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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*
Muchos miedos nacen del cansancio y la soledad
Max_Ehrmann
Desiderata - spanish translation
Desiderata - english

CAP# 26: lunes 22 de agosto de 2005 – Rumbo a Río Claro

*

Mansión.

La fiesta ha terminado y Valeria está en el jardín vestida solamente de su camisón blanco de algodón simple y enorme.  Isabel viene a buscarla, vestida de un negligé de seda violeta clara. La luna las ilumina.

-¿No puedes dormir?

-No acostumbro a dormir temprano… pero ¿tú qué haces despierta a esta hora?

-Pienso en muchas cosas… en mis temores y en mis dudas Valeria.

(que sola estás Isabel )

-Y en que no quieres a Andrés aunque digas lo contrario.

Isabel mira triste- ¡Tú no aprecias a Andrés! ¿verdad?

-Lo que yo opine no importa, pero si quieres un consejo… ¡no te cases con ese hombre Isabel! Tú misma dijiste que era como un veneno que se te metió por la sangre… ¡y yo creo que ningún veneno puede ser bueno! –y diciendo esto la deja sola bajo la luz de la luna.

*

Las Cruces.

Lilia vestida de un camisón de seda muy corto y una bata de seda rosada haciendo juego viene a la sala dispuesta a tener una noche de pasión-¡Salvador! –llama dulcemente- ¡Salvador! Quiero que me mire… a ver si le gusto así Salvador –respira agitadamente- ¡Ay! Yo sé que usted se quedó por mí… ¿verdad? ¡Salvador! Vamos a mi alcoba.

Pero la habitación está vacía, y no hay rastros de Salvador.  De pronto Lilia descubre la nota sobre los fajos de billetes que siguen sobre el sofá.

Lilia lee la nota:

“Sólo tomé algo de dinero, y espero poder pagárselo algún día.

Salvador”

Lilia tiene un ataque de histeria- ¡No me esperó! –grita mientras arruga el pedazo de papel- ¡no me esperó, canalla, cobarde! –grita furiosa- ¡me las va a pagar Salvador! ¿Por qué me hizo eso? –tiembla de rabia- ¡por qué me hizo eso!

*

Salvador camina, en la noche profunda bajo la luz de la luna, camino seguro de su destino.

*

Comisaría.

El comisario Ocampo está sorprendido- ¡Qué quiere doña Lilia! ¿Por qué viene a estas horas con semejante ataque de nervios!
Lilia está furiosa y temblando- ¡Tiene que perseguirlo! –le grita- ¡tiene que encontrar a ese maldito!
-¡De quien está hablando! No comprendo una sola palabra.

-¡Pues de Salvador Cerinza! –dijo atragantándose- ¡me visitó esta noche, mejor dicho, me asaltó! –miente y exagera- ¡entró por la fuerza a mi casa y me obligó a que le diera todo el dinero que yo había ahorrado con tanto esfuerzo!
-¡Eso hizo el gran miserable! –el comisario Ocampo se ultraja.

-¡Él lo hizo, lo hizo! Y no satisfecho con eso… ¡intentó violarme!

El comisario la mira espantado.

-¡Tiene que encontrarlo! Tiene que traerlo de vuelta y castigar a ese maldito –y se abraza al comisario.

*

Salvador camina en un camino solitario, no muy lejos de los árboles, cuando a la distancia escucha la sirena de una auto de policía que avanza a toda velocidad.  Como un gato salvaje que presiente el peligro, salta hacia las afueras del camino y se esconde detrás de un árbol, la patrulla pasa a su lado sin verlo.

*

Dentro del auto patrulla el comisario conduce furioso-¡Ya debimos alcanzarlo, dónde pudo meterse ese miserable! –está lleno de rabia- ¡lo seguiremos buscando hasta que salga el sol!
*

Mansión.

Un sol radiante anuncia un nuevo día y en las primeras horas Simón llega con su moto.

Pero Abigail que está ya trabajando lo ve- ¡Ay! Ya llegó este mequetrefe, pero me va a oír… ¡me va a oír!
-¡Ay Abigail, no lo moleste! –trata de calmarla Vicky- ¿qué va a sacar con eso?

-Esta es la primera vez que se queda a dormir fuera de la casa.

Simón tranquilo estaciona la moto y va a bajar- ¡Buenos días mamá!

Pero Abigail es una fiera- ¡Qué tienen de buenos! ¿qué horas de llegar son estas jovencito?

-Mamá, déjame explicarte.

Pero Abigail lo toma de la oreja y lo lleva arrastrado.

-¡Ay! Mamá.

Entran a la casa.

Aparece Walter-¡Qué sucede!
-Abigail que tiene problemas con Simón –Vicky- todas las mamás tienen problemas con los hijos ¿no?

-¡Qué vulgaridad! –furioso Walter- ¡y hasta cuando vamos a soportar las insolencias de esa gentuza!

-¿Qué pasa con esa gentuza?

Walter la mira con desprecio- ¡Olvidaba que usted pertenece a la misma camada!
Vicky se enoja y toma el balde de agua y se la tira a los pies- ¡A un ladito! Que esta gentuza tiene mucho que hacer y no como otros que solamente están metiendo sus narices dónde nadie los llama –le grita- ¡órale!

Walter salta y se va corriendo.

*

Las Cruces.

-¡No me salga con esas babosadas comisario Ocampo! –se enoja Lilia- ¿acaso le quedó grande capturarlo!
El comisario agotado y frustrado- ¡Hice hasta lo imposible! Galeano puede confirmarlo.

Galeano afirma con la cabeza también cansado.

-¡Hasta la madrugada estuvimos dando vueltas y vueltas por los alrededores! Pero… ni rastros de Cerinza.

-¡Ay pero qué clase de comisario es usted que se deja mangonear por un vulgar delincuente!
-Señora, discúlpeme… ¡pero más mangoneada la dejaron a usted!
El golpe le llega a Lilia- Bueno… ¿y ya lo buscaron en su rancho? Porque lo más probable es que deba estar allí… ¿no?

-¡Ni el más idiota regresaría a su propia casa después de lo que hizo!
-Mire comisario –le grita Lilia- ¡usted me trae a ese hombre vivo o muerto! Porque usted es el encargado de la seguridad de este condado ¿me entendió?

Pero el comisario grita más fuerte- ¡Mire! A mí no me grite… ¡yo no tengo la culpa de las fechorías que ha hecho ese tipo! Si usted se merece respeto pues yo también… así que bájele al tonito.

Y ambos se miden y se calman.

El comisario se calma- ¡Si hay alguien interesado en capturar a ese delincuente soy yo! –le promete antes de marcharse- ¡no sé cómo diablos, pero que lo atrapo… lo atrapo! ¡le juro que no descansaré hasta atraparlo! -Y se marcha.

Al quedar sola Lilia se pone histérica- ¡Quiero que lo encuentren vivo o muerto! Pero que lo encuentren y me lo traigan aquí –tiembla de rabia.

La empleada viene y trata de calmarla.

-¡Me las va a pagar! Lo voy a destruir… así como él me destruyó a mí… ¡lo voy a destruir!
*

¡Ayuda aquí!

*

Mansión.

Abigail hace un escándalo- ¡Me estás agotando la paciencia Simón! Si crees que voy a tolerar tus vagabunderias estás muy equivocado –dice con los ojos rojos de la rabia- ¡yo no soy ninguna alcahueta ni nada que se le parezca!

-Mamá… por favor –Antonio- ¡nada ganan discutiendo!
-¡Así que tú vas a encubrir también a este descarriado! Sino le llamo la atención ahora, mañana va a volver a hacer exactamente lo mismo.

-¡Pero es que lo voy a seguir haciendo! –le grita Simón- ¡ya estoy bastante crecidito cómo para tomar mis propias decisiones!
Abigail le levanta la mano- ¡A mí no me hablas de ese modo! –Antonio la detiene- ¡suéltame! –le grita Abigail- ¡a mí me respetas que yo no estoy pintada en la pared!
-Bueno, mamá –Antonio levanta la voz- ¡Simón ya te explicó! Se le pasaron las copas y se quedó a dormir en casa de su novia… ¡eso es todo! ¿qué prefieres? ¿qué se hubiera estrellado en la moto?

-¡Qué te quedaste a hacer en casa de esa mujer! Simón ¿he? ¡dímelo! –y de pronto ve la camisa- ¡Mira nada más! Toda la camisa llena de labial… -tiembla- ¿pero con qué clases de mujeres andas, he?

-¡Con unas que se pintan los labios! Naturalmente –grita Simón- ¡y ya mamá ya para la cantaleta que me tienes mareado! ¿qué no te das cuenta que un niño de 12 años tiene más libertad que yo?

-¿Por qué te crees que es eso? –grita Abigail- ¡porque los padres de hoy en día no vigilan a los hijos y por eso los jóvenes andan con las patas hacia arriba! Pero tú a mí no me vas a enseñar a criarlos.

-¡Ya párenle! –grita Antonio- ¡se van a escuchar los gritos en toda la casa mamá!

Simón se marcha.  Abigail se sienta en la cama derrotada.  Antonio trata de calmarla- Mamá… a punta de regaños no lo vas a cambiar… ¡no seas tan dura mamá! Los hijos crecemos y tenemos todo el derecho de vivir nuestras vidas.

-¡Si yo no los estoy encerrando hijo! –llora Abigail- ¡no los estoy aprisionando! Si les reclamo es por su propio bien… -suspira- ¡En momentos como estos es cuando más hace falta un padre! –hace una pausa- ¡o por lo menos don Pedro José! Nadie sabe cuanta falta me hace.

*

En un camino Salvador sigue caminando.

*

Las Cruces.

-¡Usted me disculpa señor comisario! Pero yo me resisto a creer que Salvador haya hecho algo así.

-¡Es que no lo digo yo! Doña Lilia… ¡que anda enfurecida con ese degenerado! –agranda los ojos- ¡la asaltó y trató de violarla!
El padre Jacobo abre los ojos como platos- ¡Eh… las mujeres a veces exageren! a veces están inventado cosas.

-¡Yo creo que dice la verdad! –el comisario- ¡ese tipo tuvo que haber hecho algo muy malo! Y ustedes dos son responsables por haberlo enviado al rancho y no al manicomio como debe ser normal… ¡ahora para colmo de males tengo un demente suelto atacando familias y mujeres indefensas!
-Estamos listos señor comisario –se acerca su ayudante.

-¿Qué piensan hacer? ¿seguir buscándolo?

-¡Voy al rancho! Aunque no creo que ese degenerado se haya regresado al rancho pero su mujer me puede dar información.

El doctor Valencia mira a lo lejos y dice -¡No creo que sea necesario que vaya comisario!
Y al final de la calle polvorienta viene caminando Cantalicia rascándose el brazo, envuelta en sus  harapos.

Ocampo la mira y le sonríe.

*

Casa de Lilia.

-¿De veras, se atrevió a hacer algo tan horrible amiga?

-¡Si amiga! –grita Lilia corta de aire- ¡por eso quiero que lo capturen y lo castiguen como se merece!

-¿Y te robó mucho dinero?

-¡Mucho dinero Fátima! ¡Todos mis ahorritos! Además me amenazó con una escopeta.

-¡Ah! –se escandaliza- ¿fue capaz de amenazarte con una escopeta?

-¡Claro! Eso hizo amiga.

-¡Qué hombre tan miserable! Pero hay algo que no entiendo Lilita… porque yo estuve hablando con Vicentina… y me dijo que no escuchó nada… ¡ni una pelea!
-¡Por Dios! –se enoja- ¡esa mujer es sorda! Además a esa hora ella estaba durmiendo.

 

(Sorda es,  con los gritos que dio Lilia)

 

-¡No! Estaba despierta porque me dijo que te vio salir con Salvador a la calle, y que después de un rato regresaron.

Lilia se pone furiosa al verse medio descubierta- ¡Además de sorda, es mentirosa la muy infeliz, ella no sabe ni dónde está parada!
-Bueno, después de todo, lamento mucho lo que te pasó amiga… ¡y ya me voy porque voy tardísimo al hospital! Pero vengo y te veo en la noche y seguimos platicando.

Apenas Fátima sale Lilia grita- ¡Vicentina! Venga para acá… ¡detesto la gente metida y usted es una criada muy bocona! Así que ya mismo arregla sus trapitos y se larga de mi casa.

La pobre Vicentina se queda alelada- ¿Pero por qué? ¿qué hice yo? ¡qué hice! ¡no la entiendo!
*

Comisaría.

-¿No estará mintiendo para proteger a su marido señora?

-¡Claro que no! Yo le digo la verdad, anoche Salvador no regresó al rancho… mire que yo me quedé toda la noche esperando que volviera… pero no volvió… ¡y bueno pues! Pensé que a lo mejor andaba por acá en el pueblo.

-¡Claro que estuvo por aquí! Pero haciendo de las suyas.

-¡Eso no es cierto señor! –molesta- Mi Salvador podrá ser muy raro, pero él es incapaz de robarle nada a nadie.

-¡No me suba la voz! –se enoja el comisario.

Cantalicia se achica- ¡Perdón!

-¿Cuándo fue la ultima que vio a su marido?

-¡Ayer, en la tarde! Estuvo hablando de cosas muy raras… de cosas que yo no entendía… ¡después se fue y hasta ahorita! –y empieza a llorar- ¡yo estoy muy preocupada señor comisario! Tengo miedo que le haya pasado algo malo, por favor ayúdeme a encontrarlo.

-Si sospechara dónde está ya lo estaríamos buscando… -suspira- temo que el pájaro alzó vuelo y no habrá tiempo de echarle mano.

Cantalicia abre los ojos sorprendida y le pregunta- ¿Qué pájaro?

El comisario abre la boca para responderle y luego decide que es perder el tiempo.

*

Un ómnibus.

Salvador mira por la ventana y ve el paisaje que cambia con los árboles y pueblos y recuerda.

El doctor Valencia- ¿Por qué no se ayuda hombre? ¿qué hace aquí desnudo en piso? –Salvador está cubierto con una manta- ¡mire deje que lo ayude así puede regresar con su esposa y su hijo! ¡ellos lo necesitan!
Cantalicia llorando- ¡No entiendo nada! No entiendo nada… Yo lo único que quiero es que usted vuelva a ser el mismito que antes! Por favor.

El padre Jacobo- ¡Ahora estoy seguro de una cosa! Su cuerpo le pertenece a Salvador Cerinza… ¡pero su espíritu le pertenece a otra persona!
Salvador mira triste por la ventana.

*

Hospital.

-¡Yo no puedo conformarme con que ya no lo voy a ver! –llora Cantalicia- ¡no puedo!
-Señora –se impacienta el doctor Valencia- ¿qué quiere que hagamos? Nosotros desconocemos su paradero.

-¿De veras no sabe nada he? ¡yo sé que ustedes lo aprecian! ¡yo sé que usted lo aprecia más que el comisaría y que esa señora doña Lilia!

-¡Es que ella lo acusa de faltas gravísimas y si lo encuentran lo pueden meter a la cárcel! –le dice Fátima.

-¡No! –llora a gritos Cantalicia- ¡no, no, no! Salvador es incapaz de robarle nada a nadie ¿he? Y mucho menos de atacar a esa señora… ¡por mas loco que está, Salvador no hace esas cosas tan feas!
-¡Yo tampoco lo creo! –dice Fátima- Lilita es muy amiga mía, pero algo oculta.

-De todas maneras señora, no podemos ayudarla… lamento decirle que tiene que regresar a su casa… ¡Aquí en Las Cruces nadie le dará información sobre él!

-Me puedo ir doctor, me puedo morir… ¡pero no me voy a ir sin saber nada del Salvador! –llora Cantalicia- ¡Lo voy a buscar! ¡yo lo voy a buscar dónde sea! ¡dónde sea!
*

En ese momento Salvador está profundamente dormido y no se da cuenta que el autobús se detiene para pasar un control policíaco. Dos policías suben y revisan asiento por asiento.  Uno de los policías se queda mirando a Salvador profundamente dormido y extiende la mano para despertarlo, pero algo lo detiene y lo mira intrigado.

-¡Perez! –le llama el superior- ¡vamos! –y el policía deja en paz a Salvador que sigue durmiendo sin darse cuenta del peligro que acaba de salvar.

*

Mansión.

Las caballerizas.

-¡Algo mejor que eso! Pasé la noche con Consuelito- le cuenta Simón.

-¿Ya? –Antonio hace un comentario machista- ¿tan rápido?

-¡Pues yo soy el más sorprendido! Ya sabía yo que le gustaba… ¡pero no tanto! Fíjate que ella estaba más ansiosa que yo.

-¿No será que mi mamá tenía razón y esa mujer no te conviene?

-¿Por qué no? Si es buena gente, honesta, sincera, trabajadora… vive con una amiga suya que tiene 2 niños, cuando la amiga se va de viaje Consuelito le cuida a los niños.

-¡Qué servicial! ¿no?

-¡Es la mujer más decente y cariñosa que he conocido!
-¡Simón! Si fuera tan decente como tu piensas no se acostaría con un hombre que apenas está conociendo.

 

(Claro…  pero Simón sí es decente… verdad?)

 

Simón se molesta- ¡Y qué es lo que hace Ángela contigo! ¿eh?

-¡No nos puedes comparar! –levanta la voz- ¡Ángela y yo nos conocemos desde niños!
-¡Ah, sí claro! Como Ángela es la dueña de la casa y Consuelito una simple empleada… ¡sí a la gente con billete se le perdona todo, pero a la pobre se le condena! ¿no?

-¡No te pongas en ese plan!
-¡Sí me pongo, porque tú y yo estamos en la misma situación! No te las quieras dar de santo conmigo que tú también tienes cola que te pisen!

*

En el jardín.

Andrés, Isabel, Rebeca y Valeria están sentados en el jardín con una mesa en la que sirvieron algunos refrescos y sándwiches.

Andrés mira a lo lejos y comenta con sorna- ¡Parece que los hijos de Abigail no se despegan de esta casa ni siquiera los domingos!
-¡Claro que sí, Andresito, claro que sí! –Rebeca dice llena de desprecio- ¡sobre todo el diablo de Simón! –baja la voz- ¡Walter me contó que anoche no vino a dormir y que Abigail esta mañana lo puso en su sitio!
-¡Bueno! Eso me parece muy bien –interviene la buena de Valeria- ¡porque al fin de cuentas es su mamá!

-¡Ay hija, qué horror! Tú siempre defendiendo a la servidumbre.

-¡Tía, no es que los defiendas! Pero tienen problemas como todos.

-¡Esa mujer debe tener muchos! Con esos dos tan altaneros y soberbios… ahí lo tienen a Simón… ¡lo ascendí de puesto, le aumenté el sueldo! Y en vez de agradecerlo no cumple con sus deberes.

-¡Tengo entendido que es un empleado muy importante y responsable! ¿no? –interviene Isabel.

-¡Lo era, lo era! Pero desde que anda enredado con una empleada de la fábrica ha descuidado su trabajo.

-¡Ay! ¿de veras? –se interesa Rebeca y se acerca- ¡cuéntanos Andresito! –sus ojos brillan- ¡cuéntanos hijo!
-¡Es una mujer muy poco recomendable! Según el supervisor de la fábrica ha tenido varios problemas con el personal masculino.

Isabel pone cara de fastidio- ¡Miren! –les corta- ¡la verdad es que no me interesa hablar de los asuntos personales de Simón! Y mucho menos de una empleada de la fábrica… ¿quieren?

-¡Mira mi amor! –Rebeca agudiza la voz- ¡debería interesarte! Porque ese muchachito vive aquí en tu casa.

-¡Sí tía!  Pero lo que haga afuera de esta casa es algo que a mí  no me interesa… ¡es solamente culpa y responsabilidad de él!

-¡Lo está haciendo en una de tus fábricas Isabel!
-¡Está bien tía! –suspira cansada- ¡pero si no llega a trabajar entonces que lo sancione el jefe de personal! Por lo pronto no me interesa seguir hablando de esto… ¿no prefieren que vayamos a montar a caballo? –propone.

-¡Ay mi amor! –grita Rebeca- ¡yo adoro los caballos pero me aterra montarlos! Mejor… ¿Por qué no entramos y comemos algo más sustancioso, qué les parece?

-¡Me parece buena idea! Hoy no tengo ganas de salir –Andrés.

En ese momento Ángela pasa cerca

-¡Ay Angelita! –grita Rebeca- ¡qué bueno verte! Hoy no habíamos encontrado hija… cómo siempre estás tan encerradita.

-Ángela… ¿no quieres acompañarnos? –invita Isabel- ¡vamos a comer algo!
-¡No! Muchas gracias Isabel, pero tu tía tiene razón, últimamente he estado muy encerrada y prefiero tomar un poco de aire fresco –y se aleja.

Ángela está vestida con una minifalda vaquero muy corta y Andrés se la queda mirando lascivamente mientras va caminando al encuentro de Antonio y Simón.

-¡Yo sé muy bien lo que quiere ella! –susurra Rebeca- ¡quiere ver al otro angelito, Antonio! Últimamente los he visto muy juntitos… -se levanta- ¡los espero! ¡vamos! –y se marcha con Valeria.

Al quedar solos Isabel sonríe con amargura-¿Y tú?

Andrés sorprendido deja de contemplar a Ángela y pregunta perdido- ¿Hum?

-¿Quieres acompañarnos o prefieres irte con Ángela a tomar el aire fresco? –se burla Isabel.

Andrés no sabe que responder.

*

Las Cruces.

Lilia hace un escándalo.

-¡Qué lo busquen! Aunque sea debajo de las piedras padre Jacobo –llora a gritos- ¡y qué me lo traigan aquí! ¡exijo justicia!
Pero el padre no le cree y la mira con dudas- ¿Es verdad que Salvador la atacó? ¿es cierto que la robó y que la ultrajó! –baja la voz- ¡dígame la verdad!

Lilia llora histérica.

-¡Míreme a los ojos y dígame la verdad!

Pero Lilia no se atreve a mirarlo a los ojos- ¡Ay padrecito Jacobo! Yo soy una mujer perversa… ¡muy perversa padre!

El padre se apena- ¡Perversa no! Tal vez un poquito… alborotada.

-¡Yo amo a ese hombre padre! No puedo vivir sin él… ¡me entiende padre! ¡por ese macho yo sería capaz de hacer cualquier cosa padre, cualquier cosa!
-¡Hasta inventar esa calumnia!

-¡Sí! ¿qué voy a hacer? ¡dígame qué voy a hacer padre!
-Primero… ¡arrepentirse y pedirle perdón a Dios! No está bien levantar falsos testimonios y mucho menos por despecho.

-¡Me desprecia padre! –llora Lilia- ¡ese mal hombre me desprecia como si yo fuera una vil cucaracha!
-¡Más se desprecia usted a sí misma! Le aconsejo que vaya inmediatamente a hablar con el comisario Ocampo para aclarar todo este asunto.

-¿El comisario? –tiembla Lilia- ¡yo no sé si me atreva!
-¡Tiene que hacerlo! Sino me voy a enojar seriamente con usted… ¡hágalo! –le ordena.

Lilia temblando sale de la iglesia corriendo.

Al quedar solo el padre suspira- ¡No sé en qué va a terminar ese pobre hombre! Pero si es inocente que Dios lo proteja y lo cuide.

*

Lilia sale de la iglesia y camina decidida hacia la comisaría cuando se encuentra con Cantalicia-¡Doña Lilia!
-¡Ay no! –suspira Lilia que todavía está toda descompuesta y trata de evitarla.

-¡Doña Lilia, por caridad escúcheme un momentito! Que yo lo único que quiero saber es que pasó con mi marido.

-¡Eso mismo quisiera yo saber señora!
-¡No diga eso! Si ayer fue a verla algo tuvo que haberle dicho señito.

-¡Sí! ¿sabe qué me dijo? Que esta vez estaba decidido a marcharse ¿he?

-¿Marcharse? –se sorprende Cantalicia.

 

(como si no lo supiera!! )

 

-¡Aha!

-¿No le dijo cuando va  a regresar?

-Le di suficiente dinero para que se fuera hasta Río Claro –y luego le sonríe con rabia- ¿sabe una cosa señora? ¡yo que usted no lo espero, porque él nunca va a regresar!

-¿Y por qué no? –se sorprende Cantalicia abriendo grande los ojos.

*

En algún lugar desconocido.

Salvador se despierta y se encuentra en el ómnibus… y vuelve a recordar.

Gaetana: ¡Usted no pertenece al común de la gente! Don Pedro José Donoso… ¡usted más que nadie sabe que existe algo después de la vida y la muerte! Por eso no dude en buscarme si me necesita… ¡yo nunca le fallaré don Pedro! ¡nunca! ¡nunca! –y la palabra se repite una y otra vez en su mente- ¡nunca! ¡nunca!

*

Mansión.

Encuentro de tortolitos en el ático.

-¿Entonces Simón lo sabe todo?

-¡Es inevitable! Simón y yo no acostumbramos a guardarnos secretos.

 

(ayy… pero ya estás un poco grandecito no?)

-¿Y él también te cuenta tus cosas?

-¡Sí! Y por eso estoy muy preocupado por él, creo que presume de saberlo todo y es muy ingenuo y pueden engañarlo muy fácilmente.

-¡Ay! ¿desconfías de la mujer con la que sale?

-¡Sí! Él habla maravillas de ella, pero yo tengo la sospecha que no es tan buena como piensa, a veces pienso que no le conviene.

-Pues… ¡tal vez yo tampoco te convenga a ti!

-¡Tú! Eres lo más lindo y lo mejor que me haya pasado en mi vida.

-¡Antonio! Está mal que me quiera tanto.

-¡No puedo quererte menos Ángela!

-¿Tú crees que si mi papá estuviera vivo… aceptaría nuestra relación?

Antonio tiene una sonrisa triste- ¡No lo creo! Él siempre vivió muy preocupado por nuestra amistad.

-Cuando estamos así juntos y felices… ¡siento que en cualquier momento entra por esa puerta!... ¡a veces siento que no está muerto!
Antonio la abraza- ¡Pues en dónde quiera que esté, espero que entienda nuestra amor y comprenda! –y luego sonríe- ¡porque los muertos lo saben todo y entonces seguro ya debe saber!

Y se aman.

*

En ese momento el ómnibus en el que viaja Salvador llega a la Terminal central de Río Claro.

Rezagado y ayudando a una viejita baja Salvador que mira para todos lados como reconociendo el terreno.

La anciana lo deja sin siquiera darle las gracias por la ayuda.

Salvador se dirige decidido y llama a un taxi- ¿Está libre? –y sube.

Dentro del taxi dice seguro- ¡Lléveme al norte por favor!

*

Mansión.

Azur ladra nervioso e incansable.

Isabel que duerme profundamente de pronto se despierta sobresaltada y se sienta en la cama temblando y respirando agitadamente.  Se levanta y se pone una bata de seda rosada y mira por la ventana y ve a Azur que ladra y ladra.  Suspira y se abraza con cansancio.  La luna la alumbra e Isabel cierra los ojos.

*

Al día siguiente muy temprano Isabel desayuna.

-¿Le traigo algo más de desayuno señora? –ofrece Abigail.

-¡No gracias! –responde una Isabel somnolienta y con cara de no haber dormido.

-¿Se siente bien señora Isabel ? –se preocupa Abigail.

Isabel se compone y responde nerviosa-¡Sí! Estoy bien, no se preocupe.

-Con permiso –se retira.

-¿Y eso? ¿qué haces levantada tan temprano? –aparece Valeria.

-¡Pasé muy mala noche y tuve pesadillas! Como siempre soñé con Pedro.

-Últimamente has estado muy nerviosa… ¡yo creo que te haría mucho bien tomar un descanso!

-En eso he estado pensando… me gustaría alejarme de esta casa y… ¡de todos los recuerdos! –y luego suspira nerviosa- ¡y de ese perro! ¡ese perro que no me deja tranquila con sus aullidos! ¿lo escuchaste anoche?

-¡Sí! Estaba muy nerviosa.

-¡Cómo si presintiera algo! –dice Isabel con aprehensión- ¿no crees?

-¡Ay Isabel! Por favor.

-¿Por favor qué? –la mira- ¡eso es lo que yo sentí anoche! ¡miedo! –suspira- ¡mucho miedo como si algo terrible fuera a suceder!

Valeria la mira simplemente.

-¡Algo desconocido Valeria! –e Isabel mira a lo lejos- ¡algo desconocido!
*

Salvador camina en una carretera, los zapatos cubiertos de polvo, hasta que llega a la casa verde de Gaetana y se para enfrente y mira la casa.  Mira para todos lados… dudando… mira para la casa… y luego se decide y camina hacia la puerta.

*

Casa de Gaetana.

Dentro de la casa Lupe le sirve un cafecito a Gaetana que bosteza- Gracias.

-¿Qué le pasa señora, pasó mala noche?

-¡Fatal, Lupe, fatal! La pensadera en las deudas no me deja dormir… ¡me va a enloquecer!
-¡A propósito señora! No se le olvide que hoy tiene cita con el dueño de la casa.

-¡Y cómo voy a olvidarlo Lupe! –le exalta Gaetana- ¡si le debo 4 meses de alquiler! Y yo no sé cómo voy a convencerlo que me de un plazo más.

-¡Mejor entréguela señora! –le aconseja Lupe- ¡al fin de cuentas esta casa no le sirve para su trabajo!
Gaetana se sorprende- ¿Y por qué no?

-¡Porque usted necesita un lugar más misterioso! Más alejado, una residencia que convenza a sus clientes.

Gaetana sonríe- ¡Quizás tengas razón Lupe! Porque la verdad es que este barrio se ha puesto desastroso últimamente… ¡fíjate que han abierto bares, tabernas! Y todo el mundo sabe que los espíritus… ¡no se manifiestan en los lugares muy ruidosos!
-¡Así no le guste, le va a tocar practicar de día las sesiones espiritistas!
Gaetana la mira como si hubiera enloquecido- ¡Pero Lupe! ¡cómo se te ocurre! –se pasea de un lugar a otro- ¡Quien se va a tragar el cuento de que los espíritus se manifiestan de día! –la mira y le dice ceremoniosamente- ¡los espíritus sólo se manifiestan de noche!

-Toc, toc, toc – en ese momento Salvador toca a la puerta.

-¡Ay! –ambas gritan del susto y se abrazan pensando en los acreedores.

Salvador insiste y vuelve a tocar.

-Posiblemente otra de las deudas que la tiene acorralada –dice Lupe.

-¡Ya deja de decir babosadas Lupe! Y vaya a ver quien es… -la detiene- ¡eso sí, si es un acreedor… no estoy! ¡no estoy! ¡vamos! –la empuja.

*

Afuera Salvador espera hasta que Lupe entreabre la puerta- ¿Qué se le ofrece?

-¡Buenos días!... doña Gaetana Charry… por favor.

-Y… ¿Quién la busca?

-¡Mire! Mi nombre no importa… a mí me urge hablar con ella… ¿se encuentra en casa?

-Si pero… -duda- ¡pero ella no va a poder atenderlo ahora!... ¡ella… salió a hacer unas diligencias! Así que no lo va a poder atender.

-Escuche señora, se trata de un asunto muy urgente.

-¡Si! Pero si ya le dije a usted que la señora no va a poder atenderlo… ¡así que regrese luego! O mañana.

-Señora por favor… ¡señora! –pero Lupe le cierra la puerta en las narices.

*

Cítricos Donoso.

Andrés e Isabel recorren y vigilan los trabajos.

-¡Me parece magnifico que tomes unas vacaciones! –dice Andrés- podríamos viajar a Nueva York y aprovechar el próximo fin de semana –decide.

-¡No! –se niega Isabel- ¡no Andrés! Prefiero irme a la casa de la isla.

Esto no le gusta a Andrés- ¡A qué vas a ir a ese lugar! ¿a aburrirte con tu tía, con Valeria? ¡no! Además yo no te puedo acompañar y no quiero que te apartes de mí.

Isabel duda- ¡Mira Andrés! Yo necesito descansar… de veras estar ahí me hace daño… ¡yo no quiero estar en ese lugar!
-¡Por eso mismo! Viajemos a Nueva York y la vamos a pasar muy bien juntos… ¡sin nadie que nos moleste! ¡sin problemas!

En ese momento escuchan unos gritos y los dos prestan atención.

En el otro extremo Consuelo grita a todo pulmón- ¡A ver! ¿Por qué tiene que fastidiarme a toda hora? –le grita a su supervisor que no sabe qué hacer- ¡no! ¡yo no estoy perdiendo señor! Lo que pasa es que usted me tiene muy mala voluntad… ¿y sabe qué? ¡pues ya no me lo aguanto más! –y diciendo esto se marcha.

-¡Es la empleada esa!- comenta Andrés- ¡la amiguita de Simón!

-¡Qué agresiva! ¿no? –comenta Isabel.

-¡Espérame en la oficina! –le pide Andrés- enseguida voy.

Isabel asiente y entra.

-¡Rodríguez! –grita Andrés- ¿tiene problemas con esa mujer?

-¡Si doctor Corona! Como siempre.

-Prepare un informe de inmediato y que la despidan… esa clase de empleadas no nos conviene en esta empresa.

-Está bien.

*

Mansión.

-¡Ese animal es peligrosísimo Ángela!  -Rebeca persigue a Ángela por la casa- ¡hay que tenerlo amarrado todo el tiempo y de noche no deja dormir! ¡aúlla como si fuera un lobo!
-¡Aúlla porque lo tienen amarrado! –se fastidia Ángela- ¡además, ese perro tiene que estar suelto para que cuide la casa!
-¿Y para qué sirven los veladores entonces? ¡he! ¡yo estoy segura que ese condenado perro no es necesario!
-¡Azur es parte de esta casa y no voy a permitir que lo lleven a ningún lado! –le grita- ¡lo hemos discutido una infinidad de veces! –pierde la calma- ¡no entiende señora! ¡se queda ese perro y punto! –y se marcha furiosa.

Al quedar sola Rebeca llama a Walter que está cerca espiando- ¡Walter! ¿la escuchó?  -dice enojada- ¡qué niña tan terca! ¿no? Además estoy segura que ella también está fastidiada con los aullidos… pero solamente por llevarnos la contraria ella es capaz de meter a esa bestia en esta casa.

-¡Yo también lo detesto porque se ha vuelto muy agresivo conmigo! –le confiesa Walter con voz ronca.

-¡Walter! ¿no habrá una manera de deshacernos de él? –pregunta Rebeca con una voz llena de maldad.

-¡Posiblemente! –susurra Walter- quizás yo pueda enviarlo a un lugar… del cual nunca regrese –dice siniestro.

-¡Deshágase de él en la primera oportunidad que se le presente! –ordena Rebeca con una luz de maldad en los ojos- ¡y que no se enteré nadie Walter! ¿entendido?

*

Casa de Gaetana.

Salvador se oculta detrás de un árbol y espera pacientemente hasta que Gaetana, disfrazada, sale de la casa y la sigue.

Gaetana camina decidida, mientras se arregla el pelo y el sostén… Salvador la sigue.  Gaetana se da cuenta que alguien la sigue y mira de reojo, pero Salvador se oculta.  Gaetana sigue… pero se detiene en una vitrina y espía y se da cuenta que Salvador la está siguiendo y muerta de miedo corre asustada, gritando.  Salvador empieza a correr pero se tropieza con varias personas y pierde a Gaetana.

*

 Cítricos Donoso.

-¡No le des razón a esos desgraciados! –Simón.

Consuelo llora-¡No Simón! Me despidieron sin justa razón… pero ya no me importa… ¡total esta mugrosa empresa no es la única y ya encontraré trabajo en otra parte!
-Mira, no te desesperes, de todas formas yo te voy a ayudar en lo que pueda.

-¡No hay nada que hacer Simón! Esa orden vino de la gerencia, yo misma vi cuando el supervisor estaba conversando con el señor Corona.

Simón pone cara de frustración y rabia- ¡Con que esas tenemos, ese maldito sólo tenía que meter las narices en esto!

-¿Qué piensas hacer?

-¡Nada! Mira, yo paso por tu casa en la noche… ¿si? Tranquilízate –y se marcha sin más.

-¡Pero Simón! –se queda con la palabra en la boca- ¡Simón!
*

En su oficina Andrés habla por teléfono- ¡La entrega se atrasó por problemas con la aduana! Tranquilo, cualquier cosa yo me comunico con él… bien… estamos hablando –y corta y suspira nervioso.

-¡Jefe! Un empleado desea conversar con usted.

-¿Quién es?

-Simón Domínguez, señor.

-¡Dígale que no tengo tiempo para hablar! Comuníqueme con Medina, necesito saber que pasó con ese pedido.

-Está bien –y la secretaria está a punto de salir cuando irrumpe Simón a la fuerza- ¡oiga!
-¡Cómo se atreve a entrar a mi oficina de esa forma! –grita Andrés.

-¡Me atrevo porque necesito hablar seriamente con usted señor Corona! –grita Simón.

-Helena, retírese –ordena Andrés.

-¿Por qué tenía que despedir a Consuelo Villamin? ¡ella no depende del sueldo que gana en esta empresa y necesita más que nadie el empleo!

-¡Silencio! No defienda a esa empleada, el jefe de personal tomó esa decisión porque era una pésima operaria… ¡a mí me consta que era irresponsable!

-¡Por favor, por qué no acepta que usted no tiene nada contra ella, sino contra mí! ¿Por qué mejor me despide a mí en lugar de desquitarse con la pobre muchacha?

Andrés sonríe- ¡Y lo haré! Si sigo recibiendo quejas suyas… ¡no pienses que voy a protegerte cómo lo hacia que toleraba cualquier impertinencia tuya.

-¡Escúcheme bien! –grita.
-¡Silencio! –grita aún más fuerte Andrés- ¡y regresa a tu trabajo! ¡y no vuelvas a entrar a mi oficina a menos que yo lo ordene!
Simón se queda callado y luego sale con el rabo entre las piernas.

Andrés sonríe satisfecho.

*

Mansión.

-¡Me echaron como a un perro! –cuenta Simón- ¡la pobrecita estaba desconsolada y sentí tan feo verla llorar por algo tan injusto.

-Lo siento mucho por tu novia Simón.

-¿Es que hay derecho que atropellen así a la gente? ¡deberías hacer algo hermanito!
-¿Y yo qué puedo hacer?

-¡Puedes pedirle de favor a Ángela que me ayude! Al fin de cuentas ella también es dueña de la fábrica y puede echar para atrás la decisión así –y hace un gesto.

Antonio se molesta- ¡Lo siento Simón! Pero no me parece correcto meter a Ángela en estos líos… ¡además Ángela no sabe siquiera quien es esa muchacha!
-¡No importa! Yo respondo por Consuelito.

-Lo siento Simón, pero no me parece correcto… ¡me parece absurdo!
-¡Ay claro! –se burla Simón- ¡cómo tú eres el novio secreto de la niña rica entonces qué te puede importar lo que le pase a los que están debajo! ¿no?

Antonio pierde la calma- ¡Ya basta Simón! ¡ya basta! –le grita- además no vuelvas a repetir…

-¡Ya! No me ayudes ya… pero sabes qué… ¡lo voy a tomar en cuenta para cuando tú necesites ayuda!
-¡Simón por favor! –pero éste se marcha- ¡Simón!

-¿Qué le pasa a tu hermano, eh? –aparece Abigail.

-¡Está de malhumor!
-¡Seguramente por la noviecita esa con la anda! –suspira Abigail enojada.

-Puede ser.

-¿Te comentó algo?

-¡Nada importante!

-¡No me preocupes Antonio! Si hay algún problema, dímelo, que yo tengo todo el derecho a saberlo.

-Tranquila mamá, ya se le pasará ese berrinche.

-Tú no vas a seguir ese ejemplo del loco de tu hermano, si algún día quieres andar de novio que sea con una muchachita decente… ¡y me la presentas enseguida que la conozca! Es malo enredarse la vida con personas que te compliquen.

Antonio sonríe –No te preocupes mamá, conmigo no vas a tener ese problema.

*

Oficina.

-¡Por favor no insista! No es no… ¡ni un plazo más señora Charry! Si la semana próxima no se pone al día con la deuda tendrá que abandonar mi casa y conste que esto no es una amenaza… ¡es una advertencia! ¿entendió?

-¡Basta! –Gaetana se marcha enojada y sale a la calle y se encuentra de vuelta con Salvador- ¡Usted qué hace aquí! –grita asustada- ¡usted piensa robarme o que!

-¡No señora! Yo no soy ningún ladrón.

-¿Y por qué me está siguiendo para todas partes? ¡si no se aleja de mí voy a gritar! – trata de marcharse.

-¡Gaetana Charry! –le grita Salvador y Gaetana se detiene- ¡cuidado con lo que hace, mucho cuidado!

Gaetana lo mira con miedo- ¿Usted me conoce?

-¡Hmmm! Mucho  más de lo que se imagina, por eso la vengo siguiendo… necesito su ayuda.

Gaetana lo mira con sospecha- ¿Quién es usted? ¡yo en mi vida lo había visto!
-¡Pronto lo va a saber! ¿pero por que mejor no hablamos en un lugar más tranquilo? En su casa por ejemplo.

-¡No! –reacciona- ¡yo no le tengo ninguna confianza y yo no tengo ningún tiempo!

-¡Pedro José Donoso! –pronuncia Salvador- ¡se trata de algo relacionado con él!

Gaetana lo mira dudando.

*

FIN DEL CAPITULO

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