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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*
En la amistad y en el amor se es más feliz con la ignorancia que con el saber.

William Shakespeare

* 

CAP# 23: miércoles 17 de agosto de 2005 –POBREZA E IGNORANCIA

*

Las Cruces.

Rancho de Cantalicia.

Cantalicia no puede creer que tiene a Salvador en carne y hueso y lo mira jadeando- ¡Yo ya sabía! –ríe nerviosamente- ¡yo ya sabía que me lo iban a devolver! –apenas lo toca como si fuera un objeto sagrado- ¡yo sabía que la virgencita me iba a hacer el milagro porque me la pasaba rezando!  ¡me la pasé rezando día y noche! ¡día y noche Salvador! ¡sin perder la fe, sin perder la fe ni un minuto mijo! –y de pronto se da cuenta de la cara de disgusto de Salvador- ¡Ah! ¿pero usted debe venir cansado verdad? –y luego sigue hablando sin que él le conteste- ¡todos estos días fuera de la casa! ¡venga, su rancho lo está esperando! –y lo toma del brazo- ¡venga, para que se eche una descansadita Salvador! ¡venga, venga!

Salvador mira para todos lados, la mugre, la pobreza, el aspecto descuidado de la casucha sin pintar y arrastra los pies siguiendo a Cantalicia, no sin antes mirar con pena y desesperación al pobre niño sucio que lo mira con ojos enormes.

*

Dentro de la casucha.

Salvador entra y apenas ve el interior de la casucha se le cae el alma por el suelo.  Cantalicia feliz y sin darse cuenta de nada, sonríe y prepara unos tristes maíces en la cocina más rudimentaria que alguien se pueda imaginar.  Salvador la mira horrorizado.

(Bueno...  estos de la novela realmente exageraron con esta casucha)

*

Pueblo.

-¡Nada más quería salvarse de ser recluido en el sanatorio! –grita malhumorado el comisario.

-¡Entonces usted lo ayudó doctor Valencia! –Lilia.

-Tuve que hacerlo doña Lilia, de ser así me hubiera arrepentido el resto de mi vida.

-¿Y considera que esa fue la mejor solución doctor? –Fátima.

-¡Para nada! Pero creo que allí estará mucho mejor que en un manicomio.

-¡Ay doctor! Si estuvo a punto de enloquecer a mi amiga Lilita y al padre Jacobo… ¡imagínese lo que no podrá hacerse a esa pobre mujer que no sabe ni donde está parada!

-¡Tiene razón! Esa pobre… ¡le va a dar la media vuelta y luego, luego… no se extrañen! La va a abandonar.

-Pues sí se escapa, él sabrá adonde ir, el caso amiga es que él tiene que encontrarse por sí mismo.

-¿Y se encontrará doctor? –Fátima.

-¡Eso no lo sé! Creo que ni el mismo Cerinza lo sabe.

*

Río Claro.

Cítricos Donoso.

Isabel y Andrés pasean y controlan el movimiento de las máquinas.

-¿Por qué estás tan indiferente? –Andrés de mal humor- ¡no has dicho ni una sola palabra sobre nuestro compromiso!
-¡Andrés! No se me hace que sea el momento, ni el lugar para hablar de eso.

-¡Qué importa el lugar ni el momento!
-¡Yo te dije que si me voy a casar contigo! No sé qué más quieres escuchar –con fastidio.

-¡La fecha! ¡quiero definir la fecha!
-¡Es que no puede ser pronto! -Isabel trata de rehuir el compromiso.

Andrés se fastidia- ¡Ven conmigo! –y la toma del brazo y se la lleva arrastrando.

*

Cerca de ellos Consuelo y Simón los observan.

-¡Oye! –de pronto se da cuenta Consuelo- ¡esa mirada que traes con la patrona! ¿acaso te gusta?

-¡La respeto!

-¡No te hagas! Que a todos los hombres se les cae la baba por ella… ¿no ves que parece una artista de cine? –con envidia- ¡es muy linda y elegante! ¿no?

-¡Pues tú también estás bien chula Consuelito! –trata de arreglar la cosa- ¡no tienes nada que envidiarle! ¿o sí

-¡Ah! Ya me gustaría a mí parecerme a doña Isabel, Simoncito –suspira.

-¡No! ¡no te lo recomiendo! ¡las viejas millonarias tienen unas mañas! ¡qué para qué te cuento!
Consuelo ríe- ¡Bueno! Yo voy a seguir con mi trabajo que el supervisor nos está echando el ojo.

-¡Por qué! Yo no le veo nada de malo con que platiquemos.

-¡Qué no! Es que los supervisores no pierden la oportunidad para regañar y meter en problemas a uno… ¡creen que somos máquinas y no seres humanos! –y se acerca mimosa- ¡se te ha extrañado mucho por aquí Simoncito!
-¿En serio, en serio? –se ilusiona Simón.

*

Oficina.

Isabel vestida de jeans y una camisa preciosa bordada de flores.

-¡Ya lo habíamos acordado Isabel! –Andrés está muy contrariado- ¿Por qué quieres aplazarlo?

-¡Ni modo! No podemos casarnos como tú quieres… ¡no tan pronto al menos! yo creo –duda- ¡que seria un completo error!

-¿Te parece un error definir nuestra relación? –se queda boquiabierto Andrés- ¡hasta cuando vamos a seguir comportándonos como si fuéramos delincuentes! –se exaspera- ¡Hasta cuando!

-¡Hasta que los bienes de Pedro estén repartidos! Hasta que sepamos por completo que le ganamos la batalla a Ángela… Andrés… yo creo que si no lo hacemos así sería una imprudencia.

Pero Andrés está desesperado- ¡No sé! No quiero que tengas problemas con tu tía y con tu prima… ¡ellas podrían ver mal la relación!

-¡Por mi tía, ni te preocupes! –hace una pausa- ¡y por lo que respecta Valeria…! Yo creo que ya es tiempo que me vaya conociendo como soy… ¿no crees?

Andrés la mira sorprendido y frustrado- No sé, pensé que íbamos a casarnos pronto.

-¡Andrés! ¿qué te cuesta esperar un par de meses? Si pasan volando… ya lo verás.

-Es que… -duda Andrés- ¡tengo miedo que te arrepientas! –de pronto le dice la verdad.

Isabel lo mira con desilusión y suspira- ¡Ah! Ya entendí… ¡la razón por la que quieres que nos casemos inmediatamente es… desconfianza! –lo  mide con la mirada- ¡tú no crees en mí!

-¡Yo creo en ti! Claro que sí –se le acerca.

Isabel lo mira con desconfianza.

Andrés la amenaza veladamente- ¡Tú serías incapaz de fallarme! –y la besa.

Isabel le responde, pero de pronto abre los ojos y ve un portarretratos que presenta una vieja foto de Pedro sonriendo y abrazando a Andrés.

*

-¡Me gusta el rollo de la mecánica! –Simón- ¡lo único malo es que aquí trabajan puros hombres y yo estaba acostumbrado a ver mujeres guapotas como tú!  

Consuelo ríe.

-Consuelito… ¿habría algún problema si nos quedamos de ver como al mediodía?

-Pues… ¡por mí no hay problema! Ahí nos vemos –y sonriendo con picardía se marcha.

*

Mansión.

-¿Estás triste por la carta de mi papá? –pregunta Antonio.

-¡Marcharse fue… lo mejor que pudo hacer hijo! Es la primera vez que piensa sensatamente y no como un soñador lleno de ilusiones –contesta triste Abigail.

-No niegues que te afectó.

-¡Claro que sí que me afectó Antonio! A pesar de todo… -se le corta la voz por un llanto reprimido- yo sigo queriendo mucho a tu padre y… ¡y me va a faltar mucho! Y lo único que pide es que Dios lo cuide y que no le vaya a pasar nada malo.

-No te me pongas triste.

-¡No! Ahorita se me pasa… además tengo tanto trabajo que no tengo tiempo para sentirme sentimental –trata de sonreír.

Antonio de pronto se queja- ¿Por qué se murió don Pedro José? –suspira- ¡nos hace muchísima falta!

*

Las Cruces.

La pobre casucha de Cantalicia y Salvador.

-¡Qué le pasa mijo! –se enoja Cantalicia al ver la cara de evidente disgusto de Salvador- ¿ah? ¡todavía no se compone de esa enfermedad tan rara que le dio! –lo toma de la mano- ¡venga pa’ acá! –y lo arrastra y lo empieza a manosear todo el cuerpo con deseo en la mirada- ¡yo no sé qué dicen que tiene! ¿eh? –ríe picarona- ¡si yo lo veo mejor que nunca! ¡hasta más jovencito lo veo! ¿eh? –y le acaricia el rostro ante el espanto de Salvador- ¡si se pegó su buena rasuradita! ¿eh? –y se le acerca más a pesar que Salvador retrocede- ¡y huele rico! –ríe a carcajadas- ¡en ese hospital lo obligaron a bañarse! ¿verdad? –y sigue riendo fuerte ante la mirada atónita de Salvador- ¡mírese nomás! Con esa camisa tan suavecita… usted nunca había tenido algo tan bonito… ¿verdad? –y luego con deseos- ¡venga para acá! ¡venga! ¡no tenga miedo! –baja la voz- ¡no tenga miedo mijo! si se porta bien… ¡ya la gente del pueblo no va a tener problemas con usted ni usted con ellos!

Salvador suspira desesperado.

-¡Ya nunca más se lo van a llevar de mi lado! ¿me oyó? ¡Venga! –y trata de arrastrarlo.

Pero Salvador la rechaza- ¡No quiero! ¡no me moleste! –la empuja.

Cantalicia se sorprende- ¡Y ahora por qué me habla tan feo mijo! –y empieza a llorar como siempre- ¡usted nunca me habla feo! –le reclama- ¡usted siempre me obedece!

(Ah!! cada vez que le tengo pena a Cantalicia, se pone a llorar y se vuelve insoportable!  )

Salvador la mira con pena- ¡Cantalicia! Va a notar cambios en mí –trata de hacerla entender- ¡le voy a rogar que no se preocupe!

-¡No lo entiendo mijo! ¿Por qué me está diciendo eso?

Salvador la mira con horror y sin esperanzas y trata de salir del cuartucho.

Cantalicia se desespera y lo ataja gritando- ¡No Salvador! No se vaya mijo… -llora- ¡no se vaya por favor! ¡no se vaya! ¡no se vaya Salvador, quédese! –le suplica llorando- ¡quédese junto a mí y junto a Monchito! Quédese Salvador.

Salvador se detiene y la mira.

-¡Venga! –lo mete a la casa- ¡mire que le voy a preparar algo bien rico de comer! –ríe nerviosa- ¡pero qué tonta soy! Si todavía no ha probado bocado –se ajetrea- ¡mire! Yo le voy a traer algo… mire… le voy a preparar una cosa bien rica –y le sirve un brebaje mientras Salvador sigue como una estatua.

Cantalicia le ofrece un jarro- ¡Tómese esto para que aguante mientras le haga de comer! Está bien rico Salvador… tómeselo... a usted le gusta.

Salvador toma el jarro y bebe el contenido cuando de pronto lo escupe con asco- ¡Qué es esto!
-¡Orale! –se sorprende Cantalicia- ¿Cómo que qué es esto? ¡mezcal! ¿para qué pregunta si bien que le gusta? –le reclama y ella se sirve y bebe con gusto- ¡humm!

 

http://es.wikipedia.org/wiki/Mezcal

http://www.comida.com.mx/historia/platillos/mezcal.htm

http://www.oaxaca-restaurants.com/mezcal.htm

 

Salvador la mira y se seca la boca con la manga de la camisa, y se horroriza de estar en ese lugar tan pobre, tan sucio, tan descuidado.

Cantalicia se toma toda su bebida y frunce el entrecejo- ¡Ahora sí lo veo bien raro mijo! la verdad… pero estoy segura que la virgencita me va a hacer el milagro y me lo va a componer! ¡estoy segura que se me va a componer! –de pronto se acuerda de su hijo que los mira desde un rincón sin decir palabra, asustado y Cantalicia le grita- ¡Moncho! ¡venga hijo! –le ordena- ¡déle un beso a su papá para que se le quite la tristeza! –el niño se acerca y Cantalicia lo toma de los hombros y lo sube a una silla y  desde ahí lo avienta contra Salvador para que lo bese- ¡venga!

El niño cae en los brazos de Salvador que recibe el beso del niño sucio con evidente disgusto y lo rechaza con asco involuntariamente.  Salvador los mira enojado, pone al niño en el suelo y sale del cuartucho furioso.

-¡Salvador! –le grita histérica Cantalicia- ¡Salvador, por qué maltrata al muchachito Salvador! –le reclama furiosa.

Salvador sale a campo abierto y mira a la distancia con ansias de huir, de marcharse lejos.

Cantalicia jadea atrás y lo sigue acusando- ¡Salvador! ¿Por qué trata mal al muchachito Salvador? ¡por qué lo trata mal! –le grita- ¡usted siempre ha sido cariñoso con él! ¿qué pasó mijo? –lo trata como a un niño- ¡se siente mal o qué!

Salvador la mira exasperado- ¡No me siento mal! –le grita- ¡sólo quiero estar solo! ¡necesito pensar!

-¿Pero pensar en qué? –Cantalicia se toma la cabeza.

Salvador mira a la distancia como esperando un milagro.

-¡Pensar! ¡pensar en nada! –y lo toma del brazo- ¡mire, acompáñeme!

Pero esta vez Salvador pierde la poca paciencia que le queda- ¡Déjeme en paz! –le grita- ¡que no entiende que quiero tranquilidad señora! –y le repite con la esperanza que entienda- ¡quiero tranquilidad! –baja la voz y trata de tranquilizarse- ¡tranquilidad Cantalicia!

Cantalicia lo mira sin entender.  Salvador se deja caer en un rincón y mira a la distancia… desesperado.

*

Mansión.

Cenan Rebeca, Isabel y Valeria.

-Probablemente tengas que compartir la casa con Ángela, pero eso no impide que hagas los cambios que te dé la gana Isabelita – Rebeca.

-Bueno, yo no creo que sea necesario hacerle ningunos cambios –Valeria- la casa no me parece anticuada ni mucho menos.

-¡Y a ti quien te pidió opinión! ¡a ver! –la calla Rebeca de malos modos- ¡Si Isabel quiere remodelar, pues que lo haga! ¡es su problema!
Isabel deja caer los cubiertos con fastidio- ¡No voy a hacer absolutamente ningún cambio! Ahí eres tú la que opina sin que nadie te lo pida tía.

-¡Ay está bien! Sólo lo hacia por ayudar… ¡porque acá la inútil de Valeria no se preocupa por nada! –la mira con desprecio- pienso que… ¡deberíamos uniformar a todo el personal! –lanza Rebeca y mira a Vicky que les sirve la cena- ¡empezando por esta! –dice con cara de desprecio- ¡no me gusta nada su vestimenta!

-¡A poco piensa disfrazarme! –se ríe de buena gana Vicky- ¡pa’eso no necesito ayuda!

Isabel disimula una sonrisa y le dice de buena manera- ¡Puede retirarse Vicky!

Vicky se marcha. Una vez que están solas de nuevo Isabel mira a su tía enojada- ¡Estás verdaderamente insoportable! ¡insoportable tía! –suspira- a ver si nos dejas disfrutar la comida y dejas a un lado tus extravagancias por favor.

-¡Ay! –suspira Valeria- ¿Por qué no mejor cambiamos de tema y hablamos de cosas que sean más agradables? –y remueve la sopa.

-¡Lo haremos en cuanto dejes de jugar con tu cucharita! Pero es que nadie te enseñó modales –le llama la atención Rebeca.

Valeria la mira sorprendida.

*

Las Cruces. Casucha de Cantalicia.

En el pobre rancho mientras Cantalicia come con gusto y con toscas maneras Salvador la mira con horror.  Y luego mira con el mismo horror la comida que tiene enfrente.

Cantalicia lo mira y le pregunta con la boca llena- ¿Qué pasó mijo? ¡por qué no come, eh!

-No tengo apetito –contesta parco Salvador.

-¿No tiene qué? –se sorprende Cantalicia.

Salvador la mira y suspira- No tengo ganas de comer Cantalicia.

-¡Ah! ¿Cómo no va a comer? ¡si no ha tragado bocado!

Salvador la mira y luego mira al pobre niño sucio que come en silencio.

-¡Mire que después la cabeza se le va a alborotar más de lo que ya la tiene! –sigue Cantalicia y trata de darle de comer a la fuerza como a un niño, le pone la cuchara en la boca- ¡Ándele! Cómase un poquito… ¡ándele!

-¡Que no quiero comer! –le corta seco Salvador perdiendo la paciencia.

Cantalicia retrocede y lo mira sin comprender.

Salvador mira al niño y se enoja- ¡Por qué no le limpia la cara a ese niño! No entiendo cómo puede ser tan descuidada –y sin aguantar más se levanta de la mesa.

-¡Salvador! Oiga… -le grita Cantalicia.

Salvador sale afuera, en la soledad de la noche.  A la luz de la luna se lo ve cansado y desesperado.  Cantalicia lo sigue. Salvador se apoya sin ánimos en un poste de la casa.

Cantalicia se acerca- ¡De veras que anda usted raro Salvador! ¿es que no le gusta que haya regresado pa’el rancho?

Salvador la mira con pena- Cantalicia, no se preocupe, estoy bien… le aseguro que estoy bien.

-¡Debe tener mucha fatiga! –concluye Cantalicia- ¿no? Con tanto remedios que le dieron en ese hospital… y con el estomago vacío… ¡váyase a dormir Salvador! –le sonríe- ¡váyase a descansar!
Salvador la mira y luego mira alrededor, la pobreza, la escasez y le hace una pregunta muy lógica- ¿Dónde?

Cantalicia abre los ojos- ¿Pues como en dónde? ¡en la cama! –y le sonríe picara- ¡me la vaya calentando porque en cuanto termine en la cocina yo me voy a alcanzarlo!

Salvador la mira espantado.

-¡Vamos a estar juntos otra vez! –se emociona Cantalicia- ¡como Dios manda! –y se acerca a él- ¡no sabe lo contenta que estoy Salvador! –se le abraza.

Salvador se deja abrazar pero no le gusta su olor, disimula apenas el asco.

-¡Váyase pa’la cama! –insiste Cantalicia- ¡yo le alcanzo!

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Mansión.

En la cocina Rebeca hace trizas un plato estrellándolo contra el suelo- ¡Olía asqueroso señora! –le grita a Vicky- ¡ese plato estaba mal lavado!
-¡Mire doñita! –grita Vicky- ¡usted podrá quejarse de cualquier cosa menos de la limpieza de esta casa! Porque para eso me mato, para que nada quede sucio.

-¡Eso es muy cierto doña Rebeca! –la defiende Abigail- en esta casa siempre nos preocupamos por la limpieza, además… óigame… ¡no es como para que tire usted el plato y lo rompa! Va a descompletar la vajilla y luego nos tiran la culpa a Vicky y a mí.

-¡Ay! ¡y no la tienen! –se burla Rebeca- ¿verdad? ¡claro! ¡como la tonta de Valeria no les dice nada ustedes hacen lo que se les da la gana! Pero eso se acabó… se acabó porque a partir de hoy yo me voy a encargar de vigilarlas y les advierto –las amenaza- ¡les advierto! Plato mal lavado, plato que rompo y ustedes tendrán que pagarlo.

-No sea injusta señora Rebeca –le ruega Abigail.

-¡Ay! No me rezongue Abigail.

-¡Oigan a esta vieja! –se enoja Vicky- o sea que nos quedamos con los brazos cruzados y no hacemos nada para impedirlo.

-¡Ni una palabra más! –le grita Rebeca y la mira con ojos llenos de desprecio y odio- ¡y mucho cuidado con volverme a contradecir enfrente de Isabel porque no respondo Vicky! ¡le juro que no respondo! –y se marcha furiosa.

-¡Ay Abigail! –suspira Vicky- ¡esa vieja se las trae!
-¡Y con el paso que vamos no creo que duremos mucho en esta casa! ¡no lo creo!
*

Abigail llena de rabia entra a la habitación de Antonio.

-¡Qué sucede mamá! ¿pasó algo?

-¡Óyeme! Es que cuando Vicky dice que doña Rebeca se las trae tiene toda la razón- explota Abigail- ¡es que está peor de insoportable que su difunta hermana!
-¡No te dejes humillar mamá! Tú no eres esclava de nadie y mucho menos de esa mujer –se enoja Antonio- ¿te hizo algo?

-¡No! No me hizo nada, además yo no le hago ni caso –y luego mira alrededor- ¿y tu hermano dónde estará metido? ¡otra vez no vino a comer!

Antonio desvía la mirada- No sé… se debió quedar trabajando horas extras.

-¿Horas extras? ¡ese no ha hecho horas extras en su vida!

-¡Tal vez se presentó una emergencia y le cayó la noche componiendo alguna maquina!
Abigial lo mira sin creerle palabra.

*

Una discoteca.

Simón se divierte de lo lindo bailando a todo dar. Más tarde en un cine- ¿No te gusta la película Consuelito?

-¡No! No me gusta.

-Si quieres nos vamos.

-¡Claro que no! Porque así estamos juntitos.

-¿En serio? –sonríe Simón y la besa.

*

Mansión.

Simón llega a altas horas de la noche y se encuentra a Azur- ¡Ni creas que me olvidé de ti amiguito! A ver… -y lo suelta- anda… ¡corre a cuidar la casa! –ríe feliz.

Muy cerca Walter lo espía.

*

Simón se escabulle dentro de la casa y entra de puntillas a la habitación.

Pero Antonio lo espera- ¿Por qué llegas tan tarde Simón?

-¡Shh! No me sermonees como si fueras mi mamá.

-¡La pobre estaba con los nervios de punta porque no llegabas!
-¡Que! ¿acaso no puedo quedarme en la calle hasta tarde de vez en cuando? Ni que fuera una nenita.

Antonio ríe -¿Y adonde fuiste?

-Fui al cine, hace mucho que no iba.

-¿Estuvo buena la película?

-¡Ni me preguntes! Mantuve todo el tiempo los ojos encima de Consuelito.

-¿Consuelito, quien es?

-Una empleada de la fabrica, le caigo bien y la invité a salir.

-¿Y qué? Consuelito te gusta.

-¡No es así que digas Ay… que mamacita ni mucho menos! ¡pero esta buenona! Además ya me hacia falta una amiguita porque desde hace tiempo ando en una abstinencia barbara… ¡las mujeres se han vuelto bien complicadas!
-¡No te vayas a clavar Simón, ponte pilas! ¡ponte pilas hermano!
-¡Mira quien lo dice! Precisamente tú deberías conseguirte una novia, a ver si dejas de pensar tonterías con Ángela.

*

Las Cruces.

Cantalicia acuesta a Moncho en un catre muy pobre y pequeño al lado de la cama grande y lo hace dormir- ¡que duerma bien mi muchachito y que los ángeles me lo acompañen!

Cuando Moncho se duerme Cantalicia mira hacia la puerta dónde está recostado Salvador- ¡Salvador! Salvador mijo… -le llama- ¡Salvador! Hace rato que debería estar en la cama.

Salvador mira con desesperación al catre- ¿Y me tengo que acostar ahí con usted? –se espanta.

-¡Pues claro que si! –sonríe con lujuria Cantalicia- ¿Dónde más? ¿qué se le había olvidado que estamos viviendo juntos? ¡vengase!

Salvador la mira con horror mientras Cantalicia empieza a desvestirse y se mete en la cama.

-¡Salvador! –lo llama Cantalicia desde la cama para que cumpla con su deber.

Cantalicia la mira con horror.

(jajaja!!!  esta última escena está de pelicula, con el bello Mario Cimarro con esa cara de horror ante la pobre Cantalicia, que la actriz es genial!!)

*

FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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