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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 92: viernes 25 de noviembre de 2005 – ¡PASION!

 *

En medio de un silencio sepulcral Felipe conduce a Salvador y a Jacobo, sin embargo no puede quitarle los ojos de encima a Salvador a través del espejo retrovisor. Nadie sonríe dentro de la camioneta. Jacobo mira a la distancia preocupado.

*

Mansión.

-¡Fue asqueroso Walter! -Rebeca tiene un ataque de histeria- ¡yo nunca me había tenido que rebajar de esa manera! -Rebeca le confía a Walter en la soledad de la noche, en medio de la sala- ¡yo nunca había tenido que compartir la mesa, con gente tan inferior y ahora resulta que tengo que sentarme con esa plebe!

Sin embargo Walter la mira fría y burlonamente -¿que tan superior se siente usted doña Rebeca?

Rebeca se queda sin saber que responder -¡frente a Abigail y sus hijos por ejemplo... me siento como toda una reina Walter! -Le confiesa Rebeca.

Walter sonríe con ironía -¡así no se sentía en su pueblo! ¿Verdad? Eso me lo contó... ¡que estaba sola y era más pobre que una cucaracha! -Y luego le dice directamente- ¿no se le estarán subiendo los humos a la cabeza?

Rebeca se queda pálida y responde indignada -¡es cierto Walter, yo nunca fui una mujer con dinero y mucho menos! Pero... -y pone cara de reina ofendida- ¡pero nunca tuve que tratar a gente tan indeseable!

-¡O ellos no la trataban a usted y por eso se refugiaba en su soledad, en su habitación oscura y miserable y su única diversión era mirar por la ventana las parejas de jóvenes que caminaban por la calle! -Y al ver la cara de disgusto de Rebeca aclara -¡eso también me lo contó!

-¡Ya! -Le grita Rebeca- ¡ya no me moleste más! Ya yo salí de ahí y ahora soy ¡otra mujer Walter!

-¡Yo creo que es la misma amargada de siempre, sólo que antes era por su soledad y ahora es la culpa de ese maldito de Cerinza! ¿Lo sigue buscando? -Y al ver la cara de Rebeca sigue seguro de lo que dice- ¡usted sigue interesada en él!

Rebeca trata de huir pero Walter se lo impide -¡dígamelo!

-¡Walter!

Walter la mira intrigado -¡yo no la entiendo realmente, usted reniega de la plebe, y está loquita por un chofer insignificante! Yo detesto a Abigail y a sus hijos pero a ese cretino de Salvador Cerinza ¡lo detesto muchísimo más! -Y de sólo pensar en él le falta el aire y se arregla el cuello del uniforme -¡yo no lo trago!

Rebeca lo empuja enojada y sube para las habitaciones del piso superior.

*

Bar de Gaetana.

Salvador llega al bar y hace pasar al cura y a Felipe.
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Lupe los ve y se empieza a preocupar.

-¡Una cantina! -Dice feliz Felipe- ¿no me diga que usted vive en una cantina señor Cerinza?
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-¡Si le molesta puede esperar en el coche mientras el cura y yo conversamos!  -dice Salvador fríamente.

-¡No, no faltaba más! -Y Felipe mira divertido para todos lados- me encantan las cantinas y ésta tiene muy buen ambiente... prefiero esperar acá si yo estorbo en la conversación con mi sobrino.

Salvador se dispone a entrar a la casa cuando lo detiene Lupe -¡No entre! Por favor.

-¿Por qué no?

-Bueno, porque es que la jefecita esta ocupada atendiendo a unas personas y no podemos molestarla -y Lupe le hace señas con los ojos para darle a entender que Gaetana está en una sesión espiritista -¿Entiende? -Y Lupe mira preocupada al cura Jacobo.

-¡Claro que la entiendo! -Y Salvador mira divertido al padre Jacobo- ¡así que la jefecita está ocupada! Bueno..., pues los sentimos mucho por ella pero el señor y yo tenemos que conversar... ¡venga cura!

Y diciendo esto entran a la casa de Gaetana.

Felipe se queda en el medio del lugar y se rasca la cabeza -¿cómo diablos este hombre puede ser el esposo te Cantalicia? -Se pregunta incrédulo a sí mismo.

*

Casa de Gaetana.

Gaetana está en medio de una sesión espiritista -¡lo siento, siento que se acerca, siento una presencia que quiere comunicarse con nosotros! -Gaetana en trance- ¡ahí llega, se acerca! -Y empieza a respirar entrecortadamente mientras todos sus clientes cierran los ojos y esperan.

Pero el que se acerca realmente es Salvador con el padre Jacobo
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(bueno... Gaetana esperaba un espíritu!! ¿no? )

… que al verla se santigua espantado.
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Gaetana abre los ojos y al ver a Salvador y a un cura se queda patidifusa.

*

Mientras tanto en el bar, Felipe sentado a una mesa se toma un trago y se divierte escuchando la música.

 

Si paso por tu casa, no es para verte a ti

Es que vengo por un mandado, y creo que es por aquí

Y si me ves suspirando, no es por tener tu amor

Es porque el sol me mata... ¡ay me mata de calor!

 

Felipe se da cuenta que Gaetana saca a varias personas de su casa y se queda impresionado al verla.

 

¡No quiero que vayas a creer

Que estoy sufriendo por ti!

 

Gaetana se queda parada en el marco de la puerta suspirando y en pose de reina. Felipe no le saca los ojos de encima.

(esto me gusta!! )

 

No vayas a creer que tengo ganas de ti

Es casualidad, corazón, pura casualidad

 

-¿Qué significa todo esto? -Se pregunta Felipe aguijoneado por la curiosidad- ¿quién diablos es realmente Salvador Cerinza? - y Felipe se sirve otro trago de tequila.

*

Gaetana vuelve a entrar a su casa y enfrenta a Salvador y al cura Jacobo.

-¡Que pena haberla interrumpido Gaetana! -Dice irónico Salvador- pero ni modo, yo no sabía que esta noche usted tenía sesión.

-¡No se preocupe Salvador! De todas maneras me estaba costando mucho entrar en trance -y Gaetana mira al cura que la sigue mirando espantado.

-¡Él es el cura Jacobo Madero del que tanto le habla Cantalicia!

-¿Ah si? ¡Pero qué bueno, eso quiere decir que ya encontró a la persona que la protegía! Yo soy Gaetana Charry para servirle -se presenta.

-Mucho gusto señora -le saluda muy educado Jacobo.

-¡Un segundo, yo quito todas estas cositas aquí! -Y Gaetana apaga todas las velas- ¡y bueno, los dejo para que hablen y ya me reúno con ustedes! Permiso.

El cura tose al respirar el humo de las velas recién apagadas -¡dónde está viviendo Salvador! -Le reclama y lo trata como si fuera el campesino ignorante -¡en un bar que a la vez funciona como casa de espiritistas! ¿Eh? No entiendo nada.

Salvador sonríe tranquilamente -¡es el lugar perfecto para alguien como yo ¿no le parece?

-¡no! ¡No lo considero un buen sitio para alguien respetable! ¡Y menos para Cantalicia y su hijo! Ellos no tienen por qué estar aquí metidos.

-¡Fíjese que yo también opino lo mismo! -dice Salvador que evidentemente quería espantar al cura y llegar a esto.

-¡Entonces piense en ellos y regrese a su lugar! -le exige Jacobo.

-¡Éste es mi lugar! -le corta Salvador- Por eso salí huyendo de Las Cruces ¿acaso usted mismo no me ayudó a escapar de ahí?

-Lo hice porque estaba convencido de actuar correctamente.

-¿Entonces por qué razón ayuda a Cantalicia a que me persiga? Si usted sabe que ella debe mantenerse alejada de mí.

-¡Esa pobre mujer andaba desesperada, decidida a irse con o sin mi apoyo! ¡Tuve que ayudarla porque al fin de cuentas es su mujer y la madre de su hijo! -le grita Jacobo- ¡Su obligación es responder por ellos!

 

(Bueno, curita... nunca debiste mostrarle la foto de las noticias... ahora estoy de acuerdo contigo... sea quien sea Salvador/Pedro, yo estoy de acuerdo que por lo menos económicamente debe ayudarlos… ¿acaso Pedro no es un hombre civilizado y no puede darse cuenta que para un niño como Moncho es imposible comprender que su papá no es su papá? ¡lo mínimo es que lo adopte moralmente en nombre y en respeto a la memoria de Salvador Cerinza cuyo cuerpo está utilizando!)

 

Salvados suspira profundamente -¡Cantalicia no es mi mujer! -Mueve la cabeza negativamente- ¡y ese niño no es mi hijo!

Jacobo suspira -¡Salvador Cerinza por Dios! -Y mira al cielo.

-¿Quiere sentarse por favor? –casi le ordena Salvador.

Jacobo toma asiento sin mucho entusiasmo.

-¡Salvador Cerinza era el esposo de Cantalicia!... ¡yo no soy esa persona! –le recuerda Salvador y lo mira con esa mirada negra de ultratumba- ¿Quiere que se lo repita otra vez? ¡Ya se lo he gritado mil veces cura!

En ese momento entra Gaetana con dos cafés -¡con permiso! Aproveché para traerles cafecitos... padre... Salvador -y en ese momento se da cuenta de la tensa situación -bueno... yo mejor me voy para que ustedes puedan hablar tranquilamente -y trata de marcharse.
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-¡No se vaya Gaetana! -la detiene Salvador- Quédese para que me ayude a aclarar esta situación... explíquele al cura en qué condiciones me conoció.
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Gaetana se detiene
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y luego dice -¡yo lo conocí siendo!... -y carraspea- ¡Pedro José Donoso! Y después lo reconocí con la apariencia de Salvador Cerinza, bueno eso claro... ¡después de que me demostró que era realmente la misma persona!

-¿Y debo creerle? -Dice incrédulo el padre Jacobo- ¿no estará tratando de confundirme señora?

 
(¡Ay padrecito!  Tú más que nadie deberías creer en la vida del más allá)

 
-¡Ay padre! ¡No hay ninguna razón para que yo le mienta! -Y Gaetana camina lentamente hacia ellos- ¡Salvador no es el campesino que vivía en Las Cruces! -Y Gaetana se ubica detrás de Salvador
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-¡Y mucho menos el esposo de Cantalicia! -Y Gaetana le pone una mano en el hombro- ¡él es Pedro José Donoso y tenía que regresar!... a su casa, a su hija... ¡y especialmente a su verdadera esposa!
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-¿Y regresó? -indaga Jacobo.

-¡En este momento me encuentro con ellos! -le dice Salvador.

El padre Jacobo con miedo toma su taza de café pero empieza a temblar -¿y lo aceptaron?

-¡Nadie lo sabe!

El padre Jacobo se queda sin poder tomar su taza de café.

-¡Nadie! La única que persona que conoce toda la verdad es Gaetana.

El padre Jacobo vuelve a poner tembloroso su café sobre la mesa -¿qué vamos a hacer? -de pronto se desespera- ¡Usted no puede abandonar a Cantalicia, tiene que buscar la manera de ayudarlos! -Dice el padre convencido.

-¡Yo siento una gran pena por ellos! Lamentablemente, la única manera que los puedo ayudar es económicamente ¡estoy en la capacidad de darles un apoyo económico! Pero Cantalicia no es mi mujer, no es nada mío ¡y su hijo tampoco es mi hijo!
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El padre Jacobo vuelve a tomar su taza de café.

-¡Por tanto no los siento mi familia! -concluye Salvador.

El padre Jacobo vuelve a dejar su taza de café sin tomar una gota -¡Cantalicia no recibirá un solo centavo! -Dice pensativo.

Salvador suspira -¡usted no puede estar seguro!

-¡Ella quiere a su esposo, no le interesa ninguna fortuna! ¿Cómo puedo explicarle algo que ni yo mismo acabo de entender?

-¡Ay, francamente padre! -Interviene Gaetana- ¿no cree que fue una imprudencia mandar a la pobre Cantalicia detrás de Salvador?

 (La pregunta de todos nosotros )

 -¡Estoy muy arrepentido y por eso vine, a corregir está terrible falta! -Y diciendo esto el padre Jacobo se levanta nervioso- ¡ahora mismo me llevaré a Cantalicia y al niño! No deben permanecer en este sitio ni un día más.

Gaetana sonríe -¡ah, estamos completamente de acuerdo!

-¡Hágame el favor de llamarlos! Yo los espero afuera en el auto -y diciendo esto el cura Jacobo huye despavorido.

Salvador suspira preocupado y Gaetana toma asiento en el lugar del padre Jacobo.

*

Cuando Jacobo pálido como una hoja de papel llega al bar a buscar a su tío Felipe este se encuentra bailando muy divertido con una bella mujer.

 

Ay me matas de calor,

No vayas a creer que estoy sufriendo por ti

No quiero que vayas a creer que tengo ganas de ti

Es casualidad mi corazón, pura casualidad

Es casualidad

 

Jacobo se santigua al ver a la gente que baile y se acerca corriendo al tío Felipe -¡tío Felipe, vamos inmediatamente de aquí por favor!

-¡En un rato sobrino! Siéntate y te tomas un tequilita a mi nombre, sobrino de mis amores.

Pero Jacobo se encuentra muy nervioso -¡tío Felipe, vamos por favor!

-¡Pues ni modo! En otra ocasión será chamaquita de mis amores -y Felipe se despide de su nueva conquista.

Jacobo arrastra a Felipe afuera del bar.

*

Al salir del bar Jacobo todavía sigue pálido.

-¡Jacobo, ¿qué pasó?

-¡Francamente no hay manera de convencer a ese hombre para que regrese al pueblo! -Y mirándolo con miedo le dice -¡no quiero volver a verlo nunca más, me pone muy, muy nervioso!

-¡Es un hombre muy extraño, pero no es para tanto! Cálmate Jacobo ¡porque detesto los sobrinos cobardes! ¿Por fin, pudiste ver a Cantalicia y al mocoso?

En ese momento Jacobo se da cuenta -¡no! ¡La verdad no pude verlos!

-¿Los están escondiendo? ¿Esas tenemos? -Se enfada Felipe -¡pues a balazos vamos a arreglar esto!

-¡No saques el revólver, no lo saques! Te lo prohíbo -grita Jacobo.

-¡Voy a hacer lo que tú no harías, al temblar así como una gelatina! -Sigue enojado Felipe- ¡porque a mí me sobra lo que a ti te falta! ¡Coraje!

Jacobo se pone nervioso y lo mira enojado -¡guarda inmediatamente eso y no se te ocurra sacarlo! ¡Te lo prohíbo!

Y mientras discuten de pronto se quedan callados porque ven aparecer a Cantalicia y a Moncho.

Cantalicia y Moncho están limpios y bien vestidos.
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-¡Padrecito Jacobo! -Y Cantalicia emocionada corre alegre a abrazarlo.
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-¡Ay hija, pensé que no iba a volver a verte! -La abraza el padre Jacobo.
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Felipe mira a Moncho y lo abraza y luego mira a Cantalicia.

-¡Señor Felipe! -dice Cantalicia sonriendo.

Pero Felipe pone cara de gruñón -¡al señor Felipe le están entrando ganas de darle unos cocotazos por bruta! -Le reclama- ¿por qué se fue de la casa sin decírmelo? ¿Por qué no me avisó que estaba aquí y que había encontrado al dichoso Salvador?
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Pero Cantalicia se pone a gemir -¡es que se lo juro por Diosito santo, que no sabía cómo avisarle!

-¡De cualquier manera! -Y Felipe se ablanda completamente -¡me da mucho gusto verla gran condenada! -Y la abraza muy fuerte.
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Y Jacobo acaricia la cabeza de Moncho
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 -¡Y a ti también mocoso! -saluda Felipe con cariño- ¿Qué tal, cómo están?

-¡Muy bien señor! -responde alegre Moncho- Me gusta mucho la música y los cantantes.

-¡Doña Gatuna ha sido de lo más linda con nosotros! -la alaba Cantalicia- Hasta nos dio un cuarto requete bonito.

Salvador y Gaetana se miran y se sonríen.

-¡Pero hasta hoy! -Decide el padre Jacobo- ¡porque nos vamos inmediatamente!

-¡Si, usted qué cree! ¡Ahora sí que ya llegó el momento y se va el Salvador para el rancho! -Dice Cantalicia que no puede en sí de la felicidad.

Nadie se atreve a decirle la verdad y Felipe le ordenan -¡suba al auto! ¡Súbanse!

Y Cantalicia, convencida y sin oponer resistencia, y Moncho suben a la camioneta.

 Y Jacobo mira por última vez a Salvador con miedo en los ojos. Salvador no sonríe y no se mueve.

Jacobo se dirige al auto pero en un último gesto bendice a Salvador que lo sigue mirando con ojos bien negros.

Mientras tanto Cantalicia no entiende lo que pasa -¿y Salvador?
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-¡Salvador no viene Cantalicia! -Y Jacobo detiene fuertemente a Cantalicia.

Felipe arranca con Moncho a su lado.

-¡No me diga eso padrecito, yo no me puedo ir a ningún lado sin el Salvador! -Empieza a gritar Cantalicia- ¡Salvador mijo!
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-¡Cálmate Cantalicia por favor! -la detiene Jacobo para que no salga de la camioneta.

Y mientras Felipe arranca el auto Moncho grita desesperado -¡papá!

-¡Cantalicia por favor cállate!

-¡No nos deje mijo no nos deje, no me dejes sola mijo, no nos dejen! -y el auto se aleja y Cantalicia sigue gritando y llorando desesperada-¡no nos deje Salvador favor!

Gaetana se pone a llorar y abraza a Salvador (link foto), que serio y sin mover un músculo los ve partir.
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 *

Apartamento Felipe.

-¿Ya está más tranquila? -Pregunta Jacobo que está sentado en la sala esperando.

Felipe que regresa de la habitación de Cantalicia le responde -¡sí! La dejé durmiendo con el niño le di un cálmate muy fuerte... una dosis como para dormir a un caballo -y se tira en el sofá- ¡que funcionará con ella tratándose de una mula!

-¡Estaba tan desesperada, la pobre! Por tratar de ayudarla, le causé un mal terrible... ¡Dios mío!

-¡La regaste! -Reconoce Felipe- ¡porque siempre has sido muy imprudente! Desde que eras un mocoso... ¡hay que ver las diabluras que tú hacías sin que ningún castigo te valiera!

Jacobo no responde.

-¡Por cierto que no entiendo cómo terminaste siendo cura!

-¡No me perdonaré haberle causado este sufrimiento! Nunca me imaginé que Cantalicia amara tanto a ese hombre -sigue diciendo Jacobo.

-¡A mí también impresiona! -Y Felipe mueve la cabeza incrédulo -¡y no entiendo cómo no se da cuenta de la enorme diferencia que hay entre ella y él! Ese hombre es distinto... ¡es de otra clase!

-¡Es alguien que puede hacer muchísimo daño sin proponérselo! -Dice Jacobo con mucha razón y luego mira para todos lados como si tuviera miedo y dice sombriamente -¡nadie sabrá a ciencia cierta que sucedió con Salvador Cerinza!

Felipe asiente con la cabeza.

*

Casa de Gaetana.

Salvador mira a la distancia perdido en sus pensamientos.

Gaetana entra y le pone una mano sobre el hombro -¡Salvador! -Y lo mira con pena.

-¡Le hice mucho daño a esa pobre mujer! -Dice por fin Salvador -¡me siento culpable!

-¡No hombre, no! Usted no tiene culpa de absolutamente nada.

-¿Hasta qué punto soy inocente? -De pronto se cuestiona Salvador- ¡le robé el cuerpo a otro hombre! -Y mientras Gaetana lo mira con ojos llenos de miedo Salvador repite -¡se lo robé!

*

Apartamento Felipe.

Felipe pone la maleta de Cantalicia en la maletera del auto mientras Jacobo trata de forzarla a subir.

Todos los vecinos miran el espectáculo con la boca abierta.

-¡Mire padrecito, yo lo siento mucho, pero yo no me puedo ir con usted a ninguna parte! -Y Cantalicia lucha a brazo partido con el padre Jacobo que no puede obligarla a subir al auto.

Todos los vecinos jovencitos punk de Felipe se acercan y miran divertidos.

-¡Súbase al coche inmediatamente por favor! -Jacobo la suelta y le grita desesperado- ¡a esta hora ya deberíamos estar en camino!

El pobre niño Moncho los mira desesperado y sin decir palabra.

-¡Yo sin el Salvador, no me voy a ir a ninguna parte! ¡He! -se niega a gritos Cantalicia- Yo no vine para acá a pasar todos esos trabajos y ahora resulta que me voy sin mi marido ¡no señor! No después de haberlo encontrado.

-¡Quiere que la amarre y la meta a la fuerza al auto! -Le grita Felipe que empieza a perder la paciencia.

-¡Pues haga como quiera don Felipe, hágale como quiera! -Y Cantalicia se pone como una verdadera mula mientras los jovencitos ríen a carcajadas- ¡yo no me voy! -Le grita- ¡no me voy, no me voy!

El pobre Moncho ya no aguanta más y le ruega -¡por favor, mamacita hágales caso!

-¡Ahora resulta que usted también se va a poner de parte de estos! -Cantalicia le reclama injustamente al pobre niño- ¿quiere irse para el pueblo? ¡Ándele pues, váyase para el pueblo pero yo no me voy a ir sin su papá!

El pobre Moncho baja la cabeza con el dolor en el alma.

-Mire Cantalicia... -empieza de nuevo Felipe.

-¡Déjala, ya esto se está llenando de curiosos! -Se enoja Jacobo- ¡esta mujer está dando un espectáculo! Además la ropa sucia se lava en casa -y diciendo esto Jacobo se dirige al apartamento.

-¡Vamos para adentro mula terca! Que ya me está sacando canas verdes -y Felipe la toma del brazo y la mete al apartamento.

El pobre Moncho los sigue apenado mientras todos los jovencitos y que se siguen riendo.

*

Mansión.

Salvador llega la casa con cara de cementerio Antonio lo recibe -¡buenos días!

-¡Buenos días Antonio! -responde Salvador sin sonreír.
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-¡Hoy no lo veo con muy buena cara señor! ¿No ha podido arreglar sus líos?

-La verdad es que no pude dormir muy bien anoche.

-¿Y ya pudo hablar con el padre Jacobo?
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-Si, si hablé con él y precisamente eso me desveló.

-¿Siguen los problemas verdad?

-¡En cierta forma se solucionaron! Pero... -y Salvador suspira profundamente- ¡el encuentro con ese cura me dejó un sabor muy amargo! Si algún día yo me atrevo a contarle toda la verdad... ¡yo estoy seguro de que usted me entenderá!

-Si necesita mi ayuda ¡hágamelo saber! Usted sabe de sobra que puede contar conmigo.

Salvador agradecido le da la mano -¡yo lo sé y te lo agradezco!

Y diciendo esto Salvador sigue camino y se encuentra con Valeria que se acerca -¡qué agradable sorpresa señorita Valeria! -Salvador le sonríe.
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-¡A mí también me da mucho gusto verlo! -Valeria le sonríe.
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Salvador suspira -¡el día se compone y los problemas se acaban cuando la veo!

-¡Por favor Salvador, no exagere! -dice Valeria modestamente.

-No exagero, lo digo en serio -y Salvador le sonríe - ¡me gustaría verla... como el otro día!

Y Valeria le sonríe.
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Aparece Walter muy cerca y los espía.
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Salvador sin esperar respuesta se aleja y Valeria se queda sola y soñadora.
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 Walter sonríe con ironía.

*

Apartamento Felipe.

-¡Por favor deje de llorar, porque con lágrimas no llegaremos a ninguna parte! Entienda que ya no puedo seguir perdiendo más tiempo ¡me están esperando en Las Cruces No puedo abandonar la iglesia ni a mis feligreses.

-¡Y yo por mi parte tengo mucho trabajo, tengo varios compromisos con varias galerías! -Dice Felipe.

-¡A mí se me cae la cara de la vergüenza por todas estas molestias que les estoy causando padre! Pero... ¿qué puedo hacer padre? -Y le mira a Jacobo -¡si yo no me puedo ir sin el Salvador.

 
(Qué egoísta esta mujer!  no tiene ni donde caerse muerta pero sigue de zángana... la verdad que los que más pulula en esta novela son los zánganos mantenidos!)

 
Jacobo se sienta a su lado para convencerla- ¡míreme a los ojos Cantalicia! Y respóndame ¿cree que será feliz al lado de un hombre que la trata con indiferencia y que no la acepta como su mujer y que reniega de ser papá de su hijo?

-¡Eso es porque está malito de la cabeza! -Lo defiende Cantalicia y empieza a llorar -¡pero yo tengo fe! ¡Yo tengo fe en que la virgencita me lo va a curar!

-¿Y si eso nunca sucede hija? ¡Piénselo bien mujer, no sea testaruda! Ni usted ni su hijo pueden vivir al lado de una persona que no los quiere.

-¡Pero él si nos quería padre! ¡Es nos quería un montón! -Y luego le afirma- ¡nos va a volver a querer!

-¡Los quiso! Hasta el día en que despertó de su aparente muerte.

-¿Cómo era antes el Salvador que usted conoció? -Se acerca intrigado Felipe- responda.

-Pues era... -y Cantalicia se rasca los brazos- ¡un cristiano común y corriente! ¿No? -Y sonríe- ¡se la pasaba trabajando de sol a sol... y hacía todo lo que yo le decía... ¡porque el pobrecito era muy bruto para pensar!

-¿Más bruto que usted? -se sorprende Felipe.

-¡Por lo menos era muy descuidado! Y pos había que andarlo arreando para que hiciera las cosas que tenía que hacer... ¡qué luego andarlo frenando para que no se fuera a las trompadas con los vecinos porque le encantaba echar bronca! -Y Cantalicia se seca las lágrimas con su rebozo.

Felipe la mira sin poder creer lo que escucha.

-¡Pero era muy cariñoso con nosotros! -sigue Cantalicia- Él no podía vivir separado de nosotros.

Jacobo suspira -¡el hombre que describe! ¿Corresponde a la imagen de Salvador actual? Es un hombre muy inteligente, activo, con amplios conocimientos... ¡es una persona diferente que sólo conserva el cuerpo de su esposo!

Felipe se rasca la cabeza intrigado.

-¡Usted no puede pretender quedarse junto a él! -Sigue Jacobo.

Pero Cantalicia ríe y le cuenta -¡eso mismo me dijo el tonto padrecito! -y Cantalicia se sigue secando las lágrimas y sonando la nariz con su rebozo- ¡pero ni crea que me convenció! Y usted tampoco me va a convencer padre.

Jacobo pierde la paciencia-¡Cantalicia, no me impaciente por Dios! Cuando la mandé a Río Claro prometió obedecerme y debe cumplir su palabra. Si se rehúsa a regresar al pueblo ¡no me responsabilizaré más por usted y mi tío Felipe mucho menos! ¿Qué piensa hacer sino cuenta con nuestra ayuda?

Cantalicia pone cara desesperada y mira su hijo -bueno pues, si don Felipe no quiere tenerme acá... ¡ya me tocará dormir en las calle donde sea! Pero yo no me regreso para el pueblo... ¡me conformo con saber que estoy aquí cerquita de Salvador! Yo no me regreso sin él -le afirma.

 
(Toda la compasión que me provoca esta mujer desaparece cuando veo como maltrata a este niño…  ¿cómo se atreve a ponerlo en situación de dormir en la calle, sin poder darle de comer? No… ¡en un país civilizado hace rato que ya le hubieran quitado al hijo solamente por no mandarlo a la escuela! )

Felipe se la queda mirando y luego le ordena -¡Cantalicia, vaya a su habitación y Moncho acompaña a tu mamá, no la dejes sola!

Cantalicia y Moncho salen y Felipe se acerca a su sobrino y le pone un brazo sobre el hombro -Jacobo, yo no se... cuánto de fantasía hay en todo lo que me contaste -y se le queda mirando fascinado- ¡pero después de conocer al Salvador ese! Y... escucharlos a ustedes atentamente ¡siento que esta historia es apasionante!

-Bueno, yo lo único que pienso en este momento es la manera de llevar a Cantalicia a Las Cruces ¡cómo van las cosas voy a tener que dormirla y subirla al auto!

Felipe mueve la cabeza negativamente -¡no, no te rompas más la cabeza sobrino! Lo mejor será que te vayas sin ella.

-¿Qué dices?

-¡Sí! Total... Cantalicia pues si se queda aquí como... mi ayudante de la casa ¡no me estorba y ya está! Así de paso pues ayudo al niño a que se eduque! No sabe leer ni escribir! Jacobo mira a su tío agradecido -¿hablas en serio tío? ¡Me aseguraste que estaban a punto de enloquecerte!

Felipe sonríe tímidamente -¡si ya la soporté un tiempo! ¿Qué más da que se quede unos días? Vamos a dejar que se aburra y que ella voluntariamente se vaya para el pueblo -y luego agrega- ¡definitivamente es mejor que Cantalicia se quede aquí! Tu responsabilidad con ella ha terminado sobrino.

Y Jacobo le sonríe agradecido.

*

Mas tarde Jacobo saca la maleta de Cantalicia y se la entrega a Felipe y luego se despiden -¡bueno tío, tengo que aceptar algo! la verdad tienes muy buen corazón y te quiero muchísimo -dice Jacobo a punto de llorar.

(Y yo también,  esta escena la hicieron muy bien Eduardo Serrano y Rubén Camelo)

Felipe sonríe y simplemente lo abraza muy fuerte.

-¡Yo también! -Le gruñe Felipe -¡yo también! -Le dice más suave y sincero -aunque me destrozas los nervios... ¡buen viaje y suerte!

Jacobo ríe -¡la suerte la vas a necesitar tú porque tú te quedas con Cantalicia! Que Dios te bendiga tío -y Jacobo lo bendice.

Felipe maquinalmente y siguiendo una vieja costumbre anclada en su niñez se lleva la mano para santiguarse pero se detiene.

Toma la maleta de Cantalicia y ve alejarse a Jacobo que le dice adiós con la mano.

Luego Felipe mira al cielo y suspira.

*

Felipe entra a su apartamento con la maleta de Cantalicia quien le está esperando -¿se fue el padre Jacobo?

-¡Si! Acaba de marcharse y usted se queda a vivir conmigo ¡pero déjeme advertirle una cosa! -se pone muy serio- Si usted vuelve a escaparse para ir a buscar a Salvador Cerinza... ¡yo no voy a mover un solo dedo para averiguar por usted y no va a poder regresar a vivir en esta casa! ¿Entendido?

Cantalicia afirma con la cabeza.

-Cantalicia ¡ya olvídese de ese hombre Cantalicia! Porque aunque usted se niegue a aceptarlo... ¡él ya no es su marido! Como dice el tarugo de mi sobrino Jacobo ¡ese hombre tiene otros intereses hoy en día y si... tiene una mujer... es alguien distinta a usted!

Cantalicia empieza a llorar.

-¡Créamelo Cantalicia! Completamente distinta a usted.

Y Cantalicia llora sin consuelo.

*

Apartamento Isabel. Y justamente en ese momento el nuevo Salvador tiene a su mujer, a su esposa, en sus brazos
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y la besa apasionadamente.
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Te busqué en otra ciudad,

Caminé por otras calles,

Sin saber que una vez,

Sin dudar me traicionaste,

Otros brazos y otros besos,

Con los que tú me engañaste

Y hoy regreso a tu vida,

Para alguna vez vengarme

 

De pronto Salvador de detiene y mira para otro lado y recuerda a Valeria... al pequeño beso que le dio a Valeria... vuelve a la realidad… mira a Isabel y se aparta de ella. Se acuesta en la cama y suspira.
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-¿Qué le pasa? -pregunta extrañada Isabel- ¿Por qué cambió de un momento a otro?

Salvador la mira y luego dice con voz sombría -¿si yo amara a otra mujer? –la prueba y hace una pausa- ¿si estuviera enamorado de otra mujer... que pensaría Isabel Arroyo? -Y la mira a los ojos profunda y misteriosamente.

Isabel no se preocupa -¡Nada! -Y sonríe tranquila- ¡pensaría que está equivocado! -Y suspira cerrando los ojos abandonada- ¡porque yo solamente siento que me ama a mí!

Salvador se sienta a su lado en la cama y la mira.
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-¡No de la manera como la amó Pedro José!
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Isabel se pone triste y mira para otro lado y suspira -¡Usted! -Le pregunta con profunda tristeza del alma- ¿usted qué sabe cómo me amó? -E Isabel mira a lo lejos rehuyendo su mirada.

-¡Lo intuyo! Ahora estoy convencido que la amó sincera y desinteresadamente.

Isabel se muerde los labios.

-¡Con ese amor profundo que solamente se entrega una vez! -Salvador suspira triste y sigue -¡él debió imaginarse que había encontrado a la mujer ideal!

Isabel viaja lejos y responde como en sueños -¡Si! ¡Yo lo era todo para él, es cierto! -Y suspira profundamente- ¡se le notaba en la mirada y en la voz ! -Isabel sonríe con cariño y se toca los labios soñadora- ¡lo notaba en su ansiedad cuando se acercaba mi!

Salvador la mira sin sentimientos.

Isabel sonríe lejana -¡Era un hombre...! -Y se le llena de ternura y admiración los ojos- ¡era un hombre con mucha experiencia Salvador! -Y mira a Salvador a los ojos- ¡pero en esos momentos siempre se desarmaba y se convertía como... como en un frágil muchacho perdidamente enamorado! -Isabel se toma la cabeza- ¡Si, yo también estoy convencida de que nadie me va a amar como me amó él! -Isabel mira para otro lado.

-¡Sin embargo no le importó serle infiel con Andrés Corona! -Le acusa Salvador vengativo.

Isabel se enoja
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y se levanta envuelta en las sábanas ante la mirada de Salvador que fascinado no se le quita los ojos de encima.
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 y camina alejándose y mirando a otro lado -¡lo dice porque sabe qué me lastima!
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-¡Qué me hace daño! -E Isabel mira a lo lejos profundamente triste.
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-¿Por qué piensa que yo la amo señora? -De pronto le dice con amargura Salvador -¡no se le hace daño a quién se quiere!
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Isabel sonríe con una sonrisa amarga -¡Se ama de diferentes maneras! -Y lo enfrenta- ¡usted lo ha dicho!
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-¡Yo la deseo! ¡Me apasiona sentirla mía pero lo que siento por usted no tiene absolutamente nada de espiritual! -Le dice Salvador frío y duramente- ¡Nada!
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Isabel lo mira asustada y temblando.

Y Salvador se sienta en la cama suspirando y mirando su cuerpo con deseo -¡Es un veneno que recorre mi sangre y que desborda mis sentidos! –le dice ronco de pasión.

Isabel lo mira indefensa como una niña pequeña.

-¡Es algo salvaje! -ruge Salvador.

Isabel le responde con una voz pequeña y temblorosa -¡Pues salvaje o no... Sólo me interesa que lo sienta! -Isabel cierra los ojos muy fuerte- ¡Que lo sienta, que me necesite tanto como lo necesito yo a usted! -E Isabel lo mira como una naufraga necesita a un salvador.

Y Salvador desnudo se levanta de la cama y se le acerca viril y respirando entrecortadamente.
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Y mientras Isabel temblando se arropa con las sábanas para proteger su completa desnudez
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Salvador la mira de pies a cabeza
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 y de un golpe le arranca las sábanas y la deja completamente desnuda e indefensa.

Isabel lo mira temblando y completamente indefensa y Salvador suspira y se le acerca lentamente... y como en un danza ritual Salvador la rodea… se pone detrás de ella
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y baja

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 y le toma los brazos y se los levanta como en una danza de amor, de fuego y de pasión... y junta las manos de Isabel en su cuello

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 y él le recorre todo el cuerpo con las manos.

 Isabel se abandona completamente -¡Cada día me convenzo más que no hay hombre en esta tierra que me enloquezca más que usted! -susurra llena de pasión -¡que lo deseo con todas las fuerzas de mi alma!
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Salvador la acaricia toda… y le besa detrás de la oreja…
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y lentamente le besa el cuello.
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Isabel le jura en un susurro -¡Y que estoy dispuesta a entregarlo, sin dudar, absolutamente todo!
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Y hoy regreso a tu vida,

 Para alguna vez vengarme

Voy a tomar de nuevo mi lugar

A ser de nuevo tu dueño

Y a mostrarte que mi amor

Lo tomaste como un juego

 

 Y Salvador danza con ella una danza de amor y pasión salvaje.  Ambos se mueven al unísono… como si fueran un solo ser… un solo cuerpo… ¡una sola alma!

-¡Todo Salvador! -Isabel le vuelve a jurar completamente entregada- ¡quiero sentir que me ama!... ¡quiero olvidarme de todo! -Isabel le suplica- ¡quiero sentir que somos el uno para el otro!

Y sin aguantar más Isabel se da la vuelta y lo besa.
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Y Salvador la besa como si de ella dependiera su vida.
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Y ambos se funden en un abrazo eterno… infinito… ¿inmortal?.

 

Y hoy te vuelvo a enamorar

 Para enseñarte lo que es bueno

Y hoy te vuelvo a enamorar

Y que me devuelvas mis besos,

Y hoy te vuelvo a enamorar

Aunque creerlo te cueste,

Si fuiste mía una vez,

Lo serás para siempre,

¡Y hoy te vuelvo a enamorar para siempre!

 

 

*

Mansión.

Isabel lee ensimismada un libro en su habitación cuando irrumpe Andrés y le grita- ¡mira lo que conseguiste con tu maldita indiferencia! ¡Léelo! -Y le tira unos papeles- ¡ni siquiera le prestaste atención al abogado!... ¡Ahí está la adjudicación hecha por el partidor!

-¡Por supuesto que estoy enterada! -Isabel deja de leer y lo enfrenta con los ojos -¡mi abogado también me dio una copia y ya lo revisé detenidamente, no te preocupes! -Y trata de seguir leyendo.

Andrés ríe cínicamente -¡Y me lo dices así tan tranquilamente! ¿Estás de acuerdo con la partición de los bienes? -se indigna Andrés- ¡Ángela va a quedarse prácticamente con todo!

-¿Y? -indiferente Isabel- ¡Era de esperarse! ¿No? ¿O qué es lo que pensabas, que todo iba a tornarse a nuestro favor?

Andrés se pasea nervioso de un lado a otro.

-¡No Andrés! –sigue Isabel- eso hubiera sido imposible aunque hubiéramos tratado de sobornar al juez y al abogado que intervinieron en este proceso.

-¡Yo le hubiera prestado más atención al asunto, pero tú te la pasabas perdiendo el tiempo de reunión en reunión con el señor CroBergman! Ni siquiera esta casa va a quedar en tus manos ¡todo pasará a manos de Ángela!

-¡Te equivocas! A mí me pertenece mucho más de lo que tú crees.

-¿Qué significa mucho más? -y Andrés se arrodilla a su lado- ¡ni siquiera a la mitad de lo que aspirabas! No aceptes esto -le exige.
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-¿Por qué no? ¡Dime por qué no voy a aceptar esto si lo único que quiero es acabar con este maldito infierno! -Y se levanta enojada y tira su libro- ¡además a mi poco me importa que Ángela se quede con esta casa! Y estoy dispuesta también a vender la parte que me corresponde... Yo quiero seguir con mis planes Andrés –le ruega con la mirada- ¡por eso!

-¡Tus planes no son los míos! –le corta seco y amenazador Andrés- Y vas a aceptar mi opinión... ¡ahora mismo vas con tu abogado a que interponga cualquier recurso! Y no estás de acuerdo con la repartición de los bienes.

-¡No! Es que entiende que si lo hago este problema se va a prolongar mucho más tiempo -le ruega Isabel.

-¡Que me importa que dure cien años! No vas a aceptar esta miseria –le ordena.

Isabel lo mira con miedo.

-¡Ahora mismo vas con el abogado a exponer nuestro punto de vista!

Isabel retrocede con miedo.

*

En el salón.

Abigail, Ángela y Antonio sentados en el sofá escuchan a Simón.

-¡Qué buena noticia Ángela! Entonces les llevas ventaja a don Andrés y a la señora Isabel.

-No es eso Simón, simplemente Ángela tiene más derechos y le corresponde la mayor parte de la herencia por ser la única hija de don Pedro José -dice Antonio.

-¿Vas a quedarte con la casa de Ángela? -Pregunta Abigail.

-Bueno, pues según el abogado gran parte de los bienes va a pasar a mis manos, sólo falta que Isabel apruebe la adjudicación ¡me imagino que va a pegar el grito en el cielo para demostrar su inconformidad!

-¡Eso ni lo dudes cuñadita! Eso dos no se van a quedar quietos, ya creían que iban a arrasar con todo pero ni modo, la ley es la ley y contra eso no se puede hacer nada -ríe Simón.

-¡Las leyes son muy complejas hijo! -interviene Abigail- y si ellos no están de acuerdo pues van a dar largas al asunto... Mira, en cuestiones de herencia hay gente que se muere de vieja sin lograr resolver nada ¡así que yo creo que Ángela no puede cantar victoria todavía!

En ese momento Andrés Isabel bajan del piso superior y se quedan mirándolos.

Isabel mira Andrés y luego Andrés la lleva del brazo.

Ángela suspira -¡tienes toda la razón Abigail, no puedo cantar victoria todavía, y mucho menos estando de por medio dos personas como Isabel y Andrés!

Y los cuatro se miran preocupados.

 *

 
FIN DEL CAPITULO

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