria baja la mirada.

-¡Sé perfectamente que se encargó de ti porque para ella ibas a ser una sirvienta sin sueldo! –le dice cruelmente.

Valeria recibe el golpe y se levanta llorando y se marcha.

En ese momento pasa Abigail y Rebeca la llama disgustada- ¡Abigail!
-Si doña Rebeca… ¿qué se le ofrece?

-¡Se me ofrece que vigile más a los bárbaros de sus hijos Abigail! ¡eso!

-No entiendo a qué se refiere señora… ¿qué sucedió?

-¡Como que qué sucedió! Que sus hijos son unos pesados y si se creen que van a hacer y deshacer en esta casa están muy equivocados.

-Si tiene alguna queja no dude en decírmelo señora.

-¡No! Ahora no porque… mi hermanita querida acaba de morir.

-Lo sé señora y lo siento.

-¡Mucho más lo siento yo! –y finge pena- ¡porque era la única hermanita que me quedaba! ¡Ay qué destino cruel y trágico! Estoy desecha Abigail y ni siquiera Isabelita quiere reconocerlo.

*

Walter regresa llevando de regreso a Isabel y Andrés.

Andrés le pone una mano sobre la rodilla a Isabel y ésta mira molesta y luego desvía la mirada hacia el paisaje… está muy triste.

*

Las Cruces.

Lilia llora en la Iglesia- ¡Saque  a Salvador de mi casa, yo no lo quiero!
-¡Pero qué mujer tan complicada es usted doña Lilia! Cambia de parecer de un extremo a otro con mucha facilidad.

-¡Ese miserable me embrujó!

-Cálmese por favor que me está poniendo nervioso.

-¡Cada vez que se me acerca todos mis sentidos estallan!

-¡De verdad está poseída par decir esta sarta de brutalidades enfrente del altar de la casa de Dios!
-¡Padre! ¡santifíqueme! –le grita Cantalicia.

*

Al entrar a la casa.

-¿Qué fue lo que pasó? –Valeria.

-Estuvimos averiguando los trámites para reclamar el cuerpo – Andrés.

-Y será que lo puedan entregar rápido – Valeria.

-Alguien tendrás que viajar –Valeria.

-¡A Bruselas! –se escandaliza Rebeca- ¡Ay hijo! eso queda en la Patagonia.

-¡Bruselas queda en Bélgica! –la corrige con una sonrisa sorna Andrés.

-¡Ay qué desgracia tan grande Dios mío! –grita Rebeca- ¡qué tragedia! El corazón no me cabe en el pecho.

Isabel la mira con desprecio y no puede más- ¡Llévame a mi cuarto! –le pide a Andrés.
-¡Si! Con permiso –y la ayuda a subir, Valeria los sigue.

Al quedar a solas con Walter-¿Ya encontró las llaves del pasadizo Walter?

-¡Con esta calamidad no he tenido tiempo de hacerlo doña Rebeca!
-¡Pues hágalo ahora mismo! El viejo Donoso las debe haber guardado en algún lugar… en el estudio.

-¡Ya iré más tarde cuando nadie se dé cuenta!

-Mientras tanto voy a vigilar la alcoba y la voy a registrar –y cuando que Abigail , Vicky y Ángela llegan empieza a gritar de vuelta- ¡Ay qué fatalidad! ¡qué desgracia! Mi hermana se ha muerto en un lugar tan lejos… ¡si al menos hubiera sido cerca!

*

Habitación de Isabel.

Isabel hecha un ovillo de dolor está tirada en la cama cuando golpean a la puerta.

De mala gana dice- Adelante.

Entra Ángela suavemente sin hacer ruido.  Isabel la mira con los ojos llenos de llanto.

-Isabel –le habla Ángela- vengo a decirte que lamento mucho lo sucedido.

Isabel asiente y la mire.

-¡Yo también sé lo doloroso que es perder a un ser querido! –le dice sinceramente.

Isabel la mira largo rato y las lágrimas le corren.  Sin decir nada le agradece en silencio y apoyar la cabeza sobre la almohada.

*

Las Cruces.

-¡A usted también se le aflojaron los tornillos padre Jacobo! Ya los tenía sueltos pero no tanto.

-¡A mí no se me aflojó nada! Y más respeto que no está hablando con alguno de sus gorilas.

-¿Y que más puedo pensar? Primero se agarra conmigo por defender a Cerinza, ahora me ruega que lo saque de la casa de la viuda Carrion para llevarlo al hospital.

-Exactamente, eso le estoy pidiendo.

-¡Pues se fregó! Porque todavía no se ha cumplido el plazo que le di al doctor Valencia.. ¡y yo soy un hombre de palabra!
-¡Pero ella exige que lo saquen de su casa inmediatamente!
-¿Qué raro, no? Si estaba tan contenta por qué ese cambio de opinión tan repentino.

El padre baja la voz- Dice que la está trastornando.

-¡No voy a llevar a Cerinza al hospital sin autorización del doctor Valencia y él  no está!

-Entonces llévelo a la iglesia.

-¡Padre Jacobo! ¿usted llevaría a ese demente a la casa de Dios?

Suspira- Puedo alojarlo en la parroquia y yo me haré responsable.

El comisario levanta las cejas y luego toma su sombrero- ¡Vamos muchachos, otra pelea!
Y salen todos.

*

Casa Carrion.

Pelean con Salvador para llevarlo- ¡Suéltenme! –se debate- ¡suéltenme! Si quieren llevarme que no sea a la fuerza.

-¡Suéltele! –ordena el comisario.

Salvador respirando agitadamente se calma y luego enfrenta con rabia a doña Lilia que llora en un rincón- ¡esta es la ayuda que pensaba brindarme señora! –se burla- de todas maneras quiero que sepa… ¡que agradezco lo que hizo por mí!

Y se lo llevan.

Lilia queda sola y se desespera- ¿Qué hice virgencita? ¡ahora sí que lo perdí!

*

Habitación de Isabel.

Rebeca entra y encuentra a Isabel sentada en la cama con la mirada perdida.

-¡Ay Isabelita mi amor! ¿Por qué no te has acostado todavía?

-¡Estoy pensando en mi mamá! –sufre Isabel- en que yo la eché de mi lado… ¡y de no haber sido así ella todavía estaría viva!

Rebeca mueve la mano con desden- ¡Ay no mi cielo! Tú no tienes la culpa de nada, porque son cosas que suceden… ¡inevitables!

-¡Tendré que ir a reclamar su cuerpo tía!
-¡No! ¡Andresito dijo que él lo haría! No te preocupes.

Isabel le dice firme- ¡Yo lo voy a hacer! Es lo mínimo que puedo hacer por ella –se molesta.

-¡Está bien mi amor! Pero es que han sido dos golpes muy fuertes en muy poco tiempo… ¡ay no sabes cuanto daría por no verte sufrir!
Isabel la mira triste- ¡Ay tía!
-¡Ay mi amor! Por favor no te sientas sola… mira… yo te prometo que haré todo lo posible por… ¡reemplazar a Nina! ¿me crees mi amor?

Isabel la mira sin decir nada.

-¡Dime que me crees!
Isabel sonríe triste y la abraza- ¡Sí te creo! –pero en su mirada hay desconfianza.
Rebeca la abraza y sin que Isabel la vea sonríe maquiavélicamente.

*

Las Cruces.

Salvador llega a la iglesia y recorre el corredor admirando la arquitectura del viejo edificio.

*

Enfrente de la iglesia.

El padre Jacobo echa a la gente- ¡Por favor señores aquí no hay nada que atender! A sus casas –les grita- ¡zapatero a sus zapatos!
-¡Nosotros sólo queremos saber acerca del resucitado padre!
Y gritan y exigen verlo.

*

El padre entra a la iglesia sin aire- ¡Salvador! Me vi obligado a traerlo aquí porque el doctor Valencia está fuera del pueblo y doña Lilia dice que la está trastornando.

-¡No! Si se trastornó no fue mi propósito, lo hizo ella sola.

-Espero que aquí en la casa de Dios se comporte humildemente y se tranquilice.

-¿Piensa encerrarme aquí padre?

-¡Le asignaré un cuarto en la parroquia pero debe prometerme que acatará mis ordenes! Acompáñeme Salvador.

Salvador se dispone a seguirlo cuando ve el viejo piano y se queda triste mirándolo.

*

Al entrar al cuarto que le ofrece el padre Salvador pone cara de espanto, está lleno de velas y crucifijos y cuadros de santos.

-¿No le gusta la habitación?

-Creo que no me sentiré bien aquí.

-Estaba malacostumbrado en casa de doña Lilia, el cuarto era confortable, buenos muebles y hasta televisión.

-No padre, no es eso.

-Bueno, el cuarto es frío y la cama bastante dura… pero es lo único que puedo ofrecerle… así que descanse Salvador... ¡descanse! –y lo deja solo.

Salvador mira su cuarto con disgusto.

*

Un bar.

-¿Entonces lo sacaron de la casa de esa señora? –Fátima.

-¡Claro que si! –el comisario.

-¿Y fue muy difícil?

-Al principio opuso bastante resistencia, pero se tranquilizó, lo que me sorprende Fatimita es que ha cambiado… ¡ya no parece el gorilón ese sino parece una persona decente!
-¡Claro! Como doña Lilia le compró ropa nueva y lo tiene todo consentidote… ¡no me extrañaría que ella misma lo bañara!
-¡Eso no me lo sabia! ¿eso se lo contó ella? –abre los ojos asombrado.

-¡No! –se arrepiente Fátima- ¡lo supongo simplemente! ¿pero por que no lo llevó al hospital?

-¿Para qué Fatimita? –la mira suspirando- ¿para que se la ejecute a usted también como lo hizo con doña Lilia?

Fátima ignora y cambia de tema- ¿Y se encuentra muy mal?

-Visiblemente descompuesta, en el tiempo que llevo en las Cruces, jamás la había visto así… ¡quien sabe qué le hizo, qué le dio! Pero no fue nada bueno, porque exigia que lo sacaran de su casa… ¡vaya usted a saber por qué!

*

Casa Carrion.

Vicentina le trae un plato de comida.

-¡Yo no quiero nada Vicentina! Lárguese –le grita Lilia- ¡déjeme en paz! –y llora- ¡Salvador!  ¿qué le hice a mi Salvador? Ahora está en esa iglesia desolada y fría.

*

Iglesia.

Salvador se pasea por el cuarto y trata de abrir la puerta pero está bajo llave.  Suspira y se pasea como animal enjaulado.

*

Mansión.

Walter busca en el estudio desesperado.  Se acerca al cuadro de doña Catalina y trata de moverlo pero no puede, toma un abrecartas y trata de despegarlo de la pared, abandona esta tarea y empieza a buscar en todos los cajones.

Por la puerta entreabierta lo espía Simón.

*

Habitación de Simón y Antonio.

-¡Te digo que lo vi en el estudio al solapado de Walter!
-¿Y qué podría estar buscando?

-¡Ni idea! Tú te la pasabas metido día y noche en ese lugar.

-Nunca vi nada raro, además yo siempre entraba a estudiar y no a meter las narices en las pertenencias de don Pedro José.

-¡Échale cabeza hermano! Nunca viste si él escondía algo en ese lugar.

-Una vez si, entré sin avisar y lo vi muy concentrado con un cofre, era como un joyero.

-¡Ahí está! Seguramente don Pedro escondía joyas y objetos de valor en ese lugar y Walter quiere robárselos en complicidad con la vieja Rebeca.

-Tienes mucha imaginación Simón.

-Piénsalo bien, porque esos dos están confabulados para hacer sus barrasadas y por eso estaban en el sótano ¿si o no? Porque si Walter es raro la vieja Rebeca se lleva el primer premio.

*

Habitación de Isabel.

Isabel duerme profundamente y Rebeca aprovecha para buscar las llaves en los cajones.  Valeria entra y la descubre.  Rebeca simula hacerle la cama a Isabel.

Valeria la mira con sospecha.

Salen al pasillo.

-¡Cayó rendida! Pobrecita no quiero despertarla –Rebeca.

-¿Qué estabas buscando tía Rebeca?

-¡Buscando nada mi amor!
-Por favor no me mientas, te vi buscando en esos cajones con mucha prisa.

-¡No empieces a decir bobadas! Buscaba… ¡buscaba un calmante para Isabelita! Con esta cabeza no sé donde lo meti.

-Por cierto… ¿Cómo sigue Isabel?

-¡Terrible! Terrible… está durmiendo a base de calmantes, sino nadie podría controlarla, hay que cuidar mucho sus nervios.

-¡Ay tía! Yo quisiera ayudarla pero con la muerte de la tía Nina… ¡últimamente ha estado muy extraña!

-Bueno, vamos a descansar, Dios quiera que mañana amanezca mejor… ¡buenas noches!
*

Afuera en el jardín.

Noche cerrada. Frente a la puerta del sótano.

-¡Piénsalo bien hombre! Esos dos estaban jugando a las escondidas en este cuarto.

-Estoy de acuerdo Simón, algo deben estar buscando pero…-Antonio nervioso- ¿pero no pensaras entrar ahí verdad?

-¡Entonces qué hacemos aquí! Tú me vas a acompañar.

-¡Estas loco si piensa que te voy a acompañar ahí!
-¡No piensas dejar a tu hermanito en esto! ¿te da miedo gallina? Cuauaucucua –imita una gallina.

-¡Que miedo ni que nada! Yo ya he entrado a ese lugar miles de veces cuando era niño, ahora nada más debe estar lleno de mugre y telarañas.

-Pero ¿lo recorriste alguna vez hasta el fondo?

-No… ¡nunca me atreví!
-¡Llegó la hora de hacerlo! –ríe Simón- ¡vamos!

FIN DEL CAPITULO

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