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El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO La pulga es un parásito
presente en el hombre y otros animales de sangre caliente (perros, gatos,
ratas, ardillas) que suelen actuar como vehículos de transmisión de algunas
enfermedades cuando muerden a las personas para alimentarse de su sangre.
La pulga del hombre (Pulex irritans) fue originariamente parásita del
zorro. CAP#
24: jueves 18 de agosto de 2005 – LA MISMA PULGA DE SIEMPRE Las
Cruces. En la
casucha, Salvador duerme, o mejor dicho trata de dormir en el borde de un catre
hecho de paja, lo más alejado posible de Cantalicia, dándole la espalda. Pero
Cantalicia tiene otros planes y se le acerca sensual- Salvador… ¿Salvador no
puede dormir? -Ya
casi me duermo –responde seco. -¿Por
qué no se quitó la ropa mijo? –se le restriega- ¿tiene mucho frío? Salvador
se aleja aún más al borde- Prefiero dormir vestido. -¡Hace
mucho que no estamos juntos mijo! –susurra Cantalicia- debió sufrir mucho todos
estos días durmiendo por allá solito… ¿no? -¡No!
–se apresura a responder Salvador- ¡no fue tan malo! Salvador
trata de disimular su rechazo y le ordena- ¡Duérmase Cantalicia! Pero
Cantalicia empieza a acariciarlo… todo el cuerpo- ¿Por qué no me abraza mijo?
¿no quiere nada conmigo? Salvador
suspira- ¡Duérmase Cantalicia por favor! –le repite. Pero
Cantalicia le sigue acariciando íntimamente y le huele el largo pelo- Huele tan
rico… -suspira profundamente- tan fresquito. -¡No me
toque Cantalicia! –Salvador no aguanta más y le dice con voz ronca- ¡Suélteme! Cantalicia
se asusta por el tono y se aparta mirándolo sin reconocerlo-¿Qué fue lo que le
hicieron por allá mijo? –empieza su cantaleta-¿Por qué mira y siento que no es
el mimos? Es como si fuera otra persona… -solloza- ¿qué fue lo que le hicieron
por allá? Salvador
que trata de ignorarla de pronto reacciona con dolor- ¡Ay! ¡ay! –se levanta
asustado. -¿Qué
pasó? –deja de llorar Cantalicia. -¡Ay! ¡algo me picó! Se debió meter un bicho en la cama –y empieza a examinar la almohada cuando de pronto dice con horror- ¡son pulgas! ¡hay muchas pulgas! –se levanta. (Si vieran la cara de Mario!!! -¡Las
mismas de siempre! –le dice simplemente Cantalicia que se cubre con una manta
verde. -¡Argg!
–Salvador la mira espantado y busca sus zapatos. -¿Qué
pasó? –repite Cantalicia. -¡Que
no pienso dormir aquí Cantalicia! –termina de ponerse los zapatos. -¿Cómo
que no? –de vuelta a llorar- ¿Entonces dónde? -¡No lo
sé! –grita Salvador- ¡dormiré en la cocina, debajo de un árbol! ¡dónde sea,
menos aquí! –y sale corriendo. Este
último grito despierta a Moncho- ¿Qué pasa mamita? Cantalicia
sin mirarlo se echa a llorar en la cama- ¡Eso es lo que quisiera saber! ¿qué
pasa con este cristiano? –sufre. * Afuera,
bajo la luz de la luna, Salvador corre hasta un árbol rascándose como loco, en
un momento dado desesperado se quita la camisa celeste… ( * ¡Ayudame a continuar con este sitio aquí! * Mansión. Walter
muy temprano en la mañana espera firme al lado de la camioneta Range Rover y
luego entra a la casa. * En la
sala Rebeca, con una peluca pelirroja, arregla flores cuando lo ve entrar y
despide a las empleadas. -Sigo
esperando sus instrucciones –le susurra Walter cuando quedan solos- ¿se le ha
ocurrido algo señora? -¡Lo
veo muy difícil Walter! He perdido las esperanzas de encontrar esas benditas
llaves. -Aún no
hemos buscado en un sitio… ¡en el ático! -Si, me
ha dado esa espinilla porque he visto a la señorita Ángela entrar a ese lugar. -¿Y
usted cree que las llaves deben estar ahí? -No
tiene nada de raro… pero yo no me atrevo a entrar. Rebeca
pone cara triunfante- ¡Pues yo si! ¡yo lo haré Walter! –y corre escaleras
arriba. * Ático. Rebeca
decidida entra al ático como una ladrona y escudriña por todos lados, sin
encontrar lo que busca. De pronto ve el
viejo baúl de recuerdos de Ángela ( Sin
embargo en ese momento, silenciosa entra Ángela y la enfrenta. Cuando la ve Rebeca pone una cara de enorme
fastidio. * Pasillo
de servicio. -¡Ya me
estoy cansando de tus reclamos! Es que no puedo vivir pegado a tus faldas como
si yo fuera un mocoso. -Mira…
¡te podrás morir de viejo pero mientras estés a mi lado tú no te mandas solo
Simón! –le grita Abigail sin paciencia- ¡A ver! ¿Dónde andabas anoche? -¡Ya!
Te lo voy a decir –se da por vencido- ¡estaba viendo una película! -Bueno,
ya, se me pasó… ¡perdón! ¡para la próxima! Porque pienso seguir llegando tarde,
de una vez te aviso. -¿Cómo?
–grita. Vicky
que pasa interviene- Abigail, ya deje de regañarlo. -¡Es
que no entiende Vicky! –se queja Simón- ¡nos trata como si fuéramos unas
nenitas y si Antonio se deja, yo no! Si a esta edad yo ya debería estar
viviendo solo. -¿Ah
si? –se enoja Abigail- ¡pues órale! –le chasquea los dedos- ¡abierta está la
puerta, a ver hasta dónde llegas con el sueldo ese miserable que ganas dónde
trabajas! –lo echa a gritos- ¡ándale, órale! Aparece
Antonio- ¡Mamá, tranquilízate! Nada ganas enfadándote… además Simón tiene
razón… ¡ya déjalo en paz! -¡Si,
pero esto no el pueblo Vicky! –toma aire histérica- ¡esto es la ciudad y yo no
me perdonaría si les pasa algo o si agarran malas costumbres! Y la
pelea seguiría si en ese momento no se escuchan los gritos de Ángela que vienen
del ático: “-¡Contésteme! Quiero una respuesta señora!”. Todos quedan callados. -¡Ay! Y
vuelve la burra al trigo… ¡otra discusión! –suspira Vicky. Antonio
se preocupa-¡Me parece que es Ángela! –y va corriendo escaleras arriba. Abigail
que no puede con su manía de control le grita- ¡Antonio! ¡tú no vayas! –trata
de detenerlo- ¡no te entrometas hijo! ¡Antonio! –y al ver que no le hace caso
explota- ¡Ay por Dios Vicky! A ver… ¿qué he hecho yo para merecer esto? * Ático. Ángela
histérica le grita- ¡Contésteme! Le exijo una respuesta señora ¡se la exijo! -¿Ah
no? -¡No! -¡Nada!
¡que esta niña es una neurótica! –grita Rebeca- ¡eso! -¡Perdón!,
en primer lugar, señorita… ¡y en segundo lugar no me levantes la voz insolente!
Y no metas tus narices dónde no te han llamado jovencito. -¡Tratándose
de Ángela las meto dónde yo quiera!... señorita –pronuncia la última palabra
despacio- ¡además me importa un rábano que sea la tía de Isabel! * Habitación
de Isabel. Rebeca
no pierde tiempo para ir a quejarse- ¡Es intolerable bajo cualquier punto de
vista! Y no sólo fue la babosa de Ángela sino también el igualado de Antonio
–gime- ¡Ay Isabelita! Tenias que haberlo visto hija… ¡se lanzaron sobre mí y
por poco me despedazan! Isabel
se sigue maquillando tranquilamente mientras Valeria vestida de un camisón mira
a la tía sin creerle. -¡Tía!
–suspira Isabel- dime una cosa… ¿no estarás exagerando un poco? -¡Ay
no! ¡para nada, para nada! Fue algo extremadamente grave, sino no te
atormentaría hija. -¿Por
qué antes de reclamarle no le preguntas por qué fue la discusión? –sugiera
Valeria- ¡no creo que la hayan tratado mal porque sí! -¡Ay
Valeria! –Rebeca la mira con odio- ¡tú siempre con tu veneno! -¡Fui
imprudente! Mira… entré al ático sin darme cuenta… -duda- ¡y ahí empezó a
insultarme! Ay Isabelita… ¡ni que ese lugar fuera un templo sagrado! Rebeca
no sabe qué contestar- ¡Isabelita hija! –empieza a gemir- ¡no estaba buscando
nada! Simplemente lo que pasa es que… ¡me aburro muchísimo hija, en esta casa!
Y me pongo a recorrer… a recorrer… para buscar algo que mirar… ¡pero ya veo que
aquí nadie me comprende! Ni siquiera ustedes… ¡son mis sobrina y me atacan! –y
se toma la cabeza- ¡Ay que horror, me tratan como si yo fuera una criada!
–finge llorar. -Tía,
tranquilízate… -se ablanda Isabel- ¡se me hace que estás haciendo una tormenta
en un vaso de agua! ¿no crees? Rebeca
finge seguir llorando. -Valeria…
¡arréglate! –de pronto decide Isabel. -¿A
dónde vamos? –se sorprende Valeria. -¡A
cualquier parte! –sonríe Isabel- ¡vamos a salir las tres! ¡vamos a divertirnos!
Vamos a olvidarnos de tantos problemas en esta casa… ¡yo no quiero más
enfrentamientos! –les ruega- ¡por favor ya no quiero más enfrentamientos! * Momentos
mas tarde, Isabel muy elegante y muy guapa sale de la casa seguida de Rebeca
feliz, y de Valeria toda vestida de negro. Walter,
ceremonioso, les abre la puerta del auto. Antes
de subir Isabel mira hacia la casa y se encuentra con la mirada de Ángela que
las mira desde el pórtico. Durante interminables segundos, sin sonreír, ambas
se miden con la mirada, altivas, orgullosas, dispuesta a la pelea. * Las
Cruces. Cantalicia
sale al descampado y tira un balde aguas sucias… está vestida de un vestido
amarillo y se la ve cansada y desesperada… entra de vuelta a la casa y mira
largamente a Salvador que duerme profundamente, tirado en el suelo, mientras
ella trabaja. Cantalicia
lo mira y durante un momento amaga despertarlo… pero no se anima y sufre. Estira la mano para tocarlo… pero no se
anima… y se pone a llorar con desesperación. * Pueblo. -¡Lo
único que puedo hacer es esperar a ver que pasa con él! –suspira el doctor
Valencia. -¡Un
hombre tan sensible, amante de la música, con tanto conocimientos! –considera
el padre Jacobo- ¡viviendo en ese rancho miserable!... ya no sé qué es peor…
¡si internarlo en un manicomio… o devolvérselo a esa mujer! -¡Es el
cuerpo de Salvador Cerinza, pero la energía de otro ser! –le dice misterioso-
¡estoy seguro de que un espíritu tomó posesión de ese cuerpo! -¡Por
favor padre! –se exaspera el doctor- ¡como va a decir eso! Yo no creo en
semejantes cosas. El
padre lo mira con paciencia- ¡Los médicos sólo creen en las explicaciones de la
ciencia pero a mí no me cabe la menor duda! –hace una pausa y luego agrega con
temor- ¡esto todavía no se soluciona mi querido amigo! –suspira- ¡Dios no lo
quiera, pero algo terrible puede suceder en ese rancho! Esa mujer no sabe a lo que
se está enfrentando. * En ese
momento Cantalicia pone agua sucia en un viejo balde y toma un viejo trapo y lo
moja y luego le pasa el trapo sucio y mojado por la cara del niño. Salvador
que está mirando a la distancia, como siempre, se da cuenta y la mira asombrado
y se llena de pena- ¿Qué hace Cantalicia? –se escandaliza. -¡Lavando
al Moncho! –exclama Cantalicia con su acento campesino- ¿no dijo que lo quería
ver limpio? -¡Y
usted cree que esa es la manera correcta de hacerlo! –se acerca y le dice lentamente-
¡debe emplear agua y jabón! -¿Jabón? -¡Si
señora! –la mira sorprendido- ¿no me diga que no acostumbra a hacerlo? Cantalicia
mira para todos lados- ¡Claro que si! Pero más que nada para restregar la ropa…
¿no? -¡Pero
el niño lo necesita más! –se escandaliza Salvador- ¡mírelo! –y se acerca al
niño- ¡parece un pegote de mugre! –y luego le reclama- ¡y debería dejarlo bañar
solo! –y luego le habla directamente al niño- ¡si usted quiere ser un niño sano
tiene que lavarse bien el cuerpo! –le dice con suavidad- ¿entendió? Y usar ropa
limpia todos los días –y de pronto Salvador levanta al niño y se lo lleva. -¡Salvador!
–lo sigue corriendo Cantalicia. * Río
Claro. En un
club elegante Isabel nada en una piscina de aguas azules ante la mirada
admirada de Andrés que la come con los ojos. Isabel sale del agua y luego vuelve a zambullirse. (Aprovechen muchachos!! Cerca
de ellas Rebeca y Valeria sentadas a una mesa la observan. Rebeca ríe- ¡Ay, es linda Isabelita! ¿verdad? -¡Si es
muy linda! –admite Valeria. -¡Con
ese cuerpazo tiene trastornados a todos los hombres! –ríe picara y divertida
Rebeca- ¡mira como tiene a Andrés Corona! –y luego la mira- ¡bueno… imagino que
ya tú lo sabias! ¿no? -Tía,
preferiría no hablar del tema –responde seca Valeria. -¿Por
qué no mi amor? La segunda boda de Isabelita es muy importante. -¿Tú
estás de acuerdo con esa relación? –se escandaliza Valeria. -¡Claro!
No hablo mucho porque está muy presente la muerte del viejo Donoso –baja la
voz- ¡Ay! Pero en un par de meses serán marido y mujer –dice feliz. -¿Tú
sabias?... –duda- ¿qué ellos se entendían desde antes que se casara con don
Pedro? Valeria
abre los ojos espantada- ¿Y te parece bien? -¡Yo no
veo nada de rao en eso! Además… ¡jamás criticaría a mi sobrina predilecta! ¡Ay
mi amor! Sólo las mojigatas como tú se escandalizan… Valeria… -la mira con
menodesprecio y pena - ¡eres tan tonta que no has aprendido a vivir mi amor! -¡Me
siento bien como soy tía, y no voy a cambiar! Mi vida no se parece, ni se
parecerá a la de Isabel. * Las
Cruces. Salvador
se lleva al niño en andas y Cantalicia lo persigue- ¡Salvador! ¿adonde lleva a
mi muchachito Salvador? Salvador
se detiene- ¡A bañarlo! Porque usted no es capaz de hacerlo –le reclama y luego
busca- ¿Dónde está la ducha? Cantalicia
lo mira como si estuviera loco- ¿La qué? -¡El
baño! –se impacienta Salvador- ¡la regadera Cantalicia! -¡Pues
entonces vamos al río! –exclama Salvador-¡porque este niño necesita aprender a
bañarse! –y la mira y repite lentamente- ¡todos los días Cantalicia! ¡y usted
debería aprender a hacer lo mismo!...
¡todos los días! -¡Usted
se deschavetó mijo! –se enoja Cantalicia-¡usted se deschavetó porque lo
obligaron a bañarse demás en ese hospital! Moncho
mira a Salvador con grandes ojos, muy impresionado. Cantalicia
da media vuelta y se dirige a la casucha a buscar el jabón suspirando mira al
cielo- ¡Ayúdame con este hombre por favorcito! ¡Ayúdame que no está bien de la
cabeza! –dice confundida- ¡no se ha compuesto! ¿qué voy a hacer con él Dios
mío? Y mira
a Salvador que con el niño Moncho se dirige al río para bañarlo. * Mansión. -¡Si la
pasamos muy bien! –exclama Andrés- ¡por lo menos nosotros! Valeria la pasó
bastante aburrida… ¿verdad? –con un dejo burlón. -Bueno,
lo que pasa es que no estoy muy acostumbrada a salir. -¡Pues
antes eras muy divertida! –dice Isabel- ¡y te gustaba mucho el deporte Valeria!
–y luego le dice a Andrés- ¡Ahí como la ves, participó en varios torneos de
natación! –y luego frustrada- aunque hoy ni siquiera volteaste a ver la
alberca. -¡Ni de
nada ni de nada la pobre! –grita Rebeca con su voz aguda- ¡la pobre cambió del
cielo a la tierra! De la noche a la mañana esta niña se ha vuelto una
muchachita hosca y huraña… ¡pareces animal del monte hija! –mientras se
atraganta comiendo. -¡Apenas
24 años y mirala! Parece una vieja amargada. -¡Ayayay,
no deberías pasar tanto tiempo encerrada en esta casa! –opina Andrés- ¡deberías
salir con hombres de tu edad! -¡No!
–burlona Rebeca- ¡no pienso que eso la anime mucho Andrecito! –y dice con
maldad- ¡a ella sólo le gustan… los ancianos! Rebeca
pone mala cara y en ese momento ve entrar a Abigail- ¡Abigail! –la llama de
mala manera- ¡más tarde tenemos que hablar sobre su hijo Antonio! Abigail
se queda cortada y luego le pregunta a Isabel- ¿Se le ofrece algo más señora? -Nada
Abigail –dice amable Isabel- Puede retirarse. Abigail
agradecida lo hace- ¡Gracias, con permiso! -¡Oye
Isabelita hija! –dice Rebeca luego de esperar a que Abigail se retire- ¡estás
igualita que el difunto Donoso! ¡no haces más que proteger y seguirle la
corriente a esa gentuza! Andrés
pierde toda amabilidad- ¡Ah! Qué bien… ¡no solamente Ángela los defiende,
también estás tú! -¡Lo
mínimo que podemos hacer es respetar la voluntad de don Pedro! ¡él siempre los
trató como si fueran familia! Isabel
se pone tensa. -¡No!
Claro… no piensen en nada –se molesta Valeria- ¡si no lo respetaron cuando
estaba vivo, mucho menos ahora que está muerto! Isabel
recibe el golpe del comentario de Valeria. * Las
Cruces. Salvador
tose una y otra vez, a la puerta de la casucha. Cantalicia
acuesta a Moncho- ¡Se duerme mi chaparrito! Que ya se nos hizo tarde. -¡Hasta
mañana mamita! –dice Moncho. -¡Hasta
mañana! –le responde Cantalicia. El niño
mira a la puerta y luego agrega triste- ¡Hasta mañana papito! Salvador
se queda cortado y se el encoge el corazón al escucharse llamar así, con pena
mira para la distancia, sufriendo. -¡Ya
vio! –se acerca Cantalicia al escucharlo toser- ¡por bañarse más de la cuenta
ya le entró el catarro! –le regaña- ¡Ahora nomás falta que el niño también
tenga calentura! -¡Es
que yo quiero ayudarlo mijo! Pero usted… volvió con unas mañas tan raras… que
no se deja. -Yo le
advertí que no iba a ser el mismo. Cantalicia
lo mira apenada- Tampoco esta noche se va a querer acurrucar en la cama
conmigo… ¿he? Salvador
la enfrenta con la mirada y luego busca en la casa, encuentra un viejo poncho y
lo toma- ¡Ni loco voy a dormir en esa porquería! Pero ya buscaré la manera de
arreglarla y desinfectarla. Cantalicia
se ofende- ¡Ah si! ¿y desde cuando acá se volvió tan remilgoso? ¡Ahora resulta
que la cochina soy yo, cuando antes tenía que perseguirlo para que se bañara!
–empieza a llorar. Salvador
fastidiado sale de la casa. -¡Ese
no es mi cristiano! –llora Cantalicia- ¡nos lo cambiaron! ¡si más bien parece
un viejo mañoso y regañón! * Mansión. Muy
tarde en la noche llega Simón y estaciona su moto. Detrás de un árbol Walter lo espía. Simón se da cuenta que hay alguien y se
acerca, Walter aparece por detrás y casi lo mata del susto. -Muy
trasnochador últimamente Simón –le dice lentamente Walter. -¡Y eso
a usted qué le importa! Y no me espante que vengo muerto de los nervios. -¡Nervioso
va a poner al celador una de estas noches y lo va a confundir con un ladrón y
le pega un tiro! -¡Primero
se lo pegan a usted por andar acechando en la noche como un vampiro! –y corre a
la casa. * Pasillo. Simón
entra de puntillas cuando de pronto aparece Abigail como un fantasma y le pone
una mano en el hombro. Simón salta y grita. -¡Por
qué gritas así! ¡que susto! –grita Abigail. -Voy a
acabar tieso en el piso –suspira Simón. -Fuiste
otra vez al cine –ataca Abigail. -¡Si! Y
como vi una película de terror, por eso vengo tan asustado. -¡No te
conocía yo esa afición por las películas!... estas saliendo con alguien…
¿verdad? -¡Pues
si! -¡Ya!
¿y quien es? -Una
empleada de la fabrica…. Se llama Consuelo Villamin. -Y es
tu novia. -¡Si!...
¡no! Tal vez… ¡algo así! -¿Y por
qué no la traes a la casa y me la presentas hijo? -¡Ah!
Mamacita… pero si apenas estoy saliendo con ella… ¿Cómo crees que la voy a
traer a la casa ahorita? -¡A mí
me parece perfectamente normal que te ilusiones con alguien! Pero me gustaría
conocerla… creo que tengo todo el derecho… ¿no? -Bueno,
pero a su debido tiempo – Simón no sabe como salirse del paso – cuando cuaje la
cosa. -¿Qué
es eso de que cuando cuaje la cosa? -O sea
que cuando definamos que vamos a ser novios, o nomás amiguitos… o qué… te digo
que algo formal todavía no hay. -¡Ya!
Por lo menos me tranquiliza saber que eres sincero conmigo –suspira Abigail-
¡nunca me ocultes las cosas Simón! Puedes confiar en tu madre. Y se
abrazan y entran a la casa. * Las
Cruces. Salvador
camina y camina en el campo, pensando y pensando. Cantalicia
lo mira a la distancia y luego camina hacia él decidida azada en mano-¿Qué está
haciendo ahí nomás perdiendo el tiempo he? ¡pensando en quien sabe qué! –con
aire de combate. -¡Pienso
en muchas cosas Cantalicia! –le explica Salvador. -¡Y por
eso se le enferma la cabeza he! Por pensar demás… ¡en lugar de ponerse a jalar
como yo! –lo mira de pies a cabeza enojada- ¡mire que desde que me lo
devolvieron no ha movido ni un solo dedo para nada! Solo se la pasa en estarse
quejando todo el día. Salvador
la mira sorprendido. -¡Qué
si no le gusto yo, que si no le gusta su hijo! ¡he! –y otra vez está a punto de
llorar- ¡ni se quiere echar en la cama! ¡no le gusta la comida que le hago! -Cantalicia…
yo quisiera explicarle muchas cosas –empieza Salvador- ¡pero estoy seguro que
no entendería! Salvador
mira a lo lejos triste- ¡Yo debería marcharme ahora mismo Cantalicia! –le
confiesa- ¡pero necesito tiempo! –la mira con la esperanza que entienda-
¡tiempo para aclarar mis ideas! Pero
Cantalicia tiene muy claras sus ideas- ¡De dónde se rebusca tanta palabraria
carancho! ¡usted lo que debería hacer es ponerse a componer esa cerca que nunca
termino! ¡he! –le señala la cerca- ¡qué desde el día que se murió de mentiritas
ahí se quedaron tirados esos palos! ¡y hemos tenido bronca con los vecinos! Cantalicia
explota- ¡Ahora si que no me salga con esas cosas Salvador! ¡eso si que no! –le
grita- ¡Ahora resulta que hasta perezoso se volvió! ¡he! ¡mejor arregle esa
cerca porque sino le voy a enseñar quien es Cantalicia Muñeton! –y diciendo
esto enojada se marcha. Salvador
la mira sorprendido y luego resignado se dirige hacia los restos de cercado y
suspirando toma los utensilios. * Mansión. En la
sala. -Siempre
fue un hombre trabajador y responsable –recuerda Ángela- ¡todo lo que se
proponía lo conseguía… nunca he conocido a alguien tan emprendedor como él. -Por
eso fue un gran empresario… -suspira a su vez Antonio- ¡todo el mundo lo
quería, lo admiraba y lo respetaba! -¡Lastima
que yo no heredé esa parte! –sufre Ángela- ¡no tuve suerte! -¡Claro
que sí Ángela! –la consuela- ¡todo lo que te propongas lo puedes lograr! -¡Yo
que tú no lo pensaría dos veces! Al fin de cuentas eres la hija de don Pedro y
tienes todos los derechos sobre la fábrica… y a lo mejor así decides no irte y
no te perdemos. -Antonio…
-De tan
sólo pensar que te puedes ir… me pongo mal Ángela… ¡yo no lo podría soportar! Antonio
suspira y la mira con amor- ¡No te imaginas cuanto! Y están
a punto de besarse cuando aparece Rebeca y los mira odiosa. -¡Está
como lechuza todo el día! –suspira Antonio y susurra- ¿Por qué no nos vamos a
otro lado? -¿En
dónde? –susurra Ángela. Antonio
sonríe pícaro- Al ático… podemos vernos ahí de vez en cuando… como cuando
éramos niños. -¡Si
claro! –sonríe Ángela- ¿Por qué no? Y ambos
riendo suben. * Las
Cruces. El rancho. Salvador
con pena arregla la cerca cuando de pronto aparece un hombre con un machete-
¡Cerinza! –le grita con malas pulgas. Salvador
se sorprende y muy amable pregunta- ¿Y como le va señor? -¡Señor!
–se burla el otro- ¿y de cuando acá yo soy señor pa’usted? ¡si nunca me ahogó
de educación! ¿o qué? ¿ya se le olvidó el problemita de la otra vez? -La
verdad no recuerdo. * Iglesia. -¿De
veras lo mandaron a su rancho? –se apena Pablito y luego duda- ¿o lo encerraron
en un manicomio? -¡No
tengo por qué decirle mentiras Pablito! Si no me cree usted puede ir a
comprobarlo hombre –y hace una movida de ajedrez. -¡Es
que uno con el comisario Ocampo no sabe a qué atenerse padrecito! Todo el
pueblo de Las Cruces ya lo está odiando. -Eso no
es justo… está bien que no sea un alma de Dios, pero tampoco es una calamidad. -Después
de lo que pasó con Salvador Cerinza, nadie opina lo mismo… ¡por ahí escuché que
van a pedir cambiarlo por alguien más capacitado! –dice en tono de chisme. (sublevación!! -¡Eso
no es justo! –insiste el padre- ¡más vale malo conocido que bueno por conocer!
Yo creo que manejó el caso correctamente –y se impacienta- ¡pero ya! ¡juegue!
Que me está desesperando. -¡Pero
es que siempre usted me gana padrecito! –se queja- ¡ojala estuviera acá el
resucitado! A ver si me ayuda como la otra vez. El
padre se pone rojo de la cólera- ¡Qué no lo llame resucitado! –le grita- ¡no es
ningún resucitado! ¡apréndetelo, no es ningún resucitado! -¡Ay
Dios Santo! –suspira Pablito. * El
rancho. -¡Conmigo
que no venga a dárselas de santo! –grita el hombre completamente fuera de sí-
¡que no es mas que un indio arrastrado que quiere malonearme un buen pedazo de
tierra! ¡o corre esa porquería, y entra cinco metros pa’su lado! ¡o yo si lo
mando derechito pa’el cementerio sin derecho a resucitar! En ese
momento, para arreglar las cosas, llega corriendo Cantalicia- ¡Salvador!
Salvador… ¿qué pasa? -¡Ahora
no se ampare con la bruta de su mujer porque pa’ella también hay machete! -¡Las
veces que sea necesario sino me corre la porquería de cerca pa’su lado! –le
grita furioso. -¡Si
piensa que vamos a hacer lo que le de la cochina gana está muy equivocado he!
–Cantalicia no retrocede y grita-¡no dejaremos que nos robe nuestra tierra! –y
luego mira a Salvador y le exige- ¡respóndale Salvador! ¡respóndale al
desgraciado de Eugelio pa’que aprenda a no desafiarnos, déle sus buenos
trancazos! -¡Yo
nunca huyo! Yo no voy a dejarme –y ataca a Salvador que simplemente se
defiende. Cantalicia
grita como una loca- ¡Déle mijo! Salvador
desarma al hombre con facilidad y luego tira el machete a lo lejos. -¡Acabelo
Salvador! –grita Cantalicia. * Mansión. -A poco
Simoncito anda ennoviado –Vicky. -¡Cómo
la ves Vicky! Me dijo que está saliendo con una compañerita de la fábrica. -Pues
qué bueno que se la busque bien lejos porque no me gustaba para nada que se
enredara con las muchachas éstas aquí de la casa. -¡No! A
mí tampoco, pero la verdad yo no voy a estar tranquila hasta que me la
presente… ya ves que las madres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos. -Mire
Abigail, si esa muchacha trabaja en la fábrica es porque es buena persona,
además los muchachos de vez en cuando necesitan alegrarse su corazoncito. -Humm…
el problema con Simón es que se lo alegra con demasiada frecuencia. -¡Ay
Abigail! No sea así, se le van a arreglar. -¡Es
que todo era tan diferente cuando don Pedro José estaba vivo! –suspira Abigail-
¡él los guiaba, los orientaba! –suspira- ¡a mí la verdad me gustaría mucho que
algún día pudieran ser tan responsables como era él! -¡Él
era rebuena persona! Que yo recuerde… nunca tuvo enemigos… ¡y nunca se peleó
con nadie! ¡con nadie! Las
Cruces. Salvador
deja de pelear y se separa. -¡Qué
le pasa Salvador! ¡he! –le grita Cantalicia enojada y le pega- ¡se va a dejar
ganar por ese desgraciado! ¡defiéndase como los machos! –le exige- ¡defiéndase
porque sino soy capaz de volarle la cabeza al Eugelio yo misma! –y recoge el
machete y se dispone a darle al vecino. Salvador
se enoja- ¡Deje esa arma Cantalicia! –le grita a todo pulmón- ¡se lo ordeno,
suéltela! Cantalicia
lo mira enojada- ¡Defiéndase! En eso
el otro hombre lo ataca y vuelven a rodar por el suelo. -¡Eso
es mijo! –se excita Cantalicia- ¡eso es! ¡tome el machete y defiéndase! –se lo
pasa. Salvador
empuja al otro hombre y mira enojado a Cantalicia- ¡Yo no necesito armas
Cantalicia! ¡retírese de aquí por favor! Cantalicia
lo mira y dice con maldad y respirando con dificultad de la excitación - ¡Por
lo menos rómpale una pata! -¡Cállese!
–le grita Salvador furioso- ¡y lárguese que yo no quiero herir a nadie! ¡ya
cállese! –y luego enfrenta al otro hombre que yace en el suelo- ¡señor! Mire…
-le pasa el machete- ¡allí tiene su arma! ¡se larga por dónde vino! –toma aire-
¡no quiero líos ni con usted ni con nadie! –le grita- ¡lárguese! -¡Lárguese!
–le advierte Salvador. * Mansión. Rebeca
de punta en blanco sale al jardín, cuando Vicky que está limpiando sin querer
le lanza un balde de agua en los pies. Rebeca
salta- ¡India bruta! Fíjese lo que hace –le grita- ¡por poco me arruina toda la
ropa y los zapatos! -¿Sabe
una cosa? –se pone verde de rabia- ¡un día va a dejar de trabajar en esta casa!
-¡De
eso pido mi limosna fíjese! –ríe Vicky. Rebeca
se marcha enojada mientras Vicky sigue riendo a carcajadas. * En otro
lado del jardín, en una mesa Valeria y Abigail deciden qué compras hacer para
la casa. -¡Valeria!
–llega corriendo Rebeca- ¿qué haces aquí? –y mira a Abigail con desprecio- ¡no
me digas que esta señora tiene que ayudarte para administrar la casa! -¡Ha!
–ríe Rebeca burlona- pues mira, te aconsejo que te acostumbres a hacer tu
trabajito sola, porque a lo mejor un día esta mujercita no está aquí para
ayudarte… ¡la vida da muchas vueltas Valeria! Abigail
se pone tensa y le responde digna- ¡Pues mientras esté la ayudaré con mucho
gusto! Lo hago siempre con mucho placer señora. Rebeca
la ignora- ¡Queridita! –se dirige a Valeria- ¿quieres acompañarme a una
exposición de pintura? ¡me voy a reunir con unas amigas de Isabelita! -¡Ay!
–finge pena- ¡qué lástima mi amor que no puedas estar en los eventos sociales
porque te tengas que ocupar de administrar esta casa! Está bien… no importa…
Chau Valeria –y se aleja cuando de pronto se detiene- ¡Ah! Y por favor hija…
escoge bien los tomates ¿si? -¡No te
preocupes tía! –responde Valeria. * Walter
le abre la puerta del auto- ¡Está muy elegante doña Rebeca! (Está
horrible, con un abrigo que simula visón y un sombrero negro… Rebeca
sonríe de oreja a oreja complacida- ¡Ay! Se hace lo que se puede Walter…
¿verdad? -¿Salimos? -Y
seguimos hablando de nuestros asuntos- susurra feliz Rebeca. * Rancho. -¡Ahí
si yo lo desconozco de verdad! ¡he! –Cantalicia sigue furiosa- ¡hasta gallina
se volvió o qué! Salvador
suspira. -¡Poco
faltó para que ese bruto de Eugelio lo reventara! –se queja- ¡cuando antes
usted lo hubiera dejado hecho un trapo! -¿Ah
si? –Cantalicia lo mira con rabia y frustración- ¡pues fíjese que por no darle
bien duro ese no tarda en llegar con toda la tropa! ¡ese es un niño de lo más
vengativo! -¡Ni
siquiera sabía qué me estaba reclamando! O si tenía la razón o no. -¿Y
cómo no iba a saberlo? ¿he? ¡si usted lo sabe todo! –toma aire- ¡la próxima vez
péguele con toda confianza! ¡no se deje mijo! –le aconseja- ¡no se deje! Y en la
distancia aparece Eugelio, esta vez acompañado de otros tres hombres armados
con machetes y azadas. * Cítricos
Donoso. Consuelo
está molesta- ¡Cómo qué le contaste a tu madre y a tu hermano de lo nuestro! -Pues
no le vi nada de malo… ¡les dije que éramos novios nada mas! -¿Y
ellos que te dijeron? -Bueno,
mi mamá está de acuerdo, además ella sabe que yo no me enredo con cualquier
mujer –pero al ver la cara que ella pone- ¿qué te pasa Consuelo? ¡te molestó lo
que dije! Consuelo
le sonríe- Este fin de semana mi amiga se va de viaje… me quedo sola… así que si
quieres puedes venir a hacerme compañía. -¿Estás
hablando en serio Consuelo? –se emociona Simón- ¿de veras puedo ir a hacerte
compañía? Consuelo
se pone seria- Cuidado, por allí viene el supervisor. -¡Domínguez!
–grita el supervisor. -¡Si
señor! ¿se le ofrece algo? -¡El
doctor Corona quiere hablar con usted, lo está esperando en su oficina! * Oficina
Andrés. Golpean
a la puerta-¡Si! –grita Andrés. -¿Me
mandó llamar señor Corona? –aparece Simón. -Sí,
acerca Simón –despide a la secretaria- ¡te trasladé al departamento de
mantenimiento y repuestos para ayudarte! Pero te la pasas en otras partes. -Bueno,
a veces me hacen llamar de otros departamentos cuando una máquina se
descompone. -¡Todos
los días se rompe algo! –se burla Andrés con una sonrisa- Me dijeron que te
vieron hablando con una empleada de la fábrica. -¡Eso
es mentira señor Corona! –miente Simón. -¡Ah!
Eso es lo que dice el informe que me pasó el supervisor y el jefe de personal
–y los revisa- ¡Simón, siempre fuiste muy eficiente en tu trabajo, por eso te
ascendí! -Lo sé
y estoy muy agradecido con usted. -¡Demuéstralo
entonces, cumple con tu deber! –y lo amenaza- porque la próxima vez que cometas
una falta, el jefe de personal no va a dudar en pasarte la carta de despido…
¿está claro? -Perfectamente…
¿puedo retirarme o hay algo más? -¡Simón,
Simón! –suspira Andrés- ¡estoy tratando de ayudarte! No me olvido que fuiste
protegido de don Pedro. -Bueno,
en cierta forma… todos –subraya la palabra- fuimos sus protegidos. -¡Pero
tú y tu familia más que nadie! –Andrés tiene rabia- ¡así que no creas que
quiero atacarte! Simón
lo mira desconfiado. * Las
Cruces. Salvador
trata de hacer las paces mientras Cantalicia y Moncho se esconden detrás. -¡Si
piensan atacarnos bien pueden hacerlo! Pero escúchenme… ¡cualquier agresión, en
vez de beneficiarlos los perjudicará terriblemente! -Lo
ven… ¡Este indio quiere hablar como todo un señor! –se burla Eugelio y todos
ríen a carcajadas. -Le
bastaron unos días en el pueblo de Las Cruces pa’educarse –comenta otro. -¡Mirenlo
bien! Estamos enfrente de todo un letrado…
-y luego pierde la risa- ¡o retira la cerca pa’dónde nosotros digamos o
ya mismito le tumbamos el rancho! -¡No
perdamos más tiempo! Manos a la obra –grita el viejo. -¡Momento!
–grita con desesperación Salvador- ¡un momento! Un momento… por favor…
escúchenme… antes de mover un dedo piensen… ¡piensen en las consecuencias! –les
advierte- tendrán que responder por cualquier ataque… ¿y saben dónde irán a
parar? ¡a la cárcel! Salvador
duda pero encuentra una respuesta- ¡El comisario Ocampo tiene conocimiento del
asunto porque yo personalmente me encargué de exponérselo cuando estuve en el
pueblo! -¡De
manera que si nos atacan! –sigue Salvador más seguro de sí mismo- ¡los
responsabilizarán sin fórmula de juicio! Nadie
entiende lo que dice- ¡De veras que está hablando como http://www.tusalud.com.mx/121101.htmtodo un señor! Hasta
Cantalicia lo mira embobada. -¿Por
qué no resolvemos nuestras diferencias por las vías legales? –propone Salvador-
¡ustedes aseguran que estamos invadiéndole sus terrenos! ¡pues bien! Entonces
será muy fácil comprobarlo. -¡No,
no, no! –de pronto grita furioso Eugelio- ¡no estamos interesados en comprobar
ninguna babosada! Acabemos con esta plaga de una vez por todas. -¡Alto
ahí! –lo detiene el viejo- ¡alto hijo! –y se acerca a Salvador-¿y cómo nos lo
va a comprobar Salvador Cerinza? Salvador
le dice muy serio- ¡Espere un momento por favor! Esperen… un momento… por
favor. Entra
en la casa y busca desesperado debajo de los colchones, de las sillas, del
almacén, revuelve todo hasta que ve un viejo baúl descuartizado y hurgando
encuentra un viejo diario, lo toma y sale corriendo afuera a mostrárselos. -¡Aquí
se encuentran especificados los linderos que limitan sus terrenos de los
nuestros! Ahora sólo falta que llamemos al inspector Ocampo y él se encargará
de verificarlas con los de la Notaría… ¡así comprobamos quien está invadiendo a
quien! -¿Con
sólo ver esos papeles cochinos? -¡Y los
suyos también naturalmente! –agrega Salvador- ¡ustedes también tienen que traer
sus escrituras! Todos
se miran asustados- ¿Y… nosotros tenemos esas cosas pa? –pregunta Eugelio. -¡No
tenemos nada! –dice el viejo- ¡ni ellos tampoco! (Más
sabe el diablo por viejo que por diablo -¡Esos
papeles no son nada! –dictamina el viejo. -Escuchen
–Salvador sufre mirando los papeles- ¡tal vez los noten un poco viejos pero les
aseguro que son las escrituras y están debidamente autenticadas y firmadas por
el notario del pueblo! Es más… examínelas usted señor… ¡examínelas! –le
propone. El
viejo entrecierra los ojos- ¡Usted sabe que nosotros de leer y escribir nada de
nada! Y todos
ríen a carcajadas-¡Usted sabe menos que nosotros! Ya me cansé de esta tomadura
de pelo, ya me llevo por delante a este baboso- decide Eugelio. -¡Quietos!
–ordena el viejo y mira con duda a Salvador- ¡si de veras sabe leer, lea esto!
–y saca una carta vieja y arrugada del bolsillo. Salvador
toma la carta con gusto. (Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi responsabilidad) @2005 Narración by Mabouchita! Z;D Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme |
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