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El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO CAP# 92: viernes 25 de noviembre de 2005 – ¡PASION! En
medio de un silencio sepulcral Felipe conduce a Salvador y a Jacobo,
sin embargo no puede quitarle los ojos de encima a Salvador a
través del espejo retrovisor. Nadie sonríe dentro de la
camioneta. Jacobo mira a la distancia preocupado. * Mansión. -¡Fue
asqueroso Walter! -Rebeca tiene un ataque de histeria- ¡yo nunca
me había tenido que rebajar de esa manera! -Rebeca le
confía a Walter en la soledad de la noche, en medio de la sala-
¡yo nunca había tenido que compartir la mesa, con gente
tan inferior y ahora resulta que tengo que sentarme con esa plebe! Sin embargo Walter la mira fría y burlonamente -¿que tan superior se siente usted doña Rebeca? Rebeca
se queda sin saber que responder -¡frente a Abigail y sus hijos
por ejemplo... me siento como toda una reina Walter! -Le confiesa
Rebeca. Walter
sonríe con ironía -¡así no se sentía
en su pueblo! ¿Verdad? Eso me lo contó... ¡que
estaba sola y era más pobre que una cucaracha! -Y luego le dice
directamente- ¿no se le estarán subiendo los humos a la
cabeza? Rebeca
se queda pálida y responde indignada -¡es cierto Walter,
yo nunca fui una mujer con dinero y mucho menos! Pero... -y pone cara
de reina ofendida- ¡pero nunca tuve que tratar a gente tan
indeseable! -¡O
ellos no la trataban a usted y por eso se refugiaba en su soledad, en
su habitación oscura y miserable y su única
diversión era mirar por la ventana las parejas de jóvenes
que caminaban por la calle! -Y al ver la cara de disgusto de Rebeca
aclara -¡eso también me lo contó! -¡Ya!
-Le grita Rebeca- ¡ya no me moleste más! Ya yo salí
de ahí y ahora soy ¡otra mujer Walter! -¡Yo
creo que es la misma amargada de siempre, sólo que antes era por
su soledad y ahora es la culpa de ese maldito de Cerinza! ¿Lo
sigue buscando? -Y al ver la cara de Rebeca sigue seguro de lo que
dice- ¡usted sigue interesada en él! Rebeca trata de huir pero Walter se lo impide -¡dígamelo! -¡Walter! Walter
la mira intrigado -¡yo no la entiendo realmente, usted reniega de
la plebe, y está loquita por un chofer insignificante! Yo
detesto a Abigail y a sus hijos pero a ese cretino de Salvador Cerinza
¡lo detesto muchísimo más! -Y de sólo pensar
en él le falta el aire y se arregla el cuello del uniforme
-¡yo no lo trago! Rebeca lo empuja enojada y sube para las habitaciones del piso superior. * Bar de Gaetana. Salvador llega al bar y hace pasar al cura y a Felipe. -¡Una cantina! -Dice feliz Felipe- ¿no me diga que usted vive en una cantina señor Cerinza? -¡No,
no faltaba más! -Y Felipe mira divertido para todos lados- me
encantan las cantinas y ésta tiene muy buen ambiente... prefiero
esperar acá si yo estorbo en la conversación con mi
sobrino. Salvador se dispone a entrar a la casa cuando lo detiene Lupe -¡No entre! Por favor. -¿Por qué no? -Bueno,
porque es que la jefecita esta ocupada atendiendo a unas personas y no
podemos molestarla -y Lupe le hace señas con los ojos para darle
a entender que Gaetana está en una sesión espiritista
-¿Entiende? -Y Lupe mira preocupada al cura Jacobo. -¡Claro
que la entiendo! -Y Salvador mira divertido al padre Jacobo-
¡así que la jefecita está ocupada! Bueno..., pues
los sentimos mucho por ella pero el señor y yo tenemos que
conversar... ¡venga cura! Y diciendo esto entran a la casa de Gaetana. Felipe
se queda en el medio del lugar y se rasca la cabeza
-¿cómo diablos este hombre puede ser el esposo te
Cantalicia? -Se pregunta incrédulo a sí mismo. * Casa de Gaetana. Gaetana
está en medio de una sesión espiritista -¡lo
siento, siento que se acerca, siento una presencia que quiere
comunicarse con nosotros! -Gaetana en trance- ¡ahí llega,
se acerca! -Y empieza a respirar entrecortadamente mientras todos sus
clientes cierran los ojos y esperan. Pero el que se acerca realmente es Salvador con el padre Jacobo
… que al verla se santigua espantado. * Mientras tanto en el bar, Felipe sentado a una mesa se toma un trago y se divierte escuchando la música. Si paso por tu casa, no es para verte a ti Es que vengo por un mandado, y creo que es por aquí Y si me ves suspirando, no es por tener tu amor Es porque el sol me mata... ¡ay me mata de calor! Felipe se da cuenta que Gaetana saca a varias personas de su casa y se queda impresionado al verla. ¡No quiero que vayas a creer Que estoy sufriendo por ti! Gaetana se queda parada en el marco de la puerta suspirando y en pose de reina. Felipe no le saca los ojos de encima. (esto me gusta!! )
No vayas a creer que tengo ganas de ti Es casualidad, corazón, pura casualidad -¿Qué
significa todo esto? -Se pregunta Felipe aguijoneado por la curiosidad-
¿quién diablos es realmente Salvador Cerinza? - y Felipe
se sirve otro trago de tequila. * Gaetana vuelve a entrar a su casa y enfrenta a Salvador y al cura Jacobo. -¡Que
pena haberla interrumpido Gaetana! -Dice irónico Salvador- pero
ni modo, yo no sabía que esta noche usted tenía
sesión. -¡No
se preocupe Salvador! De todas maneras me estaba costando mucho entrar
en trance -y Gaetana mira al cura que la sigue mirando espantado. -¡Él es el cura Jacobo Madero del que tanto le habla Cantalicia! -¿Ah
si? ¡Pero qué bueno, eso quiere decir que ya
encontró a la persona que la protegía! Yo soy Gaetana
Charry para servirle -se presenta. -Mucho gusto señora -le saluda muy educado Jacobo. -¡Un
segundo, yo quito todas estas cositas aquí! -Y Gaetana apaga
todas las velas- ¡y bueno, los dejo para que hablen y ya me
reúno con ustedes! Permiso. El
cura tose al respirar el humo de las velas recién apagadas
-¡dónde está viviendo Salvador! -Le reclama y lo
trata como si fuera el campesino ignorante -¡en un bar que a la
vez funciona como casa de espiritistas! ¿Eh? No entiendo nada. Salvador sonríe tranquilamente -¡es el lugar perfecto para alguien como yo ¿no le parece? -¡no!
¡No lo considero un buen sitio para alguien respetable! ¡Y
menos para Cantalicia y su hijo! Ellos no tienen por qué estar
aquí metidos. -¡Fíjese
que yo también opino lo mismo! -dice Salvador que evidentemente
quería espantar al cura y llegar a esto. -¡Entonces piense en ellos y regrese a su lugar! -le exige Jacobo. -¡Éste
es mi lugar! -le corta Salvador- Por eso salí huyendo de Las
Cruces ¿acaso usted mismo no me ayudó a escapar de
ahí? -Lo hice porque estaba convencido de actuar correctamente. -¿Entonces
por qué razón ayuda a Cantalicia a que me persiga? Si
usted sabe que ella debe mantenerse alejada de mí. -¡Esa
pobre mujer andaba desesperada, decidida a irse con o sin mi apoyo!
¡Tuve que ayudarla porque al fin de cuentas es su mujer y la
madre de su hijo! -le grita Jacobo- ¡Su obligación es
responder por ellos! (Bueno, curita... Salvados
suspira profundamente -¡Cantalicia no es mi mujer! -Mueve la
cabeza negativamente- ¡y ese niño no es mi hijo! Jacobo suspira -¡Salvador Cerinza por Dios! -Y mira al cielo. -¿Quiere sentarse por favor? –casi le ordena Salvador. Jacobo toma asiento sin mucho entusiasmo. -¡Salvador
Cerinza era el esposo de Cantalicia!... ¡yo no soy esa persona!
–le recuerda Salvador y lo mira con esa mirada negra de
ultratumba- ¿Quiere que se lo repita otra vez? ¡Ya se lo
he gritado mil veces cura! En
ese momento entra Gaetana con dos cafés -¡con permiso!
Aproveché para traerles cafecitos... padre... Salvador -y en ese
momento se da cuenta de la tensa situación -bueno... yo mejor me
voy para que ustedes puedan hablar tranquilamente -y trata de marcharse. -¿Y debo creerle? -Dice incrédulo el padre Jacobo- ¿no estará tratando de confundirme señora?
-¡En este momento me encuentro con ellos! -le dice Salvador. El padre Jacobo con miedo toma su taza de café pero empieza a temblar -¿y lo aceptaron? -¡Nadie lo sabe! El padre Jacobo se queda sin poder tomar su taza de café. -¡Nadie! La única que persona que conoce toda la verdad es Gaetana. El
padre Jacobo vuelve a poner tembloroso su café sobre la mesa
-¿qué vamos a hacer? -de pronto se desespera-
¡Usted no puede abandonar a Cantalicia, tiene que buscar la
manera de ayudarlos! -Dice el padre convencido. -¡Yo
siento una gran pena por ellos! Lamentablemente, la única manera
que los puedo ayudar es económicamente ¡estoy en la
capacidad de darles un apoyo económico! Pero Cantalicia no es mi
mujer, no es nada mío ¡y su hijo tampoco es mi hijo! -¡Por tanto no los siento mi familia! -concluye Salvador. El
padre Jacobo vuelve a dejar su taza de café sin tomar una gota
-¡Cantalicia no recibirá un solo centavo! -Dice pensativo. Salvador suspira -¡usted no puede estar seguro! -¡Ella
quiere a su esposo, no le interesa ninguna fortuna! ¿Cómo
puedo explicarle algo que ni yo mismo acabo de entender? -¡Ay,
francamente padre! -Interviene Gaetana- ¿no cree que fue una
imprudencia mandar a la pobre Cantalicia detrás de Salvador?
Gaetana sonríe -¡ah, estamos completamente de acuerdo! -¡Hágame el favor de llamarlos! Yo los espero afuera en el auto -y diciendo esto el cura Jacobo huye despavorido. Salvador suspira preocupado y Gaetana toma asiento en el lugar del padre Jacobo. * Cuando
Jacobo pálido como una hoja de papel llega al bar a buscar a su
tío Felipe este se encuentra bailando muy divertido con una
bella mujer. ♫ Ay me matas de calor, No vayas a creer que estoy sufriendo por ti No quiero que vayas a creer que tengo ganas de ti Es casualidad mi corazón, pura casualidad Es casualidad Jacobo
se santigua al ver a la gente que baile y se acerca corriendo al
tío Felipe -¡tío Felipe, vamos inmediatamente de
aquí por favor! -¡En un rato sobrino! Siéntate y te tomas un tequilita a mi nombre, sobrino de mis amores. Pero Jacobo se encuentra muy nervioso -¡tío Felipe, vamos por favor! -¡Pues ni modo! En otra ocasión será chamaquita de mis amores -y Felipe se despide de su nueva conquista. Jacobo arrastra a Felipe afuera del bar. * Al salir del bar Jacobo todavía sigue pálido. -¡Jacobo, ¿qué pasó? -¡Francamente
no hay manera de convencer a ese hombre para que regrese al pueblo! -Y
mirándolo con miedo le dice -¡no quiero volver a verlo
nunca más, me pone muy, muy nervioso! -¡Es
un hombre muy extraño, pero no es para tanto! Cálmate
Jacobo ¡porque detesto los sobrinos cobardes! ¿Por fin,
pudiste ver a Cantalicia y al mocoso? En ese momento Jacobo se da cuenta -¡no! ¡La verdad no pude verlos! -¿Los están escondiendo? ¿Esas tenemos? -Se enfada Felipe -¡pues a balazos vamos a arreglar esto! -¡No saques el revólver, no lo saques! Te lo prohíbo -grita Jacobo. -¡Voy
a hacer lo que tú no harías, al temblar así como
una gelatina! -Sigue enojado Felipe- ¡porque a mí me sobra
lo que a ti te falta! ¡Coraje! Jacobo
se pone nervioso y lo mira enojado -¡guarda inmediatamente eso y
no se te ocurra sacarlo! ¡Te lo prohíbo! Y mientras discuten de pronto se quedan callados porque ven aparecer a Cantalicia y a Moncho. Cantalicia y Moncho están limpios y bien vestidos. -¡Señor Felipe! -dice Cantalicia sonriendo. Pero
Felipe pone cara de gruñón -¡al señor Felipe
le están entrando ganas de darle unos cocotazos por bruta! -Le
reclama- ¿por qué se fue de la casa sin decírmelo?
¿Por qué no me avisó que estaba aquí y que
había encontrado al dichoso Salvador? -¡De
cualquier manera! -Y Felipe se ablanda completamente -¡me da
mucho gusto verla gran condenada! -Y la abraza muy fuerte. -¡Y a ti también mocoso! -saluda Felipe con cariño- ¿Qué tal, cómo están? -¡Muy bien señor! -responde alegre Moncho- Me gusta mucho la música y los cantantes. -¡Doña
Gatuna ha sido de lo más linda con nosotros! -la alaba
Cantalicia- Hasta nos dio un cuarto requete bonito. Salvador y Gaetana se miran y se sonríen. -¡Pero hasta hoy! -Decide el padre Jacobo- ¡porque nos vamos inmediatamente! -¡Si,
usted qué cree! ¡Ahora sí que ya llegó el
momento y se va el Salvador para el rancho! -Dice Cantalicia que no
puede en sí de la felicidad. Nadie se atreve a decirle la verdad y Felipe le ordenan -¡suba al auto! ¡Súbanse! Y Cantalicia, convencida y sin oponer resistencia, y Moncho suben a la camioneta. Y Jacobo mira por última vez a Salvador con miedo en los ojos. Salvador no sonríe y no se mueve. Jacobo se dirige al auto pero en un último gesto bendice a Salvador que lo sigue mirando con ojos bien negros. Mientras tanto Cantalicia no entiende lo que pasa -¿y Salvador? Felipe arranca con Moncho a su lado. -¡No
me diga eso padrecito, yo no me puedo ir a ningún lado sin el
Salvador! -Empieza a gritar Cantalicia- ¡Salvador mijo! Y mientras Felipe arranca el auto Moncho grita desesperado -¡papá! -¡Cantalicia por favor cállate! -¡No
nos deje mijo no nos deje, no me dejes sola mijo, no nos dejen! -y el
auto se aleja y Cantalicia sigue gritando y llorando
desesperada-¡no nos deje Salvador favor! Gaetana se pone a llorar y abraza a Salvador Apartamento Felipe. -¿Ya está más tranquila? -Pregunta Jacobo que está sentado en la sala esperando. Felipe
que regresa de la habitación de Cantalicia le responde
-¡sí! La dejé durmiendo con el niño le di un
cálmate muy fuerte... una dosis como para dormir a un caballo -y
se tira en el sofá- ¡que funcionará con ella
tratándose de una mula! -¡Estaba tan desesperada, la pobre! Por tratar de ayudarla, le causé un mal terrible... ¡Dios mío! -¡La
regaste! -Reconoce Felipe- ¡porque siempre has sido muy
imprudente! Desde que eras un mocoso... ¡hay que ver las
diabluras que tú hacías sin que ningún castigo te
valiera! Jacobo no responde. -¡Por cierto que no entiendo cómo terminaste siendo cura! -¡No
me perdonaré haberle causado este sufrimiento! Nunca me
imaginé que Cantalicia amara tanto a ese hombre -sigue diciendo
Jacobo. -¡A
mí también impresiona! -Y Felipe mueve la cabeza
incrédulo -¡y no entiendo cómo no se da cuenta de
la enorme diferencia que hay entre ella y él! Ese hombre es
distinto... ¡es de otra clase! -¡Es
alguien que puede hacer muchísimo daño sin
proponérselo! -Dice Jacobo con mucha razón y luego mira
para todos lados como si tuviera miedo y dice sombriamente
-¡nadie sabrá a ciencia cierta que sucedió con
Salvador Cerinza! Felipe asiente con la cabeza. * Casa de Gaetana. Salvador mira a la distancia perdido en sus pensamientos. Gaetana entra y le pone una mano sobre el hombro -¡Salvador! -Y lo mira con pena. -¡Le hice mucho daño a esa pobre mujer! -Dice por fin Salvador -¡me siento culpable! -¡No hombre, no! Usted no tiene culpa de absolutamente nada. -¿Hasta
qué punto soy inocente? -De pronto se cuestiona Salvador-
¡le robé el cuerpo a otro hombre! -Y mientras Gaetana lo
mira con ojos llenos de miedo Salvador repite -¡se lo robé! * Apartamento Felipe. Felipe pone la maleta de Cantalicia en la maletera del auto mientras Jacobo trata de forzarla a subir. Todos los vecinos miran el espectáculo con la boca abierta. -¡Mire
padrecito, yo lo siento mucho, pero yo no me puedo ir con usted a
ninguna parte! -Y Cantalicia lucha a brazo partido con el padre Jacobo
que no puede obligarla a subir al auto. Todos los vecinos jovencitos punk de Felipe se acercan y miran divertidos. -¡Súbase
al coche inmediatamente por favor! -Jacobo la suelta y le grita
desesperado- ¡a esta hora ya deberíamos estar en camino! El pobre niño Moncho los mira desesperado y sin decir palabra. -¡Yo
sin el Salvador, no me voy a ir a ninguna parte! ¡He! -se niega a
gritos Cantalicia- Yo no vine para acá a pasar todos esos
trabajos y ahora resulta que me voy sin mi marido ¡no
señor! No después de haberlo encontrado. -¡Quiere que la amarre y la meta a la fuerza al auto! -Le grita Felipe que empieza a perder la paciencia. -¡Pues
haga como quiera don Felipe, hágale como quiera! -Y Cantalicia
se pone como una verdadera mula mientras los jovencitos ríen a
carcajadas- ¡yo no me voy! -Le grita- ¡no me voy, no me voy! El pobre Moncho ya no aguanta más y le ruega -¡por favor, mamacita hágales caso! -¡Ahora
resulta que usted también se va a poner de parte de estos!
-Cantalicia le reclama injustamente al pobre niño-
¿quiere irse para el pueblo? ¡Ándele pues,
váyase para el pueblo pero yo no me voy a ir sin su papá! El pobre Moncho baja la cabeza con el dolor en el alma. -Mire Cantalicia... -empieza de nuevo Felipe. -¡Déjala,
ya esto se está llenando de curiosos! -Se enoja Jacobo-
¡esta mujer está dando un espectáculo!
Además la ropa sucia se lava en casa -y diciendo esto Jacobo se
dirige al apartamento. -¡Vamos
para adentro mula terca! Que ya me está sacando canas verdes -y
Felipe la toma del brazo y la mete al apartamento. El pobre Moncho los sigue apenado mientras todos los jovencitos y que se siguen riendo. * Mansión. Salvador llega la casa con cara de cementerio Antonio lo recibe -¡buenos días! -¡Buenos días Antonio! -responde Salvador sin sonreír. -La verdad es que no pude dormir muy bien anoche. -¿Y ya pudo hablar con el padre Jacobo? -¿Siguen los problemas verdad? -¡En
cierta forma se solucionaron! Pero... -y Salvador suspira
profundamente- ¡el encuentro con ese cura me dejó un sabor
muy amargo! Si algún día yo me atrevo a contarle toda la
verdad... ¡yo estoy seguro de que usted me entenderá! -Si necesita mi ayuda ¡hágamelo saber! Usted sabe de sobra que puede contar conmigo. Salvador agradecido le da la mano -¡yo lo sé y te lo agradezco! Y
diciendo esto Salvador sigue camino y se encuentra con Valeria que se
acerca -¡qué agradable sorpresa señorita Valeria!
-Salvador le sonríe. -¡Por favor Salvador, no exagere! -dice Valeria modestamente. -No exagero, lo digo en serio -y Salvador le sonríe - ¡me gustaría verla... como el otro día! Y Valeria le sonríe. * Apartamento Felipe. -¡Por
favor deje de llorar, porque con lágrimas no llegaremos a
ninguna parte! Entienda que ya no puedo seguir perdiendo más
tiempo ¡me están esperando en Las Cruces No puedo
abandonar la iglesia ni a mis feligreses. -¡Y yo por mi parte tengo mucho trabajo, tengo varios compromisos con varias galerías! -Dice Felipe. -¡A
mí se me cae la cara de la vergüenza por todas estas
molestias que les estoy causando padre! Pero... ¿qué
puedo hacer padre? -Y le mira a Jacobo -¡si yo no me puedo ir sin
el Salvador.
-¡Eso
es porque está malito de la cabeza! -Lo defiende Cantalicia y
empieza a llorar -¡pero yo tengo fe! ¡Yo tengo fe en que la
virgencita me lo va a curar! -¿Y
si eso nunca sucede hija? ¡Piénselo bien mujer, no sea
testaruda! Ni usted ni su hijo pueden vivir al lado de una persona que
no los quiere. -¡Pero
él si nos quería padre! ¡Es nos quería un
montón! -Y luego le afirma- ¡nos va a volver a querer! -¡Los quiso! Hasta el día en que despertó de su aparente muerte. -¿Cómo era antes el Salvador que usted conoció? -Se acerca intrigado Felipe- responda. -Pues
era... -y Cantalicia se rasca los brazos- ¡un cristiano
común y corriente! ¿No? -Y sonríe- ¡se la
pasaba trabajando de sol a sol... y hacía todo lo que yo le
decía... ¡porque el pobrecito era muy bruto para pensar! -¿Más bruto que usted? -se sorprende Felipe. -¡Por
lo menos era muy descuidado! Y pos había que andarlo arreando
para que hiciera las cosas que tenía que hacer...
¡qué luego andarlo frenando para que no se fuera a las
trompadas con los vecinos porque le encantaba echar bronca! -Y
Cantalicia se seca las lágrimas con su rebozo. Felipe la mira sin poder creer lo que escucha. -¡Pero era muy cariñoso con nosotros! -sigue Cantalicia- Él no podía vivir separado de nosotros. Jacobo
suspira -¡el hombre que describe! ¿Corresponde a la imagen
de Salvador actual? Es un hombre muy inteligente, activo, con amplios
conocimientos... ¡es una persona diferente que sólo
conserva el cuerpo de su esposo! Felipe se rasca la cabeza intrigado. -¡Usted no puede pretender quedarse junto a él! -Sigue Jacobo. Pero
Cantalicia ríe y le cuenta -¡eso mismo me dijo el tonto
padrecito! -y Cantalicia se sigue secando las lágrimas y sonando
la nariz con su rebozo- ¡pero ni crea que me convenció! Y
usted tampoco me va a convencer padre. Jacobo
pierde la paciencia-¡Cantalicia, no me impaciente por Dios!
Cuando la mandé a Río Claro prometió obedecerme y
debe cumplir su palabra. Si se rehúsa a regresar al pueblo
¡no me responsabilizaré más por usted y mi
tío Felipe mucho menos! ¿Qué piensa hacer sino
cuenta con nuestra ayuda? Cantalicia
pone cara desesperada y mira su hijo -bueno pues, si don Felipe no
quiere tenerme acá... ¡ya me tocará dormir en las
calle donde sea! Pero yo no me regreso para el pueblo... ¡me
conformo con saber que estoy aquí cerquita de Salvador! Yo no me
regreso sin él -le afirma.
Felipe
se la queda mirando y luego le ordena -¡Cantalicia, vaya a su
habitación y Moncho acompaña a tu mamá, no la
dejes sola! Cantalicia
y Moncho salen y Felipe se acerca a su sobrino y le pone un brazo sobre
el hombro -Jacobo, yo no se... cuánto de fantasía hay en
todo lo que me contaste -y se le queda mirando fascinado- ¡pero
después de conocer al Salvador ese! Y... escucharlos a ustedes
atentamente ¡siento que esta historia es apasionante! -Bueno,
yo lo único que pienso en este momento es la manera de llevar a
Cantalicia a Las Cruces ¡cómo van las cosas voy a tener
que dormirla y subirla al auto! Felipe
mueve la cabeza negativamente -¡no, no te rompas más la
cabeza sobrino! Lo mejor será que te vayas sin ella. -¿Qué dices? -¡Sí!
Total... Cantalicia pues si se queda aquí como... mi ayudante de
la casa ¡no me estorba y ya está! Así de paso pues
ayudo al niño a que se eduque! No sabe leer ni escribir! Jacobo
mira a su tío agradecido -¿hablas en serio tío?
¡Me aseguraste que estaban a punto de enloquecerte! Felipe
sonríe tímidamente -¡si ya la soporté un
tiempo! ¿Qué más da que se quede unos días?
Vamos a dejar que se aburra y que ella voluntariamente se vaya para el
pueblo -y luego agrega- ¡definitivamente es mejor que Cantalicia
se quede aquí! Tu responsabilidad con ella ha terminado sobrino. Y Jacobo le sonríe agradecido. * Mas
tarde Jacobo saca la maleta de Cantalicia y se la entrega a Felipe y
luego se despiden -¡bueno tío, tengo que aceptar algo! la
verdad tienes muy buen corazón y te quiero muchísimo
-dice Jacobo a punto de llorar. (Y yo también, Felipe sonríe y simplemente lo abraza muy fuerte. -¡Yo
también! -Le gruñe Felipe -¡yo también! -Le
dice más suave y sincero -aunque me destrozas los nervios...
¡buen viaje y suerte! Jacobo
ríe -¡la suerte la vas a necesitar tú porque
tú te quedas con Cantalicia! Que Dios te bendiga tío -y
Jacobo lo bendice. Felipe
maquinalmente y siguiendo una vieja costumbre anclada en su
niñez se lleva la mano para santiguarse pero se detiene. Toma la maleta de Cantalicia y ve alejarse a Jacobo que le dice adiós con la mano. Luego Felipe mira al cielo y suspira. * Felipe entra a su apartamento con la maleta de Cantalicia quien le está esperando -¿se fue el padre Jacobo? -¡Si!
Acaba de marcharse y usted se queda a vivir conmigo ¡pero
déjeme advertirle una cosa! -se pone muy serio- Si usted vuelve
a escaparse para ir a buscar a Salvador Cerinza... ¡yo no voy a
mover un solo dedo para averiguar por usted y no va a poder regresar a
vivir en esta casa! ¿Entendido? Cantalicia afirma con la cabeza. -Cantalicia
¡ya olvídese de ese hombre Cantalicia! Porque aunque usted
se niegue a aceptarlo... ¡él ya no es su marido! Como dice
el tarugo de mi sobrino Jacobo ¡ese hombre tiene otros intereses
hoy en día y si... tiene una mujer... es alguien distinta a
usted! Cantalicia empieza a llorar. -¡Créamelo Cantalicia! Completamente distinta a usted. Y Cantalicia llora sin consuelo. * Apartamento Isabel. Y justamente en ese momento el nuevo Salvador tiene a su mujer, a su esposa, en sus brazos ♫ Te busqué en otra ciudad, Caminé por otras calles, Sin saber que una vez, Sin dudar me traicionaste, Otros brazos y otros besos, Con los que tú me engañaste Y hoy regreso a tu vida, Para alguna vez vengarme De
pronto Salvador de detiene y mira para otro lado y recuerda a
Valeria... al pequeño beso que le dio a Valeria... vuelve a la
realidad… mira a Isabel y se aparta de ella. Se acuesta en la
cama y suspira. Salvador
la mira y luego dice con voz sombría -¿si yo amara a otra
mujer? –la prueba y hace una pausa- ¿si estuviera
enamorado de otra mujer... que pensaría Isabel Arroyo? -Y la
mira a los ojos profunda y misteriosamente. Isabel
no se preocupa -¡Nada! -Y sonríe tranquila-
¡pensaría que está equivocado! -Y suspira cerrando
los ojos abandonada- ¡porque yo solamente siento que me ama a
mí! Salvador se sienta a su lado en la cama y la mira. -¡Lo intuyo! Ahora estoy convencido que la amó sincera y desinteresadamente. Isabel se muerde los labios. -¡Con
ese amor profundo que solamente se entrega una vez! -Salvador suspira
triste y sigue -¡él debió imaginarse que
había encontrado a la mujer ideal! Isabel
viaja lejos y responde como en sueños -¡Si! ¡Yo lo
era todo para él, es cierto! -Y suspira profundamente- ¡se
le notaba en la mirada y en la voz ! -Isabel sonríe con
cariño y se toca los labios soñadora- ¡lo notaba en
su ansiedad cuando se acercaba mi! Salvador la mira sin sentimientos. Isabel
sonríe lejana -¡Era un hombre...! -Y se le llena de
ternura y admiración los ojos- ¡era un hombre con mucha
experiencia Salvador! -Y mira a Salvador a los ojos- ¡pero en
esos momentos siempre se desarmaba y se convertía como... como
en un frágil muchacho perdidamente enamorado! -Isabel se toma la
cabeza- ¡Si, yo también estoy convencida de que nadie me
va a amar como me amó él! -Isabel mira para otro lado. -¡Sin embargo no le importó serle infiel con Andrés Corona! -Le acusa Salvador vengativo. Isabel se enoja Y
Salvador se sienta en la cama suspirando y mirando su cuerpo con deseo
-¡Es un veneno que recorre mi sangre y que desborda mis sentidos!
–le dice ronco de pasión. Isabel lo mira indefensa como una niña pequeña. -¡Es algo salvaje! -ruge Salvador. Isabel
le responde con una voz pequeña y temblorosa -¡Pues
salvaje o no... Sólo me interesa que lo sienta! -Isabel cierra
los ojos muy fuerte- ¡Que lo sienta, que me necesite tanto como
lo necesito yo a usted! -E Isabel lo mira como una naufraga necesita a
un salvador. Y Salvador desnudo se levanta de la cama y se le acerca viril y respirando entrecortadamente. Isabel
lo mira temblando y completamente indefensa y Salvador suspira y se le
acerca lentamente... y como en un danza ritual Salvador la
rodea… se pone detrás de ella y baja link foto
Y hoy regreso a tu vida, Voy a tomar de nuevo mi lugar A ser de nuevo tu dueño Y a mostrarte que mi amor Lo tomaste como un juego -¡Todo
Salvador! -Isabel le vuelve a jurar completamente entregada-
¡quiero sentir que me ama!... ¡quiero olvidarme de todo!
-Isabel le suplica- ¡quiero sentir que somos el uno para el otro! Y sin aguantar más Isabel se da la vuelta y lo besa. Y hoy te vuelvo a enamorar Y hoy te vuelvo a enamorar Y que me devuelvas mis besos, Y hoy te vuelvo a enamorar Aunque creerlo te cueste, Si fuiste mía una vez, Lo serás para siempre, ¡Y hoy te vuelvo a enamorar para siempre! * Mansión. Isabel
lee ensimismada un libro en su habitación cuando irrumpe
Andrés y le grita- ¡mira lo que conseguiste con tu maldita
indiferencia! ¡Léelo! -Y le tira unos papeles- ¡ni
siquiera le prestaste atención al abogado!... ¡Ahí
está la adjudicación hecha por el partidor! -¡Por
supuesto que estoy enterada! -Isabel deja de leer y lo enfrenta con los
ojos -¡mi abogado también me dio una copia y ya lo
revisé detenidamente, no te preocupes! -Y trata de seguir
leyendo. Andrés
ríe cínicamente -¡Y me lo dices así tan
tranquilamente! ¿Estás de acuerdo con la partición
de los bienes? -se indigna Andrés- ¡Ángela va a
quedarse prácticamente con todo! -¿Y?
-indiferente Isabel- ¡Era de esperarse! ¿No? ¿O
qué es lo que pensabas, que todo iba a tornarse a nuestro favor? Andrés se pasea nervioso de un lado a otro. -¡No
Andrés! –sigue Isabel- eso hubiera sido imposible aunque
hubiéramos tratado de sobornar al juez y al abogado que
intervinieron en este proceso. -¡Yo
le hubiera prestado más atención al asunto, pero
tú te la pasabas perdiendo el tiempo de reunión en
reunión con el señor CroBergman! Ni siquiera esta casa va
a quedar en tus manos ¡todo pasará a manos de
Ángela! -¡Te equivocas! A mí me pertenece mucho más de lo que tú crees. -¿Qué
significa mucho más? -y Andrés se arrodilla a su lado-
¡ni siquiera a la mitad de lo que aspirabas! No aceptes esto -le
exige. -¡Tus
planes no son los míos! –le corta seco y amenazador
Andrés- Y vas a aceptar mi opinión... ¡ahora mismo
vas con tu abogado a que interponga cualquier recurso! Y no
estás de acuerdo con la repartición de los bienes. -¡No! Es que entiende que si lo hago este problema se va a prolongar mucho más tiempo -le ruega Isabel. -¡Que me importa que dure cien años! No vas a aceptar esta miseria –le ordena. Isabel lo mira con miedo. -¡Ahora mismo vas con el abogado a exponer nuestro punto de vista! Isabel retrocede con miedo. * En el salón. Abigail, Ángela y Antonio sentados en el sofá escuchan a Simón. -¡Qué buena noticia Ángela! Entonces les llevas ventaja a don Andrés y a la señora Isabel. -No
es eso Simón, simplemente Ángela tiene más
derechos y le corresponde la mayor parte de la herencia por ser la
única hija de don Pedro José -dice Antonio. -¿Vas a quedarte con la casa de Ángela? -Pregunta Abigail. -Bueno,
pues según el abogado gran parte de los bienes va a pasar a mis
manos, sólo falta que Isabel apruebe la adjudicación
¡me imagino que va a pegar el grito en el cielo para demostrar su
inconformidad! -¡Eso
ni lo dudes cuñadita! Eso dos no se van a quedar quietos, ya
creían que iban a arrasar con todo pero ni modo, la ley es la
ley y contra eso no se puede hacer nada -ríe Simón. -¡Las
leyes son muy complejas hijo! -interviene Abigail- y si ellos no
están de acuerdo pues van a dar largas al asunto... Mira, en
cuestiones de herencia hay gente que se muere de vieja sin lograr
resolver nada ¡así que yo creo que Ángela no puede
cantar victoria todavía! En ese momento Andrés Isabel bajan del piso superior y se quedan mirándolos. Isabel mira Andrés y luego Andrés la lleva del brazo. Ángela
suspira -¡tienes toda la razón Abigail, no puedo cantar
victoria todavía, y mucho menos estando de por medio dos
personas como Isabel y Andrés! Y los cuatro se miran preocupados. FIN DEL CAPITULO
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