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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

La pulga es un parásito presente en el hombre y otros animales de sangre caliente (perros, gatos, ratas, ardillas) que suelen actuar como vehículos de transmisión de algunas enfermedades cuando muerden a las personas para alimentarse de su sangre. La pulga del hombre (Pulex irritans) fue originariamente parásita del zorro.

Tu Salud

CAP# 24: jueves 18 de agosto de 2005 – LA MISMA PULGA DE SIEMPRE

 *

Las Cruces.

En la casucha, Salvador duerme, o mejor dicho trata de dormir en el borde de un catre hecho de paja, lo más alejado posible de Cantalicia, dándole la espalda.

Pero Cantalicia tiene otros planes y se le acerca sensual- Salvador… ¿Salvador no puede dormir?

-Ya casi me duermo –responde seco.

-¿Por qué no se quitó la ropa mijo? –se le restriega- ¿tiene mucho frío?

Salvador se aleja aún más al borde- Prefiero dormir vestido.

-¡Hace mucho que no estamos juntos mijo! –susurra Cantalicia- debió sufrir mucho todos estos días durmiendo por allá solito… ¿no?

-¡No! –se apresura a responder Salvador- ¡no fue tan malo!
Cantalicia se le frota- ¿No le hice falta? ¿no me extrañó?

Salvador trata de disimular su rechazo y le ordena- ¡Duérmase Cantalicia!

Pero Cantalicia empieza a acariciarlo… todo el cuerpo- ¿Por qué no me abraza mijo? ¿no quiere nada conmigo?

Salvador suspira- ¡Duérmase Cantalicia por favor! –le repite.

Pero Cantalicia le sigue acariciando íntimamente y le huele el largo pelo- Huele tan rico… -suspira profundamente- tan fresquito.

-¡No me toque Cantalicia! –Salvador no aguanta más y le dice con voz ronca- ¡Suélteme!

Cantalicia se asusta por el tono y se aparta mirándolo sin reconocerlo-¿Qué fue lo que le hicieron por allá mijo? –empieza su cantaleta-¿Por qué mira y siento que no es el mimos? Es como si fuera otra persona… -solloza- ¿qué fue lo que le hicieron por allá?

Salvador que trata de ignorarla de pronto reacciona con dolor- ¡Ay! ¡ay! –se levanta asustado.

-¿Qué pasó? –deja de llorar Cantalicia.

-¡Ay! ¡algo me picó! Se debió meter un bicho en la cama –y empieza a examinar la almohada cuando de pronto dice con horror- ¡son pulgas! ¡hay muchas pulgas! –se levanta.

(Si vieran la cara de Mario!!!  )

-¡Las mismas de siempre! –le dice simplemente Cantalicia que se cubre con una manta verde.

-¡Argg! –Salvador la mira espantado y busca sus zapatos.

-¿Qué pasó? –repite Cantalicia.

-¡Que no pienso dormir aquí Cantalicia! –termina de ponerse los zapatos.

-¿Cómo que no? –de vuelta a llorar- ¿Entonces dónde?

-¡No lo sé! –grita Salvador- ¡dormiré en la cocina, debajo de un árbol! ¡dónde sea, menos aquí! –y sale corriendo.
-¡No! –grita Cantalicia- ¡Salvador! –aún más fuerte- ¡Salvador!

Este último grito despierta a Moncho- ¿Qué pasa mamita?

Cantalicia sin mirarlo se echa a llorar en la cama- ¡Eso es lo que quisiera saber! ¿qué pasa con este cristiano? –sufre.

*

Afuera, bajo la luz de la luna, Salvador corre hasta un árbol rascándose como loco, en un momento dado desesperado se quita la camisa celeste… ( aprovechen chicas!!) mostrando un cuerpo bien formado y musculoso y se la sacude tratando de deshacerse de las pulgas.  Luego se sienta al abrigo del árbol... y se sigue rascando.

*

¡Ayudame a continuar con este sitio aquí!

*

Mansión.

Walter muy temprano en la mañana espera firme al lado de la camioneta Range Rover y luego entra a la casa.

*

En la sala Rebeca, con una peluca pelirroja, arregla flores cuando lo ve entrar y despide a las empleadas.

-Sigo esperando sus instrucciones –le susurra Walter cuando quedan solos- ¿se le ha ocurrido algo señora?

-¡Lo veo muy difícil Walter! He perdido las esperanzas de encontrar esas benditas llaves.

-Aún no hemos buscado en un sitio… ¡en el ático!
-¿En el ático dijo?

-Si, me ha dado esa espinilla porque he visto a la señorita Ángela entrar a ese lugar.

-¿Y usted cree que las llaves deben estar ahí?

-No tiene nada de raro… pero yo no me atrevo a entrar.

Rebeca pone cara triunfante- ¡Pues yo si! ¡yo lo haré Walter! –y corre escaleras arriba.

*

Ático.

Rebeca decidida entra al ático como una ladrona y escudriña por todos lados, sin encontrar lo que busca.  De pronto ve el viejo baúl de recuerdos de Ángela ( dónde están las llaves) y lo empieza a revisar, sacando los viejos juguetes de Ángela.

Sin embargo en ese momento, silenciosa entra Ángela y la enfrenta.  Cuando la ve Rebeca pone una cara de enorme fastidio.

*

Pasillo de servicio.

-¡Ya me estoy cansando de tus reclamos! Es que no puedo vivir pegado a tus faldas como si yo fuera un mocoso.

-Mira… ¡te podrás morir de viejo pero mientras estés a mi lado tú no te mandas solo Simón! –le grita Abigail sin paciencia- ¡A ver! ¿Dónde andabas anoche?

-¡Ya! Te lo voy a decir –se da por vencido- ¡estaba viendo una película!
-¡Ah si! –no le cree- ¿entonces que te cuesta coger el teléfono y llamarme y decirme: mamacita me voy para el cine no te preocupes!

-Bueno, ya, se me pasó… ¡perdón! ¡para la próxima! Porque pienso seguir llegando tarde, de una vez te aviso.

-¿Cómo? –grita.

Vicky que pasa interviene- Abigail, ya deje de regañarlo.

-¡Es que no entiende Vicky! –se queja Simón- ¡nos trata como si fuéramos unas nenitas y si Antonio se deja, yo no! Si a esta edad yo ya debería estar viviendo solo.

-¿Ah si? –se enoja Abigail- ¡pues órale! –le chasquea los dedos- ¡abierta está la puerta, a ver hasta dónde llegas con el sueldo ese miserable que ganas dónde trabajas! –lo echa a gritos- ¡ándale, órale!

Aparece Antonio- ¡Mamá, tranquilízate! Nada ganas enfadándote… además Simón tiene razón… ¡ya déjalo en paz!
-¡Si Abigail! Allá en mi pueblo a esa edad se mandan solos.

-¡Si, pero esto no el pueblo Vicky! –toma aire histérica- ¡esto es la ciudad y yo no me perdonaría si les pasa algo o si agarran malas costumbres!

Y la pelea seguiría si en ese momento no se escuchan los gritos de Ángela que vienen del ático: “-¡Contésteme! Quiero una respuesta señora!”. Todos quedan callados.

-¡Ay! Y vuelve la burra al trigo… ¡otra discusión! –suspira Vicky.

Antonio se preocupa-¡Me parece que es Ángela! –y va corriendo escaleras arriba.

Abigail que no puede con su manía de control le grita- ¡Antonio! ¡tú no vayas! –trata de detenerlo- ¡no te entrometas hijo! ¡Antonio! –y al ver que no le hace caso explota- ¡Ay por Dios Vicky! A ver… ¿qué he hecho yo para merecer esto?

*

Ático.

Ángela histérica le grita- ¡Contésteme! Le exijo una respuesta señora ¡se la exijo!
Rebeca ríe- ¡Ay! –se burla- ¡no es necesario que grites como una loca! Baje el tono niñita  que después de todo yo no he hecho nada malo.

-¿Ah no?

-¡No!
-¡Pues el otro día la encontré también buscando cosas en el estudio! –fuera de sí- ¡así que no me niegue que las estaba buscando señora!
-¿Qué pasa Ángela? –entra Antonio.

-¡Nada! ¡que esta niña es una neurótica! –grita Rebeca- ¡eso!
 -¡Usted la provoca señora! –le grita Antonio.

-¡Perdón!, en primer lugar, señorita… ¡y en segundo lugar no me levantes la voz insolente! Y no metas tus narices dónde no te han llamado jovencito.

-¡Tratándose de Ángela las meto dónde yo quiera!... señorita –pronuncia la última palabra despacio- ¡además me importa un rábano que sea la tía de Isabel!

*

Habitación de Isabel.

Rebeca no pierde tiempo para ir a quejarse- ¡Es intolerable bajo cualquier punto de vista! Y no sólo fue la babosa de Ángela sino también el igualado de Antonio –gime- ¡Ay Isabelita! Tenias que haberlo visto hija… ¡se lanzaron sobre mí y por poco me despedazan!

Isabel se sigue maquillando tranquilamente mientras Valeria vestida de un camisón mira a la tía sin creerle.

-¡Tía! –suspira Isabel- dime una cosa… ¿no estarás exagerando un poco?

-¡Ay no! ¡para nada, para nada! Fue algo extremadamente grave, sino no te atormentaría hija.

-¿Por qué antes de reclamarle no le preguntas por qué fue la discusión? –sugiera Valeria- ¡no creo que la hayan tratado mal porque sí!

-¡Ay Valeria! –Rebeca la mira con odio- ¡tú siempre con tu veneno!
-¡Valeria tiene razón! –decide Isabel- Dime por qué discutieron tía.

-¡Fui imprudente! Mira… entré al ático sin darme cuenta… -duda- ¡y ahí empezó a insultarme! Ay Isabelita… ¡ni que ese lugar fuera un templo sagrado!
Isabel se enoja- ¡Pues ese sitio, como muchos de esta casa le pertenecen a Ángela! –le reclama fastidiada- ¡el ático es uno de ellos tía! ¿se puede saber qué demonios estabas haciendo allí, o qué estabas buscando en ese lugar?

Rebeca no sabe qué contestar- ¡Isabelita hija! –empieza a gemir- ¡no estaba buscando nada! Simplemente lo que pasa es que… ¡me aburro muchísimo hija, en esta casa! Y me pongo a recorrer… a recorrer… para buscar algo que mirar… ¡pero ya veo que aquí nadie me comprende! Ni siquiera ustedes… ¡son mis sobrina y me atacan! –y se toma la cabeza- ¡Ay que horror, me tratan como si yo fuera una criada! –finge llorar.

-Tía, tranquilízate… -se ablanda Isabel- ¡se me hace que estás haciendo una tormenta en un vaso de agua! ¿no crees?

Rebeca finge seguir llorando.

-Valeria… ¡arréglate! –de pronto decide Isabel.

-¿A dónde vamos? –se sorprende Valeria.

-¡A cualquier parte! –sonríe Isabel- ¡vamos a salir las tres! ¡vamos a divertirnos! Vamos a olvidarnos de tantos problemas en esta casa… ¡yo no quiero más enfrentamientos! –les ruega- ¡por favor ya no quiero más enfrentamientos!

*

Momentos mas tarde, Isabel muy elegante y muy guapa sale de la casa seguida de Rebeca feliz, y de Valeria toda vestida de negro.

Walter, ceremonioso, les abre la puerta del auto.

Antes de subir Isabel mira hacia la casa y se encuentra con la mirada de Ángela que las mira desde el pórtico. Durante interminables segundos, sin sonreír, ambas se miden con la mirada, altivas, orgullosas, dispuesta a la pelea.

*

Las Cruces.

Cantalicia sale al descampado y tira un balde aguas sucias… está vestida de un vestido amarillo y se la ve cansada y desesperada… entra de vuelta a la casa y mira largamente a Salvador que duerme profundamente, tirado en el suelo, mientras ella trabaja.

Cantalicia lo mira y durante un momento amaga despertarlo… pero no se anima y sufre.  Estira la mano para tocarlo… pero no se anima… y se pone a llorar con desesperación.

*

Pueblo.

-¡Lo único que puedo hacer es esperar a ver que pasa con él! –suspira el doctor Valencia.

-¡Un hombre tan sensible, amante de la música, con tanto conocimientos! –considera el padre Jacobo- ¡viviendo en ese rancho miserable!... ya no sé qué es peor… ¡si internarlo en un manicomio… o devolvérselo a esa mujer!
-Sinceramente… padre… ¿qué opina usted de él?

-¡Es el cuerpo de Salvador Cerinza, pero la energía de otro ser! –le dice misterioso- ¡estoy seguro de que un espíritu tomó posesión de ese cuerpo!

-¡Por favor padre! –se exaspera el doctor- ¡como va a decir eso! Yo no creo en semejantes cosas.

El padre lo mira con paciencia- ¡Los médicos sólo creen en las explicaciones de la ciencia pero a mí no me cabe la menor duda! –hace una pausa y luego agrega con temor- ¡esto todavía no se soluciona mi querido amigo! –suspira- ¡Dios no lo quiera, pero algo terrible puede suceder en ese rancho! Esa mujer no sabe a lo que se está enfrentando.

*

En ese momento Cantalicia pone agua sucia en un viejo balde y toma un viejo trapo y lo moja y luego le pasa el trapo sucio y mojado por la cara del niño. 

Salvador que está mirando a la distancia, como siempre, se da cuenta y la mira asombrado y se llena de pena- ¿Qué hace Cantalicia? –se escandaliza.

-¡Lavando al Moncho! –exclama Cantalicia con su acento campesino- ¿no dijo que lo quería ver limpio?

-¡Y usted cree que esa es la manera correcta de hacerlo! –se acerca y le dice lentamente- ¡debe emplear agua y jabón!

-¿Jabón?

-¡Si señora! –la mira sorprendido- ¿no me diga que no acostumbra a hacerlo?

Cantalicia mira para todos lados- ¡Claro que si! Pero más que nada para restregar la ropa… ¿no?

-¡Pero el niño lo necesita más! –se escandaliza Salvador- ¡mírelo! –y se acerca al niño- ¡parece un pegote de mugre! –y luego le reclama- ¡y debería dejarlo bañar solo! –y luego le habla directamente al niño- ¡si usted quiere ser un niño sano tiene que lavarse bien el cuerpo! –le dice con suavidad- ¿entendió? Y usar ropa limpia todos los días –y de pronto Salvador levanta al niño y se lo lleva.

-¡Salvador! –lo sigue corriendo Cantalicia.

*

Río Claro.

En un club elegante Isabel nada en una piscina de aguas azules ante la mirada admirada de Andrés que la come con los ojos.

Isabel sale del agua y luego vuelve a zambullirse.

(Aprovechen muchachos!!  )

Cerca de ellas Rebeca y Valeria sentadas a una mesa la observan.  Rebeca ríe- ¡Ay, es linda Isabelita! ¿verdad?

-¡Si es muy linda! –admite Valeria.

-¡Con ese cuerpazo tiene trastornados a todos los hombres! –ríe picara y divertida Rebeca- ¡mira como tiene a Andrés Corona! –y luego la mira- ¡bueno… imagino que ya tú lo sabias! ¿no?

-Tía, preferiría no hablar del tema –responde seca Valeria.

-¿Por qué no mi amor? La segunda boda de Isabelita es muy importante.

-¿Tú estás de acuerdo con esa relación? –se escandaliza Valeria.

-¡Claro! No hablo mucho porque está muy presente la muerte del viejo Donoso –baja la voz- ¡Ay! Pero en un par de meses serán marido y mujer –dice feliz.

-¿Tú sabias?... –duda- ¿qué ellos se entendían desde antes que se casara con don Pedro?
-¡Sí! –responde Rebeca con ligereza- ¡claro!

Valeria abre los ojos espantada- ¿Y te parece bien?

-¡Yo no veo nada de rao en eso! Además… ¡jamás criticaría a mi sobrina predilecta! ¡Ay mi amor! Sólo las mojigatas como tú se escandalizan… Valeria… -la mira con menodesprecio y pena - ¡eres tan tonta que no has aprendido a vivir mi amor!
-¡Tía, por favor no empieces!
-¡Deberías aprovechar la vida! ¡las delicias de la vida! –ríe- ¡si yo tuviera tu juventud Valeria, no desperdiciaría así la vida como la estás haciendo tú!

-¡Me siento bien como soy tía, y no voy a cambiar! Mi vida no se parece, ni se parecerá a la de Isabel.

*

Las Cruces.

Salvador se lleva al niño en andas y Cantalicia lo persigue- ¡Salvador! ¿adonde lleva a mi muchachito Salvador?

Salvador se detiene- ¡A bañarlo! Porque usted no es capaz de hacerlo –le reclama y luego busca- ¿Dónde está la ducha?

Cantalicia lo mira como si estuviera loco- ¿La qué?

-¡El baño! –se impacienta Salvador- ¡la regadera Cantalicia!
-¿Por qué me pregunta eso mijo? –se molesta Cantalicia- ¡ya sabe que aquí no tenemos! ¡lo único es el río!

-¡Pues entonces vamos al río! –exclama Salvador-¡porque este niño necesita aprender a bañarse! –y la mira y repite lentamente- ¡todos los días Cantalicia! ¡y usted debería aprender  a hacer lo mismo!... ¡todos los días!

-¡Usted se deschavetó mijo! –se enoja Cantalicia-¡usted se deschavetó porque lo obligaron a bañarse demás en ese hospital!
-¡Cantalicia! –se exaspera Salvador- ¡vaya a buscar el jabón y no discuta!

Moncho mira a Salvador con grandes ojos, muy impresionado. 

Cantalicia da media vuelta y se dirige a la casucha a buscar el jabón suspirando mira al cielo- ¡Ayúdame con este hombre por favorcito! ¡Ayúdame que no está bien de la cabeza! –dice confundida- ¡no se ha compuesto! ¿qué voy a hacer con él Dios mío?

Y mira a Salvador que con el niño Moncho se dirige al río para bañarlo.

*

Mansión.

-¡Si la pasamos muy bien! –exclama Andrés- ¡por lo menos nosotros! Valeria la pasó bastante aburrida… ¿verdad? –con un dejo burlón.

-Bueno, lo que pasa es que no estoy muy acostumbrada a salir.

-¡Pues antes eras muy divertida! –dice Isabel- ¡y te gustaba mucho el deporte Valeria! –y luego le dice a Andrés- ¡Ahí como la ves, participó en varios torneos de natación! –y luego frustrada- aunque hoy ni siquiera volteaste a ver la alberca.

-¡Ni de nada ni de nada la pobre! –grita Rebeca con su voz aguda- ¡la pobre cambió del cielo a la tierra! De la noche a la mañana esta niña se ha vuelto una muchachita hosca y huraña… ¡pareces animal del monte hija! –mientras se atraganta comiendo.
-De verdad eres muy seria para tu edad –comenta Andrés con una sonrisa sardónica.

-¡Apenas 24 años y mirala! Parece una vieja amargada.

-¡Ayayay, no deberías pasar tanto tiempo encerrada en esta casa! –opina Andrés- ¡deberías salir con hombres de tu edad!

-¡No! –burlona Rebeca- ¡no pienso que eso la anime mucho Andrecito! –y dice con maldad- ¡a ella sólo le gustan… los ancianos!
Isabel deja caer los cubiertos enojada- ¡Tía! –le grita- ¡ni una sola palabra más! ¡ya basta! ¿quieres?

Rebeca pone mala cara y en ese momento ve entrar a Abigail- ¡Abigail! –la llama de mala manera- ¡más tarde tenemos que hablar sobre su hijo Antonio!
Pero Isabel sigue enojada- ¡Tú no tienes que hablar absolutamente nada! –le corta- ¡no tienes por qué opinar nada de Antonio!

Abigail se queda cortada y luego le pregunta a Isabel- ¿Se le ofrece algo más señora?

-Nada Abigail –dice amable Isabel- Puede retirarse.

Abigail agradecida lo hace- ¡Gracias, con permiso!

-¡Oye Isabelita hija! –dice Rebeca luego de esperar a que Abigail se retire- ¡estás igualita que el difunto Donoso! ¡no haces más que proteger y seguirle la corriente a esa gentuza!
-¡No hay que ser tan generoso con los empleadas! –intervienen Andrés- ¡luego empiezan a abusar! –suspira- ¿Por qué no piensas en despedir a Abigail y a sus hijos? ¡son unos igualados!
Valeria reacciona- ¡Eso sería una injusticia! Ellos son unas personas muy amables y no se meten con nadie.

Andrés pierde toda amabilidad- ¡Ah! Qué bien… ¡no solamente Ángela los defiende, también estás tú!

-¡Lo mínimo que podemos hacer es respetar la voluntad de don Pedro! ¡él siempre los trató como si fueran familia!
-¡Por favor no hablemos de eso! Ese señor está muerto.

Isabel se pone tensa.

-¡No! Claro… no piensen en nada –se molesta Valeria- ¡si no lo respetaron cuando estaba vivo, mucho menos ahora que está muerto!

Isabel recibe el golpe del comentario de Valeria.

*

Las Cruces.

Salvador tose una y otra vez, a la puerta de la casucha.

Cantalicia acuesta a Moncho- ¡Se duerme mi chaparrito! Que ya se nos hizo tarde.

-¡Hasta mañana mamita! –dice Moncho.

-¡Hasta mañana! –le responde Cantalicia.

El niño mira a la puerta y luego agrega triste- ¡Hasta mañana papito!

Salvador se queda cortado y se el encoge el corazón al escucharse llamar así, con pena mira para la distancia, sufriendo.

-¡Ya vio! –se acerca Cantalicia al escucharlo toser- ¡por bañarse más de la cuenta ya le entró el catarro! –le regaña- ¡Ahora nomás falta que el niño también tenga calentura!
Salvador la mira cansado- ¡No siga Cantalicia! Todo el santo día se la ha pasado renegando como si hubiera cometido un delito.

-¡Es que yo quiero ayudarlo mijo! Pero usted… volvió con unas mañas tan raras… que no se deja.

-Yo le advertí que no iba a ser el mismo.

Cantalicia lo mira apenada- Tampoco esta noche se va a querer acurrucar en la cama conmigo… ¿he?

Salvador la enfrenta con la mirada y luego busca en la casa, encuentra un viejo poncho y lo toma- ¡Ni loco voy a dormir en esa porquería! Pero ya buscaré la manera de arreglarla y desinfectarla.

Cantalicia se ofende- ¡Ah si! ¿y desde cuando acá se volvió tan remilgoso? ¡Ahora resulta que la cochina soy yo, cuando antes tenía que perseguirlo para que se bañara! –empieza a llorar.

Salvador fastidiado sale de la casa.

-¡Ese no es mi cristiano! –llora Cantalicia- ¡nos lo cambiaron! ¡si más bien parece un viejo mañoso y regañón!

*

Mansión.

Muy tarde en la noche llega Simón y estaciona su moto.  Detrás de un árbol Walter lo espía.  Simón se da cuenta que hay alguien y se acerca, Walter aparece por detrás y casi lo mata del susto.

-Muy trasnochador últimamente Simón –le dice lentamente Walter.

-¡Y eso a usted qué le importa! Y no me espante que vengo muerto de los nervios.

-¡Nervioso va a poner al celador una de estas noches y lo va a confundir con un ladrón y le pega un tiro!

-¡Primero se lo pegan a usted por andar acechando en la noche como un vampiro! –y corre a la casa.

*

Pasillo.

Simón entra de puntillas cuando de pronto aparece Abigail como un fantasma y le pone una mano en el hombro. Simón salta y grita.

-¡Por qué gritas así! ¡que susto! –grita Abigail.

-Voy a acabar tieso en el piso –suspira Simón.

-Fuiste otra vez al cine –ataca Abigail.

-¡Si! Y como vi una película de terror, por eso vengo tan asustado.

-¡No te conocía yo esa afición por las películas!... estas saliendo con alguien… ¿verdad?

-¡Pues si!

-¡Ya! ¿y quien es?

-Una empleada de la fabrica…. Se llama Consuelo Villamin.

-Y es tu novia.

-¡Si!... ¡no! Tal vez… ¡algo así!

-¿Y por qué no la traes a la casa y me la presentas hijo?

-¡Ah! Mamacita… pero si apenas estoy saliendo con ella… ¿Cómo crees que la voy a traer a la casa ahorita?

-¡A mí me parece perfectamente normal que te ilusiones con alguien! Pero me gustaría conocerla… creo que tengo todo el derecho… ¿no?

-Bueno, pero a su debido tiempo – Simón no sabe como salirse del paso – cuando cuaje la cosa.

-¿Qué es eso de que cuando cuaje la cosa?

-O sea que cuando definamos que vamos a ser novios, o nomás amiguitos… o qué… te digo que algo formal todavía no hay.

-¡Ya! Por lo menos me tranquiliza saber que eres sincero conmigo –suspira Abigail- ¡nunca me ocultes las cosas Simón! Puedes confiar en tu madre.

Y se abrazan y entran a la casa.

*

Las Cruces.

Salvador camina y camina en el campo, pensando y pensando.

Cantalicia lo mira a la distancia y luego camina hacia él decidida azada en mano-¿Qué está haciendo ahí nomás perdiendo el tiempo he? ¡pensando en quien sabe qué! –con aire de combate.

-¡Pienso en muchas cosas Cantalicia! –le explica Salvador.

-¡Y por eso se le enferma la cabeza he! Por pensar demás… ¡en lugar de ponerse a jalar como yo! –lo mira de pies a cabeza enojada- ¡mire que desde que me lo devolvieron no ha movido ni un solo dedo para nada! Solo se la pasa en estarse quejando todo el día.

Salvador la mira sorprendido.

-¡Qué si no le gusto yo, que si no le gusta su hijo! ¡he! –y otra vez está a punto de llorar- ¡ni se quiere echar en la cama! ¡no le gusta la comida que le hago!

-Cantalicia… yo quisiera explicarle muchas cosas –empieza Salvador- ¡pero estoy seguro que no entendería!
-¡Como que no! ¡entiendo muy bien que por ahí me lo malacostumbraron! –le reprocha enojada- ¡y que volvió más terco que una mula vieja!

Salvador mira a lo lejos triste- ¡Yo debería marcharme ahora mismo Cantalicia! –le confiesa- ¡pero necesito tiempo! –la mira con la esperanza que entienda- ¡tiempo para aclarar mis ideas!

Pero Cantalicia tiene muy claras sus ideas- ¡De dónde se rebusca tanta palabraria carancho! ¡usted lo que debería hacer es ponerse a componer esa cerca que nunca termino! ¡he! –le señala la cerca- ¡qué desde el día que se murió de mentiritas ahí se quedaron tirados esos palos! ¡y hemos tenido bronca con los vecinos!
Salvador mira las maderas y la cerca y se excusa- Bueno… pero yo no sé si pueda hacerlo porque yo no tengo experiencia en ese tipo de trabajo.

Cantalicia explota- ¡Ahora si que no me salga con esas cosas Salvador! ¡eso si que no! –le grita- ¡Ahora resulta que hasta perezoso se volvió! ¡he! ¡mejor arregle esa cerca porque sino le voy a enseñar quien es Cantalicia Muñeton! –y diciendo esto enojada se marcha.

Salvador la mira sorprendido y luego resignado se dirige hacia los restos de cercado y suspirando toma los utensilios.

*

Mansión.

En la sala.

-Siempre fue un hombre trabajador y responsable –recuerda Ángela- ¡todo lo que se proponía lo conseguía… nunca he conocido a alguien tan emprendedor como él.

-Por eso fue un gran empresario… -suspira a su vez Antonio- ¡todo el mundo lo quería, lo admiraba y lo respetaba!

-¡Lastima que yo no heredé esa parte! –sufre Ángela- ¡no tuve suerte!

-¡Claro que sí Ángela! –la consuela- ¡todo lo que te propongas lo puedes lograr!
-A veces siento ganas de ir a la fábrica y aprender como se maneja el negocio… pero no lo hago para no tener problemas con Isabel.

-¡Yo que tú no lo pensaría dos veces! Al fin de cuentas eres la hija de don Pedro y tienes todos los derechos sobre la fábrica… y a lo mejor así decides no irte y no te perdemos.

-Antonio…

-De tan sólo pensar que te puedes ir… me pongo mal Ángela… ¡yo no lo podría soportar!
-¿Me quieres? –susurra Ángela.

Antonio suspira y la mira con amor- ¡No te imaginas cuanto!

Y están a punto de besarse cuando aparece Rebeca y los mira odiosa.

-¡Está como lechuza todo el día! –suspira Antonio y susurra- ¿Por qué no nos vamos a otro lado?

-¿En dónde? –susurra Ángela.

Antonio sonríe pícaro- Al ático… podemos vernos ahí de vez en cuando… como cuando éramos niños.

-¡Si claro! –sonríe Ángela- ¿Por qué no?

Y ambos riendo suben.

*

Las Cruces. El rancho.

Salvador con pena arregla la cerca cuando de pronto aparece un hombre con un machete- ¡Cerinza! –le grita con malas pulgas.

Salvador se sorprende y muy amable pregunta- ¿Y como le va señor?

-¡Señor! –se burla el otro- ¿y de cuando acá yo soy señor pa’usted? ¡si nunca me ahogó de educación! ¿o qué? ¿ya se le olvidó el problemita de la otra vez?

-La verdad no recuerdo.
-¡Pues yo voy a refrescarle la memoria malnacido! –se acerca amenazador con el machete- ¡ahora sí vamos a arreglar cuentas Salvador Cerinza!

*

Iglesia.

-¿De veras lo mandaron a su rancho? –se apena Pablito y luego duda- ¿o lo encerraron en un manicomio?

-¡No tengo por qué decirle mentiras Pablito! Si no me cree usted puede ir a comprobarlo hombre –y hace una movida de ajedrez.

-¡Es que uno con el comisario Ocampo no sabe a qué atenerse padrecito! Todo el pueblo de Las Cruces ya lo está odiando.

-Eso no es justo… está bien que no sea un alma de Dios, pero tampoco es una calamidad.

-Después de lo que pasó con Salvador Cerinza, nadie opina lo mismo… ¡por ahí escuché que van a pedir cambiarlo por alguien más capacitado! –dice en tono de chisme.

 

(sublevación!!  pobre comisario!)

 

-¡Eso no es justo! –insiste el padre- ¡más vale malo conocido que bueno por conocer! Yo creo que manejó el caso correctamente –y se impacienta- ¡pero ya! ¡juegue! Que me está desesperando.

-¡Pero es que siempre usted me gana padrecito! –se queja- ¡ojala estuviera acá el resucitado! A ver si me ayuda como la otra vez.

El padre se pone rojo de la cólera- ¡Qué no lo llame resucitado! –le grita- ¡no es ningún resucitado! ¡apréndetelo, no es ningún resucitado!

-¡Ay Dios Santo! –suspira Pablito.

*

El rancho.

-¡Conmigo que no venga a dárselas de santo! –grita el hombre completamente fuera de sí- ¡que no es mas que un indio arrastrado que quiere malonearme un buen pedazo de tierra! ¡o corre esa porquería, y entra cinco metros pa’su lado! ¡o yo si lo mando derechito pa’el cementerio sin derecho a resucitar!
-No entiendo de qué me habla señor –sufre Salvador mientras retrocede- ¡ni siquiera sé qué me está reclamando!

En ese momento, para arreglar las cosas, llega corriendo Cantalicia- ¡Salvador! Salvador… ¿qué pasa?

-¡Ahora no se ampare con la bruta de su mujer porque pa’ella también hay machete!
-¿Cuál es la fregadera Eugelio? –se le lanza Cantalicia- ¡otra vez metiéndote con mi marido!

-¡Las veces que sea necesario sino me corre la porquería de cerca pa’su lado! –le grita furioso.

-¡Si piensa que vamos a hacer lo que le de la cochina gana está muy equivocado he! –Cantalicia no retrocede y grita-¡no dejaremos que nos robe nuestra tierra! –y luego mira a Salvador y le exige- ¡respóndale Salvador! ¡respóndale al desgraciado de Eugelio pa’que aprenda a no desafiarnos, déle sus buenos trancazos!
Pero Salvador la mira y se niega- ¡Cantalicia, no puedo atacarlo, ni siquiera conozco a este señor!
Cantalicia pierde toda paciencia- ¡Cómo no le va a conocer si es su peorcísimo enemigo he! ¡déle mijo! –lo arrastra y lo pone enfrente del otro! Rómpale el hocico.

-¡Yo nunca huyo! Yo no voy a dejarme –y ataca a Salvador que simplemente se defiende.

Cantalicia grita como una loca- ¡Déle mijo!

Salvador desarma al hombre con facilidad y luego tira el machete a lo lejos.

-¡Acabelo Salvador! –grita Cantalicia.

*

Mansión.

-A poco Simoncito anda ennoviado –Vicky.

-¡Cómo la ves Vicky! Me dijo que está saliendo con una compañerita de la fábrica.

-Pues qué bueno que se la busque bien lejos porque no me gustaba para nada que se enredara con las muchachas éstas aquí de la casa.

-¡No! A mí tampoco, pero la verdad yo no voy a estar tranquila hasta que me la presente… ya ves que las madres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos.

-Mire Abigail, si esa muchacha trabaja en la fábrica es porque es buena persona, además los muchachos de vez en cuando necesitan alegrarse su corazoncito.

-Humm… el problema con Simón es que se lo alegra con demasiada frecuencia.

-¡Ay Abigail! No sea así, se le van a arreglar.

-¡Es que todo era tan diferente cuando don Pedro José estaba vivo! –suspira Abigail- ¡él los guiaba, los orientaba! –suspira- ¡a mí la verdad me gustaría mucho que algún día pudieran ser tan responsables como era él!

-¡Él era rebuena persona! Que yo recuerde… nunca tuvo enemigos… ¡y nunca se peleó con nadie! ¡con nadie!
*

Las Cruces.

Salvador deja de pelear y se separa.

-¡Qué le pasa Salvador! ¡he! –le grita Cantalicia enojada y le pega- ¡se va a dejar ganar por ese desgraciado! ¡defiéndase como los machos! –le exige- ¡defiéndase porque sino soy capaz de volarle la cabeza al Eugelio yo misma! –y recoge el machete y se dispone a darle al vecino.

Salvador se enoja- ¡Deje esa arma Cantalicia! –le grita a todo pulmón- ¡se lo ordeno, suéltela!

Cantalicia lo mira enojada- ¡Defiéndase!

En eso el otro hombre lo ataca y vuelven a rodar por el suelo.

-¡Eso es mijo! –se excita Cantalicia- ¡eso es! ¡tome el machete y defiéndase! –se lo pasa.

Salvador empuja al otro hombre y mira enojado a Cantalicia- ¡Yo no necesito armas Cantalicia! ¡retírese de aquí por favor!

Cantalicia lo mira y dice con maldad y respirando con dificultad de la excitación - ¡Por lo menos rómpale una pata!

-¡Cállese! –le grita Salvador furioso- ¡y lárguese que yo no quiero herir a nadie! ¡ya cállese! –y luego enfrenta al otro hombre que yace en el suelo- ¡señor! Mire… -le pasa el machete- ¡allí tiene su arma! ¡se larga por dónde vino! –toma aire- ¡no quiero líos ni con usted ni con nadie! –le grita- ¡lárguese!
El hombre lo mira con odio- ¡Esto no termina aquí Cerinza! Le juro que voy a regresar y vamos a ver quien tiene la última palabra! –se levanta y se aleja maldiciendo- ¡se lo juro por mi alma indio infeliz!

-¡Lárguese! –le advierte Salvador.

*

Mansión.

Rebeca de punta en blanco sale al jardín, cuando Vicky que está limpiando sin querer le lanza un balde de agua en los pies.

Rebeca salta- ¡India bruta! Fíjese lo que hace –le grita- ¡por poco me arruina toda la ropa y los zapatos!
-¡Pues ni que tuviera ojos en la espalda señora!

-¿Sabe una cosa? –se pone verde de rabia- ¡un día va a dejar de trabajar en esta casa!

-¡De eso pido mi limosna fíjese! –ríe Vicky.

Rebeca se marcha enojada mientras Vicky sigue riendo a carcajadas.

*

En otro lado del jardín, en una mesa Valeria y Abigail deciden qué compras hacer para la casa.

-¡Valeria! –llega corriendo Rebeca- ¿qué haces aquí? –y mira a Abigail con desprecio- ¡no me digas que esta señora tiene que ayudarte para administrar la casa!
-¡No veo por qué no tía! Abigail es una persona con mucha experiencia.

-¡Ha! –ríe Rebeca burlona- pues mira, te aconsejo que te acostumbres a hacer tu trabajito sola, porque a lo mejor un día esta mujercita no está aquí para ayudarte… ¡la vida da muchas vueltas Valeria!

Abigail se pone tensa y le responde digna- ¡Pues mientras esté la ayudaré con mucho gusto! Lo hago siempre con mucho placer señora.

Rebeca la ignora- ¡Queridita! –se dirige a Valeria- ¿quieres acompañarme a una exposición de pintura? ¡me voy a reunir con unas amigas de Isabelita!
-Lo siento mucho tía, pero Abigail y yo vamos a hacer las compras de la semana.

-¡Ay! –finge pena- ¡qué lástima mi amor que no puedas estar en los eventos sociales porque te tengas que ocupar de administrar esta casa! Está bien… no importa… Chau Valeria –y se aleja cuando de pronto se detiene- ¡Ah! Y por favor hija… escoge bien los tomates ¿si?

-¡No te preocupes tía! –responde Valeria.

*

Walter le abre la puerta del auto- ¡Está muy elegante doña Rebeca!

(Está horrible, con un abrigo que simula visón y un sombrero negro…  y hace calor!!)

 

Rebeca sonríe de oreja a oreja complacida- ¡Ay! Se hace lo que se puede Walter… ¿verdad?

-¿Salimos?

-Y seguimos hablando de nuestros asuntos- susurra feliz Rebeca.

*
Las Cruces.

Rancho.

-¡Ahí si yo lo desconozco de verdad! ¡he! –Cantalicia sigue furiosa- ¡hasta gallina se volvió o qué!

Salvador suspira.

-¡Poco faltó para que ese bruto de Eugelio lo reventara! –se queja- ¡cuando antes usted lo hubiera dejado hecho un trapo!
-¡Yo no estoy acostumbrado a pelear Cantalicia! –se impacienta Salvador- ¡mucho menos sin tener un motivo! Si me atreví a golpear a ese hombre –le explica- ¡fue en defensa propia! Pero nada más.

-¿Ah si? –Cantalicia lo mira con rabia y frustración- ¡pues fíjese que por no darle bien duro ese no tarda en llegar con toda la tropa! ¡ese es un niño de lo más vengativo!

-¡Ni siquiera sabía qué me estaba reclamando! O si tenía la razón o no.

-¿Y cómo no iba a saberlo? ¿he? ¡si usted lo sabe todo! –toma aire- ¡la próxima vez péguele con toda confianza! ¡no se deje mijo! –le aconseja- ¡no se deje!
Salvador mira a la distancia y luego pregunta- ¿La próxima vez? –con una voz resignada- ¡la próxima vez ya llegó Cantalicia! Supongo…

Y en la distancia aparece Eugelio, esta vez acompañado de otros tres hombres armados con machetes y azadas.

*

Cítricos Donoso.

Consuelo está molesta- ¡Cómo qué le contaste a tu madre y a tu hermano de lo nuestro!

-Pues no le vi nada de malo… ¡les dije que éramos novios nada mas!

-¿Y ellos que te dijeron?

-Bueno, mi mamá está de acuerdo, además ella sabe que yo no me enredo con cualquier mujer –pero al ver la cara que ella pone- ¿qué te pasa Consuelo? ¡te molestó lo que dije!
-No Simón –simula Consuelo- lo que pasa es que nosotros nada más somos amigos… ¡el hecho que nos hayamos dado un par de besos no significa nada Simón!
-¿Y qué… no quieres que lleguemos a algo más?

Consuelo le sonríe- Este fin de semana mi amiga se va de viaje… me quedo sola… así que si quieres puedes venir a hacerme compañía.

-¿Estás hablando en serio Consuelo? –se emociona Simón- ¿de veras puedo ir a hacerte compañía?
-¡Claro, porque estoy dispuesta a todo por ti! ¡a todo!
-Consuelo eres una caja llena de sorpresas –ríe feliz.

Consuelo se pone seria- Cuidado, por allí viene el supervisor.

-¡Domínguez! –grita el supervisor.

-¡Si señor! ¿se le ofrece algo?

-¡El doctor Corona quiere hablar con usted, lo está esperando en su oficina!
Simón pierde la sonrisa.

*

Oficina Andrés.

Golpean a la puerta-¡Si! –grita Andrés.

-¿Me mandó llamar señor Corona? –aparece Simón.

-Sí, acerca Simón –despide a la secretaria- ¡te trasladé al departamento de mantenimiento y repuestos para ayudarte! Pero te la pasas en otras partes.

-Bueno, a veces me hacen llamar de otros departamentos cuando una máquina se descompone.

-¡Todos los días se rompe algo! –se burla Andrés con una sonrisa- Me dijeron que te vieron hablando con una empleada de la fábrica.

-¡Eso es mentira señor Corona! –miente Simón.

-¡Ah! Eso es lo que dice el informe que me pasó el supervisor y el jefe de personal –y los revisa- ¡Simón, siempre fuiste muy eficiente en tu trabajo, por eso te ascendí!

-Lo sé y estoy muy agradecido con usted.

-¡Demuéstralo entonces, cumple con tu deber! –y lo amenaza- porque la próxima vez que cometas una falta, el jefe de personal no va a dudar en pasarte la carta de despido… ¿está claro?

-Perfectamente… ¿puedo retirarme o hay algo más?

-¡Simón, Simón! –suspira Andrés- ¡estoy tratando de ayudarte! No me olvido que fuiste protegido de don Pedro.

-Bueno, en cierta forma… todos –subraya la palabra- fuimos sus protegidos.

-¡Pero tú y tu familia más que nadie! –Andrés tiene rabia- ¡así que no creas que quiero atacarte!

Simón lo mira desconfiado.

*

Las Cruces.

Salvador trata de hacer las paces mientras Cantalicia y Moncho se esconden detrás.

-¡Si piensan atacarnos bien pueden hacerlo! Pero escúchenme… ¡cualquier agresión, en vez de beneficiarlos los perjudicará terriblemente!
-¡No! No crea que va a convencernos a punta de palabras baratas –dice el mas viejo- ¡ni con esa vocecita que está poniendo!

-Lo ven… ¡Este indio quiere hablar como todo un señor! –se burla Eugelio y todos ríen a carcajadas.

-Le bastaron unos días en el pueblo de Las Cruces pa’educarse –comenta otro.

-¡Mirenlo bien! Estamos enfrente de todo un letrado…  -y luego pierde la risa- ¡o retira la cerca pa’dónde nosotros digamos o ya mismito le tumbamos el rancho!
Cantalicia no pierde oportunidad para meterse- ¡Pues comiencen de una vez! Ya verá como les toca ¿he? ¡que ni Salvador ni yo somos mancos pa’no defendernos!
Salvador la mira desesperado.

-¡No perdamos más tiempo! Manos a la obra –grita el viejo.

-¡Momento! –grita con desesperación Salvador- ¡un momento! Un momento… por favor… escúchenme… antes de mover un dedo piensen… ¡piensen en las consecuencias! –les advierte- tendrán que responder por cualquier ataque… ¿y saben dónde irán a parar? ¡a la cárcel!
-¿Y quien va a acusarnos si se puede saber?

Salvador duda pero encuentra una respuesta- ¡El comisario Ocampo tiene conocimiento del asunto porque yo personalmente me encargué de exponérselo cuando estuve en el pueblo!
Los cuatro hombres retroceden.

-¡De manera que si nos atacan! –sigue Salvador más seguro de sí mismo- ¡los responsabilizarán sin fórmula de juicio!

Nadie entiende lo que dice- ¡De veras que está hablando como http://www.tusalud.com.mx/121101.htmtodo un señor!

Hasta Cantalicia lo mira embobada.

-¿Por qué no resolvemos nuestras diferencias por las vías legales? –propone Salvador- ¡ustedes aseguran que estamos invadiéndole sus terrenos! ¡pues bien! Entonces será muy fácil comprobarlo.

-¡No, no, no! –de pronto grita furioso Eugelio- ¡no estamos interesados en comprobar ninguna babosada! Acabemos con esta plaga de una vez por todas.

-¡Alto ahí! –lo detiene el viejo- ¡alto hijo! –y se acerca a Salvador-¿y cómo nos lo va a comprobar Salvador Cerinza?

Salvador le dice muy serio- ¡Espere un momento por favor! Esperen… un momento… por favor.

Entra en la casa y busca desesperado debajo de los colchones, de las sillas, del almacén, revuelve todo hasta que ve un viejo baúl descuartizado y hurgando encuentra un viejo diario, lo toma y sale corriendo afuera a mostrárselos.

-¡Aquí se encuentran especificados los linderos que limitan sus terrenos de los nuestros! Ahora sólo falta que llamemos al inspector Ocampo y él se encargará de verificarlas con los de la Notaría… ¡así comprobamos quien está invadiendo a quien!
Todos miran el pedazo de papel.

-¿Con sólo ver esos papeles cochinos?

-¡Y los suyos también naturalmente! –agrega Salvador- ¡ustedes también tienen que traer sus escrituras!

Todos se miran asustados- ¿Y… nosotros tenemos esas cosas pa? –pregunta Eugelio.

-¡No tenemos nada! –dice el viejo- ¡ni ellos tampoco!

 

(Más sabe el diablo por viejo que por diablo  !)

 

-¡Esos papeles no son nada! –dictamina el viejo.

-Escuchen –Salvador sufre mirando los papeles- ¡tal vez los noten un poco viejos pero les aseguro que son las escrituras y están debidamente autenticadas y firmadas por el notario del pueblo! Es más… examínelas usted señor… ¡examínelas! –le propone.

El viejo entrecierra los ojos- ¡Usted sabe que nosotros de leer y escribir nada de nada!
-¡Bueno, pero yo sí! –exclama Salvador.

Y todos ríen a carcajadas-¡Usted sabe menos que nosotros! Ya me cansé de esta tomadura de pelo, ya me llevo por delante a este baboso- decide Eugelio.

-¡Quietos! –ordena el viejo y mira con duda a Salvador- ¡si de veras sabe leer, lea esto! –y saca una carta vieja y arrugada del bolsillo.

Salvador toma la carta con gusto.

 *

FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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